Pablo Antonio Cuadra Cardenal
 
1912-2002

Pablo Antonio Cuadra Cardenal Poeta católico e ideólogo nicaragüense, nacido en Managua el 4 de noviembre de 1912, y fallecido el 2 de enero de 2002 en la misma capital. Una de las figuras más influyentes y prestigiosas de Nicaragua en las últimas décadas del siglo XX, al punto de ser habitualmente conocido por sus siglas: PAC. Hijo de Carlos Cuadra Pasos (1879-1964), jurista, estadista, canciller y diplomático, y de Merceditas Cardenal, su entorno familiar no es ajeno ni a la política ni a la poesía (entre sus familiares: José Coronel Urtecho y el presbítero Ernesto Cardenal, Ministro de Cultura cuando el régimen sandinista). De muy joven se incorporó como fundador al movimiento vanguardista de Nicaragua, en el que junto con José Coronel Urtecho mostró especial preocupación por los aspectos políticos e histórico culturales: sobre ellos ejerció muy temprana influencia Ramiro de Maeztu y la Defensa de la Hispanidad. Dirigió junto con Octavio Rocha la revista Vanguardia. Su abundante obra parte de los Poemas nicaragüenses, escritos entre 1930 y 1933 y publicados por la editorial Nascimento en Santiago de Chile en 1934. En 1936 se licencia en Leyes por la Universidad de Oriente y Mediodía (Granada, Nicaragua). Pero siendo todavía estudiante había tomado ya contacto con el grupo de monárquicos católicos que en la España de la República se habían organizado en torno a la revista Acción Española, de la que muy pronto sería colaborador:

«Era lógico que los ideales sembrados por Maeztu dieran pronto sus frutos. Un día recibí en Acción Española un sobre procedente de Nicaragua, patria del inmortal Rubén, con algunos recortes de periódico enviados por un corresponsal para mí desconocido: Pablo Antonio Cuadra. Leí con atención los artículos y decidí, sobre la marcha, incluir dos de ellos en el número de la revista que estaba preparando. Uno era del propio Cuadra y otro la reproducción de un discurso de José Coronel Urtecho. Tan vibrante era el españolismo de nuestros nuevos amigos, que Maeztu llegó a sentir la alarma de que pudieran despertar recelo en Hispanoamérica sus fervores, confundidos con el resurgimiento de una idea imperialista que se acercaba incluso a la dominación territorial. Para evitar ese riesgo, escribió uno de los pocos editoriales suyos de la revista, titulado «La tradición hispánica en América», en el que afirmaba: «Tenemos miedo que el hispanismo de nuestros amigos de América pueda ocasionar que se les tilde de poco patriotas.» Para Maeztu resultaba evidente que los pueblos se gobiernan mejor desde cerca que a distancia; su idea de la Hispanidad era un entretejido de lazos espirituales, ajeno por completo a la dominación territorial. En su pensamiento, todos –españoles, argentinos, peruanos, nicaragüenses…– formábamos parte de la Hispanidad; en modo alguno podíamos ser considerados como padres y el resto hijos menores sometidos a tutela. Los dos nicaragüenses se dieron perfecta cuenta de lo que pretendía don Ramiro. Desde sus generosas afirmaciones iniciales, fue estrechándose una amistad fraternal, en verdadera comunión de ideales y de esperanzas. En setiembre de 1935, Pablo Antonio Cuadra dirigía una hermosa carta a José María Pemán, testigo fiel de las aspiraciones que entonces animaban a parte de la juventud americana. Más tarde, entablaría contacto directo conmigo; pero de ello hablaré en otro lugar. Así decía la carta de Pablo Antonio Cuadra a Pemán:» (Eugenio Vegas Latapie, Memorias políticas, El suicidio de la Monarquía y la Segunda República, Editorial Planeta, Barcelona 1983, pág. 251.)

Carta de Pablo Antonio Cuadra a José María Pemán, 1935
En Granada, el 5 de septiembre de 1935.
Sr. Don José María Pemán.
Acción Española, Madrid.
Muy admirado amigo: Para nosotros, España, sigue siendo madre. De ahí que sigamos paso a paso, unidos de corazón, vuestros pasos de reconquista. El retorno del Rey, que sería, estoy seguro –después de esta amargura democrática– un franco retorno a nuestra tradición, abrirá nueva era en España y su ejemplo beneficiará inmensamente a nuestros pueblos… ¡Dichosos ustedes que pueden luchar por un príncipe! Amar su doctrina en la encarnación de un jefe, que trae en sus venas todas las glorias del pasado y está robustecido por la legitimidad de una institución secular. Nosotros nos vemos obligados a coger nuestras glorias y nuestros laureles pasados y mantenerlos en alto, cansando nuestros músculos, porque no tenemos una frente perenne y respetada donde colocarlos. Pero ha de llegar la hora en que la conquista señale al vencedor y éste, sentándose sobre sus victorias y sobre las inconmovibles bases de una tradición remozada y revivida abra, a nuestro futuro, la hermosa puerta de paz y ventura de una autoridad continua. Las mismas razones que Vd. expone a favor de la Monarquía apoyan nuestra fórmula dictatorial de una autoridad unipersonal, fuerte, libre y durable. Mientras Vd. se deja llevar por su lógica hasta el Monarca en retorno, nosotros nos dejamos llevar hasta el Monarca en germen. Queremos un dictador para lograr luego un hijo dictador y luego otro hijo dictador. Queremos fundar monarquías para dar a cada una de nuestras naciones un Estado constructivo, preventivo y conservador, ya que sólo los soberanos podrán romper esas soberanías democráticas, obstáculos terribles para la unidad y hermandad imperial.
Es nuestra esperanza: Construir nuestros Reynos. Reconstruirlos… El imperio erguirá sobre ellos.
Nuestra tarea de nicaragüenses es reconstruir «el puente». El puente del Imperio que es Centroamérica: antiguo Reyno de Guatemala.
Nuestro nacionalismo aspira a recobrar la tradición nacional, la cual, lógicamente, nos llevará a la tradición imperial de la unión centroamericana sólo factible y posible dentro de los cauces de la Hispanidad. Esta misma tarea impuesta en las juventudes hermanas reservará movimientos paralelos en las otras naciones, cuyo ejemplo e influencia podrá realizar para nuestros hijos el gran anhelo imperial que consumaron nuestros antepasados. Espera y tiempo son factores que no valen cuando el espíritu agita. ¡Cinco siglos tardó la reconquista española!
Vivimos, pues, con la idea precisa y entusiasta de reconquistar la Patria, pero esta reconquista nos apresura más y más nos alienta cuando pensamos que nuestra obra patriótica fecundiza ese vasto futuro imperial.
El Imperio –pese a unas palabras de Don Ramiro en su admirable libro defensor de nuestra Hispanidad– es la única razón de nuestro porvenir común iberoamericano. ¡Y debe alcanzar en sus límites la vieja llamada España! Tenemos un imperialismo acechante a nuestras costillas y un mundo infiel en que influir, a nuestro frente. Necesitamos la voluntad de potencia, la espada recta y altiva para abrirle glorias y prestarle apoyo a la nueva Cristiandad de la nueva edad que se avecina. Es todo nuestro anhelo. Nuestro ideal… que también alienta a otras juventudes del sur de nuestras tierras. En él he leído su hermoso y profundo libro, que me ha dado el goce de leerlo de nuevo. ¡Gracias!
Salúdeme a los buenos amigos de España. Su afmo. en Xto. N.S.
Pablo Antonio Cuadra
(Eugenio Vegas Latapie, Memorias políticas, El suicidio de la Monarquía y la Segunda República, Editorial Planeta, Barcelona 1983, págs. 251-252.)

«Ya entrado el mes de diciembre de 1935 recibí en Acción Española un paquete, torpemente confeccionado, que contenía un trabajo de Cuadra, titulado «Hacia la Cruz del Sur», a la manera de estampas o impresiones de un viaje del autor desde Nicaragua a las naciones hermanas sudamericanas. (…). La lectura del resto de la dedicatoria no sólo me llenó de entusiasmo, sino que me impulsó a sumirme en la del trabajo íntegro, que no cesó hasta su conclusión. Mi entusiasmo por el original de Pablo Antonio Cuadra fue tal que deseé darlo a conocer a los lectores de la revista sin aplazamiento alguno, retirando otros que estaban ya en la imprenta, para dar la prioridad al primoroso y profundo trabajo que acababa de llegarme. No es posible reproducir íntegramente aquí dicho estudio, que produjo verdadero entusiasmo entre los lectores de Acción Española, al ser publicado en los números de enero y febrero del fatídico año de 1936.» (Eugenio Vegas Latapie, Memorias políticas, El suicidio de la Monarquía y la Segunda República, Editorial Planeta, Barcelona 1983, pág. 252-253.)

Durante la guerra española mantuvo Pablo Antonio Cuadra el contacto con sus amigos:

Carta de Pablo Antonio Cuadra a Eugenio Vegas Latapie, 1938
Granada 17 de febrero del año 1938.
Mi buen amigo: Verdaderamente, me desconcierta el que no haya recibido ninguna de mis cartas, especialmente la que le envié por medio de don José María Pemán, el cual, en su contestación, me aseguraba que se la entregaría inmediatamente. Esta su última carta del 7 de Enero viene a enlutar más mi acendrado cariño por Uds. con su lista de mártires irreparables. ¡Sea todo por el esplendoroso resurgir de España, quien sufre y padece por la redención de la Hispanidad y del mundo! Tantas hermosas promesas y fecundas realidades han caído en el campo del Honor y de la Fe que es ya imposible dudar del milagro español. La esperanza del mundo está puesta en esa tierra maravillosa y heroica, que ha sembrado sus mejores semillas en las siembras de Dios. ¡Lástima que nosotros estemos aquí impotentes, vergonzosamente expectantes, cuando la sangre y el espíritu nos tira y empuja a seguir esas huellas gloriosas de la Madre! Ya llegará el día en que podamos pagar esta deuda inmensa que ya pesa en nuestro corazón de americanos. Ese día será el del Imperio…
Quiero, por otra parte, felicitarlo (creo que sobran felicitaciones cuando todos los instantes de su vida están entregados a la lucha por España) por haber sido designado miembro del Gran Consejo Nacional, al lado del Caudillo. Lo vi en uno de los tantos diarios de España que devoro siguiendo todos los pasos de la Cruzada. Yo, que tanto creo en Ud., me he alegrado de su escogencia, junto con la de tantos otros amigos, lo más fervoroso y valiente de la nueva España, ya que esto es un signo más de que en España «comienza a amanecer». No dudo que su juventud e inteligencia, su pasión Hispana intensa, su honor de soldado al servicio de nuestros ideales y en ese alto puesto rector hará muchos bienes y garantizará más aún la seguridad de nuestra esperanza en la obra redentora e imperial de España. Esto mismo dígamelo a Eugenio Montes, a Pemán, a Sainz Rodríguez… ¡Dios los ilumine y atienda!
Respecto a la reaparición de Acción Española sólo estoy a la espera. Me gustaría me enviara varios ejemplares de su primer número para conseguir suscripciones bastantes, hasta donde sea posible.
En esta nueva y última carta me vuelve a solicitar mi trabajo sobre Rubén Darío y el imperio Español. Al recibir la primera de sus cartas me encontré con ese trabajo engavetado, porque con la guerra de España, es decir, sin esperanzas de publicarlo –y con nuestra lucha en Nicaragua que me exigía una polémica diaria y agotadora–, no tenía tiempo ni deseo de entregarme a un trabajo lento como es el de un libro. Pero ante su repetida solicitud, y porque en verdad la índole del libro es muy interesante para estos momentos del renacer imperial, me he puesto de lleno, dejando toda otra labor, a construir mi obra, a ver si logro algo decente y alentador, pues el material se presta enormemente.
Apenas termine este ensayo sobre Rubén, comenzaré otro que ya lo tengo completamente planeado y que quizás lo logre, sobre el Comunismo en América que pienso titular: Retorno al Canibalismo. Por supuesto que también este libro será de puro aliento hispanista y orientado hacia nuestros grandes ideales, a los cuales ya he hecho entrega de mi vida.
Más tarde, cuando ya la victoria final y definitiva le dé lugar para ocuparse de las otras cuestiones que hoy toman un lugar secundario, le expondré un amplio plan que he venido madurando y que quizás le entusiasme. Es un plan de trabajo de España con América, para el que estoy tomando datos y en el que medito mucho. No sería raro sin embargo que si consigo dinero me les aparezca en España un día de tantos para ponerlo en práctica con la ayuda y bajo la dirección de Uds.
En los momentos de terminarle esta larga y desarticulada carta, recibo unas letras de la Argentina en que me proponen la republicación de Hacia la Cruz del Sur. Yo creo que no hay inconveniente, sobre todo ahora, en que es bueno esparcir la propaganda de nuestros ideales. Esta guerra puede darle actualidad al librito, que al menos tiene fervor y entusiasmo.
Yo le ruego me dispense lo mal escrito de mi carta, y sus dimensiones, que quizás le distraigan en momentos de tanto valor.
Tenga siempre seguro que guardo su amistad con el mejor cariño y pido a Dios por su preciosa vida como por la pronta, total y ansiada victoria de nuestra España. Quiera el cielo que algún día nos encontremos en esa heroica tierra a la que tanto debemos y yo tanto amo, para que celebremos con lágrimas y esperanzas su liberación.
Entre tanto –desde esta Nicaragua que también lucha por volver a su destino– se despide con un fuerte abrazo su buen amigo
Pablo Antonio Cuadra.
P. S. La Antología aún no la he recibido. La espero con ansias y temiendo no vaya a perderse en el camino. Saludos a los amigos. ¡Arriba España!
(Eugenio Vegas Latapie, Los caminos del desengaño, memorias políticas 1936-1938, Tebas, Madrid 1987, págs. 509-510.)

En el verano de 1939, recién terminada la guerra civil española, pudo viajar por primera vez a España. Había viajado hasta Europa invitado por el Gobierno fascista para cursar una visita a Italia. El periplo que realizó por España corrió a cargo de quienes habían organizado Acción Española, en aquellos meses en pleno proceso de adaptación a la nueva realidad: Eugenio Vegas Latapie dedicó parte de la importante cantidad de dinero que le había confiado Andrés Soriano para obras monárquicas e ideológicas en financiar la estancia de Cuadra en España. Llegó a Tetuán en un avión italiano, procedente de Roma, en agosto de 1939, lugar donde estaba destinado entonces Vegas Latapie, que recuerda:

«Estuvo satisfechísimo en África. Joven, de agudísimo ingenio, hizo enseguida gran amistad con todos mis amigos. Le llevé, como antes a Montes, a la IV y la V Banderas de la Legión y allí tuvo ocasión de hablar con los combatientes que acababan de llegar del frente. Tan a gusto estaba con ellos que quiso fotografiarse vestido de legionario. Conservo la fotografía: Pablo Antonio con la guerrera de capitán de Juan José Orozco que aparece a su lado en mangas de camisa. En diversas comidas que celebramos con jefes y oficiales de la Legión o con otros militares entonces destinados en Ceuta, Pablo Antonio pronunció varios discursos, vibrantes de patriotismo y de españolidad que entusiasmaron a los comensales.» (Eugenio Vegas Latapie, La frustración en la Victoria. Memorias políticas 1938-1942, Actas, Madrid 1995, págs. 137-138).

Siempre acompañado por Eugenio Vegas Latapie, Pablo Antonio Cuadra se encaminó a Cádiz, para conocer personalmente a José María Pemán Pemartín. Allí organizaron sobre la marcha un homenaje al virrey argentino Liniers, en el que intervinieron Pemán y Cuadra. La pareja Vegas y Cuadra se desplazó después a Sevilla («Pemán había avisado a algunos amigos que nos recibieron muy amablemente») y luego a Madrid: «Nos instalamos en el Ritz. La única vez en mi vida que estuve alojado en ese hotel. Mi paga del Consejo de Estado era entonces doble, por estar destinado en África y podía permitírmelo. Sobre todo porque fueron sólo unos días, ya que enseguida salimos para Santander, ciudad donde vivía mi padre y para la que Pablo Antonio traía un especial encargo.»

El encargo que tenía que cumplir Pablo Antonio Cuadra en Santander consistía en visitar al General Moscardó y entregarle una gran medalla de oro que habían acuñado los admiradores nicaragüenses de la heroica defensa del Alcázar de Toledo:

«La audiencia la había preparado Paco [Eliseda], que hizo una solemne presentación de nuestro amigo: “–Como usted sabe, mi general, Nicaragua…, el joven diputado y poeta…, la admiración en aquellas tierras hispánicas por vuestra heroica gesta…”. Muy bien. Entregó Pablo Antonio el pergamino y la medalla y Moscardó nos dice: “–Con que de Nicaragua. ¿Eh? También ha estado a verme un obispo de Patagonia.” Sin duda nos daría las gracias por el obsequio, que aparte del significado espiritual tenía también un importante valor material, pero lo que me quedó grabado fue la frase que he reproducido. A la salida, Pablo Antonio nos comentó: “–Hay más distancia entre Nicaragua y Patagonia que entre Santander y África del Sur”.»

Pablo Antonio Cuadra pasó luego varias semanas en Madrid. Ciertas circunstancias de su regreso podemos conocerlas por las memorias de Vegas Latapie:

«A fines de 1939 Pablo Antonio Cuadra decidió regresar a su país, después de una prolongada estancia en nuestra patria que le resultó gratísima. Con el fin de pagar el pasaje, ordeno disponer de parte de los fondos que tenía en el Lloyds Bank de San Juan de Luz y recibo la desagradable sorpresa de que me comunican que estaba a cero mi cuenta corriente. […] Quedaba, sin embargo, el problema de pagar el pasaje de Pablo Antonio Cuadra y me dirigí a Pedro Gamero en petición de auxilio. Con unos fondos de Falange se pagó el billete y Pablo Antonio pudo regresar a Nicaragua sin haberse enterado demasiado del lamentable asunto. Así pudo salir Pablo Antonio para Barcelona, donde iba a embarcar hacia América, en donde fue muy obsequiado por mi queridísimo amigo Martín Almago y, antes de embarcar, le hizo entrega, para que me la enviara, de una carta dirigida a mí. Sin duda un texto de enorme interés para conocer las impresiones que un hispanoamericano de preclara inteligencia sacó de la España recien liberada. […] El regreso a Nicaragua de nuestro amigo, que en España había anudado lazos permanentes, fue de desagradables consecuencias para él […].» (págs. 161-163.) [ver «La Hispanidad en el banquillo».]

Pablo Antonio Cuadra CardenalCarta de despedida del escritor nicaragüense Pablo Antonio Cuadra, a Eugenio Vegas al marchar de España en 1939
Pablo Antonio Cuadra, a Eugenio Vegas Latapie con un fuerte y estrecho abrazo de despedida.
Barcelona. Diciembre 1939
Le entrego a Almagro esta carta para ti. Desde que nos despedimos he venido pensando estas líneas, ayudado por la nostalgia, no poca, de abandonarles.
Quería de nuevo agradecerte, junto al privilegio de tu amistad, la invitación inmerecida y tantas atenciones que debido a ti se me hicieron en este viaje.
Es demasiado cierto para que me lo oculte que el haber escrito unos libros y el haber sustentado apasionadamente unos ideales –que eran mi deber– no bastan para explicar tanta buena voluntad en regalarme, con la soñada alegría de conocer a la Madre Patria y a los admirados amigos de Acción Española, las exquisiteces de amistad con que fui recibido y por todos lados atendido. Todo ello lo debo a la suerte de tu amistad que me llevó a la de los inolvidables compañeros que dejo, a tu propaganda de mi nombre, a lo que tú moviste por una admiración y un cariño que estoy muy lejos de merecer. Comprendiendo esto y porque temo no haber estado a la altura y conforme a la esperanza que tú y todo el grupo de Acción Española quizá habían puesto en mí, quiero remediarlo poniendo todo mi agradecimiento allí donde pude haber fallado. Y Dios me dé fuerzas para superarme en la defensa de esos grandes ideales por los que ustedes tan ejemplarmente luchan.
Me interesa escribir de todo corazón este «gracias» que te debo y que debo también a todos los amigos, sin precisar nombres, a todos; pues de todo el grupo he recibido la más cálida y abierta amistad.
Y también me interesa, por lo mismo que ya me he atado intelectual y sentimentalmente al grupo formidable de Acción Española, dejarte escrito esto que pienso, por si de algo sirve y en algo influye en tu modo de ser y de actuar:
Bien lo sabes que mi desilusión ante la realidad del nuevo régimen fue casi instantánea. Bastaba un poco de solidez doctrinaria y el haberle dado aunque fuera una mediana raíz a mis ideales para que, al conocer España y al palpar sus esencias vitales, comprendiera que el camino iba torcido, demasiado torcido. Pero esta revelación no fue sin dolor. Y quizás no lo he demostrado, pero mucho he sufrido y sufro cada vez que reflexiono, cada vez que desesperadamente reanudo mis viejos sueños (aquellos sueños con los que embarqué en Nicaragua) y los confronto con la desperdiciada realidad de España. Lo que no quiero dejar de esperar es en el fin feliz de esta última prueba. Y porque me aterra un desenlace anodino, porque me aterra otro desperdicio que esta segunda vez sería fatal, es que te escribo a ti, en quien sintetizo y encarno esa victoria final esperada. Y lo digo no por soltar un cumplido ineficaz. Lo digo porque si viene el Príncipe, quien ha de hacer que ese Príncipe sea lo que debe ser eres tú. Sabes cómo amo a ese Rey de cuyo gobierno y de cuya prudencia depende el porvenir imperial de nuestra Hispanidad. Pero el Rey no es todo lo esperado. Es la base. Lo esperado es la Monarquía Tradicional, y para eso es que debes estar tú, implacablemente, manteniendo con la selección y la dureza con que mantuviste Acción Española, el difícil comienzo del nuevo reinado, esa tremenda empresa de reanudar la historia abandonada.
Después de haberte conocido, estudiado y comprendido ya no me queda duda de que el único que puede ejercer ese oficio central, agrupador, seleccionador al lado del Rey, eres tú. Porque tienes una limpia hoja de servicios, una recta y fanática línea de conducta política y una influencia definitiva sobre todos los otros compañeros que bajo tu silenciosa dictadura, así como ayer trabajaron y rindieron tan hermoso fruto, así mañana trabajarán y rendirán la hermosa labor de la nueva Monarquía.
Yo sólo temo de tí tu exceso de pundonor. Que, como ya a veces me lo has insinuado, en el momento en que vas a ser más necesario, por equivocada elegancia de espíritu te alejes para que nadie crea que buscabas tal o cual ganga política. Después de lo que has hecho y probado con tu largo noviciado de lucha nadie tiene derecho a buscar sentimientos interesados en cualquier futura actitud política tuya. Y si alguien puede decir algo, ese alguien lo dirá entonces y siempre, ese alguien será un irremediable envidioso sobre quien hay que pasar con desprecio. Por tanto, dejándote de toda humildad, de toda consideración puramente personal, creo que tu deber en el instante en que venga el Príncipe es colocarte a su lado, ser su brazo derecho, abrirte paso de cualquier manera por en medio de todos los egoísmos (que siempre los habrán) y haciendo caso omiso de ellos, vencerlos, dominarlos y si fuera necesario hundirlos. Tú eres el único consejero de vigor para el Príncipe, el único que sin intereses bastardos puede guiarlo hacia los grandes ideales de la España y el Imperio que soñamos. Y por ello, tu obligación es jugar entonces esa carta, apoderarte de su amistad cueste lo que cueste, ser su sombra.
Porque puede venir don Juan y ser rodeado de nulidades, que los hay y de gran categoría entre los monárquicos. Y es tremendo, y quizá sería fatal en la situación actual, que los primeros pasos de la monarquía sean débiles e infantiles y desorientados.
Más aún, pueden muchos de nuestros amigos rodearlo, pero ellos necesitan (para ser plenamente cierto) que tú seas su centro y su aliento. En miles de detalles lo he visto. Confesada o inconfesadamente ellos mismos lo revelan. Todo pues te exige que en esa hora, tal vez encontrando celos donde no los sospechabas, tal vez hallando y descubriendo pequeñas traiciones donde no suponías, pases sobre todo ello, sobre todas esas duras molestias y esos duros quebrantos que un buen amigo siente, hasta colocarte a la cabeza. Hasta ganar la jefatura intelectual (que ya la tienes) de todos los que han de rodear al Monarca y formar su gobierno y por su gobierno a España.
Yo te he querido recalcar esto, como despedida, porque temo que tu pundonor, que esa humildad elegante y heroica que tanto te ha servido hasta hoy te equivoque en ese instante decisivo. Te lo recalco para que conserves esta voz de un amigo y te sirva –Dios lo quiera– para animarte a hacer lo que tal vez por desconfianza en ti mismo no quieres aceptar en tu conciencia. Para que veas que fuera de ti hay uno, que ni siquiera es de España, pero que habiendo penetrado en ella y en su mejor grupo, sabe apreciar tu valor y conforme a ese aprecio dejarte escrito y aconsejado lo que él cree es tu deber.
Si Dios te ha dado fuerzas para que perdures tan hermosamente en una postura integral, si has gastado media vida en ser tú el símbolo de un deber político no cumplido, soportando como símbolo el mayor rigor y los mayores odios, lógicamente debes concluir que todo ello te obliga a terminar lo comenzado, a hacer fructificar las premisas puestas en medio de tanta dureza y de tanta renuncia, haciendo valer tu vieja historia, en el momento del triunfo, en ese momento peligrosísimo en que un pequeño desvío significa a la distancia un error total.
Y nada más. Espero contigo a don Juan. Y con don Juan la vieja Monarquía a la que debo mi Patria, mi estirpe, mi fe y mis ideales.
Cuando sea llámame. Entonces sí, ya libre de retórica, el Imperio podrá ver su amanecer. Y yo quiero tener el honor de prestar mis servicios a esa empresa de siglos. Así vengaré esta desilusión del primer viaje.
Mientras tanto, con todo mi entusiasmo, (y cubriendo la dolorosa verdad que llevo en mi experiencia con un velo de entusiasmo) seguiré trabajando por España, que es un modo de trabajar cristiano por la gloria de Dios.
¡Hasta pronto! Ruega a Dios por mí y yo te corresponderé en mis oraciones.
Tu mejor amigo:
P.D. Cada vez que voy alejándome más de España y tengo más perspectiva para mirar su política, veo más la necesidad urgente de que el Príncipe tome –lo hagan tomar– una actitud definida. Una declaración de que su monarquía será, llegada la hora, la continuación tradicional de la Gran Monarquía Católica de Isabel y de Felipe II. He tratado con gran número de monárquicos de estas regiones, y todos, como allá, están totalmente desorientados, temerosos, porque el Rey que esperan es todavía una abstracción. Y, otros, peor aún, temen que don Juan, porque no lo ven preocuparse ni decir una sola palabra, sea otra vez la Monarquía liberal, otro Alfonso XIII.
¿Qué hacer?…
Vi a tu hermano. Me llegó a visitar y conversamos largamente de ti y de España.
Con Martín he andado estos últimos días. El piensa como yo, agregándole puñetazos e interjecciones, todo lo que aquí te he escrito.
No dejes de escribirme con frecuencia a Nicaragua. Adiós. Vale.
{Publicada en Eugenio Vegas Latapie, La frustración en la Victoria, memorias políticas 1938-1942, Actas, Madrid 1995, páginas 486-488.}

Al llegar a finales de 1939 a Nicaragua, los jóvenes del Movimiento de Vanguardia y su capellán el padre Azarías Pallais, se concertaron para ofrecer una cena de bienvenida al viajero que volvía a la patria: en esa ceremonia Joaquín Pasos leyó un coral (inédito hasta que lo publicó la prensa nicaragüense sesenta años después, en 1999, con ocasión de los 87 años de Pablo Antonio Cuadra) que nos permite acercarnos a los postulados ideológicos de aquel influyente grupo de nicaragüenses:

Coral de la investidura de Pablo Antonio Cuadra, 1939
«En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Así sea. / Así comienza el verbo a vestir a la idea. / Así comienza Pablo Antonio su tarea. / (Repetid: Así sea.)
Declaro en el principio que es de Dios esta hazaña / como todas las cosas de las tierras de España. / Declaro que a Él debemos esta empresa / como le debemos nuestra propia naturaleza; / que ella ha sido dispuesta en su cabeza, / y aquél que no lo crea, no es digno de esta mesa. / Dios Padre la descubrió / Dios Hijo la conquistó / Dios Espíritu Santo la purificó. / Dios Padre la pensó / Dios Hijo la realizó / Dios Espíritu Santo la salvó. / Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo, / en el Misterio de la Santísima Trinidad / [Aquí dicen los editores que falta una página] / ¡Pablo Antonio! / ¡Presente! / Hoy eres el símbolo de esta hispana gente, / para ella recibe las armas del valiente. / (Repetid: Pablo Antonio presente)
Los escarpes de hierro te ponemos primero, / los que hacen resonar tu paso delantero, / tu marcha firme hacia lo verdadero, / los que te hacen, Pablo Antonio, viajero. / (Repetid: Pablo Antonio viajero)
De blanco lienzo esta camisa ancha / cubra tu piel desnuda, tu morena vergüenza. / Es del alma, no del cuerpo, defensa. / Es la prenda más íntima del Señor de La Mancha. / Es camisón de Cristo, es camisón de fuerza / para las almas locas de los señores cuerdos. / Es la fuerza combativa, ángel contra los cerdos. / Camisa de gran espíritu, camisa ancha / que no la ensucia nada, / sólo la sangre la mancha, / y entonces, camisa mártir Pablo Antonio se engancha / (Repetid: Pablo Antonio se engancha)
Se engancha Pablo Antonio. Doble caballería / que monta caballos de sangre y de poesía. / Se engancha Pablo Antonio en la caballería / que anda por las Españas en servicio de la Virgen María, / y en servicio de Cristo nuestro Rey, / en servicio de nuestra ley y de nuestra geografía. / Esta es la doble coraza de la fe y la alegría. / Pablo Antonio cabalga en la poesía / Pablo Antonio camina hacia la profecía. / Toma este guantelete para cubrir tu mano / y con ella cubierta golpea el ciclo vano / de lo saxo-americano. / Alzando el brazo brillará tu mano / y detrás de los mares la verá tu hermano el castellano / y sabrá que ha surgido la Estatua de lo Hispano. / La Estatua viva del Hispano. / (Repetid: ¡Hispano! ¡Hispano!)
Casco y visera, gola y gorguera / para cubrir tu bruna primavera, / para defenderte de la fiera, / para luchar al pie de tu bandera. / Para ser como era / todo conquistador de nuestra Era. / (Repetid: ¡Nuestra Era!)
El peto, el espaldar, las escarcelas, / –las cajas del honor en cuerpo honrado– / te hagan digno de ser siempre guardado / y de llegar intacto a lo que anhelas. / Y al poner en tus pies estas espuelas, / hombre que en la materia vas montado, / le dirás a tu criado: / Recibí para usar en caballo estas espuelas, / pero en mi propia bestia humana ejercerelas. / Pablo Antonio, signo del joven entero, / ¿queréis ser Caballero? / –Sí quiero. / Pues no es trabajo placentero. / –Así lo espero. / Recibe, pues, esta espada que lleva Cruz en su acero, / ¡Pablo Antonio caballero! / (Repetid: Pablo Antonio caballero)
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Así sea. / Oid el juramento de la nueva tarea / (Repetid: Así sea)
¿Juráis ante Dios y los hombres, sobre la Cruz y la Espada, / dedicar alma y cuerpo a la Cruzada; / hacer en paz o en guerras / la reconquista de las almas y las tierras; / recobrar lo perdido, / devolver a la Patria su sentido; / darle su eterna ley / su aliento puro, / vivir para las Españas del futuro / morir por Cristo nuestro Rey? / Sí juro. / Si así lo hiciéreis, Dios os pague en su Gloria, / y el Imperio os lo deba en su Victoria.»

El 26 de junio de 1945 ingresa Pablo Antonio Cuadra en la Academia Nicaragüense de la Lengua (que precisamente había fundado su padre en 1928, entonces Canciller de Nicaragua), con un discurso titulado «Introducción del pensamiento vivo de Rubén Darío». Volvió a España en 1946, formando parte de la delegación oficial de Nicaragua al XIX Congreso Mundial de Pax Romana, donde coincidió con los también nicaragüenses Julio Ycaza Tigerino y Carlos Martínez Rivas: los tres figuran entre los colaboradores en 1947 de la revista Alférez. Y vuelve por tercera vez a España en 1948: Alférez publica en primera plana su Himno nacional en vísperas de la luz y le dedica una efusiva bienvenida.

Desde 1964 hasta su fallecimiento a principios de 2002 Pablo Antonio Cuadra fue director de la Academia Nicaragüense de la Lengua, con Julio Ycaza Tigerino como secretario de la institución: los dos lograron entrar en el siglo XXI ocupando esos cargos. PAC es Rector de la Universidad Católica «Redemptoris Mater» de Managua (Nicaragua), y fundador en 1960 y director durante más de cuarenta años de El pez y la serpiente, revista centroamericana de cultura (revista con sede en el Palacio Nacional de la Cultura de Managua, patrocinada por la empresa privada). En 1988 formó parte del jurado que concedió en España el Premio Cervantes a María Zambrano (jurado constituido por Jorge Semprún, Rafael Lapesa, Pablo Antonio Cuadra, Emilio Alarcos, Alfredo Bryce Echenique, Alfredo Conde, Monserrat Roig, Carlos Fuentes, Juan Manuel Velasco y José María Merino).

A partir de 1964 comenzó a publicar en el diario La Prensa sus «Escritos a máquina», en los que desde una perspectiva política y filosófica ha sido comentarista de la agitada historia de su país. En 1991 un nieto suyo, Pedro Xavier Solís Cuadra (1963-), publicó un Diccionario filosófico de Pablo Antonio Cuadra (este nieto es también director ejecutivo de la Asociación Pablo Antonio Cuadra, subdirector de la revista El pez y la serpiente, el miembro más joven de la Academia Nicaragüense de la Lengua, y presidente del Instituto Nicaragüense de Cultura Hispana). Fue muy sonada la ruptura, en diciembre de 1998, de la familia Cuadra con la familia Chamorro, propietaria del diario La Prensa. Pablo Antonio Cuadra era hasta entonces Director General del diario, y su nieto Pedro Xavier Solís el Subdirector Ejecutivo: la familia Chamorro sugirió al subdirector que presentara su renuncia, pero al día siguiente éste visita a su anciano abuelo, que molesto por ignorar los hechos a pesar del cargo aparente que ostentaba, se reúne con los propietarios del periódico y tras un fuerte altercado PAC anuncia que abandona también el diario junto con su nieto.

Pablo Antonio Cuadra CardenalEn octubre de 1998 se presentó en el Palacio Nacional de la Cultura de Caracas (Venezuela) una recopilación de la poesía religiosa de PAC: El libro de las horas. En esa ocasión el autor declaró a la prensa: «América sólo puede encontrar y realizar a plenitud su propia identidad si logra, con los elementos de su propia historia, realizar la síntesis entre cultura y fe.» Durante la ceremonia el Doctor Esteban Araujo, presidente de la entidad editora, la Fundación Cultural del Municipio de Caracas (FUNDARTE), destacó el profundo contenido de la poesía religiosa de Cuadra, «que combina la calidad artística con la pasión de la fe». El autor, en su discurso, calificó la iniciativa de FUNDARTE de «un ejemplo de solidaridad hispanoamericana que abre camino al alto destino de nuestra América que es el de crear la nueva civilización del nuevo milenio». El autor destacó que «aquí se habla de una poesía que tiene, además, otra propiedad espiritual y es que sus palabras no sólo nacieron de la inventiva poética del autor, sino de una zona misteriosa que es todavía menos propiedad del poeta como es la fe» y que «no sólo no soy yo el autor, sino que tuve que vencer la voluntad de ser y de manifestarse de mi yo, para que mi poesía se nutriera de ese poder y de ese amor que es el sentimiento religioso: lenguaje de este libro que, repito, no es mío sino en la medida en que tuve que alejarme de mí y navegar hacia el misterio». Durante ese acto el poeta y crítico Guillermo Yepes Boscán destacó el valor poético y religiosa de la poesía de Cuadra y señaló que «me gozo en sus palabras porque ellas nos descubren uno de los aspectos más valiosos, creadores y humanistas del destino de América. Esta es la América Cristocéntrica. Y esa es su esencia porque sólo en Cristo podemos encontrar en su plenitud al hombre.».

El viernes 15 de octubre de 1999 recibió de manos del presidente de Nicaragua, Arnoldo Alemán, el Premio Nacional de Humanidades, consistente en cinco mil dólares, por sus aportes al rescate de la «nicaraguanidad» y porque la literatura es parte sustantiva de las humanidades. «Me siento muy honrado» dijo PAC después de haber recibido el premio: «Yo que formo parte de la década de Vanguardia, tomo este premio como una antorcha para pasársela a la siguiente generación como la antorcha que recorre Centroamérica durante las fiestas de septiembre» y mantengamos, como dijo el Güegüense «el hilo azul de la poesía».

El martes 4 de diciembre de 2001 se celebró un homenaje a Pablo Antonio Cuadra (PAC), dentro de las actividades conmemorativas del 32 aniversario del Teatro Nacional Rubén Darío (TNRD). Consistió en una tenida poética que contó con la participación de los jóvenes poetas Isolda Hurtado, Karla Sánchez, Blanca Castellón, Gloria Gabuardi, Fanor Téllez, Fernando Antonio Silva, Francisco de Asís Fernández, Alvaro Hurtecho, Julio Valle Castillo, Edwin Yllezca, Pedro Javier Solis, Gustavo Adolfo Páez, Ariel Montoya y Rafael Vargarruiz. Pero PAC ya estaba entonces muy enfermo, y su vida se iba apagando. Falleció el miércoles 2 de enero de 2002 en su casa del reparto Las Colinas, a causa de un paro respiratorio tras prolongada enfermedad, y fue sepultado al día siguiente en la ciudad de Granada.

Pablo Antonio Cuadra ante Juan Pablo II en febrero de 1996Entierro de Pablo Antonio Cuadra en Granada el 3 de enero de 2002

Bibliografía de Pablo Antonio Cuadra Cardenal

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