José Téllez
Enciclopedistas y renacimiento escolástico
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Colección Universo · Ediciones España
Tomo VII · Sistemas Filosóficos · Número 17
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Nihil obstat: Dr. Andrés de Lucas, Censor. Madrid, 24 de enero de 1945.
Imprímase: Casimiro, Obispo Auxiliar y Vicario General.
Gráficas Excelsior - Cristo, 7 - Madrid, 16 páginas + cubiertas [ 1945 ]
En el número 16 dejamos de estudiar, por falta de espacio, a algunos filósofos importantes que pertenecen al grupo anterior. Son ellos:
ZG HF3 § 65
Leibnitz
Nació este gran filósofo alemán en Leipzig, el año 1646. Dedicose con gran ardor, desde sus primeros años, al estudio de todas las ciencias. A los diecisiete años recibió el grado de doctor, tomando como tesis: Disputación metafísica del principio de individuación, manifestándose ya desde entonces dispuesto a hacer justicia a la filosofía escolástica frente a la mayoría de sus contemporáneos. Pasó después a Jena, donde completó sus estudios, dedicándose con especialidad a la Historia y a las Matemáticas.
La protección del barón de Bosneburg, canciller del elector de Sajonia, le valió una plaza lucrativa y honrosa, que le permitía, sin embargo, dedicarse a sus estudios, escribir y publicar algunas de sus obras de jurisprudencia, de matemáticas, de filosofía. Encargado de una misión diplomática por su protector, pasó a París, permaneciendo en esta ciudad por espacio de tres años, entablando relación con los principales sabios que residían en la Corte de Luis XIV. Más adelante sostuvo con Bossuet correspondencia encaminada a la reconciliación entre católicos y protestantes. Leibnitz visitó también a Londres, y viajó por Holanda, Alemania e Italia en busca de materiales para escribir la historia de la casa de Hannover, a instancia de su nuevo protector (había fallecido el anterior), el duque de Brunswik.
En 1700 fue llamado Leibnitz por el rey de Prusia para presidir la Academia de Berlín, que había él fundado. Pensionado por Pedro el Grande, nombrado consejero áulico por el Emperador de Alemania, honrado por todas partes, Leibnitz murió en Hannover en 1716.
Leibnitz fue, a la vez que gran filósofo, gran matemático, gran teólogo, gran historiador, gran erudito, gran jurisconsulto. Sus obras son muy numerosas y, en general, muy sólidas; sobresalen las filosóficas. De éstas, las principales son: De la primera enmienda de la filosofía y de la noción de sustancia; Tratado del arte combinatorio, al que se añade la demostración de la existencia de Dios llevado a certidumbre matemática; Tesis escritas en favor del príncipe Eugenio; Nuevos ensayos sobre el entendimiento humano; Monadología; Ensayo de Teodicea sobre la bondad de Dios, la libertad del hombre y el origen del mal.
En alemán casi no escribió nada; todo en latín y en francés.
ZG HF3 § 66
Filosofía de Leibnitz
Leibnitz combatió el cartesianismo, restableciendo la importancia científica del principio de contradicción y otros diciendo: “Nuestros razonamientos están fundados sobre dos grandes principios: el principio de contradicción, en virtud del cual juzgamos falso lo que envuelve contradicción, y verdadero lo que es opuesto contradictoriamente a lo falso: y el principio de razón suficiente, en virtud del cual, consideramos que no puede existir hecho alguno ni ser verdadera una afirmación sin que exista una razón suficiente para que la cosa sea así y no de otra manera, por más que muchas veces no nos sean conocidas en particular estas razones suficientes de la cosa.” El universo no es un conjunto de esencias y verdades arbitrarias y mudables, sino que representa esencias con enlace y subordinación ontológica, representada por la ley de continuidad constitutiva de la escala de los seres. Las sustancias materiales no son inertes y pasivas, sino que toda sustancia es activa y capaz de acción por su misma naturaleza.
Esta vida no pertenece sólo al pensamiento; pertenece también a los cuerpos. En Dios está la fuente de las existencias finitas y también de las esencias en lo que tienen de real, en cuanto preconcebidas ab aeterno por la mente divina.
Monadología
Es la parte original de Leibnitz.
El universo mundo es un conjunto o colección innumerable de mónadas sustanciales, es decir, de sustancias simples, independientes y completas, cada cual en su género. Todas están dotadas de percepción y apetito, y su mayor o menor perfección, su gradación ontológica, se halla en relación y depende del grado de percepción y apetito. A nosotros sólo nos es dado conocer esta graduación bajo un punto de vista general, incluyendo en esta clasificación la mónada primitiva que es Dios; pero no conocemos cada uno de los grados que constituyen y distinguen entre sí a las mónadas finitas o derivadas de la primitiva, especialmente con respecto a las inferiores.
Así, pues, además de la monada infinita e increada (Dios), existen otros tres géneros de mónadas: mónadas intelectuales (espíritus, ángeles, almas racionales), monadas sensibles (almas de los brutos), y mónadas inconscientes o dotadas de animación similitudinaria e imperfecta.
Las mónadas finitas son como los verdaderos átomos de la naturaleza, y constituyen los elementos de todas las cosas. Se armonizan entre sí las que tienen un grado de perfección análogo.
Toda sustancia material, todo cuerpo viviente o no viviente, orgánico o inorgánico, piedra, planta, animal, hombre, &c., es un conjunto o agregado de monadas, de puntos metafísicos, de sustancias simples, y, por consiguiente, aunque constituya un solo individuo físico, envuelve muchos individuos metafísicos.
Puesto que el mundo es un conjunto de monadas y éstas son esencialmente activas, síguese de aquí que no hay sustancia alguna, por imperfecta que se le suponga, que sea absoluta y puramente pasiva, sino que la pasividad en las cosas creadas va siempre acompañada de alguna actividad, pudiendo decirse que consiste en esto la naturaleza sustancial o íntegra de las cosas finitas.
El mundo fue creado de la nada libremente por Dios.
Aunque Dios pudo crear o no crear el mundo, una vez determinado a crear, se halla necesitado, al menos moralmente, a crear el mejor y más perfecto de los mundos posibles.
El espacio es la misma extensión de los cuerpos, no es pues, una sustancia. Ni constituye ella la esencia de los cuerpos.
El hombre es un supuesto o persona que resulta de la unión íntima y esencial entre el alma y el cuerpo.
La observación interna, la experiencia sensible y la razón son las fuentes principales del conocimiento.
La idea de Dios no es propiamente innata, ni basta por sí sola para demostrar la existencia de Dios.
Dios es la mónada o sustancia que existe a se; entraña necesidad absoluta en su esencia y existencia; es el primer principio y la razón suficiente de todas las cosas.
Dios es a la vez esencia infinita, inteligencia infinita y voluntad infinita.
La voluntad tiene por objeto propio el bien universal, y a este bien, como a su último fin y perfección suprema, se dirige en sus actos nuestra voluntad. El objeto real en que existe esta perfección suprema de hombre es Dios.
El mal, en cuanto mal, no tiene causa eficiente, sino más bien deficiente, porque no es más que la privación o carencia de alguna perfección o realidad.
ZG HF3 § 70
Discípulos de Leibnitz
El principal representante del movimiento llevado a cabo por Leibnitz fue su compatriota Wolff, que predominó en las escuelas de Alemania.
Se aparta en pocas cuestiones del maestro.
Bilfinger, profesor de Tubinga.
Hansch, que escribió Selecta moralia y Ars inveniendi.
Thümmig, que escribió Institutiones philosophiae wolfianae.
Canz, de Tubinga, que escribió: Uso de la filosofía leibnitziana y wolfiana en Teología y Ontología.
Knutzen, que escribió sobre la inmortalidad del alma.
Baumgarten, que escribió sobre estética.
Reimarus, profesor en Hamburgo, que escribió: Teoría de la razón o método para hacer buen uso de la razón en el estudio de la verdad.
Baumeister, que escribió Historia de la doctrina del mundo mejor.
Ploucquet, profesor en Tubinga, que escribió: Principios de las sustancias y de los fenómenos.
ZG HF3 § 71
Adversarios de la filosofía de Leibnitz
Juan Joaquín Lange, que fue un terrible enemigo de Wolff, y difundió esta enemistad por toda Alemania.
El P. Lami, que escribió Del conocimiento de sí mismo.
Clarke y Bayle.
Juan Francisco Budeo, que escribió Elementos de Filosofía práctica y Elementos de Filosofía instrumental.
Nicolás Jerónimo Gundling, que escribió: Camino para llegar a la verdad y Del ateísmo de Platón.
Rudiger, discipulo de Thomasio.
Crussius, Darjés y otro.
ZG HF3 § 77
Berkeley
Nació en Irlanda en 1684; fue nombrado obispo de Clogne en 1734 y murió en Oxford en 1753. Es un comentarista original de la doctrina de Locke, principalmente en su Teoría de la visión y Principios de los conocimientos humanos.
En el Pequeño Filósofo refutó las teorías de los librepensadores.
ZG HF3 § 78
Hume
Nació en Edimburgo en 1711 y murió en 1776. Escribió muchas obras: Historia de Inglaterra; Ensayos de moral, de política y de literatura; Tratado de la naturaleza humana; Historia natural de la religión; Diálogos sobre la religión natural.
La filosofía de Hume representa la evolución del aspecto escéptico de la filosofía de Locke y es el precursor del positivismo materialista que hoy priva.
ZG HF3 § 79
Escuela escocesa
Es un movimiento de reacción contra el escepticismo de Hume. Su iniciador fue Herbert con su obra: De la verdad en cuanto se distingue de la revelación, de lo verosímil, de lo posible y de lo falso.
Pero el principal representante de esta escuela es Tomás Reid. Reid refutó la filosofía de Locke, que es el fundamento de la de Hume, cuyo escepticismo le había desesperado.
Otros representantes de esta escuela son Hutcheson, Fergusson, Beattie y Dugald-Stewart.
ZG HF3 § 80
Hamilton
William Hamilton, perteneciente a ilustre familia, comenzó sus estudios en la Universidad de Glasgow y los terminó en Oxford. Enseñó muchos años Derecho civil y escocés en Edimburgo, hizo oposición en 1836 a la de Lógica y Metafísica. Escribió contra la frenología, refutó la teoría del Absoluto de Schelling y Cousin, combatió la teoría de Brown acerca de la percepción e hizo observaciones sobre la Lógica. Tuvo un segundo período en que escribió: Lecciones de metafísica; Elementos de filosofía del espíritu; Bosquejo de Filosofía moral.
En el fondo de la filosofía de Hamilton late la doctrina escocesa, que hizo sucesivamente evolucionar con notables transformaciones. Salió en muchas ocasiones a la defensa de los escolásticos. Tendió en su último periodo a Hume, a quien llama el padre verdadero de la filosofía moderna. Representó la transición entre la escuela escocesa y la psicológico positivista. Niega la existencia de leyes eternas de moral, y sostiene que las reglas generales de ésta tienen origen en la experiencia de los actos diversos que instintivamente aprobamos o reprobamos, lo cual es erróneo positivismo.
ZG HF3 § 82
Condillac
Condillac nació en Grenoble el 1715, se ordenó de sacerdote, fue abad de Flux, preceptor del duque de Parma, miembro de la Academia y murió en 1780. Así como la escuela escocesa fue una reacción parcial contra el sensualismo de Locke, Condillac, en cambio, representa una verdadera evolución y complemento del sensualismo del filósofo inglés.
La filosofía de Condillac se reduce a una teoría ideológico psicológica esencialmente sensualista, que expone con prolijidad en su Ensayo sobre el origen del conocimiento; al principio admitía con Locke, además de la sensación, una facultad de reflexión; pero, después, en su Tratado de las sensaciones, se esfuerza en probar que, en el alma humana, todo son sensaciones, y que de éstas proceden todas las ideas y todas las facultades.
Concede gran importancia a las palabras, considerando los signos que producen el lenguaje articulado como generadores de las principales funciones del entendimiento, y llega a decir con sorprendente aberración: la ciencia no es más que una lengua bien hecha.
En realidad, la doctrina de Condillac puede resumirse:
a) La sensación es el origen y el principio de todas las ideas y de todas las facultades y funciones del alma.
b) Los móviles útiles de las acciones del alma son el placer y el dolor.
c) El alma carece de actividad intrínseca, persona y, por consiguiente, de voluntad libre, en el sentido propio de la palabra.
d) La razón humana no es una fuerza o energía nativa, anterior, superior, distinta esencialmente de los sentidos y, por tanto, la superioridad del hombre sobre los animales puede reducirse al uso del lenguaje articulado.
Aunque la doctrina de Condillac es una premisa lógica del materialismo, sin embargo, rechaza la doctrina materialista y afirma la espiritualidad y libertad del alma humana, la existencia de Dios, la creación libre del mundo, la virtud y el deber moral.
ZG HF3 § 83
Discípulos de Condillac
A pesar del escaso valor científico de la filosofía de Condillac, el sacerdote francés creó escuela. Los principales representantes de esta escuela son:
Cabanís, que escribió Tratado de las sensaciones, y Destutt de Tracy, que escribió Tratado de la voluntad y sus efectos, Comentarios sobre el espíritu de las leyes, de Montesquieu, y Elementos de Ideología.
ZG HF3 § 84
Vico
Mientras que las escuelas de Leibnitz y de Locke, en sus diferentes tendencias y matices, luchaban entre sí en Alemania e Inglaterra, y mientras que los espíritus en Francia, después de seguir o contrariar el movimiento cartesiano, entraban decididamente en las corrientes de naturalismo deísta, que engendrő a Voltaire y a los enciclopedistas, y a la vez en las corrientes sensualistas de Locke por intermedio de Condillac, en Italia florecía un napolitano que supo sustraerse a las corrientes de esas escuelas en lo que tienen de anticristianas y antifilosóficas.
Es Vico, ilustre autor de Scienza Nuova, que supo mantener las tradiciones filosóficas de su patria. Combatió las tendencias cartesianas, que se hablan hecho de moda en Italia; enseñaba, con razón, que si el método de los escolásticos era defectuoso y concedía demasiada importancia a la autoridad, el de Descartes no lo es menos al sujetarlo todo al juicio individual.
Enseña Vico que la historia de la humanidad y el proceso y vicisitudes de su civilización tienen por base tres ideas fundamentales, que son la Providencia divina, la virtud moral y la inmortalidad del alma humana.
Vico es eminentemente cristiano en su filosofía.
ZG HF3 § 85
Voltaire
La corriente que se llamó ilustrada de Francia durante el siglo XVIII fue de atacar, combatir y desprestigiar a Cristo y a su religión. Esta era la moda. Nunca hubo menos filósofos y nunca se habló más de Filosofía en Francia que en esta época. El alma de este movimiento fue Voltaire.
Voltaire (Francisco María Arouet) nació en Châtenay en 1694 y murió en 1778. Como literato, historiador, poeta y crítico tuvo un gran valor. Como filósofo tiene muy escaso valor. Para Voltaire el primer filósofo del mundo es Locke, y al lado del libro de éste, Ensayo sobre el entendimiento humano, poco o nada valen las obras de Platón, Aristóteles y Santo Tomás, ni las de Descartes, Leibnitz ni Mallebranche. Su filosofía, por tanto, se reduce a un sensualismo deísta incompleto con tendencias materialistas. Sin embargo, en el orden ético-religioso, los inspiradores de Voltaire fueron los deístas e incrédulos que dominaban a la sazón en Inglaterra.
ZG HF3 § 86
Rousseau
Nació en Ginebra el año 1715 y murió poco después que Voltaire. Es filósofo casi exclusivamente ético y político-social. Escribió: Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres. Exalta el estado primitivo del hombre en pura naturaleza, y reprueba el estado social. “Las leyes humanas –escribe– sólo han servido para poner cadenas a los débiles, para dar fuerza a los ricos, para destruir la libertad natural, para perpetuar la propiedad y la desigualdad.” En su Contrato social es donde Rousseau desarrolla y completa esa teoría.
La moral –dice– se reduce al dictamen natural e instintivo de la conciencia individual, sin más base racional y religiosa. Rousseau señala como dogmas de la religión natural, única que admite:
a) La existencia de un ser supremo cuya voluntad “mueve el mundo y anima la naturaleza”.
b) La existencia de una materia movida por leyes determinadas y constantes.
c) La existencia de un alma inmaterial en el hombre dotada de libertad en sus acciones.
Rousseau duda de la eternidad de las penas en la otra vida, si existe, pero inclinándose a la negativa, duda igualmente y dice que “nada sabe sobre si Dios creó la materia, los cuerpos, los espíritus, el mundo”.
Es escéptico también en moral incurriendo en las más patentes contradicciones. Unas veces ensalza y celebra el Evangelio y la Religión cristiana, y otras las combate con saña. Condena y excusa, a la vez, el adulterio; escribe en pro y en contra del duelo; unas veces reprueba el suicidio y otras hace su apología.
ZG HF3 § 87
Los enciclopedistas
Durante el reinado de Luis XIV y antes de él, los hombres de letras ingleses solían pasar a Francia para ponerse en comunicación con sus sabios y completar su instrucción. Después de Luis XIV se estableció una corriente contraria, y muchos franceses pasaban a Gran Bretaña para apropiarse las ideas inglesas. Y así se dijo que de la permanencia de Locke en Londres arrancó la difusión del sensualismo de Locke en Francia y del deísmo y racionalismo de los Wollaston, los Hartley, los Balingbroke y otros. De este comercio intelectual entre los dos países nació esa nube de escritores, irreligiosos, materialistas y ateos que, con fervor satánico, organizaron en Francia una conjuración inmensa contra Jesucristo y su religión.
Condensose esta campaña en la famosa Enciclopedia o Diccionario razonado de las Ciencias y de las Artes. Esta obra consta de 33 volúmenes en folio. Contribuyeron a escribirla, además de Voltaire y de los directores y fundadores de la empresa, Diderot y D'Alambert, los siguientes: Maupertuis, el abate Raynal; Grinm, alemán, pero que pasó casi toda su vida en París; La Mettrie; el marqués de Argens (Juan Boyer); Tossaint; Helvecio; el barón de Holbach, natural del Palatinado, pero domiciliado en París, gran amigo de Diderot, y cuya casa sirvió de centro de reunión para los filósofos de la época; Robinet, del cual se dice que modificó sus ideas después de la Revolución y murió cristianamente; Naigeon, autor de muchos artículos de la Enciclopedia; el marqués de Condorcet, quien, perseguido y encarcelado por la Revolución francesa, en la que había tomado parte principal, se suicidó en la cárcel.
A preparar y aplicar las ideas de la Enciclopedia contribuyeron también Montesquieu, con sus escritos y principalmente con sus Cartas persas; Saint Lambert, con su Catecismo Universal; Volney, con sus Ruinas de Palmira...
El naturalismo, el sensualismo, el materialismo y el ateísmo constituyen el fondo de las ideas y doctrinas que contienen los escritos de esos autores, todo ello sazonado y saturado de ironía, de sátiras groseras y odio y saña contra Jesucristo y todo lo que representa.
Lo mejor de la Enciclopedia es su Discurso preliminar, debido a D'Alambert, que es ciertamente digno de encomio. Lo demás tiene poco que llame la atención.
ZG HF3 § 88
La Mettrie y el barón de Holbach
Estos son los tristes representantes más genuinos y explícitos del materialismo y ateísmo de la época.
La Mettrie, cuya vida y costumbres y hasta cuya muerte estuvieron conformes con su materialismo más grosero, escribió Hombre-planta, Historia natural del alma, Hombre-máquina, siendo esas obras el principal origen de toda esa corriente grosera moderna de emparejar al hombre con el orangután, y de equipararnos con las bestias. No niega terminantemente la existencia de Dios; pero se coloca entre el pro y el contra. Niega la libertad humana; llama a los remordimientos de conciencia preocupaciones de la educación; no hace distinción entre la virtud y el vicio.
Lo que fue La Mettrie respecto a la tesis materialista, fue el barón de Holbach respecto a la tesis ateísta. Holbach afirmó explícita y terminantemente la tesis ateísta, sin atenuaciones de ninguna especie, arrancando de la afirmación materialista.
ZG HF3 § 89
La filosofía escolástica hasta fines del siglo XVIII
Durante el siglo XVIII y parte del anterior, déjase sentir la influencia de la filosofía moderna, en general, y particularmente de Bacon, Descartes y Locke; no sólo en las capas superiores de la cultura, sino también en las escuelas públicas y en las publicaciones elementales.
Así se observa en el Arte de pensar, escrito por los hombres de Port-Royal, y en las Instituciones filosóficas, llamadas de los Lugdunenses, y en las Exhortaciones escolásticas de Purchot, y en las obras de Genovesi y de Venei, todas ellas con encomios repetidos y exagerados de los filósofos modernos y principalmente de Descartes, y con diatribas a la escolástica y a Aristóteles.
Sin alardear de menosprecio de la Escolástica, entran en las corrientes de la filosofía moderna el español P. Naxera, en su Maignanus redivivus, verdadera apología de ciertas doctrinas de Gassendi y Descartes; Eximeno, con sus Institutiones filosóficas y matemáticas.
La Enciclopedia produjo una reacción escolástica tal, que muchos filósofos rechazaban un examen de cuanto oliese a filosofía moderna.
La filosofía escolástica de este tiempo dio los frutos siguientes:
El Curso filosófico, de Juan de Santo Tomás, y la Filosofía tomística, de Goudin. Dio a:
a) Caramuel, autor muy fecundo, que tiene sus conatos de independencia y originalidad, pero que se desenvuelve dentro de la ortodoxia escolástica. Escribió su Teología Racional.
b) Los jesuitas españoles Viñas, Losada y Quirós, autores de obras elementales de filosofía escolástica, donde evitaron los defectos de ésta en cuanto al método y contenido.
c) El jesuita alemán Schwarz, acérrimo escolástico, que escribió El peripatético de nuestro tiempo, refutando la teoría astronómica de Copérnico.
d) La Filosofía antigua y nueva, de Duhamel; la Suma de filosofía escolástica y escotista, de Pupasquier, y la Filosofía peripatética, de Benedictis.
e) El dominico francés Guerinois, que escribió: Clípeo de filosofía tomista contra sus viejos y nuevos impugnadores; el dominico italiano Roselli, que escribió Suma filosófica según la mente del Doctor Angélico.
f) monje jerónimo P. Ceballos y el dominico P. Alvarado, españoles ambos. El primero escribió La falsa filosofía, crimen de Estado, y el segundo (el famoso Filósofo rancio), Cartas críticas.
g) El franciscano P. Castro, que escribió Apología de la Filosofía Escolástica; y el canónigo Valcárcel, autor de Desengaños filosóficos.
ZG HF3 § 90
La filosofía escolástica ecléctica
Esta escuela pertenece principalmente a España. Pertenecen a ella principalmente:
El médico Martín Martínez, que escribió Filosofía escéptica; los jesuitas P. Cuadros y P. Codorniu, autor el primero de Palestre Escolástica, y el segundo de Índice de la Filosofía moral cristiano-política; Forner, autor de los Discursos filosóficos sobre el hombre; el canónigo Castro, que escribió Teodicea; el P. Tosca, que escribió Compendio de Filosofía; el P. Rodríguez, cisterciense, que escribió el Filoteo en conversaciones de tiempo; Andrés Piquer, que escribió Filosofía moral, y, principalmente, Feijoo y Hervás.
ZG HF3 § 91
P. Feijoo y P. Hervás
Feijoo escribió gran número de curiosas obras. Su tendencia es en su fondo escolástica, pero aprovecha todo lo aprovechable de la Filosofía moderna. Sus obras principales son Cartas eruditas y Teatro Crítico. Es Feijoo hombre muy erudito; pero su erudición es algo de segunda mano. No obstante, su intervención en la palestra científica de su tiempo contribuyó a sanear notablemente el ambiente filosófico de su tiempo.
El P. Hervás y Panduro, jesuita desterrado a Italia por las disposiciones de Carlos III, es hombre de inmensa lectura, de escogida erudición y de genio sintético y comprensivo. Escribió Idea del Universo; Vocabulario políglota; Catálogo de las lenguas conocidas, con noticias acerca de sus afinidades. Es autor muy digno de ser estudiado. Es honra de nuestra cultura del siglo XVIII.