Antonio López López 1817-1883 desde 1878 primer «Marqués de Comillas»

Antonio López López Capitalista español que podría llegar a ser padre de un santo católico, si Roma resuelve a favor de la causa de beatificación abierta a mediados del siglo pasado, y su hijo Claudio López Brú es elevado por fin a los altares. En 1881 el jesuita Tomás Gómez Carral le propuso fundar en Comillas un «Seminario de Pobres», que gracias a su decidido apoyo, mantenido por su hijo, se convirtió en la Universidad Pontificia de Comillas. Fue uno de los mayores potentados de España durante la segunda mitad del siglo XIX, gracias a las empresas que supo organizar desde el humilde entorno familiar del que procedía: Compañía Trasatlántica, Banco Hispano-Colonial, Compañía General de Tabacos de Filipinas, &c. Una vez fallecido creció la leyenda negra en torno a su persona, fomentada en buena medida por el odio activista de un cuñado suyo, que pretendió envilecer su biografía atribuyendo a la trata de esclavos el despegar inicial de sus negocios navieros caribeños. Recordando lo que dejó escrito Carlos Marx: «Es la esclavitud la que ha dado valor a las colonias [americanas], son las colonias las que han creado el comercio mundial y el comercio mundial es la condición necesaria de la gran industria del Mundo moderno» (Miseria de la Filosofía, II, 4, observación), cabría preguntar: ¿cuántos potentados negreros emprendieron proyectos similares a los abordados por los marqueses de Comillas?

Nació Antonio López López (si se quiere, en la forma floreada que gustarían utilizar décadas más tarde quienes le estaban agradecidos: Antonio Víctor López del Piélago y López de Lamadrid) el 13 de abril de 1817 en Comillas, provincia de Santander. Huérfano de padre a los dos años, su madre difícilmente podía mantener a los tres hermanos de su labor como pescadera y de los frutos de la huerta que tenían en Cardosa (lugar donde décadas después se levantaría el Seminario por él fundado: los seminaristas comilleses acabarían conociendo por ese nombre al sitio más amplio ocupado luego por la institución). Sin haber cumplido todavía los diez años abandonó Comillas para trabajar con unos familiares en Andalucía (en Lebrija, Jerez y Cádiz). Vuelto a Comillas, en cuanto cumplió los catorce años ya podía intentar la aventura americana. Al parecer fue su paisano el naviero Fernández de Castro quien le proporciona un pasaje en el Reina de los Ángeles, desde Cádiz a Cuba. Desde 1831 y durante diez años trabaja de «mozo para todo» junto con otro emigrante paisano suyo, Manuel Calvo, ahorrando todo lo posible para poder afrontar un primer negocio: en 1841 los dos amigos fletan un «petache» de harina procedente de Santander hasta La Habana, y luego lo venden en Santiago de Cuba, transformando la inversión en un importante capital, que le permite ese verano volver por primera vez a Comillas, ya como un joven y prometedor «indiano». De nuevo en Cuba se estableció en Santiago, menos abastecida que La Habana, dedicándose al comercio de todo tipo de objetos: pacotillas, ropa, alimentos, &c. Pronto se casó con una rica cubana de origen catalán, Luisa Brú Lassús, es decir, dio el braguetazo, para decirlo con fórmula que Valle Inclán utilizaría en Tirano Banderas, quitando lo de chulo.

«Como se ha dicho, un Antonio López adolescente se vio forzado a marchar a Cuba, al parecer, huyendo de la justicia. Antes había dejado su trabajo como dependiente de un pequeño comercio regentado por una tía materna en Lebrija (Sevilla). Tras emplearse en negocios por cuenta ajena en alguna ciudad cubana, al alcanzar la mayoría de edad civil (25 años) decidió invertir sus escasos ahorros para establecerse de forma independiente. En las Crónicas de Santiago de Cuba Emilio Bacardí apunta que Antonio López y López se inscribió en la matrícula de comerciantes de dicha ciudad en marzo de 1844 [Emilio Bacardí Moreau, Crónicas de Santiago de Cuba, Santiago de Cuba 1925, vol. II, pág. 357]. López había alquilado una de las casas de Andrés Brú Puñet, un catalán instalado en Cuba lustros antes, sita en la calle Santo Tomás, 26, donde instaló un baratillo o tienda de toda clase de géneros de inferior calidad [Francisco Brú, La verdadera vida de Antonio López y López por su cuñado Francisco Brú, Barcelona 1885, pág. 45]. Su escaso capital le forzó a buscar financiación externa tanto para la compra del género como para el desarrollo de su negocio. El asturiano Domingo Antonio Valdés, instalado en la vecina ciudad de Guantánamo, fue quien le facilitó los recursos líquidos necesarios. En total, en noviembre de 1847 la deuda de López con Valdés superaba los 20.000 pesos (o sea, las 100.000 pesetas). Entonces el de Comillas creyó llegado el momento de dar un giro en su camino: aprovechando las buenas relaciones que había tejido con Andrés Brú (el dueño del local) decidió pedirle la mano de una de sus hijas, movido tanto por la dote como por la posibilidad de convencer a su suegro para que financiase sus proyectos.
Antonio López debió trasladarse a Barcelona, ciudad donde residía la familia Brú desde la primavera de 1846. Planificando el viaje a la península, transformó en noviembre de 1847 su particular Casa de Comercio en la sociedad colectiva Valdés y López. Convirtió entonces su mercería de la calle Santo Tomás en su aportación a la nueva empresa, bajo la forma de una comandita de 12.000 pesos fuertes, e incorporó a su hermano Claudio [8.000 pesos] y a Domingo A. Valdés [40.000 pesos] como socios gestores. Las deudas de López con Valdés se transformaron en parte de la aportación al capital de este último. La nueva sociedad Valdés y López se inscribió en la matrícula de comerciantes de Santiago de Cuba el 3 de febrero de 1848 {Archivo Nacional de Cuba, Intendencia General de Hacienda, leg. 971, nº 39, inscripción 969}.
La boda de Antonio López, celebrada en la ciudad condal en noviembre de 1848, permitió al cántabro, en efecto, sumar una dote de 9.000 pesos en efectivo (cifra que casi igualaba su propio patrimonio) e incorporar a su familia política como socios de su compañía: su suegro Andrés Brú Puñet como comanditario y su cuñado Andrés Brú Lassús como socio industrial. Regresó a Cuba en mayo de 1849 y semanas más tarde, concretamente el 24 de julio, Valdés se retiró de la firma santiaguera, quedando como socios los hermanos López, que nombraron entonces a la empresa Antonio López y Hermano {Archivo Histórico de Santiago de Cuba, Escribanía de Soler y Regüeiferos, protocolo 603, 1849, 24-VII-1849, fol. 132; y 8-VIII-1849, fol. 137}. Con un capital mayor, López pudo ampliar el horizonte de negocio de su empresa: incorporándose de forma intersticial en el negocio ilegal de la trata de esclavos, primero; y, después, en la compra de tierras de labor. El 2 de marzo de 1850 Antonio solicitó, junto con su antiguo socio Domingo Valdés, permiso para establecer una línea de vapores entre Guantánamo y Santiago de Cuba [Francisco de Cossío, La Compañía Trasatlántica. Cien años de vida sobre el mar, Madrid 1950, pág. 35]; servicio del que se ocupó el vapor General Armero. Todo parece indicar que ese buque fue utilizado para la introducción ilegal de esclavos en el oriente cubano. No en vano su puesta en marcha coincidió con un aumento del número de esclavos vendidos por Antonio López y Hermano. Así, el importante margen comercial de la trata permitió a la sociedad ampliar sus actividades, adquiriendo en poco más de dos años (entre diciembre de 1850 y enero de 1853) cuatro ingenios y otros tantos cafetales.» (Martín Rodrigo Alharilla, «La casa de comercio de los Marqueses de Comillas (1844-1920): continuidad y cambio en el capitalismo español», en Congreso de la Asociación de Historia Económica, Zaragoza, 19-21 de septiembre de 2001.)

La epidemia de cólera que invade la isla de Cuba en 1853 aconseja la vuelta definitiva de la familia a la península, y junto con Luisa Brú y los tres hijos que ya tienen (María Luisa, Isabel y Antonio) se instalan en Barcelona, en el palacio de Puertaferrisa, frente a las Ramblas. Al poco de llegar, el 15 de mayo de 1853, nace Claudio López Brú, su cuarto hijo. Como Antonio murió muy joven, fue Claudio quien hubo de seguir la estela de su padre.

«La leyenda negra. Pero como 'no es oro todo lo que reluce' y ningún hombre de prestigio se libra 'de la quema', Antonio tiene también su 'leyenda negra': ha permanecido en Comillas, generación tras generación, la versión de que Antonio López y López consolidó la que llegaría a ser una enorme fortuna gracias al tráfico de esclavos. Si se analizara fríamente la historia mundial, se recordaría que el tráfico de esclavos ha existido, para desgracia de la raza negra especialmente, y vergüenza de la blanca, hasta mediados del siglo XIX en muchos países, prolongándose en Brasil hasta 1888 y en Cuba hasta 1880. Por supuesto y también por desgracia, estas fechas corresponden a su legalidad. Lo que se haya prolongado y lo que se prolongue ilegalmente hasta nuestro días es una cruda realidad que poco tiene que ver con la biografía de Antonio López y López. Pero haciendo 'de tripas corazón' tenemos que reconocer que este 'tráfico' por el que tanto se ha desprestigiado al Marqués de Comillas era en los años en que vivió en Cuba, un negocio como otro cualquiera, no sólo legal sino también habitual. Respecto a la veracidad de las acusaciones que recaen sobre el Marqués, existen como de costumbre, varias versiones. Por un lado algunos autores consideran que la raíz de la leyenda del comillano como traficante de esclavos está en Pancho Brú. Hijo de Andrés Brú, cuentan que Pancho acusó al ya Marqués de Comillas, de haberse aprovechado de la buena voluntad de su padre para conseguir que dejara sus negocios en manos del comillano, de obligarle a trabajar desde muy niño, aún siendo el hijo de su socio, de haber sido el culpable de que su padre le desheredara en beneficio de Luisa, esposa de Antonio, de ser un analfabeto y un «negrero». Dicen también que las acusaciones de Pancho son consecuencia de la envidia que el cántabro le provocaba al haber conseguido la confianza de su padre. Es de suponer que algo tendrían de ciertas estas acusaciones. Pero como ocurre siempre con el paso del tiempo, se mezclan y confunden realidad y ficción. Las leyendas y los hechos. Hay de todas formas muchos indicios para creer que Antonio se dedicó a este 'negocio': en algunas de sus empresas tuvo dotaciones de obrajes como pago; 'prestación de trabajo que se imponía a los indios de América y que las leyes procuraron extinguir', según define el diccionario de la Real Academia; en la primera estatua construida en Comillas en su honor, que fue destruida durante la guerra y reconstruida posteriormente, aparecían dos personas negras a sus pies; algunos dicen que niños, otros que mujeres; en su villa natal el peso de esta leyenda ha sobrevivido durante más de un siglo. Y aunque no se conoce documento alguno que pueda demostrarlo, todos estos factores inclinan a pensar que el tráfico de esclavos fue una de las actividades que enriquecieron al Marqués. Una entre tantas, pero no la principal.» (Raquel C. Sánchez, Antonio López y López, primer Marqués de Comillas, Cantabria 1999, págs. 20-22-)

En Cuba Antonio López operó a través de tres sociedades personalistas («Antonio López y López», «Valdés y López» y «Antonio López y Hermano»). En 1853 el capital de su casa de comercio superaba las 500.000 pesetas. Una vez establecido en Barcelona, la primera de sus actividades navieras consistió en la compra en subasta pública del transporte de correo entre la península y la isla caribeña, para lo que adquirió en Amberes los barcos París y Ciudad Condal, los primeros de una naviera que, al fallecer, contaba con catorce vapores, algunos de los más lujosos de la época. En 1857 constituye en Madrid la sociedad «Antonio López y Compañía», con sede social en Alicante y Barcelona, con seis socios de los que cuatro son gerentes (Antonio López, su hermano Claudio, Patricio Satrústegui y su hermano Joaquín M. Satrústegui), aunque los estatutos precisan que «el jefe de las casas será D. Antonio López y López a quien como tal corresponderá la iniciativa de los negocios».

En 1859-1860 la naviera de Antonio López comienza a ser un aliado militar del gobierno, prestando sus barcos para el traslado de soldados a las campañas bélicas de África. Y en 1861 logra el transporte de la correspondencia ultramarina de España, entre la península y Cuba, Puerto Rico y Santo Domingo, servicio recién privatizado que requerirá la actividad de nueve vapores de hélice. En 1864, a propuesta del Ministerio de Marina, se le otorga la Gran Cruz de Isabel la Católica. El próspero naviero tendrá ocasión de mejorar sus negocios y sus relaciones políticas en la «guerra de los diez años», que se desencadenó en Cuba en octubre de 1868. Fueron más de mil los viajes que la naviera realizó al servicio de la guerra civil que mantenían los españoles en Cuba, realizando entre la metrópoli y la isla unos cuatrocientos mil pasajes de soldados... facilitando al Estado el pago de los servicios prestados mediante cómodos plazos. Participó en las empresas de seguros que redimían del servicio militar, se le encomendó la recaudación de las aduanas de Cuba, &c.

Antonio López López, primer marqués de Comillas Introducido también en el terreno de la banca (en 1870 tenía Antonio López 12.000 acciones en el banco catalán Crédito Mercantil), fundó y presidió en 1876 el Banco Hispano Colonial (al que aportó 10.250.000 pesetas, un 13,7% de su capital inicial), para prestar al gobierno el apoyo económico en Cuba contra los independentistas. El banco llegó a prestar al gobierno de España hasta 25 millones de pesetas, uno de los negocios más importantes en los que intervino el de Comillas.

Y si en 1864 la guerra de África, además de beneficios económicos le había otorgado el tratamiento de Excelencia, gracias a la Gran Cruz de Isabel la Católica, en 1878 la guerra de Cuba, además de beneficios económicos, sirvió para que su amigo Alfonso XII le concediese el Marquesado de Comillas.

En 1881 alcanzaba Antonio López su plenitud como empresario e influyente personaje público: dio su nombre al Antonio López, un modernísimo buque de casco de acero y con luz eléctrica, pero se lo quitó a su naviera, transformada en la Compañía Trasatlántica; pasó a presidir el Crédito Mercantil; gracias al oportuno aviso de Cánovas del Castillo, presidente del Consejo de Ministros, creó la Compañía General de Tabacos de Filipinas, que al poco se aprovechó del desestanco decretado por el Ministro de Ultramar; incrementó su presencia en la Compañía Ferroviaria del Norte, de la que era vicepresidente desde 1878; adquirió acciones en el coto minero de Aller (operación que tuvo que cerrar su hijo y heredero), apostando por el futuro de la minería asturiana; y, sobre todo, logró que la familia real aceptase su invitación para pasar el mes de agosto en su pueblo natal, en Comillas. Alfonso XII correspondió a las atenciones recibidas aquel verano con la concesión a su amigo de un nuevo reconocimiento, otorgándole la Grandeza de España, y al año siguiente, poco antes de su repentina muerte, con el nombramiento como Senador.

Antonio López tuvo contratado a su servivio al sacerdote y poeta Jacinto Verdaguer Santaló (1845-1902), navegando un par de años como capellán en barcos de su naviera y luego atendiendo en su casa como presbítero. El poeta catalán le dedicó agradecido L'Atlántida. «También tengo la segunda edición de la Atlántida costeada por nuestro paisano Antonio López», le escribe Marcelino Menéndez Pelayo a Gumersindo Laverde el 13 de diciembre de 1878 (MPEP 3:204); «Estos días hemos tenido en la Montaña al egregio Verdaguer, que ha venido como capellán de Antonio López» (MMP a Laverde, Santander 15 septiembre 1881, MPEP 5:163), &c.

El protagonismo alcanzado en el verano de 1881 por el Marqués de Comillas animó al jesuita Tomás Gómez a dirigirse a su paisano, en el mes de septiembre, para proponerle fundar en Comillas un «Seminario de Pobres», proyecto que culminaría en la Universidad Pontificia de Comillas. Puede verse con más detalle esta relación en la entrada dedicada a Tomás Gómez. El martes 16 de enero de 1883 falleció en Barcelona el primer Marqués de Comillas, tras sentirse indispuesto al terminar su habitual partida al tresillo. «Hombre de suma esplendidez y patriotismo, supo rodear su nombre de general respeto y gran popularidad, que se manifestaron ostensiblemente con motivo de su fallecimiento. Al tenerse noticia de éste, los ayuntamientos de Cádiz, Santander y Barcelona, que fueron las ciudades que más directamente se beneficiaron de sus empresas, tomaron acuerdos para perpetuar su memoria. En Barcelona se le erigió un monumento en cuyo pedestal se grabó la frase que el rey Alfonso XII le dedicó al tener conocimiento de su muerte: 'España ha perdido uno de los hombres que más grandes servicios le ha prestado'.» (EUI 31:183.)

«Don Antonio López es en la historia de las finanzas modernas una figura de primer orden. No fue un individuo de tantos como encumbró el siglo XIX con el desmedido salto efectuado en los inventos mecánicos y en la técnica de las comunicaciones. Tampoco hay en su engrandecimiento misteriosas combinaciones judaicas a lo Rothschild, sino claridad de talento extraordinario y poder indomable de voluntad incontaminada. Seguir paso a paso el proceso de su vida de negocios es un pasatiempo instructivo. Don Antonio fue un hombre, que rompió todos los moldes, en que las circunstancias sociales y el medio ambiente familiar quisieron coartar su estallante dinamismo. (...) Al fin llegó a ser una figura nacional y benemérita de la patria. En 1878 el Rey le otorgó la grandeza de España vinculada al marquesado de Comillas. Fue su huésped en el verano de 1881. Don Antonio dejó pruebas colosales de su genio en todas las grandes empresas nacionales y modernas: navegación marítima, ferrocarriles del Norte, Bancos de crédito, industrias mineras. Cuando murió, convinieron todos los elogios en que su instinto de orientación en el complicado panorama de los negocios, era el más extraordinario de nuestro siglo XIX. A este hombre excepcional se dirigió el P. Tomás Gómez con una larga carta fechada el 22 de septiembre de 1881. (...) El Marqués de Comillas quedó un poco desorientado al leer el escrito. Buen cristiano toda su vida nunca había mantenido relaciones especiales con sacerdotes y religiosos. Entusiasmado con la idea de trabajar por el engrandecimiento de España, jamás se le había ocurrido ser precisamente el fundador de un Seminario. Tardó un mes en dar contestación al P. Gómez. Le citó para una entrevista en San Sebastián. Ella se tuvo el 20 de octubre de 1881. No encontraron dificultad en entenderse aquellos dos ilustres montañeses. Eran ambos prácticos y decididos. Vinieron en seguida al fondo de la cuestión. Don Antonio comprendió la noble actitud del jesuita, que aun yendo a pedir, no se presentaba como un mendigo, sino como un embajador de la gloria de Dios. El jesuita vio, en contrapuesta mirada de calma y serenidad, que el Marqués de Comillas era un hombre sincero y limpio de prejuicios: al principio no disimuló su indiferencia por la obra que le proponían, pero se fue doblegando a la evidencia de las razones.» (Nemesio González Caminero, La Pontificia Universidad de Comillas, Comillas 1942, páginas 21-23.)

 

Bibliografía sobre Antonio López López:
  • 1885 Francisco Brú, La verdadera vida de Antonio López López por su cuñado Francisco Brú, Tipografía de Leodegario Obradors, Barcelona 1885.
  • 1928 Camilo María Abad, S. J., El Seminario Pontificio de Comillas. Historia de su fundación y primeros años (1881-1925), Tipografía Católica, Madrid 1928, 362 págs.
  • 1942 Nemesio González Caminero, La Pontificia Universidad de Comillas, semblanza histórica, Comillas 1942, 185 págs.
  • 1999 Raquel C. Sánchez, Antonio López y López, primer Marqués de Comillas, Cantabria s.f. [ISBN: 1999], 75 págs. [En 2003 a la venta en la tienda de recuerdos del Palacio de Sobrellano, en Comillas, otrora perteneciente a los Marqueses y ahora propiedad de Cantabria.]
  • 2000 Martín Rodrigo Alharilla, Los Marqueses de Comillas 1817-1925, Antonio y Claudio López, LID, Madrid 2000, 405 págs.
  • 2001 Martín Rodrigo Alharilla, «La casa de comercio de los Marqueses de Comillas (1844-1920): continuidad y cambio en el capitalismo español», en Congreso de la Asociación de Historia Económica (Zaragoza, 19-21 de septiembre de 2001), texto disponible en internet.

 

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