Filosofía en español 
Filosofía en español

Nicolás Salmerón Alonso  1837-1908

Fragmento de Nicolás Salmerón, por Federico Madrazo Catedrático de Metafísica y político español, que ocupó en 1873, durante mes y medio, la presidencia de la República española. Nació en Alhama la Seca (Almería), el 10 de abril de 1837 –en 1932, inicios de la Segunda República, se cambió en su honor incluso el nombre del pueblo: Alhama de Salmerón–. Su padre era médico, y su hermano mayor el jurista y político español Francisco Salmerón (1822-1878). Estudió el bachillerato en el Instituto de Segunda Enseñanza de Almería (fundado en 1845, perteneció Salmerón a la primera promoción del Instituto que hoy lleva su nombre). En Granada cursó Derecho y Filosofía y Letras, siendo condiscípulo de Francisco Giner de los Ríos. En Madrid sufrió la influencia del krausismo a través de Julián Sanz del Río, que fue profesor suyo. En 1858 era profesor de Filosofía en el Instituto San lsidro de Madrid, y al año siguiente fue designado profesor auxiliar de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central. En 1863 ganó por oposición la cátedra de Historia Universal de la Universidad de Oviedo, a la que renunció, obteniendo el 13 de julio de 1869 la cátedra de Metafísica de la universidad madrileña. Sus artículos en los periódicos La Discusión y La Democracia le dieron renombre, y en 1867 fue detenido por sus actividades revolucionarias dentro del Partido Demócrata, junto a Pi y Margall, Figueras y Orense, sufriendo cinco meses de cárcel. Durante el sexenio democrático (1868-1874) fue uno de los adalides del republicanismo (a pesar de las discrepancias doctrinales que tenía con el federalismo de Pi y Margall). Diputado por Badajoz en 1871, cuando las ocupaciones políticas se lo impedían era sustituido en la cátedra de Metafísica por Urbano González Serrano, su discípulo más cercano.

Al proclamarse en 1873 la República se le nombró Ministro de Gracia y Justicia con Estanislao Figueras. Intentó reformar el sistema judicial y establecer una legislación laica. Sucedió a Francisco Pi y Margall en la presidencia de la República, que desempeñó del 18 de julio al 7 de septiembre de 1873. Por entonces se generalizaron las sublevaciones cantonalistas (Málaga, Sevilla, Cádiz, Cartagena...), que combatió con energía, viéndose obligado a pactar con los militares antifederalistas y finalmente a dimitir, cuando no llevaba todavía dos meses en la presidencia, para no seguir cediendo a las exigencias de los conservadores: en su monumento funerario se recuerda que dimitió por no firmar unas sentencias de muerte, dictadas para restablecer la disciplina del ejército. Durante su presidencia su hermano Francisco ocupó la presidencia de las Cortes. El 9 de septiembre fue elegido presidente del Congreso y, desde ese puesto, inició una dura campaña contra Emilio Castelar, que le sucedió como presidente de la República, y del que se había enemistado a raíz de la provisión que éste había hecho de las sedes vacantes en numerosos obispados. Por este enconado enfrentamiento, en la noche del 3 de enero de 1874 se negó a dar un voto de confianza al gobierno de Emilio Castelar, por lo que triunfó el golpe de estado del general Pavía, y Salmerón se desprestigió como político al precipitar el final de la República.

Vuelto a la cátedra en 1874, contamos con un curioso testimonio de entonces del Salmerón profesor (por el que, además, Salmerón habría sido el responsable del fructífero encuentro que se produjo en Valladolid entre Marcelino Menéndez Pelayo y Gumersindo Laverde). Escribe Menéndez Pelayo a su amigo Antonio Rubio en 30 de mayo de 1874, sin haber cumplido los dieciocho años (EMP 1-104):

«Hoy, mi queridísimo Antonio, estoy lleno de temores y sobresaltos. Figúrate que el Sr. D. Nicolás Salmerón y Alonso, ex-presidente del Poder Ejecutivo de la ex-República Española y catedrático de Metafisica en esta Universidad, entra el día pasado en su cátedra y después de limpiarse el sudor, meter la cabeza entre las manos y dar un fuerte resoplido, pronuncia las siguientes palabras, que textualmente transcribo, sin comentarios ni aclaraciones: 'Yo (el ser que soy, el ser racional finito) tengo con Vds. relaciones interiores y relaciones exteriores. Bajo el aspecto de las interiores relaciones, nos unimos bajo la superior unidad de la ciencia, yo soy maestro y Vds. son discípulos. Si pasamos á las relaciones exteriores, la Sociedad exige de Vds. una prueba; yo he de ser examinador, Vds. examinandos. Tengo que hacerles a Vds. dos advertencias, oficial la una, la otra oficiosa. Comencemos por la segunda. Como amigo, debo advertirles a Vds. que es inútil que se presenten a exámen, porque estoy determinado a no aprobar a nadie, que haya cursado conmigo menos de dos años. No basta un curso, ni tampoco veinte para aprender la Metafísica. Todavía no han llegado Vds. a tocar los umbrales del templo de la ciencia. Sin embargo, por si hay alguno que ose presentarse a examen, debo advertirle oficialmente que el examen consistirá en lo siguiente: 1º Desarrollo del interior contenido de una capital cuestión en la Metafísica dada y puesta, cuestión que Vds. podrán elegir libremente. 2º Preguntas sobre la Lógica subjetiva. 3º Exposición del concepto, plan, método y relaciones de una particular ciencia filosófica, dentro y debajo de la total unidad de la Una y Toda Ciencia'. Como nos quedaríamos todos al oír semejantes anuncios, puedes figurártelo, considerando que Salmerón no nos ha enseñado una palabra de Metafísica, ni de Lógica subjetiva, ni mucho menos de ninguna particular ciencia (como él dice), pues en todo el año no ha hecho otra cosa que exponernos la recóndita verdad de que la Metafísica es algo y algo que a la Ciencia toca y pertenece, añadiendo otras cosas tan admirables y nuevas como esta, sobre el conocer, el pensar, el conocimiento que (palabras textuales) 'es un todo de esencial y substantiva composición de dos todos en uno, quedando ambos en su propia sustantividad, o más claro, el medio en que lo subjetivo y lo objetivo comulgan' y explicando en estos términos la conciencia, como medio y fuente de conocimiento. 'Yo me sé de mí (¡horrible solecismo!) como lo uno y todo que yo soy, en la total unidad e integridad de mi ser, antes y sobre toda última, individual, concreta determinación en estado, dentro y debajo de los límites que condicionan a la humanidad en el tiempo y en el espacio'. En tales cosas ha invertido el curso y ahora quiere exigirnos lo que ni nos enseñó ni nosotros hemos podido aprender. Esto te dará muestra de lo que son los Krausistas, de cuyas manos quiera Dios que te veas siempre libre. Por lo tanto he determinado examinarme aquí de Estudios críticos sobre Aut. Griegos e Historia de España, y después al paso que voy a Santander, me detengo en Valladolid y me examino allí de Metafísica, librándome así de las garras de Salmerón.»

El mismo día explica a sus padres sus propósitos de no examinarse con Salmerón y de hacerlo en Valladolid, de paso hacia Santander (EMP 1-106): «Tú no comprenderás algunas de estas cosas, porque no conoces a Salmerón ni sabes que el krausismo es una especie de masonería en la que los unos se protegen a los otros, y el que una vez entra, tarde o nunca sale. No creas que esto son tonterías ni extravagancias; esto es cosa sabida por todo el mundo.»

Tras el golpe militar (del general Martínez Campos, en Sagunto, 29 diciembre 1874) que liquidó la República y proclamó la restauración borbónica, Salmerón, como otros profesores, fue desposeído de su cátedra (Real Orden de 17 de junio de 1875, revocada en 1881), exiliándose en París, donde colaboró estrechamente con Manuel Ruiz Zorrilla y participó en la fundación del Partido Republicano progresista.

En 1876 escribió Nicolás Salmerón el Prólogo a una de las dos ediciones que se publicaron ese año en español del libro de Juan Guillermo Draper, Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia (en traducción directa del inglés por Augusto T. de Arcimís). Ese prólogo apareció también publicado en la Revista de España (julio-agosto de 1876), y fue contestado por Menéndez Pelayo en el contexto de la «polémica» sobre la ciencia española que estaba organizando Gumersindo Laverde.

Regresó a España en 1884, al ser amnistiado y haber ya recuperado su cátedra. Elegido diputado en 1886 por el Partido Progresista, se convirtió en el adalid de la minoría republicana en el congreso. En 1887 fundó el Partido Centralista. Fue cofundador del diario La Justicia y jefe de la Unión Republicana desde 1890, siendo elegido diputado en todas las legislaturas desde 1893 a 1907. Apoyaba las aspiraciones nacionalistas catalanas en cuanto fueran compatibles con las republicanas y al fundarse en 1906 la Solidaridad Catalana, es elegido presidente de la misma, con lo que provoca la escisión dentro del movimiento republicano del sector españolista de Alejandro Lerroux. Falleció en Pau (Francia), donde se encontraba de vacaciones, el 20 de septiembre de 1908. Sus restos fueron trasladados a Madrid e inhumados en el cementerio civil del Este en 1915.

Como filósofo se distinguió por sus ideas racionalistas y sus obras se hallan recopiladas en cuatro volúmenes publicados en 1911. Se fue apartando de la obediencia krausista a medida que le fue influyendo el positivismo, del que se hizo adepto. Fue conocido por su oratoria grandilocuente, de un mismo tono y diapasón, sin altos ni bajos, con escasos matices que le hicieron acreedor por sus contemporáneos que su verbo era mayestático.

Bibliografía cronológica de Nicolás Salmerón

Discurso leído ante el claustro de la Universidad Central por D. Nicolás y Salmerón y Alonso en el acto de recibir la investidura de Doctor en Filosofía y Letras, Madrid 1864 (Impr. de F. Martínez García), 69 págs. Tema: La Historia Universal tiende a restablecer al hombre en la entera posesión de su naturaleza.

La Internacional defendida por N. Salmerón y F. Pi y Margall, Publicaciones de la Escuela Moderna (Biblioteca Popular los Grandes Pensadores, 24, segunda serie), Barcelona 1867, 95 págs.

Legalidad de la Internacional / Discursos íntegros pronunciados... por los ciudadanos Fernando Garrido, Emilio Castelar, Nicolás Salmerón y Pí Margall, precedidos de una introducción de Ramón de Cala, F. Escámer, Madrid 1871, 144 págs.

Proyecto de bases de la Constitución Republicano-Federal de España..., por Nicolás Salmerón y Alonso y Eduardo Chao, 2ª ed., Madrid 1873 (Imp. Labajos), 16 págs.

Prólogo a la Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia, de Draper, 1876

Un caso entre mil ó La prensa y la dictadura: datos interesantes para la historia de España en el año de gracia de 1876, por un periodista viejo. Madrid 1876 (Imp. A. Iniesta), 96 págs.

Discursos parlamentarios, con un prólogo per D. Gumersindo de Azcárate. Gras y Cía., Madrid 1881, 380 págs.

Instrucciones para la organización del Partido Unión Republicana, Madrid 1903 (Imp. de «La Prensa de Madrid»), 12 págs.

Partido republicano, contra el juramento: discurso parlamentario pronunciado en las Cortes el día 17 de Julio de 1903, por D. Nicolás Salmerón Alonso, Madrid 1903 (Imp. «La Prensa de Madrid»), 32 págs.

La obra común de los obreros y de los republicanos: discurso de D. Nicolás Salmerón y Alonso pronunciado... ante los obreros ferroviarios que constituyen la Asociación La Locomotora invencible, R. Velasco, Madrid 1904, 20 págs.

Sobre Nicolás Salmerón

1911 Homenaje á la buena memoria de D. Nicolás Salmerón y Alonso: trabajos filosóficos y discursos políticos relacionados por algunos de sus admiradores y amigos, Madrid 1911 (Imp. de Gaceta Administrativa), 3 h., XXXII págs., 10 hoj., 540 págs.

1972 Antonio Heredia Soriano, Nicolás Salmerón: vida, obra y pensamiento. Tesis Doctoral, Salamanca 1972.

Sobre Nicolás Salmerón en el Proyecto Filosofía en español

1883 Fernando Lozano Montes, Nicolás Salmerón

1889 José Verdes Montenegro, Salmerón

1896 Nicolás Salmerón en el Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano

1915 Monumento funerario de Nicolás Salmerón

1932-1941 Alhama de Salmerón

Textos de Nicolás Salmerón en el Proyecto Filosofía en español

1875 Bosquejo de las leyes de la Historia y del progreso humano

1876 Prólogo a la Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia, de Draper.

1894 «No enviemos, pues, misioneros a Marruecos...»

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