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José Campillo Rodríguez 1834-19??
Profesor español que, desde 1886, fue catedrático de Historia de la Filosofía en la Universidad Central. Nacido en la provincia de León el 19 de marzo de 1834, obtuvo la cátedra de Latín y Griego del Instituto de Avila, y como tal catedrático leyó en Madrid, el primero de febrero de 1864, el discurso correspondiente a su tesis doctoral, al recibir la investidura de doctor en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central, sobre «Los Godos, nuevos elementos de cultura que trajeron a la civilización española...». El 1º de noviembre de 1864 ingresó por oposición en el escalafón de catedráticos de Universidad, ocupando la cátedra de Historia universal de la Universidad de Oviedo. (En la relación de personal del distrito que figura en la primera edición de la Historia de la Universidad de Oviedo de Fermín Canella, publicada en 1873, pág. 487, figura como «Catedrático de Literatura general y Española y Auxiliar de la de Literatura Latina».) En esa Universidad pronunció los discursos inaugurales de los cursos 1866-1867 («señalando un peligro que sin duda existe en algunas tendencias de los estudios filosóficos modernos») –que firma como catedrático de Historia Universal–, 1869-1870 («dado el estado actual de la ciencia, examinar si existe una ley de unidad bajo la que deba estudiarse la historia, las principales teorías que con este fin se han formulado») y 1875-1876 («origen y tendencia de la Estética como medio de determinar la verdadera esencia de la belleza»), y publicó unas Lecciones de calotécnia para un curso de Principios generales de literatura y literatura española (Oviedo 1879). |
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«Conozco la fuerza que tiene lo que V. me dice para inducirme a ir a Madrid; pero, fuera de que ya pedí mi relevo al Director general, tengo la razón de que, siendo un solo opositor, durarían tan poco los ejercicios que apenas me darían tiempo para descansar (y esto me conviene muy poco, dada la escasa salud de que gozo), y si quisiese detenerme allí mas tiempo, tendría que vivir a mis expensas (pues el Gobierno solo paga dietas a los jueces, y eso con gran morosidad, los días que hay ejercicios), y eso no se compadece con mi situación económica, estando necesitado de hacer gastos extraordinarios para salir a veranear en busca de salud, y teniendo en perspectiva el descuento del 20 por 100! Por otra parte, si Cañete y los Catalanes quieren, ellos bastan y sobran para hundir a Revilla. Si se nombra otro en mi remplazo, tendrá que ser de la misma asignatura, y solo hay tres disponibles, y todos neos, o como ahora dicen, ultramontanos, a saber, Campillo de Oviedo, Eguilaz de Granada, y Mudarra de Sevilla, pues a Borao, ex-director de I. P., no sería cosa de haberle ir a ser presidido por Amador.» (Carta de Gumersindo Laverde, desde Valladolid, 24 de abril de 1876, a Marcelino Menéndez Pelayo, MPEP 2:10.) «Supongo que tus oposiciones se verificaran en Octubre, y concluidas y mientras se resuelve el expediente en el Consejo, podrás dar una vuelta por Londres y explorar aquellas bibliotecas. ¡Que elocuente revolcón ha dado Alejandro Pidal a Fabié y a Moreno Nieto! Siento los escrúpulos de Valera. No hay tribunal posible –a lo menos decente– si todos nuestros literatos dan en imitarle. Para mi, el jurado debe formarse con nueve de los Señores siguientes –Gayangos, Fernández Guerra, Cañete, D. Leopoldo, Fernández y González, Canalejas, Milá, Borao, Eguilaz, Adolfo de Castro– y, como suplentes, Mudarra, Campillo (el de Oviedo), y Arnal y Vicente (de Valencia). De este círculo no cabe salir, so pena de formar un tribunal de poca importancia. En ese catálogo he puesto todos los escritores que se han distinguido en la ilustración de nuestra historia literaria y todos los profesores de asignatura análoga.» (Carta de Gumersindo Laverde, desde Santiago, 5 de junio de 1878, a Marcelino Menéndez Pelayo, MPEP 3:78.) «Con inusitadas fiestas nacionales se celebró años después el tercer centenario del inmortal Calderón de la Barca, gloria de la escena española; y para representar a la Universidad ovetense en las solemnidades de Madrid, el Claustro designó a los Sres. Don José de Posada Herrera, D. Juan Alvarez Lorenzana, D. Manuel Pedregal y Cañedo, D. Estanislao Suárez Inclán, D. Julián García San Miguel, D. Lorenzo Nicolás Quintana, D. Placido de Jove Hevia, D. Acisclo F. Vallín y D. Florencio Rodríguez Valdés, de los que basta citar el nombre para saber sus muchos merecimientos. Las fiestas de Oviedo fueron organizadas por los catedráticos de la Universidad e Instituto Sres. Campillo, Aramburu, Buylla, Polo, Gómez y Quiroga con los redactores de la excelente Revista de Asturias, y se verificaron en los días 24 y 25 de Mayo de 1881. (...)» (Fermín Canella Secades, Historia de la Universidad de Oviedo, segunda edición, Oviedo 1903, página 250.) |
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Se trasladó a la Universidad de Valladolid, donde publicó unas Lecciones de literatura griega (1882) y desempeñó la cátedra de Metafísica, publicando allí un Curso de metafísica (1885) –del que en 1888 apareció en Madrid una segunda edición–. En 1886 se trasladó a la Universidad de Madrid, donde ocupó la cátedra de Historia de la Filosofía. |
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«El joven Madinaveitia sufrió el examen de grado, pero con mal éxito, cosa que me sorprendió mucho y muy dolorosamente. Vino el pobre desolado, pues no contaba con tal resultado, en vista de sus antecedentes y aun del mismo ejercicio de la licenciatura. No quiso hacer uso de ninguna recomendación, que, sino para torcer el veredicto del jurado, hubiera podido servir para ilustrarle respecto al carácter del examinando. Componían el tribunal los Señores Ortí y Lara, Campillo y Amador de los Ríos.» (Carta de Federico Baráibar, desde Vitoria, 31 de diciembre de 1886, a Marcelino Menéndez Pelayo, MPEP 8:199.) «Es hermoso espectáculo seguirle a Vd. en toda la historia de su gran inteligencia (hasta donde puede verse en sus libros) y escribirla hoy en medio de esas olas de alemán fermentado, repartiendo justísimos laureles y zarandeando juristas y filósofos abstractos. Todo lo que dice de Yungamann o Yugman o como se llame, es doblemente divino, primero porque es divino y después porque es el Evangelio. Yo fui de los primeros españoles que leyeron la traducción del muy venerable Ortí y Lara (a quien traté algo en Santoña). Mi hermano mayor, Jenaro, ingeniero militar, jefe de aquella plaza entonces, ayudó al Sr. Ortí a traducir esa Estética de Yugman y por eso la leí yo tan pronto. Lo gracioso es que no se sí Vd. sabrá que ha matado dos Catedráticos a un tiempo, porque si Ortí tradujo eso, el señor Campillo, su compañero de doctorado hoy, escribió una cosa que hacía aprender de memoria a los pobres estudiantes y que él llamaba Calotecnia. Yo, mozo audaz y vanidosillo entonces, lleno de mi Madrid y de mis lecturas extranjeras, escribí unos artículos más razonados que prudentes, haciendo ver a ese señor, con buenas palabras, 1.º, que Calotecnia era una mala palabra para significar lo que él quería, y le recordaba la Pirotecnia, y 2.º, que no se debe copiar a Yugmann y menos sin decirlo.» (Carta de Leopoldo Alas, desde Oviedo, 12 de marzo de 1888, a Marcelino Menéndez Pelayo, MPEP 9:163.) «El Sr. Rodríguez Miguel, catedrático de Salamanca, me ha enviado un tomito de Nociones de Estética, que, salvas algunas incorrecciones de lenguaje, me parece mejor que las obras escritas sobre el mismo asunto por Campillo, Cano, Mudarra y demás turba yugmanista.» (Carta de Gumersindo Laverde, desde Lugo, Otero de Rey, 1º de julio de 1889, a Marcelino Menéndez Pelayo, MPEP 10:88.) «Al efecto nos hemos dirigido a amigos de Oviedo, León, Palencia, Zamora y Santiago preguntándoles si apoyarían allí la candidatura independiente de Dn. José Mª de Pereda para Senador por la región económica de León, y esperamos su respuesta. Con el mismo objeto me dirijo a ti para que valiéndote de tu influencia personal y la que te da el carácter de diputado recomiendes a personas de aquellas localidades la candidatura de nuestro amigo, y consigas del Gobierno no la hostilice y si pudiera ser la patrocine haciendo desistiera de la suya el Conde de Peña Ramiro, cuando menos respecto a Santander por el mal efecto que causa ver que su Sociedad Económica prefiera un extraño a un individuo de su seno y del mérito de Pereda. La primera parte de mi petición la podrás conseguir valiéndote, entre otras personas de Dn. José Campillo su compañero en el Doctorado de letras en esa Universidad y del Sr. Molleda, Director gral. de los Registros; y la segunda por medio del Sr. Pidal nuestro futuro presidente.» (Carta de Sinforoso Quintanilla, desde Santander, 27 de febrero de 1891, a Marcelino Menéndez Pelayo, MPEP 11:75.) «D. José Campillo y Rodríguez (escolástico). –Curso de Metafísica, Valladolid 1885, cap. IV. –Propiedades generales o trascendentes del ser, párrafo IV. –La Belleza. –Condiciones fundamentales de la Belleza. –Lo sublime. –Divisiones de lo sublime.» (Marcelino Menéndez Pelayo, Historia de las ideas estéticas en España, Las ideas estéticas en España durante el siglo XIX.) |
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Según el escalafón de 1902, además de la cátedra de Historia de la Filosofía, tenía acumulada Campillo la cátedra de Ética, perteneciente también a la Licenciatura en Filosofía (que entonces sólo podía cursarse en Madrid). Pero pronto había de quedar vacante esa única cátedra de Historia de la Filosofía existente en la universidad española en los umbrales del siglo XX. Con fecha 27 de marzo de 1903 se nombra a Marcelino Menéndez Pelayo vocal suplente sexto del tribunal de oposiciones a la Cátedra de Historia de la Filosofía de la Universidad Central (MPEP 16:776), y tres días más tarde el propio Ministro de Instrucción Pública le ruega encarecidamente que acepte ese nombramiento (MPEP 16:782), pues no debió ser batalla sencilla la suscitada por la sucesión de la cátedra que desde 1886 había ocupado y neutralizado Campillo. [Ese mismo mes de marzo de 1903 había ganado Adolfo Bonilla y San Martín la cátedra de Derecho Mercantil de la Universidad de Valencia, de la que tomó posesión en abril, aunque ya en mayo le confiesa a don Marcelino que el derecho mercantil «me distrae demasiado y no me permite dedicar el tiempo que yo quisiera a la Literatura pero... veremos si me libro de esto teniendo éxito en Historia de la Filosofía» (MPEP 16:838). Bonilla, en septiembre de 1903, no sabe nada de las oposiciones a Historia de la Filosofía (MPEP 17:131), aunque logra liberarse de las obligaciones de su cátedra valenciana y volver a Madrid, con una comisión de servicios en el Instituto de Reformas Sociales. Un año más tarde, sin duda para dotarse de méritos con los que merecer la paralizada cátedra de Historia de la Filosofía vacante, comienza Bonilla a impartir, en noviembre de 1904 y en el Ateneo, el que se convertiría en famoso curso de Historia de la Filosofía española.] De forma que, tras dos años de cabildeos políticos y académicos, Adolfo Bonilla se convirtió en el sucesor de José Campillo, al ganar el 14 de febrero de 1905 la única cátedra española de Historia de la Filosofía. Adolfo Bonilla recibió los votos de Gumersindo Azcárate Menéndez, Nicolás Salmerón Alonso, Manuel Sales Ferré, Francisco Fernández González, Manuel Sanz Benito y Pedro María López Martínez. (Sólo Antonio Hernández Fajarnés «votó al otro», le escribe ese mismo día Bonilla a don Marcelino, MPEP 18:623.) [La delicada cátedra de Historia de la Filosofía, que había ocupado de manera tan neutra el escolástico José Campillo Rodríguez, después del intermedio de Adolfo Bonilla fue recuperada, a finales de 1926, por el padre jesuita Javier Zubiri Apalategui, el sucesor del sucesor.] |
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«José Campillo Rodríguez. Biografía. Catedrático, escritor y periodista español, que vivió en la segunda mitad del siglo XIX, doctor en derecho y filosofía y letras; fue catedrático de latín y griego en el Instituto de Avila, de historia universal y literatura general en la universidad de Oviedo, de metafísica en Valladolid y de historia de la filosofía en Madrid (1886). Publicó: La soberanía nacional, como derecho natural del hombre; Origen y tendencia de la estética como medio de determinar la verdadera ciencia de la belleza (1875), Lecciones de calotecnia (1879), premiada por la Universidad de Oviedo; Lecciones de historia de la literatura griega, Tratado de metafísica (1885), y además pronunció el Discurso inaugural, en las fiestas del Centenario de Calderón, en Oviedo.» (Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Hijos de J. Espasa, Barcelona 1911, tomo 10, página 1278.) |
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