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Manuel Sanz Benito 1860-1911
Manuel Sanz Benito, como delegado de la Sociedad Espiritista Española, fue uno de los Secretarios del Primer Congreso Espirita Internacional, celebrado en Barcelona del 8 al 13 de septiembre de 1888 (tuvo que celebrarse en el Salón Eslava, pues los mejores locales estaban al servicio de la famosa Exposición Universal, con la que buscaron coincidir), organizado y presidido por Antonio Torres Solanot y Casas (desde 1859 Vizconde de Torres Solanot –título creado en 1852–). Estas fueron las conclusiones aprobadas por aquel Primer Congreso Espirita Internacional de 1888, es decir, la ideología de la internacional espiritista:
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«Conclusiones aprobadas por el Congreso Espirita Internacional, Barcelona 1888 |
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Un año más tarde se celebró en París el Congreso continuador del primero de Barcelona, anunciado por los españoles como segundo congreso, aunque los organizadores franceses prefirieron prescindir del ordinal y convocaron a «espiritistas, espiritualistas, swedenborgianos, teósofos, ocultistas, partidarios de la teoría psíquica, magnetistas, teofilántropos y kabalistas» a un Congreso espiritista y espiritualista internacional (que se celebró del 9 al 16 de septiembre de 1889, en el muy sospechoso local del Gran Oriente de Francia), y en el que «a consecuencia de un acuerdo preliminar, no se habló para nada de la existencia de Dios en las sesiones publicadas, por consideración a los científicos a quienes la palabra Dios parecía asustar. Después de esta concesión, que no dio ningún resultado, pues continuaron apartados de nuestras doctrinas, hubo necesidad en el Congreso de 1900 de afirmar altamente la creencia en Dios, pues se tildaba al Espiritismo de ateo» (V Congreso..., pág. 24.) Asistieron 450 delegados de más de veinte países, siendo España quien más participantes extranjeros aportó, con 24 delegados: |
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«Constituían la delegación española [al Congreso espiritista y espiritualista internacional de París 1889] los señores siguientes: Vizconde de Torres Solanot. – Facundo Usich. – Modesto Casanovas. – Eduardo Dalmau. – Jacinto Baixeras. – Joaquín Dieguez (Barcelona). Miguel Vives. – Señora de Vives. – Dolores Godeol (Tarrasa). Doctor Joaquín Huelbes Temprado. – Profesor Manuel Sanz Benito. – Señora de Sanz Benito. – Bernardo Alarcón. – Señora de Alarcón. – Tomás Sánchez Escribano. – José Agramonte (Madrid). Toribio T. Caballero. – Señora de Caballero. – Francisco Mundéjar (San Sebastián). Francisco Rubio Morales. – Juan Bautista López (Loja). Juan Fernández Ballesteros (Sevilla). Clemente Goupilde (Tarragona). Manuel Navarro Murillo (Trujillo, Cáceres). Total: 24 delegados.» (Federación Espirita Española, V Congreso Espiritista Internacional. Libro Resumen, Barcelona 1 al 10 de septiembre de 1934, Barcelona 1934, Primera parte: Congresos anteriores, página. 18.) |
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El Congreso de 1889 constituyó cuatro comisiones: 1ª Espiritismo y Espiritualismo; 2ª Filosofía. Cuestión Social; 3ª Ocultismo, Teosofía, Kábala, Francmasonería; y 4ª Comisión de propaganda. En la comisión segunda se concentraron las fuerzas hispanas: la presidió Joaquín Huelbes Temprado y la formaban «P. L. Meulëmans, Modesto Casanovas, Eduardo Dalmau, doctor Hoffmann, Serge Semenoff, doctor Sanz Benito, capitán Ernesto Volpi.» Este es un resumen de los asuntos que trató la Sección Segunda de ese Congreso de 1889 en París: |
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«Sección Segunda. Filosofía. Cuestión social |
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Vuelto a Valladolid decidió publicar, en francés, el discurso que había pronunciado en aquel Congreso Espiritualista Internacional (Le spiritualisme philosophique. Discours prononcé par M. le Dr. et Professeur M. Sanz Benito dans le Congrès Spiritualiste International tenu à Paris à l'occasion de l'Exposition Universelle de 1889, Imprenta de Andrés Martín, Valladolid [1889], 22 págs.), haciendo figurar en el texto, sin duda inflamado aún por el ardor con el que había sido recibido por la Internacional Espiritualista, las menciones al comportamiento etológico material de sus espirituales oyentes, en lo que aparenta haber sido un apoteósico crescendo: «Très bien, très bien» (pág. 6), «Applaudissements» (pág. 7), «Applaudissements» (pág. 8), «Applaudissements» (pág. 11), «Applaudissements» (pág. 11), «Applaudissements» (pág. 15), «Applaudissements» (pág. 15), «Applaudissements» (pág. 18), «Applaudissements prolongés» (pág. 21), «Applaudissements» (pág. 22), «Triple salve d'applaudissements» (pág. 22). En 1890 se convertía Manuel Sanz Benito en uno de los principales teóricos del espiritismo español, al publicar en Barcelona, con prólogo del Vizconde de Torres Solanot, el libro La ciencia espírita (199 páginas). El prólogo del Vizconde no deja lugar a dudas: «La bibliografía espiritista española contaba ya con una obra magistral, El Espiritismo es la filosofía, de D. Manuel González Soriano, y con otros muchos tratados muy apreciables; pero el libro del Sr. González, que es sin disputa un monumento filosófico-espiritista, soberbiamente magnífico, es por su misma profundidad y elevación de ideas, de difícil comprensión para las inteligencias poco ejercitadas en las elucubraciones metafísicas; responde principalmente a la necesidad de que el mundo llamado sabio fije su atención en nuestra superior filosofía. Por el contrario, el libro que tenemos la honra de recomendar a los amantes de la verdad, del progreso y de las bellas formas literarias, destinado a la propaganda, es más asequible a la inteligencia y más ajustado a bella literatura que tanto ameniza y mueve el sentimiento.» (pág. XXII). En la portada del libro aparece la frase «El Amor es la ley suprema de la Creación. Luis», y en la página siguiente se encuentra el lector con la: «Dedicatoria. Al espíritu de Luis. Las ideas vertidas en este libro, han sido aprendidas de tí que, con tus luces, has iluminado el fondo de nuestra alma, mostrándola los derroteros por donde se avanza hacia la perfección infinita. Recíbelo como pequeña muestra de lo mucho que te quiere tu hermano y discípulo. Manuel.». Para mayor divertimento figura en apéndice, págs. 195-199, nada menos que una larga «Comunicación del espíritu de Luis», obtenida, al parecer, en el Círculo Diodoro-Luis, de Madrid. ¡Qué lástima que a Manuel Sanz Benito le comunicara cosas el espíritu de un Luis cualquiera, y no, por ejemplo, la Virgen María directamente, pues hubiéramos podido ver quizá convertido en santo católico a nuestro catedrático de filosofía! Por otra parte Luis era un espíritu también conocido del Vizconde: «Hace ya tiempo que me eran conocidas las teorías sustentadas en este libro, por haber sido reveladas en un grupo familiar espiritista de Madrid, por el elevado espíritu que se manifiesta con el nombre de Luis, con quien hube de sostener largas discusiones, hasta que rendido a la evidencia de sus razonamientos, acepté de plano dichas teorías como las más racionales, modificando así, o más bien rectificando, el concepto que antes tenía respecto al alma, a la creación y la solidaridad universal. (...) El libro de nuestro querido amigo y hermano el Dr. Sanz Benito, tiene para nosotros grandísima importancia, porque da a conocer en acertada síntesis, el resultado de muchos años de perseverantes trabajos y estudios, concurriendo semanalmente al círculo familiar antes citado, para consultar y obtener enseñanzas del espíritu de Luis, y porque con su publicación presta un señalado servicio a la propaganda del Espiritismo...» (págs. XXI-XXII). ¡Qué fumarían, qué beberían o qué masticarían en sus tenidas semanales aquellos espiritistas madrileños, que en lugar de reunirse para rezar el rosario o jugar al tresillo, se entretenían conectando directamente –sin necesidad de hilos o cables, por supuesto– con el espíritu del tal Luis, semana tras semana, para recibir sus revelaciones! ¿Será Luis el espíritu de la filosofía española del siglo XIX? En 1891 presidió en Guadalajara el Ateneo Caracense (y en tal calidad pronunció el discurso Determinismo y libertad, publicado en Valladolid). En el Ateneo Caracense ofrecía clases de italiano Hilarión Guerra Preciado (1837-1890, catedrático de Matemáticas del Instituto de Guadalajara, miembro de la RACEFyN), y en el Instituto de Guadalajara había también ejercido Hermenegildo Giner de los Ríos. El Ateneo Caracense absorbió el Centro Volapükista Español, que habían fundado en 1886 Nicolás de Ugarte (académico en 1907 de la RACEFyN, con el discurso Materia y espíritu) y Francisco Fernández Iparraguirre (catedrático de francés en el Instituto de Guadalajara, donde nació en 1852 y falleció en 1889). Y si en 1892 el Tercer Congreso Católico Nacional Español concluía que para combatir eficazmente la propaganda anticatólica hecha desde la Cátedra era necesario que la Iglesia fundase sus propias universidades e institutos y practicase el entrismo en el sector público [«3º trabajar con actividad, superior a la desplegada hasta el presente, por llevar el mayor número posible de Profesores eminentemente católicos a las mismas Universidades oficiales, Institutos, Colegios, Escuelas Normales y hasta a las escuelas de primeras letras ...», ver las Conclusiones de la Sección segunda], a pesar de que la Sección tercera (Comisión de propaganda) del Congreso Espiritista de París de 1889 había rechazado pedir al Gobierno [se supone que francés] la creación de una cátedra de Espiritismo (por considerar prematura tal petición), no cabe duda que el espiritismo español, y también por supuesto el krausismo, lograron dar un paso de gigante cuando el 22 de marzo de 1893 la cátedra de Metafísica de la Universidad de Barcelona no fue ganada por algún escolástico católico arcaico o neotomista, sino por el mismísimo ideólogo de la ciencia espírita, Manuel Sanz Benito. El órgano científico del espiritismo español, la Revista de Estudios Psicológicos, se apresuró a informar de la buena nueva: «El doctor Sanz Benito» [gana la cátedra de Metafísica de Barcelona] (REP, 25, 1893, pág. 44.), «El doctor Sanz Benito en la Universidad» (REP, 25, 1893, págs. 104-106.). Con Manuel Sanz Benito no llegaba un krausista más a una cátedra universitaria, sino que Manuel Sanz Benito representaba la prueba de que en España era posible un espiritismo de cátedra. Pero con la llegada a Barcelona del krauso espiritista se desplazaba también al profesor que venía encargándose, desde la ortodoxia, de la enseñanza de la Metafísica, el hebraista Francisco Barjau Pons (quien hasta 1895 no obtuvo una cátedra de Geografía en la Universidad de Sevilla, para volver en 1904 a la de Barcelona como catedrático de lengua arábiga, donde se jubiló en 1922). ¿Qué pensaría de lo sucedido el Congreso Católico Nacional Español, que además iba a reunirse al año siguiente en Tarragona? ¿Qué hacer para no quedar en ridículo? Nada mejor que leer un relato pormenorizado de la violencia que se desató en la primavera de 1893 en la Universidad de Barcelona, en la nada armónica incorporación del bondadoso espiritista y krausista Manuel Sanz Benito a su cátedra de Metafísica: |
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«En las cartas que el Rector Julián Casaña dirigió al Director [de la Escuela General Preparatoria de Ingenieros y Arquitectos] el 13/11/1893 se aludía a los "lamentables sucesos ocurridos en esta Universidad en los últimos días del pasado Marzo". ¿Qué había pasado en esas fechas? Pues nada menos que unos prolongados disturbios por motivos ideológicos. |
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Y sucedió que Manuel Sanz Benito y el espiritismo no tuvieron fuerzas para mantener la importante posición que habían alcanzado, nada menos que la cátedra de Metafísica de la Universidad de Barcelona, la capital que concentraba el mayor número de periódicos religiosos y editoriales católicas de lengua española, el centro del agitprop católico hispánico. (Y de poco servían los lamentos, como los de la Revista de Estudios Psicológicos: «El doctor Sanz Benito. Los católicos le persiguen en la Universidad», 26, 1894, págs. 48-ss., y 240.) La retirada de las posiciones alcanzadas se produjo mediante una solución administrativa denominada permuta: la persona que en 1893 había ganado la cátedra de Metafísica de la Universidad de Barcelona se permutaba con la persona que en 1889 había ganado la cátedra de Metafísica de la Universidad de Valladolid. Tras el repliegue de Manuel Sanz Benito a Valladolid, el neoescolástico José Daurella Rull tomó posesión el 20 de enero de 1894 de la cátedra de Metafísica de Barcelona, quedando así restaurada la ortodoxia en la católica y conservadora Cataluña y muy satisfecha la Universidad de Barcelona, que luego repetidas veces eligió a Daurella como representante suyo en el Senado de España. Durante quince años mantuvo Manuel Sanz Benito en Valladolid la cátedra de Metafísica, renombrada luego como de Lógica fundamental, y allí publicó en 1900 sus Estudios filosóficos: la Psiquis (167 páginas). Al fallecer en 1909 el neotomista y antipositivista Antonio Hernández Fajarnés, surgió la posibilidad del traslado a la Universidad Central, que logró. Pero fue un triunfo efímero, pues en 1911 Manuel Sanz Benito «desencarnó sin sentir la más leve necesidad de los auxilios espirituales de religión alguna y disponiendo ser inhumado en el cementerio libre.» |
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«Queridísimo amigo y maestro: esta mañana, a las 12, ha tenido lugar la votación, y me apresuro á participarle que soy Catedrático de la Central. Me han votado Azcárate, Salmerón, Sales, Fernández y González, Sanz Benito y Pedro María López. Fajarnés votó al otro.» (Adolfo Bonilla San Martín a Marcelino Menéndez Pelayo, 14 febrero 1905, MPEP 18:623.) «Con la muerte del Sr. Fajarnés creí seguro mi traslado á Madrid por ser el único de oposición directa á Lógica fundamental pero el Consejo por una mayoría insignificante ha propuesto al Sr. Sanz y Benito. El Sr. Barroso no ha resuelto definitivamente el asunto; pero es de presumir que nombrará al propuesto por mayoría, y en tal caso probablemente acudiré al Tribunal de lo Contencioso porque mi derecho preferente es clarísimo.» (Alberto Gómez Izquierdo a Marcelino Menéndez Pelayo, Granada, 5 febrero 1910, MPEP 20:676.) «Mucho celebraré que logre Vd. el traslado a la cátedra de Filosofía de Madrid. Desconozco los trámites de ese expediente, y me temo que se habrá empantanado con la reciente crisis ministerial. No soy consejero de Instrucción Pública, como Vd. sabe, pero si cree Vd. que algo puedo influir aunque sea de un modo indirecto, no tenga Vd. reparo en decírmelo. El tal Sanz Benito es Krausista, según creo, y ya sabe Vd. lo difícil que es luchar con una secta tan bien organizada y que tiene a su devoción tantos elementos oficiales.» (Marcelino Menéndez Pelayo a Alberto Gómez Izquierdo, Madrid, 22 febrero 1910, MPEP 20:714.) «Sanz y Benito, Manuel. Biografía. Catedrático español, nacido en 1860 y muerto en Madrid en 1911. En 1893 ingresó en el escalafón de Universidades como titular de la cátedra de metafísica de la Universidad de Barcelona, donde su actuación dio lugar a tumultos escolares. Permutó al poco tiempo esta cátedra por la de Valladolid, pasando por concurso, a la muerte de Hernández Fajarnés, a ocupar la de lógica fundamental de la Universidad de Madrid. En su juventud se dedicó al periodismo, habiendo dirigido la Revista del Ateneo Popular de Guadalajara (1882-83); colaboró en el Ateneo Caracense, en el Centro Volapukista Español y Revista de Estudios Psicológicos. Radical tanto en política como en religión, figuró en el movimiento krausista y profesó al mismo tiempo las teorías espiritistas, tomando parte en sus conferencias y Congresos. Dejó, entre otras obras, La Psiquis (Valladolid 1900).» (EUI 54:443, 1927.) [Obsérvese la maldad manipuladora del Espasa, al asegurar que en Barcelona «su actuación dio lugar a tumultos escolares», cuando tales tumultos ya estaban preparados, como hemos visto, antes siquiera de que pudiera estrenarse en la cátedra: Francisco Barjau Pons figura por cierto en la relación de redactores de esa enciclopedia.] «En esta misma época, disgustados los estudiantes católicos de Metafísica de la Universidad de Barcelona por las explicaciones y propaganda espiritista que hacía desde su cátedra el Dr. D. Manuel Sanz y Benito (1860-911), se amotinaron y viose obligado el profesor a aprovechar la ocasión de trasladarse a Valladolid, donde continuó sus trabajos, si bien no tan activamente como en Barcelona, temeroso quizá de nuevos escándalos. Pasó a la Universidad de Madrid y falleció poco después, dejando muchas obras impresas y grato recuerdo de su caballerosidad y buena fe. Figuró entre los espiritistas que adoptaron el método de Krause y dio a la publicidad La ciencia espírita (1896) con prólogo de Torres Solanot, La Psiquis (1900), algunas conferencias y varias obras más.» (Mario Méndez Bejarano, Historia de la filosofía en España hasta el siglo XX, Renacimiento, Madrid [1927], pág. 527, capítulo XVII, El siglo de las luces: § XIV. El espiritismo.) [Obsérvese también la versión peculiar que transmite Méndez Bejarano de la batalla de Barcelona, pues esos estudiantes católicos ya estaban disgustados antes de que el nuevo catedrático pudiera pronunciar siquiera su primera lección.] «Otro de nuestros grandes pensadores, don Manuel Sanz y Benito, autor, entre otras obras, de Determinismo y Libertad y La ciencia espírita, heredó también ser blanco de las iras y persecuciones del clericalismo imperante en la Universidad de Barcelona, donde llegó hasta conseguirse establecer por duplicado la clase que desempeñaba Sanz y Benito para hacer el vacío en torno suyo; a cuya situación puso fin el traslado de nuestro amigo a la Universidad Central. Y también como Sanz del Río y como González Soriano desencarnó sin sentir la más leve necesidad de los auxilios espirituales de religión alguna y disponiendo ser inhumado en el cementerio libre.» (Federación Espirita Española, V Congreso Espiritista Internacional. Libro Resumen, Barcelona 1 al 10 de septiembre de 1934, Barcelona 1934, Tercera parte: El espiritismo español, página 346.) |
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