Filosofía en español 
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Pitágoras y su escuela. Escuelas eleática y atomista. Los sofistas

José Téllez

Pitágoras y su escuela
Escuelas eleática y atomista
Los sofistas

 

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Colección Universo · Ediciones España
Tomo VII · Sistemas Filosóficos · Número 4

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Nihil obstat: Alejandro Martínez Gil, Censor. Madrid, 10 de noviembre de 1944.
Imprímase: Casimiro, Obispo Auxiliar y Vicario General.

Gráficas Excelsior - Cristo, 7 - Madrid, 16 páginas + cubiertas [ 1944 ]
 



ZG HF1 § 36
Pitágoras y su escuela

Pitágoras es de los filósofos más ponderados, pero hay muy poca certidumbre en lo que a él se refiere. Parece que nació en Samos; después de haber oído las lecciones de las escuelas jónicas viajó por Egipto, Persia, Indias y China, estudiando las filosofías de estos pueblos.

Pero no fundó escuela en su patria, sino que, habiendo pasado a Italia, al sur de Italia, donde los griegos habían fundado lo que se llamó la Gran Grecia, adquirió allí gran celebridad y parece que ejerció notable influjo y decisiva influencia en la vida política de aquellas importantes ciudades.

Allí fundó escuela, que de su nombre se llama pitagórica, y del lugar donde se fundó, itálica.

En la escuela pitagórica se enseñaba doble doctrina; una, exotérica o pública, que se enseñaba a todos los discípulos, y otra, esotérica, que se enseñaba solo a los privilegiados, después de pasar por varias pruebas de purificaciones establecidas al efecto. Parece que eran esоtéricas las doctrinas relativas al orden político-moral y al religioso. Para ser iniciado en las doctrinas esotéricas de la escuela pitagórica se exigía de los educandos un reglamento de vida y unas prácticas minuciosas, como vivir en comunidad de bienes, vestirse de lino, no comer carne, abstenerse de todo sacrificio sangriento y acaso, también, el celibato.

Dícese que Pitágoras, antes de recibir a un discípulo en su escuela, examinaba con cuidado sus rasgos fisonómicos; le exigía guardar silencio por espacio de mucho tiempo; le sujetaba a perfecta obediencia y a otras pruebas más rigurosas. Había en esta escuela variedad de grados y clasificaciones entre los alumnos.

La escuela pitagórica funcionaba en Crotona, y de ahí irradió grande influencia a todas las colonias griegas del país.

ZG HF1 § 37
Discípulos de Pitágoras

Muchos se llamaron discípulos de Pitágoras, porque era gloria haberlo sido. Mas los indiscutibles son: Filolao, Lysis, Clinias, Eurites y Arquitas.

Lysis vivió en Tebas y fue maestro de Epaminondas. Filolao fue también, en Tebas, maestro de Sinmias y Cebes, antes de que éstos fueran a Atenas a oír a Sócrates. Arquitas fue contemporáneo de Platón.

Además de esos cinco pitagóricos, florecieron más tarde otros, como Xenófilo de Tracia, Fautón, Diocles y Polynmasto…

El hecho es que hay gran confusión acerca de los verdaderos discípulos de Pitágoras.

ZG HF1 § 38
Doctrinas de Pitágoras

Se resumen muy bien de esta manera:

1.º El número, principio general de las cosas, es impar y par. Los impares son más perfectos, porque tienen principio, medio y fin. No así los pares. El número par representa y contiene lo finito; el impar, lo ilimitado, lo infinito.

2.º Los números, además de constituir la esencia real, el principio inmanente de las cosas, son también los modelos o arquetipos de las mismas.

Y así:

a) Establecían los pitagóricos una especie de correspondencia matemática entre los seres cósmicos y los números. El punto, la línea, la superficie y el volumen corresponden a los cuatro primeros números; la naturaleza física corresponde al número cinco; el alma, al seis; la razón, la salud y la luz, al siete; el amor, la amistad, la prudencia y la imaginación, al ocho; la justicia, al nueve.

El número está formado de diez esferas o cuerpos celestes, que se mueven en torno de un fuego central, siendo uno de aquéllos la Tierra.

b) Consideraban la armonía como uno de los atributos generales del ser. Y así dicen los pitagóricos que todo es armonía en el mundo.

3.º La unidad, principio esencial y primitivo del número, es también principio esencial y primitivo de todas las cosas. Es inmutable, semejante a sí misma, causa universal de todas las cosas y origen y perfección suficiente de las mismas. Esta unidad o mónada primitiva, respirando el vacío, produce la dyada, la cual, en cuanto producida y compuesta, es imperfecta y origen de los números pares y de los seres compuestos. La dyada representa la materia, el caos, el principio pasivo de las cosas.

4.º La triada, la tétrada y la década representan también para los pitagóricos esencias y atributos de cosas. La década es la más importante, ya porque representa la suma de los cuatro primeros números, ya porque expresa el conjunto de todos los seres o las categorías pitagóricas.

Lo finito, lo infinito. Lo impar, lo par. Lo uno, lo múltiple. La derecha, la izquierda. Lo masculino, lo femenino. Lo que está en reposo, lo que se mueve. La luz, las tinieblas. Lo bueno, lo malo. Lo cuadrado, lo que no es cuadrado.

5.º Lo que es la unidad respecto del número es el punto respecto de la cantidad continua. Las aficiones matemáticas de los pitagóricos les llevaron a atribuir a los elementos primitivos de los cuerpos formas geométricas


Dios en el mundo

Nada hay más oscuro y dudoso que la opinión de los pitagóricos acerca de Dios personal, superior al mundo e independiente de éste. Pero es más probable que su concepción de Dios fuera esencialmente panteísta.

Para los pitagóricos el mundo forma un todo ordenado, un conjunto bello y armónico. En el centro de este mundo está el que llaman fuego central, alrededor del cual se mueven diez grandes astros, siendo uno de estos la Tierra y otro que llaman la antitierra. Téngase en cuenta que el fuego central no es el Sol, sino un centro en torno del cual giran la Tierra y el Sol.

El movimiento regular y acompasado de las esferas celestes –dice– produce un sonido armónico musical, que si nosotros no percibimos es porque nuestro oído está acostumbrado a él desde el nacimiento y también porque el sonido, cuando es continuado, necesita de interrupción para ser percibido.

El mundo no sólo es un todo armónico y ordenado, sino también un todo animado o, al menos, vivificado por medio del alma universal, emanación, a su vez, del fuego central. Así es que todos los seres participan de la vida en alguno de sus grados.

ZG HF1 § 39
Psicología y moral de los pitagóricos

1.º El alma humana, que es una emanación del alma universal, no es engendrada ni producida con el cuerpo –dicen los pitagóricos–, sino que viene de fuera, puede vivificar sucesivamente diferentes cuerpos y existir también en las regiones etéreas por algún tiempo sin estar unida a ningún cuerpo humano o animal, pues es sabido que los pitagóricos admitían la transmigración de las almas. Esta teoría encierra las dos grandes ideas de la inmortalidad de las almas y de las penas y castigos después de la muerte.

2.º Parece ser que los pitagóricos distinguían en el alma humana dos partes: una, superior, perteneciente al orden inteligible, origen y asiento de la inteligencia y de la voluntad, otra, inferior, perteneciente al orden sensible, origen y razón de los sentidos y pasiones.

La primera tiene su asiento en la cabeza; la inferior reside en determinadas vísceras, pero principalmente en el corazón, al que atribuían las manifestaciones del apetito irascible, y en el hígado, en donde colocaban las pasiones de la parte concupiscible.

3.º Según Aristóteles, los pitagóricos definían el alma diciendo: un número que se mueve a sí mismo. Con lo cual parece que querían significar que el alma humana es una sustancia simple que tiene en sí misma el principio de sus actos.

4.º Solían decir los pitagóricos que la virtud es una armonía que debía conservarse mediante la música y la gimnasia. La justicia es un número cuadrado. En el orden político-social, el hombre es la mónada o la unidad; la familia es la dyada; la triada es la aldea, y la tétrada la ciudad.

A través de estas fórmulas tan oscuras, los pitagóricos profesaron máximas morales bastante elevadas, enseñando, entre otras cosas, que el bien consiste en la unidad y armonía de las operaciones del hombre, y el mal, en la falta de esta unidad; que el fin de la vida es la asimilación con Dios por medio de la virtud; que el suicidio es esencialmente malo; que el hombre debe examinar con frecuencia sus acciones y que no debe entregarse al sueño sin haber examinado sus actos durante el día.

Parece, sin embargo, que ni Pitágoras ni sus discípulos tuvieron ideas muy exactas acerca de la libertad humana, pues atribuyen al hado inexorable no sólo la muerte, sino los demás acontecimientos de la vida.

ZG HF1 § 40
Escuela eleática

Escuela eleática es la fundada en la ciudad de Elea, Italia, por Xenófanes, contemporáneo de Pitágoras, que se estableció en dicha ciudad por los años 536 antes de Jesucristo.

Los principales representantes de esta escuela, aparte de su fundador, son Parménides y Zenón de Elea, que florecieron por los años 460 antes de Jesucristo, y después Meliso de Samos, año 445.

Los filósofos de la escuela jónica se propusieron investigar el cómo de la existencia de las cosas del mundo; los de la escuela eleática el porqué de esta existencia.

El principal representante de esta escuela es Parménides.

El ser, si existe –decía Parménides–, es necesariamente uno, eterno, absolutamente inmutable, y saca de esto la consecuencia de que no hay posibilidad de generación alguna, de producción de otro ser o sustancia, de pluralidad real. Y pretende demostrarlo con ingenioso procedimiento. Y, partiendo de ahí, afirma que los cambios, transformaciones y multiplicación de los seres son meras apariencias a las que no responde realidad alguna. El ser (el universo-mundo) es un todo continuo, eterno, indivisible e incapaz de moverse en todo o en parte, porque repugna el vacío, sin el cual no es posible el movimiento.

Toda vez que es imposible –dice esta escuela– la existencia de dos seres realmente distintos, síguese de aquí que el pensamiento y la realidad son una misma cosa, y que la razón o el pensamiento es la medida, mejor dicho, la esencia de las cosas.

La razón sola –añade– es la que conoce la verdad y la realidad; los sentidos nos suministran una representación falsa y aparente de las cosas. La ciencia representa el conocimiento aparente de los sentidos y comunica a las percepciones de éstos cierta unidad y enlace. Para los sentidos, el Universo consta de dos elementos contrarios representados por la luz y las tinieblas, el calor y el frío; pero para la razón ese mismo Universo es un ser único, una unidad indivisible, que no tiene principio ni fin.


Zenón

Zenón fue el terrible dialéctico de la escuela. Es un sofista formidable que imponía con sutiles argumentos las doctrinas de la escuela. Era difícil ver la falacia de su argumentación. Se esforzó por establecer que los fenómenos sensibles no tienen realidad objetiva, y que los sentidos no tienen autoridad y valor en el orden del conocimiento.


Xenófanes

El fundador de la escuela eleática, si no es el más caracterizado representante de ella, es el que más elevada idea de Dios hizo formar. Enseñaba que Dios no está ni en movimiento ni en reposo, y que no es ni infinito ni finito. Mas, a pesar de esas ideas equivocadas, enseñaba explícitamente que Dios ni es ni puede ser más que uno, porque Dios es ser perfectísimo y el mejor entre todos los posibles, y, si hubiera muchos, ya no sería perfectísimo; que Dios es eterno e inmutable, incapaz de principio y de fin; que Dios es por su misma esencia razón y conocimiento y omnipotente, y, finalmente, no sólo rechazaba, sino que se burlaba del politeísmo y del antropomorfismo.

En una palabra, Xenófanes fue el teólogo de la escuela eleática; Parménides, el metafísico; Meliso, el naturalista y Zenón el dialéctico.

La concepción de la escuela de Eles es un panteísmo idealista, cuya base fundamental es la negativa de la multiplicidad de sustancias y de la posibilidad de que un ser engendre a otro.

ZG HF1 § 42
>Escuela atomística. Leucipo

La escuela atomística es una reacción materialista contra el idealismo de la escuela eleática.

Son sus principales representantes Leucipo y Demócrito.

Leucipo pretendió explicar todas las cosas sin excepción ninguna por medio de átomos y del movimiento.

En vez de establecer los derechos de la experimentación frente a las pretensiones exclusivas de especulación a priori, restableciendo o afirmando la pluralidad de seres defendida por la escuela jónica, Leucipo no ve en el mundo más que el vacío y el movimiento, átomos indivisibles e invisibles, sin perjuicio de poseer diferentes formas o figuras, y, por fin, sustancias materiales producidas por la composición y descomposición, unión y separación de estos átomos. El alma humana, lo mismo que los demás seres, no es más que una sustancia compuesta por átomos brillantes, esféricos y sutiles, de donde resultan en el hombre el calor, la vida y el pensamiento, fenómenos que son manifestaciones del movimiento, el cual es inherente y esencial a los átomos de figura esférica.

Olvidando Leucipo que los átomos y su movimiento suponen una causa primera, prescindía de ésta por completo, contentándose con afirmar que el movimiento de los átomos se halla sujeto a leyes necesarias e inmutables.

En conformidad con esta teoría, Leucipo explica la generación y corrupción sustancial, o sea la formación y destrucción de las nuevas sustancias, por medio de la unión y separación de determinados átomos; si sólo había cambio de sitio en los mismos, resultaba la alteración y mutaciones accidentales.

ZG HF1 § 43
Demócrito

Parece ser Demócrito natural de Abdera, donde nació por los años 460 antes de Jesucristo. Viajó mucho por todos los países entonces conocidos; tenía gran afición a la ciencia y gran constancia en los estudios.

Su misión en la escuela atomística es hacer aplicación de las doctrinas de Leucipo a la psicología y a la moral.

En lo cosmológico siguió las enseñanzas de Leucipo, afirmando:

a) Que la realidad primitiva, el verdadero y único ser es el átomo.

b) Que todos los seres y sustancias visibles son cuerpos agregados de átomos.

c) Que la constitución, origen, desaparición o muerte de estas sustancias depende exclusivamente de la unión, varia combinación y separación de los átomos, y, por consiguiente, lo que se llama generación y corrupción de las sustancias no existe en el sentido propio de la palabra.

d) Lo que se llama nacimiento y muerte en los animales, y el hombre no tiene más fundamento ni más significación real que la reunión y separación de átomos en condiciones determinadas de número, relación y movimiento.

El punto de partida de la escuela atomística, para desembarazarse de la imperiosa necesidad de una primera causa es afirmar gratuitamente la infinidad del número de átomos, la infinidad del tiempo y la eternidad del movimiento.

Demócrito afirmaba la existencia de muchos mundos, de los que unos eran semejantes entre sí y otros desemejantes; unos carentes de sol que los ilumine y otros dotados de muchos soles.

* * *

En el orden psicológico enseña Demócrito que el alma del hombre es una sustancia compuesta de átomos sutiles y de forma esférica, como los que constituyen el fuego. El calor vital y la movilidad perpetua que acompañan al alma son debidos a la figura esférica de los átomos que entran en su composición.

El pensamiento, la conciencia, la sensación, son el resultado de la agregación o combinación diversa de los átomos que constituyen la sustancia del alma, y son también la razón suficiente y el origen de sus variaciones, de manera que los diferentes fenómenos psicológicos están en relación con esas combinaciones atómicas.

La palabra espíritu no significa, para los secuaces de la escuela atomística, una fuerza suprema y creadora del mundo, ni siquiera un principio de la naturaleza superior al movimiento mecánico, esencialmente distinto de éste, sino como una materia más sutil y brillante, al lado de otras materias más groseras.

Los dioses son para Demócrito seres análogos al alma en su origen y composición, sin más diferencia que estar organizados con más solidez y tener mayor duración de vida, sin que por eso se hallen libres de descomposición y muerte. Estos dioses, por más que sean superiores al hombre y comuniquen a veces con éste por medio de los sueños, no deben inspirarnos temor alguno, toda ver que, además de ser mortales como nosotros, se hallan sometidos, lo mismo que los demás seres, a la ley suprema y fatal del destino, es decir, a la ley inmutable del movimiento atomístico eterno, necesario y universal.

La moral de Demócrito consiste en una tranquilidad egoísta del ánimo, o sea en el amor y goce bien entendido de los placeres. Evitar y apartar de sí todo aquello que pueda perturbar el ánimo o que pueda acarrear algún trabajo, algún disgusto, algún pesar, alguna conmoción violenta, en esto consiste el bien del hombre y la virtud. La intemperancia y los placeres sensuales son vituperables, sólo porque producen satisfacción pasajera, seguida de disgusto y saciedad que excluyen la tranquilidad y satisfacción plena del alma. Si deben evitarse las acciones injustas, es a causa del temor del castigo y del sentimiento del pesar interno que dejan en pos de sí. Rechazaba Demócrito el matrimonio y el amor de la patria por los disgustos, trabajos y zozobras que llevan consigo.

ZG HF1 § 45
Empédocles

Nació en Agrigento (Sicilia). Murió arrojándose al Etna. Era filósofo, médico y poeta, Esta última condición ha hecho que sus ideas filosóficas no puedan constarnos con claridad, pues expuso sus doctrinas en poemas. Parece que su filosofía es una fusión sincrética de las escuelas pitagórica, eleática y jónica.

Con los pitagóricos admitía una inteligencia divina y un alma universal difundida por el cosmos y origen de las almas humanas; admitía también la transmigración de éstas y diferentes clases de genios o demonios. Coincide también con Pitágoras en la importancia de la unidad como principio de todas las cosas.

Con la escuela jónica admitía la existencia de cuatro elementos primitivos: tierra, agua, aire y fuego, dando, como Heráclito, la mayor importancia al fuego,

ZG HF1 § 46
Los sofistas

Primitivamente se conocía con el nombre de sofistas a los que hacían profesión de enseñar la filosofía o la elocuencia.

Pero, después de Sócrates y Platón, llamáronse sofistas los que hacen profesión de engañar a los demás por medio de argucias; los que consideran y practican la elocuencia como un medio de lucro; los que hacen alarde de defender todas las causas y que proceden en sus discursos y en sus autos como si la verdad y el error, el bien y el mal, la virtud y el vicio fueran cosas o inasequibles o convencionales.

Atenas fue el punto de reunión de todos los sofistas. La preponderancia política que sobre toda Grecia había alcanzado Atenas hicieron de ella centro de toda riqueza, de toda intriga, de toda confusión ideológica nacida del choque de las encontradas escuelas jónica, eleática, pitagórica, atomística... Y, por tanto, fue Atenas el clima más apropiado para el desarrollo de los sofistas.

En todos los tiempos, a partir desde Platón, ha venido a significar sofista inmoralidad sistemática, carácter venal, charlatanismo filosófico, dialéctica y teorías falaces.

ZG HF1 § 47
Protágoras

Es el más célebre y el más filosófico de todos los sofistas. Parece que nació en Adbera y es contemporáneo de Sócrates.

Sus teorías se reducen a esto:

No existe la verdad absoluta, sino la relativa.

La percepción sensible es para el hombre la medida y basta la razón o causa de la realidad objetiva de las cosas. Lo que el hombre percibe por medio de los sentidos todo es verdadero.

Protágoras duda de la existencia de Dios.

El fondo de sistema de Protágoras es un escepticismo real.

ZG HF1 § 48
Gorgias

Gorgias es también siciliano.

La doctrina de Gorgias es un escepticismo concretado en estos principios.

Nada existe. En el caso de que existiera alguna cosa, ésta no podría ser conocida por el hombre. En el caso de que algún hombre la conociera, no podría explicarla y darla a conocer a otros hombres.

ZG HF1 § 50
Otros sofistas

Hipias, de Elis. Tenía muchos conocimientos de matemáticas y astronomía.

Pródico, de Ceos

Critias, uno de los treinta tiranos de Atenas, el cual afirmaba que los dioses y la religión eran invenciones de la política para tener sujeto al pueblo.

Polo, discípulo de Gorgias; Trasímaco, Eutidemo, &c.

La moral y religión de los sofistas correspondían a su escepticismo y a su ateísmo.

La base de su moral no era la idea de lo justo y de lo bueno, sino de lo útil y lo agradable. Subordinaban la moral a la política, debiendo ser lo contrario.

Platón, por fin, nos presenta a los sofistas negando la distinción entre la virtud y el vicio, como enemigos de la moralidad y como los corruptores de las costumbres públicas y privadas.

ZG HF1 § 52
Resumen del primer periodo de la filosofía griega

Toda su doctrina se resume así:

a) Para la escuela jónica, la materia es el ser todo y el principio de los seres particulares, cuyos gérmenes y cuyas virtualidades lleva en su seno; la observación sensible y la experiencia representan el conocimiento y los principios de conocer.

b) Para la escuela de Heráclito, el universo y la combinación, o mejor la sucesión eterna e independiente del ser y del no ser; toda la esencia es de suyo fenomenal y transitoria, y el ser se identifica con el hacerse, con el moverse, para ser y no ser.

El ser, el Universo-mundo, es una unidad (monismo); pero una unidad del movimiento, una serie de fenómenos que aparecen y desaparecen con sujeción a una ley eterna y absolutamente necesaria. En suma: no existe realmente el ser, lo absoluto, y sí, únicamente, el fieri, la sucesión, el moveri.

c) Para la escuela atómica, el ser, el Universo-mundo, no es ni la materia-principio, de la escuela jónica, ni el movimiento continuo o sucesión alternada y fugaz de los fenómenos, de Heráclito, sino una aglomeración de seres particulares, átomos, infinitos en número, eternos en su duración y sujetos a choques y combinaciones fatales.

d) Para los pitagóricos, el ser, la universalidad de las cosas, entraña algo más que la materia de los jónicos, la sucesión perpetua de Heráclito y los agregados o combinaciones de átomos. Entraña un principio trascendental y superior a la naturaleza material, y exige un principio inteligente, una idea racional inmanente en el Universo, como razón suficiente de la existencia y esencia del Universo con sus formas y existencias particulares. Representa, por tanto, la escuela pitagórica la introducción de la idea en el campo de la Filosofía y la afirmación implícita del principio espiritual.

e) El pensamiento de la escuela eleática es éste:

«El ser es unidad absoluta y pura; el mundo externo con sus cuerpos, átomos y mutaciones es pura apariencia e ilusión, porque toda pluralidad real es imposible, y esto se verifica no sólo en el orden sensible, sino hasta en el orden puramente inteligible, de manera que el sujeto y el objeto, el pensamiento y la cosa pensada son una misma cosa, son Dios, único ser, única sustancia real y toda sustancia real. Este ser es pensamiento puro, es sustancia ideal-real, inasequible absolutamente a los sentidos y objeto solamente del pensamiento puro.»

f) Con los sofistas se introdujo también algo útil en la filosofía. Los sofistas contribuyeron a perfeccionar los métodos de enseñanza dialécticos para investigar y demostrar la verdad.