Filosofía en español 
Filosofía en español

Conocimiento

Conocimiento

Ver: Gnoseología, Teoría del reflejo.

Diccionario filosófico marxista · 1946:51

Conocimiento

La filosofía marxista ha sido la primera, en la historia del pensamiento humano, en dar una explicación científica de la naturaleza del conocimiento y del proceso cognoscitivo. La gnoseología marxista toma por base la realidad objetiva del mundo exterior que existe independientemente de la conciencia de los hombres, y considera su conocimiento como el reflejo de ese mundo objetivo. El marxismo parte luego de este principio: el mundo exterior es perfectamente cognoscible. Estas premisas se oponen irreductiblemente al idealismo para el cual, el objeto del conocimiento es o bien una “idea absoluta” mística, el espíritu, Dios, &c. (ver Idealismo “objetivo”), o bien, estados subjetivos, sensaciones, percepciones del hombre (ver Idealismo subjetivo). El marxismo venció a las diferentes teorías que niegan la posibilidad de conocer el mundo. La tesis del materialismo dialéctico sobre la posibilidad de conocer el mundo constituye una gran conquista de la filosofía científica. Ella estimula a la razón humana en su voluntad de conocer la esencia de los fenómenos, de descubrir las leyes objetivas de la naturaleza y de la sociedad, y de ponerlas al servicio del hombre.

Pero la filosofía marxista no se ha limitado a dilucidar la naturaleza del conocimiento como reflejo de la realidad objetiva y a demostrar la posibilidad de conocer el mundo. Su gran mérito consiste igualmente en haber sido la primera en explicar el proceso del conocimiento. En la filosofía premarxista reinaban ideas erróneas sobre este problema importante. Los partidarios del empirismo (ver) ponían el acento en el papel preponderante de las sensaciones, de la observación inmediata, y negaban el papel del pensamiento teórico, de la generalización y de la abstracción. Los adeptos al racionalismo (ver) hacían valer la importancia de la razón a la que consideraban como único modo de conocimiento, y negaban el papel del conocimiento sensible, de la experiencia, de la observación. Al combatir a los idealistas, los materialistas anteriores a Marx subrayaban con razón que el conocimiento refleja los objetos y los fenómenos objetivos de la naturaleza. Pero eran metafísicos, y perdían de vista toda la complejidad de ese proceso menospreciando el papel activo del pensamiento. En oposición al materialismo metafísico, los idealistas destacaban el principio de la actividad del pensamiento hasta la negación del mundo objetivo, haciendo a aquél, creador de la naturaleza. Y lo más grave era que todos esos filósofos no comprendían el papel primordial de la práctica en el conocimiento, desligaban el conocimiento de la práctica.

Sólo la filosofía marxista ha resuelto esos problemas. Ha superado la estrechez del empirismo, del racionalismo y del materialismo metafísico, y ha colocado la práctica en el corazón del problema del conocimiento. El marxismo ha establecido que el conocimiento no es un reflejo inerte, “fotográfico” de la realidad, sino un proceso dialéctico complejo. Al aplicar la dialéctica materialista al conocimiento, el marxismo muestra que éste se desarrolla por etapas, etapas ligadas entre sí y que se suceden la una a la otra. Lenin expresó admirablemente la esencia de este proceso, y mostró cómo la realidad se refleja en cada grado del conocimiento de la verdad objetiva: “De la contemplación viva al pensamiento abstracto, y de éste a la práctica –tal es la vía dialéctica del conocimiento de la verdad, del conocimiento de la realidad objetiva” (Cuadernos filosóficos, Ed. rusa).

Las sensaciones, las percepciones, las representaciones, en una palabra, la observación viva de la realidad, constituyen los canales por los cuales el mundo exterior actúa sobre la conciencia humana. Pero en esta primera etapa, el conocimiento ofrece sobre todo imágenes de objetos aislados, no descubre más que el aspecto exterior de las cosas. Las sensaciones, las percepciones, las representaciones son incapaces de reflejar por sí solas el vínculo íntimo de los fenómenos, de descubrir las leyes del mundo objetivo. Ahora bien, el objeto del conocimiento es el de descubrir las leyes objetivas de la naturaleza. El conocimiento no lo logra sino en su segunda etapa, con la ayuda del pensamiento abstracto. Al generalizar los datos de las sensaciones y de las percepciones, el pensamiento abstracto deja de lado todo lo que es fortuito, no esencial en los objetos y los fenómenos para penetrar en su esencia. Los resultados de esta operación se resumen en los conceptos, las categorías, las leyes científicas. Tales son, por ejemplo, las nociones de materia, movimiento, clase, modo de producción, &c.; tales son la ley del valor, las leyes de la lucha de clases, la ley económica fundamental del socialismo, &c. Estos dos grados del proceso del conocimiento –la contemplación viva y el pensamiento abstracto– se hallan vinculados entre sí, se convierten el uno en el otro y señalan los jalones de un solo proceso dialéctico del reflejo de la realidad.

La práctica se halla en la base de este proceso y de cada una de sus etapas, y constituye el criterio supremo de la verdad de los conocimientos adquiridos. El hombre aprende a conocer el mundo exterior en el transcurso de su actividad práctica, al ejercer su acción sobre la naturaleza. La verificación práctica señala la etapa superior del conocimiento, del reflejo de las leyes del mundo objetivo en el cerebro humano. Sólo la actividad práctica permite verificar cada progreso del conocimiento, cada verdad, descubierta por el pensamiento. “Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento. El litigio sobre la realidad o irrealidad de un pensamiento aislado de la práctica, es un problema puramente escolástico” (Marx, “Tesis sobre Feuerbach”, en Marx/Engels, Obras escogidas, t. II, p. 376, Ed. esp., Moscú, 1952).

Excluir la práctica del dominio del conocimiento, afirmar que el proceso del conocimiento se corona con el pensamiento abstracto, bajo pretexto de que la práctica es una actividad material, es cometer un grave error y adoptar, en suma, una posición idealista. En su Materialismo y empiriocriticismo (ver) Lenin muestra que tal punto de vista se confunde con el “machismo” (ver Empiriocriticismo; Mach). “Si incluimos el criterio de la práctica en la base de la teoría del conocimiento, esto nos lleva inevitablemente al materialismo –dicen los marxistas. La práctica puede ser materialista, pero la teoría es capítulo aparte –dice Mach” (Lenin, Materialismo y Empiriocriticismo, p. 148, Ediciones Pueblos Unidos, Montevideo, 1948). Sólo el conocimiento verificado por la práctica ofrece una verdad auténtica. Lejos de detenerse en la etapa del pensamiento abstracto, el proceso del conocimiento se eleva a una etapa superior, la de la verificación práctica de la verdad.

El materialismo dialéctico provee a la ciencia del conocimiento de las leyes que permiten conocer el mundo objetivo cada vez más profundamente. (ver igualmente Concepto; Gnoseología; Teoría y práctica; Verdad absoluta y verdad relativa; Verdad objetiva).

Diccionario filosófico abreviado · 1959:86-87

Conocimiento

Proceso en virtud del cual la realidad se refleja y reproduce en el pensamiento humano; dicho proceso está condicionado por las leyes del devenir social y se halla indisolublemente unido a la actividad práctica. El fin del conocimiento estriba en alcanzar la verdad objetiva. En el proceso del conocimiento, el hombre adquiere saber, se asimila conceptos acerca de los fenómenos reales, va comprendiendo el mundo circundante. Dicho saber se utiliza en la actividad práctica para transformar el mundo, para subordinar la naturaleza a las necesidades del ser humano. El conocimiento y la transformación práctica de la naturaleza y de la sociedad son dos facetas de un mismo proceso histórico, que se condicionan y se penetran recíprocamente. El conocer mismo constituye un momento necesario de la actividad práctica de la sociedad, pues dicha actividad es propia de los hombres y éstos la realizan basándose en el conocimiento de las propiedades y de las funciones de cosas y objetos. Por otra parte, la actividad productiva social, la práctica de la sociedad, aparece como momento necesario del proceso mismo del conocer. Sólo la inclusión de la práctica en la teoría del conocimiento ha convertido a esta última en una ciencia real, que descubre las leyes objetivas del origen y formación del saber relativo al mundo material. En las fuentes del conocimiento, se encuentra la acción práctica, activa, sobre la naturaleza, la reelaboración práctica de su sustancia, el aprovechamiento de determinadas propiedades de las cosas con vistas a la producción. Lo que en la práctica se asimila y con ello pasa a enriquecer el saber humano, su acervo de conceptos y teorías, no es la apariencia del objeto, sino sus funciones –descubiertas gracias al hacer práctico– y, con ellas, la esencia objetiva de la cosa dada. El conocimiento constituye un complejo proceso dialéctico que se efectúa en distintas formas, posee sus estadios y grados, y en él participan distintas fuerzas y aptitudes del hombre. El conocimiento –que se apoya en la experiencia, en la práctica– se inicia con las percepciones sensoriales de las cosas que rodean al ser humano. De ahí que en el proceso de la cognición desempeñe un gran papel la “contemplación viva” la conexión sensorial directa del hombre con el mundo objetivo. Fuera de las sensaciones, el hombre no puede saber nada acerca de la realidad. La “contemplación viva” se realiza en formas como la sensación, la percepción, la representación, el estudio de los hechos, la observación de los fenómenos, &c. Las sensaciones proporcionan al hombre un conocimiento de las cualidades externas de las cosas. Diferenciando lo caliente, lo frío, los colores, los olores, la dureza, la blandura, &c., el hombre se orienta con acierto en el mundo de las cosas, distingue unas de las otras, adquiere diversa información respecto a los cambios que se producen en el medio que le rodea. La percepción de las imágenes de los objetos y el hecho de conservarlas en la representación permiten operar libremente con los objetos, captar el nexo entre el aspecto externo del objeto y sus funciones. Mas, por importante que sea la forma sensorial del conocimiento, ésta, de por sí, no hace posible penetrar en la ciencia de las cosas, descubrir las leyes de la realidad. Ahora bien, es precisamente en esto en lo que estriba el objetivo principal del conocer. Los datos de la “contemplación viva”, de la experiencia, son elaborados y generalizados por la facultad cognoscitiva superior del hombre, por el pensamiento verbal, abstracto y lógico, que se realiza en forma de conceptos, juicios y razonamientos. Los conceptos también aparecen en el hombre como producto de su actividad productiva social. Las propiedades, las funciones de las cosas, su valor objetivo para la práctica, fijándose en la actividad señalizadora verbal de las personas, se convierten en significado y sentido de palabras con ayuda de las cuales el pensamiento humano crea determinados conceptos sobre las cosas, sus propiedades y manifestaciones. La actividad lógica del pensar se realiza en distintas formas: inducción y deducción, análisis y síntesis, formulación de hipótesis y teorías, &c. Desempeñan asimismo un gran papel en el conocimiento, la imaginación, la fantasía creadora y la intuición, que permiten componer amplias representaciones generalizadoras sobre la naturaleza de las cosas partiendo de algunos datos de la experiencia. Sin embargo, el pensamiento sólo crea ideas subjetivas; queda abierto el problema de si dichas ideas corresponden a la realidad misma. Este problema no se resuelve solamente con meros razonamientos y demostraciones teóricos, sino, ante todo, en la práctica históricosocial. Una idea subjetiva se convierte en verdad objetiva, –con la cual culmina un cielo determinado del pensamiento– tan sólo en el caso de que las acciones prácticas de la sociedad, apoyadas directa o indirectamente en dicha idea, permitan al hombre dominar fuerzas de la naturaleza o sociales. (Criterio de la verdad). Y sólo cuando la práctica social de la producción confirma la coincidencia de ideas, conocimientos y teorías con la realidad, sólo entonces, es posible hablar de la veracidad de dichas ideas, conocimientos y teorías. Lenin escribió: “De la contemplación viva al pensamiento abstracto y de éste a la práctica –tal es la vía dialéctica del conocimiento de la verdad, del conocimiento de la realidad objetiva” (t. XXXVIII, pág. 161). Las verdades de la ciencia no se comprueban prácticamente de manera definitiva mediante un experimento aislado, efectuado adrede. Toda la actividad material de la producción, la existencia de la sociedad en el transcurso de su historia toda, precisan, ahondan y comprueban el saber. La verdad es un proceso. La práctica suficientemente determinada para diferenciar del error la verdad objetiva, para confirmar la veracidad de nuestros conocimientos, es al mismo tiempo un proceso en desarrollo, limitado en cada una de sus etapas por las posibilidades de la producción, su nivel técnico, &c. Esto significa que también la práctica es relativa, en virtud de lo cual su desarrollo no permite a la verdad convertirse en un dogma en algo absoluto e invariable (Verdad absoluta y verdad relativa). La transformación revolucionaria de la sociedad y el establecimiento práctico del comunismo únicamente son posibles si se tiene un conocimiento verdadero de las leyes objetivas sociales y naturales.

Diccionario filosófico · 1965:80-81

Conocimiento

Proceso socio-histórico de la actividad creadora de los hombres, que forma su saber, sobre la base del cual surgen los fines y motivos de las acciones humanas. En la historia de las formaciones clasistas, donde existe la contraposición entre el trabajo intelectual y el manual y donde la actividad creativa, que descubre y crea lo nuevo, se opone socialmente a la actividad ejecutiva rutinaria, el conocimiento por lo común constituye una función específica de quienes se ocupaban profesionalmente de una u otra variedad de la producción espiritual (actividad científica, estética, ética, religioso-moral y de otra índole). Por eso la teoría del conocimiento se ha elaborado como teoría de una actividad especial, propiamente espiritual, que se separó de la práctica (Teoría y práctica), lo cual engendró el agnosticismo y el idealismo en la intelección del conocimiento. La teoría materialista dialéctica del conocimiento considera la actividad práctica como fundamento del conocimiento y criterio de la veracidad del saber. En los pilares del conocimiento se encuentran la influencia activa de los individuos sobre la naturaleza, la reelaboración de la substancia de la naturaleza y la utilización de las propiedades de las cosas en la producción. Uno u otro modo de actividad práctica es, al mismo tiempo, modo de comunicación entre los individuos. En los procesos laborales del tratamiento de la piedra, de los metales, &c. se reflejaban y se consolidaban las propiedades esenciales de estos objetos. Por eso la piedra o el metal aparecían ante el hombre no simplemente en forma de combinación de las cualidades externas, perceptibles por los órganos de los sentidos. Al contemplar un objeto, el hombre, diríase, “imprime” al mismo las habilidades históricamente formadas de su transformación y aprovechamiento, por lo cual este objeto aparece ante el hombre también como objetivo de su acción. Así pues, la contemplación viva de los objetos es un elemento de la actividad práctica sensorial. Se realiza en formas tales como la sensación, percepción, representación, &c. Las propiedades y funciones de las cosas, su significación objetiva, consolidándose en la actividad signalizadora y lingüística de los hombres, se convierte en significado de las palabras, con cuya ayuda el hombre crea, por medio de la actividad abstractiva del pensamiento, sus representaciones sobre las cosas, sus propiedades y manifestaciones. La actividad lógica del pensamiento se efectúa en formas tales como concepto, juicio, ilación, inducción y deducción, análisis y síntesis, &c., en la formulación de ideas e hipótesis. Ahora bien, únicamente cuando la práctica socio-productiva confirma la coincidencia de las ideas o hipótesis con la realidad, podemos hablar de su veracidad. Lenin decía: “De la percepción viva al pensamiento abstracto, y de éste a la práctica; tal es el camino dialéctico del conocimiento de la verdad, del conocimiento de la realidad objetiva” (t. 29, pp. 152-153). Las verdades del conocimiento se verifican prácticamente no sólo en un experimento aislado especialmente organizado. Toda la actividad material socio-productiva y todo el ser de la sociedad en el curso de toda su historia concretan, ahondan y verifican los conocimientos. Siendo lo suficientemente definida como para distinguir entre la verdad objetiva y el error y confirmar la autenticidad de nuestros conocimientos la práctica constituye a la vez un proceso en desarrollo, limitado en cada una de sus etapas por las posibilidades de la producción, su nivel técnico, &c. Esto significa que la práctica también es relativa, en virtud de lo cual su desarrollo no permite a la verdad convertirse en dogma, en algo absoluto, inmutable (Verdad absoluta y relativa). Únicamente el conocimiento auténtico de las leyes sociales y naturales objetivas posibilita la transformación revolucionaria de la vieja sociedad y la edificación práctica de la nueva.

Diccionario de filosofía · 1984:82-83