José Téllez
Filosofía cristiana
Primer período de la escolástica
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Colección Universo · Ediciones España
Tomo VII · Sistemas Filosóficos · Número 10
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Nihil obstat: Alejandro Martínez Gil, Censor. Madrid, 10 de noviembre de 1944.
Imprímase: Casimiro, Obispo Auxiliar y Vicario General.
Gráficas Excelsior - Cristo, 7 - Madrid, 16 páginas + cubiertas [ 1944 ]
Al lado del movimiento neoplatónico y del extravagante gnosticismo, que entrañaba la destrucción de la idea católica, apareció el movimiento filosófico-cristiano, movimiento de armonía y alianza entre la Filosofía y el Cristianismo. Puntos esenciales de toda filosofía cristiana son éstos:
a) Existe un Dios personal, infinito en su esencia y en sus atributos, trascendente, anterior, superior e independiente del mundo, el cual está sujeto a su gobierno y providencia por parte de todos los seres que lo componen y especialmente por parte del hombre.
b) En virtud de esta providencia, Dios ejercita y prueba con bienes y males en esta vida, premiando o castigando respectivamente, a buenos y malos después de la muerte según el uso bueno o malo que hayan hecho de su libertad y de los auxilios divinos durante la vida presente.
c) El alma del hombre es inmortal y está destinada a una felicidad suprema, a una vida eterna, consistente en la unión íntima con Dios por el entendimiento y la voluntad, o sea en la fruición del Sumo Bien y en la posesión plena de la Verdad Suprema, una y verdaderamente trascendental.
d) El mundo y el hombre deben su origen a una acción inefable de Dios por medio de la cual les comunicó el ser cuando y como plugo a su soberana voluntad. Es decir, el mundo y el hombre fueron creados por Dios de la nada.
Todo sistema filosófico que se llame cristiano debe admitir esencialmente esas tesis. Al exponer un sistema cristiano, se sobreentiende que admite esas tesis.
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Antecedentes y primeros ensayos de filosofía cristiana
Durante los tres primeros siglos del Cristianismo no surgieron en su seno verdaderas escuelas de Filosofía. Porque el Cristianismo, al nacer, hubo de luchar con tres grandes enemigos: la corrupción de costumbres y las pasiones del hombre; las masas politeístas apegadas a sus supersticiones, y los poderes públicos paganos aferrados a su omnipotente cesarismo; las sectas y herejías empeñadas en desfigurar y destruir la pureza moral y la verdad dogmática de la nueva religión.
La necesidad de atender a estas necesidades dio origen a tres especies de literatura, que no era precisamente filosofía. La primera, literatura moral, es la literatura apostólica y evangélica. Y, aparte de ella, las epístolas de Clemente a los fieles de Corinto y a las Vírgenes; el Pastor de Hermias, verdadero Tratado de Teología moral cristiana; las cartas de San Ignacio de Antioquía y la de San Policarpo a los cristianos de Filipos.
La segunda clase fue la apologética. Grandes apologistas fueron Atenágoras, San Justino, Tertuliano, Arnobio, &c.
La tercera especie de literatura, que se podría llamar polémica y también dogmática, viene representada por el Apologeticus y De Praescriptionibus, de Tertuliano; la grande obra de San Ireneo Adversus haereseos; los Stromata, de Clemente Alejandrino, y el tratado de Orígenes, Contra Celsum.
Al lado y en pos de los apologistas y teólogos, cuyos trabajos y escritos iniciaron el movimiento filosófico-cristiano, apareció la escuela catequética de Alejandría, que significa una tendencia conciliadora con la filosofía grecorromana, Y así surgieron dos escuelas; la alejandrina, que es greco-oriental, y la africana, propiamente tal, distinta de la alejandrina, aunque Alejandría es también geográficamente ciudad africana.
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Escuela africana
La mayor parte de los apologistas, y con particularidad los africanos, manifiestan cierta hostilidad y una repulsión universal y pronunciada contra la filosofía greco-romana, a la que consideran inútil y aun nociva para el cristiano. El hombre debe buscar la sabiduría en Jerusalén, no en Atenas. Los más genuinos representantes de esta escuela son: Minucio Félix, Tertuliano, Arnobio y Lactancio.
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Tertuliano
Nació este grande escritor en Cartago, hacia mediados del siglo II de la Era cristiana. Fue educado en el paganismo y ejerció la abogacía antes de convertirse. Fue sacerdote cristiano.
Sus obras son numerosas y excelentes. Su doctrina puede condensarse así:
a) La sabiduría humana y la filosofía, lejos de suministrar al hombre el conocimiento de la verdad, más bien le impiden su posesión. En el pórtico de Salomón y no entre los estoicos, en la Iglesia y no en la Academia, es donde debe buscar doctrina y sabiduría el cristiano, cuya filosofía consiste en buscar a Dios con sencillez de corazón. En Platón arrancan las primeras herejías, que introdujeron los discípulos de la Academia.
b) En realidad, existe una oposición total entre la sabiduría cristiana y la pagana.
Por lo demás, es filósofo perfectamente cristiano, aunque a veces es difícil de entender su pensamiento. En el terreno de la moral tiene ciertas tendencias excesivamente rígidas, que le llevaron, ya en sus últimos años, a la herejía montanista.
Compatriota de Tertuliano, nació Lactancio a mediados de Diocleciano y fue nombrado por Constantino preceptor del siglo III. Enseñó retórica en Nicomedia por invitación del César Crispo, su hijo.
A Lactancio llama San Jerónimo el varón más erudito de su tiempo, y mereció el nombre de Cicerón cristiano. Su obra principal es Institutiones divinae.
He aquí resumidas sus ideas sobre los problemas de la Filosofía:
a) La posesión de la ciencia real y verdadera es una prerrogativa de la inteligencia divina, sin que la razón humana pueda llegar a su posesión por sus propias fuerzas. El hombre debe buscar la verdad y su salvación en la palabra de Dios, no en la ciencia humana.
b) Según las Escrituras, son necios los pensamientos de los filósofos, y, por tanto, es falsa y vana la Filosofía.
Por lo demás, las obras de Lactancio son una magnifica demostración de las tesis cristianas.
Lactancio fue un gran defensor de los esclavos
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Escuela alejandrina. Clemente de Alejandría
La escuela alejandrina, en oposición a la africana, trató de conciliar el Cristianismo con la Filosofía. Son oscuros los primeros pasos de esta escuela; pero a ella pertenecieron hombres eminentes.
San Clemente de Alejandría (Tito Flavio Clemente) nació en Atenas, según unos, y en Alejandría, según otro; frecuentó varias escuelas filosóficas y recorrió varios países en busca de la verdad, hasta que, habiendo oído a San Panteno, abrazó la religión cristiana. Clemente fue nombrado sucesor de Panteno en la dirección de la escuela de Alejandría por Demetrio, obispo de la ciudad.
La persecución contra los cristianos del año 202 le obligó a retirarse a Capadocia. Se ignora el año y sitio de su muerte.
Sus excelentes obras, de las cuales algunas se han perdido, son uno de los monumentos más notables de la literatura eclesiástica de los primeros siglos de la Iglesia.
Su doctrina filosófica puede resumirse así:
a) Hay dos especies de Filosofía, la divina o cristiana, que trae su origen directo de Dios, y la humana o griega, que procede directamente de la razón humana y mediatamente de Dios. La primera es más perfecta que la segunda, y le basta al hombre para su perfección moral y consecución de la vida eterna; la segunda, aunque más imperfecta, es una inquisición comprensiva que conduce al conocimiento de las causas por medio de razones sólidas y verdaderas.
b) De ahí que la Filosofía humana no es sólo dueña de sí misma, sino que también es útil para comprender las Sagradas Escrituras y disponer a la fe.
c) La Filosofía, especialmente para los cristianos, no es la platónica ni la aristotélica, ni la estoica ni la epicúrea, sino el conjunto de verdades diseminadas en todos estos sistemas, conjunto perfeccionado y completado con las verdades cristianas.
d) La verdad es el mayor bien y perfección a que aspira la Filosofía. Los instrumentos para conocer la verdad son los sentidos, la razón o inteligencia, la ciencia y la opinión.
e) El criterio de verdad filosófica es la evidencia sensible e intelectual; el de la verdad cristiana es la palabra de Dios.
f) La lógica o dialéctica es muy útil para investigar la verdad.
g) Fácil es conocer y demostrar la existencia de Dios, ser único, perfectísimo y autor de todas las cosas. Pero no es tan fácil conocer su esencia y atributos por las solas fuerzas de la razón. Sin embargo, podemos llegar a conocer bien esta esencia y atributos con el auxilio de la Filosofía cristiana o de la palabra divina.
h) El poder infinito de Dios resplandece en la creación del mundo. Su bondad y su justicia resplandecen en la providencia general que tiene de todas las cosas y en la especial que ejerce sobre el hombre.
i) El mundo fue producido o creado por Dios de la nada. No es parte de la sustancia divina. El mundo sensible es reflejo del mundo inteligible.
j) El hombre es sustancia compuesta de cuerpo y alma racional. No es parte de Dios ni consustancial con Dios; pero está hecho a su imagen. Aunque el hombre es producido por generación, su alma lo es por creación.
k) El alma es inmortal.
l) La perfección y destino del hombre en la vida presente es imitar a Dios; y, en la vida futura, es el conocimiento y amor perfecto de Dios.
ll) El verdadero gnóstico, el gnóstico cristiano, como lo fueron Santiago, San Juan, San Pablo y los demás apóstoles, sabe y comprende todas las cosas, aun las ocultas, porque es iluminado por Dios.
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Orígenes
Es el otro grande representante de la Escuela alejandrina. Orígenes nació en Alejandría el año 185 de nuestra Era. Sucedió a Clemente de Alejandría en la dirección del Didascaleo, contando sólo dieciocho años. Era de extraordinario talento y saber, lo que atrajo a su cátedra gran número de discípulos y de discípulas; la presencia de mujeres en su escuela le obligó al hecho, equivocado e inmoral, de castrarse para evitar sospechas y peligros. Por este hecho y más por la envidia y emulación, fue perseguido y hostilizado Orígenes por Demetrio, obispo de Alejandría; ello obligó al gran teólogo a abandonar su patria y recorrió muchos países.
No se conoce muy bien el pensamiento filosófico de Orígenes; porque, aparte de que varias de sus obras se han perdido, otras fueron interpoladas y corrompidas por los herejes.
Por lo demás, por lo que nos queda, la doctrina de Orígenes coincide con la de su gran muestro Clemente de Alejandría. Incurrió en algunos errores, que obligan a leerle con cautela cuando no se tiene una sólida preparación filosófica y teológica sobre todo.
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Escuela media
En medio de las encontradas corrientes de las escuelas alejandrina y africana se alzaron los seguidores de una escuela media, representada principalmente por San Justino Atenágoras y San Teófilo.
San Justino
San Justino, después de afirmar, por un lado, que, después de recorrer todas las escuelas, no halló la verdad en ninguna, y si la halló en los Profetas y en los Apóstoles, reconoce por otro que la Filosofía es cosa grande y hasta que nos conduce a Dios.
Nació San Justino en Palestina, a principios del siglo II, y fue martirizado hacia el año 169 por la fe. Escribió varias obras, entre ellas sus dos Apologías y el Diálogo con Trifón.
En todas estas obras profesa los puntos fundamentales de toda filosofía cristiana, aunque en el orden teológico parece que admite algún error.
Atenágoras. Casi contemporáneo de San Justino, y siguió sus mismas directrices. Fue natural de Atenas. Escribió al emperador Marco Aurelio una apología de los cristianos, Legatio pro christianis. En ella, en su tratado Sobre la resurrección de los muertos, enseña todas las verdades fundamentales del cristianismo. Era gran conocedor de las escuelas filosóficas
San Teófilo. Es de Antioquía. Contemporáneo de los dos anteriores filósofos y de sus mismas tendencias.
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La filosofía cristiana en el siglo IV
Las herejías de los primeros siglos de la Iglesia obligaron a los escritores eclesiásticos a descuidar un poco los estudios filosóficos para consagrarse principalmente a los teológicos.
En Oriente, representaron principalmente el movimiento científico del Cristianismo, en el siglo IV, los sucesores de Orígenes, San Atanasio, San Gregorio Nazianceno, San Basilio, San Gregorio Nisseno y San Cirilo.
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El nisseno y el nazianceno
Ambos obispos de Nissa y de Nazianzo, aparte de defender todos los puntos sustanciales del cristianismo, destacaron estos puntos:
a) Que el alma racional informa, vivifica y anima al cuerpo humano en todas sus partes, y de una manera invisible, sin residir en alguna parte del mismo.
b) Que esta alma comienza a existir al mismo tiempo que el cuerpo por ella informado, y no antes.
El de Nissa estudió los problemas de la teodicea y de la psicología con más sentido filosófico que el de Nazianzo. Refutó el antropomorfismo en todas sus formas y prueba sólidamente la existencia de Dios, su unidad, su perfección infinita, su omnipotencia y su causalidad de la posibilidad y existencia de todos los seres.
En el orden psicológico, afirma que el alma humana tiene su origen por creación de la nada. Enseña la unidad esencial y sustancial del hombre como persona, y que las tres vidas, vegetativa, sensitiva y racional proceden de una sola alma, la racional. Considera la libertad del hombre como la más noble de sus prerrogativas.
Poseía el Nisseno conocimientos poco comunes en su época, acerca de las ciencias físicas y naturales.
Nemesio. Es uno de los principales representantes de la Filosofía cristiana en este tiempo. Parece que fue contemporáneo del Nisseno, y obispo de Emesa. Su principal obra es De natura hominis, que es el primer tratado sistemático y relativamente completo de psicología cristiana. Es poco conocida esta obra, pero merece serlo. Sigue a Aristóteles en el fondo y en el método, salvo en aquello que contradice al dogma católico.
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Filosofía areopagítica
Llamamos así a la filosofía contenida en los libros atribuidos a San Dionisio Aeropagita, sin prejuzgar la autenticidad de estos libros.
Esta filosofía representa la introducción, la fusión, o como la encarnación de la idea neoplatónica en la idea cristiana, en cuanto ambas ideas son compatibles. Esta convicción se obtiene leyendo principalmente el libro titulado De Divinis Nominibus. Es confusa la enseñanza de este libro, hasta el punto de que, a veces, parece se están leyendo doctrinas heterodoxas.
La filosofía aeropagítica, que representa un gran movimiento iniciador de la escolástica, puede resumirse así:
La Divinidad, considerada en sí misma, en su naturaleza íntima e infinita, de tal manera es superior a la mente humana, que bien puede llamarse inefable, innominable, oculta e incomprensible. Sin embargo, Dios puede ser conocido de algún modo imperfecto por medio de las cosas creadas, que son imágenes de él. Aunque el conocimiento que de Dios tiene la razón humana es por remoción, negación y como por ignorancia, sin embargo, por medio de la fe divina, de la revelación y de la gracia, podemos penetrar en el Santuario de la Divinidad, aunque sin comprenderla.
De Dios, como Ser infinito y como Bien sustancial, proceden, por creación, todos los demás seres y todos los demás bienes.
Algunas expresiones del aeropagita han sido aprovechadas por los panteístas para apoyar su sistema; pero lo han hecho con el espíritu sectario que no permite la claridad del entendimiento y, por tanto, la recta interpretación de lo que se lee.
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San Agustín. Sus obras
Nació en Tagaste, a mediados del siglo IV. Durante su juventud estudió en Madaura y Cartago, entregándose a una vida de desórdenes y también a la herejía de los maniqueos.
La lectura del Hortensius, de Cicerón, despertó su genio filosófico, y a los veinte años estudió a Aristóteles y a Platón, dando la preferencia a éste.
A los treinta y dos años se convirtió, en Milán, por la intervención del gran obispo de esta ciudad, San Ambrosio. Es el primer filósofo del siglo IV y uno de los primeros de la humanidad.
Las obras de San Agustín son numerosísimas, tanto filosóficas como teológicas. Las obras principales, filosóficas, son: Retractaciones, Confesiones, Contra los académicos, Del Orden, De la vida feliz, Soliloquios, De la inmortalidad del Alma, De la continuidad del Alma, Del libre albedrío, Del Alma, De la verdadera religión, De la naturaleza de bien y la Ciudad de Dios.
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Filosofía de San Agustín
Para San Agustín, es Filosofía la investigación diligente y el conocimiento científico de las cosas humanas y divinas, según que conducen a la vida feliz. La filosofía es inferior a la ciencia cristiana; pero es útil para engendrar y defender la fe cristiana.
Divide la Filosofía en filosofía moral, que trata del sumo Bien, como destino final del hombre y de sus acciones; filosofía natural o física, que trata de Dios como autor del mundo; filosofía racional o dialéctica, que es la que nos enseña a aprender y nos pone en posesión de la ciencia y nos da la conciencia del saber.
Dos son los medios para llegar al conocimiento de la verdad: la razón y la autoridad. La autoridad puede ser divina y humana.
La filosofía de San Agustín se condensa de esta manera:
a) Existe un Dios único, simplicísimo, infinito, eterno e inconmutable en su ser y en su obrar, que, viviendo desde la eternidad en unión inefable del Verbo y del Espíritu Santo, produjo libremente y sacó de la nada al mundo con todos sus seres, desde los más superiores a los más imperfectos, incluso la materia informe.
b) Dios, al crear el mundo, lo creó en el tiempo, o mejor, con el tiempo que plugo a su voluntad soberana. No existen en sí mismas las ideas ni las almas preexistentes de Platón. Las ideas o arquetipos de las cosas sólo existen en la mente divina. La ciencia verdadera entraña el conocimiento de las relaciones entre las existencias creadas y las ideas divinas.
La providencia de Dios se extiende a todos los seres del mundo, sin excepción alguna, dirigiéndolo y gobernándolo todo, valiéndose de las causas segundas, sin perjuicio de la dirección suprema de todas ellas. Dotadas de verdadera actividad por la misma acción creadora, las criaturas producen continuas transformaciones que pueden, incluso, dar lugar a la aparición de especies desconocidas antes.
Todos los seres, en cuanto tales y creados por Dios, son buenos; de manera que el mal, lejos de ser una criatura positiva, como pretenden los maniqueos, es privación de ser.
La suprema felicidad y el destino final del hombre consiste en la posesión plena de Dios, en la vida futura.
c) El alma humana es una sustancia espiritual e inmortal, superior a todas las demás criaturas, excepto los ángeles. La dignidad, nobleza y perfección de su ser y de sus facultades son tan grandes, que su morada y patria es el mismo Dios, su creador.
d) La unión del alma con el cuerpo no es accidental, sino sustancial; es la forma constituyente, informante y vivificante del hombre; no reside en parte alguna del cuerpo, sino que está en todo el cuerpo y toda en cada parte de él.
e) Existen en el hombre dos órdenes de facultades de conocimiento: las intelectivas y las sensitivas. La verdad no está fuera de nosotros, sino que habita en nosotros mismos.
f) San Agustín fue el primero que planteó en el seno de la filosofía cristiana el problema de la certeza, enseñando a combatir el escepticismo y llamando la atención sobre la importancia científica de los hechos de conciencia. Hay muchas cosas de que no puede jamás dudar el hombre.
Los sentidos son muy útiles en el orden del conocimiento, suministrando a la mente las representaciones sensibles de los cuerpos.
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Transición de la filosofía patrística a la escolástica
La filosofía de los primeros siglos de la Iglesia, defendida por los escritores cristianos, que son llamados Padres de la Iglesia, es conocida con el nombre de filosofía patrística, y es la filosofía considerada hasta aquí.
San Agustín cierra el ciclo de la filosofía patrística. Las grandes invasiones de los bárbaros apagaron el espíritu estudioso e investigador, o, al menos, lo hicieron languidecer. Sin embargo, en estos tiempos agitados, unos pocos hombres sostuvieron el fuego sagrado del saber, transmitiéndolo a las generaciones que habían de surgir sobre las ruinas del imperio romano. Esos hombres fueron Capela y Claudiano, Boecio y Casiodoro, San Isidoro de Sevilla, Beda y Alcuino.
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Capela y Mamerto Claudiano
Marciano Capela, africano, floreció en la segunda mitad del siglo V. Escribió el Satyricón, especie de obra enciclopédica de los conocimientos que hasta entonces se tenían.
Mamerto Claudiano, galo, representa la continuación y conservación de la obra de San Agustín. Escribió la obra De Statu Animae.
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Boecio
Boecio era un patricio romano. Estudió en Atenas y en Roma. Su saber y sus dotes de gobierno le ganaron mucha fama; Teodorico, rey de los ostrogodos, le distinguió con su confianza y le llevó a sus consejos por espacio de muchos años. Acusado después de traidor por sus enemigos, fue encerrado en una prisión, en Pavía, y decapitado después por orden del mismo Teodorico. Algunos le consideraron y veneraron como mártir.
Escribió varias obras filosóficas comentando a Aristóteles. Su principal obra es De Consolatione Philosophiae, escrita en la cárcel, y es la expresión más genuina y completa de su pensamiento filosófico. Tuvo Boecio aficiones platónicas, pero su coincidencia casi total es con Aristóteles. Boecio es muy seguro y muy profundo en las definiciones de las cosas.
ZG HF2 § 22
Casiodoro
Casiodoro, contemporáneo de Boecio, italiano como él y hombre de Estado como él, le sobrevivió mucho tiempo, pues falleció a fines del siglo VI, centenario de edad. Setenta años contaba cuando, cansado de la vida, se retiró a Calabria, su patria, y edificó el monasterio de Viviers, donde rodeado de cenobitas, se dedicó a escribir libros y a dirigir los trabajos de sus monjes, que se consagraron a comprar libros clásicos y obras de mérito, que, sin esto, acaso hubiesen perecido. Tiene muchas obras, siendo las principales: De artibus et disciplinis liberalium litterarum, De Anima.
San Isidoro de Sevilla. El primer representante de la filosofía cristiana durante el último tercio del siglo VI y primero del VII fue, sin duda, San Isidoro de Sevilla, natural de Cartagena, hermano de San Leandro, a quien sucedió en el arzobispado de la capital de Andalucía. Murió en 636.
La filosofía de San Isidoro no tiene puntos de vista originales, pero fue un compilador magnífico y copioso trasmisor a las generaciones venideras de la ciencia de la antigüedad. Su obra principal es el tratado enciclopédico titulado Etimologías. San Isidoro inició un gran movimiento renovador, que dio lugar a las escuelas de Sevilla, de Córdoba, de Zaragoza, de Toledo, de Vich y de otras iglesias, en las que brillaron San Braulio, San Ildefonso, Tajón, San Eulogio y otros.
Gerberto venía a estudiar a España los secretos de las ciencias naturales. El movimiento isidorino preparó el camino de San Raimundo de Peñafort, de Lulio, de Raimundo Martín y de Pedro Hispano. El movimiento isidoriano no consiguió ahogarlo la invasión musulmana, y trascendió con gran eficacia al resto de Europa. El movimiento isidoriano fue el enlace del pensamiento filosófico patrístico con el escolástico.
ZG HF2 § 26
Beda y Alcuino
Lo que fueron para la Galia Claudiano, para Italia Boecio y Casiodoro, para España San Isidoro de Sevilla, fue Beda para la Gran Bretaña y Alcuino para Alemania.
El primero fue el enciclopedista inglés, que resumió y condensó en su país todo el saber de la antigüedad. Escribió numerosas obras de todas las ciencias conocidas. Era monje y sacerdote. Nació el año 673 y murió el 735, el mismo año en que nació Alcuino, que debía continuar sus tradiciones literarias y científicas.
Alcuino fue maestro, amigo y consejero de Carlo Magno. Escribió también numerosas obras. Fundó una organización científica y literaria, con el apoyo de Carlo Magno, contribuyendo con ello a propagar el gusto y la afición por las letras. Monje inglés, formado en las escuelas de Inglaterra e Irlanda, que eran entonces focos principales de luz para la Europa cristiana, fue el fundador y director de las primeras escuelas en las provincias germánicas del Imperio.
ZG HF2 § 27
Filosofía escolástica
Filosofía escolástica es el fruto del renacimiento filosófico de que acabamos de hablar, incubado, fecundado e informado por el principio cristiano.
Tiene cuatro periodos:
Escolástica incipiente. Comienza en tiempo de Carlo Magno y termina a mediados del siglo XI.
Periodo de incremento y desarrollo, desde mediados del siglo XI hasta principios del siglo XIII, o sea hasta Alberto Magno.
Periodo de perfección, que abraza todo el siglo XIII y parte del XIV, hasta Occam.
Decadencia, desde Occam hasta la caída de Constantinopla.
ZG HF2 § 28
Caracteres generales de la filosofía escolástica
Son dos:
El primero y principal es la conciliación entre la razón humana y la revelación divina, entre la filosofía racional y la teología cristiana.
El segundo es la incorporación progresiva de la filosofía de Aristóteles a la filosofía cristiana. No en sentido exclusivo, sino principal, porque el platonismo tuvo también importante cabida.
ZG HF2 § 29
Erígena
El primer representante de la filosofía escolástica es tal vez Escoto Erígena, oriundo de Escocia o de Irlanda. Su obra principal como filósofo es De divisione naturae. Fue el hombre más notable de su época, siglo IX. Sin embargo, parece que incurrió en error panteísta.
ZG HF2 § 30
Rabano Mauro y Enrique de Auxerre
Rabano Mauro fue contemporáneo de Erígena. Tenía una gran cultura. Escribió varias obras filosóficas, siendo la principal De Universo. Monje de la abadía de Fulda. Murió siendo arzobispo de Maguncia.
Otro monje alemán fue Enrique de Auxerre, también de la abadía de Fulda, que escribió un comentario sobre las categorías.
ZG HF2 § 31
Gerberto
A mediados del siglo X nacía en Auvernia Gerberto, el hombre más celebrado de su siglo, desde el punto de vista científico. Después de haber sido arzobispo de Reims, fue elegido Papa, en 999, y murió en 1003.
La extensión y superioridad de sus conocimientos, especialmente en ciencias físicas y naturales, le granjearon el nombre de mago entre el vulgo de su siglo.
Como filósofo, tuvo las características generales de la escolástica. Como hombre de ciencias, hizo fácil el estudio de la Aritmética y popularizó la música, desconocida en las Galias; hizo accesible la Astronomía, inventando maravillosos instrumentos y construyendo una esfera armilar.