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Seminario y Universidad Pontificia de Comillas 1892-1968 |
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El emblema del Seminario y de la Universidad contiene referencias bien explícitas a las peculiaridades de la institución. Pueden distinguirse en él seis elementos, tres referidos al papado en general y los otros tres a personas o instituciones en particular: (a) El Papado: los tres elementos que hacen referencia al Papado son la tiara, el anillo y las llaves de San Pedro. La tiara compuesta por las tres coronas reales (que representan el triple carácter del Papa como Sumo Sacerdote, Maestro y Rey, o la triple realeza del Papa sobre la Iglesia militante, purgante y triunfante) rematadas por una cruz. Sobre el anillo, primera insignia de la dignidad del Papa, está inscrita la leyenda: «SUPRA MONTEM POSITA», que hace referencia a la rasa sobre la que se yergue su edificio, en Comillas. Las llaves del Reino de los Cielos o llaves de San Pedro representan la facultad de atar y desatar que Jesucristo concedió a San Pedro y fue transmitida por éste a sus sucesores, símbolo principal de la potestad papal y una de sus insignias, que en el ámbito católico sólo puede utilizarse en un contexto pontificio (se supone que la llave izquierda es de plata, potestad de atar, y la derecha de oro, potestad de desatar; están cruzadas con la empuñadura hacia abajo, las ranuras en forma de cruz mirando hacia la tierra y reunidas por un cordón que simboliza la unidad de poder). (b) El Papa León XIII. Dentro del anillo, sobre las llaves y bajo la tiara, un león rampante que mira hacia la izquierda y está dotado con trece garras y uñas, representa al papa León trece, que en 1890 (decimotercer año de su pontificado además) aprobó y erigió como suyo el Seminario de Comillas. (c) La Compañía de Jesús. La pata del león dotada con cuatro garras, donde con más fuerza se apoya el Papa León XIII, está sobre el escudo que contiene el monograma «JHS», abreviatura de Jesus Hominum Salvator, adoptado por la Compañía de Jesús como su marca, organización encargada de forma permanente del mantenimiento y dirección de la institución (la lectura humilde sería que el Papa coloca sus cuatro garras sobre el escudo de los jesuitas no tanto para apoyarse en ellos, cuanto para simbolizar el control, dominio y sumisión que pretende mantener sobre la Compañía, y que ella acepta). (d) El Fundador. Un áncora, símbolo del origen naval de su riqueza, bajo la corona marquesal y las iniciales entrelazadas «AL», de Antonio López, primer Marqués de Comillas, mecenas y fundador de la institución, puesta en su honor incluso bajo la advocación de su santo: «Seminario Pontificio de San Antonio de Padua en Comillas.» [Este emblema con las siglas «AL» fue el que se utilizó habitualmente en Comillas –por ejemplo, después de la guerra civil, en la cubierta del libro de Nemesio González en 1942, en las contracubiertas de la revista Unión Fraternal en 1957, en el folleto de 1960 entregado al Congreso de la Prensa, &c.– aunque existe una variante en la que el áncora se entrelaza con la letra «C» de Comillas: por ejemplo en la portada del número 83 de la colección Temas españoles, dedicado en 1954 a El Marqués de Comillas, en plena campaña pro beatificación del segundo marqués, cuando convenía relegar al olvido la biografía más oscura de quien se ganó a pulso el marquesado: de hecho en ese opúsculo no aparece el nombre de don Antonio, al que sólo se menciona un par de veces de pasada, y se atribuye toda la gloria y el patriotismo a don Claudio, incluso la colaboración de la naviera López con el Estado en 1868, cuando el protobeato sólo contaba quince añitos.]
La primera piedra del edificio inicial del Seminario, que sería conocido como la Cardosa por el nombre del sitio donde Antonio López decidió construirlo, se colocó el 20 de mayo de 1883, ya fallecido el fundador. Diseñado por el arquitecto Juan Martorell a partir de elementos gótico-mudejares, y levantado bajo la dirección de su discípulo Cristóbal Cascante, forma un rectángulo de cien por sesenta metros: en 1889 ya estaba concluido, y fue ocupado por los primeros alumnos los días 7, 8 y 9 de enero de 1892. A partir de 1904, cuando el Seminario Pontificio pasó a ser también Universidad Pontificia, que podía conferir grados académicos, aumentó notablemente el número de alumnos, haciéndose necesaria una ampliación. (198 alumnos en 1905, 232 en 1908, 293 en 1910.) En 1909 se iniciaron las obras de un segundo edificio, sencillo y sin mucho ornato, culminado en abril de 1912 como Seminario Menor, un pabellón largo y estrecho –114x14 metros– donde se trasladaron gramáticos y retóricos, quedando más cómodos filósofos, teólogos y canonistas en el edificio primitivo. El pabellón del Seminario Menor fue financiado por la señorita Carmen Zozaya, generosa dama donostiarra con fortuna de origen cubano. Este edificio fue conocido por los comilleses como la fábrica de harinas. Mientras, se fueron incorporando también nuevas fincas a la propiedad y en 1920 se levantaron instalaciones para la nueva imprenta de la Universidad. (384 alumnos en 1917.) Después de la guerra civil se decidió establecer en Comillas un Colegio Máximo (como «Escolasticado» de la provincia jesuítica de León). Fue necesario levantar un tercer edificio, inaugurado en 1944, a continuación del Seminario Menor, una vez obtenidas por la Compañía las licencias requeridas para tal construcción «privada» sobre terrenos pontificios. El edificio del Colegio Máximo fue financiado en su mayor parte por el empresario bejarano Leandro Cascón Pablos (fallecido en 1954, hermano del jesuita Miguel Cascón, autor en 1937 de Menéndez Pelayo y la tradición y los destinos de España). Por último, el resurgir de las relaciones políticas hispanoamericanas una vez acabada la segunda guerra mundial, facilitaba un renacer de la voluntad hispánica de la institución, y el 12 de diciembre de 1946, festividad de Nuestra Señora de Guadalupe, se puso la primera piedra del Pabellón Hispano-Americano, oficiando de madrina doña Mercedes Güell. Este inmenso cuarto edificio se fue construyendo detrás del Seminario Menor, y aunque el Hispanoamericano entró en servicio a finales de los años cuarenta, quedó inacabado. Pronto le pusieron de mote el cuartel de la Montaña.
El traslado de Facultades a Madrid desde 1960, culminado en 1968, supuso el inicio del fin de toda actividad en Comillas y el progresivo abandono de los edificios. En los años noventa del siglo pasado Caja Cantabria, nuevo propietario de los edificios, barruntó la idea de impulsar una suerte de pensadero en aquel lugar, donde científicos, intelectuales y artistas de todo el mundo, ya consagrados, fueran invitados a pasar allí unas vacaciones o parte de su retiro, con el compromiso de firmar en Comillas, en la Montaña, alguna producción de su privilegiado numen. Pero, por suerte para los contribuyentes de Santander, aquellos planes pronto fueron olvidados, y desde el año 2000 parece que tanto la institución bancaria como el gobierno de la comunidad autónoma esperan el momento en el que alguien se interese por esos edificios hoy deshabitados para transformarlos, se dice, en hoteles e instalaciones destinadas al turismo (de lujo, por supuesto). ¿Dónde acabarán los restos de Tomás Gómez y de Claudio López, olvidados hoy [2003] en sendas capillas de una iglesia cerrada a cal y canto...?
El 30 de diciembre de 2005 el Gobierno de Cantabria y Caja Cantabria constituyeron en Santander la Fundación Campus Comillas, en actividad desde el primero de enero de 2006. En ese acto el Gobierno de Cantabria compró a Caja Cantabria, por nueve millones de euros, las siete fincas (498.111 m²) y los edificios (Seminario Mayor o Universidad, Oficinas, Seminario Menor, edificio en forma de chalet, Pabellón Hispano-Americano y aledaños, vivienda para el portero edificada junto al portalón de entrada, edificio dedicado a Colegio Mayor por los jesuitas, vaquería, gallinero y gallinero en ruinas) que otrora fueron albergando el Seminario y la Universidad Pontificia de Comillas (1892-1968). El objeto de la Fundación Campus Comillas es organizar una institución del máximo nivel dedicada «a la promoción y enseñanza especializada del español, y de todas las manifestaciones culturales ligadas a esa lengua». Se trata de «ofrecer una formación de excelencia en torno a la lengua y cultura españolas, que incluya no sólo los aspectos puramente académicos sino también todas aquellas actividades complementarias que mejoren el proceso de aprendizaje y aporten valor a las personas interesadas en el español.» Para lograr estos objetivos se constituye un Centro Internacional de Estudios Superiores del Español (CIESE-CC Campus Comillas), con tres líneas de actuación definidas: la enseñanza de la lengua española, la enseñanza de la cultura española, la enseñanza del español para fines específicos. La prometedora realidad que es ya la Fundación Campus Comillas convertirá Comillas, en unos años, a través del CIESE-CC, en el gran semillero civil de la Hispanidad del siglo XXI, sobre los mismos terrenos y entre los mismos muros que fueron un siglo antes semillero eclesiástico para «sostener gratuitamente, enseñar y educar a los jóvenes españoles o americanos de lengua española... con carácter de universalidad,» de cuya primera promoción fue alumno precisamente Zacarías de Vizcarra Arana, el primer ideólogo de la Hispanidad. El renacimiento de Comillas en 2006 se asienta sobre el proyecto de un Instituto de Estudios Hispánicos de Comillas, propuesto por Ignacio Rodríguez del Bosque (nacido en Oviedo en 1965), catedrático de comercialización e investigación de mercados de la Universidad de Cantabria desde 1997, elegido precisamente, en la primera reunión del nuevo patronato, primer Director General de la Fundación Campus Comillas.
Del proyecto de «Seminario de Pobres» (1881) al «Seminario Pontificio» (1891) Una vez asegurada la viabilidad del proyecto propuesto a Antonio López por el jesuita Tomás Gómez en 1881 (ver en la entrada dedicada al «fundador espiritual» algunos detalles sobre esos pasos iniciales), tras el firme apoyo asegurado por Claudio López Brú, segundo Marqués de Comillas, y cuando las obras del edificio estaban ya prácticamente rematadas, comenzó a intervenir activamente, trocando su prudente actitud anterior, el Provincial de la Compañía, padre Luis Martín S. J., que es considerado como el «organizador» del Seminario. Visita las obras por primera vez en 1887 y a finales de diciembre decide encargarse personalmente de los asuntos organizativos que era ya necesario resolver para el buen fin de la fundación de Comillas: el formato jurídico preferible, qué condiciones debían exigirse a los alumnos, la cuestión de la validez de los estudios, &c. La Compañía decidió a principios de 1888 que era preferible que fuera el propio Marqués quien se encargara de obtener la validez de los cursos, pues por sus influencias tal intervención ofrecería resultados más ventajosos. Quizá esta decisión fue la que determinó que el proyecto pudiese acabar teniendo envergadura pontificia, algo no previsto inicialmente. A lo largo de 1888 va el Provincial esbozando las Bases de la institución, que consulta con Tomás Gómez, con el Marqués y, por supuesto, con sus superiores en Fiésole: el Padre General de la Compañía las aprueba el 25 de marzo de 1889. Se deja abierta la puerta a posibles alumnos pensionistas (pues no está claro que se pueda mantener siempre el proyecto inicial de alumnos exclusivamente becarios y la Compañia, como es natural, no quiere asumir compromisos que luego puedan resultar ruinosos), se define como ámbito del alumnado el que viene determinado por la lengua (española, por supuesto): todos los españoles y todos los americanos de lengua española, se ofrece el Patronato al Nuncio, como representante del Sumo Pontífice, y queda prevista una cláusula de reversión del Seminario a los herederos del Marqués. Pero surgen muchas dificultades para lograr la validez de los estudios de ese «Seminario de Pobres» que pretendía atender a todo el ámbito hispánico (pues habría que lograr en cada caso la convalidación de los estudios por el ordinario de cada diócesis, española o americana, de donde procedieran los alumnos). En la primavera de 1890, Claudio López, por mediación del Nuncio, presenta al papa León XIII una Exposición del proyecto, junto con el borrador de Bases preparado por los jesuitas. De Roma señalan el deseo del Papa de que la propiedad del nuevo Seminario sea de la Santa Sede: al implicar en la operación a la más alta jerarquía católica se lograba además la validez y el reconocimiento directo de los estudios, saltándose la escala propia de los seminarios diocesanos, al transformar la institución proyectada en Seminario Pontificio. Como es natural, en julio de 1890 el Marqués acepta encantado esa propuesta, pues cabe imaginar que tal era su aspiración, negociada con el Nuncio al margen de la Compañía, entre otras cosas por las dificultades surgidas para que fuera aceptada la prudente cláusula de reversión de los bienes a su familia: era institución más segura el Papado que la Compañía... ¡aunque no podía imaginar don Claudio que llegaría una segunda entrega del concilio Vaticano...! El 16 de diciembre de 1890 se expide el Breve de institución y aprobación del Seminario, Sempiternam Dominici gregis, que tiene que ser ajustado por un nuevo Breve de 7 de julio de 1891, Seminarium Sancti Antonii Patavini, ante las dificultades puestas por el Gobierno de España (probablemente inducidas en la sombra también por el entorno del propio Marqués) en artículos tocantes a la propiedad, usufructo y reversibilidad de la fundación. Inmediatamente, el 10 de julio de 1891, se firma la escritura de donación y fundación otorgada por el Marqués de Comillas a favor de León XIII, aceptada en su nombre por el Nuncio Apostólico en España, Angel di Pietro Troyany. Así resume el resultado un historiador jesuita: |
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«Difícil, si no imposible, es resumir unas Bases en que los conceptos se han procurado expresar con la mayor concisión y propiedad posibles. Veamos de indicarlas con la posible fidelidad. |
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Aunque en 1889 ya estaba disponible el magnífico edificio construido por Antonio y Claudio López en Comillas, las dificultades inherentes a la propia definición del proyecto, hasta darle forma de Seminario Pontificio, con los consiguientes ajustes hasta lograr un equilibro aceptable para España, el Vaticano, la Compañía de Jesús y los Marqueses, consumado con la donación de 10 de julio de 1891, retrasó a 1892 el inicio de las actividades. En septiembre de 1891 se difundió el Prospecto primero destinado a captar los primeros alumnos, llamamiento que fue ampliamente difundido y publicado en todos los boletines diocesanos de España. Acudieron más de quinientos candidatos, que fueron examinados y reconocidos en las casas de la Compañía de Jesús más cercanas a sus domicilios, de donde salió la primera selección de cincuenta y cuatro jóvenes españoles de doce a catorce años que iban a dar vida a la nueva institución, y que fueron llegando a Comillas los días 7, 8 y 9 de enero de 1892. Entre esos primeros jóvenes estaban Zacarías de Vizcarra, Dionisio Domínguez, Cándido Marín... o Juan Gómez Barreras (1878-1956), que no continuó la carrera eclesiástica o académica y desde 1902 trabajó como amanuense de Claudio López, hasta el fallecimiento del marqués en 1925, en que pasó a regentar un estanco en la calle de San Bernardo, cuya trastienda se convirtió durante años en el lugar de reunión en Madrid de los antiguos alumnos de Comillas (en la primera fotografía era «el joven fino y esbelto que está de pie a la derecha del cuadro de Don Antonio López», escribe Dionisio Domínguez en Unión Fraternal, nº 188, febrero 1957, pág. 152). El Seminario Pontificio de Comillas inicio sus actividades con una apertura de curso sencilla y privada:
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«En enero de 1892 solamente cincuenta y cuatro fuimos agraciados con la beca; otros tres llegaron poco después. (...) Fueron, sin duda alguna, aquellos los tiempos heroicos de Comillas, y a la vez más dulces para los que tuvimos la dicha de vivir en toda su plenitud el ideal del P. Gómez y gozar de su íntimo trato. Tiempos además patriarcales que se deslizaron en ambiente del todo familiar, que no era posible conservar en adelante. El 8 de enero llegaba yo, en unión de otros tres compañeros, de los que dos habían de terminar allí conmigo la carrera y uno esmaltar su vida con la sangre del martirio. (...) Al lado del P. Gómez estuvo los dos primeros años el P. Marcelino Undiano, otra de las columnas de la Institución, como prefecto de la disciplina y ministro de la casa.» (Cándido Marín, Una celebridad..., 1943, págs. 111-114.) «En dos grupos se dividieron los alumnos: los que habían estudiado ya bastante latín, empezaron con el P. Herrero a cursar segundo año de Gramática; los que no habían estudiado nada, o muy poco, dieron principio con el P. Gondra al primero. Unos y otros, desde el primer día, empezaron a estudiar la lengua griega, y aparte de ésas, que eran las asignaturas principales, como accesorias se tomaron la Geografía y la Historia de España. Los textos adoptados fueron, para Gramática latina, la del P. Alvarez, arreglada por el P. Rafael Pérez, de la Compañía de Jesús; para la griega, la de D. Canuto Ortega, único manual que entonces en España se conocía; para textos de versiones, tanto latinas como griegas, las colecciones de los Padres de la Compañía de la Provincia de Aragón; para la Geografía y la Historia, los conocidos textos de Monreal y de Casado. Desde un principio se puso gran empeño en que el método de estudios de la Compañía (Ratio Studiorum) se cumpliese con la posible perfección. Empezaron, pues, a tenerse las acostumbradas repeticiones; los desafíos o concertaciones en clase; los bandos de Roma y Cartago; los puestos de Emperador, Cónsules, Procónsules, Decuriones. Era de ver el ardor con que aquellos jóvenes, niños, mejor dicho, tomaban estos ejercicios. Bien pronto los del curso de media empezaron a hablar latín en clase, con gran admiración de los de ínfima, y, sin duda, de ellos mismos también. |
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La inauguración pública y solemne se celebró el 25 de agosto de 1893, al efectuar el Nuncio la primera visita a la institución de la que estaba encargado en nombre del Papa: |
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«El acontecimiento más notable de estos primeros cinco años fue, din duda, la visita en 1893 del Excmo. Sr. Nuncio de Su Santidad, Monseñor Serafín Cretoni, primera que al Seminario hacía el Sumo Pontífice por su Representante en España. (...) Llegó S. E. a Comillas el 22 de agosto, y permaneció en la población hasta el 26. (...) A las once y media de la mañana hizo su entrada en Comillas en carretela descubierta. Dos arcos triunfales de la mayor elegancia y el mejor gusto se alzaban a uno y otro extremo del pueblo (...). La impresión que en S. E. produjo la visita del Seminario, y sobre todo del interior de la iglesia, fue de verdadero asombro, por la elegancia, esplendidez y buen gusto de todas sus partes. Al terminarse el Te Deum, el Excmo. Sr. Nuncio dió la bendición papal, e inaugurada así solemnemente su visita, bajó inmediatamente a descansar al palacio de los Marqueses. (...) El 24, en el salón de actos públicos, y con asistencia del Marqués y del Padre Provincial de Castilla, examinó por sí mismo a los alumnos, manifestando gran complacencia en oír sus versiones de latín y griego, y declamaciones en las tres lenguas: griega, latina y castellana. (...) La fiesta principal se tuvo el día 25, fiesta de la Marquesa madre (...) velada poética y musical en obsequio del ilustre huésped, pero dedicada casi toda, por razones fáciles de adivinar, a la memoria del fundador D. Antonio López, de lo que se daba razón en el discurso preliminar. Oportuno socorro, El mejor navío, ¡Ay! De muerte, El Seminario, A vela y no a remolque, Campeones de la Reconquista, ¡Viva León XIII!, El Papa en Comillas: tales eran los sugestivos títulos de las poesías. Ninguna había sido hecha por los seminaristas, como se deja entender, pues los más adelantados acababan de terminar el tercer curso de latín; pero todas fueron dichas por ellos.» (Camilo María Abad, El Seminario..., 1928, págs. 90-93.) «Cuando a la salida del pueblo enfiló la carretera del Seminario, escoltado a un lado y otro por flámulas y gallardetes, entre los cuales campeaban los que ostentaban los escudos de todas las provincias de España, al aparecer ante sus ojos la esbelta y hermosa fábrica del Seminario, Monseñor se quedó atónito, exclamando a cada paso con dulcísimo acento italiano: ¡Qué bel-lo! ¡Qué bel-lo! (...) El día solemne por excelencia fue el 25 de agosto (...). El Excmo. Sr. Nuncio ofició de pontifical, matizando el canto litúrgico con el dulcísimo acento y pronunciación italianos de su hermosa voz, y en trono aparte el Excmo. Sr. D. José María Cos, Arzobispo-Obispo de Madrid-Alcalá, que aquel día como nunca dió realce a la solemnidad con su elegante y magnífica figura de príncipe de la Iglesia, y paseó por la explanada, teniendo a su lado y saludándole con gentileza como su gran amigo al humilde P. Gómez (...). Predicó el R. P. José Vinuesa, acaso el mejor orador que tenía por entonces la Compañía y de los primeros de España, que aquel día rayó a gran altura. En medio de su magnífica oración, que todos escuchaban con marcado interés, se dirigió a nosotros los seminaristas, que ya sé me escucháis ocultos en una de esas tribunas, diciéndonos (...) "Aislados –repitió– del mundo por completo durante los catorce años de la carrera, con once meses de curso, bajo la dirección del profesorado escogido, con un método como el Ratio de la Compañía, excluidos finalmente de la clase los de poca disposición y desaplicados, ¿qué milagro va a ser que salgáis aventajados y selectos, aunque solamente poseáis un talento como el que Dios ha dado a la mayoría de los hombres?" (...) El día 26, el señor Nuncio lo pasó en el Seminario conversando con Padres y seminaristas, enterándose de todo, hasta de cosas muy caseras, minutamente, como él dijo, pues el Papa quería estar al tanto de todo lo de aquel Seminario, que de nombre y de hecho era Pontificio. Y dándonos la última bendición y prorrogando quince días las vacaciones, nos despidió diciéndonos: Hijos míos, sois la esperanza de la Iglesia en España.» (Cándido Marín, Una celebridad..., 1943, págs. 121-126.) «Llegados ya los seminaristas a la edad conveniente y hechas las pruebas requeridas por la base décima, por orden de Monseñor Serafín Cretoni, se llevó a cabo por primera vez el 24 de noviembre de 1895. He aquí la fórmula, conservada con cariño por un alumno, que por fin tuvo que salir del Seminario sin poder realizarla: |
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«En el curso de 1896 a 1897, habíase empezado el estudio de la Filosofía, formando un solo grupo de los dos que a la sazón había en Retórica, con lo cual todos los primitivos alumnos vinieron a juntarse en la misma clase. Al frente de ella estaba el P. Miguel Mostaza, que fue subiendo con los mismos discípulos hasta terminar el curso completo en el verano de 1899. En pos del P. Mostaza, y para explicar a los nuevos alumnos que iban llegando a los cursos de Filosofía, vinieron los PP. Narciso del Castillo y Gabriel Huarte. Al mismo tiempo, estos estudios se complementaban con el estudio de la Física, Química, Cosmografía e Historia Natural. Para que nunca decayera el estudio de las lenguas clásicas, funcionaba entre los filósofos una academia griega, que presidía el P. Ugarteburu; y para adquirir los indispensables conocimientos de la lengua francesa, otra que dirigió primero el P. Mostaza, y más tarde el P. Galo Iglesias. |
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El Nuncio realizó su primera visita oficial al Seminario en 1898 (segunda visita tras la inaugural de 1893), y pudo asistir a una memorable disputa filosófica entre dos de los primeros alumnos, que fue recordada muchos años en Comillas. Así en 1954, con cierto desajuste cronológico, le escribe a Dionisio Domínguez, que cumplía sus bodas de oro, un socio de la Unión: «Yo solamente diré lo que todos sabemos. Que el P. Domínguez, como alumno de entonces, fue con D. Dionisio Moreno, q.e.p.d. y otros, los que hicieron Universidad al primitivo Seminario. Ellos sembraron el grano de trigo, que habría de convertirse en la copiosísima espiga de doctorados y licenciados. Ellos fueron el manantial que dieron origen al río de la ciencia comillesa. Comillas pidió a Roma entonces que le fuese concedido ser Universidad. Se imponía una prueba. Y esa prueba se hizo ante el Nuncio. Allí actuaron los mejores alumnos. El alumno Domínguez tuvo un acto público de Filosofía. Tan satisfecho salió el representante del Papa, que Comillas fue desde entonces Universidad.» (carta de Rufino Villalobos, desde Coria, 2 febrero 1954, en Unión Fraternal, 177:182.) El secretario de la revista, el mismo Dionisio Domínguez, añade en nota: «¡Y tanto!... Como que el acto público aludido fue en setiembre de 1899 y la elevación del Seminario a Universidad en marzo de 1904.» [aunque parece que Domínguez se confunde de fecha, pues la disputa ante el nuncio habría sido en 1898 y la disputa escrita al Nuncio, ausente, en 1899] |
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«La mejor prueba de haber adquirido los alumnos una extraordinaria facilidad para la disputa escolástica, la dió un acto final de toda la filosofía, que se tuvo al terminar el primer trienio de 1899. Se dedicó al Excmo. Sr. Nuncio Francisco Nava di Bontifé, que para la fecha había sido ya proclamado Cardenal. Defendían las tesis Dionisio Domínguez y Antonio Menéndez y argüían, entre otros, los alumnos Cándido Marín y Fidel García y los profesores Manuel Arín y Francisco Larrarte además de varios Padres de la Universidad de Deusto y del Colegio Máximo de Oña que habían venido con el exclusivo fin de presenciar el acto y proponer dificultades.» (Nemesio González, La Pontificia..., 1942, pág. 71.) «Coronamiento magnífico del primer curso completo de Filosofía [1899] fue el acto público «De Universa Philosophia», en el que dos alumnos defendieron las tesis principales de toda la Filosofía, expuestas con conveniente trabazón y con una amplitud muy propia del primer profesor que explicó en Comillas la ciencia de las causas. Impresas están esas tesis, y ellas son el testimonio más elocuente de la plenitud con que desde el principio se estudió en Comillas la Filosofía. Van dedicadas, en clásica inscripción latina, al excelentísimo señor Nuncio de Su Santidad, Mons. Nava di Bontifé, Arzobispo de Catania y electo ya entonces Cardenal de la Santa Iglesia Romana. No asistió el señor Nuncio a aquel acto memorable; pero podía formarse completa idea de lo que iba a ser, con sólo recordar el que el año anterior había presenciado en su primera visita oficial al Seminario. |
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«Casi con el siglo XX iban a comenzar los cursos de Sagrada Teología. Habíase previsto en la Base X del Seminario, y así se publicó, en el artículo diez del Prospecto, que: "terminados los estudios de Filosofía, podría el Superior, si así lo creyera conveniente para la formación de su entendimiento y bien del mismo Seminario, hacerles interrumpir los estudios por uno o más años, para utilizar sus conocimientos, dedicándoles allí mismo a la enseñanza de las clases inferiores." Y en efecto, más bien para atender al descanso de que se hallaban necesitados, que por ninguno de los fines indicados en ese artículo, dos de los primeros alumnos, D. Juan Gómez Barreras y D. Obdulio Santos, aparecen, en ese curso de 1899 a 1900, enseñando el primero ampliación de latín y elementos de griego a los pensionistas, y el segundo la clase de primer año de Gramática. Los demás comenzaron sus estudios de Teología escolástica bajo la dirección del P. Manuel Arín; de Teología moral, con el P. Francisco Larrarte; y de Derecho eclesiástico público y privado (tal es el título oficial que se daba a la asignatura), con el P. Evaristo Epiñázar, que también enseñaba lengua hebrea. |
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El 29 de marzo de 1904, el Papa Pío X, por decreto Praeclaris honoris argumentis, erigió canónicamente en el Seminario Pontificio de San Antonio, de Comillas, las tres Facultades de Filosofía, Teología y Derecho Canónico, con los mismos estatutos y del mismo modo que las establecidas en la Universidad Gregoriana de Roma, y con igual privilegio apostólico para conferir grados académicos. Esta es la traducción española de ese documento: |
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«A las insignes y honoríficas prerrogativas con las cuales, en virtud de las Letras Apostólicas Sempiternam Dominici gregis, expedidas en forma de Breve el día 16 de Diciembre de 1890, fue ennoblecido el Seminario Pontificio de San Antonio de Padua, en Comillas (España), erigido con admirable munificencia por el Excmo. Varón D. Claudio López y Bru, Marqués de Comillas, los Eminentísimos Cardenales, reunidos en congreso plenario el día 18 del corriente mes de Marzo, después de larga y madura deliberación, decretaron: Que, accediendo a las súplicas del piadosísimo fundador y de los Directores del mencionado Seminario, se debía añadir como complemento, guardadas algunas consideraciones, el privilegio de conferir los grados académicos. Habiendo ratificado y confirmado plenamente el Sumo Pontífice Pío Papa X esta resolución de los Eminentísimos Padres Cardenales, después de ser informado por el infrascrito Secretario de esta Sagrada Congregación en audiencia del 24 del mismo mes, se dignó mandar expresamente: Que para mayor esplendor del Seminario de Comillas, que es Pontificio de nombre y en realidad, para dar un testimonio y prenda de mayor benevolencia al nobilísimo Claudio López y Bru, en excelente modo benemérito ya de la Religión Católica, y para estimular más y más los ánimos de los alumnos que allí se están formando en esperanza de la Iglesia, se conceda el privilegio solicitado como remate y coronamiento de aquella fundación. Por lo cual, Nós, en cumplimiento de lo mandado por el Sumo Pontífice, decretamos y declaramos: Que, por el tiempo de la voluntad de la Santa Sede, compete a los Rectores del Seminario de San Antonio, de Comillas, el derecho de conferir con autoridad Apostólica los grados académicos en Filosofía, Teología y Derecho Canónico, solamente a los alumnos que allí hubieran cumplido debidamente los cursos de los estudios, con tal que en la enseñanza de las disciplinas se guarde el mismo plan y método que desde hace siglos vige en la celebérrima Universidad Gregoriana, y cada tres años se dé cuenta a esta Sagrada Congregación de los grados conferidos y del número de alumnos. Mandamos, finalmente, que cuantos fueren promovidos a los grados académicos en el Instituto y Seminario Pontificio de Comillas, puedan gozar y usar de todos los derechos y privilegios como si hubieran obtenido los mismos grados en cualquiera Universidad Católica canónicamente erigida. No obste cosa ninguna en contrario. Dado en Roma, a XXIX de Marzo de MCMIV. –Francisco Card. Satolli, Prefecto. –Ascenso Dandini, Secretario.» (según Abad, El seminario..., 1928, pág. 122.) |
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El Seminario ya era Universidad Pontificia de Comillas. Esta fue la organización de los estudios durante las tres primeras décadas del siglo XX (pueden consultarse los Programas de las Facultades Superiores en 1925): |
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«Quince cursos abarcan los estudios completos que se hacen en Comillas; cinco los inferiores y diez los superiores. El siguiente cuadro sinóptico dará idea de la distribución de materias que se estudian en cada uno de esos años: |
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La Unión Fraternal –nombre de una asociación y de su revista– se fundó el 31 de julio de 1906 –350 aniversario de la muerte de San Ignacio–, por iniciativa de dos recién licenciados, Teodoro Andrés Marcos (1880-1952, desde 1916 catedrático de Derecho Canónico de la Universidad de Salamanca, de la que fue vicerrector) y Mariano Vilaseca Terradellas (1880-, fue canónigo arcipreste de la catedral de Barcelona) para lograr mantener en contacto a las sucesivas generaciones de presbíteros que habían comenzado a salir de Comillas. La idea fue muy bien acogida por el entonces rector de la Universidad, el padre Fernando Ansoleaga. Hay que recordar que en las seis primeras promociones del Seminario sólo estudiaron becarios (los que iniciaron sus estudios entre 1892 y 1898, año en que se comenzaron a admitir pensionistas), que no salían de la institución ni tenían vacaciones, por lo que al terminar sus estudios llevaban trece o catorce años de convivencia. Y conviene también recordar que aunque Comillas estuviera regentado por la Compañía, el seminario era pontificio, y la inmensa mayoría de los seminaristas no se hacían jesuitas [en 1956: «A mediados de abril no pasábamos de la docena los unionistas S. J., y resulta que los tres finados que en esta Central ocupan la Sección Necrológica son de la Compañía», UF 186:347], por lo que la dispersión de los nuevos presbíteros les hubiera hecho perder de otro modo un contacto que, gracias a Unión Fraternal, lograron mantener hasta el final. En un principio todos los egresados escribían a uno señalado por turno con el nombre de «central», que resumía y extractaba las cartas recibidas, refundiéndolas en una sola, también llamada «central», que se reproducía mediante velografía y enviaba a los demás. A partir de octubre de 1908 tal correspondencia, sin dejar de ser privada, comenzó a publicarse en la imprenta, incorporando una sección oficial redactada por el Secretario de la Unión, una carta del Seminario, a modo de diario de lo más relevante sucedido en la Cardosa. Al principio esta incipiente estructura se organizaba por promociones: la de San Antonio, la de San Ignacio, la de San José, la de Nuestra Señora del Pilar. Pero las sucesivas promociones y el aumento de los socios aconsejó ya una ordenación territorial. Aprovechando las reuniones de celebración de las bodas de plata del Seminario, en 1917, se reorganizó Unión Fraternal, a la que se dotó de un sabio Reglamento.
Unión Fraternal contaba con 850 socios en 1958, y en 1968 con 1.021 socios (recuérdese: todos ellos necesariamente presbíteros). Publicaba cada año su Catálogo de los socios, con el destino y la dirección de cada uno, y los recuentos estadísticos. Por ejemplo, en 1962, entre sus socios había: 7 arzobispos, 18 obispos, 16 vicarios generales, 23 doctorales, 15 magistrales, 89 canónigos, 17 prelados domésticos de Su Santidad, 277 párrocos, 121 coadjutores, 10 religiosos, 2 rectores de Universidad, 10 catedráticos de Universidad, 25 rectores de Seminarios, 227 profesores de Seminarios, 22 profesores de Institutos, 16 directores de Colegios, 48 profesores de Colegios, 54 consiliarios diocesanos de Acción Católica Española, 15 sociólogos profesionales, 44 directores de revistas y escritores, &c... todos formados en Comillas y manteniéndose en contacto. |
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«Yo no sé si sabéis cómo cuajó esa idea. Era en los últimos días de julio de 1906, recién salidos de aquellos Ejercicios Espirituales, que por última vez en el Seminario, y bajo la dirección del P. Arín habían templado nuestro espíritu, para lanzarnos a la vida del apostolado; y Teodoro Andrés y yo, sentados en Peña Redonda, mirábamos con cierta melancolía aquel mar tranquilo, que pronto desaparecería de nuestra vista, y nos mirábamos también el uno al otro, como diciéndonos: ¿Es posible que dentro de pocos días habremos de darnos nuestro adiós de despedida, quizás para siempre? Después de varias pausas Teodoro me mira y me dice: "Oye, Vilaseca, nosotros educados maternalmente por la Compañía, ¿no podríamos imitar lo que hace ella, sirviéndose de sus cartas edificantes, que tanto bien producen en los Hijos de San Ignacio?" –"Estupendo, Teodoro, contesté. Vamos a comunicar la idea a nuestros compañeros; y, si la creen viable y los Superiores no tienen inconveniente, manos a la obra." No tengo por qué decir que la idea fue aceptada por todos y aprobada por el P. Rector. Pero esa idea comprendía dos cosas: primera, una asociación de antiguos alumnos con carácter más bien espiritual de oraciones y sufragios: y segunda una correspondencia epistolar fraternal, que avivara nuestro amor mutuo y al Seminario.» («Alocución del M. I. Sr. D. Mariano Vilaseca» (al celebrarse en Comillas las bodas de oro de la «Unión Fraternal»), el 1.º de agosto de 1956, Unión Fraternal, año XLVII, nº 187, noviembre 1956, págs. 399-400.) «Lo tratado en la Asamblea [anual de 1952] redúcese, en síntesis, a los siguientes puntos: (...) 4º El secreto de nuestra revista. Se habló una vez más de este carácter congénito de la Central, prescrito en el artículo 24; encareciendo su importancia con ocasión de un caso desagradable, sucedido en el extranjero. Y aunque no faltó quién dijera que, dado el número elevado de los socios de Unión Fraternal, parece ser moralmente imposible el secreto; todos, sin embargo, convinieron en que, si dicho art. 24 no se recordara de vez en cuando, bien pronto la Central correría el albor de una de tantas revistas.» (Unión Fraternal, año XLIII, nº 171, noviembre 1952, págs. 276-278.) |
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En los 27 cursos escolares entre 1904 (cuando el Seminario Pontificio fue reconocido como Universidad) y 1931 (en que se produjo la reforma de los estudios eclesiásticos católicos) la Universidad Pontificia de Comillas otorgó los siguientes grados [Domínguez 1968, pág. 90.]:
En mayo de 1931 publicó Pío XI la Constitución apostólica Deus scientiarum Dominus, para renovar la enseñanza y organización de los estudios eclesiásticos. La Universidad Pontificia de Comillas tuvo que adaptarse a la nueva situación, y lograr la renovación de su reconocimiento por la Santa Sede, lo que logró en 1934, tras adoptar un régimen académico propio e independiente para el Seminario, cuyos cursos pasaron a ser seis en lugar de cinco, y reformar los estudios en las Facultades: ya nadie podía cursar en las Facultades superiores sin haber cursado el Curriculum medium studiorum classicorum. Los jesuitas «abandonan» la Universidad al ser exclaustrados en 1932
El 23 de enero de 1932, para cumplir lo ordenado en el artículo 26 de la Constitución de la II República Española de 9 de diciembre de 1931, el presidente Niceto Alcalá Zamora firmó el decreto de disolución de la Compañía de Jesús: España dejó de reconocer personalidad jurídica a la Compañía, dispuso que los jesuitas dejasen de vivir en sus casas y residencias y nacionalizó sus bienes. Como el Seminario Universidad de Comillas pertenecía a la Santa Sede, el decreto no afectó a la propiedad, pero sí supuso la exclaustración de los jesuitas que allí habitaban regentando la institución, aunque no se paralizó la actividad: antiguos alumnos comilleses que no eran de la Compañía asumieron los cargos de responsabilidad y los jesuitas dejaron de vivir en la Cardosa y se disolvieron entre distintas casas particulares de Comillas, calculando que podrían mantener sus vínculos docentes con la institución a título particular. El 30 de enero de 1932 se celebró una ceremonia de adhesión y despedida a la Compañía y al día siguiente se organizó incluso una concentración de protesta (foto incluida). Oficialmente abandonaron los jesuitas el Seminario el 2 de febrero de 1932. Desde aquella fecha pasó a ser Rector el Magistral de Salamanca, Aniceto de Castro Albarrán. |
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«Al principio bajaban al pueblo a comer y dormir. Poco a poco fueron tomando más confianza. En julio de 1936 eran ya muy pocos los que todavía pasaban la noche en la villa. La vida escolar no sufrió contratiempos. A pesar de las frecuentes excitaciones que producía en los ánimos los desatentados sucesos públicos se continuó en el mismo régimen de seriedad y trabajo. No se omitió por causa de las circunstancias ningún acto solemne de los acostumbrados en las efemérides. Un día, el 2 de julio de 1933, se presentó en casa don Francisco Barnés, Ministro de Instrucción pública, con el propósito de convertir el edificio nuevo del Seminario en colonia veraniega. La habilidad diplomática del Vicerrector señor Mayorga, ahuyentó la temible amenaza.» (Nemesio González, La Pontificia..., 1942, pág. 147.) |
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«El glorioso Movimiento Nacional de 18 de julio del año 1936, sorprendió al Seminario de Comillas completamente desprevenido. Si se produce dos días antes, hubiera cogido dentro de la Universidad a los 400 seminaristas de aquel curso. Providencialmente, el 18 estaban ya casi todos en vacaciones. (...) En Comillas se recibió la noticia del alzamiento con el desbordante júbilo que causan los gloriosos acontecimientos nacionales. Los primeros días no dominó a los moradores del Seminario sino el sentimiento de una profunda alegría. (...) Pronto, sin embargo, llegó al Seminario la noticia de la actitud indecisa e inhibicionista que habían tomado las autoridades encargadas del Movimiento en Santander. El consiguiente triunfo de los rojos vino sin tardanza. (...) Al principio no se preocuparon de la Universidad más que los rojos de la Villa. Quedaron contentos con el robo de una buena cantidad de dinero y el requisamiento de lo que quisieron en provisiones de comida y reses de vaquería. Pero Comillas era la Institución ideológicamente más significativa en toda la provincia de Santander.» (Nemesio González, La Pontificia..., 1942, págs. 154-155.) |
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El 12 de agosto de 1936 se les ordenó abandonar el Seminario en el plazo de una hora. Más de doscientas personas fueron trasladadas en autobuses hasta Santander, quedando encarceladas por el Frente Popular, la mayor parte en el convento de Salesianos y algunos en el barco prisión Alfonso Pérez. A finales de agosto estaban todos en libertad bajo fianza viviendo en casas de amigos. El 4 de septiembre tres profesores fueron detenidos y sus cuerpos arrojados a la bahía: se les conoce como los «protomártires comilleses». |
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«Comillas Mártir. Comilleses asesinados por los Marxistas: 68 (jesuitas 8, exalumnos 49, seminaristas 11). Comilleses encarcelados en el Norte de España: 28 (jesuitas 16, exalumnos 5, seminaristas 7). Comilleses combatientes por España: muertos en el frente 7, meros combatientes: jesuitas 16, combatientes seminaristas: teólogos 53, canonistas 5, filósofos 59, letras humanas 30.» (Domínguez 1968, pág. 41.) [A primeros de 1953 se trasladan las cocinas al nuevo edificio, y quedan espacios que permiten pensar en un Museo de la Unión Fraternal, entre otras cosas para guardar las:] «6) Preciosísimas reliquias, y no pocas en número, de los 61 Comilleses que derramaron su sangre por Dios y por la Patria en la pasada revolución marxista: tales, como la cuerda con que fueron atadas las manos del P. Mariano Ruiz; la piedra con que fue sumergido en la bahía de Santander el P. José Ruiz Goyo; trozos de los vestidos, crucifijos, libros, estampas, que fueron del uso de muchos de esos Hermanos nuestros, y que forman la página más gloriosa de nuestra Alma Mater.» (Unión Fraternal, nº 177, mayo 1954, página 143.) «La doble providencia de haber salvado el edificio y biblioteca y haber quedado inmune la mayor parte del profesorado, fue interpretada por los Superiores de Comillas como manifiesta voluntad de Dios de que el Seminario reanudase cuanto antes su obra educadora. Apenas quedó Comillas incorporada en septiembre de 1937 al territorio sometido por las tropas nacionales, fue publicada una circular invitando a los alumnos a continuar su carrera eclesiástica en el Seminario. Unicamente se les exigían ciertas cosas de mueblaje, que la Institución no podía prestar en el mísero estado de completo despojo en que la dejaron los rojos. (...) A pesar de las limitaciones impuestas, se reintegraron a su hogar educativo gran parte de los antiguos alumnos no impedidos por la situación militar. (...) Los edificios habían quedado en pie, pero su disposición interna estaba deshecha. En el Seminario nuevo fueron destruidos en cada piso todos sus cuartos y dependencias para la instalación de un Hospital de sangre. El tejado quedó también derrumbado por efecto de una bomba de aviación. Toda la casa estaba además desmantelada, desamueblada y sin el más rudimento utensilio de los imprescindibles para la vida. Adviértase que estuvo un año sin dueño, a merced de todos los ladrones y saqueadores del socialismo montañés.» (Nemesio González, La Pontificia..., 1942, págs. 164-165.) |
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A partir de 1934 se renovó el reconocimiento académico de la Universidad Pontificia de Comillas, tras los ajustes determinados por la Constitución apostólica Deus scientiarum Dominus de 1931. Hemos elaborado una relación de las tesis doctorales aprobadas desde 1934 hasta 1965 en las tres Facultades [a partir de González Caminero 1942, págs. 172-175; Unión Fraternal, nº 190, págs. 303-308; Anuario Académico, curso 1965-66, págs. 61-71]. Himno de la Universidad Pontificia de Comillas Con letra de Augurio Salgado, S. J. y música de José Ignacio Prieto, S. J. [en Cándido Marín 1943, pág. 159 y Domínguez 1968, págs. 15-16]: |
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«Coro: ¡Legión de Comillas! La enseña de Cristo ya ondea; / tus viejos soldados, combaten al pie de su Cruz. / Refuerza sus filas, te aguarda la antigua pelea: / ¡Prepara tus armas!... ¡Que sea / tu ciencia la espada, y escudo tu fe y tu virtud! / ¡Bendito el Alcázar de paz, que foguea / tan fiel Juventud!... |
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Marcial Maciel Degollado fundó en Méjico, en 1941, la congregación, aprobada por Pío XII en 1948, de los Legionarios de Cristo. En los años fundacionales de los legionarios, Comillas jugó un papel importante, cuando en septiembre de 1946 se convirtió en la puerta de entrada del nuevo movimiento en España. Los legionarios no sólo se instalaron inicialmente en Comillas, sino que además vinieron desde América a bordo de uno de los barcos del Marqués. Los vínculos hispanoamericanos se multiplicaban en España y en Comillas. Al grandioso XIX Congreso de Pax Romana (junio-julio 1946) habían asistido el rector de la Universidad, Francisco Xavier Baeza, y uno de sus profesores, Camilo María Abad, así como otros comilleses en representación de Nicaragua (Manuel Pérez Alonso S. J., licenciado en Filosofía) o de Cuba (Alberto de Castro-Tagle y Rojas, licenciado en Filosofía; y Enrique Aslé Tur, sacerdote). No olvidemos que el 12 de diciembre de 1946, festividad de Nuestra Señora de Guadalupe, se puso la primera piedra del Pabellón Hispano-Americano que había resultado imprescindible levantar en Comillas para atender la nueva realidad. De cualquier modo, parece que los legionarios pronto prefirieron abandonar Comillas y buscarse acomodo propio (dicen que a los jesuitas no les gustaba el excesivo celo de Maciel por captar clientela para su causa entre los comilleses). |
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«Ante estas expectativas, Martín Artajo no sólo concedió las becas a Marcial Maciel y a sus jóvenes legionarios, sino que les ofreció mover los hilos que fuese menester para que el Papa Pío XII aprobara oficialmente la congregación. Por si fuera poco, el ministro logró que el marqués de Comillas, Claudio Güell, transportase gratuitamente desde México hasta España a los niños de Maciel en sus barcos de la Compañía Transatlántica Española. Fue así como a finales de septiembre de 1946, bajo el paraguas del régimen franquista y a bordo del buque Marqués de Comillas, llegaron al puerto de Bilbao, Maciel y los primeros 34 Misioneros del Sagrado Corazón y de la Virgen de los Dolores [...] En Comillas fueron acogidos directamente en el Palacio de Sobrellano, una construcción modernista que el marqués utilizaba como residencia de verano, y casi al mismo tiempo ingresaron en un colegio adscrito a la Universidad de Comillas [...]» (Alfonso Torres Robles, La prodigiosa aventura de los legionarios de Cristo, Foca, Madrid 2001, páginas 10 y 20.) «Como ya dijimos, ese aumento de los alumnos del Seminario-Universidad debióse principalmente a Hispanoamérica. Mejor expresado, al viaje cuasi ministerial por el Nuevo Mundo del R. P. Baeza, Rector a la sazón de Comillas. Comisionado por la Autoridad competente para desvanecer la "Leyenda Negra" muy extendida por América, tuvo ocasión para dar a conocer a cuantos se lo preguntaban, la índole y gloriosa historia de la Universidad de Comillas, destinada fundacionalmente para toda la Hispanidad.» (Dionisio Domínguez, Sus festivales diamantinos..., 1968, pág. 29.) |
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Las bodas de diamante del Seminario Universidad Pontifica de Comillas (1892-1967) fueron celebradas por trescientos antiguos alumnos los días 28 a 31 de agosto de 1967 –después de la acostumbrada tanda veraniega de Ejercicios Ignacianos, durante la semana anterior– «aunque se notaba que dicha satisfacción estaba algo ensombrecida por el traslado a Madrid de su querida e inolvidable Alma Mater», escribe su excepcional cronista, el jesuita Dionisio Domínguez, la persona que más tiempo vivió entre los muros de Comillas, donde fue uno de los alumnos pioneros de enero de 1892. Las fiestas de las bodas de diamante fueron vistas por algunos como los «funerales de su Seminario», y las detalladas exposiciones que se prepararon sobre los quince lustros de actividad tenían un aire inequívoco de recapitulación y despedida. Mientras que en 1942 se celebraron las bodas de oro con toda la solemnidad, Nuncio Pontificio incluido, a las celebraciones de 1967, aunque estaban anunciados, ni acudieron quienes por entonces eran Marqueses de Comillas. De hecho la propia ceremonia que estaba prevista: «A los acordes de los Himnos Pontificio y Nacional se izarán las banderas del Papa y de España», quedó deslucida, pues en palabras de padre Domínguez: «...con harto dolor hubimos de lamentar que, por dificultades imprevistas de la manivela, tan magnífico despliegue de la Bandera Pontificia no fue secundado por la Bandera Española», y la interpretación del himno nacional por parte de la Schola fue tan deficiente, «por falta del debido ensayo», que evitaron ejecutar el himno de la Universidad: «sólo pensar en cantarlo hubiera sido una temeridad.» La primera sesión conmemorativa contó la presencia de nueve obispos comilleses (Fidel García, Eduardo Martínez, Luis Alonso Muñoyerro, Ángel Hidalgo Ibáñez, Pedro Cantero Cuadrado, Emilio Benavent Escuin, Angel Riesco Carbajo, José María Cirarda Lachiondo y Gabino Díez Merchán) –pero que no se colocaron en la presidencia, sino que estaban dispersos por la sala, «se entremezclaban con los soldados rasos»– y en ella se leyeron los mensajes del generalísimo Francisco Franco y del general de los jesuitas Pedro Arrupe, quien «después de los saludos de rigor y, ponderados cuanto se merecen los preclaros servicios prestados a la Iglesia en toda la Hispanidad por aquel 'Seminario de Pobres' inaugurado en Comillas hace 15 lustros, pasa a hablar de su traslado a Madrid con la autoridad que le da el cargo, que él desempeña de 'Gran Canciller' de la universidad...» Un alumno de 2º de Teología, Teófilo González Vila, al publicar en Unión Fraternal la crónica del primer trimestre del curso 1960-61 en la Facultad de Teología de Comillas, no puede dejar de mencionar la novedad de la extensión de actividades a Madrid: «A Madrid. Sí, señores: otro acontecimiento del trimestre. La inauguración oficial de nuestra Facultad de Derecho Canónico, recientemente abierta en la capital del Reino, era máxima solemnidad comillesa; y –según autores de peso– la intervención de la Schola es 'de essentia sollemnitatis comillensis'. A los que fueron y a los que quedaron dio unos días este viaje el tema de la 'parleta' en el comedor y el recreo, que casi llegó al 'fortissimo' que temía el P. Sopeña (Ya, 9 nov.)» (UF, 204, enero 1961, pág. 9). En la portada de ese número la fotografía de la audiencia que el Caudillo concedió en el Pardo al Rector de Comillas y compañía, continuación del «Acto de presentación de Comillas y de su Facultad en Madrid». Carlos Corral S. J. escribe a la Central que el 15 de diciembre de 1960 quedó abierta la biblioteca a los 56 alumnos del primer curso («de ellos nueve religiosos y dos seglares (...) de hecho son innumerables los seglares que han pedido informes y ser inscritos, que, al no entender latín, hubo de eliminárseles. Pues darles un licenciado sin entender el latín de las fuentes, sería como dárselo en Derecho Civil español a un inglés que no supiera nada de castellano», UF 104:49.).
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«El Seminario y la Universidad Pontificia de Comillas. Cogiendo los proyectos fundacionales de los Excelentísimos Señores D. Antonio López y López y de su hijo D. Claudio López Brú, primero y segundo Marqués de Comillas, respectivamente, Su Santidad León XIII erigió en la Villa de Comillas (Santander), mediante el Breve Sempiternam Dominici Gregis, de 16 de diciembre de 1890, un Seminario para la formación de candidatos al sacerdocio, procedentes de todas las diócesis españolas y de las hispanoamericanas y de Filipinas. Este hecho, la rigurosa organización interna y elevado nivel de sus estudios y la consideración explícita de la Santa Sede documentable desde los primeros momentos, otorgan a la institución comillense carácter y rango universitario. Catorce años después de su fundación, el Papa San Pío X concede al Seminario Pontificio de Comillas, por medio del Decreto Praeclaris honoris argumentas, de la Sagrada Congregación de Estudios, de 19 de marzo de 1904, la facultad de conferir grados académicos en Filosofía, Teología y Derecho Canónico a los alumnos que en él hubieran cursado sus estudios. |
| Bibliografía sobre el Seminario y la Universidad Pontificia de Comillas:
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GBS
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