José Téllez
Filosofía del Renacimiento
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Colección Universo · Ediciones España
Tomo VII · Sistemas Filosóficos · Número 14
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Nihil obstat: Dr. Andrés de Lucas, Censor. Madrid, 3 de febrero de 1945.
Imprímase: Casimiro, Obispo Auxiliar y Vicario General.
Gráficas Excelsior - Cristo, 7 - Madrid, 16 páginas + cubiertas [ 1945 ]
Con la decadencia de la filosofía escolástica, durante los siglos XIV y XV, coinciden, ya en el último tercio de este siglo, los primeros síntomas del Renacimiento, en su aspecto filosófico, el cual representa la primera fase del período de transición de la filosofía escolástica a la filosofía moderna. Aunque tal fue la influencia del Renacimiento, que a la Filosofía de este período se le conoce por el nombre de él.
No obstante, este movimiento filosófico de transición, que duró durante el último tercio del siglo XV y todo el siglo XVI, no sólo es debido al Renacimiento, sino a la influencia de otros grandes acontecimientos, como la invención del Nuevo Mundo, los viajes a la India, las luchas doctrinales provocadas por la Reforma, las invasiones crecientes de los legistas y del poder civil contra la Iglesia, la formación y preponderancia de la clase media, las tendencias secularizadoras y absolutistas de los gobiernos y las guerras político religiosas de la época.
La chispa la puso la invasión sobre Europa occidental de los bizantinos del Imperio de Oriente, principalmente con ocasión del Concilio Ecuménico de Florencia.
El carácter más general de este período es la imitación artificial y exagerada de la antigüedad, y, como consecuencia, el culto de la forma con preferencia al fondo; la lucha contra la escolástica y, aun con alguna frecuencia, la oposición a las ideas cristianas; el choque de todos los sistemas filosóficos de la antigüedad, que reaparecieron con toda su multiplicidad y variedad, llevando a las almas el confusionismo, el escepticismo y el cansancio. Tales son los caracteres generales.
Es casi imposible clasificar las direcciones diversas de este período tumultuoso; sin embargo, trataremos de hacer alguna luz.
ZG HF3 § 3
Escuela platónica
Resurgió el platonismo con el bizantino Jorge Gemisto, que vino a Italia para asistir al Concilio de Florencia, en 1438. Produjo gran entusiasmo en Italia con la enseñanza de la doctrina de Platón, que se había ya olvidado.
Se llamó a sí mismo Plethon. Mezcló las teorías de Platón con las de los alejandrinos. Atacó con encarnizamiento a Aristóteles (el preferido de la Escolástica). Inspiró a Cosme de Médicis extremado amor a la filosofía de Platón, hasta el punto que fundó este duque la Academia Platónica, florentina, que tan famosa llegó a ser en Italia.
La campaña de Gemisto fue confirmada por el famoso Besarión, aunque con más sentido cristiano, Besarión nació en Trebisonda, el año 1388; asistió al Concilio de Florencia como arzobispo de Nicca; fue después patriarca de Constantinopla y, más adelante, cardenal Su obra principal es Adversus calumniatorem Platonis, contra el aristotélico Jorge de Trebisonda. Tradujo los Memorabilia, de Xenofonte; la metafísica, de Aristóteles, y los fragmentos metafísicos de Teofrasto.
El representante principal del platonismo italiano del Renacimiento fue Marsilio Ficino, que nació en Florencia, el año 1433, ý murió en 1499. Era médico, literato y filósofo, eminente en todos los aspectos. Dirigió la Academia Platónica de Florencia. Difundió las doctrinas de Platón, Plotino, Jámblico y Porfirio. Tenía tendencias alejandrinas. No era platónico exclusivista, y menos anticristiano; antes al contrario, se esforzó en armonizar la doctrina platónica con la doctrina cristiana. Escribió la Theologia platonica de immortalitate animorum, obra de psicología y de teodicea.
Discípulo de Ficino fue Juan Pico de la Mirándula, que nació en 1463 y murió en 1494. Siguió la dirección neoplatónica, pero mezclada con ideas místicas y cabalísticas. Tenía una erudición enorme, muy superior a sus pocos años. Cultivó la Filosofía, la Teología, las lenguas semíticas, principalmente el hebreo y el griego, la astronomía y la astrología… En 1476 se presentó en Roma, invitando a todos los sabios de Europa, cuyos gastos se ofrecía a satisfacer, para que acudieran a discutir novecientas conclusiones que publicó, y se comprometió a defender, tomadas de todas las ciencias y materias. La discusión no se llevó a cabo porque se suscitaron dudas acerca de la ortodoxia de algunas de tales proposiciones. En los últimos años de su vida, Pico se entregó al estudio casi exclusivo de las Sagradas Letras, distribuyó a los pobres gran parte de su rica fortuna y murió en la práctica de las virtudes cristianas.
También fueron neoplatónicos:
Francisco Pico de la Mirándula, sobrino del anterior, aficionado a las tendencias místico-cabalísticas.
Juan Reuchlin, autor de las obras De Arte Cabbalistica y De verbo. Atacó a las órdenes religiosas y a Roma, según era costumbre de su tiempo. Preparó el advenimiento del protestantismo. Es el humanista más notable del siglo XV. Murió en la fe católica.
Enrique Cornelio Agrippa, natural de Colonia. Acentuó las tendencias de Reuchlin en la cabalística, la magia y en las doctrinas y prácticas del protestantismo. Escribió importantes obras, siendo la principal De occulta philosophia.
ZG HF3 § 6
Escuela aristotélica
Al lado de los admiradores de Platón surgieron los admiradores de Aristóteles, aunque mezclando las doctrinas del estagirita con doctrinas platónicas, alejandrinas y averroístas. Esta escuela, a pesar de ser aristotélica, combatió a la Escolástica, que era principalmente aristotélica, como la combatieron todas las escuelas del Renacimiento.
Los principales representantes son:
Jorge Escolar (Scholarius), que falleció en 1464, siendo patriarca de Constantinopla. Vino a Italia con ocasión del Concilio de Florencia. Escribió comentarios de Órganon. Tradujo al griego varias obras de Santo Tomás.
Jorge de Trebisonda. Tradujo al latín, con comentarios, las obras de Aristóteles. Fue el adversario terrible de Plethon.
Teodoro de Gaza. Natural de Tesalónica. Tradujo al latín los tratados de ciencias físicas y naturales de Aristóteles.
Juan Argyropulo, oriundo de Constantinopla, que también hizo versiones al latín de los tratados De Coelo, De anima y la Ethica ad Nicomacum, de Aristóteles.
ZG HF3 § 7
Escuela aristotélico-alejandrina
Escribe Marcilio Ficino: “Casi todo el mundo en que dominan los peripatéticos se encuentra generalmente dividido en dos sectas: la Alejandrina y la Averroísta. Los partidarios de la primera opinan que nuestro entendimiento es mortal; los segundos pretenden que es único en todos los hombres. Unos y otros echan por tierra toda religión, principalmente porque, al parecer, niegan, además, que Dios tiene providencia de los hombres; en lo uno y en lo otro se apartan, según parece, de Aristóteles.”
Los representantes más notables de la alejandrina son:
Pomponacio, nacido en Mantua, en 1462, y fallecido en Bolonia, en 1542. Escribió su libro De Animorum inmortalitate, que produjo gran escándalo; y, al defenderlo en su Apología, sentó la peregrina doctrina de que una proposición puede ser verdadera en Filosofía y falsa en Teología. Es enemigo de Averroes, y defiende calurosamente la refutación que de Averroes hizo Santo Tomás. Escribió otro libro: De Fato, libero arbitrio, praedestinatione et providentia Dei, también muy escandaloso, donde se encuentran abundantes proposiciones atrevidas, desde el punto de vista cristiano, entre otras, que la Providencia divina y el libre albedrío son incompatibles. Es escritor escéptico-religioso, con tendencias anticristianas
Simón Porta, napolitano. En sus varias obras reproduce la doctrina de su maestro, Pomponacio (Pietro Pomponazzi).
Santiago Zabarella, natural de Padua, que siguió la dirección aristotélica de Alejandro de Afrodisia.
…César Cremonini, que es el representante de la psicología dentro de la escuela aristotélica-alejandrina.
ZG HF3 § 10
Escuela aristotélica-averroísta
Los principales representantes son:
Nicolás Vernias, profesor de Filosofía en Padua. Enseñó y defendió la doctrina psicológica de Averroes en toda su crudeza.
Alejandro Achillini, que enseño Filosofía en Roma y Bolonia, y murió en 1518. Fue gran propagandista del averroísmo.
Agustín Nifo, discípulo de Vernias, siguió exactamente los pasos de su maestro, y murió en 1546.
Andrés Cesalpini, médico del papa Clemente VIII. Llamaba a Dios alma universal, y mezcló con el averroísmo ideas panteístas.
Muchos otros partidarios del mismo estilo que los dichos tuvo Averroes en Italia, hasta mediados del siglo XVII. Digo del mismo estilo, porque todos ellos hicieron en sus propagandas aquellas reservas que se creyeron necesarias para salvar las doctrinas manifiestas del Cristianismo, entre ellas, la inmortalidad del alma. Así fue también Marco Antonio Eincara, que murió en 1532.
Al lado de éstos se hizo famoso el heterodoxo Vanini (Julio César), el cual parece haber querido concertar y reunir en su persona todos los extravíos no sólo de Averroes, sino también de Pomponazzi y demás partidarios del aristotelismo alejandrino.
Vanini nació en Nápoles, en 1545, y murió en Tolosa, en 1619, condenado por el Parlamento a ser quemado como ateo. “Era, dice Cousin, un espíritu ligero e inquieto, imbuido en las opiniones peores de la escuela de Padua, donde había estudiado; despreciador de Platón y de Cicerón, admirador apasionado de Aristóteles, enseñado, según su propio testimonio, a jurar por Averroes, ocultando unas veces sus principios bajo apariencias de gran celo católico, y haciendo otras ostentación de los mismos con impudicia.”
Admite la eternidad del mundo; para él, la virtud y el vicio dependen del clima, alimentación, sistema de vida y demás circunstancias del medio ambiente. Negaba la existencia de Dios; se burlaba de la inmortalidad, del alma; combatía los dogmas cristianos.
Vivía como pensaba; se le imputaban costumbres infames.
ZG HF3 § 11
Escuela anti-aristotélica
Frente a los aristotélicos surgió, en aquellos agitados tiempos, otra escuela, que declaró guerra a muerte a Aristóteles y su doctrina.
Nació esta escuela con Mario Nizzoli, nacido en Brescelo a últimos del siglo XV, que escribió el Antibárbarus, donde atacó con saña el nombre de Aristóteles.
Después de Nizzoli, los principales representantes son:
Francisco Patrizzi, profesor de Filosofía en Ferrara, que murió en Roma, en 1597. El fondo de su doctrina es una concepción sincrética en que entran por igual el elemento platónico y el naturalista y empírico. Combatió con tal saña a Aristóteles que le negó la autenticidad de muchas obras, le llamó plagiario y falseador y pidió al Papa prohibiera la enseñanza de su doctrina en las escuelas.
Igual saña antiaristotélica tenía Pedro Ramus (La Ramée), francés, natural de Picardía. Llegó a defender públicamente esta tesis: Nada de cuanto enseñó Aristóteles es verdadero.
Hermolao Bárbaro, natural de Venecia (1454-1493), en su furor antiaristotélico, llamaba a Alberto Magno y a Santo Tomás filósofos bárbaros.
Desiderio Erasmo, de Rotterdam, uno de los más grandes humanistas del Renacimiento y excelente filósofo. Aunque antiaristotélico y antiescolástico, fue muy moderado en sus ataques, como es propio de un verdadero sabio.
Lorenzo Valla, anterior a los que se han citado; es considerado como uno de los padres del Renacimiento; gran humorista; escribió muchas obras; fue modelo de las controversias violentas y groseras, tan corrientes, en los escritores del Renacimiento, cristianos y anticristianos.
ZG HF3 § 12
Escuela físico-naturalista
La fermentación de los espíritus operada por el torbellino de luchas filosóficas del Renacimiento, hizo que muchos espíritus serenos, fatigados, desviaran su actividad filosófica hacia el campo de las ciencias naturales.
Fueron los principales representantes de esta escuela:
El cardenal Nicolás de Cusa, de quien se habló ya, y el canónigo Nicolás Copérnico. El Cardenal, en su libro De reparatione calendarii, había indicado ya su opinión acerca del movimiento de rotación de la tierra sobre su eje, teoría que completó e hizo científica Copérnico, en su libro De revolutionibus orbium coelestium, libri IV, publicada por su amigo Gyprio, obispo de Culm, a instancias del cardenal Schomberg. Esta obra del canónigo alemán, aunque chocó con la generalmente recibida, halló protección en la Santa Sede, debido a la moderación cristiana y sobriedad científica de su autor.
Otros de los representantes de la escuela filosófico-naturalista fueron:
Bernardino Telesio, natural de Cosenza (1508-1588). Creo la Academia Telesiana para proponer los estudios físicos. Estableció una doctrina cosmológica, con reminiscencias de la escuela jónica. Su teoría cosmogónica no es superior a la de Aristóteles, a quien combate; y su teoría psicológica tiene sabor materialista. Se esforzó, no obstante, en salvar su ortodoxia cristiana.
Galileo Galilei, natural de Pisa (1564-1642). Contribuyó grandemente a la difusión de la doctrina de Copérnico, con sus trabajos físico-astronómicos. Se le atribuye la invención del péndulo, de la balanza hidrostática, de las leyes de la gravedad, la del telescopio y la del termómetro…
Kepler o Keplero, natural de Wattemberg (1571-1630). Es el legislador de la astronomía. Hizo progresar todas las ciencias físico-matemáticas. Sus correligionarios, los protestantes, le dejaron vivir y morir en la indigencia. Le salvó de morir de hambre el emperador Rodolfo, que era católico.
ZG HF3 § 15
Escuela teosófico-naturalista
Lo que caracteriza a los representantes de esta escuela es la amalgama, más o menos sistemática, a la vez que extraña y frecuente, de ideas pertenecientes a la magia natural, la alquimia, la astrología, la teúrgia y la cábala, con ideas más o menos filosóficas, con observaciones físicas y con experimentos químicos.
Ocupa el lugar preferente en esta escuela el famoso Paracelso (Aureolo-Teofrasto). Nació en Suiza, no lejos de Zurich, en 1493, y murió en 1541. Sus libros son un informe de cosas. Consideraba a algunas enfermedades como efectos de la acción de los espíritus: y para su curación, aconsejaba que se consultase a brujas, zíngaros, rústicos…, en atención –decía– a que Galeno y Avicena son inútiles al efecto.
Es un pedante. Baste decir, que se cambió el nombre de pila –Felipe Bombat de Hozemheim, por el que nadie le conoce– por el rimbombante que lleva. Calificaba de charlatanes a Hipócrates y Galeno; se llamaba Reformador de la medicina, se gloriaba de recibir de Dios directamente los conocimientos y evocaba con frecuencia a demonios y a espíritus. Murió en el hospital de Salzburgo, cuando sólo contaba cuarenta y ocho años, a pesar de jactarse de poseer un remedio para alargar la vida de los hombres por espacio de varios siglos.
No obstante, en medio de tanto fárrago de tonterías, encuéntrase en sus escritos algo útil para la química y la medicina
Otro representante de esta escuela es:
Jerónimo Cardano, que nació en Pavía, el año 1501, y murió en 1576. Tiene mucho parecido con Paracelso en vida, escritos y doctrina. Lleno de vanidad y amor propio, recorre Europa preconizando sus curas maravillosas y su saber sin igual. Se gloriaba de tener visiones y revelaciones divinas, entrevistas con Dios y con los demonios y conversaciones con los ángeles. En medio de tantas extravagancias, sus obras De subtilitate y De varietate rerum contienen puntos de vista, ideas y observaciones más o menos útiles y originales. Fue acusado de impiedad y hasta de ateísmo; su mayor enemigo fue Escalígero.
Fueron seguidores de Paracelso y de Cardano:
Roberto Fludd, inglés, nacido en Kent, el año 1574.
Van-Helmont (Juan Bautista), célebre médico, nacido en Bruselas el año 1577. Como buen católico, se retractó de sus errores al morir. Escribió el libro De magnetica vulnerum curatione.
Su hijo, Francisco Mercurio, siguió al padre, y ambos fueron admiradores de Paracelso.
Weigel (Valentín) y Boehm (Santiago). Estos dos seguidores de la teosófico naturalista tienen un fondo de doctrina teológico-cristiana más acentuado que los anteriores. Sus libros son una mezcla de elemento neoplatónico, religioso-protestante y paracélsico. Boehm, que había sido pastor y zapatero, se entregó a la contemplación de los libros santos, y, por medio de visiones, éxtasis y revelaciones, alcanzó, según cuenta, el conocimiento de la divinidad y de la naturaleza. Es un precursor lejano del movimiento filosófico panteísta germano.
ZG HF3 § 21
Escuela filosófica-política
La política y el derecho tuvieron también sus partidarios en esta época de transición; y el Renacimiento, mejor el entusiasmo general por la antigüedad, dio origen a producciones filosófico-políticas, calzadas sobre los modelos antiguos, más principalmente sobre Platón.
Los principales representantes de esta escuela son:
a) Nicolás Maquiavelo (1469-1527). Este florentino, en sus Discursos sobre la primera década de Tito Livio, manifiesta predilección y desenvuelve con cierta complacencia los principios del gobierno democrático. Más en su famosa obra El Príncipe, propende al despotismo y favorece sus empresas contra la libertad. La tesis fundamental de este libro consiste en subordinar al principio de autoridad o la voluntad del gobernante todas las cosas, sin excluir la probidad, la justicia, el derecho, la religión y la moral.
b) Tomás Moro, que nació en Londres, el año 1480, fue degollado en 1538, por no haber querido reconocer la supremacía espiritual de Enrique VIII. Es uno de los más célebres representantes de la escuela. Fue elevado a los altares.
Escribió el libro Del óptimo estado de la república, y de la nueva isla Utopía. En este libro, escrito en latín y calcado sobre la República, de Platón, aunque con ciertas restricciones y reservas, exigidas por la filosofía cristiana, Moro deja la puerta abierta a las teorías comunistas.
c) Juan Bodin, natural de Angers (1530-1506). Siguió una dirección opuesta a la de Tomás Moro. En su obra De República combate las teorías comunistas de Platón y del canciller inglés.
Bodin, que define la república como “un gobierno recto de muchas familias y de lo que les es común, con poder soberano”, afirma que el fin propio o la felicidad de la República coincide con la de cada individuo, la cual, por lo que atañe a la vida presente, al menos, consiste en la práctica de la prudencia, en la ciencia y en la religión verdadera, de las cuales resulta la verdadera sabiduría.
Al tratar del tiranicidio y regicidio, Bodin abre macho la mano, cuando se trata de soberanías no absolutas, entre las cuales cuenta a los emperadores de Alemania y a otros varios; pero si se trata de príncipes absolutamente soberanos, como los reyes de Francia y España y otros varios, no es lícito atentar contra ellos en ningún caso, por ninguna persona y por ningún motivo, aunque sean reos de los mayores crímenes y perversidades. Adulación muy propia de los escritos del Renacimiento.
Bodin, partidario del sortilegio, de la magia y de muchas supersticiones, no cree, sin embargo, en la divinidad del Cristianismo y rechaza toda la religión positiva.
d) Grocio (Hugo Groot), holandés. En sus diferentes obras, y particularmente en su De iure belli et pacis, este eminente tratadista expuso y desarrolló con notable lucidez y profundidad la ciencia del derecho, especialmente en la parte concerniente al natural y al de gentes.
Este insigne escritor, que tomó no pocas ideas de los filósofos escolásticos, manifestó durante su vida grande inclinación al Catolicismo, y hasta escribió algunas obras muy favorables a él; entre otras, un poema de honor a la Virgen, en el cual hace elogio de Urbano VIII. En lo que no cabe duda es en que reprobaba muchas doctrinas del protestantismo, que profesaba, al paso que defendía muchos dogmas del Catolicismo, que el protestantismo rechazaba.
La obsesión de su vida fue la reconciliación entre protestantes y católicos, pensamiento que le atrajo la persecución de los primeros hasta su muerte.
Aunque humanista y amigo de los humanistas del Renacimiento, Grocio no participó de su habitual desprecio de los escolásticos, en los cuales –decía– hay algo que disimular y mucho que alabar; así, no es extraño que su noción de la ley natural coincida con la de Santo Tomás, con el cual defiende la total inmutabilidad del derecho natural. En las cuestiones tratadas en su De iure belli et pacis coincide casi totalmente con los escolásticos, que ya antes las habían tratado, con solución, en algunas de ellas, más conforme con la naturaleza de la moral y del derecho.
Grocio es mirado como el fundador de la ciencia del derecho internacional; aunque, en realidad, fue nuestro Victoria, como veremos. Ciertamente, fue Grocio el primero –no obstante– que construyó el primer organismo científico de derecho internacional sobre la base de anteriores tratadistas sustantivos, principalmente españoles.
ZG HF3 § 24
La filosofía y el protestantismo
No es posible hablar de Filosofía durante este período, sin considerar sus relaciones con el Protestantismo.
La formación filosófico teológica de Lutero fue inspirada en el occamismo que reinaba en muchas escuelas de Alemania, y principalmente de Tubinga, a la sombra de Gabriel Biel. Esta dirección, más o menos anticristiana y antipapal, debió preparar su espíritu a la rebelión. Más que los vicios de lenguaje, en sutilezas, nimiedades e incorrección literaria, molestaba de la Escolástica a Lutero su fondo eminentemente antiprotestante. Las diatribas de Lutero contra la Escolástica se extienden a Aristóteles, aunque purgado de las cavilaciones escolásticas y restituido a su primitiva pureza.
Menos mal que Melanchthon, amigo y correligionario de Lutero, de gran prestigio dentro del protestantismo, no tardó en reconocer que una concepción ético-religiosa, más o menos sistemática, no puede vivir ni consolidarse sin el auxilio de la Filosofía. De ahí que, a pesar de las diatribas de Lutero contra Aristóteles, Melanchthon le dio la preferencia sobre todas las demás, a lo que contribuyó la necesidad de la dialéctica para defender al Protestantismo. Para atender a esta necesidad, el cofundador del Protestantismo escribió su Compendiaria dialectices ratio, verdadero manual de lógica aristotélica. Así, vemos a Aristóteles, a quien considera como el único autor del método científico, añadiendo que es indispensable el conocimiento de sus obras.
La marcha filosófica de Melanchthon fue luego seguida por sus correligionarios, sin variación sustancial y sin que, en toda la Alemania protestante, apareciera filósofo alguno de importancia hasta Leibnitz.
ZG HF3 § 25
La filosofía escolástica en esta época de transición
Ya hicimos notar la decadencia en que se encontraba la escolástica a fines del siglo XV. Este período decadente de la escolástica coincide con el periodo ascendente de la filosofía del Renacimiento; y esto contribuyó a la gran aversión que a ésta mereció aquélla. Vivían los primeros renacientes la decadencia de la escolástica y no conocían sus periodos de grandeza. Las cuestiones inútiles, el abuso de las fórmulas técnicas e ininteligibles, las discusiones alambicadas, el formalismo dialéctico-silogístico, la falta de pureza y de cultura de estilo en el manejo de la lengua latina, en que se debatían los escolásticos decadentes, daban sobrado motivo a sus enemigos para zaherir a la escuela.
Esta guerra, injustificada en las apariencias, pero justificada en el fondo, provocó una reacción de los filósofos sensatos, que se esforzaron en corregir los vicios de la Escolástica, acomodándose a las más bellas formas de los filósofos renacientes, y volviendo a destacar el gran fondo de validez y verdad que encierra la cristiana escuela de la Edad Media.
ZG HF3 § 27
Escolásticos renacientes
Los principales representantes de esta corriente comprensiva de restauración de la Escolástica fueron españoles en su mayoría. De ellos, ya he dicho, escribiendo otro folleto.
Sin embargo, también los no españoles tuvieron en este movimiento espléndidos representantes, de los cuales son los principales:
a) Savonarola, que nació en Ferrara el año 1452, muy conocido en la historia por su palabra de fuego, que conmovió la corte afeminada de Florencia. Murió en la hoguera, por una gran equivocación del papa Alejandro VI. Fue religioso dominico.
Su principal influencia en la restauración de la Escolástica la ejerció por su obra Triumphus Crucis, especie de apología del Cristianismo. El plan de esta obra está calcado sobre la Suma contra los gentiles, de Santo Tomás, a quien llamaba Savonarola el Gigante. Su otra obra, Circa il reggimento e governo della sitá di Firence, está calcada también sobre De Regimine Principum, de Santo Tomás.
b) Cayetano. Es Tomás de Vio, que recibió aquel nombre del su patria, Gaeta, donde nació, en 1469. La mejor de sus obras es los Comentarios a la Summa, de Santo Tomás. Es, acaso, el mejor comentarista del Dr. Angélico. La ontología, la teodicea y la psicología se encuentran tratadas en sus obras con gran solidez y profundidad, y aun con originalidad. Fue creado cardenal de la Iglesia romana. Era religioso dominico.
ZG HF3 § 35
Movimiento escéptico
Como no podía menos de suceder, el choque de tantos y tan encontrados sistemas de la antigüedad, resucitados y frecuentemente extremados por el Renacimiento, dio origen a un movimiento escéptico, que comienza hacia la mitad del siglo XVI y se prolonga hasta fines del siglo XVIII.
Sus principales representantes son:
a) Montaigne (Miguel de) (1533-1592). Nació en Bordeaux. Escribió sus Ensayos, cuya divisa es: ¿Qué sé yo? Montaigne socava las bases de toda certeza y de toda ciencia. Su escepticismo es sensualista, porque se inclina a dar a los sentidos la preferencia como fuente de certeza.
b) Pedro Charrón, discípulo y sucesor de Montaigne. Nació en París, en 1541, y murió de repente en una de sus calles, en 1603.
En su libro Las tres verdades, combate a ateos, paganos, judíos y mahometanos. Es su otro, Tratado de la sabiduría. La sabiduría consiste, según Charrón, en el libre examen de las cosas, y en particular, de las que el uso común nos presenta como verdaderas y buenas. Charrón esparce por todas partes la duda, la indiferencia y la incertidumbre.
c) La-Mothe-le-Vayer (Francisco), que nació en París y fue preceptor del duque de Orleans. No sólo elogia el escepticismo, sino que se esfuerza en echar por tierra toda certeza.
d) El principal representante de esta escuela es, tal vez, el médico español Francisco Sánchez, de quien se hablará en su lugar.
En el siglo XVII representaron la escuela escéptica:
El monje premostratense alemán Jerónimo Hirnhaym y el capellán de Carlos II de Inglaterra, Granwill. En Francia, Pedro Daniel Huet, que escribió muchas obras donde no reconoce apenas a la razón humana más que el poder de preparar el camino para la fe, que es el criterio único seguro para alcanzar la verdad.
Más peligroso que Huet para la religión cristiana es su paisano Bayle, escritor muy fecundo. Escribió su famoso Diccionario histórico y crítico, fuente de escepticismo desconcertante. Unas veces ensalza a la razón contra la fe, y otras a la fe contra la razón.