El pensamiento filosófico de José Martí, La Habana 1946Ángel César Pinto Albiol

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Ángel César Pinto Albiol, El pensamiento filosófico de José Martí y la revolución cubana, La Habana 1946

Ángel César Pinto Albiol

El pensamiento filosófico de José Martí y la revolución cubana, y otros ensayos

La filosofía social de Juan Gualberto Gómez
Del Directorio Central de la Raza de Color a la Federación de Sociedades Negras

Editorial Jaidy, La Habana 1946, páginas 67-81.

Origen del «Directorio». «El Directorio» y el Partido Revolucionario Cubano fundado por Martí. La filosofía social de D. Juan Gualberto Gómez. Base positivista del Reglamento del «Directorio». Qué es y adónde conduce al negro el positivismo de Comte. El fracaso del «Directorio» y la filosofía social de D. Juan. La importancia del movimiento iniciado por el «Directorio». Consecuencias de su fracaso. El Partido Independiente de Color. Importancia extraordinaria de su Programa. El fracaso de los «independientes de color». Origen del fracaso. La Federación de Sociedades Negras. Su origen. Cuál debe ser su orientación. Con quién debe aliarse hoy la Federación de Sociedades Negras. Conclusión.

El Directorio. Para los líderes revolucionarios, seguramente constituye una honda preocupación darle a los movimientos que dirigen una amplia base popular, como una diligencia indispensable para asegurar el triunfo de los intereses que defienden, y evitar las posibles contingencias del fracaso a que están expuestos estos movimientos políticos y sociales, cuando carecen del suficiente material humano que los secunden o caloricen.
Siempre que no se trate de una revolución de verdadero contenido popular; es decir, cuando estos movimientos revolucionarios no son, ni por su espíritu ni su proyección, una revolución del pueblo para el pueblo y, por consiguiente, ellas no tienen como propósito liquidar, sino simplemente perpetuar en otras manos los elementos materiales que dan origen a la división de la sociedad en clases, los líderes revolucionarios diluyen en el programa que elaboran para captar prosélitos, de modo más o menos impreciso, o con menor o mayor vaguedad, algunas promesas capaces de impresionar a las masas que, por lo común, no comprenden ni pueden comprender cuál es el verdadero propósito oculto tras la letra del flamante programa.
No hay cosa más estúpidamente absurda por su vaciedad, para D. José Ingenieros, que un programa político, de cualquiera partido político tradicional. Según el pensador argentino, en estos documentos públicos, la argucia abogadil vuelca todo su ingenio y, con una maestría sin par, para confundir y extraviar a las masas, injertan algunas frases brillantes y pomposas que ellas no entienden ni leerán, insinuando un cúmulo de novedades que ellos –los políticos– tienen la plenísima conciencia que jamás van a cumplir.
Como fatalmente no podía dejar de ocurrir, fué un decidido empeño de la pequeña burguesía revolucionaria cubana del último tercio de la pasada centuria incorporar a la revolución que organizaba, a todas aquellas capas y clases sociales que, dada la forma de vida a que las condenaba el régimen económico, político y social que mantenía en Cuba el gobierno español, resultaban elementos apropiados para la penetración del ideario separatista, máximo y supremo objetivo a cuya realización dirigían sus esfuerzos los líderes revolucionarios del 95, entre los cuales figuraba en primera línea D. Juan Gualberto Gómez y Ferrer.

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