El pensamiento filosófico de José Martí, La Habana 1946Ángel César Pinto Albiol

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Ángel César Pinto Albiol, El pensamiento filosófico de José Martí y la revolución cubana, La Habana 1946

Ángel César Pinto Albiol

El pensamiento filosófico de José Martí y la revolución cubana, y otros ensayos

La falsa conspiración de la Escalera
Editorial Jaidy, La Habana 1946, págs. 135-179.

«Es altamente perniciosa la Doctrina de que la Historia debe hallarse regida por la clemencia, privándola así de uno de sus principales atributos: el Supremo Tribunal de la Justicia. Tal doctrina, sustentada en estos últimos tiempos por varios notables políticos, ha sido acogida con simpatía por gentes irreflexivas; pero ella, para prevalecer, necesitaría reducir la Historia a simple repertorio de fechas y nombres, sin análisis críticos, sin preciaciones filosóficas, &c.» (Tesis de D. Fernando Iglesias Calderón, citada por Carlos R. Menéndez, en su artículo «La Marca de Fuego», Diario de Yucatán, Julio 14 de 1946).

Consideraciones sobre la falsa conspirción de La Escalera. Cuando Will Durant, hurgando en la Historia de la filosofía griega trata de encontrar el móvil de la conducta ríspida y levantisca de Aristóteles frente a Platón, encuentra que todo ello obedece «a lo mucho que Aristóteles le debe a su Maestro». Otro sagaz escritor contemporáneo partiendo de la idea de que la ingratitud es la tónica de la conducta humana, resume de este modo su pensamiento, evidentemente transido de un absurdo y amargo pesimismo: «Cuando hagas un favor, a lo más que debes aspirar, en trueque, es a que no se vengue de ti el prójimo que lo ha recibido».
En ningún otro caso como en el caso del negro cubano encuentra más cumplida confirmación, sin embargo, la tesis tan profundamente pesimista que hemos transcrito, porque en ningún otro caso como en el caso del negro cubano, la clase dominadora ha ejercitado y ejercita con más crueldad la «venganza» y la «ingratitud» contra la clase dominada, a quien le debe su riqueza, su ilustración y su poder. Y como en el caso de Aristóteles y Platón, siempre que profundizamos en la Historia de Cuba para buscar el origen de la actitud de ciertos cubanos frente a aquella parte de la población del país de piel más oscura, no podemos dejar de recordar la aguda observación de Will Durant a propósito de Aristóteles y Platón, para exclamar con él «que todo ello se debe a lo mucho que le deben estos cubanos de piel más blanca, a los cubanos de piel más obscura».
Por eso, la escrupulosa revisión de la Historia de Cuba con un criterio libre de todo prejuicio, que elimine de ella cuanto contiene de subjetivo y falso y, por consiguiente, que no se ajuste a la verdad, es una tarea que deben acometer ya aquellos de nosotros que por una innata predisposición para esta clase de estudios bien pueden realizar estos trabajos, de que estamos tan urgidos, con absoluta y plena responsabilidad.
Si la Historia refleja, de modo general, con manifiesta parcialidad el pensamiento de las clases dominadoras a cuyos servicios están conscientes o inconscientes los historiadores, en Cuba este fenómeno se revela con mayor notoriedad: por la diferencia étnica de los elementos que intervienen en la repoblación de la isla; por el tipo de relación económico social que es ablece y mantiene hasta fecha muy reciente en el país el conquistador español; por el miedo pavoroso que experimentaban aquellos que fungían de líderes y orientadores de la clase dominante cubana en la centuria pasada ante la marcada tendencia al aumento de la población negra; por los pocos años de existencia que contamos como pueblo, lo que unido a los vínculos de parentesco que aún liga a una parte de la sociedad cubana heredera de los privilegios, de las ideas, los prejuicios y a veces hasta de la riqueza de los que se enriquecieron con la esclavitud, régimen social de producción que por las contradicciones que les son propias constituía el germen de todas las luchas sociales en el país, la fuerza propulsora del desarrollo económico, político y social cubano y la dinámica de nuestra historia, todos estos factores, repetimos, siguen influyendo en la conciencia de los que aquí se ocupan de nuestras cuestiones históricas, para determinar en ellos por espíritu de clase, por un sentimiento filial o por el prejuicio del color, tan profundamente arraigado en ciertos grupos sociales del país, una fatal propensión al falseamiento de los hechos históricos.

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Ángel César Pinto Albiol
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