El krausismo es uno de los fenómenos más curiosos de la historia filosófica de los países de lengua española. Mientras la memoria del filósofo idealista Carlos Cristiano Federico Krause (1781-1832) se apagaba en Alemania, mediado ya el siglo XIX, y gracias sobre todo a Julián Sanz del Río, el panteismo krausista arraigó en España, transformándose pronto el krausismo hispánico en una referencia ideológica inevitable, cuyos rescoldos no se han apagado del todo en los umbrales del nuevo milenio, e incluso algunos creen posible reavivar.
Krause comenzó a ser conocido en los países de lengua española a través de su discípulo Enrique Ahrens (1808-1874), cuyo Curso de Derecho Natural o de filosofía del derecho fue traducido al español por Ruperto Navarro Zamorano y publicado en Madrid en 1841. Tiene interés el comentario publicado en 1845 por La Censura, cuando el Curso de Ahrens ya había sido aprobado en octubre de 1841 como texto para las universidades españolas y condenado en febrero de 1842 por la Iglesia de Roma.
1845 «La teoría de Krause y todas las que se parecen, terminan próxima o remotamente en la supremacía de la razón.» Juan Villaseñor Acuña, director de La Censura.
1863 «La filosofía de Krausse se ha introducido en España, gracias a la protección del gobierno; vive y prospera entre nosotros porque el Estado la compró en Alemania, la trajo pagando el porte correspondiente a la península, y la ha conservado siempre a costa del erario público, sin miedo a los azares de la libre concurrencia.» Miguel Sánchez, presbítero.
1866 «El krausismo. Llegamos a ocuparnos de la escuela que mayor séquito alcanza entre los hijos de España, que creen hallar la verdad en las modernas teorías nacidas en las márgenes del Rhin. Y no es esto hacer un cargo de extranjerismo a los que así piensan, no ciertamente; la patria de la verdad absoluta es el cielo, y todos los que llegan a ver un solo rayo de su clarísima luz son hermanos en espíritu...» Luis Vidart Schuch, militar filosofante.
1866 «...el Kraussismo es una filosofía plagada de errores fundamentales, que introducida por moda en nuestro país, trata de obtener carta de naturaleza como una más sublime ciencia...» José Campillo Rodríguez, catedrático de Historia Universal, escolástico.
1875 «El de Krause no es –la crítica europea lo dice en voz muy alta– uno de esos sistemas que atraen la atención general y que se presentan con los caracteres de una solución de importancia universalmente reconocida.» Rafael Montoro, escritor cubano.
1875 «...el krausismo ha entrado en un período de descomposición y decadencia, y escuelas distintas, nuevas en España en su mayoría, tratan de disputarse su herencia, y como entre ellas la más audaz y temible es la positivista...» Manuel de la Revilla, ex-krausista.
1881 «El espiritismo es la filosofía –no UNA filosofía, sino LA FILOSOFIA–... y recordando el adoptado por varios sistemas, nos ha parecido más metódico y completo el usado en el krausismo por nuestro malogrado y eminente filósofo Sanz del Río y aunque sólo en microscópico bosquejo, tanto por su extensión cuanto por su forma y fondo, lo tomamos por norma y por modelo.» Manuel González Soriano, krausista espiritista telegrafista.
1888 Krause / «No es fácil exponer con claridad y concisión el sistema krausista, tanto porque sus autores y defensores abusan de la jerigonza germanesca, cuanto porque han intentado abarcarlo, concordarlo y explicarlo todo. [...] En resumen: el Dios de los krausistas en nada se parece al verdadero Dios, que por su gran misericordia los cristianos conocemos y adoramos. El Dios de los krausistas es, bajo un aspecto, el fundamento continente y esencia de todas las cosas y de una manera especial de los tres infinitos relativos por los krausistas llamados Espíritu, Naturaleza y Humanidad; y como los krausistas no admiten distinción sustancial entre las cosas y Dios, de aquí el panteísmo de su sistema, o lo que es igual, que para ellos el ángel y el demonio, las almas y los cuerpos, la tierra y el cielo, el mineral y el vegetal, el racional y el irracional, la mujer y el hombre, todas las cosas son aquí Dios menos Dios mismo, según la expresión felicísima de Bossuet.» Manuel Polo Peyrolón, activo propagandista católico.
1891 «El krausismo. Ha sido por muchos años la filosofía oficial en la Universidad de Madrid. Le trajo de la Universidad de Heidelberg Dn. Julián Sanz del Río por los años de 1848 ó 50. Su obra capital es la Analítica. Tiene otras muchas como el Análisis del pensamiento racional, el Ideal de la humanidad para la vida, &c. Formó una escuela numerosísima, o por mejor decir una secta fanática e intransigente. Sus principales discípulos fueron Canalejas, Salmerón, Giner de los Ríos, Federico de Castro, Gumersindo Azcárate, González Serrano, &c., &c. Casi todos han desertado a estas horas y se han convertido en positivistas o en monistas, pero todavía quedan algunos fieles, especialmente Giner de los Ríos, autor de muchos trabajos de filosofía del derecho y pedagogía, propagandista incansable y hombre de gran rectitud moral, a pesar de sus aberraciones dogmáticas. Él dirige la Institución Libre de Enseñanza, que es el refugio actual de los Krausistas.» (Carta de Marcelino Menéndez Pelayo a Pierre Henry Cazac, Santander 24 septiembre 1891, MPEP 11:317.)
1892 Krause / Krausista / «Krausismo. Sistema filosófico concebido por C. Cristián Federico Krause como punto intermedio entre los ideados por Schelling y Hegel para dar solución al problema crítico acerca del valor de nuestros conocimientos, problema formulado por Kant con un rigor científico que excede a todos los ensayos anteriores. El krausismo se ocupa y preocupa, ante todo, del principio de unidad, que debe servir de nexo a la relación, en la cual se constituyen los términos del conocimiento (sujeto y objeto). De las célebres antinomias kantianas, la que más preocupa a Krause es la del dualismo lógico, puesto de relieve por el filósofo de Königsberg con su célebre distinción del fenómeno y del nóumeno.», Urbano González Serrano, catedrático de Psicología, lógica y ética del Instituto de San Isidro de Madrid.
1991 «La biografía de Krause de Enrique M. Ureña parece destinada, desde su misma aparición, a ser una biografía clásica –además, la primera, no solamente en español, sino también en alemán–, a la manera como se convirtió en clásica, desde el primer momento, la biografía de Marx de Franz Mehring.» Gustavo Bueno, «Krausismo y marxismo».
2006 «Que el pensamiento Alicia sea simplista no quiere decir que el simplismo defina por sí mismo el pensamiento Alicia. El simplismo de Alicia no es ocasional, es sistemático, de principio, y está organizado en función de ciertos ideales prácticos, «confortables, amables, pacíficos». Es, por este motivo, un simplismo sonriente, tranquilizador. Es el simplismo masónico (es decir, afín a ciertas ideas masónicas) que inspiraba El Ideal de la humanidad para la vida que Julián Sanz del Río plagió de Krause, y que para definir los fines formales del perfecto organismo que constituyen la humanidad y su destino humano –fines, decía Salmerón, que fue presidente de la Primera República Española, que han de «realizarse en el límite y condicionalidad recíproca con otros seres, y en esencial unión con el Todo y supremamente con Dios»– se acoge a la enumeración de ciertas ideas abstractas tales como la Moralidad, el Derecho, la Religión, la Ciencia, el Arte, la Paz, la Enseñanza. Un «simplismo sonriente» (el del krausismo) que habría de influir en la ideología de una importante corriente del socialismo español; un simplismo sonriente que, sin embargo, no excluía el enfrentamiento radical con otras ideologías dogmáticas, tales como las de la Iglesia Católica o la de los comunistas o anarquistas radicales, ni tampoco excluía la utilización de las maniobras políticas más sectarias en la lucha partidista cotidiana.»
«Ahora bien, desde el punto de vista del materialismo filosófico el «racionalismo» de Krause, de Sanz del Río o de Pi Margall resulta estar tan próximo al simplismo propio del pensamiento Alicia que prácticamente se identifica con él. Pues este racionalismo se reduce a extraer la idea de Dios unitario –que vive principalmente entre judíos y musulmanes– y presentarla como un principio inmediato del cual se deriva directamente el hombre y el humanismo. Un racionalismo que no es otra cosa sino una grosera petición de principio que se reduce, partiendo de la supuesta unidad del hombre (de los seres humanos) y del humanismo, al postular un Dios unitario concebido a medida para ajustarse armónicamente a ese hombre unitario del que se partía. Un racionalismo simplista, que cuando se nos ofrece en la forma de una derivación axiomática, recae en una ingenuidad pedante, mucho más culpable que la que pudiera convenir al reconocimiento del carácter revelado (oscuro, por tanto, sobre-racional o praeter-racional) del dogma católico del Dios trinitario, o del reconocimiento como dogma revelado del principio de la creación del mundo o de la Encarnación de la Segunda Persona de la Trinidad. Porque la presentación del contenido de estos dogmas, en cuanto ofrecidos por una revelación misteriosa que excede nuestra razón, implica el ejercicio de una suerte de «crítica de la razón pura» que ha desaparecido por completo del «racionalismo krausista».» Gustavo Bueno, Zapatero y el pensamiento Alicia, Temas de Hoy, Madrid 2006, páginas 14-15 y 334.
