Justo Álvarez Amandi
 
1839-1919

Justo Álvarez Amandi, catedrático de la Universidad de Oviedo Catedrático de Metafísica y de Lógica fundamental de la Universidad de Oviedo, carlista, «absolutista cerrado e intransigente», «con opiniones y aspecto de inquisidor», nacido en Oviedo el 28 de mayo de 1839. Doctor en Filosofía y Letras y Licenciado en Derecho Civil y Canónico. Desde 1858 fue profesor en la Universidad de Oviedo, a partir de 1863 como Auxiliar. En 1866 se convirtió, por oposición, en catedrático del Instituto que en Tapia acababa de fundar Fernando Casariego. Durante diez años fue profesor de Retórica y Poética en el Instituto de Casariego en Tapia (del que fue secretario de 1871 a 1875 y en cuya Memoria publicó en 1873 la «Necrología del fundador Marqués de Casariego»). Ingresó por concurso en el escalafón de catedráticos de universidad, el 5 de junio de 1876, ocupando en Oviedo la cátedra de Literatura Clásica Latina. Pasó a desempeñar después la cátedra de Metafísica, que se transformó luego en Lógica fundamental, en la Facultad de Filosofía y Letras, de la que fue Decano desde 1897. (En 1902 –cuando Justo Álvarez Amandi era uno de los trece catedráticos de la sección de Filosofía de las diez universidades españolas– contaba la Universidad de Oviedo con tres cátedras en la Facultad de Filosofía y Letras –Lengua y Literatura españolas, Lógica fundamental e Historia de España– que sólo mantenían el curso preparatorio de la Facultad de Derecho.) Colaboró habitualmente en la prensa y las revistas locales, tratando sobre todo asuntos históricos y religiosos. Pronunció en la universidad el discurso de apertura del curso 1878-79 («La elocuencia forense en Roma») y publicó La Catedral de Oviedo, perfiles histórico-arqueológicos (Oviedo 1882, 112 págs.; 2ª edición, Oviedo 1909, &c.). En 1908 formó parte de la Junta Organizadora y Ejecutiva del III Centenario de la Universidad de Oviedo (se encargó de la subcomisión de «Solemnidades religiosas, premios y limosnas» y formó parte del jurado del certamen de poesías). En 1869 matrimonió con Josefa Rodríguez Taborcias, de la que enviudó en 1899. Falleció en Oviedo el 19 de febrero de 1919.

1876 «Ha sido nombrado catedrático de literatura latina de la universidad de Madrid, D. Justo Alvarez Amandi.» (La Correspondencia de España, Madrid 27 mayo 1876.)

En el verano de 1878, al comprobar que en Horacio en España, de Marcelino Menéndez Pelayo, «el bable o dialecto de Asturias no figuraba», trató de «remedar el habla de los campesinos de los concejos del centro de Asturias, aplicándola a veces a materias que singularmente contrastan con el círculo de ideas en que naturalmente viven encerradas las poblaciones rústicas», decidió seguir «el mismo instinto de parodia» y «por alarde de ingenio y de facilidad en el manejo de un dialecto tan dulce, tan mimoso y tan pintoresco» se decidió a traducir el Beatus ille al bable. Pero se le ocurrió consultar su proyecto con el también recalcitrante tradicionalista y carlista Juan María Acebal Gutierrez (1815-1895), quien se apresuró a publicar su propia versión en bable del Beatus ille (en la Revista de Asturias de agosto de 1878). Justo Álvarez Amandi envió entonces su traducción a don Marcelino, quien la acabó incorporando a su Bibliografía hispano-latina clásica. Más de un siglo después, los subvencionados cultivadores en académicos gabinetes del bable artificial normalizado y sintetizado, en el que algunos escriben, nadie habla y no entienden los paisanos que aún se sirven esporádicamente de los bables, han convertido aquel divertimento estival del lógico absolutista carlista ovetense en uno de los pilares de una lliteratura identitaria nacionaliega por la que tanto se afanan. Y sin duda llegará el día en el que algún majadero descerebrado y alucinado se atreva a comparar a Justo Álvarez Amandi con Fray Luis de León por su versión del Beatus ille.

1878 «Muy Sr. mío de toda mi estimación: Desde que vi en su libro sobre Horacio que el bable o dialecto de Asturias no figuraba allí, por falta de traductores, formé empeño en verter a esta habla provincial la famosa oda segunda del libro V, con ánimo de remitírsela a V, y dedicársela, sin pretensiones de ninguna clase. Así tuve ocasión de decírselo a su señor Padre a su paso por esta para Castropol. Hace ya bastantes semanas que mi traducción está hecha. Mas yendo a consultarla con el distinguido cultivador del bable D. Juan María Aceval, este señor se aprovechó de la idea, y dio a luz en la Revista de Asturias una traducción, que desde luego por su elegancia y soltura califico de muy superior a la mía. Si la mía tiene algún mérito, es desde luego el único la fidelidad en la versión, hasta donde mis fuerzas y la dificultad de estas obras alcanzaron. Pero como, repito, que mi intención desde un principio fue dedicar a V. esa traducción, que al efecto hice antes de pensar en ello el Sr. Aceval, me decido, aunque tarde, a remitírsela a V., a la vez que le pido me dispense la bondad de indicarme los defectos que en ella note, pudiendo pedirme cuantas noticias y aclaraciones necesite (respecto al significado de alguna voz), aunque esto último no es de suponer. Hay un verso que dice: 'O con vares delgáes sostien la rede': no me gusta nada; porque para leerlo bien hay que hacer un diptongo de gáes, y resulta algo forzado. Quizá estaría mejor suprimiendo el artículo la, y quedando 'O con vares delgaes sostien rede'. Pido a V. mil perdones, por que con esta impertinencia le interrumpo a V., hallándose tan ocupado con sus preparativos de oposición. De mi trabajillo escusado parece decirle que puede V. hacer el uso que más le convenga; aunque me parece que no merece los honores de la publicidad: tan poco es lo que vale. Soy catedrático de Literatura Latina en esta Universidad. Como tal y como particular me ofrezco a las órdenes de V., y también como paisano según las teorías sobre 'las dos Asturias' de mi querido amigo Gumersindo Laverde. Salude a su señor Padre, y soy de V. afmo. s. s. q. b. s. m. Justo Álvarez Amandi. S/c. San José, 6. pral.» (Justo Álvarez Amandi a Marcelino Menéndez Pelayo, Oviedo, 12 agosto 1878, MPEP 3:145.)

«Recibí tu grata con (...) la traducción bable del Beatus ille.» [la de Acebal] (Marcelino Menéndez Pelayo a Gumersindo Laverde, Santander, 23 agosto 1878, MPEP 3:147.)

«D. J. Álvarez Amandi, catedrático de Literatura Latina en la Universidad de Oviedo, me ha enviado una traducción suya bable de la oda Beatus ille, no tan fácil y suelta como la de Acebal, pero digna de aprecio.» (Marcelino Menéndez Pelayo a Gumersindo Laverde, Santander, 2 septiembre 1878, MPEP 3:152.)

«No conozco la traducción bable del Beatus ille que te ha remitido Álvarez Amandi; a su autor mucho. Escribíamos a un tiempo en El Faro asturiano. El Sr. Arias de Miranda, que es un anciano jovial, decíame que D. Justo le caía mucho en gracia por su aspecto y opiniones de Inquisidor. Es, en efecto, o era entonces al menos, absolutista cerrado e intransigente. Tiene talento y letras.» (Gumersindo Laverde a Marcelino Menéndez Pelayo, Otero de Rey, 9 septiembre 1878, MPEP 3:156.)

«Muy Sr. mío y de mi más cordial estimación: Acabo de leer en un diario que el Consejo de I. P. aprobó la propuesta para la Cátedra de H.ª C.ª de la Literat.ª Esp.ª, y tiempo es de que yo no demore por más días mi enhorabuena. Doisela muy sincera por su brillantísima campaña, cuyo resultado, por lo esperado, a nadie sorprendió: y me halaga sobremanera por llamarle a V. compañero, como me honra de veras la amistad que me ofrece en su muy atenta de 2 de Set. último: amistad que acepto de corazón. Débole gratitud por la benevolencia con que juzga mi traducioncilla de la oda «Beatus ille» al bable. Nada trabajé posteriormente en asuntos de esa clase, por impedírmelo ocupaciones y deberes del momento; entre otras la Inaugural del presente curso, que estuvo aquí a mi cargo. Como este trabajo se ha de publicar juntamente con la Memoria del Distrito Universitario, se han repartido contados ejemplares, fuera de los que en el acto de la apertura se distribuyeron. Recordando, sin embargo, que versa su discurso sobre tema de Literatura Latina, y las aficiones de V. a esos estudios, procuraré remitirle aquel a la mayor brevedad, y desde luego me atrevo a suplicarle me diga su opinión sobre el fondo y forma de sus páginas. No más por hoy; repito mi entusiasta enhorabuena, y soy suyo afmo. amigo y compañero Q. S. M. B. Justo Álvarez Amandi.» (Justo Álvarez Amandi a Marcelino Menéndez Pelayo, Oviedo, 17 diciembre 1878, MPEP 3:207.)

«Traductores asturianos de Horacio. El dialecto bable, considerado por muchos como un castellano arcaico y detenido en su período de formación, y por otros (quizá con más fundamento) como un dialecto de transición entre el grupo castellano y el grupo galaico-portugués, no posee una verdadera literatura regional, pero abunda en producciones ingeniosas, donde con singular artificio se ha tratado de remedar el habla de los campesinos de los concejos del centro de Asturias, aplicándola a veces a materias que singularmente contrastan con el círculo de ideas en que naturalmente viven encerradas las poblaciones rústicas. De este contraste sacó ya singulares efectos cómicos el más antiguo de los poetas bables de nombre conocido, D. Antonio González Reguera (Antón de la Marireguera), que a principios del siglo XVII componía en armoniosas y fáciles octavas sus poemas de Píramo y Tisbe, Hero y Leandro, y Dido y Eneas, consistiendo la mayor parte del primor de tales rasgos en la divertida metamorfosis que hace sufrir el autor a las clásicas narraciones de Ovidio o del libro IV de la Eneida virgiliana, suponiéndolos recitados por un viejo asturiano junto al fuego. Siguiendo el mismo instinto de parodia, se han hecho en nuestros días, por alarde de ingenio y de facilidad en el manejo de un dialecto tan dulce, tan mimoso y tan pintoresco, los dos siguientes ensayos de traducción del Beatus ille horaciano, el primero por D. Juan María Acebal, y el segundo por D. Justo Álvarez Amandi, catedrático de la Universidad de Oviedo. Esta última es inédita, y su autor me la ha remitido en mayo de 1878. La del Sr. Acebal se imprimió en la Revista de Asturias, año 2º, número XXVIII, 5 de agosto de 1878. Vitae Rusticae Laudes. (...) Traducción al bable o dialecto asturiano de la oda II, lib. V de Horacio, Beatus ille, qui procul negotiis:

Dichosu 'l que, viviendo separtáu
De tóo lo que cansa la mollera,
Como fizo la xente d' otros tiempos,
Cuida non más que de cavar la tierra
Que i vieno de so pa, llibre d' usures,
Por sos güés ayudau 'n 'a faena.
Non lu fai altierase co 'l toquidu
Que llama a los soldáos la trompeta;
Nin el mar, cuando bufa tan furiosu
Y mete 'l resoplín 'n 'la pelleya:
Nin i gusta con pleitos y camorres
Andar pe los xuzgáos y 'l audencia;
Y a los palacios de los señorones,
Que 'stan tan altos, en xamas s' allega.
Pero dacuando al álamu más altu
Ata les rames llargues de la cepa,
O mira desde loñi que 'n el práo
Cuerren les váques por ente la hierba;
O con la foz cortando ramos ruinos
Otros meyores en seguida enxerta;
O la miel apertada del caxiellu
Coye 'n tarreños llimpios muy a presa;
O porque ve quiciavis que 'stá flaca,
Se pon a tosquilar dalguna oveya.
Y cuando pe los campos el otoño
Apaéz arrodiada la cabeza
De manzanes sabroses, ¡cómo entóncies
Coye gozosu la 'nxertáa pera
Y el recimu 'ncarnáu más que sangre,
Pa ofrecétulu a ti, dios de la güerta,
Príapo, como a ti tamien, Silvano,
Que de sebes y finsos lleves cuenta!
D' elles de veces d' un carbayu vieyu
El tirase a la sombra muncho presta,
O si non, recostase descansáu
Tamien da gusto so la grama 'spesa;
El agua de los rios mientres tanto
Despeñándose vien de l' alta sierra;
Los paxarinos canten en el monte,
Quexándose d' amores machu y fema;
Y fontes claras, al manar gorguten,
Y sele 'l sueñu así venir se dexa.–
Y dempués, cuando xúpitre lo manda
Que l' agua y ñeve del inviernu allega,
O saca los mastines, pa qu' escorran
Al xabalin hacia la trampa puesta,
O con vares delgáes sostien la rede
Pa que los tordos al engañu vengan,
O en trapa coye a gusto y con ganancia
Llebre tiemblona, o grulla forastera.
¿Quién del amor los cúidos y llaceries
Non olvida, si ve cosa tan güena?)
Y si al empar gobierna casa y fios
Una muyer homilde compañera
(Cuala ye la Sabina, o la casáa
Co 'l sofridu Pullés, qu' al sol pertuesta).
Al ver venir al home fatigáu,
La llume 'nciende con curada lleña,
Y, cierrando 'l ganáo 'n el corripu,
Desacúpai la ubre que 'stá 'enllena,
Y escancia vino dulce d' isti añu,
D' aquel barril guaidáu 'n 'a bodega,
Y, con pan y compangu tóo de casa,
En un istante preparoi la mesa?
Entoncies los mariscos del Llucrino
Un milagru será que yo apeteza,
Nin rodaballo, nin tampoco escaro,
Si quiciavis a aquesti mar allega
Porque dende les agües de Llevarte
El inviernu los únvia 'n 'a tormenta.
La gallina que crien en Marruecos
Nunca xamás se m' apetez comella;
Ni el ponderáu francolin de xonia
Probalu al mió gaznate más i presta
Que grandes aceitunes escoyides
Del árbore 'n 'a rama más espesa;
O, porque pe los práos la hay abonda,
D' algunu d' ellos la sabrosa agrieta;
O les malves, q' el cuerpu 'nfermu sanen;
O de los Terminales la cordera;
O 'l cabritu arrincáu de les uñes
Del llobu, que famientu lu coyera.
Habiendo eses viandes ¡cuánto, gusta
Ver cómo cuerren una y otra oveya,
Que dan vuelta pa casa, muy contentes
De fartucase bien con pacion tienra;
Ver los güés que, colgando del piscuezu
El llaviegu lu arrastren ya con flema;
Y, el llar rodiando llimpiu los esclavos,
Que son del amu la mayor riqueza!
Un aldeanu diba ser d' afecho
Alfio 'l usureron, que tal dixera.
Todu 'l dineru recoyó 'n 'os Idus,
Pa golver a prestallo 'n 'as Calendas.»

(Marcelino Menéndez Pelayo, Bibliografía hispano-latina clásica, VI, Horacio III, Edición nacional, págs. 235-239.)

1881 «Una reforma necesaria en Instrucción Pública. El 13 del actual Enero, el claustro reunido de la Universidad e Instituto de Oviedo obsequiaba con un refresco al Dr. D. Alfredo A. Camús, que se hallaba en la capital de Asturias, de vuelta de Gijon, a donde le llevaron asuntos del servicio. Puestos ya a la mesa, rodó la conversación sobre materias de enseñanza, y el señor Camús dolíase amargamente de que, después de 1868, la de la lengua latina estuviera limitada en nuestros establecimientos de instrucción a dos cursos de sola una lección diaria; mientras que en Francia, v. gr., se invertían ocho años en igual estudio. Llegado el instante de los brindis, nuestro colaborador D. Justo Alvarez Amandi, catedrático de Literatura latina, y que enseñando igual asignatura que el señor Camús, siente como éste, y más ellos que otros profesores de letras, el gran vacío que en la preparación intelectual de los jóvenes hace notar la ignorancia casi absoluta de lengua latina, con que pasan a facultad; el Sr. Alvarez Amandi; repetimos, leyó ante aquel selecto concurso, por vía de felicitación a su ilustre compañero, una carta, que precisamente tenía por objeto lamentarse de lo mismo que el dicho profesor de la Central con pena tanta lamentaba. La carta estaba escrita en latín: su fondo y su forma agradaron sobremanera al Sr. Camús; y nosotros, por haber sido leida en el seno de la Universidad asturiana, y por otras razones que fácilmente se adivinarán, damos con gusto a luz su traducción al castellano. Dice así:
Justo Alvarez Amandi al muy ilustre y sabio varón Alfredo Adolfo Camús, su compañero en la enseñanza de la juventud, saluda coadialmente.
A ti, que has llegado a la región de los Astures y te hallas aquí con nosotros a la mesa, yo, el menor de los maestros de esta alma Escuela ovetense, quiero saludarte, y vivamente deseo hablar contigo algunas palabras. Ante todo, deseóte felicidades en este día, y ruego a Minerva que te conserve sano y salvo en su reino y dominios por largos años. Después ¿qué he de decirte?… Hablaré de aquella nuestra lengua latina, a la cual nosotros amamos más que a nuestros ojos, y que ¡ay! actualmente en las aulas públicas de España pasa su existencia como una viuda a todas horas angustiada por la tristeza. Así lo dispusieron los hados. Tú bien sabes que nuestros alumnos hasta los rudimentos de la lengua latina ignoran casi por completo. ¿Y es posible que a esta generación le enseñemos nosotros la ciencia de las letras? Jamas. Lo que en erial se siembra no puede producir, ni ciento, ni uno. Ea, pues, doctor sapientísimo. Tú, consejero y defensor de la Instrucción pública; tú, custodio y amante de la pureza del habla latina, y mantenedor de ella entre nosotros, alza ante las autoridades de este reino la voz de la sabiduría y de la experiencia: clama sin cesar, para que la lengua latina logre en las leyes el apoyo de que hoy casi totalmente carece. En el pueblo de los Galos (vulgo Francia), la juventud consagra al estudio de la latinidad ocho años, durante los cuales aprenden los preceptos de toda la gramática, sin omitir las reglas más insignificantes, y trabajan sin cesar en traducciones a la vulgar lengua. ¿Por qué, siendo como somos imitadores de esa Nación en tantas cosas, en ésta, tan excelente, no hemos de caminar tras sus huellas? Trabaja, carísimo compañero, si tus consejos, como pienso, son escuchados, hasta conseguir que la instrucción latina se levante de la postración suma en que yace, y luzcan con luz nueva en nuestra Hesperia aquellos estudios que, según atestigua Marco Tulio, “alimentan a la juventud, recrean a la vejez, son adorno de los sucesos prósperos, sirven de refugio y solaz en las adversidades, nos deleitan en casa, no son estorbo fuera, pernoctan con nosotros, y con nosotros viajan y van de campo.” No suceda, quizás, que las naciones se alcen contra nosotros, y lo calamitoso de nuestros tiempos las haga atreverse a menospreciar o a silbar España, que en algún día dio al mundo par que los admirase los nombres de Elio, Antonio Nebrija, Luis Vives, Francisco Sánchez de las Brozas, Hernando Nuñez, el Pinciano, y otros que llegaron a ser ornamento inmortal de su patria. Estos deseos y súplicas hago llegar a ti en la ciudad de Oviedo, donde afortunadamente hay aún quien cultive con amor la lengua de Catón y de Ennio. Aquí, en nuestra Universidad José Campillo, Manuel Rodríguez Losada, Ulpiano Gómez Calderón, y otros, son profesores distinguidísimos en las letras latinas. Fuera de este respetabilísimo centro de enseñanza, no faltan quienes, como los canónigos lectoral, magistral y penitenciario de la santa catedral basílica, como así bien el párroco de San Tirso, y muchos más, están llenos de ciencia gramatical, y entienden los más selectos autores del Lacio y pueden traducirlos al español y exponerlos magistralmente. Tú, muy querido mio, no eches en olvido mis deseos. Porque, una vez realizados, nuestros jóvenes, nutridos con el alimento de la enseñanza gramatical, podrán con oportunidad y fruto saborear las gracias de Platón, la dulzura de Virgilio, y la láctea abundancia de Tito Livio. Hágalo Dios, y a ti dígnese preservarte incólume de toda aflicción de cuerpo y de espíritu.— Vale. En Oviedo a 13 de Enero de 1881. J. A. A.”» (La ilustración gallega y asturiana, 28 enero 1881, tomo III, nº 3, pág. 8.)

El 25 de abril de 1885 el Obispo de Oviedo, el fraile dominico Ramón Martínez Vigil, decide colaborar en la promoción de La Regenta –acababa de aparecer su segundo tomo– y en Pastoral dirigida al clero y fieles de su diócesis ofrece, como ejemplo de los estragos de la impía libertad, esta denuncia:

«No hace muchos días que recibieron todos los alumnos de una cátedra de Derecho, como galardón y como estímulo, un libro saturado de erotismo, de escarnio a las prácticas cristianas y de alusiones injuriosas a respetabilísimas personas, sin que las autoridades académicas, ni los compañeros de profesorado –tan puntillosos en otras cosas– tuvieran una palabra de protesta contra ese salteador de honras ajenas.»

Son bien conocidos los entretenidos detalles de la tormenta de papel que entonces se produjo; nos limitamos a transcribir el comunicado que hicieron público algunos de los colegas claustrales de Leopoldo Alas, el catedrático de Derecho Romano, más conocido en la prensa como Clarín:

«Comunicado. Señor director de El Carbayón. Muy señor nuestro: Debidamente autorizados, acudimos a la amabilidad de Vd. para que inserte en su periódico la siguiente manifestación que hemos elevado al ilustre señor Obispo de esta diócesis. Dando a Vd. las gracias, se repiten sus afectísimos amigos y seguros servidores.- Guillermo Estrada y Villaverde.- Matías Barrio Mier.- Victor Díaz Ordoñez y Escandón.- Justo Alvarez Amandi.
“Ilmo. y reverendísimo señor: Con verdadera sorpresa hemos visto consignado en un documento pastoral de V. S. I., que no hace muchos días recibieron todos los alumnos de una cátedra de derecho, como galardón y estímulo, un libro, que V. S. I., en uso de su sagrado ministerio, hace objeto de graves censuras. Como esa alusión parece referirse a esta Universidad, aseguramos ante V. S. I., por nuestra palabra de hombres honrados y nuestra fe de cristianos, que no teníamos la menor noticia de ese hecho; ni era posible que la tuviésemos, pues de cuantas averiguaciones hicimos para conocerle en sus detalles, no resulta confirmado en manera alguna, hasta el punto de que hoy creemos en conciencia que a V. S. I. llegaron informes o aseveraciones completamente infundadas. Dígnese V. S. I. admitir esta rectificación, y por nuestra parte confiamos en que sea suficiente para justificarnos ante V. S. I. respecto a sus apreciaciones, que nosotros acatamos profundamente. Basta que venga de la autoridad eclesiástica, la única con quien jamás nos permitiríamos cuestionar sobre la oportunidad y el alcance que tendría nuestra protesta oficial u oficiosa, de ser cierto el hecho mencionado. Esperamos asimismo de V. S. I. encuentre muy natural el que acudamos a la prensa, para que llegue al público esta explicación, en defensa de nuestro buen nombre como catedráticos íntegramente católicos, puesto que estimando este título sobre todos, haremos punto de honra el de obrar siempre en su consecuencia. Besan el anillo de V. S. I. sus humildes hijos y afectísimos S. S., Guillermo Estrada y Villaverde.- Matías Barrio Mier.- Víctor Díaz Ordoñez y Escandón.- Justo Alvarez Amandi. Oviedo 11 de Mayo de 1885.”»

1887 «Por Real orden de 12 del corriente, han sido nombrados los señores D. Miguel Gago y Lorenzo y D. Justo Alvarez Amandi, Catedráticos numerarios de Metafísica de las Universidades de Valladolid y Santiago respectivamente. […] Méritos y servicios de D. Justo Alvarez Amandi: Doctor en Filosofía y Letras. Catedrático numerario de Literatura griega y latina desde 23 de Marzo de 1873 hasta el 30 de Septiembre de 1883. En 1º de Octubre de 1883 trasladado a la cátedra de ampliación de la la Psicología y Nociones de Ontología y Cosmología, y en 30 de Septiembre de 1884 nombrado y confirmado en la de Metafísica, que actualmente desempeña en Oviedo. (Gaceta del 19 de Mayo.)» (El magisterio español, 30 mayo 1887, año XXI, nº 1330.)

«Habiendo desistido D. Justo Alvarez Amandi de su traslado a la cátedra de Metafísica de la Universidad de Santiago, por Real orden de 13 del corriente se ha resuelto que el expresado Profesor continúe siendo numerario de la citada asignatura de la Universidad do Oviedo, y que la de Santiago; que por dicha renuncia queda sin proveer en el periodo de traslación, se anuncie a concurso. (Gaceta del 31 de Julio.)» (El magisterio español, 5 agosto 1887, año XXI, nº 1343.)

1893 «En el Claustro (el verdadero) los más entusiastas de Vd. son los krausistas republicanos, y los únicos refractarios los neos rabiosos. Estrada, destacadísimo carlista, creo que le vota a Vd. Si Vd. trata a Barrio y Mier convendría que le pidiera (caso de que luchemos) que le recomendara a Estrada, Álvarez Amandi y Rúa.» (Leopoldo Alas a Marcelino Menéndez Pelayo, Oviedo, 8 febrero 1893, MPEP 12:215.)

«Alvarez Amandi, el otro carlista, ya se ha comprometido hoy a votarle a Vd. A Vallina se le ha ocurrido una cosa que acaso produzca buen efecto, para que Pidal pueda huir los compromisos de sus amigos que son parientes de Covadonga; podría Vd. pedir al mismo Cánovas que le recomendase a Vd. a Pidal oficialmente, y Pidal, con esta recomendación, haría callar a todos los parientes del barón y trabajar por Vd. abiertamente, y sin estorbos.» (Leopoldo Alas a Marcelino Menéndez Pelayo, Oviedo, 18 febrero 1893, MPEP 12:221.)

«Muy querido amigo: No extrañe Vd. que le escriba a menudo mientras esté pendiente la elección. La cosa va muy bien, pero hay que insistir por si acaso y para tener el mayor número posible de votos. Se ha firmado por seis doctores de diversas procedencias políticas una circular muy bien escrita, por Buylla, decano, a todos los señores que votan. La firman Buylla, decano (republicano); Amandi (profesor filosofía y letras) carlista; Romea (director escuela Bellas Artes, ministerial siempre); Alas (yo); Losada, conservador catedrático Latín; Canella, indefinido, profesor derecho Civil... y un Sr. Sarri acaso.» (Leopoldo Alas a Marcelino Menéndez Pelayo, Oviedo, 23 febrero 1893, MPEP 12:224.)

1898 «Carísimo y distinguido amigo: Recibí la suya, y bien hizo V. en contar de ante mano con mi voto; mas veo que conviene no descuidarse. Ya sabe que hay candidatura frente la de V.; candidatura que se quiere hacer pasar por ministerial sin duda para conseguir algo con esta fase de la elección. Ello es que la gente avanzada tiene esperanzas, y desgraciadamente el núcleo de racionalistas y positivistas es hoy numeroso en este Claustro. Así se lo dije uno de estos días a un caracterizado conservador, amigo particular mío. Por si a V. le conviene, debo indicarle que el Sr. D. Antonio Fól y Cormio [?] Director del Instituto de Casariego de Tapia es muy amigo de su papá, y este en caso de necesidad pudiera escribirle. Consérvese bueno, y me repito su más atento amigo y afectísimo compañero Q. S. M. B.» (Justo Álvarez Amandi a Marcelino Menéndez Pelayo, Oviedo, 29 marzo 1898, MPEP 14:527.)

[En las elecciones a Senador por la Universidad de Oviedo, celebradas el 10 de abril de 1898, resultó elegido senador Marcelino Menéndez Pelayo con 27 votos, obteniendo 22 votos el institucionista Juan Uña Gómez, apoyado por ese «núcleo de racionalistas y positivistas» mencionado por Justo Álvarez Amandi. (El acta electoral puede verse por internet en el Archivo del Senado, expediente de MMP.)]

1899 «El expediente se halla a informe del Consejo de Instrucción pública. También se encuentra en dicho alto Cuerpo consultivo el de la cátedra de Lengua y Literatura latina de la Universidad Central, a cuyo concurso se han presentado los aspirantes siguientes: D. Martín Villar García, D. Antonio González Garbín, D. Justo Alvarez Amandi y D. Manuel Soriano y Sánchez.» (Gaceta de Instrucción Pública, Madrid 15 julio 1899, pág. 202.)

1900 «Balneario de Borines. Entre otras muchas personas, hállanse en dicho establecimiento las siguientes: D. Fernando Bauer y señora, D. Eduardo Saavedra y señora, D. Luis Ubeda, padre Escolapio; doña Antonia Fernández Castrillón e hija, doña Josefa Méndez, D. Arturo Herrero, D. Francisco Fernández y señora, D. Antonio González y Fernández, el doctor D. Julián Alvarez Miranda, D. Justo Alvarez Amandi, D. José González Valdés, el padre D. Esteban Fernández, doña Rosalía Campos, doña Brígida González, D. Modesto Montoto, doña Carmen Rodríguez, D. Fernando Díaz Miranda y hermana doña Leonor, D. Alberto Lamerán; D. Dimas Comonta, doña Carlota Noriega, D. José González Pola, D. Miguel Monreal, doña Dolores Rubio, doña Nicolasa del Valle y las señoritas Luisa y María Sánchez, don Manuel González y D. Manuel José Fernandez.» (La Correspondencia de España, Madrid, 7 agosto 1900.)

1903 «Tribunal de oposiciones a la Cátedra de Historia de la Filosofía, vacante en la Sección de estudios históricos de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central: Presidente, D. Francisco Fernández y González; vocales, D. Nicolás Salmerón y Alonso, D. Antonio Hernández Fajarnés, D. Federico de Castro y Fernández, D. José Daurella y Rull, D. Gumersindo de Azcárate y D. Juan Manuel Ortí-Lara. Suplentes: D. Pedro María López, D. Manuel Sáinz Benito, D. Justo Alvarez Amandi, D. Manuel Sales y Ferré, D. Miguel Morayta y Sagrario y D. Marcelino Menéndez y Pelayo.» (Gaceta de Instrucción Pública, Madrid, 30 marzo 1903, págs. 539-540.)

1918 «Universidades. Se nombra el siguiente Tribunal para juzgar las oposiciones a la cátedra de Estética, vacante en la Universidad Central: presidente, D. José Joaquín Herrero; vocales: D. Cosme Paspal, D. Adolfo Bonilla, D. Justo Alvarez Amandi y D. Pedro Font Puig.» (La Correspondencia de España, Madrid, 1 mayo 1918.)

1936 Justo Álvarez Amandi, catedrático de la Universidad de Oviedo «Alvarez Amandi, Justo. Uno de los escritores de más respetable memoria entre los que brillaron en la segunda mitad del siglo XIX. De varia y sólida cultura, especialmente en materias de historia, arqueología y arte, su pluma galana ilustraba siempre los temas que desenvolvía, dentro del marco de sus arraigadas convicciones religiosas. Su condiscípulo, amigo y compañero en el periodismo, don Ramón Pérez Santa Marina, nos dice de él: «Como ferviente católico, escribió siempre aprovechando la oportunidad para difundir las buenas doctrinas cristianas; y en su vida, así pública como privada, fue espejo y ejemplo de ciudadanos.»
Nació Justo Alvarez Amandi en Oviedo, el 28 de mayo de 1839, hijo de don Nicasio Alvarez Corzo, oficial primero en la Secretaría de la Universidad, y doña Josefa Amandi de la Huelga. De esa Universidad fue Alvarez Amandi uno de los discípulos más aventajados de su tiempo. Comenzó a estudiar en ella el bachillerato (1849), y, aprobado los dos primeros cursos, se trasladó al Seminario para incorporarse nuevamente en 1854 a la Universidad, donde fue graduado de bachiller en Artes al año siguiente, el 5 de noviembre, Siguió luego la carrera de Leyes, siempre con aplicación y calificaciones elevadas, hasta graduarse de licenciado en Derecho civil y canónico, con nota de sobresaliente, el 23 de junio de 1861. Años más tarde, ya profesor en Tapia, obtuvo el grado de doctor el 26 de junio de 1872.
Al mismo tiempo cursó las asignaturas de la Facultad de Filosofía y Letras hasta doctorarse. En esta Facultad y todavía estudiante, comenzó a ejercer de profesor en noviembre de 1858, por designación del rector de la Universidad, de las cátedras de Literatura Latina y Literatura Castellana, por una breve temporada, hasta que fueron cubiertas con sus respectivos profesores titulares. También explicó interinamente, en marzo de 1859, la cátedra de Lengua Griega, y desde octubre de ese año y por espacio de un curso, las de Historia Universal y Geografía. Desempeñó luego en esa misma Facultad desde 1861 el cargo de vicesecretario, y de secretario desde el 63. En diciembre de este mismo año fue nombrado profesor auxiliar de la susodicha Facultad.
Desde los tiempos estudiantiles, también, datan sus ejercicios de escritor, vocación que, como la de pedagogo, le acompañó ya toda la vida. Sus primeras producciones literarias aparecieron en el periódico de juventud Revista de Asturias, primera época (1858-59), y desde entonces ya no dejó de escribir para el público en la prensa ovetense afín a su ideología conservadora. En los primeros años de escritor predominaba en él mayor inclinación por los estudios jurídicos que los históricos, que luego fueron evolucionando hasta un cambio bastante radical. También en esos primeros años produjo algunas composiciones poéticas en castellano y en bable, y traducciones del latín a las dos hablas. Merece especial mención la oda de Horacio Beatus ille al bable, recogida por Menéndez y Pelayo en el apéndice del tomo I de su obra Horacio en España.
Al abrirse a la enseñanza en Tapia el Instituto fundado por don Fernando Casariego, Alvarez Amandi obtuvo por oposición (1866) la cátedra de Retórica y Poética, que explicó por espacio de unos diez años. Además de profesor, fue secretario de ese centro docente desde 1871 a 1875, y como tal, redactor de las cuatro Memorias que se anotan más abajo. También en Tapia cambió su estado civil, al contraer nupcias en el año 1869 con la señorita Josefa Rodríguez Taborcias, de la que quedó viudo treinta años después, en 1899.
El 5 de junio de 1876 se le designó, mediante concurso, catedrático de Literatura Latina de la Universidad ovetense, en la que se desarrollaron hasta su fallecimiento sus actividades docentes. Fue luego, durante varios años, catedrático de Metafísica, y por último, de Lógica Fundamental. En 1897 resultó electo decano de la Facultad de Filosofía y Letras.
A esta última época de su vida corresponde la mayor y mejor parte de su producción de escritor, casi toda olvidada en las páginas de diarios y revistas, ya que lo publicado por él en volúmenes es porción insignificante al lado de lo escrito con pluma de periodista. Como tal, trató y desarrolló temas y asuntos merecedores de que no quedaran condenados a la vida efímera de los periódicos.
Ejercer funciones de periodista era una necesidad de su espíritu, cada día, como la de preparar las lecciones de la cátedra. Sus temas favoritos eran los relacionados con asuntos históricos y artísticos, particularmente, si envolvían a la vez esclarecimiento de cuestiones religiosas (números X y XII) y aun las de fundamento netamente religioso (números XI y 5). Colaboró en numerosas publicaciones, algunas impresas en Madrid, como la Ilustración Gallega y Asturiana (1879-82) y la revista Asturias, órgano del Centro Asturiano, y con mayor asiduidad en las ovetenses. De éstas figura principalísimamente en primer término El Carbayón, donde escribió diariamente por espacio de muchos años.
«En cuanto a periodista –nos dice el citado Ramón P. Santa Marina–, lo fue con verdadera autoridad y a diario hasta que sus años y la casi ceguera que le afligía le impidieron llegar cuotidianamente a El Carbayón, en cuyo periódico y sin firma o firmando con algún seudónimo, escribió de ciencias, literatura, bellas artes, sucesos..., de todo, en fin, y con notorio acierto, porque su vasta y sólida cultura general permitíale tratar los más diversos temas con perfecto conocimiento de causa. Esta su gran afición al periodismo satisfacíala en el citado diario a su sabor y gusto con verdadera maestría, lenguaje literario, claridad de conceptos y amenidad atractiva, de tal modo que todo lo suyo era leído con atención y provecho por el público.»
Muchos de sus trabajos periodísticos han aparecido sin firma y no menos firmados con diversos seudónimos, tal vez algunos de ellos de difícil o imposible identificación. Los que nosotros podemos anotar como suyos son los siguientes: Syla, Germán Alvarez, Damián Alvarez (formado el nombre Damián como anagrama del apellido Amandi), J. de Urgel y Juan Valmaseda y Ortiz (anagrama de su nombre y apellidos).
Como galardones literarios que haya obtenido sólo hemos podido llegar al conocimiento de un premio en el Certamen nacional celebrado en El Escorial (1887) para conmemorar el XV centenario de San Agustín.
Fallecido en Oviedo el 19 de febrero de 1919, poco después de jubilado como catedrático.
Obras publicadas en volumen:
I al IV. Memorias del Instituto de Tapia. (Oviedo 1872 a 1875; cuatro folletos.)
V. El martirio de Santa Eulalia de Mérida. (Oviedo 1877; traducción en verso castellano de la obra latina de Aurelio Prudencio Clemente.)
VI. La elocuencia forense en Roma. (Oviedo 1878; discurso de apertura del curso universitario 1878-79.)
VII. Lecciones de Literatura Latina. (Oviedo 1879.)
VIII. Apuntes histórico-literarios sobre la antigua Grecia. (Madrid 1880; folleto.)
IX. El doctor don José Puente Villanúa. (Madrid 1881; biografía.)
X. La Catedral de Oviedo: Perfiles histórico-arqueológicos. (Oviedo 1882; trabajo reeditado en 1929; estudio publicado también el año 82 en El Carbayón, de Oviedo, con la firma de J. de Urgel.)
XI. Días festivos de la Iglesia católica: Breve explicación de los misterios que en ellos se celebran y motivos de su mayor solemnidad. (Oviedo 1891.)
XII. Monumentos religiosos de Oviedo. (Oviedo, s. a.; monografía publicada también en el tomo 1 de la obra Asturias, Gijón 1894, dirigida por Octavio Bellmunt y Fermín Canella y Secades.)
XIII. Programa de Lógica fundamental. (Oviedo 1910.)
Trabajos sin formar volumen:
1. Necrología del fundador (del Instituto de Tapia), marqués de Casariego. (Incluida en la Memoria de dicho Instituto, correspondiente al curso de 1873-74, Oviedo 1874.)
2. Beatus ille. (Traducción en bable de esta oda de Horacio, incluida en el apéndice del tomo 1, de la obra Horacio en España, de Menéndez y Pelayo, Madrid 1877.)
3. El siglo de Calderón. (En Revista de Asturias, Oviedo, 25 de mayo de 1881; número extraordinario dedicado al Centenario de don Pedro Calderón de la Barca.)
4. Los asturianos de ayer: El ilustrísimo señor don José Francisco Uría. (En El Carbayón, Oviedo, febrero 26 y 27 de 1886, con la firma de Germán Alvarez.)
5. Jesús y los Evangelios. (En El Carbayón, Oviedo, marzo de 1899; varios números con el anagrama de Juan Valmaseda y Ortiz.)
6. Los asturianos de ayer: El presbítero don Domingo Hevia, benedictino exclaustrado. (Idem, julio 9 al 14 de 1890.)
7. Tapia. (Monografía en el tomo III de la obra Asturias, Gijón 1900, dirigida por Octavio Bellmunt y Fermín Canella.)» (Constantino Suárez [«Españolito»], Escritores y artistas asturianos. Indice bio-bibliográfico, Madrid 1936, tomo 1, páginas 229-232.)

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