krausismo

KrauseSanz del RíoSalmerónGinerZapatero

El krausismo es uno de los fenómenos más curiosos de la historia filosófica de los países de lengua española. Mientras la memoria del filósofo idealista Carlos Cristiano Federico Krause (1781-1832) se apagaba en Alemania, mediado ya el siglo XIX, y gracias sobre todo a Julián Sanz del Río, el panteismo krausista arraigó en España, transformándose pronto el krausismo hispánico en una referencia ideológica inevitable, cuyos rescoldos no se han apagado del todo en los umbrales del nuevo milenio, e incluso algunos creen posible reavivar.

Krause comenzó a ser conocido en los países de lengua española a través de su discípulo Enrique Ahrens (1808-1874), cuyo Curso de Derecho Natural o de filosofía del derecho fue traducido al español por Ruperto Navarro Zamorano y publicado en Madrid en 1841. Tiene interés el comentario publicado en 1845 por La Censura, cuando el Curso de Ahrens ya había sido aprobado en octubre de 1841 como texto para las universidades españolas y condenado en febrero de 1842 por la Iglesia de Roma.

1845 «La teoría de Krause y todas las que se parecen, terminan próxima o remotamente en la supremacía de la razón.» Juan Villaseñor Acuña, director de La Censura.

1850 «¡Socialismo! –exclamarán algunos escandalizados. No: humanismo, humanismo, como dice el filósofo alemán Krause.» («Variedades», El Clamor Público, Madrid, 1º de noviembre de 1850.)

1854 «En España ha sido desconocida la doctrina de Krause por el único autor que habla de ella (Balmes: filosofía elemental: Hist. de la filosofía f. 183.) Pero el censor no debe haber leído ninguna de las numerosas obras de Krause, puesto que obligado a citar algún texto, acude a una obra francesa de Mr. Ahrens, a quien carga con la responsabilidad filosófica de aquel. Resultó de aquí lo que era natural; que después de citar aislados algunos pasajes de la segunda parte de esta obra (Lib. II. Cap. 10,) pasando por alto la primera, y según venía bien al fin deseado, deshace con algunas palabras el castillo que quería deshacer: Por ejemplo; después de un pasaje en que traslada libremente algunos puntos de esta doctrina, llegándole su vez al censor, dice §. 334... «¿Cómo se sabe todo esto? Pruebas no alega, solo expone; se trata, pues, de un sistema hipotético, como tantos otros, obra de la imaginación...» Dejando aparte lo absoluto en el juicio de este párrafo y de todo el capítulo, diré que las pruebas que el censor busca las habrá leído en el libro primero y las nueve lecciones del segundo de la obra citada y a mayor abundamiento las puede leer en la serie de obras que componen la parte analítica del sistema; en el sistema de filosofía, Jena 1828, en la lógica, Jena 1836, y la antropología, Berlín 1848, como preparación y base subjetiva de la parte sintética, no como fundamento absoluto, que de esta como de aquella es Dios en su realidad, no siendo la filosofía analítica de Krause sino la preparación del espíritu al conocimiento de Dios, en cuyo solo punto, no antes, adquiere la filosofía su certeza absoluta. No se diferencia, pues el sistema de Krause del de la sana razón y la religión racional, sino en que la verdad que esta enseña por la fe y aquella por el presentimiento, Krause ensaya mostrarla por la ciencia, aunque sin desestimar la fe y el presentimiento en su justo límite, excepto el privilegio, y restableciendo a la razón científica en su derecho natural anteescrito. Pero el señor Balmes combate por el puesto, no por la cosa: tan enemigo y por la misma razón como se muestra de la razón escéptica del siglo XVIII, se muestra de la razón religiosa del siglo XIX: qui non est pro me, contra me est. Interesaría poco salir aquí a la defensa de esta doctrina, si la ciencia no tuviera por patria el mundo todo, y si la doctrina en cuestión no fuera tratada en el citado libro con injusticia y falta de sinceridad científica. Así, puesto el censor a condenar, no se detiene en ningún límite. Traduciendo sin más (fol. 196) los seres fundamentales, pero bajo Dios limitados: el espíritu y la naturaleza, por los modos de la única sustancia (Dios) de Espinosa; la extensión y el pensamiento, concluye el señor Balmes: luego el sistema de Krause viene a ser un panteísmo; palabra tan horrísona hoy para muchos, como la antigua de herejía, y con razón, donde es tal panteísmo como se dice; pero con sinrazón cuando se señala para asustar con esta palabra la única doctrina que ataca en su raíz o mas bien imposibilita el panteísmo. Más llano y sincero hubiera sido, que al llegar a este nombre hubiera dicho el señor Balmes: No conozco bastante sus obras, o no las he leído, para dar un juicio fundado sobre ellas. El señor Balmes acusando de panteísmo la doctrina de Krause, nos recuerda a los atenienses acusando de ateísmo la doctrina de Sócrates, y a los romanos acusando de impíos e idealistas peligrosos a los cristianos.» (Julián Sanz del Río, «Biografías comparadas: Kant - Krause», Revista española de ambos mundos, Madrid, junio 1854, número 8, páginas 147-148, nota 4.)

1856 «El escritor y filósofo español don Julián Sanz del Río, catedrático de la Universidad central, va a publicar próximamente su Traducción del Ideal de la humanidad, de Krausse.» (La Revista Universitaria, Madrid, 8 de diciembre de 1856, segunda época, nº 9, pág. 144.)

1863 «La filosofía de Krausse se ha introducido en España, gracias a la protección del gobierno; vive y prospera entre nosotros porque el Estado la compró en Alemania, la trajo pagando el porte correspondiente a la península, y la ha conservado siempre a costa del erario público, sin miedo a los azares de la libre concurrencia.» Miguel Sánchez, presbítero.

1866 «El krausismo. Llegamos a ocuparnos de la escuela que mayor séquito alcanza entre los hijos de España, que creen hallar la verdad en las modernas teorías nacidas en las márgenes del Rhin. Y no es esto hacer un cargo de extranjerismo a los que así piensan, no ciertamente; la patria de la verdad absoluta es el cielo, y todos los que llegan a ver un solo rayo de su clarísima luz son hermanos en espíritu...» Luis Vidart Schuch, militar filosofante.

1866 «...el Kraussismo es una filosofía plagada de errores fundamentales, que introducida por moda en nuestro país, trata de obtener carta de naturaleza como una más sublime ciencia...» José Campillo Rodríguez, catedrático de Historia Universal, católico neo liberal conservador.

1869 «Anoche nuestro querido amigo Joaquín Huelbes Temprado, uno de los jóvenes más entusiastas de la causa espiritista, a la que se ha consagrado con celo nada común, tuvo la gloria de inaugurar las conferencias espiritistas, que están llamadas a producir tan saludables efectos en nuestra patria. […] En la parte dedicada a este punto ha demostrado un profundo conocimiento de la filosofía más adelantada en el día, y que tan anatematizada era en estos últimos tiempos por nuestros gobernantes. Me refiero a la escuela krausista.» (Conferencias espiritistas)

1875 «Polémica sobre el panentheismo», en Revista Europea, mayo-agosto 1875
Ramón de Campoamor, Dudas y tristezas, 62:321-326, 2 mayo
Francisco de Paula Canalejas, El panentheismo, 63:361-364, 9 mayo
Ramón de Campoamor, ¡A la lenteja, ¡a la lenteja!, 65:442-444, 23 mayo
Francisco de Paula Canalejas, El panentheismo (cont.), 67:526-532, 6 junio
Manuel de la Revilla, Carta al Sr. D. Ramón de Campoamor, 67:533-535, 6 junio
Gumersindo Laverde Ruiz, Dos palabras sobre el krausismo, 71:9-11, 4 julio
Ramón de Campoamor, Repito que ¡A la lenteja!, 73:81-96, 18 julio
Francisco de Paula Canalejas, Fin de polémica, 75:168-170, 1 agosto
Manuel de la Revilla, Última palabra, 76:205, 8 agosto
Rafael Montoro, La polémica sobre el panentheismo, 77:246-252, 15 agosto

1875 «El de Krause no es –la crítica europea lo dice en voz muy alta– uno de esos sistemas que atraen la atención general y que se presentan con los caracteres de una solución de importancia universalmente reconocida.» Rafael Montoro, escritor cubano.

1875 «...el krausismo ha entrado en un período de descomposición y decadencia, y escuelas distintas, nuevas en España en su mayoría, tratan de disputarse su herencia, y como entre ellas la más audaz y temible es la positivista...» Manuel de la Revilla, ex-krausista.

1881 «El espiritismo es la filosofía –no UNA filosofía, sino LA FILOSOFIA–... y recordando el adoptado por varios sistemas, nos ha parecido más metódico y completo el usado en el krausismo por nuestro malogrado y eminente filósofo Sanz del Río y aunque sólo en microscópico bosquejo, tanto por su extensión cuanto por su forma y fondo, lo tomamos por norma y por modelo.» Manuel González Soriano, krausista espiritista telegrafista.

1888 Krause / «No es fácil exponer con claridad y concisión el sistema krausista, tanto porque sus autores y defensores abusan de la jerigonza germanesca, cuanto porque han intentado abarcarlo, concordarlo y explicarlo todo. [...] En resumen: el Dios de los krausistas en nada se parece al verdadero Dios, que por su gran misericordia los cristianos conocemos y adoramos. El Dios de los krausistas es, bajo un aspecto, el fundamento continente y esencia de todas las cosas y de una manera especial de los tres infinitos relativos por los krausistas llamados Espíritu, Naturaleza y Humanidad; y como los krausistas no admiten distinción sustancial entre las cosas y Dios, de aquí el panteísmo de su sistema, o lo que es igual, que para ellos el ángel y el demonio, las almas y los cuerpos, la tierra y el cielo, el mineral y el vegetal, el racional y el irracional, la mujer y el hombre, todas las cosas son aquí Dios menos Dios mismo, según la expresión felicísima de Bossuet.» Manuel Polo Peyrolón, activo propagandista católico.

1889 «Si de este modo hasta el influjo de Kant en Salmerón, reduzco a lo que estimo por justo límite, ¿qué no diré de la influencia de Krause, omnímoda según lo que por ahí se propala? Que nadie se enfade por lo que voy a decir: pero confesemos que con ser las doctrinas de Krause las primeras que de modo oficial se importaron a nuestra patria, aparte de Federico de Castro, Romero Girón, González Serrano y alguno otro, nadie entiende una palabra de krausismo.» José Verdes Montenegro, médico y escritor, en Nuestros hombres de ciencia. Salmerón.

1891 «El krausismo. Ha sido por muchos años la filosofía oficial en la Universidad de Madrid. Le trajo de la Universidad de Heidelberg Dn. Julián Sanz del Río por los años de 1848 ó 50. Su obra capital es la Analítica. Tiene otras muchas como el Análisis del pensamiento racional, el Ideal de la humanidad para la vida, &c. Formó una escuela numerosísima, o por mejor decir una secta fanática e intransigente. Sus principales discípulos fueron Canalejas, Salmerón, Giner de los Ríos, Federico de Castro, Gumersindo Azcárate, González Serrano, &c., &c. Casi todos han desertado a estas horas y se han convertido en positivistas o en monistas, pero todavía quedan algunos fieles, especialmente Giner de los Ríos, autor de muchos trabajos de filosofía del derecho y pedagogía, propagandista incansable y hombre de gran rectitud moral, a pesar de sus aberraciones dogmáticas. Él dirige la Institución Libre de Enseñanza, que es el refugio actual de los Krausistas.» (Carta de Marcelino Menéndez Pelayo a Pierre Henry Cazac, Santander 24 septiembre 1891, MPEP 11:317.)

1892 Krause / Krausista / «Krausismo. Sistema filosófico concebido por C. Cristián Federico Krause como punto intermedio entre los ideados por Schelling y Hegel para dar solución al problema crítico acerca del valor de nuestros conocimientos, problema formulado por Kant con un rigor científico que excede a todos los ensayos anteriores. El krausismo se ocupa y preocupa, ante todo, del principio de unidad, que debe servir de nexo a la relación, en la cual se constituyen los términos del conocimiento (sujeto y objeto). De las célebres antinomias kantianas, la que más preocupa a Krause es la del dualismo lógico, puesto de relieve por el filósofo de Königsberg con su célebre distinción del fenómeno y del nóumeno.», Urbano González Serrano, catedrático de Psicología, lógica y ética del Instituto de San Isidro de Madrid.

1894 «Habiendo sabido que el secreto de la sabiduría se halla escondido en las selvas de la Germanía, abandona patria y familia para ir a hundirse en aquellas selvas, buscando el codiciado secreto. Y en efecto, lo halló. Y ya que hubo recogido en su espíritu la chispa del fuego sacro elaborada por los Kant, Fichte, Schelling, Hegel, Krause, regresó a su patria haciendo voto de consagrar su vida a purificarlo y a difundirlo con verdadera unción religiosa, en el espíritu nacional. Y se mantuvo fiel a su promesa; que en eso descansa toda su grandeza moral. Sanz del Río consumió hasta el último jugo de su cuerpo en la empresa de fundar una filosofía española inspirada en los principios más hondos a que había alcanzado en sus sondeos el pensamiento humano.» (Las Dominicales del Libre Pensamiento: «Don Julián Sanz del Río».)

El Sr. Salmerón: No enviemos, pues, misioneros a Marruecos...
El Sr. Vázquez de Mella: Entonces enviaremos krausistas (risas)

1905 «Y si alguno nos dice: «yo conozco las esencias en el infinito» ({1} J. Sanz del Río: Sistema de la Filosofía (de Krause), Madrid 1860, pág. 294), tendremos derecho… a dudar de su seriedad filosófica. Cristo no contestó cuando Pilatos le preguntaba lo que era la Verdad, pero estos sabios se le hubieran disparado en el acto con un curso completo de Lógica.» (Adolfo Bonilla, «Nietzsche y la Historia de la Filosofía», Archivo de Historia de la Filosofía, Madrid 1905, nº 1, pág. 40.)

1912 «Como se ve, pues, por esta breve reseña, la filosofía en el campo del krausismo ha degenerado en acción pedagógico-social y en el del escolasticismo, más lejano que nunca de las esferas de la política pedagógica, se ha transformado en neo-tomismo o neo-escolasticismo.» (Eloy Luis André, «El porvenir de la Filosofía científica en España e Hispano-América», Nuestro Tiempo, Madrid, marzo de 1912, nº 159, pág. 313.)

1928 «Termina de ser fundado, de la más simpática manera y con todas las garantías de futuro triunfo, un Instituto filosófico Sanz del Río. Y a él deben ofrendarse los entusiasmos todos. Han intervenido en su creación el maestro Morente y otros varios insignes profesores. Hacía falta un Centro así, donde tuviesen acogida los aficionados a este género de estudios, evitando al fatal peligro de una formación autodidacta las disposiciones felices que puedan surgir en nuestros jóvenes.» (Ramiro Ledesma Ramos, «Un Instituto de Sánz del Río».)

1929 «Así acosado por ambas partes, empobrecido por las defecciones, exhausto de savia por haber cumplido su misión histórica en el medio hispano, el krausismo resignó la soberanía y buscó en la Institución Libre de Enseñanza su monasterio de Yuste.» (pág. 393.) «No se deshizo la estela de Krause en España como el hegelianismo sin dejar más recuerdo que ciertas derivaciones socialistas. Tan en la entraña de mi generación y de la anterior ahondó su savia que, desaparecida la individualidad de la escuela, pasaron sus doctrinas, ya sin sello de origen, al torrente circulatorio del pensamiento general, animando explicaciones, libros y conferencias, imperando en la esfera del Derecho y enviando desde su tumba un haz de luminosa despedida, como si estuviese vinculado a la conciencia humana por una irradiación que jamás puede desaparecer. Est defunctus... et loquitur.» (Mario Méndez Bejarano, «Los krausistas», pág. 480.)

1940 «Este sistema, más que como contenido filosófico, tuvo importancia porque en torno suyo y profesándolo en todo o parte se agruparon los disidentes, los que no aceptaban el Catolicismo como creencia y norma de vida. Los políticos, que de todo se aprovechan, aprovecharon el sistema buscando en él prestigio y fuerza intelectual para sus ideas. Influyó también en otras ciencias, sobre todo en las jurídicas y sociales. De esta manera, si aquella filosofía indigesta no floreció ni dio frutos propios de valor, injertada en otras actividades ganó influencia difusa. El krausismo, que atacaba los fundamentos católicos de la vida tradicional, se vio alguna vez perseguido por sus doctrinas contrarias a las del Estado, y en 1865 se formó expediente a Sanz del Río y a alguno de sus discípulos, entre ellos a Giner de los Ríos. Pero vino la revolución del 68, volvieron a sus cátedras, y entonces se legalizó la más amplia libertad de enseñanza, y, es claro, en nombre de ella se persiguió a las doctrinas que sus contrarios profesaban.» (Miguel Artigas, «Menéndez Pelayo y la Institución Libre de Enseñanza», en Una poderosa fuerza secreta. La Institución Libre de Enseñanza.)

1960 «El krausismo español, que con el tiempo llegó a ser algo así como una filosofía del Estado, nació a la sombra de un gobierno progresista y casi por razón de Estado. A conocimiento de los españoles que avizoraban las novedades intelectuales del mundo había llegado la noticia de que en Alemania imperaba una filosofía fabulosa por sus dimensiones y su originalidad, o más bien una nueva mitología teutónica presidida por la diosa razón, que eclipsaba y reducía a la nada a las demás filosofías europeas. Las primeras nociones de esos gigantescos y misteriosos sistemas filosóficos entraron en España, precisamente, a través de los traductores y comentaristas franceses, pues hasta para enterarse de lo que acontecía en el resto de Europa necesitaban los españoles de la lengua francesa. ¿No era humillante para el amor propio nacional tanta dependencia? Se sabía que Monsieur Cousin hacía viajes frecuentes a las múltiples Mecas filosóficas de la sabia Alemania y que de ellos volvía cargado con tesoros de las novísimas ideas; por cierto que en uno de ellos la vigilante y perspicaz policía alemana le detuvo por sospechoso de ser carbonario, y pasó varios meses en una cárcel bien poco filosófica. ¿Por qué no imitar a Cousin y enviar un filósofo propio a beber directamente en las fuentes de aquella desconocida ciencia germánica?» (Luis Araquistain, «El krausismo en España».)

1960 «Los cruentos episodios de la Guerra de los Diez Años produjeron, como es natural, una paralización casi completa de la cultura cubana, ya por entonces bastante apática y desvaída. Un año después de finalizada la contienda, un oscuro profesor de filosofía –Teófilo Martínez de Escobar– pronunció en la Universidad de La Habana, como oración inaugural del curso académico de 1879 a 1880, un largo y denso discurso en el que defendía la importancia del krausismo y, en consecuencia, la necesidad de adoptarlo como la mejor filosofía de la época. Como se sabe, el krausismo tuvo singular resonancia en la cultura española de mediados del siglo XIX, debido a que sirvió de oportuna coyuntura a los trajines liberales de Sanz del Río frente a los excesos y extravíos del ultramontanismo oficial que entonces imperaba en la Península. En esencia, lo que a Sanz del Río le interesaba del krausismo era la tesis de la armonía universal, como apoyo de un régimen constitucional opuesto al absolutismo. Pero lo demás del sistema «panenteísta» del oscuro filósofo de Eisenberg importaba poco a la finalidad del gran liberal hispano. No sucedió lo mismo con el profesor Martínez de Escobar, sino que a él le atraía especialmente esa doctrina krausista porque hacía brotar de Dios toda manifestación cultural (v. g. la Filosofía de la Religión, la Ética, el Derecho y la Filosofía de la Historia) y la conducía de nuevo a Dios.» (Humberto Piñera, «El krausismo» [en Cuba].)

1966 «El krausismo español no fue una escuela estrictamente filosófica, sino un complejo movimiento intelectual, religioso y político que agrupó a la izquierda burguesa liberal y propugnó la racionalización de la cultura española. Sus partidarios cultivaron con especialidad los temas de ética, derecho, sociología y pedagogía, y promovieron un vasto movimiento de educación popular que cuajó en la Institución Libre de Enseñanza (v.). Más que una filosofía fue el krausismo español un estilo de vida que sustituyó los supuestos tradicionales de la religiosidad española por una moral austera, el cultivo de la ciencia y una religión semisecularizada.» (Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina, «Krausismo».)

1978 «Nuestra tesis al respecto es la de que el krausismo, importado a España, se encarnó en ella, pero por la estrechez de su esquema ideológico no asumió la realidad española en si misma, aunque fué influyente en las áreas de la vida nacional que caían bajo su esquema. ¿Qué hizo el krausismo español frente a la convulsión social de nuestro siglo XIX, sino repetir su idea abstracta de armonía? ¿Cómo pudo estar tan ausente de las graves consecuencias de la revolución industrial en nuestro país.? ¿Qué eco suscitó en su ética individualista la legitimación de la autoridad o el nacimiento de las naciones europeas, con la problemática que todo esto trajo consigo?» (José Luis Calvo Buezas, «Luces y sombras del krausismo español».)

1991 «La biografía de Krause de Enrique M. Ureña parece destinada, desde su misma aparición, a ser una biografía clásica –además, la primera, no solamente en español, sino también en alemán–, a la manera como se convirtió en clásica, desde el primer momento, la biografía de Marx de Franz Mehring.» (Gustavo Bueno, «Krausismo y marxismo».)

1997 «Para no perder tiempo, enunciaremos dos tesis que consideramos históricamente contundentes, y que servirán al menos para distinguir de qué estamos hablando y aclarar posiciones: 1º el ciclo del llamado «krausismo español», que se inicia con Julián Sanz del Río hacia 1860, se cierra en 1988. 2º el redescubrimiento internacional de Krause y del krausismo se inicia en 1991, de la mano de otro español. Es obvio que Enrique Ureña (hábilmente inducido en estos berenjenales por Pedro Alvarez Lázaro) es quien está detrás de las dos fechas más recientes: en 1988 aparece en Pensamiento, la revista filosófica de los jesuitas, su sorprendente artículo 'El fraude de Sanz del Río o la verdad sobre su Ideal de la Humanidad', y 1991 es el año en el que se publica, en alemán y en español, su monumental biografía Krause, educador de la humanidad.» (Gustavo Bueno Sánchez, «Historiografía del krausismo».)

1998 «Los cinco periodos que distingo en la trayectoria filosófica de Krause coinciden, grosso modo, con sus estancias en distintas ciudades. Este hecho ha servido como recurso literario para identificarlos. Tales periodos son los siguientes: de Estudiante (1797-1801); de Jena (1801-1805); de Dresde (1805-1813); de Berlín-Dresde (1813-1823); y, por último, de Gotinga (1823-1832). A continuación resumo el contenido fundamental de cada uno de estos periodos, lo que aporta una panorámica general de la evolución que va a ser descrita, así como presenta varios de los conceptos fundamentales cuya mención será frecuente y cuyo conocimiento resulta imprescindible para afrontar con éxito la lectura de esta obra.» (Rafael Orden Jiménez, El sistema de la filosofía de Krause.)

2006 «Que el pensamiento Alicia sea simplista no quiere decir que el simplismo defina por sí mismo el pensamiento Alicia. El simplismo de Alicia no es ocasional, es sistemático, de principio, y está organizado en función de ciertos ideales prácticos, 'confortables, amables, pacíficos'. Es, por este motivo, un simplismo sonriente, tranquilizador. Es el simplismo masónico (es decir, afín a ciertas ideas masónicas) que inspiraba El Ideal de la humanidad para la vida que Julián Sanz del Río plagió de Krause, y que para definir los fines formales del perfecto organismo que constituyen la humanidad y su destino humano –fines, decía Salmerón, que fue presidente de la Primera República Española, que han de 'realizarse en el límite y condicionalidad recíproca con otros seres, y en esencial unión con el Todo y supremamente con Dios'– se acoge a la enumeración de ciertas ideas abstractas tales como la Moralidad, el Derecho, la Religión, la Ciencia, el Arte, la Paz, la Enseñanza. Un 'simplismo sonriente' (el del krausismo) que habría de influir en la ideología de una importante corriente del socialismo español; un simplismo sonriente que, sin embargo, no excluía el enfrentamiento radical con otras ideologías dogmáticas, tales como las de la Iglesia Católica o la de los comunistas o anarquistas radicales, ni tampoco excluía la utilización de las maniobras políticas más sectarias en la lucha partidista cotidiana.»
«Ahora bien, desde el punto de vista del materialismo filosófico el 'racionalismo' de Krause, de Sanz del Río o de Pi Margall resulta estar tan próximo al simplismo propio del pensamiento Alicia que prácticamente se identifica con él. Pues este racionalismo se reduce a extraer la idea de Dios unitario –que vive principalmente entre judíos y musulmanes– y presentarla como un principio inmediato del cual se deriva directamente el hombre y el humanismo. Un racionalismo que no es otra cosa sino una grosera petición de principio que se reduce, partiendo de la supuesta unidad del hombre (de los seres humanos) y del humanismo, al postular un Dios unitario concebido a medida para ajustarse armónicamente a ese hombre unitario del que se partía. Un racionalismo simplista, que cuando se nos ofrece en la forma de una derivación axiomática, recae en una ingenuidad pedante, mucho más culpable que la que pudiera convenir al reconocimiento del carácter revelado (oscuro, por tanto, sobre-racional o praeter-racional) del dogma católico del Dios trinitario, o del reconocimiento como dogma revelado del principio de la creación del mundo o de la Encarnación de la Segunda Persona de la Trinidad. Porque la presentación del contenido de estos dogmas, en cuanto ofrecidos por una revelación misteriosa que excede nuestra razón, implica el ejercicio de una suerte de 'crítica de la razón pura' que ha desaparecido por completo del 'racionalismo krausista'.» (Gustavo Bueno, Zapatero y el pensamiento Alicia, Temas de Hoy, Madrid 2006, páginas 14-15 y 334.)

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