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Versiones de la Política de Aristóteles en español desde 1509
Hace medio milenio que la Política de Aristóteles comenzó a correr por el mundo impresa en español, y desde entonces más de quince versiones, con bastante más de un centenar y medio de ediciones y reediciones impresas, y más de un texto electrónico accesible por internet, dejan abierto el camino a hermenéuticas y análisis aún poco recorridos que obligan, como poco, a cuestionar la suerte que han gozado, hasta el presente, los clásicos filosóficos recreados en español, vueltos a ser pensados desde la lengua. Esta página reconstruye la historia de la Política de Aristóteles en español, incluye una referencia al orden de los libros y particiones que ha ido recibiendo el texto, copia el párrafo inicial con el que se inician las diferentes versiones, y enlaza con otras páginas relacionadas. 1. Zaragoza 1509. De anónimo trasladador del latín al español La Política de Aristóteles fue traducida y publicada en español en 1509, fecha bien temprana respecto de las traducciones de este clásico a las lenguas modernas, formando parte de un volumen impreso en Zaragoza, en el taller del teutón Jorge Coci, titulado La philosofia moral del Aristotel, es a saber Ethicas, Polithicas y Economicas, en romançe, Çaragoça, por industria y despensa de Gorge Coci Aleman, 1509, 150 hojas sin numerar. El texto de la Ética procede de la versión en español dispuesta por don Carlos, Príncipe de Viana (1421-1461), permaneciendo desconocido quién fue el trasladador de la Política al romance, a partir de la versión latina de Leonardo Aretino (1370-1444) –texto que conoció numerosas ediciones en la segunda mitad del siglo XV, en incunables como el impreso en 1473, quizá en Barcelona, por Henricus Botel, Georgius vom Holtz y Johannes Planck; el estampado en Valencia ese mismo año de 1473, o el siguiente, por Lambertus Palmart; el culminado en 1481 en Barcelona por Nicolaus Spindeler, &c.–. Este es el interesante prólogo que antecede a su versión: |
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Prólogo del trasladador en la Política del Aristotel. Entre las mayores afrentas que reciben los que en nuestros tiempos componen o traducen algunas obras, es que así los necios e ignorantes como los cuerdos y sabios les osan judicar y dar sobre ellas sus sentencias. Por donde muchos hombres discretos y letrados dejan de hacer lo que sería grande utilidad y provecho: porque reputan a mucha mengua e infamia si a sus nombres y reputación en algo sea detraído. Mas, ya por eso, los doctos, a mi ver, no deben olvidar el fin para que nacieron. Que como escribe Lucano en el segundo libro de la Farsalia, «Catón creía no ser nacido para sí, mas para todo el mundo»; y, antes de Lucano, el filósofo Platón, príncipe de ingenio y doctrina, escribió a su discípulo Archita Tarentino que los hombres no nacieron para sí solos, mas para la patria y padres y amigos. Y así, los que por gracia del Señor alcanzan parte de sabiduría, deben conformar sus hechos con ella, y siguiendo los dichos de aquellos sabios, producir obras que sean para el bien y pro común, no curando de juicio de los indoctos, a los cuales se podría muy bien decir «que el artífice no juzgue si no sólo de obra de su artificio», como recita Plinio de Apeles; y a los otros que más alcanzan se podría decir lo que dijo el poeta: que si lo ajeno no les agrada, saquen afuera lo suyo; lo cual si hiciesen demostrarían haber sido hombres, lo cual son obligados hacer, porque como escribe el otro Plinio en sus Epístolas: «pues no podemos luengo tiempo vivir, debemos dejar algo con lo cual demos testigo haber vivido»; y el historiador Salustio dijo: «todos los hombres que quieren ser más excelentes que otros animales deben mucho trabajar, no pasar su vida en silencio como las bestias, las cuales natura creó vueltas a la tierra y sujetas al vientre.» Pues esto considerado, y más que ahora de nuevo miser Jorge Coci Teutónico, maestro de la estampa imprimía diez libros de la Ética de Aristotil traducidos en romance por el muy ilustre don Carlos príncipe, &c., y porque para el cumplimiento de la filosofía moral faltaba la Política y Económica, acordé traducirlas, a lo cual más me movió que por la mayor parte vemos que todos los hombres que rigen ciudades y repúblicas y cosas familiares no alcanzan ser latinos, de donde muchas veces les falta la manera del gobernar, a los cuales pensé hacer beneficio si con mi industria diese camino para que sin mucho trabajo y sin necesidad de la lengua latina tuviesen preceptos con los cuales supiesen bien regir y gobernar. Empero, si mi traducción no parece elegante ni puesta en el estilo de la lengua muy limada, ha lo causado que sigo el proprio oficio de trasladador e intérprete a quien pertenece sólo declarar la intención del autor, ninguna cosa añadiendo, o quitando, o mudando, porque muchas veces acontece, que queriendo mucho ornar de elegancia la obra, desvíanse los intérpretes de la mente e intención del autor y declaran lo contrario, o no concorde a lo que él sintió. Y así ninguno piense que yo en esta traslación sea tan áspero que rehuse corrección y enmienda, judicándome por muy acabado en ella. Antes quiero (porque con tal condición en ella me puse) que todas las faltas que se hallaren sean corregidas y enmendadas: las que no concordaren con la intención de Aristotil, por hombres doctos y letrados; las que serán ajenas de la plática de la habla muy limada, por los que mejor que yo la alcancen. Cualquiera otra manera de gente que leyeran, tomen con amor lo que sus ingenios alcancen. |
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En esta versión los ocho libros de la Política de Aristóteles están divididos en 9, 8, 9, 9, 12, 5, 14 y 4 capítulos respectivamente. (Ver más abajo sobre el orden de los libros y el número de capítulos.)
2. Zaragoza 1584. Traducción de Pedro Simón Abril del griego al español El anónimo traductor al español de la edición de 1509 se sirvió de la versión latina de Aristóteles dispuesta por el italiano Leonardo Aretino (1370-1444). En 1548, Juan Ginés de Sepúlveda (1490-1573) publicó en París su importante e influyente traducción del griego al latín (Aristotelis de Republica libri VIII, interprete & enarratore Io. Genesio Sepulveda Cordubensi..., apud Vascosanum, París 1548). Y en 1584, en Zaragoza, quedó impresa la traducción de la Política de Aristóteles realizada por Pedro Simón Abril (1530-1595), del griego al español:
El texto de la traducción de Pedro Simón Abril fue «refundido» por Jesús Gil y Calpe, para la edición publicada por la de la editorial Prometeo, Valencia 1925, y tal «refundición» fue utilizada (sin mencionar la autoría de Jesús Gil) en las ediciones de CIAP, Madrid 1928, y ENR, Madrid 1934?:
El texto de la traducción de Pedro Simón Abril fue «adaptado» por Antonio Alegre Gorri, Juan Santolaria Arrontes y Montserrat Lavado Fau, para la colección Historia del pensamiento de Ediciones Orbis, Barcelona 1985, edición reeditada en facsímil en otras colecciones, difundida en América a través de Orbis-Hyspamérica, y a partir de 1999 por Ediciones Folio:
3. Madrid 1873. Traducción de Patricio de Azcárate del francés al español Las dos ediciones en español publicadas en el siglo XVI quedaban ya muy lejos, y durante los siglos XVII, XVIII y bien avanzado el XIX la Política no había vuelto a ser impresa en la lengua, por lo que en la práctica su lectura quedaba relegada a los muy curiosos y vedada a un público más general. Fue Patricio de Azcárate Corral (1800-1886) quien asumió la responsabilidad de facilitar que los españoles pudieran enterarse de las novedades de los «sistemas filosóficos modernos» (su olvidada Exposición histórico-crítica, de 1861) y pudiesen leer en español a los clásicos de la filosofía (los once volúmenes de las Obras completas de Platón publicados en 1871-1872, los diez volúmenes de las Obras filosóficas de Aristóteles en 1873-1875, y cinco volúmenes de obras de Leibniz en 1878). El tomo tercero de las Obras filosóficas de Aristóteles ofrece su versión de la Política, muy influida por la traducción francesa de Barthélemy Saint-Hilaire de 1848 (aunque teniendo a la vista, dice en sus Observaciones..., tres ediciones latinas: la de Lyon 1549 en la imprenta de Juan Fresnolio, la de Basilea 1548 a la que precede un comentario de Luis Vives, y la de París 1548 dispuesta por Juan Ginés de Sepúlveda). En el tomo 1, pág. XXIII, menciona Azcárate las principales traducciones y comentadores de las obras de Aristóteles, y por lo que respecta a la Política dice: «Edición de Schneider, 2 vol., en 8º, Francfort 1809. La de Goettling, en 8º, Jena 1824. La de Stahr, en 4º, en Leipsick, 1836, 1839. La de Bartelemy Saint-Hilaire, 2 vol., en 8º, París 1837. La de Juan Ginés Sepúlveda, 1 vol., París 1489 [sic]. La de Luis Leroy, 1568. La de Champagne, año V de la República, 2 vol., en 8º; y la de Millon, 3 vol., en 8º, 1803.» (Parece ignorar Patricio de Azcárate, por tanto, las versiones clásicas en español de 1509 y 1584.)
La versión de Patricio de Azcárate es sin duda la que más se ha difundido en español a lo largo del siglo XX, merced a las numerosas ediciones impresas en ambos hemisferios por la editorial Espasa-Calpe, en su Colección Austral, y por otras editoriales que decidieron también aprovechar una traducción libre de derechos de autor, al estar prescritos y ser ya considerada dominio público:
Aunque también circula desgraciadamente en versión corrupta del texto de Patricio de Azcárate, cuyo nombre ensucian las erratas, difundida desde una remozada pero decrépita [Nueva] Colección Austral, avalada además por ilustre catedrático universitario del momento, que a cambio de catorce páginas de nueva introducción se convierte en cómplice propalador de tan averiada mercancia:
4. Madrid 1885. Versión de Antonio Zozaya Antonio Zozaya You (1859-1943) inició en 1880 la publicación de su Biblioteca Económica Filosófica, dedicando los volúmenes 23 y 24, aparecidos en 1885, a ofrecer su versión de la Política de Aristóteles, que acompañó del texto «Aristóteles y la política», firmado el 12 de diciembre de 1885, en pleno ardor krausista (cita a Julián Sanz del Río, Guillermo Tiberghien, Gumersindo de Azcárate, Francisco Giner de los Ríos y hasta Francisco Pi Margall). La Biblioteca Económica Filosófica de Zozaya ofreció hasta tres ediciones de esta versión, siempre en dos tomos, en 1885, 1892 y 1926. Zozaya ordena los ocho libros de la Política según el mismo criterio moderno seguido por Azcárate [12378465], y también rotula tanto los libros como los capítulos. Pero la ordenación de cada uno de los ocho libros (en total 78 capítulos) no es exactamente la misma que ofrece Azcárate (en sus 76 capítulos).
5. París 1920. Versión de Nicolás Estévanez Murphy El militar, político y escritor Nicolás Estévanez Murphy (Las Palmas de Gran Canaria 1838 - París 1914), liberal y efímero Ministro de la Guerra durante la Primera República, que le llevó al exilio en Lisboa y París, donde falleció, presunto implicado en el atentado terrorista de Mateo Morral, traductor al español de Séneca, Cicerón, Montesquieu, Diderot, La Bruyère, Augusto Comte y Tolstoi, dejó dispuesta una versión de La Política de Aristóteles que la casa Garnier de París publicó en español años después de su fallecimiento. La versión Estévanez ha sido utilizada más de una vez en ediciones americanas, a veces sin mencionar su autoría:
6. Madrid 1933. Traducción de Francisco Gallach Palés Franciso Gallach Palés, profesor del Instituto Nacional de Valencia, dedicó el volumen XI de su traducción de las Obras completas de Aristóteles, publicada por Nueva Biblioteca Filosófica, a la Política: «En nuestra tarea hémonos esforzado por corresponder al favor con que acogiste [lector amigo] los volúmenes precedentes y, al par que satisfacemos tu deseo, el profundo respeto que nos inspira el filósofo nos obliga a volver al mejor español a nuestro alcance su modo de decir, sin preocuparnos de redondear párrafos ni introducir floridos giros, suposiciones, ateniéndonos, limitándonos severamente a traducir con fidelidad, sin añadidos ni omisiones.»
La editorial W. M. Jackson Inc. [obra de Walter Moores Jackson –Toledo, Iowa 1858 - Nueva York 1936–, fundador de la Grolier Society y propagador por el mundo anglosajón –mediante su reedición londinense en español– del Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano de Montaner y Simón] publicó en Buenos Aires en 1946 su famosa colección Clásicos Jackson en 40 volúmenes. El volumen III ofrece una selección de obras filosóficas de Aristóteles, con un estudio preliminar de Francisco Romero. Se dice en la portada que las traducciones son de Lilia Segura, pero los «Extractos de la Política» siguen de hecho literalmente, sin decirlo, la versión dispuesta por Francisco Gallach Palés. Esta edición incompleta de la Política ofrece los libros primero, tercero y sexto. Los Clásicos Jackson conocieron varias reediciones y se publicaron también, al menos, en España (en 1951-, 25 volúmenes; reeditados como 'Clásicos Éxito' en los años sesenta) y en México (en 1963, 40 volúmenes).
7. Buenos Aires 1939? Traducción de Marcelino A. Ortiz Esta versión, publicada hacia 1939 en Buenos Aires por la Editorial Tor (fundada en 1916 por el español Juan TORrendell), parece una mera reescritura de la versión de Antonio Zozaya publicada en 1885 (más que una nueva traducción de una misma fuente común). Ofrece además la misma estructura en 78 capítulos que la de Zozaya.
8. Madrid 1951. Traducción de Julián Marías & María Araujo Fernández
En 1968 esta versión de la Política de Aristóteles, dispuesta por el católico discípulo de Ortega y publicada por una de las instituciones más características del franquismo, fue utilizada en la revolucionaria Cuba para que el recién creado Instituto del Libro cubano pudiera ofrecer a sus lectores, como se dice en el Prólogo a la edición cubana, «por primera vez en nuestra historia, la impresión en español de obras de un clásico de la filosofía griega antigua». Justo Nicola, profesor de la Universidad de La Habana, que firma este prólogo, dice también: «Al lector honestamente interesado dejamos la calificación de las traducciones o versiones que se le brindan: la de la Metafísica por Francisco de P. Samaranch; la de la Política por el conocido Julián Marías. Para nosotros seguramente que no son de las óptimas o superiores posibles, pero tampoco son de las peores existentes.»
9. Barcelona 1954. Versión de Natividad Massanés Natividad Massanés Paradell (1924), licenciada entonces en Filología Románica, y luego doctora por la Universidad de Barcelona, estableció una nueva versión por encargo de Emiliano Mateo Aguilera, director literario de la Editorial Iberia, que fue incorporada en 1954 a la colección Obras maestras. Realizada a la vista de ediciones francesas, se trata de una versión digna, acompañada de bastantes notas explicativas. Adopta la ordenación moderna de los libros y la misma división en capítulos que la edición de Nicolás Estévanez, de París 1920.
10. México 1963. Versión de Antonio Gómez Robledo
11. Madrid 1964. Traducción de Francisco de Paula Samaranch Kirner
12. Lima 1970 [ versión que probablemente procede de otra edición anterior ] Conocemos esta versión en español del texto de La Política por la edición de Editorial Mercurio, Lima 1970, aunque es probable que el texto proceda de otra edición anterior aún no revisada por nosotros. Ni en esta edición limeña de 1970, ni en sus hijuelas, figura nombre alguno de traductor ni se dice de dónde procede el texto, que no coincide con el de ninguna de las versiones anteriores ya descritas.
13. Barcelona 1974. Traducción de Julio Pallí Bonet
14. Madrid 1977. Traducción de Carlos García Gual & Aurelio Pérez Jiménez Esta versión fue realizada por encargo de la editorial estatal española, para la colección de clásicos universales que puso en marcha en las postrimerías del franquismo. Sigue el texto griego de la edición de Sir David Ross (1957). Carlos García Gual dispuso una introducción, Aurelio Pérez Jiménez un cuidado índice de nombres propios e instituciones, y ambos realizaron a medias la traducción. Disuelta por los socialdemócratas la Editora Nacional española, esta versión fue heredada por Alianza Editorial, una de las beneficiarias de la eliminación de la competencia editorial pública, con la única modificación del título, que perdió el artículo, de La Política a Política.
15. Madrid 1988. Traducción de Manuela García Valdés
16. Bogotá 1989. Traducción de Manuel Briceño Jáuregui S. J. El padre jesuita colombiano Manuel Briceño Jáuregui (1917-1992), quien fuera Director de la Academia Colombiana de la Lengua, traduce directamente del «original griego» –en realidad del texto fijado por Sir David Ross– la primera versión en español de esta obra de Aristóteles surgida de las entrañas de una universidad católica, la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, y bajo inspiración de sus jerarquías académicas: quien fuera Rector Magnífico de esa Pontificia Universidad, el padre Alfonso Borrero Cabal S. J., abre la edición con una amplia presentación. Como tal edición «católica» no faltan amplias interpretaciones al texto de Aristóteles, a cargo del profesor de filosofía Ignacio Restrepo Abondano (quien firma su 'Estudio preliminar' en 1980, en la Pontificia Universidad Javeriana). En el Prólogo del traductor (firmado en 1979, también en la Pontificia Universidad Javeriana, diez años antes de la publicación) se explican las razones por las que decide no traducir al español algunos términos, como polis y politeia –ver el apartado titulado «Vocabulario»–.
17. Madrid 2005. Traducción de Pedro López Barja de Quiroga & Estela García Fernández
18. Buenos Aires 2005. Traducción de María Isabel Santa Cruz & María Inés Crespo María Isabel Santa Cruz (1941, doctora en Filosofía por la Sorbona, profesora titular de filosofía antigua en la Universidad de Buenos Aires) y María Inés Crespo (1960, doctora en Letras clásicas por la Universidad de Buenos Aires, donde es profesora adjunta de lengua y cultura griegas) han dispuesto la primera versión académica de la Política publicada en Argentina, que aunque no es bilingüe (como la española de 1951 de Julián Marías & María Araujo o la mejicana de 1963 de Antonio Gómez Robledo) ocupa en Argentina un lugar equivalente al que significó en 1989 para Colombia la traducción de Manuel Briceño. Esta nueva traducción al español publicada en la Argentina de 2005 por la prestigiosa Editorial Losada sigue principalmente la versión griega de Ross, está enriquecida con más de mil notas a pie de página y su texto va acompañado de la numeración canónica de la edición Bekker.
Otras ediciones localizadas pendientes de ser revisadas y clasificadas:
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Orden de los libros y capítulos de la Política en sus versiones en español El estado fragmentario en que se han conservado y las vicisitudes sufridas por los escritos de Aristóteles explican las disputas sobre su ordenación suscitadas por los críticos durante los últimos siglos. Como no tendría sentido intentar siquiera reconstruir aquí el estado de la cuestión respecto a los ocho libros conservados de la Política, nos limitamos a transcribir el párrafo con el que Jaeger iniciaba el tratamiento de este asunto a principios del siglo pasado: «Desde el momento mismo en que los humanistas italianos del Renacimiento se interesaron por la Política, los críticos han atacado el orden tradicional y tratado de restaurar el 'auténtico' por medio de alteraciones más o menos violentas. En el siglo XIX se abrieron estas teorías paso en las ediciones. Los libros finales, VII y VIII, se colocaron tras el tercero, y de IV-VI se hizo el final. Dentro de este último grupo, a su vez, se acostumbraba cambiar mutuamente de sitio a los libros quinto y sexto. En los últimos años protestó enérgicamente Wilamowitz contra esta furia de alteraciones, y la verdad es que semejante operación mecánica es poco probable que traiga la tradición a un 'orden'.» (Werner Jaeger, Aristóteles (1923), versión española de José Gaos, FCE, México 1946, pág. 307.) La ordenación «clásica» [12345678] la encontramos en la primera edición española, de 1509:
La ordenación «moderna a» [12378465] es seguida por Azcárate en 1873 (ver sus Observaciones):
La ordenación «moderna b» [12378456] es seguida por Julián Marías en 1951:
[Los números en negrita se refieren a la página y columna (a, b) en la que comienza y termina el texto en la edición de las obras de Aristóteles dirigida por el filólogo Augusto Manuel Bekker (1785-1871) y publicada por la Real Academia Prusiana de Berlín en 1831, que se ha convertido en norma para citar los textos del Estagirita: página, columna y línea de Aristotelis Opera edidit Academia Regia Borussica. Aristoteles Graece ex recognitione Immanuelis Bekkeri, Berolini 1831.] Como en las ordenaciones «modernas» se renumeran los libros, las confusiones en las citas se hacen evidentes. Tomemos como ejemplo el siguiente fragmento de Feijoo, publicado en 1753: «15. Establecido ya que la Música es la más noble de todas las Artes, probaré asimismo que es la más conforme a la naturaleza racional. Para lo cual vaya delante la autoridad del más racional de todos los Filósofos antiguos. La Música (dice Aristóteles) es una de aquellas Artes, que deleitan con proporción a nuestra naturaleza; de modo, que parece, que ésta tiene cierta especie de parentesco con la Música. Por lo cual muchos Sabios dijeron, que nuestro ánimo es armonía, otros que tiene harmonía {(a) Musica vero ex his est, quae sunt iucunda secundum naturam, & videtur cognatio quaedam esse nobis cum harmoniis, & rythmis, qua propter multi sapientum dixerunt, alli quidem animum esse harmoniam, alii vero habere harmoniam. Arist. Polit. lib. 8. cap. 5}.» (Feijoo, Cartas eruditas, IV, 1) Aristóteles habla de la Música en el libro 8 de su Política. En efecto, el Index locupletissimus duobus tomis digestus, in Aristotelis Stagiritae Opera, de Francisco Ruiz (Sahagún de Campos 1540, folio CLVI vuelto), ofrece dieciséis entradas sobre Música en las obras de Aristóteles, once de las cuales proceden de 8 Politicorum (en los capítulos 3, 5, 6 y 7). Inútil será buscar en el libro ocho de las ordenaciones «modernas», que colocan como libro 5 el que trata de la crianza de los jóvenes, y como libro 8 el libro 5 «clásico», sobre las mudanzas, corrupciones y revoluciones políticas. ¿Y qué decir de los capítulos en los que se dividen los libros? En la primera edición en español (Zaragoza 1509), que sigue el orden clásico, el libro 8, sin embargo, sólo está dividido en 4 capítulos (sin que falte texto); y en 7 capítulos está dividido el libro 8 en la edición de Pedro Simón Abril. ¿A qué capítulo 5 del libro 8 se refiere Feijoo, o qué capítulo 6 y 7 del libro octavo reseña Francisco Ruiz? Sucede que no hay uniformidad a la hora de diferenciar capítulos dentro de los libros. Y para mayor confusión, algunas versiones «interpretan» notablemente el sentido del texto aristotélico al incorporar rótulos a libros y capítulos: así el capítulo 7 del libro cuarto es titulado en la edición de 1509: «Que trata cómo de todas las repúblicas hay tres partes, y de las maneras de cada una de ellas, y de la potestad de consultar y deliberar», que en el correspondiente libro sexto de la versión Azcárate, se ofrece titulado: «De la democracia y de la oligarquía. De los tres poderes: legislativo, ejecutivo y judicial», y se dedica un capítulo 11 al poder legislativo [con una nota de Azcárate, que traslada la correspondiente advertencia del francés Barthélemy Saint-Hilaire, en la que incluso se reprocha a Montesquieu que al exponer la teoría de los tres poderes «olvidó recordar que era de Aristóteles»], un capítulo 12 «Del poder ejecutivo» y otro 13 «Del poder judicial» (texto que en la edición de 1509 se rotulaba simplemente: «Que trata de los juicios y manera de ellos», libro cuarto, capítulo 9). No es de extrañar, por tanto, que algunas versiones prescindan absolutamente de ofrecer títulos a libros y capítulos (por ejemplo, Jesús Gil y Calpe en 1925, Francisco Gallach en 1933 –que sólo ofrece un mínimo índice descriptivo de los libros–, o Carlos García Gual y Aurelio Pérez Jiménez en 1977, evitan colocar rótulo alguno). Manuel Briceño (en 1989) ni siquiera denomina capítulos a las particiones de los libros, limitándose a numerar como puntos los señalados por Ross (1957). En la tabla siguiente se indica la ordenación de los libros adoptada por las distintas versiones en español de la Política de Aristóteles, el número de capítulos (puntos, o epígrafes) en que dividen el texto de cada libro y el total para la obra; tabla que permite advertir la creatividad practicada por quienes durante el pasado medio milenio fueron vertiendo el texto de Aristóteles a la lengua (y el imperialismo que durante el último medio siglo ejerce la edición oxoniense de Sir David Ross):
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Párrafo inicial de la Política de Aristóteles en sus versiones en español | |
| 1. Zaragoza 1509 Anónimo |
«Porque vemos toda ciudad ser una compañía, y toda compañía ser ordenada por causa de algún bien (porque por causa de lo que parece bueno hacen los hombres todas las cosas) es cosa manifiesta que todos conjeturan algún bien. Y la más principal de todas las cosas y que todas las otras abraza es aquélla que es llamada ciudad y sociedad de ciudadanos.» |
| 2. Zaragoza 1584 Pedro Simón Abril apud Jesús Gil |
«Si observamos que toda ciudad es una cierta compañía, y que toda compañía se ajusta por causa de algún bien –porque todos hacen las cosas por parecerles buenas–, claramente se echa de ver que todas sus compañías pretenden algún bien; y muy señaladamente aquélla, que es la más principal de todas, y que comprende en si todas las demás compañías, habrá de pretender el bien más principal de todos. Esta es, pues, la ciudad y la compañía civil.» |
| 2. Zaragoza 1584 Pedro Simón Abril apud Alegre & Santolaria & Lavado |
«Si observamos que toda ciudad es una cierta comunidad, y que toda comunidad se ajusta por causa de algún bien –porque todos hacen las cosas que hacen por causa de lo que ser bueno les parece–, claramente se echa de ver que todas sus comunidades pretenden algún bien, y muy señaladamente aquélla, que es la más principal de todas, y que comprende en sí todas las demás, pretenderá el bien más principal de todos. Ésta es, pues, la ciudad y la comunidad civil.» |
| 3. Madrid 1873 Patricio de Azcárate |
«Todo Estado es evidentemente una asociación, y toda asociación no se forma sino en vista de algún bien, puesto que los hombres, cualesquiera que ellos sean, nunca hacen nada sino en vista de lo que les parece ser bueno. Es claro, por lo tanto, que todas las asociaciones tienden a un bien de cierta especie, y que el más importante de todos los bienes debe ser el objeto de la más importante de las asociaciones, de aquella que encierra todas las demás, y a la cual se llama precisamente Estado y asociación política.» |
| 4. Madrid 1885 Antonio Zozaya You |
«Todo Estado es una asociación, y sólo en vista de algún bien las asociaciones se forman, puesto que lo único que a los hombres mueve es la esperanza de algo que les parece bueno. Todas las asociaciones tienden sin duda a un bien determinado, y el más importante de todos los bienes debe ser objeto de la más importante asociación, de la que comprende a todas las demás, y puede llamarse asociación política, ciudad, o, más propiamente, Estado.» |
| 5. París 1920 Nicolás Estévanez |
«Vemos que toda ciudad es una especie de asociación y que toda asociación se forma buscando algún beneficio, pues el hombre no hace nada que no mire como un bien. Todas las asociaciones se proponen, pues, el logro de una ventaja, sobre todo la más importante de todas ellas, puesto que su fin es el más importante y comprende en sí las demás asociaciones. Tal es la ciudad o asociación política.» |
| 6. Madrid 1933 Francisco Gallach |
«La ciudad es agrupación; las agrupaciones se organizan con miras al bien; porque el hombre obra siempre con el fin de lograr lo que cree bueno. Si toda agrupación tiende al bien, la ciudad o sociedad política, que es la superior entre ellas y las comprende todas, tiende al bien en mayor grado que las demás, y al mejor bien.» |
| 7. Buenos Aires 1939? Marcelino A. Ortiz |
«Es una asociación todo Estado, y las asociaciones se forman sólo con miras a algún bien, dado que lo único que a los hombres mueve es la esperanza de algo que les parece provechoso. Indudablemente, todas las asociaciones propenden a un bien preeestablecido, y el más importante de todos los bienes debe ser el motivo de la más importante asociación, la que comprende a todas las demás, y puede ser llamada asociación política, ciudad, o más adecuadamente, Estado.» |
| 8. Madrid 1951 Julián Marías & María Araujo |
«Vemos que toda ciudad es una comunidad y que toda comunidad está constituida en vista de algún bien, porque los hombres siempre actúan mirando a lo que les parece bueno; y si todas tienden a algún bien, es evidente que más que ninguna, y al bien más principal, la principal entre todas y que comprende todas las demás, a saber, la llamada ciudad y comunidad civil.» |
| 9. Barcelona 1954 Natividad Massanés |
«Observamos que toda ciudad es una asociación, y que toda asociación se forma por algún interés o beneficio, pues el hombre no hace nada que no mire en definitiva como un bien. Todas las asociaciones se proponen, pues, el logro de una ventaja, y principalmente las más importante de todas ellas, puesto que sus fines son más importantes y comprenden en sí otras asociaciones. Tal es el caso de la ciudad o asociación política.» |
| 10. México 1963 Antonio Gómez Robledo |
«Toda ciudad se ofrece a nuestros ojos como una comunidad; y toda comunidad se constituye a su vez en vista de algún bien (ya que todos hacen cuanto hacen en vista de lo que estiman ser un bien). Si pues todas las comunidades humanas apuntan a algún bien, es manifiesto que al bien mayor entre todos habrá de estar enderezada la comunidad suprema entre todas y que comprende a todas las demás; ahora bien, ésta es la comunidad política a la que llamamos ciudad.» |
| 11. Madrid 1964 Francisco Samaranch |
«Toda ciudad o estado es, como podemos ver, una especie de comunidad, y toda comunidad se ha formado teniendo como fin un determinado bien –ya que todas las acciones de la especie humana en su totalidad se hacen con la vista puesta en algo que los hombres creen ser un bien–. Es, por tanto, evidente que, mientras que todas las comunidades tienden a algún bien, la comunidad superior a todas y que incluye en sí todas las demás debe hacer esto en un grado supremo por encima de todas, y aspira al más alto de todos los bienes; y esa es la comunidad llamada Estado, la asociación política.» |
| 12. Lima 1970 [ ? ] |
«Todo Estado es una asociación. La ciudad es una especie de asociación y las asociaciones se forman con miras a algún beneficio, y si sus componentes así lo hacen, persiguen algún provecho. Todas las asociaciones propenden a un bien preestablecido, el mejor de ellos, ya que ese es su fin primordial.» |
| 13. Barcelona 1974 Julio Pallí Bonet |
«Puesto que vemos que toda ciudad es una especie de comunidad, y que toda comunidad está constituida a causa de algún bien (porque todos los hombres actúan siempre en vista de lo que les parece un bien), es evidente que todas tienden a un cierto bien, pero principalmente apunta al supremo, la soberana entre todas y que incluye a todas las demás, y ésta es la llamada ciudad y comunidad política.» |
| 14. Madrid 1977 Carlos García Gual & Aurelio Pérez |
«Ya que vemos que cualquier ciudad es una cierta comunidad, también que toda comunidad está constituida con miras a algún bien (por algo, pues, que les parece bueno obran todos en todos los actos) es evidente. Así que todas las comunidades pretenden como fin algún bien; pero sobre todo pretende el bien superior la que es superior y comprende a las demás. Esta es la que llamamos ciudad y comunidad cívica.» |
| 15. Madrid 1988 Manuela García Valdés |
«Puesto que vemos que toda ciudad es una cierta comunidad y que toda comunidad está constituida con miras a algún bien (porque en vista de lo que les parece bueno todos obran en todos sus actos), es evidente que todas tienden a un cierto bien, pero sobre todo tiende al supremo la soberana entre todas y que incluye a todas las demás. Ésta es la llamada ciudad y comunidad cívica.» |
| 16. Bogotá 1989 Manuel Briceño |
«Toda polis es, en alguna manera, una comunidad. Y pues vemos que toda comunidad es instituída en vista de un bien (los hombres obran siempre por lo que les parece bueno), es claro que todas tienden a un bien; pero al principal de todos [tiende], con mayor razón, la más poderosa de todas, que abarca a las demás. Esta es la llamada polis y comunidad política.» |
| 17. Madrid 2005 Pedro López & Estela García |
«Puesto que vemos que toda ciudad es una cierta comunidad y que toda comunidad está constituida en función de algún bien (pues todos actúan para alcanzar lo que creen que es un bien), es evidente que todas tienden a algún bien, pero sobre todo tiende al bien supremo la comunidad más importante de todas y que comprende a todas las demás: ésta es la que se llama ciudad y también comunidad política.» |
| 18. Buenos Aires 2005 Mª Isabel Santa Cruz & Mª Inés Crespo |
«Puesto que vemos que toda ciudad es un tipo de comunidad y toda comunidad está constituida en vista de algún bien (en efecto, todos actúan siempre en función de lo que les parece bueno), es evidente que todas las comunidades tienden hacia algún bien, pero la que está por encima de todas las demás y a todas las incluye tenderá al bien que está por encima de todos los bienes. Y a esta comunidad, que es la comunidad política, se la llama ciudad.» |
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