Enciclopedia de la Cultura Española
Editora Nacional, Madrid 1966
tomo 3
páginas 825-826

Krausismo

Durante la segunda mitad del s. XIX se desarrolló en España el movimiento intelectual conocido con el nombre de krausismo. Krause (1781-1832) construyó un sistema filosófico conocido con el nombre de panenteísmo o racionalismo armónico, según el cual el mundo es un ser finito que se desarrolla en el seno del Dios infinito, siendo Dios el fundamento personal del mundo. El mundo está diversificado en la Naturaleza y el Espíritu, que confluyendo en la Humanidad tienden a una armonía perfecta en el seno de Dios, mediante la racionalización progresiva de las instituciones humanas. Con lo que el krausismo, más que en la metafísica, hace hincapié en la ética y el derecho.

Las doctrinas krausistas fueron introducidas en Bélgica por F. Leonhardi, Röder y Tiberghien; en Holanda, por Nieuwenhuis, y en España, por Julián Sanz del Río (1814-1869).

El krausismo español no fue una escuela estrictamente filosófica, sino un complejo movimiento intelectual, religioso y político que agrupó a la izquierda burguesa liberal y propugnó la racionalización de la cultura española. Sus partidarios cultivaron con especialidad los temas de ética, derecho, sociología y pedagogía, y promovieron un vasto movimiento de educación popular que cuajó en la Institución Libre de Enseñanza (v.). Más que una filosofía fue el krausismo español un estilo de vida que sustituyó los supuestos tradicionales de la religiosidad española por una moral austera, el cultivo de la ciencia y una religión semisecularizada.

Podemos encuadrar cronológicamente el krausismo entre los años 1850-1880, coincidiendo los años de su máximo florecimiento con la década 60-70. Poco después el krausismo como tal perdía vigencia y se desintegraba su grupo, por los avances que realiza el positivismo triunfante en Europa.

Las obras fundamentales de Sanz del Río, manuales del krausismo español, son el Ideal de la humanidad para la vida, la Metafísica: Análisis y Síntesis, y el Análisis del pensamiento racional, refundiciones y reelaboraciones muy libres de textos de Krause.

Intentemos exponer brevemente el sistema krausista, aunque hay que tener siempre en cuenta que en la actuación de Sanz del Río predominó la vertiente práctica del sistema, su poder educativo de la personalidad moral y de las agrupaciones sociales en su caminar hacia la racionalidad y la libertad, según las circunstancias españolas de la época, lo que provocó entusiasmos y repulsas.

Por la vía analítica llegamos al conocimiento de un yo finito, en el que confluyen Naturaleza y Espíritu que postulan una esencia infinita y fundamental, el Ser Absoluto. Krause rechaza el agnosticismo metafísico kantiano y las filosofías del sentimiento. La reflexión sobre Dios nos proporciona por vía sintética una ciencia fundamental sobre la que se apoyan la ciencia de la Razón, de la Naturaleza, del Espíritu y de la Síntesis humana.

La historia del mundo es una historia de las ideas, de las determinaciones de la divinidad. La Humanidad realiza en el mundo la idea de Dios, tendiendo al ideal de la Humanidad, la plenitud intelectual y moral del hombre. La historia es la vuelta del hombre a la unidad de Dios. Las sociedades primitivas viven en la inconsciencia y la indiferenciación. En una segunda fase el hombre descubre y diferencia los poderes de la naturaleza y en ellos adora a la divinidad por la religión. La tercera etapa de la humanidad es el descubrimiento de Dios en la conciencia humana como Conciencia Superior, Unica y Fundamental. La depuración de la idea de Dios es una liberación de antropomorfismos, nacionalismos religiosos y ritos locales. La perfección consistirá en la unidad de los hombres por el amor, el conocimiento y la realización del bien en Dios, a lo que contribuirá decisivamente la ciencia y la razón, pues el hombre, síntesis de naturaleza y espíritu, no puede despreciar al mundo sensible.

La segunda figura del krausismo español es Fernando de Castro (1814-1874), coetáneo de Sanz del Río, eclesiástico, catedrático y capellán de palacio. El resto de los krausistas puede ser agrupado cronológicamente de este modo: el constituido por Fernández y González, Francisco de P. Canalejas, Federico de Castro, Valeriano Fernández Ferraz y Vicente Romero Girón. El segundo grupo contiene los nombres más ilustres del krausismo: Giner de los Ríos, Nicolás Salmerón, Gumersindo de Azcárate, Rafael María de Labra y Segismundo Moret.

El krausismo influyó extraordinariamente en los medios universitarios, y encontró una violenta oposición en los ambientes tradicionales, dando lugar a diversas y memorables polémicas y a las llamadas «cuestiones universitarias» con la separación de sus cátedras de varios profesores.

Ortí y Lara atacó al krausismo a partir de las posiciones de la filosofía escolástica. El grupo de los llamados entonces neocatólicos, defensores acérrimos de los derechos tradicionales de la Iglesia y antiliberales sistemáticos, estuvo representado por Francisco Navarro Villoslada y el periódico «El Pensamiento Español», fundado por Gabino Tejado en 1860. Cabe también mencionar a Aparisi Guijarro, Nocedal, Canga-Argüelles, el padre Miguel Sánchez, Moreno Nieto, Caminero y Torres Vélez.

En 1864 Pío IX escribía la Encíclica Quanta Cura, y se publicaba el Syllabus. En 1865 el Ideal de la Humanidad para la vida de Sanz del Río era incluido en el Indice de libros prohibidos.

Durante los años anteriores a la revolución de septiembre de 1868 la polémica tuvo un significado predominantemente político, y los krausistas hicieron suyas las tesis del «catolicismo liberal», propugnador de la libertad religiosa según las ideas de Montalembert. Las polémicas que tendrán lugar durante la Restauración (Menéndez y Pelayo, Campoamor, Laverde, Perojo) serán de mayor contenido doctrinal e ideológico.

La primera «cuestión universitaria» tuvo lugar a partir de 1864 bajo Narváez. Se procedió a una depuración y fueron separados de sus cátedras Castelar, Salmerón, Fernando de Castro y Sanz del Río, que centraron su defensa en la llamada libertad de la Ciencia. Giner de los Ríos salió en defensa de sus compañeros y fue también suspendido. Los krausistas se refugiaron en la enseñanza privada con el Colegio Internacional, fundado por Salmerón. En él dieron cursos Ruiz de Quevedo, Moret, Juan Uña, Fernández Jiménez, Maranges, Romero Girón y Giner de los Ríos. Con algunos de estos nombres estamos ante el tercer grupo cronológico del krausismo, integrado por Augusto González de Linares, Luis de Rute, Manuel Sales y Ferré y Manuel de la Revilla.

En 1868, con la revolución que expulsó a Isabel II, fueron reintegrados a sus cátedras los profesores krausistas Fernando de Castro, nombrado rector de la Universidad central, y Juan Uña y José Fernando González, secretarios de la misma. Es indudable la influencia del krausismo en la redacción de la Constitución de 1869 y su reconocimiento de la libertad de enseñanza.

Giner de los Ríos fundó el «Boletín-Revista de la Universidad de Madrid», y en 1869 se creó la Asociación para la enseñanza popular y las conferencias para la educación de la mujer. En el mismo año moría Sanz del Río, y la ceremonia laica de su entierro civil produjo gran revuelo en los medios tradicionales.

Nicolás Salmerón, catedrático de metafísica, publicó en 1870 su Concepto de la Metafísica, y poco después los Principios analíticos de la idea del tiempo, pero su dedicación casi exclusiva a la política hizo que a partir de entonces la jefatura del krausismo la asumiese Giner de los Ríos, quien inspiró las reformas de la enseñanza de la primera república.

En 1871 se formó la Asociación para la Enseñanza de la Mujer, presidida por Fernando de Castro, quien moría dos años después. El panorama político cambió radicalmente con el golpe de Estado que suprimió la República. Comenzaba la Restauración, y con ella la «segunda cuestión universitaria» y nuevas polémicas ideológicas.

El ministro Orovio urgió de los rectores medidas contra los profesores que se desviasen de la ortodoxia católica y del régimen monárquico. Hubo protestas, y Castelar renunció a la cátedra. Giner fue desterrado a Cádiz, Azcárate a Badajoz, Salmerón a Lugo y González Linares y Calderón a La Coruña, en el castillo de San Antón. Moret, Messía, Figuerola y Montero Ríos renunciaron a sus cátedras.

El repliegue a la enseñanza privada a que esto dio lugar fue la ocasión para la fundación de la Institución Libre de Enseñanza por Giner de los Ríos, heredera del espíritu del krausismo.

El grupo krausista se desintegraba poco a poco, pasándose muchos de sus miembros a las nuevas corrientes neokantianas y positivistas.

La traducción de las obras de Tiberghien reavivó momentáneamente a la escuela krausista, pero hacia 1880 el krausismo como grupo y doctrina había perdido su vigencia.

Bibliografía: Pierre Jobit, Les éducateurs de L'Espagne moderne: I. Les krausistes, 1936; II. Lettres inédites de J. Sanz del Río, 1936; Juan López Morillas, El krausismo español, 1956; M. Menéndez Pelayo, Historia de los heterodoxos españoles; Vicente Cacho Viu, La Institución Libre de Enseñanza, 1962.

Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina
Catedrático del Instituto Femenino de Enseñanza Media de Oviedo


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