Francisco Moreno Herrera
 
1909-1978

«Marqués de la Eliseda» consorte desde 1931
«Conde los Andes» desde 1966

 

Francisco de Asís Moreno Herrera nació en Jerez de la Frontera el 23 de enero de 1909: su madre, Carmen Herrera, hija del Conde de la Mortara; su padre, Francisco Moreno Zuleta, Conde de los Andes y Marqués de la Mortara, dos veces Grande de España, «importante propietario agrario de la región, con 3593 hectáreas». Hizo sus primeros estudios en Jerez, y a los catorce años fue enviado al Stonyhurst College, en Lancashire, Inglaterra, fundado en el siglo XVI en Flandes por los jesuitas y dirigido por esa Compañía. Cursó después Derecho en la Universidad de Granada, y terminó sus estudios en la Universidad de Oxford, donde se licenció en Ciencias Económicas y Políticas. «Allí pudo familiarizarse con los planteamientos corporativistas del guildismo inglés, uno de cuyos representantes más afamados, el ideólogo e historiador G. D. H. Cole, fue su profesor de Economía; y con el pensamiento conservador británico, particularmente con Chesterton, Belloc y Harold Goad.»

Vuelto a España en 1929, entró en contacto con Eugenio Vegas Latapié (1907-1985), quien a los dieciséis años ya había dirigido la revista integrista Cruz y Verdad, presidente de la Juventud Monárquica Independiente, siendo designado Jefe de Movilización de esa organización.

El 19 de febrero de 1931 matrimonió con la marquesa de la Eliseda, transformándose en marqués consorte de la Eliseda, en una boda aristocrática que constituyó una de las últimas ceremonias de este género antes de la proclamación de la Segunda República, menos de dos meses después, la consiguiente salida de España de la familia real y el paso de la nobleza a una existencia virtual. La prensa madrileña fue informando al pueblo del acontecimiento, estimulando en algunos, sin duda, su ardor por la lucha de clases. Los lectores de El Sol y de La Época pudieron leer, por ejemplo:

«La vida de sociedad. Próxima boda. El día 19 de febrero próximo, fecha en que celebrarán sus bodas de plata los condes de los Andes, se efectuará la boda de su hijo D. Francisco Moreno y Herrera con la bella señorita Teresa de Arteaga y Falguera, hija de los duques del Infantado.» (El Sol, Madrid, 23 de septiembre de 1930, pág. 3.)

«La vida de sociedad. Boda. Se ha fijado para el 19 de febrero próximo la boda de la señorita María Teresa Arteaga y Falguera, hija de los duques del Infantado, con D. Francisco Moreno y Herrera, hijo de los condes de los Andes.» (El Sol, Madrid, domingo 25 de enero de 1931, pág. 4.)

«La vida de sociedad. Títulos nobiliarios. Por Reales órdenes se han dispuesto que se expidan Reales cartas de sucesión en los siguientes títulos: […] y marqués de la Eliseda, a favor de doña María Teresa de Jesús de Arteaga y Falguera, hija de los duques del Infantado. Esta señorita, como es sabido, contraerá matrimonio el próximo día 19 con D. Francisco Moreno y Herrera, hijo de los condes de los Andes.» (El Sol, Madrid, jueves 12 de febrero de 1931, pág. 4.)

«La vida de sociedad. Regalos y equipo. Un fantástico aspecto de cuento de Las mil y una noches ofrecía ayer tarde el palacio árabe de los duques del Infantado con motivo de la exposición de los regalos recibidos por su hija María Teresa de Arteaga y Falguera, nueva marquesa de la Eliseda, que, como es sabido, contraerá matrimonio el próximo día 19 con don Francisco Moreno y Herrera, hijo de los condes de los Andes. El patio cubierto de cristales había sido habilitado para exponer los innumerables objetos de plata que el novio ha recibido de sus amistades, y toda la serie de salones apenas si daban cabida a la maravillosa colección de joyas, trajes, pieles, encajes y ropa interior que constituyen la canastilla de la encantadora novia, y a los centenares de regalos con que ha sido obsequiada. Dos vitrinas encerraban las joyas principales: una, las regaladas por el Sr. Moreno y su familia, y la otra las donadas por los duques del Infantado y sus hijos. El novio ha regalado a su prometida un magnífico aderezo de brillantes y rubíes, una pulsera consistente en una cadena de brillantes, dos mantones antiguos, una mantilla blanca, un “renard argenté”, tres abanicos antiguos, un abrigo de “breisschwauz”, varios elegantes vestidos y el traje de boda, de estilo Renacimiento italiano. Los duques del Infantado a su hija: tres hilos de perlas, una “riviére” de brillantes, un collar de turquesas, dos sortijas: una de brillantes y rubíes y otra de turquesas; un “pendentif” de esmeraldas, pendientes de esmeraldas, un broche de brillantes, varios abrigos de piel, una magnifica capa de armiño, el “trousseau” completo y toda una serie de mantillas, mantones y abanicos antiguos. Los condes de los Andes a la novia: un soberbio collar de perlas y dos gruesas perlas para las orejas, y a su hijo, un lujoso automóvil. Entre los prometidos y sus futuras familias se han cruzado también valiosos regalos, cuya enumeración haría interminable esta reseña. En cuanto a los obsequios que la marquesa de la Eliseda ha recibido de sus amigos, pasan en número a 500. El matrimonio, que constituirá un verdadero acontecimiento social, se verificará en la parroquia de San Jerónimo.» (El Sol, Madrid, viernes 13 de febrero de 1931, pág. 3.)

«Boda aristocrática. La marquesa de la Eliseda y don Francisco Moreno Herrera. Dos familias ilustres. Para la sociedad madrileña ha sido un acontecimiento gratísimo la boda, efectuada hoy a las doce, de la encantadora señorita María Teresa de Arteaga y Falguera, marquesa de la Eliseda, hija de los duques del Infantado, con don Francisco Moreno Herrera, primogénito de los condes de los Andes. La hermosa iglesia parroquial de San Jerónimo parecía pequeña para la enorme concurrencia aristocrática que en ella se había congregado. Pocas bodas, en efecto, habrá podido ver la sociedad con más simpatía que este enlace, por el cual se unen dos familias ilustres de la nobleza española. Es la novia hija del almirante de Aragón, grande de España, don Joaquín de Arteaga y Echagüe, que ostenta, entre otros muchos títulos, los de duque del Infantado, marqués de Ariza y Estepa y conde de Monclova, de gran abolengo histórico, y el de marqués de Santillana, que evoca una de las más puras glorias de la poesía castellana. […] Por su madre, pertenece la novia a la ilustre familia de los condes de Santiago, tan estimada en los círculos sociales. En cuanto al novio, es el primogénito del grande de España don Francisco Moreno Zuleta, conde de los Andes, y de doña María del Carmen de Herrera, hermano de la duquesa de Maura. Desciende el condado de los Andes de un virrey del Perú, para quien se concedió el título a principios del siglo XIX. Su actual poseedor, perteneciente a una ilustre familia andaluza, ha sido subsecretario de la Presidencia y ministro de Economía y Hacienda. Si agregamos que la marquesa de la Eliseda une a su belleza aristocrática una cultura y una bondad poco corrientes, y que su prometido es un muchacho tan inteligente como simpático, se comprenderán el cariño y el interés con que la sociedad madrileña se asoció a esta boda. […] El obispo de Madrid-Alcalá, doctor Eijo, esperaba en el altar mayor la llegada de los novios y los padrinos, que ocuparon los respectivos reclinatorios. […] Terminado el acto religioso, la mayoría de la concurrencia se trasladó al Palacio árabe de los duques del Infantado, cuyos salones, adornados también con blancas flores, habían sido abiertos para la celebración de un gran almuerzo. […] La comida a los obreros que han construido este pabellón fue servida por las señoritas de Infantado, Maura y Barzanallana. Con este motivo se registraron escenas muy animadas. Se dieron vivas al Rey, a los novios y a los duques del Infantado. […] No se ha limitado a esto el rasgo de la novia y de sus padres, que han enviado, para distribuir, durante este mes, cinco mil bonos de comida, que serán entregados a otros tantos pobres de la Asociación Matritense, Patronato de Enfermos, Conferencias de San Vicente, parroquia de San Jerónimo y otras sociedades benéficas. Los nuevos esposos se trasladaron esta tarde a la finca de Viñuelas, que cerca de Madrid poseen los duques del Infantado. Luego realizarán un largo viaje a Egipto y otros puntos del extranjero. A los votos que hoy ha hecho por su ventura eterna la sociedad de Madrid, unimos los nuestros, muy cariñosos.» (La Época, jueves 19 de febrero de 1931, página 1.)

El 1º de enero de 1932 figura el «Marqués de la Eliseda» en quinto lugar de la relación de Los señores que ocupan los cien primeros lugares como suscriptores de ACCIÓN ESPAÑOLA.

En 1933 es uno de los socios de «Cultura Española», la sociedad que se hizo cargo, a partir de su nº 28 (1 mayo 1933), de la revista Acción Española (aparecida el 15 de diciembre de 1931), momento en el que «El Conde de Santibañez del Río» pasó a figurar como Fundador y Ramiro de Maeztu como Director. Esa sociedad «Cultura Española» estaba presidida por Ramiro de Maeztu y formada por el Conde de Santibáñez del Río (Fernando Gallego de Chaves Calleja), José María Pemán, Jorge Vigón, el Marqués de las Marismas (José Ignacio Escobar y Kirkpatrick), el Marqués de la Eliseda, Luis Vela y Eugenio Vegas Latapie.

«En la última página del número 24 de Acción Española se anunciaba que la redacción y administración de la revista quedarían instaladas en un piso de la Glorieta de San Bernardo, a partir del siguiente número. El traslado fue acompañado de una drástica organización de los servicios administrativos, exigidos por la crítica situación económica en que nos hallábamos. El plan de austeridad implicaba, por de pronto, la supresión de todo el personal remunerado, cuyas funciones serían realizadas gratuitamente por algunos socios.
Cometí la torpeza de citar a la misma hora a los tres funcionarios retribuidos, designados por Quintanar entre amigos y allegados, para exponerles las razones que obligaban a reducir al mínimo los gastos. Con ellos cité también al conserje y a un joven ayudante administrativo. Acudieron todos puntualmente a la cita y se reunieron en la habitación habilitada para oficinas. En un despacho próximo nos encontrábamos algunos directivos de Cultura Española. Cuando me disponía yo a ir a entrevistarme con los funcionarios convocados, para hacerles ver la imperiosa necesidad de proceder a drásticas economías, llegó Maeztu y preguntó qué sucedía. Le explicamos brevemente la cuestión, que ya le era conocida, y se brindó él a notificar su cese al personal. Salió Maeztu de la habitación en que estábamos reunidos los directivos y cuando aún no había transcurrido un minuto volvió a entrar diciendo: «Ya está.» Le preguntamos asombrados cómo se había producido todo con tanta rapidez y con inmensa ingenuidad nos contestó: «Pues muy sencillamente. Les he dicho: quedan ustedes despedidos.» Y, al ver nuestro asombro e incluso consternación, agregó: «Me ha sido muy placentero.»
Tan poco diplomática actuación de Maeztu produjo la dimisión fulminante del marqués de Quintanar de la dirección de la revista, como gesto público de solidaridad con sus amigos, tan secamente despedidos. Se nos planteó entonces el problema de la designación del nuevo director. Ocioso es decir que el nuevo nombramiento había de ser tratado y resuelto en junta de socios, a la que pertenecía Maeztu. Pero no recuerdo por qué razón se retrasó algo el abordar el tema cuando recibí un día, en mi casa, una carta de Maeztu redactada en términos afectuosos, pero dolidos; tras de algunas reticencias, que me resultaron incomprensibles, me anunciaba que no volvería a nuestras diarias reuniones, aunque seguiría escribiendo en la revista, si aceptábamos su colaboración. La lectura de aquella carta me dejó sumido en la más completa confusión. No entendía nada. ¿Qué podía haber sucedido para que Maeztu me notificara su apartamiento de nosotros? Por más que hacía examen de conciencia, a ese respecto, no lograba percibir la más débil luz que me sacara de la oscuridad en que me hallaba sumido. Y como mi conciencia se encontraba absolutamente tranquila, me resolví a atacar de frente la enigmática cuestión; es decir, a presentarme en casa de Maeztu para suplicarle que me pusiera sus cartas boca arriba, puesto que yo no tenía ninguna encubierta. No fiando en la destreza de mi gestión, rogué a José Ignacio Escobar que me acompañara e interpuse su influencia para esclarecer y resolver el asunto.
Después de saludarnos afectuosamente, mostrándole la carta que me había escrito, le manifesté mi sorpresa. Después de una serie de rodeos y divagaciones, terminó don Ramiro por confesar que la carta era consecuencia de unas palabras de Eliseda referentes al nuevo director de la revista. Por lo visto, encontrándose pocos días antes a solas con Eliseda, por habernos retrasado los demás contertulios de Cultura Española, le dijo que había que ir pensando en la designación de nuevo director, a lo que Eliseda le respondió que la cosa había sido ya decidida con el nombramiento del portero. Tales palabras fueron interpretadas por Maeztu en el sentido de que, antes de nombrarle a él, preferíamos a cualquiera, cuando la realidad es que en alguna ocasión llegó a insinuarse la conveniencia de colocar a un «hombre de paja» al frente de la revista, en evitación de posibles futuras persecuciones. Sin duda alguna eso es lo que Eliseda quiso decir.
Desvanecido en el acto el equívoco y restablecida la más completa cordialidad, allí mismo rompí la carta recibida y decidí, precisamente, que fuese Maeztu el nuevo director de Acción Española.» (Eugenio Vegas Latapie, Memorias políticas. El suicidio de la Monarquía y la Segunda República, Planeta, Barcelona 1983, págs. 171-172.)

A María Teresa de Arteaga Falguera (1909-1962), Marquesa de la Eliseda, le gustaba el diseño gráfico. Así, por ejemplo, en septiembre de 1933 renovó la portada de la revista Acción española (a partir de su número 36: «Nuestra portada») y en abril de 1934 firmó la cubierta del libro de Ramiro de Maeztu, Defensa de la Hispanidad, con el anagrama «ŦRSA Đ ĄŦAGA».

El 19 de noviembre de 1933 resultó elegido diputado nacional por la circunscripción de Cádiz, en la lista del frente de derechas, que obtuvo ocho diputados (José María Pemán, 49.497; José Antonio Primo de Rivera, 49.028; Ramón de Carranza, 48.567; Carlos Nuñez Manso, 47.376; Miguel Martínez de Pinillos, 47.299; Francisco Moreno Herrera, 46.986; Manuel García Atance, 46.719; y Juan José Palomino Jiménez, 46.362 votos), mientras que los radicales socialistas lograron dos puestos (Manuel Muñoz Martínez, 26.899; y Francisco Aguado de Miguel, 26.474 votos). Tomo posesión de su puesto como diputado el 28 de diciembre de 1933, y causó baja en el Congreso el 7 de enero de 1936.

1934 «Francisco Moreno y de Herrera, marqués de la Eliseda, miembro del Consejo Nacional de Falange Española de las J. O. N. S., ha visto con grandísima pesadumbre que en el nuevo programa doctrinal aprobado por la Junta política, y publicado por el jefe, el movimiento nacionalsindicalista adopta una actitud laica ante el hecho religioso, y de subordinación de los intereses de la Iglesia a los del Estado. Con ser esto, a juicio del que suscribe, una posición doctrinal insostenible, llega al colmo su tristeza cuando ve que el espíritu que informa el artículo 25 del programa es francamente herético y recuerda que por motivos semejantes fue condenado el movimiento de Action Française. Por todo ello, el que suscribe, con pena hondísima, pero cumpliendo su deber de católico, se ve obligado a apartarse del movimiento de Falange Española de las J. O. N. S.» (ABC, Madrid, 30 noviembre 1934.)

Francisco Moreno y de Herrera, Fascismo Catolicismo Monarquía, Madrid 1935Marqués de la Eliseda
Fascismo Catolicismo Monarquía
1935

[Madrid] 1935, 209 páginas, 135×200 mm

«Este libro se acabó de imprimir en los talleres de Cleto Vallinas, sitos en Luisa Fernanda, núm. 5, el día veintiséis de octubre de mil novecientos treinta y cinco.»

[Pág. 207: Madrid, 4 de octubre de 1935.]

Indice

Introducción, 7
La Edad Media, 17
La Revolución Francesa, 35
El Socialismo, 51
Ensayos contrarrevolucionarios, 67
El Fascismo, 93
Sentido fascista, 111
Organización estatal fascista, 127
Materialismo y espiritualismo fascista, 147
Fascismo y nacionalismo, 169
Fascismo y monarquía, 183
Palabras finales, 203

José Pemartín, en su peculiar clasificación del «Pensamiento hispánico antirrevolucionario de Acción Española» (marzo 1937), sitúa al Marqués de la Eliseda («Ocaso de la democracia en las brumas de Albión») en el grupo VI (Ucronismo, Pensamiento político institucional, actual), junto con José Calvo Sotelo, Eugenio Vegas Latapie, José María Pemán, &c.

1939 «La audiencia la había preparado Paco [Eliseda], que hizo una solemne presentación de nuestro amigo: “–Como usted sabe, mi general, Nicaragua…, el joven diputado y poeta…, la admiración en aquellas tierras hispánicas por vuestra heroica gesta…”. Muy bien. Entregó Pablo Antonio el pergamino y la medalla y Moscardó nos dice: “–Con que de Nicaragua. ¿Eh? También ha estado a verme un obispo de Patagonia.” Sin duda nos daría las gracias por el obsequio, que aparte del significado espiritual tenía también un importante valor material, pero lo que me quedó grabado fue la frase que he reproducido. A la salida, Pablo Antonio nos comentó: “–Hay más distancia entre Nicaragua y Patagonia que entre Santander y África del Sur”.» (Eugenio Vegas Latapie, La frustración en la Victoria. Memorias políticas 1938-1942, Actas, Madrid 1995, págs. 140-141).

1974 «Simultanendo el estudio del Derecho y el de Filosofía y Letras tuvo como profesores a su tío Francisco de Paula Canalejas, a Fernando de Castro y a Emilio Castelar, entre otros. En casa de su tío asiste a la tertulia concurrida por los primates de la intelectualidad y la política izquierdista. La influencia de su tío en Canalejas es extraordinaria. Krausista, adscrito al grupo democrático extremo de Morayta, es catedrático prestigioso y diputado del grupo Ruiz Zorrilla que apoyó a Castelar. En diario coloquio con su sobrino, le educa en sus ideas krausistas y las pedagógicas de Sanz del Río, aunque según dictamen de Menéndez Pelayo, fue Francisco de Paula Canalejas el más preocupado por temas religiosos de todos los krausistas. [...] La influencia de su tío, le lleva a estudiar filosofía y letras y secundariamente Derecho. Se siente a gusto, regentando, apenas doctorado, la Cátedra de su pariente a título de auxiliar, conquistando en seguida fama de elocuencia en sus doctas disertaciones.» (Conde de los Andes, Canalejas: evolución política de un hombre de Estado, Anales de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, nº 50, Madrid 1974, págs. 8-9.)

Sobre Francisco Moreno Herrera

1996 Pedro Carlos González Cuevas, «Habitus e ideología. El pensamiento político de Francisco Moreno y Herrera, Marqués de la Eliseda», Cuadernos de Historia Contemporánea, nº 18, Universidad Complutense, Madrid 1996, págs. 83-114.

Bibliografía de Francisco Moreno Herrera

1933 traducción y prólogo de Harold Elsdale Goad, El Estado corporativo. Un estudio del desarrollo del fascismo, Gráfica Universal, Madrid 1933, 220 págs.

1935 Fascismo Catolicismo Monarquía, Talleres de Cleto Vallinas, [Madrid] 1935, 209 págs.

Sobre Francisco Moreno Herrera en el Proyecto Filosofía en español

1934 El marqués de la Eliseda se aparta de Falange Española, ABC, 30 nov.

R   Informa de esta pagina por correo
www.filosofia.org
Proyecto Filosofía en español
© 2013 filosofia.org
www.lechuza.org
averiguador