Francisco de Frías y Jacott 1809-1877 desde 1848 «Conde de Pozos Dulces»

Francisco de Frías y Jacott (1809-1877) desde 1848 Conde de Pozos Dulces Noble español, nacido en La Habana el 24 de septiembre de 1809, que en 1848 heredó el título de «Conde de Pozos Dulces» –otorgado el 24 de junio de 1790 por Carlos IV a su abuelo, don Melchor Jacot y Ortiz, Ministro Togado del Consejo Supremo de las Indias, Primer Regente de la Audiencia de Lima, Caballero de Carlos III–. El Conde de Pozos Dulces, heredero con su familia de un importante patrimonio agropecuario, intervino decididamente en la modernización de las explotaciones agrarias y la industria pecuaria en Cuba, defendiendo la abolición de la esclavitud por anacrónica y poco rentable, proponiendo la introducción en Cuba de indios de América para trabajos agrícolas, la mejora de la cría caballar, &c. Al irse convirtiendo el Vedado en la barriada residencial de La Habana, el Conde de Pozos Dulces y sus hermanos parcelaron en 1859 la finca que allí tenían, que por su tamaño permitió urbanizar hasta 29 manzanas, de cien metros por cada lado, nombrándose las nuevas calles con letras y números (entre las calles G y 9), dejando así El Carmelo de ser la finca de la familia. Su hermano José fue director del Departamento de Estadística del Gobierno General, y activo miembro de la Sociedad Económica de Amigos del País; y su hermana María Dolores se casó en 1825 con Narciso López [nacido en Caracas en 1797, coronel del ejército español que abandonó Venezuela, se destacó en la península durante la primera guerra carlista –«el primer lancero en el ejército»– y fue ascendido a general en 1839, siendo designado gobernador de Valencia; en 1841 fue a Cuba junto con el general Valdés como gobernador, y al llegar en 1843 el general O'Donnell, se retiró a la vida civil, conspirando a partir de 1848 de la mano del Partido Revolucionario, y desde los Estados Unidos, para lograr la anexión norteamericana de Cuba previa ocupación militar: frustrada la efímera invasión por Cárdenas en 1850 –se le atribuye haber utilizado por vez primera la bandera cubana, anexionista en sus barras y su estrella–, lo volvió a intentar el 12 de agosto de 1851 por El Morrillo, siendo derrotado al día siguiente, aplicándosele por alta traición el garrote vil el día primero de septiembre] volviendo la viuda del general ajusticiado a contraer matrimonio, en 1856, con José Antonio Saco.

Implicado el Conde de Pozos Dulces en la conspiración de Vuelta Abajo (se había organizado cuidadosamente una frustrada insurrección para el 15 de agosto de 1852, que coincidiera con un nuevo intento de invasión militar de Cuba procedente de Nueva Orleans), fue encarcelado y juzgado por el tribunal militar correspondiente (del 23 de febrero al 2 de marzo de 1853) y condenado a la pena de confinamiento perpetuo en la Península, luego suavizada por la de confinamiento durante dos años en Osuna, «sin perjuicio de la resolución del Gobierno de S. M. quien a su tiempo podrá usando de más clemencia aún permitirle regresar a esta Isla». El 10 de abril de 1853 fue embarcado rumbo a Cadiz, donde desembarcó en el mes de mayo. Debió permanecer en la península hasta el decreto de amnistía de 22 de marzo de 1854, que permitió a todos los implicados en conspiraciones fijar libremente su residencia en España o establecerse en el extranjero.

A partir de marzo de 1855 el Conde de Pozos Dulces reaparece por Nueva Orleans, y por Nueva York, en el entorno político de la Junta Cubana Revolucionaria, continuadora de las lopiztas pretensiones anexionistas. Parece ser que era el Conde quien, desde la más absoluta discreción, llevaba por entonces la correspondencia de la Junta, dirigiendo instrucciones a sus adeptos. También parece que fue él quien escribió el artículo aparecido en La Verdad, el 25 de diciembre de 1854, bajo la firma del Gaspar Betancourt Cisneros (en el que se defiende la independencia de Cuba por encima de la anexión: «La libertad de Cuba y su completa independencia son el único objeto de nuestra revolución»), asi como el manifiesto publicado el 25 de agosto de 1855.

Autodisuelta la Junta Cubana Revolucionaria, a causa de sus irreconciliables disensiones internas, ideológicas y estratégicas, permaneció el Conde de Pozos Dulces casi un año en los Estados Unidos, embarcándose a comienzos del verano de 1856 en Nueva Orleans, rumbo a Francia, asentándose en el París del recién estrenado Imperio de Napoleón III (el sobrino de Napoleón Bonaparte –¿dónde había quedado la Revolución Francesa?– ya había matrimoniado en 1853 con una noble española, la Condesa de Tebala, y la Emperatriz Eugenia de Montijo había ya parido sucesor en 1856, el Príncipe Imperial Eugenio Bonaparte), hervidero de tantos intereses vinculados con la América española. Distintas fuentes le han atribuido la autoría de tres documentos anónimos impresos en París en 1858 y 1859, con pseudónimo, dos de ellos publicados en lengua francesa:

Lettre a Sa Majeste l'Empereur Napoleon III sur l'influence française en Amérique a propos du message de M. Buchanan, par un homme de la race latine, Ledoyen, París 1858, 32 págs. [Carta a Napoleón III sobre la influencia francesa en América..., traducida por José Andrés Fernández Leost para el Proyecto Filosofía en español, agosto 2006.] El firmante «Un homme de la race latine» [«Un hombre de la raza latina»] encubre a un francés o afrancesado católico y antinorteamericano, que, en francés, en su «Carta a Su Majestad el Emperador Napoleón III sobre la influencia francesa en América, tras el mensaje de M. Buchanan», incita al emperador francés a potenciar su Imperio mediante una «Alianza latina», fagocitadora de lo hispánico, capaz de hacer frente a la que se suponía voluntad de expansión protestante yankee por todo el continente –inflamada por la doctrina enunciada por Monroe en 1823– tendente incluso a invadir Europa. Este alegato a favor de la expansión imperial francesa por América, mediante la anegación de la 'especie hispano' [lo que más tarde se dirá Hispanoamérica] en un supuesto 'género latino' [lo que más tarde se dirá Latinoamérica a América Latina], no pasó desapercibido en los Estados Unidos de la América del Norte (eran los tiempos del presidente James Buchanan –1857-1861–, predecesor de Abraham Lincoln, gestándose la Guerra de Secesión –1861-1865–). El periódico Le Courier des Etats Unis, que se publicaba en francés en Nueva York, reprodujo la carta: «a pesar de que contiene muchas inexactitudes, no se puede disimular que encierra, en una explosión violenta, los sentimientos de la opinión europea con respecto a la política de los Estados Unidos, tal como la han hecho conocer las expediciones filibusteras, el manifiesto de Ostende y el último Mensaje de Mr. Buchanan...» Y en español publicó amplios párrafos El clamor público, el periódico que el joven californiano Francisco P. Ramírez (nacido en 1837) logró editar en Los Ángeles entre 1855 y 1859 (concretamente en el volumen IV, nº 38, 19 de marzo de 1859, bajo el título «Folleto Notable»). Quienes atribuyeron al Conde de Pozos Dulces la autoría de esta Carta, al identificar a Francisco Frías con el pseudónimo Un hombre de la raza latina, fueron Domingo Figarola-Caneda en su Diccionario cubano de seudónimos (Imprenta El Siglo XX, Habana 1922), y, probablemente confiados en esta fuente, los autores del Diccionario de la literatura cubana (Editorial Letras Cubanas, La Habana 1980). ¿Habrá sido el «hommme de la race latine» autor de esta carta cualquier ideólogo gabacho inflamado por el espíritu de Nicolás Chauvin, o quien incitaba al emperador francés a incorporarse los restos del Imperio Español fue un hispano, o hasta un español, incluso perteneciente a la nobleza, en tanto que Conde?

La Question de Cuba, E. Dentu, París 1859, 63 págs. Varias fuentes atribuyen la autoría de este texto (publicado anónimo y en francés) al Conde de Pozos Dulces: Francisco Calcagno (Diccionario biográfico cubano, Nueva York 1878-1886), Emeterio S. Santovenia («El Conde de Pozos Dulces», Social, 1923), Carlos M. Trelles (Biblioteca histórica cubana, Matanzas 1924), H. E. Friedlander (Historia económica de Cuba, La Habana 1944), &c.; incluso Vidal Morales Morales, que en su Biografía... de 1887 atribuía este texto a Porfirio Valiente, en un artículo de 1901 asegura disponer de un ejemplar corregido por la propia mano del Conde de Pozos Dulces.

Isla de Cuba. Refutación de varios artículos concernientes a ese país, publicados en el 'Diario de Barcelona' en los meses de junio y julio 1859. Por un Cubano, Imprenta de d'Aubusson y Kugelmann, París 1859, 56 págs. Su biógrafo Vidal Morales Morales, Domingo Figarola-Caneda, Carlos M. Trelles, José Antonio Ramos, Friedlander, Francisco Pérez de la Riva, &c., aseguran que esta refutación, firmada por un Cubano, se debe al Conde de Pozos Dulces. Fue estampada en la imprenta de Kugelmann, el mismo taller donde al año siguiente se publicó la Colección de escritos que sí firmó Francisco de Frías, con su nombre y con su título de Conde de Pozos-Dulces.

Tiene su interés dejar constancia de algunos ejemplos de la presencia de Francisco de Frías en Cuba a lo largo del siglo XX: el 18 de abril de 1916 se erigió un monumento al conde de Pozos Dulces en las calles Línea y L, en el Vedado; y hoy una calle y un parque llevan su nombre en La Habana. En 1933 se creó en La Habana la Escuela Nacional Forestal Conde de Pozos Dulces. En 1937 la Secretaría de Educación de la Dirección de Cultura recopiló algunos de sus escritos en el volumen Reformismo agrario (La Habana 1937, 173 págs.). Durante el curso escolar 1954-1955, en el entorno de los católicos Hermanos de La Salle, se fundó una Academia de Ciencias Económicas y Sociales Conde de Pozos Dulces, «tomando prestado el nombre del título nobiliario de Francisco de Frías y Jacott, ilustre agrónomo y economista, precursor de la independencia de Cuba» (esta Academia fue clausurada en 1961, tras la Revolución, por tratarse de una institución docente no estatal; aunque algunos de sus antiguos alumnos, reunidos en Miami en 1996, la recrearon, también vinculada a los Hermanos de las Escuelas Cristianas, publicando incluso desde 1994 unos Cuadernos de Pozos Dulces). En el proyecto editorial de una «Biblioteca de Clásicos Cubanos» (firmado por Armando Hart Dávalos en La Habana el 1º de marzo de 1999), se propone dedicar un volumen a los escritos del Conde de Pozos Dulces, dentro de la subserie «Clásicos de los orígenes del Pensamiento Emancipador, hasta 1868» (Escritos y epistolario, en dos tomos, a cargo de Rolando Misas), &c.

«Francisco de Frías y Jacott. Biografía. Político y escritor español, conde de Pozos Dulces. Nacido en la Habana a 24 de septiembre de 1809. Muerto en París a 24 de octubre de 1877. Contaba diez años de edad cuando fue enviado al Mount Saint-Mary-College, de Baltimore, en el que se contó siempre entre los alumnos más distinguidos. Regresó a la Habana en 1829, año en que murió su padre, que era hacendado, y esto le hizo dedicarse a la Agricultura. En 1832 vino a la península, y regresando a Cuba el año siguiente permaneció allí hasta 1842; regresó a Europa, avecindándose en París; se consagró al cultivo de las Ciencias y asistió a varios cursos públicos, siendo la Física, la Mecánica y la Química aplicada a las Artes sus estudios favoritos. Vuelto a Cuba, con caudal poco común de conocimientos, no tardó mucho en ser mirado con prevención por el gobierno, que lo atribuía miras anexionistas de que no se mostró partidario. No cultivó asiduamente, ni como profesión, las Bellas Letras; pero su estilo era tan ameno y florido que poetizaba las más elevadas y áridas cuestiones. En 1848 propuso el Liceo Artístico y Literario de la Habana un certamen, al que concurrió Frías con su importante Memoria sobre la industria pecuaria en la Isla de Cuba, que fue premiada en los Juegos Florales (noviembre de 1849). La reprodujeron el Diario de la marina, los Anales de la Junta de Fomento y la Sociedad Económica, haciéndola circular aquel periódico en impresión separada. En 1851, como consiliario de la Junta de Fomento, presentó Frías a aquella corporación su extenso y magnífico informe sobre el Instituto de de Investigaciones Químicas, del que era inspector: En 1853 fue preso y encerrado seis meses en el castillo del Morro. Terminó la sumaria en 1854; y como se juzgaba perjudicial su presencia en Cuba, el general Cañedo le desterró, designándole para residencia a Osuna. Durante su permanencia en París publicó La cuestión del trabajo agrícola y de la población de la Isla de Cuba, teórica y prácticamente examinada (París, 1860). Con este folleto inició en Cuba el estudio de la agricultura científica. También desde aquella capital dirigía (1856 y 1857) al periódico El Correo de la Tarde una serie de correspondencias, que más tarde (1860) reunió su amigo Domingo G. Arozarena, y las publicó con el título Colección de escritos sobre Agricultura, Industria, Ciencias y otros ramos de interés para la isla de Cuba. Además imprimió en París (1859) un folleto titulado La cuestión de Cuba. Vuelto de Francia y Bélgica (enero de 1861), cuyas escuelas agronómicas había visitado, quiso utilizar sus conocimientos y fundó en Cuba, con la cooperación de su hermano José y del bien reputado escritor Anselmo Suárez, El Porvenir del Carmelo, periódico de Artes e Industria, en el cual aparecieron sus luminosas observaciones sobre la cría caballar. Por la misma época el conocido periodista cubano don J. Quintín Suzarte trató de fundar un órgano reformista, que abiertamente y con entera independencia de criterio se ocupara de las cuestiones administrativas y políticas del país. De esta idea, a la cual nunca faltaron adeptos en el país, surgió El Siglo, quo tuvo extraordinaria aceptación. Frías renunció la dirección, que le ofreció el general Serrano, del Instituto Agronómico; mandado fundar desde 1860, y que no se planteó por haberse distraído los fondos en la guerra de Santo Domingo; renunció asimismo diversos destinos honoríficos y lucrativos, que le ofrecieron sus amigos y admiradores, y sólo aceptó, porque presentaba mejor campo a sus proyectos reformistas, la dirección del dicho periódico, que acababa de ceder Suzarte a dicha sociedad anónima de los señores Aldama, Mestre, Valdés Fanli, Martín Rivero y Fernández Bramosio. Desde sus columnas abordó el examen de las más variadas y trascendentales cuestiones, e inauguró célebre campaña periodística para alcanzar las reformas político-sociales, económicas y administrativas de Cuba, campaña que al cabo dio por resultado el decreto de 29 de noviembre de 1865, mandando abrir una información sobre las bases en que debían fundarse las leyes especiales para el gobierno de Cuba y de Puerto Rico. A los Ayuntamientos de algunas poblaciones de la isla sólo correspondía el nombramiento de los dieciséis comisionados que habían de tomar parte en aquella junta de información. El de Villaclara eligió al conde de Pozos Dulces, que era regidor y alcalde 5º, y que en 29 de septiembre salió para Europa y a fines de octubre de 1866 se hallaba en Madrid, donde fue nombrado presidente de la sección de inmigración, y consecuente en sus principios abogó por el predominio de la raza blanca. Pero este pensamiento fracasó, y el mismo día (15 de febrero de 1867) en que el gobierno declaraba cerrada la información, expedían las Cortes un decreto aumentando en un 10 por 100 las contribuciones de Cuba, indicando que esta resolución respondía a lo expuesto por los delegados cubanos. La protesta que éstos hicieron contra tamaña tergiversación de la verdad fue redactada por Frías; que regresó a su país (20 de agosto de 1867), donde, nuevamente regidor, reasumió también la dirección de El Siglo y colaboró en El Ateneo, periódico ilustrado de Ciencias y Artes, que fundó Armas y Martínez. Fue también individuo de la Academia de Ciencias Médicas, en cuyas Memorias se halla un discurso inaugural; con la contestación de Poey, y también una disertación sobre la luz, considerada como elemento del clima; fue asimismo socio de la Económica, y allí dejó notables trabajos, entre ellos un Informe sobre avenamiento; una Memoria sobre introducción de indios de América para trabajos agrícolas, y un trabajo sobre destrucción del reino animal, que, premiado por el Liceo en Juegos Florales el 1858, vio la luz en las dichas Memorias. Fue uno de los más celosos promovedores de la idea de enviar algunos a las principales escuelas de Agronomía de Europa, y electo socio de mérito en febrero de 1865. Suprimido el órgano reformista quo con tanto acierto dirigía (diciembre de 1868), Frías, que no había aprobado el alzamiento de Yara, permaneció corto tiempo retirado, hasta que a fines de 1869 se vio obligado a entrar a París, donde su pluma no pudo permanecer ociosa, y con ella atendió a su subsistencia. Así, pues, se dedicó a escribir para varios periódicos hispano-americanos, tales como El Deber, de Valparaíso, de Ricardo Becerra (1871); La Patria, de Lima (1873); La República, de Santiago de Chile; El Diario, de Cundinamarca; el Registro Oficial, de Bogotá; El Educador Popular, de Nueva York, y La Legalidad, de la Habana. Se le atribuye un folleto sobre actualidades de Cuba, que, anónimo, circuló profusamente en ésta; unas observaciones acerca de esta obra, de Saco: Historia de la esclavitud desde su origen hasta nuestros días, y las correspondencias firmadas Américo en el Americano, escritos todos informados por el principio de utilidad y redactados con un estilo en que se unían en admirable consorcio el fuego de la juventud con la conducta de la edad viril. «Escribía en prosa con verdadero estro,» decía Echevarría; «a una firmeza invencible de carácter, añade el señor Jorrín, reunía una bondad inagotable de corazón, una inteligencia clarísima y vastos conocimientos adquiridos a fuerza de perseverantes estudios.» «Las cartas del Conde de Pozos Dulces se recomiendan, no sólo por el caudal de conocimientos teórico-prácticos que contienen, sino también por el estilo eminentemente literario en que están escritas, y que recuerdan el de Jovellanos al tratar iguales materias: de ellas puede decirse que deleitan e instruyen (La Patria, 26 de agosto de 1873).» Continuó Frías viviendo en la mayor estrechez, a pesar de que varios opulentos compatriotas querían asignarle una pensión, hasta principios de 1877, en que una enfermedad le hizo pasar a Mentone, cerca de Niza, donde estuvo siete meses; mas, agravándose, volvió a París y allí falleció.» (Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano, Montaner y Simón, Barcelona 1891, tomo VIII, pág. 753.)

«Francisco de Frías y Jacott. Biografía. Político y escritor cubano, conde de Pozos Dulces, nacido en la Ha­bana en 1809 y muerto en París en 1877. Se educó en los Estados Unidos y se distinguió por sus ideas liberales y abolicionistas, por lo que se hizo sospechoso al Gobierno, que le creía partidario de la anexión de Cuba a los Estados Unidos. Mientras tanto, se dio a conocer por diversas publicaciones científicas y sociales, y fue consiliario de la Junta de Fomento. Detenido algún tiempo en el castillo del Morro de su ciudad natal, fue luego desterrado y fijó su residencia en París, desde donde colaboró en varios periódicos cubanos, aprovechando, además, su permanencia en Francia y ­después en Bélgica, para estudiar los adelantos de la agricultura. De regreso en Cuba, fundó El Porvenir del Carmelo, y luego contribuyó a la fundación de El Siglo, periódico abolicionista, de cuya dirección se en­cargó, renunciando a lucrativos destinos por creerlos incompatibles con aquél. Desde dicho periódico hizo Frías y Jacott importantes campañas en pro de las reformas político administrativas que demandaba Cuba y cuyo resultado fue abrir una información (29 de No­viembre de 1865) relativa al Gobierno de Cuba y Puer­to Rico, nombrándose una comisión, de la que formó parte Frías y Jacott y que pasó á Madrid en 1867 para exponer al Gobierno diferentes puntos de vista relacionados con el asunto. No fueron atendidas por el gobierno español sus observaciones, y en 1868 se entregó de lleno a laborar por la causa de la indepen­dencia de su patria. En 1869 emigró á París, donde residió en lo sucesivo dedicado a las tareas periodísti­cas, colaborando en los principales periódicos de su patria y en muchos de la América del Sur y Central. Publicó, además: Memoria sobre la industria pecuaria en la isla de Cuba (1849); Informe sobre el Instituto de Investigaciones Químicas (1851); La cuestión de Cuba (París 1859); La cuestión del trabajo agrícola y de la población de la isla de Cuba, teórica y prácticamente examinada (París 1860); Informe sobre el avenamiento de aguas; Memoria sobre la introducción de indios de América para trabajos agrícolas, y otros muchos escritos que se distinguen por su estilo claro y castizo y por la solidez del fondo.» (Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Hijos de J. Espasa, Barcelona 1924, tomo 24, pág. 1279.)

«Francisco de Frías y Jacott (La Habana, 24.9.1809 - París, 25.10.1877). Cursó estudios en EE.UU. entre los diez y los diecisiete años de edad. Regresó a Cuba en 1826, tras la muerte de su padre. Realizó un corto viaje a España en 1832. Diez años más tarde viajó a París para estudiar ciencias físico-químicas. Cursó además estudios de agricultura aplicada y de geología. Regresó a La Habana en 1844. Ocupó los cargos de consejero de la Junta de Fomento y de inspector del Instituto de Investigaciones Químicas. Fue elegido socio de número de la Sociedad Económica de Amigos del País y más tarde presidente de su Sección de Agricultura y Comercio. Complicado en 1852 en la Conspiración de Vuelta Abajo, fue encarcelado y condenado a confinamiento en la Península. Volvió a Francia y a EE.UU., donde se vinculó a la Junta Cubana Revolucionaria. En 1854 ocupó su vicepresidencia. Disuelta la Junta, regresó a París y comenzó sus correspondencias en El Correo de la Tarde (1857-1858), publicó artículos en El Porvenir del Carmelo y trabajó como corresponsal del Liceo de La Habana. En 1858, en los Juegos Florales del Liceo, ganó medalla de oro y el título de socio de mérito por su trabajo «¿Descansa sobre bases científicas la opinión de que la destrucción del reino animal lleva consigo la del vegetal, y viceversa?». Tras su regreso a Cuba en 1861, fue nombrado secretario de la Compañía de Ferrocarriles, dirigió El Siglo (1863) y llevó a cabo desde sus páginas una campaña para lograr reformas sociales, económicas y políticas para Cuba, que culminó con la creación de la Junta de Información. Elegido para formar parte de la misma, se traslada a España. Volvió a Cuba después del fracaso de la Junta, en la que ocupó la presidencia de la Sección de Inmigración. Fue nombrado regidor del Ayuntamiento de La Habana y nuevamente director de El Siglo. En 1868 renuncia a éste y colabora en El Ateneo, en Revista crítica de ciencias, artes y literatura y es nombrado socio de número de la Real Academia de Ciencias Médicas. Al estallar la guerra del 68 se traslada a París, desde donde colaboró en diversos periódicos latinoamericanos, como El Deber (Valparaíso), La Patria (Lima), La República (Santiago de Chile) y El Registro Oficial (Bogotá). Colaboró además en Educador Popular, La América Ilustrada y El Mundo Nuevo, todos de Nueva York, y en El Americano y Revista Latinoamericana, de París. Publicó cartas en la Revista Cubana. Es autor de trabajos de carácter científico, como la «Memoria sobre la industria pecuaria en la isla de Cuba», publicados en los Anales de la Real Junta de Fomento y Sociedad Económica de La Habana y en los Anales de la Real Academia de Ciencias de La Habana. Utilizó los seudónimos Américo, Asur, Un cubano, J. de F., Un homme de la race latine y sus iniciales C. de P. D., correspondientes a su conocidísimo título de Conde de Pozos Dulces.
Bibliografía activa: Lettre à Sa Majesté l'Empereur Napoléon III sur l'influence française en Amérique à propos du message de M. Buchanan, par un homme de la race latine. París, 1858. | Cartas del Conde de Pozos Dulces sobre la influencia agrícola de la isla de Cuba y sobre ciencias y artes. La Habana, Imp. La Honradez, 1860. | Colección de escritos sobre agricultura, ciencias y otros ramos de interés para la isla de Cuba. París, J. Jugelmann, 1860. | La cuestión del trabajo agrícola y de la población en la isla de Cuba, teórica y prácticamente examinada. París, Jorge Kugelmann, 1860. | Atraso de la agricultura española y necesidad de mejorarla. Madrid, 1861. | Contestación de los comisionados de Cuba a las preguntas del primer interrogatorio relativo a la inmigración [La Habana?], 1867. | Reformismo agrario. Pról. de José Antonio Ramos. La Habana, Secretaría de Educación, 1937 (Cuadernos de cultura, 4º serie, l).
Bibliografía pasiva: Jorrín, José Silverio. «Don Francisco de Frías, Conde de Pozos Dulces [carta]», en Revista Cubana. La Habana, 2: 537-540, 1885. | Monte, Ricardo del. «Necrología. El Conde de Pozos Dulces», en Revista de Cuba. La Habana, 2: 566-567, 1877; «El Conde de Pozos Dulces», en El País. La Habana, 10 (254): [2] oct. 26, 1887. | El monumento a Don Francisco Frías Jacott, Conde de Pozos Dulces [Opiniones, artículos y discurso]. La Habana, P. Fernández, 1927. | Morales y Morales, Vidal. Biografía del Sr. D. Francisco de Frías y Jacott, Conde de Pozos Dulces. La Habana, La Propaganda Literaria, 1887. | Ramos y Aguirre, José A. Pozos Dulces, el inútil vidente. Conferencia leída el día 11 de noviembre de 1936 en el Palacio Municipal. La Habana, Molina, 1936. | Sanguily, Manuel. «Las reformas políticas y el darwinismo. El Conde de Pozos Dulces», en su Hojas Literarias. La Habana, 4: 177-206, jun. 30, 1894. | Santovenia, Emeterio S. «El Conde de Pozos Dulces. Habana, 24 de septiembre, 1809. París, 25 de octubre, 1877», en Social. La Habana, 8 (3): 43, mar., 1923.» (Instituto de Literatura y Lingüística de la Academia de Ciencias de Cuba, Diccionario de la Literatura Cubana, Editorial Letras Cubanas, La Habana 1980.)

 
Selección bibliográfica de Francisco Frías Jacott:
  • [¿?] Lettre a Sa Majeste l'Empereur Napoleon III sur l'influence française en Amérique a propos du message de M. Buchanan, par un homme de la race latine, Ledoyen, París 1858, 32 págs. Carta a Napoleón III sobre la influencia francesa en América..., traducida por José Andrés Fernández Leost para el Proyecto Filosofía en español, agosto 2006.
  • [¿?] La questión de Cuba, E. Dentu, París 1859, 63 págs.
  • [¿?] Isla de Cuba. Refutación de varios artículos concernientes a ese país, publicados en el 'Diario de Barcelona' en los meses de junio y julio 1859. Por un Cubano, Imprenta de d'Aubusson y Kugelmann, París 1859, 56 págs.
  • La cuestión del trabajo agrícola y de la población en la isla de Cuba, teórica y prácticamente examinada por el conde de Pozos-Dulces, Imprenta de Jorge Kugelmann, París 1860, VI+72 págs.
  • Colección de escritos sobre agricultura, industria, ciencias y otros ramos del interés para la isla de Cuba, por Don Francisco de Frías Conde de Pozos-Dulces. Tomo primero. Agricultura, Imprenta Tipográfica de Jorge Kugelmann, París 1860, VI+436 págs.
  • Cartas del Conde de Pozos Dulces sobre la influencia agrícola de la isla de Cuba y sobre ciencias y artes, Imprenta La Honradez, La Habana 1860.
  • Atraso de la agricultura española y necesidad de mejorarla, Madrid 1861.
  • Recuerdo de la despedida del Excmo. Sr. Teniente General Don Domingo Dulce, marqués de Castell-Florite, después de haber desempeñado el mando superior, político y militar de la isla de Cuba, Imprenta del Mencey, La Habana 1866, 32 págs.
  • Reformismo agrario, nota preliminar de José Antonio Ramos, Publicaciones de la Secretaría de Educación (Cuadernos de cultura, cuarta serie, l), La Habana 1937, 173 págs.
Sobre Francisco Frías Jacott:
  • 2001 Marie-Claude Lecuyer, Anticolonialisme à Cuba au XIXe siècle. Pozos Dulces (1809-1877), L'Harmattan (Publications de l'Équipe de recherche de l'Université de Paris-VIII. Histoire des Antilles Hispaniques, 20), París 2001, 190 págs.
Textos atribuidos a Francisco Frías Jacott en el Proyecto filosofía en español:

 

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