Ángel César Pinto Albiol
 
1882-1952

Ángel César Pinto Albiol 1882-1952 Periodista, activista y teórico marxista leninista cubano, nacido en Matanzas el 1º de marzo de 1882, que al publicar El pensamiento filosófico de José Martí y la revolución cubana (La Habana 1946) se ganó la enemistad de algunos influyentes «marti-marxistas», pues argumentaba allí que el «apóstol» debía ser alineado en todo caso más cerca del krausismo que del marxismo. Pinto Albiol, en la introducción a esa obra, ya imaginaba que su trabajo «será estimado como una profanación». Profanación que, en efecto, trajo consigo que obra y autor fueran prácticamente marginados entonces, y también tras el triunfo de la revolución de 1959. Al final de esa introducción escribía Pinto Albiol: «Pero ¿pensarán lo mismo las generaciones que habrán de sucedernos en el tiempo, aquellas que habrán de enjuiciar en el futuro nuestra labor? Seguramente, no. Y puesto que en ellas tengo más fe que en la presente, a su fallo me someto tranquilo, confiado en mi completa absolución.» Esas generaciones disponen desde julio de 2009 de la edición facsimilar de ese libro, hasta ahora prácticamente ilocalizable, en el Proyecto Filosofía en español. Quizá se asista a partir de 2009 a una reivindicación de este filósofo marxista, negro y cubano, que escribió en español.

En 1923 presidía la Sociedad La Unión, de Matanzas (del artículo que publicó entonces en el Magazine de La Lucha, en el que aparece fotografiada la directiva de esa sociedad, extraemos la foto que suponemos, a falta de confirmación ulterior, debe corresponder con el presidente, que contaba entonces cuarenta años). En los años treinta publica varios artículos relacionados con la situación de los negros en Cuba y la música cubana (en Estudios Afrocubanos). Vocal de la Asociación Nacional contra las Discriminaciones Racistas (impulsada en 1937 por Fernando Ortiz), el 31 de mayo de 1941 asiste como delegado de esa organización a la asamblea pública celebrada en el Salón Juárez de la Gran logia de la isla de Cuba, para suscribir la campaña «Por la escuela cubana en Cuba libre». Ese mismo año de 1941 censura en un folleto (en el que polemiza con Mariblanca Sabás Alomá) a las feministas cubanas blancas que en su III Congreso Nacional de Mujeres (1939) ignoraron a las mujeres cubanas negras.

Su independencia de criterio le llevó a discrepar contundentemente de la operación ideológica iniciada por algunos marxistas cubanos que procuraban ir acercando a José Martí a una supuesta tradición dialéctica simil marxista. Pinto Albiol prefiere, con buen criterio, situar a Martí no en la tradición marxista sino en el entorno krausista («Yo ni afirmo ni niego el krausismo de Martí, y hasta lo creo posible. Krause era idealista y religioso; también lo fue Martí. Además, el krausismo tuvo una gran influencia entre los intelectuales españoles de tendencias liberales de mediados del siglo pasado. En este ambiente vivió Martí muchos de los años de su primer juventud. Pero entre Emerson, Henry George, Krause y Martí existe, fundamentalmente, una afinidad ideológica que los une, por aquello de que 'aves de un mismo color, todas vuelan a favor'; todos ellos eran aunque de distintos matices, idealistas. [...] Carlos Marx, en cambio, representaba una tendencia diametralmente opuesta.» 1946:32).

Ángel César Pinto Albiol ha sido sorprendente y sistemáticamente marginado de la bibliografía histórico filosófica cubana, e incluso de la literaria, del último medio siglo, a pesar de haber publicado un libro titulado El pensamiento filosófico de José Martí y la revolución cubana (La Habana 1946), en el que argumenta filosóficamente y desde categorías marxistas contra las posiciones que iban siendo adoptadas, respecto de José Martí, por Juan Marinello Vidaurreta (1898-1977), José Antonio Portuondo (1911-1996) y Julio Le Riverend Brusone (1912-1998). Así, por ejemplo, su nombre ha sido descartado del voluminoso Diccionario de la Literatura Cubana publicado por la Editorial Letras Cubanas (La Habana 1984, 2 tomos); y tampoco es siquiera mencionado en El pensamiento filosófico en Cuba en el siglo XX: 1900-1960, firmado por los profesores Pablo Guadarrama González y Miguel Rojas Gómez (Editorial Félix Varela, La Habana 1998, 362 páginas). Si los autores marxistas martianos cubanos ignoran a Pinto Albiol, es natural que tampoco sea mencionado, por ejemplo, por el capitalista Humberto Piñera Llera, en su Panorama de la filosofía cubana (OEA, Washington 1960).

Aunque las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba, en la Historia de Cuba preparada por la Sección de Historia de su Dirección Política (publicada por la editorial Pueblo y Educación, La Habana 1970), sí que dedican una breve pero significativa entrada a Pinto Albiol, en la que, aunque no se menciona su libro sobre El pensamiento filosófico de José Martí (La Habana 1946), se informa que dejó casi terminado otro libro titulado Influencia de la Esclavitud en la Filosofía en Cuba (que hay que suponer se conservará en algún sitio, y que es posible sea exhumado por alguien en algún momento):

«Pinto Albiol, Ángel César (1882-1952). Escritor y periodista cubano. Nacido en Matanzas el 1º de marzo de 1882. Autodidacta. Trabajó como albañil. Siempre se preocupó por los problemas del negro, combatiendo a aquellos que atacaran a los mismos. Desarrolló sus actividades en distintas organizaciones como la Asociación Adelante, la Asociación Nacional contra la Discriminación Racial, el Club Atenas, el Frente Nacional Antifascista, &c. Fue miembro del Partido Unión Revolucionaria y luego militante del P.S.P. Al morir estaba terminando un libro que titularía Influencia de la Esclavitud en la Filosofía en Cuba, al cual le faltaba un capítulo. El grueso de su obra se encuentra en periódicos, revistas y folletos. Murió en La Habana el 5 de julio de 1952.» (FAR, Historia de Cuba, Pueblo y Educación, La Habana 1970, pág. 428.)

Sirvan los siguientes párrafos dirigidos a Le Riverend como estímulo para la lectura directa del libro de Ángel César Pinto Albiol, El pensamiento filosófico de José Martí (La Habana 1946, disponible desde julio de 2009 en facsímil en el Proyecto Filosofía en español), y para que pueda advertirse el alcance de la damnatio memoriae que el sectarismo ignorante, quizá además tiznado de racismo, decretó de hecho contra este autor durante más de medio siglo:

«Aparte de que este término símil-marxista –o al menos su contenido– tiene un valor bien definido en la literatura filosófica marxista, al extremo que Lenin le dedica una de sus mejores obras, Materialismo y Empiriocriticismo, todo el símil-marxismo de Martí se reduce, según usted, al hecho de haber 'tomado de Marx la precisa distinción entre los caracteres de la revolución proletaria y la revolución democrático-burguesa nacional, posible, necesaria en Cuba, sin olvidar la fuerza creciente y el aporte indispensable del proletariado'.
Esta última afirmación de usted es, en mi opinión, falsa. Decir que Martí tomó conscientemente de la dialéctica de Marx la precisa distinción entre los caracteres de la revolución proletaria y de los de la revolución democrático-burguesa nacional, única posible en Cuba, sin olvidar la fuerza creciente y el aporte indispensable del proletariado, es atribuirle a Martí una conciencia dialéctica materialista que no tuvo ni podía tener dada su mentalidad idealista, y un deliberado propósito de darle un sentido de provisionalidad a la revolución que él organizó y dirigió, cosa ésta que usted mismo niega cuando dice que 'él pretendió darle a su revolución un carácter definitivo'.
Martí fue, fundamentalmente, anti-comunista, y ser anticomunista es, sencillamente, ser anti-proletario. Cuantas veces pudo y lo creyó conveniente y necesario para sus fines políticos, arremetió contra el proletariado. Individualista nato, él cree que...» (1946:24-25.)

«En mi carta a Marinello yo afirmo –y lo ratifico ahora– que Martí, tanto por su formación mental, (esto es lo primero), como por la clase social a la que pertenecía, fue un pequeño burgués; afirmo que filosóficamente considerada, toda su obra está impregnada de un eclecticismo oportunista, que lo conduce a las más estrepitosas contradicciones; que llora con los pobres, pero no quiere que se acaben los pobres; que ama hasta el delirio al hermano negro, pero no quiere suprimir la causa material que lo mantiene en un plano de inferioridad social; que quiere una República con todos y para el bien de todos, pero no quiere suprimir las clases sociales; que no sólo no quiere suprimirlas, sino que arremete contra los que lo intentan. Le probaré a usted a lo largo de esta carta la exactitud de mi juicio; y puesto que en ella voy a referirme al eclecticismo de Martí, permítame decir algo sobre esta forma de pensamiento, a guisa de introducción.
Edgardo Quinet observa que en la lucha por la vida, el hombre malo tiene una gran ventaja sobre el bueno, porque éste no tiene más que una personalidad, en tanto que el malo es dualista; es decir, que el malo es al mismo tiempo malo y lo opuesto: el malo es, pues, oportunista; esto es, malo cuando le conviene, y, cuando le conviene, bueno. Si trasponemos esto ahora al campo de la filosofía, usted convendrá conmigo que esta es la cómoda posición de los eclécticos. Luego el eclecticismo tiene un sentido oportunista, y ya sabemos a dónde conduce esto en política (7. E. Quinet, El espíritu nuevo, páginas 42-44.).
Por otra parte, dice Engels en el Anti-Dühring, y lo ratifica Lenin en su Materialismo y Empriocriticismo, 'que poco importa que un hombre adopte ésta o aquélla de las innumerables escuelas del materialismo o del idealismo. Lo que importa es saber lo que él tiene por primordial: si la naturaleza, el mundo, la materia, o el espíritu, la razón o la conciencia'. Para los eclécticos, ambos tienen duras palabras de condenación. Lenin, refutando a Mach, le llama 'pisto ecléctico de bribones' (Materialismo y Empiriocriticismo, pág. 66).» (1946:27.)

«Cito este párrafo de la obra de Lenin, porque me parece que a nosotros nos ocurre con Martí en particular, y de un modo más general con todos los procesos revolucionarios cubanos, lo que les acontecía a los teóricos social-demócratas rusos en el caso de Tchernof, y la 'nueva filosofía' de Mach: que sabemos menos de ellas de lo que estamos obligados a saber. Este martianismo nuestro lleva, aún a espíritu tan agudo y sagaz como el de usted, a torcer, como ocurre en este caso mío, para salvar a su héroe, las ideas expuestas por mí, atribuyéndoles un sentido que no tienen, y a responder con un sofisma a lo que demanda de usted una concreta explicación.
En primer lugar, usted no destruye la acusación de Lafargue lanzada contra el eclecticismo, diciendo que Lafargue era un 'fraseólogo pequeño burgués'. Aquí no se trata de saber si Lafargue era o no era un pequeño burgués, sino sencillamente de saber cuál es el valor del eclecticismo filosófico como teoría del conocimiento; de determinar su validez y su significación gnoseológicas. En este caso, el deber de usted se reducía escuetamente a decir que sí o que no es 'fango', y en este último caso, probarlo. Es completamente absurdo pensar que yo, si acudo al término 'fango' utilizado por Lafargue para señalar la 'inconsistencia' y la nulidad del eclecticismo como concepción filosófica y su sentido oportunista, tenga la intención o sea llevado forzosamente a decir 'que la filosofía de Martí es fango lanzada a la faz de la clase obrera'.» (1946:39-40.)

Algunas menciones sobre Ángel César Pinto Albiol

«Asociación Nacional contra las Discriminaciones Racistas. Legalmente constituida en el año 1937, en esta ciudad, tiene por fines, según sus Estatutos: 'Trabajar para que desaparezcan los prejuicios de carácter racista en cualquiera de sus manifestaciones, fomentando la convivencia entre los elementos que integran la población cubana con un sentido igualitario.
Es, además, un deber público el de tratar de impedir que una renovada corriente de racismos, promovida por insanas gestiones extranjeras, venga a traernos a Cuba una causa de perturbación y daños para los cubanos y los que en esta sociedad conviven con nosotros.
Los prejuicios racistas son principalmente una consecuencia del sistema económico-social que divide las comunidades humanas en porciones desigualmente dotadas, favorecidas las unas por toda suerte de privilegios y aquejadas las otras por las peores limitaciones.
Así acontece en Cuba como en todo país formado, como el nuestro, por aportes humanos de diferentes orígenes, y cuando se encuentra abatido por el malestar agudo de una difícil subsistencia. Entonces surgen los prejuicios racistas, se echa injustamente sobre un dado elemento de la población la culpa de la dolorosa crisis que se atraviesa, se formulan contra él las acusaciones más absurdas y se excitan las pasiones, arrastrándola a odios, vejámenes, atropellos y persecuciones de la más repulsiva crueldad. [...] instituciones en beneficio exclusivo de esa minoría desaforada que sólo por la fuerza y el terror espera asegurar sus particulares provechos.'
La Junta Directiva se compone de los siguientes miembros: Presidente: Fernando Ortiz; Vices: Salvador García Agüero, Emilio Roig de Leuchsenring, Miguel A. Céspedes y Ramón Granados; Secretario general: Felipe Azcui; Vice: Orlando Mitjans; Secretario de actas: T. Maza Cobián; Vice: Enrique Andreu; Secretario de correspondencia: Tomás Borroto Moraá; Vice: Pedro Oliva; Secretario de Propaganda: José L. Franco; Vice: Luis Ortiz; Tesorero: Benigno Ibáñez; Vice: Gustavo E. Urrutia; Contador: Francisco A. Pérez; Vocales: Alberto Giraudy; Pastor Albear; Lino Dou; Zoila Gálvez; Carlos R. Rodríguez; Angel C. Pinto Albiol; Elma Taylos y Nilo Zuaznábar.» (Esteban Roldán Oliarte, Cuba en la mano: Enciclopedia popular ilustrada, Imprenta Ucar, García y cía, La Habana 1940, pág. 1060.)

«Asociación Nacional Contra las Discriminaciones Raciales. Felipe Azcuy Miranda, Sec. Gral.; Angel C. Pinto, Orlando Mitjans, Miguel Gómez y F. Azcuy, Delegados.» (Por la escuela cubana en Cuba libre. Trabajos, acuerdos y adhesiones de una campaña cívica y cultural, ['Asamblea pública celebrada en el Salón Juárez de la Gran logia de la isla de Cuba, el 31 de mayo de 1941, convocada por Emilio Roig de Leuchsenring', pág. 5] La Habana 1941, pág. 181.)

«No es nuestro propósito en este trabajo, lo reiteramos, ahondar minuciosamente en las raíces psicológicas e históricas que determinan las discrepancias en el enjuiciamiento de las comparsas. Este es un empeño que requiere alientos que no poseemos. Además, de ello se ha ocupado en un enjundioso ensayo de valoración intitulado «La música cubana: su valor de símbolo y su sentido humano», el escritor Ángel C. Pinto, al cual remitimos al lector que tenga el ánimo de abordar el tema con propósitos exhaustivos.» (José Manuel Sáenz, «Las comparsas. Su trayectoria histórica», publicado en la revista Nuevos Rumbos, año II, nº 3, marzo-abril 1947; reeditado en Actas de Folklore, nº 4, La Habana, abril 1961; impresas de nuevo por la Fundación Fernando Ortiz, La Habana 2005, pág. 132, disponible en http://www.hispanocubano.org/tnc/af04.htm)

«El castigo sangriento dispuesto por O'Donnell se concibió y se aplicó con una estudiada finalidad de escarmiento. A los cabecillas de la Conspiración, que Angel C. Pinto apoyándose en testimonios del General Concha y de Francisco Jiménez considera que nunca existió (28. Pinto, Angel C., El Pensamiento filosófico de José Martí y la revolución cubana, La Habana 1946), se les ajustició frente a las dotaciones a que pertenecían.» (Raúl Cepero Bonilla, Azucar y abolición (apuntes para una historia crítica del abolicionismo), Editorial Cenit, La Habana 1948, pág. 69; también en Obras históricas, Instituto de Historia, La Habana 1963, pág. 87.)

«Pinto Albiol, Ángel César. El pensamiento filosófico de José Martí, y la revolución cubana; y otros ensayos, La Habana, Editorial 'Jaidy', 1946, 176 p.» (Manuel Pedro González, Fuentes para el estudio de José Martí: Ensayo de bibliografía clasificada, Dirección de Cultura, Ministerio de Educación, La Habana 1950, pág. 385.)

«'El pensamiento filosófico de José Martí, y la revolución cubana; y otros ensayos...' (En Trimestre; revista cubana. La Habana, enero/marzo, 1947, v. i, nº 1, p. 125-126) [4850] Comentario al libro: El pensamiento filosófico de José Martí... por Ángel César Pinto Albiol.» (pág. 342) «Pinto Albiol, Ángel César. Dos fechas históricas. (En Adelante. Mayo, 1937) [7763] —El pensamiento filosófico de José Martí, y la revolución cubana; y otros ensayos. La Habana [Editorial 'Jaidy'] 1946, 2 h., [7]-176 p., 2 h. 25.5 cm. [7764]» (pág. 502) «Pinto Albiol, Ángel César (1884-), 4850, 7763-7764» (Fermín Peraza Sarausa, Bibliografía martiana, 1853-1955, Anuario Bibliográfico Cubano, La Habana 1956, págs. 342, 502 y 701.)

«Numerosos historiadores e investigadores, desde puntos de vista a veces diametralmente opuestos, se han ocupado entre nosotros del abolicionismo y los aspectos históricos de este dramático acontecimiento: Ramiro Guerra, Leonardo Griñán Peralta, Fernando Portuondo, Raúl Cepero Bonilla, Francisco González del Valle, Adrián del Valle, Vidal Morales, Angel C. Pinto, José Antonio Fernández de Castro, Julio Le Riverend, cubanos que en continuados esfuerzos intentaron restablecer la verdad histórica, con mayor o menos acierto.» (Boletín del Instituto de Historia y del Archivo Nacional, Academia de Ciencias de Cuba, 1963, pág. 54.)

«Pinto Albiol, Ángel César (1882-1952). Escritor y periodista cubano. Nacido en Matanzas el 1º de marzo de 1882. Autodidacta. Trabajó como albañil. Siempre se preocupó por los problemas del negro, combatiendo a aquellos que atacaran a los mismos. Desarrolló sus actividades en distintas organizaciones como la Asociación Adelante, la Asociación Nacional contra la Discriminación Racial, el Club Atenas, el Frente Nacional Antifascista, &c. Fue miembro del Partido Unión Revolucionaria y luego militante del P.S.P. Al morir estaba terminando un libro que titularía Influencia de la Esclavitud en la Filosofía en Cuba, al cual le faltaba un capítulo. El grueso de su obra se encuentra en periódicos, revistas y folletos. Murió en La Habana el 5 de julio de 1952.» (Fuerzas Armadas Revolucionarias, Historia de Cuba, Pueblo y Educación, La Habana 1970, pág. 428.)

«666 Pinto, Ángel C. Lo que debe guiar al negro. Carta a Gustavo Urrutia. 2(26):10 jul 27'37. 667 —. Sobre el problema racial. 2(31):20 ago 31'37.» (Máximo Pérez, Indice de Mediodía, 1936-1939, Orbe, La Habana 1979.)

«...en Magazine de Hoy, publicó parte de esa disertación bajo el título de «Martí y la dialéctica». El señor Angel C. Pinto Albiol no está de acuerdo con los conceptos allí vertidos y se establece una polémica al respecto.» (Israel Echevarría & Azucena López Beltrán, Bibliografía del Dr. Julio J. Le Riverend Brusone y noticia biográfica (homenaje en su 75 aniversario), Ministerio de Cultura, Biblioteca Nacional José Martí, La Habana 1987, pág. 165.)

«Pinto, Ángel C.: «El ABC y el negro», en Hoy, La Habana, 1º de mayo de 1939. —: «De los guachinangos grandes», en Somos, noviembre de 1944. —: «El Dr. Mañach y la cultura», en Nuevos Rumbos, La Habana, abril-mayo de 1946, año 1, nº 5. —: El negro, la Constituyente y la Constitución, Democracia, La Habana 1939 (Conferencia pronunciada en la Sociedad Adelante).» (Tomás Fernández Robaina, El negro en Cuba 1900-1958. Apuntes para la historia de la lucha contra la discriminación racial, Editorial Ciencias Sociales, La Habana 1990, págs. 220-221.)

«Tomás [Fernández Robaina] analiza la obra de Gustavo Urrutia desde su columna dominical en el Diario de la Marina, «Los ideales de una raza». Aparecen pensadores, intelectuales y políticos como Vasconcelos, Lino D'ou, Angel Pinto, Armando Pla, Juan René Betancourt y tantos otros nunca mentados –no sé por qué– cuando se trata el pensamiento cubano.» (Enrique Patterson, «El negro en Cuba, ¿compañero de viaje?», El Nuevo Herald, Miami; sobre el libro de Tomás Fernández Robaina, El negro en Cuba 1900-1958. Apuntes para la historia de la lucha contra la discriminación racial, Editorial Ciencias Sociales, La Habana 1990.)

«This is demonstrated in the acrimonious polemic between the radical white feminist Mariblanca Sabás Alomá and the mulatto socialist Angel César Pinto Albiol regarding the participation of black women in the Third National Women's Congress (14. Reel 2 of the Stoner Collection. I surmise, perhaps incorrectly, from the import of Pinto Albiol's remarks that he is mulatto and of socialist persuasion). This extraordinary document (published by Pinto Albiol) consists of an article, 'Black Women in the Women's Congress', published in the Pueblo newspaper by Sabás Alomá in April 1939; Pinto Albiol's response; her reply; and his second response, which was rejected by Pueblo and published in Hoy instead. The gist of the debate is this: Pinto Albiol believes that Sabás Alomá is racist and has no right to speak on behalf of black women or blacks; Sabás Alomá believes that, as a woman, she has every right to express her feelings of solidarity with black women. Pinto Albiol takes Sabás Alomá to task on what may appear to be minor issuer, such as her use of the term 'mestizo' instead of 'mulatto' and the fact that she states white women have no specific feminist demands when she should have written that white women have no specific feminist in so far as they are white. However, Sabás Alomá does seem to be of the opinion (although she rejects this interpretation in her response) that miscegenation is bad and that the mulatto population is somehow an impoverished version of the 'pure' black race. She strongly criticizes Cuban society which condones sexual relations between white men and black women, but not sexual relations between white women and black men which were taboo. She is critical of white men who thus enjoy sexual relations with both white and black women, but are not so keen to legitimize their relationships or their children with the latter, and black women for preferring relationships with white men. She insists that black women are victims of racist whites and racist (by which she means masculinist, selfish, uncaring) black men, and laments the fact that the 'pure' black race is therefore weakened ('empobrecimiento') by the white man. Albiol, not unjustifiably, believes she is implicitly condoning evolutionist, racist theories. More importantly, he disputes her clearly uninformed statement that Cuba has always consisted of a majority of 'pure' whites and a minority of 'pure' blacks who lived together in peace. Cuba, he argues, quoting figures from the 1822 and 1882 population censues, is not only perceived by foreigners as a mulatto society but in the nineteenth century the black population far outnumbered the so-called whites ('from Andalusia'). Moreover, the two populations hardly lived together happily: the blacks were the violently oppressed slaves of the whites. The history of Cuba, he states, is one of a majority of black slaves working for a minority of white slaves-owners. He is also furious at Sabás Alomá's remarks about black women preferring white men to black men on the supposition that the former are racially superior. What about all the black and mulatto marriages, he asks? Sabás Alomá does not reply. Black women themselves, of course, are not given a voice in this debate which confirms their double marginalization. But the fact that even an informed, radical feminist such as Sabás Alomá should endorse, albeit unwittingly, a racist, classist ideology in this way indicates how far attitudes would have to change in Cuba if discrimination were ever to be attenuated.» (Catherine Davies, A Place in the Sun? Women Writers in Twentieth-Century Cuba, Zed Books, Londres 1997, págs. 26-27.)

«Durante los años 1920-1930 un grupo de investigadores comienza a publicar una serie de invalorables trabajos sobre las distintas etnias africanas llegadas a nuestras playas. Se destacaron José Luciano Franco, Angel Pinto, Rómulo Lachatañeré y sobre todo Fernando Ortiz.» (Virtudes Feliú Herrera, Fiestas populares tradicionales de Cuba [1999], Instituto Andino de Artes Populares, pág. 11.)

«1053. — [Sabas Alomá, Mariblanca]. 'Negras en el Congreso de Mujeres. ¿Por qué se publica este folleto?', Havana: Angel César Pinto Albiol. 1941. Pp. 35-36. After observing the Third National Women's Congress (1939) the author criticizes the Cuban feminist for having essentially no black female delegates. She points out that were black women's groups whose members were capable of representing their perspectives.» (K. Lynn Stoner & Luis Hipólito Serrano Pérez, Cuban and Cuban-American Women: An Annotated Bibliography, Rowman & Littlefied 2000, pág. 97.)

«Mañach. 'El problema negro,' 129-32; A. Indalecio Cosío, 'La opinión de un imparcial,' La Prensa, august 26, 1915; René Lufríu, 'Personalidad,' Aurora, April 30, 1914. Mañach maintained these views during his prolific intellectual life. See his 'Avispas por la ventana,' Bohemia, March 17, 1949, 55, 96, and the critique of black author Angel C. Pinto, El Dr. Mañach...» (Alejandro de la Fuente, A Nation for All: Race, Inequality, and Politics in Twentieth-century Cuba, University of North Carolina Press, 2001, pág. 345.)

«Nada de problemas «complejamente culturales» o «estéticos», como afirmaba Mañach. «Cuba es, quiéranlo o no los ilusos y los teorizantes de la cubanía, una democracia racista donde el prejuicio racial está presente y se refleja en todas las manifestaciones de la vida social y, naturalmente, en sus instituciones políticas y jurídicas». Así describía el racismo el escritor negro Ángel Pinto, uno de los críticos más severos de Mañach. Desde luego que, así entendido, el problema no podía ser resuelto por medios delicados, ni dependía del «mejoramiento cultural» de los negros. Implicaba necesariamente la acción social y política para lograr, mediante la intervención estatal, el castigo de los discriminadores y, quizás, el establecimiento de políticas destinadas específicamente a mejorar la situación económica y social de la población afrocubana.» (Alejandro de la Fuente, «La 'raza' y los silencios de la cubanidad», Encuentro de la Cultura Cubana, nº 20, Madrid, primavera de 2001, pág. 113.)

«Las posiciones ideológicas fundamentales del ABC están resumidas en El ABC al pueblo de Cuba: manifiesto-programa, La Habana, noviembre de 1932. Las posiciones racistas de Mañach pueden ser seguidas a través de sus polémicas con el intelectual negro Angel Pinto. Para una introducción a esos debates, véase Tomás Fernández Robaina, El negro en Cuba 1902-1958. Apuntes para la historia de la lucha contra la discriminación racial, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1990, pp. 154-61. La acusación de que el ABC estaba detrás de la fundación del KKK en Cuba aparece en Enrique Lumen, La revolución cubana, 1902-1934...» (Rafael Hernández Rodríguez & al., Culturas encontradas: Cuba y los Estados Unidos, Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello, La Habana 2001, pág. 258.)

«En este sentido, resulta especialmente atractivo el pasaje donde Duanel Díaz retoma los debates sobre la cuestión racial con Gustavo E. Urrutia en el Diario de la Marina y, sobre todo, la refutación pública que le hiciera a Mañach el intelectual negro Ángel César Pinto Albiol a mediados de los 40. No creo, sin embargo, como afirma Díaz, que hubiera en Mañach o en Ortiz la defensa de un proyecto cultural o nacional de síntesis mestiza o hibridación étnica, semejante a la 'Cuba mulata' del español Araquistain o a la 'raza cósmica' del mexicano Vasconcelos. [...] Como describe Alejandro de la Fuente, en su libro Una nación para todos. Raza, desigualdad y política en Cuba. 1900-2000 (Madrid, Colibrí, 2002), la crítica de Ángel Pinto a Mañach se inserta en la discursividad negra que se produce en las dos últimas décadas prerrevolucionarias, cuyo máximo representante acaso haya sido Juan René Betancourt, y que cuestionaba el pacto republicano desde una defensa de la sociabilidad racial.» (Rafael Rojas, «El Mañach de Duanel Díaz», Encuentro de la Cultura Cubana, nº 32, Madrid, primavera de 2004, pág. 290.)

«Lively debates and stubborn disagreements filled the pages of Adelante. The convocation of a collective consciousness did not seem to stifle ideological heterogeneity. Prominent intellectuals, both white and of color, contributed regularly. They included Gustavo Urrutia, Alberto Arredondo, Emilio Roig de Leuchsenring, José Luciano Franco, and Angel Pinto along with Marinello, García Agüero, and Lachatañeré. Debates arose over the relationships of blacks to political parties, over the question of separatism versus integration, and over the extent to which racial characteristics were shaped by biological or cultural factors.» «Yet these critics dis not speak with a unified voice. Even those who defended the comparsas (an even, cautiously, the congas) resisted characterizing them in terms of an inert past, choosing instead to see them as reflections of the persent. Black activist Angel Pinto charged critics like Arredondo with holding overly negative views. To denigrate the art form was to blame the victim, he argued, since blacks remained tied to these cultural forms because of economic disadvantage and lack of education. Reproaches by insensitive intellectuals would not help matters: 'Blacks wil continue to play their music and dance the conga, despite Mendieta's wishes or those of the Sociedad de Estudios Afrocubanos, and despite 'our intelligentsia', wich continues vomiting, with unsurpassed insensitivity, their bitter and virulent reproaches of our brothers, who as victims of the oppression that weighs on them and that causes their ignorance, have remained in their primitive state.' (28. Angel Pinto, 'Una aclaración', Adelante, junio 1937).» (Alejandra Bronfman, Measures of Equality. Social Science, Citizenship, and Race in Cuba, 1902-1940, The University of North Carolina Press, 2004, págs. 168 y 171.)

«En nuestra sociedad, desde la colonia hasta el presente, han sido numerosos los debates sobre dichos aspectos. Recuérdese selectivamente: • La polémica entre Ramón de La Sagra (1798-1871) y José Antonio Saco (1797-1879) en torno a la poesía de José María Heredia y Heredia (1803-1839). • Los criterios divergentes entre Juan Gualberto Gómez (1854-1933) y Martín Morúa Delgado (1856-1910). • Los escritos de José Martí (1853-1895) y del propio Juan Gualberto Gómez combatiendo la idea del miedo al negro desplegada por los enemigos de la independencia, que alegaban que Cuba sería una nueva Haití. • Las opiniones vertidas acerca de la poesía afrocubana o negrista en la década de los treinta y los criterios acerca de la conveniencia o no de la aparición de las comparsas tradicionales de esos años. • Los debates sobre la problemática racial sostenidos entre Gustavo E. Urrutia (1881-1958) y Jorge Mañach (1897-1969). • Los debates sobre la problemática racial sostenidos entre Jorge Mañach y Ángel César Pinto, y entre César Pinto y Alberto Arredondo (1911-1968). Así como lo que se discutió en torno a la conmemoración de los cincuenta años de la República y del centenario de José Martí (1853-1895), criticado verticalmente por los miembros de la Sociedad Nuestro Tiempo, son algunos de los muchos debates que podrían nombrarse.« (Tomás Fernández Robaina, «Hablemos de crítica y de debate», Cuban Studies, nº 37, University of Pittsburgh Press, 2006, págs. 178-179.)

«Fernando Ortiz (1941), considera que fue un filósofo sin filosofía; Le Riverend (1942), en réplica a los criterios de Pinto Albiol sostiene que Martí fue un pequeño burgués, pero de ahí a tildar su filosofía de pequeño-burguesa hay un trecho bien grande. Nunca intentó escapar de la realidad circundante de las exigencias de su tiempo, por lo que su obra es militante y revolucionaria; y para Béguez César (1944), el hecho de que Martí conociera la doctrina krausista no significó su adhesión a ella, sino que lo hizo por la necesidad de impregnarse de una concepción del mundo que le permitiera combatir a España y lograr la independencia; mientras que para Pinto Albiol (1946), fue un idealista, racionalista, subjetivista, antiproletario, incapaz de hacer una revolución de verdadero contenido popular; y para Menocal (1946), en su filosofía está presente un extremo subjetivismo, espiritualismo y religiosidad.» (Elena Rivas Toll [Departamento de Filosofía, Facultad de Ciencias Médicas de Holguín], «Reflexiones en torno a la filosofía de José Martí en el contexto de la filosofía latinoamericana», A Parte Rei, nº 49, enero 2007.)

«De ahí que intelectuales negros como Ángel César Pinto Albiol y Armando Guerra criticaran abiertamente esta hermenéutica del sujeto nacional. El primero lo hizo en su ensayo El doctor Mañach y el problema negro (1949), que ha sido comentado ampliamente por Duanel Díaz en la última parte de su libro Mañach o la República (2003).» (Rafael Rojas, «Motivos de Anteo. Patria y nación en la historia intelectual de Cuba», enero 2008, www.penultimosdias.com)

[Necrológica de Walterio Carbonell 1920-2008] «Carbonell y Martí. En Cómo surgió la cultura nacional [La Habana 1961, un ensayo de reinterpretación marxista sobre el papel de los esclavos negros en la historia y la sociedad cubanas; reeditado en 2006] no se menciona ni una sola vez el nombre de José Martí. No está el constructor discursivo de la nación cubana ni el antirracista radical. Tampoco el historiador de la guerra de 1868 que instaló la relevancia del negro como mayoría en la contienda. Le pregunté al respecto y la respuesta resultó sorprendente. "Martí fue un pequeño burgués", y como soporte, señaló que Ángel César Pinto –intelectual negro cubano– había analizado al poeta, en un libro publicado en 1946, desde de una visión marxista. En el texto aludido, Pinto concluye que Martí no era otra cosa que anticomunista y antiproletario. Quizá el hombre escindido que fue Carbonell –ahora sí en su sentido postmoderno– habría que buscarlo en las relegaciones de que fue objeto y en castigos injustos que no lograron sacarlo de su pensamiento marxista, lo cual, sin empacho, me confesó. Al mismo tiempo, le escuché criticar –y burlarse– de connotados personajes del proceso. Precisamente por reclamar contra el "manualismo soviético" instaurado en la Isla, fue cesado como profesor de la especialidad. Pero además de resistir relegaciones y castigos, resistió contra la humillación. Tiempo después de salir de la granja, solicitó trabajo en la Biblioteca Nacional. Cuenta Fernández Robaina que el historiador y "Dr. Julio Le Riverend le concedió un puesto de auxiliar de bibliotecas, en los almacenes, ofrecimiento que Walterio rechazó". Fue Armando Hart, entonces ministro de Cultura, quien en poco tiempo le facilitó acceso a una plaza como el investigador que era. Si la estrategia cultural de la revolución cubana no hubiera sumido a Carbonell en el ostracismo y el silencio, hoy tuviéramos una idea más certera de su biografía y su pensamiento, y no casi únicamente el libro que tuvo que costearse él mismo en 1961.» (Miguel Cabrera Peña, «La locura de Walterio», cubaencuentro.com, Santiago de Chile, 28 abril 2008.)

«Albiol, Marinello y Le Riverend. No todos, sin embargo, en la República eran de la misma opinión. Ni siquiera entre los mismos marxistas había unanimidad cuando se trataba del Maestro. Este es el caso (extrañamente ausente de todas las bibliografías martianas) del intelectual negro Ángel Pinto Albiol, quien pensaba que el proyecto revolucionario de Martí respondía a los intereses de la clase pequeño-burguesa y no le interesaban realmente ni los pobres ni los negros. En su controversia con Julio Le Riverend y Juan Marinello, este último contestaba: "creo que es usted, una vez más, injusto con Martí". "En estos días he releído el magnífico libro de Stalin sobre las nacionalidades. Como buen marxista reconoce cuánto hay de injusta imposición en el nacimiento de la nación, pero, por un desarrollo de siglos, la nación –la patria, diríamos, porque aquí la identificación es legítima– crea vínculos comunes, sagrados, positivos, buenos a la masa mayoritaria que hay que defender".» (Jorge Camacho, «’Snap’ o la reacción de los lectores», 6 junio 2008, http://www.cubaencuentro.com)

«El libro de Bello, donde se defiende la tesis de un Martí marxista, es el que da pie justamente a un artículo del historiador cubano Julio Le Riverend y a la polémica que éste sostuvo con Ángel Cesar Pinto Albiol y el propio Marinello a propósito de las ideas marxistas o burguesas del cubano. Julio Le Riverend, resaltaba las características 'símil-marxistas' de Martí, mientras que el intelectual negro, Pinto Abiol, le criticaba que no fuera un defensor de los trabajadores ni le interesara realmente mejorar la vida de las clases bajas. Marinello, sin embargo, critica en esta polémica a Pinto Albiol, por hallar que era 'injusto' con Martí, y le sugiere que no había que mirar los motivos (pequeño-burgueses según Albiol) que resultaron en la revolución de 1895, sino los valores que se fundaron con ella. Esos valores comunes y 'sagrados' había que defenderlos.» (Jorge Camacho, «Un texto cautivo: 'José Martí y Lenin' de Juan Marinello», La Habana Elegante, nº 42-43, verano-otoño 2008, http://www.habanaelegante.com)

Bibliografía de Ángel César Pinto Albiol

1923 «Sociedad La Unión, de Matanzas. Antecedentes históricos», en el Magazine de La Lucha dedicado a Matanzas (texto fechado el 2 de Septiembre 1923).

1937 «Dos fechas históricas», en Adelante, mayo 1937.

1937 «Una aclaración», en Adelante, junio 1937.

1937 «Lo que debe guiar al negro. Carta a Gustavo Urrutia», en Mediodía, año 2, nº 26, 27 julio 1937, pág. 10.

1937 «Sobre el problema racial», en Mediodía, año 2, nº 31, 31 agosto 1937, pág. 20.

1939 El negro, la Constituyente y la Constitución, Democracia, La Habana 1939 (Conferencia pronunciada en la Sociedad Adelante).

1939 Un artículo y tres copias, La Habana 1939.

1939 «El ABC y el negro», Hoy, La Habana, 1º de mayo de 1939.

1939 «La música cubana: su valor de símbolo y su sentido humano», Estudios Afrocubanos, La Habana, nº 1, 2, 3 y 4, Sociedad de Estudios Afrocubanos, La Habana 1939.

1941 Negras en el Congreso de Mujeres. ¿Por qué se publica este folleto?, La Habana 1941. [Tras el III Congreso Nacional de Mujeres (1939) el autor critica a las feministas cubanas por no contar con delegadas negras.]

1944 «De los guachinangos grandes», Somos, La Habana, noviembre 1944.

1946 Ángel César Pinto Albiol, El pensamiento filosófico de José Martí y la revolución cubana, y otros ensayos, Editorial Jaidy, La Habana 1946, 179 págs. Pág. 5: «A la memoria de mis padres, y a mis hijos, quiero dedicar este libro, como expresión de mi cariñosa gratitud.»; págs. 7-8: «A manera de introducción.»; págs. 9-10: «Carta al Dr. Juan Marinello. La Habana, Mayo 22 de 1941.»; págs. 11-12: «Carta al Dr. José A. Portuondo. La Habana, Febrero 4 de 1942.»; pág. 13: «Carta al Dr. Juan Marinello. La Habana, Febrero 6 de 1942.»; págs. 14-22: «Réplica del Dr. Julio Le Riverend. Santiago de Cuba, Febrero 18 de 1942.»; págs. 23-64: «Contrarréplica al Dr. Julio Le Riverend. La Habana, Abril 6 de 1942.»; págs. 65-66: Dos cartas al autor, fechadas ambas el 14 abril 1942, una de Julio Le Riverend, desde Santiago de Cuba, la otra de Juan Marinello, desde La Habana; págs. 67-81: «La filosofía social de Juan Gualberto Gómez. Del Directorio Central de la Raza de Color a la Federación de Sociedades Negras.»; págs. 83-109: «Patriotismo proletario y patriotismo burgués» (en las págs. 108-109 una carta de Juan Marinello, fechada en La Habana, Mayo 22, 1942, sobre ese texto); págs. 111-133: «El negro en la economía y la política cubanas»; págs. 135-176: «La falsa Conspiración de la Escalera» (págs. 149-154: «Primera carta de don Francisco Jimeno al Sr. Vidal Morales. Matanzas 23 de Julio de 1882»; págs. 155-159: «Informe del Sr. Jimeno»; págs. 160-166: «Primera carta del Sr. Jimeno a D. Manuel Sanguily»; págs. 167-176: «Segunda carta del Sr. Jimeno a D. Manuel Sanguily»); pág. 177: «Indice.»; pág. 179, colofón: «Ha facilitado la publicación de este libro la cooperación del Senador Marcelino Garriga y Garay, y la no menos valiosa de los señores Miguel Sánchez y Gabriel Arango, editores de la revista Nuevos Rumbos.» [Nuestro ejemplar (adquirido en febrero de 2009 a un librero anticuario de la calle Donceles en ciudad de México) cuenta con esta dedicatoria autógrafa: «A Felipe Orlando, de su admirador y amigo. A. C. Pinto, Cuba 1950.» (El pintor Felipe Orlando nació en México en 1911 y falleció en España en 2001; desde los seis años vivió en Cuba, trasladándose en 1951 a México y en 1970 a España.)]

1946 «El Dr. Mañach y la cultura», Nuevos Rumbos, La Habana, abril-mayo de 1946, año 1, nº 5.

1949 El Dr. Mañach y el problema negro (réplica), Editorial Nuevos Rumbos, La Habana 1949, 59 págs.

1950 Introducción por Ángel C. Pinto a La brutalidad de los negros [1876] de Rafael María de Labra, Ayón impresor, La Habana 1950.

Textos de Ángel César Pinto Albiol en el Proyecto Filosofía en español

1923 «Sociedad La Unión, de Matanzas. Antecedentes históricos», en el Magazine de La Lucha dedicado a Matanzas (texto fechado el 2 de Septiembre 1923).

1946 El pensamiento filosófico de José Martí y la revolución cubana, La Habana 1946
· El pensamiento filosófico de José Martí
· La filosofía social de Juan Gualberto Gómez
· Patriotismo proletario y patriotismo burgués
· El negro en la economía y la política cubanas
· La falsa conspiración de la Escalera

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