Filosofía en español 
Filosofía en español

Sistemas filosóficos de los pueblos chino, persa y egipcio

[ José Téllez ]

Sistemas filosóficos de los pueblos
chino, persa y egipcio

 

——

Colección Universo · Ediciones España
Tomo VII · Sistemas Filosóficos · Número 2

——

[ En cubierta añade al título: “y hebreo”, que falta en la página 3 y en el texto ]
Gráficas Halar - Madrid, 16 páginas + cubiertas [ 1944 ]
 



ZG HF1 § 15
Sistema filosófico de China

Característica del pueblo chino hasta los modernos tiempos es el aislamiento del mundo.

Su filosofía, a pesar de haber sido muy decantada, es pobre, lo mismo en el aspecto metafísico que en el aspecto moral. En todos los aspectos es muy superior la filosofía de la India.

ZG HF1 § 16

China, la primitiva China, no tiene en rigor más que dos filósofos de importancia: Un metafísico, Lao-Tseu, y un moralista, Confucio (Khoung-fou-tseu).

Lao-Tseu nació seis siglos antes de la era cristiana. Su filosofía puede concretarse así:

Tao (el gran camino) es el principio, el fondo y la esencia de todas las cosas. Tao, que es el ser primitivo, es llamado también razón primera, y es a la vez No-ser y Ser, porque es el ser virtual, latente y potencial, y es a la vez el ser actual, explícito y manifestado (lo que dijeron después los alemanes Hegel y Schelling); es idea y fenómeno, indistinto y distinto, ilimitado y finito, es decir, es la sustancia única, el Todo, la Esencia absoluta de todos los sistemas panteístas.

Este ser absoluto, indistinto e innominado en su origen pasa a ser contingente y material, distinto y nominado, a medida que produce o saca de su fondo las cosas, o sea en cuanto se fracciona y manifiesta, revistiendo las formas diversas de los seres del universo.

En el Tao-te-king, que es la obra principal de Laot-seu, se lee: “El Tao o la Razón suprema, considerado en su estado de inmovilidad, carece de nombre… Sólo cuando comenzó a dividirse y revestir formas corporales tuvo un nombre… El Tao o la Razón suprema existe en todo el universo y lo penetra con toda su existencia, a la manera que los ríos y los torrentes de los valles se extienden en los ríos y los mares.”

Respecto al proceso de todos los seres del seno de Tao, la doctrina de Lao-tseu puede reducirse así: “El Tao o Razón primera produjo el Uno, es decir, pasó del No-ser al Ser. Uno produjo dos, dividiéndose en principio femenino o yin, y en principio masculino o yang. Dos produjo tres, es decir, el principio masculino y el femenino, uniéndose, produjeron la armonía. Tres produjo la universalidad de los seres.”

De ahí la importancia que la filosofía china atribuye al número. Para los filósofos chinos el orden, el proceso y las relaciones del universo y de sus partes corresponden al orden, proceso y relaciones de los números. Como éstos se dividen en impares y pares, así las sustancias cósmicas se dividen en celestes y terrestres; el número impar, como más perfecto, corresponde a las primeras; el número par corresponde a las segundas. La decena es uno de los números más importantes a causa de sus aplicaciones aritméticas (sistema numérico decimal).

Se lee también en el libro Tao-te-King: “Todos los seres aparecen en la vida en un movimiento continuo. Vemos que se suceden los unos a los otros, apareciendo y desapareciendo alternativamente. Estos seres corporales en su movimiento continuo revisten diferentes formas externas; pero cada cual vuelve a su raíz y a su principio. Volver a su raíz y a su principio significa entrar otra vez en la inmortalidad absoluta.”

La moral de Lao-tseu es consecuencia lógica de su metafísica. Consiste en la negación y desprendimiento de toda actividad, de toda mudanza, de toda alteración y pasión; es decir, consiste en la indiferencia absoluta, en el no obrar, como medio de llegar a la absorción e identificación con el Tao o Ser inmutable, indistinto e innominado. “El último término de la perfección, escribió el filósofo chino, es el no-obrar y el colmo del vacío.”

Lao-tseu fue consecuente con sus doctrinas. Abandonó honores, casa y riquezas, y murió haciendo vida solitaria en las selvas. Después de su muerte le veneraron sus discípulos como una encarnación del Tao o Razón suprema.

ZG HF1 § 17
Confucio

Es cincuenta años posterior a Lao-tseu. Ya dijimos que su filosofía es esencialmente práctica o moral.

Las doctrinas de Confucio las recogieron sus discípulos en cuatro libros, que son el Ta-hio, o grande estudio; Tchoung-young, o invariabilidad en el medio; el Lun-yu, o conferencias filosóficas y el Meng-tsen, diálogos de Confucio.

En uno de sus discursos, recogido de estos libros, dice Confucio: “Nuestros antiguos sabios practicaron antes que nosotros lo que acabo de exponeros; y esta práctica, generalmente adoptada en los tiempos antiguos, se reduce a la observancia de las tres leyes fundamentales de la relación entre los soberanos y los súbditos, entre los padres y los hijos, entre el esposo y la esposa, y a la práctica exacta de las cinco virtudes capitales, que basta nombrarlas para haceros comprender su excelencia y necesidad. Son estas virtudes: la humanidad, o amor universal entre todos los de nuestra especie sin distinción; la justicia, que da a cada individuo lo que le es debido sin favorecer a uno sobre otro; la conformidad con los ritos presentes y con los usos establecidos, a fin de que los miembros de la sociedad tengan un mismo modo de vida e igual participación en las ventajas e inconvenientes de la misma; la honradez, o sea aquella rectitud de espíritu y de corazón que nos induce a buscar en todo la verdad y a desearla sin querer engañarse a sí mismo ni a otros; y, finalmente, la sinceridad o la buena fe, es decir, aquella franqueza de corazón vinculada de confianza que excluye todo fingimiento y disfraz, tanto en la conducta como en las palabras. He aquí lo que hizo a nuestros primeros maestros respetables durante toda su vida y lo que inmortalizó su nombre después de la muerte. Tomémoslos por modelos; empleemos todos nuestros esfuerzos por imitarlos.”

Muy elevada es esta moral, alcanzada por una razón humana sana; pero su eficacia ha sido escasa en el pueblo chino, espantosamente corrompido, a pesar de que Confucio ha sido venerado en todas las capas sociales de la China y en todos los tiempos, hasta tal punto, que se le han tributado y tributan honores de divinidad.

La imperfección de las doctrinas de Confucio y la debilidad de la razón humana, por muy poderosa que sea, vese en los errores que, por otra parte, profesaba Confucio.

He aquí como resume Bunsen la metafísica de Confucio: “El cielo (tien) es para Confucio sinónimo de divinidad, de la cual la expresión más sublime es el mundo de los astros. La palabra Dios no es para él un sonido vacío, hueco y destituido de significación real, sino que expresa el conjunto de los cuerpos.”

“El Espíritu (Chin) no tiene realidad para el filósofo chino, sino en el sentido de genio, de sombra de los antepasados, en honor de los cuales este hombre excelente había instituido un culto de reconocimiento. Empero, ¿qué es el espíritu? La fuerza que reside en la materia. ¿Qué es la materia? El producto de dos sustancias primitivas. He aquí, en sustancia, con más algunos preceptos de moral, lo que constituye la religión popular que Confucio enseñó a los chinos.” De esto se deduce que la filosofía de Confucio es ateísta y materialista.

Otra de las torpezas y debilidades de Confucio es que, comentando el libro del Y-King, que es libro que trata de las suertes, de la quiromancia y de los auspicios chinos, aprueba estas supersticiones y enseña el arte de practicarlas.

Cuando le preguntaban su opinión sobre la muerte, solía responder Confucio: ¿Cómo he de saber lo que es la muerte, cuando todavía no conozco la vida?

En ocasión en que sus oyentes le preguntaban si los antepasados a quienes se daba culto tenían conocimiento de éste, les contestó en los siguientes términos: “No conviene que manifieste claramente mi opinión sobre este punto. Si dijera que los progenitores son sensibles a los homenajes que se les tributan, que ven, oyen y saben lo que pasa por aquí en la tierra, sería de temer que sus descendientes, llevados de una piedad filial demasiado viva, desandaran su propia vida por atender a la de sus antepasados. Si, por el contrario, dijera que los muertos no saben lo que hacen los vivos, sería de temer que se descuidaran los deberes de la piedad filial, que cada cual se encerrase en un estrecho egoísmo, y que se quebrantaran de esta manera los lazos más sagrados que unen a las familias entre sí.”

ZG HF1 § 18
Filosofía de Thou-hi

China vivió hasta el siglo XII de nuestra Era inspirada por sus dos únicos filósofos dichos: Lao-tseu y Confucio.

En esta fecha apareció una escuela, cuyo principal representante es Tchou-hi, que ha amalgamado los elementos metafísicos de Lao-tseu con los morales de Confucio, dando lugar, como es lógico, a una sola filosofía, que se puede llamar neoconfucionismo, y es la filosofía nacional y oficial de la China desde su introducción.

Las tesis del neoconfucionismo se reducen a éstas:

a) El Ser supremo, llamado Taï-Ki, es el ser latente e innominado de Lao-tseu; es el gran Todo de este filósofo, cielo y tierra a la vez, espíritu y materia, &c., pues aunque “cada uno de estos seres –enseña el neoconfucionismo– tiene su naturaleza propia e individual, sin embargo todos los seres del universo reunidos son el Taï-Ki.”

b) El Tao o Razón suprema de Confucio, dice la nueva escuela, es el mismo Taï-Ki considerado como substractum o razón eficiente de sus evoluciones y acciones, o sea de los seres que de él proceden por emanación de su propia y única sustancia. “Aunque hay dos nombres, dice Tchou-hi, no hay dos sustancias originariamente.”

c) El Taï-Ki o Sustancia absoluta que posee en sí el Tao o Razón suprema y eficiente, se manifiesta en el espacio y en el tiempo bajo las dos formas de ying-yang, es decir, como materia y como espíritu. Para los neoconfucianos el espíritu no es más que una materia más sutil que la grosera y visible de los cuerpos. Algunas veces se le da el nombre de materia celeste, macho celestial, en contraposición a la hembra terrestre o materia inferior.

d) De la unión de ambas formas del ser, el ying y el yang, resultan varios elementos, que son: la madera, la tierra, el metal, el agua y el fuego, de los cuales proceden todos los seres del universo, incluso el hombre con todas sus facultades y virtudes. Así, dicen, el amor o benevolencia procede de la madera, la fidelidad procede de la tierra, la justicia del metal, la prudencia del agua y la civilización del fuego. Estos mismos elementos se hallan representados en el cielo por cinco genios, que dirigen en sus causas la marcha del universo, sin perjuicio de otros genios inferiores (aeriformes) que presiden los meteoros, la lluvia, los vientos, los truenos.

e) En el hombre hay tres cosas: la inteligencia, que es una derivación del Tao, en el cual debe re-entrar al separarse del cuerpo; el principio sutil del elemento corpóreo, y la parte más grosera de este mismo elemento. Al morir, el principio sutil (höen) vuelve al cielo y se convierte en espíritu (chin); la parte inferior (phe) vuelve a la tierra y se convierte en genio inferior. Todos ellos, como se ha dicho, no son sino grados y modos de ser más o menos sutiles de la materia.

ZG HF1 § 20
Sistemas filosóficos de la Persia

Al hablar de Persia, nos referimos a todos los pueblos de raza irania.

El principal sistema filosófico de los iranianos es el mazdeísmo, que tuvo su origen de un genio iranio de Bractriana, que llamaron los griegos Zoroastro y los persas Zarathustra.

No se sabe cuándo nació Zoroastro; la opinión más autorizada lo sitúa en dos mil quinientos años antes de Jesucristo.

Los libres sagrados del mazdeísmo son los Naçkas.

El mazdeísmo admite un Ser supremo llamado Ahoura-Mazda (que apellidaron griegos y latinos Ormuzd), el cual es un ser luminoso, resplandeciente, eminente en grandeza y en bondad, perfectísimo, poderosísimo e inteligentísimo, al que se le llama espíritu santísimo, creador de los mundos existentes. Es la concepción más cercana a la del Génesis de judíos y cristianos.

En el Boundehesch, uno de los libros canónicos del mazdeísmo, se narra la tentación y caída del primer hombre y de la primera mujer, en términos parecidos a como lo hace Moisés. En dicho lugar se lee: “El Der (el espíritu malo) que habla la mentira, hecho ya más atrevido, se presentó por segunda vez y les trajo frutos que comieron y, por esto, de cien ventajas que antes tenían sólo les quedó una.”

En un himno atribuido a Zoroastro se hallan contenidas las principales doctrinas de éste en estos términos: “Hay o existen dos genios, que son el bueno y el malo, los cuales son igualmente libres y reinan sobre el pensamiento, la palabra y la acción. Es preciso elegir entre los dos: elegid, pues, al genio bueno. Por medio, y a causa de su oposición, estos dos genios producen todas las acciones humanas, el ser y el no ser; el primero y el último son los efectos que corresponden a estos dos genios o dioses.”

“Los hombres mentirosos serán desgraciados; los verídicos serán salvos. Escoged: siguiendo al genio mentiroso y malo os preparáis una suerte infeliz; los que siguen el partido y la dirección de Ahoura-Mazda, el Dios santo y verdadero, deben honrarle por medio de la verdad y de acciones santas”…

“¡Oh, Mazda! Cuando la virtud es desgraciada en la tierra, tú eres el que acudes a su socorro; tú das al hombre piadoso el imperio de la tierra, y tú castigas al hombre sus palabras cuya promesa es mentira. Procuremos merecer esa vida feliz por medio de continuos esfuerzos. Practicad las máximas salidas de la boca misma de Mazda, máximas que son mortales para los mentirosos, pero favorables al hombre sincero: en estas máximas debéis buscar vuestra salvación.”

A mi entender, la religión de Zoroastro es monoteísta, contra la general opinión. No obsta a ello que la dificultad de comprender el origen y existencia del mal indujese a Zoroastro a lo que se ha llamado el mayor de sus errores: al dualismo teísta. En la doctrina mazdeísta aparece al lado de Ormuzd, principio del bien, Ahriman, principio del mal, enfrentado con el Dios bueno. En la lucha entablada entre los dos, al fin de los tiempos el dios malo será vencido y anulado por el Dios bueno. También tenemos nosotros a Dios y al demonio, y el demonio será vencido por Dios, lo que dice que el demonio, inferior a Dios, no es Dios. En el mazdeísmo, digo, no hay más que un Dios: Ahoura-Mazda, que, en cuanto obra el bien, es denominado Ormuzd. Ahriman ni es omnipotente ni es eterno; luego no es verdadero Dios.

ZG HF1 § 21
Sistema filosófico moral del mazdeísmo

El mazdeísmo hacia consistir la moral en la pureza del pensamiento, de la palabra y de las obras; admitía la existencia de penas y premios en la vida futura, y rechazaba la idolatría y el antropomorfismo. Así, que, según afirma Herodoto, no tenían templos ni altares ni estatuas de los dioses. El culto que daban al fuego era solamente simbólico, dirigido a Ormuzd, como dios del bien y de la luz, es decir, como Dios verdadero y único.

Tal era el primitivo mazdeísmo.

Sin embargo, después de las guerras entre medos y persas y merced a la comunicación de los persas con asirios y caldeos, el mazdeísmo sufrió grandes alteraciones, principalmente en la parte práctica, pues aceptó la magia y el culto de las divinidades asirias y caldeas.

Últimamente, la religión de Zoroastro, tan pura y elevada en su origen, aunque conteniendo muchos errores, ha quedado reducida al culto al fuego y a las fórmulas ridículas y supersticiosas de la magia.

ZG HF1 § 22
Sistemas filosóficos de Egipto

La filosofía egipcia, como la persa, no es más que filosofía religiosa.

El pensamiento filosófico-religioso del Egipcio es difícil de precisar porque en él hay la forma esotérica y hierática de los sacerdotes y sabios, y la forma grosera popular.

La concepción filosófica religiosa verdadera de Egipto no hay duda que es la de sus libros hieráticos, donde leemos:

“Es difícil al pensamiento concebir a Dios y a la lengua hablar del mismo. No se puede describir con medios materiales lo que es inmaterial, y lo que es eterno difícilmente puede aliarse con lo que está sujeto al tiempo… Lo que puede ser conocido por los ojos y por los sentidos, como los cuerpos visibles, puede expresarse por medio del lenguaje; lo que es incorpóreo, invisible, inmaterial, sin forma, no puede ser conocido por nuestros sentidos; comprendo, pues, ¡oh, Toth!, comprendo que Dios es inefable… No es limitado ni finito; no tiene color ni figura; es la bondad eterna e inmutable, el principio del universo, la razón, la naturaleza, el acto, la necesidad, el número, la renovación: es más fuerte que toda fuerza, más excelente que toda excelencia, superior a todo elogio, y sólo debe ser adorado con adoración silenciosa. Está escondido, porque para existir no tiene necesidad de aparecer. El tiempo se manifiesta, pero la eternidad se oculta. Considera el orden del mundo; debe tener un autor, un solo autor, porque en medio de cuerpos innumerables y de movimientos variados, se advierte un solo orden. Si hubieran existido muchos creadores, el más débil hubiera tenido envidia al más fuerte y la discordia habría traído el caos. No hay más que un mundo, un sol, una luna, un Dios. Este es la vida de todos, su origen, su poder, su luz, su inteligencia, su espíritu, su soplo. Todos existen en él, por él, bajo de él, y fuera de él no hay nada, ni dios, ni ángel, ni demonio, ni sustancia alguna; porque uno solo es Todo, y Todo no es más que uno.”

El Dios supremo de los egipcios, Amon-Ra, es anterior y superior a todas las cosas, y éstas y toda existencia son emanaciones del mismo.

La filosofía de Egipto tiene, pues, un indudable fondo monoteísta. Esta concepción unitaria de la divinidad se conservó más o menos pura en la clase sacerdotal de Egipto durante muchos siglos anteriores a Jesucristo, y esta enseñanza debió constituir el fondo principal de los misterios de Egipto, que aprendieron y tanto ponderaron los filósofos griegos, señaladamente Pitágoras y Platón.

* * *

Sin embargo, la costumbre de expresar por símbolos determinados las acciones, propiedades y atributos diferentes de la divinidad, y, por otro lado, las necesidades y exigencias del culto público, fueron causa de que la grosería e incultura del pueblo y sus fáciles tendencias antropomórficas convirtieran aquellos símbolos en divinidades y en objetos de cultos idolátricos de toda especie, haciendo de Egipto el país clásico de las supersticiones.

Todos los politeísmos surgieron de esto. Obsérvese que todos los sistemas filosóficos son fundamentalmente monoteístas, como corresponde a los dictámenes de la filosofía racional y a la conservación más o menos pura de la primitiva revelación. La mitología egipcia, la griega, la romana…, es la historia de unos simbolismos elevados a divinidades por la incultura y una mezcla de sentimientos a la vez groseros y poéticos del pueblo, ayudados por la incuria, la inseguridad y el vicio de las clases sacerdotales, faltas de celo religioso y carentes de asistencia sobrenatural.

La mitología egipcia comienza por la tríada que forman Amón, ser supremo, fondo divino; Nesth, la naturaleza, y Kneph, la inteligencia (reminiscencia de la primitiva revelación de la Trinidad, que se halla en todas las religiones). De esta tríada desciende la mitología egipcia, por un proceso interminable de tríadas, hasta los animales, las plantas y los elementos inanimados.

El carnero, símbolo hierático de Amón, pasó a ser luego ídolo o encarnación idolátrica del mismo. El toro, símbolo de Osiris, se convirtió en divinidad para el pueblo, el cual adoraba también al chacal y al perro, símbolos de Annubis; y al gato, símbolo de la luna; y al cocodrilo, símbolo del tiempo y de Tifón; y al ibis, símbolo de Hermes; y al escarabajo, símbolo del principio activo en la generación; y a la serpiente, símbolo de Kneph; y a la palmera, símbolo del año; y a la cebolla, símbolo del universo, &c… El sol, la luna, el Zodiaco, el Nilo, &c., son otros tantos objetos de culto idolátrico por parte del pueblo egipcio…

ZG HF1 § 23
Filosofía moral del Egipto

La filosofía moral del Egipto se nos manifiesta por uno de sus libros sagrados, el Ritual funerario, del cual se han encontrado encontrad varios ejemplares junto a momias desenterradas.

En el Ritual funerario se prohíbe blasfemar, engañar a otro hombre, hurtar, matar a traición, excitar turbulencias, tratar a persona alguna con crueldad, ni siquiera al esclavo propio. Se prohíben también la embriaguez, la pereza, la curiosidad indiscreta, la envidia, maltratar al prójimo con obras o palabras, murmurar de otros, acusar falsamente, procurar el aborto, hablar mal del rey o de los padres.

Estas prohibiciones iban acompañadas de muchos preceptos, como hacer a Dios las ofrendas debidas, dar de comer al hambriento, vestir al desnudo y otras obras de misericordia.

* * *

El apoyo de esta moral la tenia Egipto en sus enseñanzas sobre la inmortalidad del alma y los premios y castigo en la otra vida.

Veamos el resumen que de toda esta doctrina hace el gran egiptólogo Lenormant. Dice así: “La creencia en la inmortalidad no se separó nunca de la idea de una remuneración futura de las acciones humanas, cosa que se observa particularmente en el antiguo Egipto. Aunque todos los cuerpos bajaban al mundo infernal, al Kerneter, según le llamaban, no todos estaban seguros de alcanzar la resurrección. Para conseguirla era preciso no haber cometido ninguna falta grave, ni en la acción ni con el pensamiento, según se desprende de la escena de la psychostarsa, o acción de pasar el alma, escena representada en el Ritual funerario y sobre muchos sepulcros de momias. El difunto debía ser juzgado por Osiris, acompañado de sus cuarenta y dos asesores; su corazón era colocado en uno de los platillos de la balanza, que tenían en su mano Horus y Anubis; en el otro se ve la imagen de la justicia; el Dios Thoth anotaba el resultado. De este juicio, que tenía lugar en “la sala de la doble justicia”, dependía la suerte irrevocable del alma. Si el difunto era convencido de faltas imperdonables, era presa de un monstruo infernal con cabeza de hipopótamo; era decapitado por Horus o por Smon, una de las formas de Sez, en el cadalso infernal. El aniquilamiento del ser era considerado por los egipcios como el castigo reservado a los malvados. En cuanto al justo, purificado de sus pecados veniales por un fuego que guardaban cuatro genios con caras de monos, entraba en el pleroma o bienaventuranza, y, hecho compañero de Osiris, ser bueno por excelencia, era alimentado y recreado por éste con manjares deliciosos.”

“Sin embargo, el justo mismo, como que en su calidad de hombre había sido inevitablemente pecador, no entraba en posesión de la bienaventuranza final sino a través de varias pruebas. El difunto, al bajar y entrar en el Ker-neter, veíase precisado a franquear quince pórticos guardados por genios armados de espadas; no se le permitía pasar por ellos sino después de haber probado sus buenas acciones y su ciencia de las cosas divinas, es decir, su iniciación; se le sujetaba, además, a rudos trabajos antes de llegar al juicio definitivo; debía cultivar los vastos campos de la región infernal, la cual era considerada como una especie de Egipto subterráneo, cortada por ríos y canales. Veíase, además, obligado a sostener terribles combates contra monstruos y contra animales fantásticos, de los cuales no triunfaba sino armándose de fórmulas sacramentales y de ciertos exorcismos que llenan once capítulos del Ritual citado. A su vez, los malos, antes de ser aniquilados, eran condenados a sufrir mil géneros de tormentos, y volvían a la tierra bajo la forma de espíritus malhechores para inquietar y perder a los hombres; entraban también en el cuerpo de los animales inmundos.”

No había castas en Egipto; pero sí clases tan privilegiadas que equivalían a las castas. La influencia políticosocial, los empleos, el gobierno y hasta la propiedad estaban vinculados a las clases sacerdotal y militar. Los artesanos, agricultores, pastores, casi eran de condición de los cudras de la India.