Filosofía en español 
Filosofía en español

Vicente Uribe Galdeano  1897-1961

Vicente Uribe Galdeano Político e ideólogo comunista español, nacido en Bilbao en 1897. Obrero metalúrgico, militante del Partido Comunista de España desde 1923, dirigente desde 1927. Representó al Partido en la elaboración del manifiesto electoral del Frente Popular para las elecciones de 16 de febrero de 1936: El manifiesto electoral de las Izquierdas. Fue Ministro de Agricultura, ya comenzada la guerra, en los gobiernos republicanos de Francisco Largo Caballero (5 de septiembre de 1936 al 18 de mayo de 1937) y de Juan Negrín (18 de mayo de 1937 al 1º de febrero de 1939). Principal impulsor de la reforma agraria, promovida por el Partido Comunista, que intentó llevar a cabo la Segunda República en plena Guerra Civil española. Tiene el mayor interés su escrito de 1938: El problema de las nacionalidades en España a luz de la guerra popular por la independencia de la República Española.

Tras la derrota de 1939 y el consiguiente exilio de los dirigentes, el Partido decide la formación de un Secretariado en América: Vicente Uribe y Antonio Mije ya estaban en México a finales de 1939 (después llegarían Pedro Checa [que falleció en México en agosto de 1942, y a quien se implicó en el asesinato de León Trotsky, en su casa de Coyoacán, el 20 de agosto de 1940], Santiago Carrillo, Juan Comorera, Fernando Claudín, &c.). Vicente Uribe fue el máximo dirigente del grupo comunista español en el «confortable» exilio mejicano durante los años de la segunda guerra mundial, y quien encargó a Carrillo, tras la muerte de Checa, las tareas de organización. Tras la expulsión del Partido de Jesús Hernández, en 1944, pasó a ocupar el segundo lugar en el escalafón jerárquico del PCE. Abandonó el exilio mejicano y llegó a París en mayo de 1946, junto con Antonio Mije, para establecerse en Francia. Desde la retirada por enfermedad de Dolores Ibárruri en el verano de 1947 hasta la ilegalización del PCE en Francia, se irá fraguando un enfrentamiento interno entre el dúo Antón-Carrillo frente a Uribe-Mije. En noviembre de 1947 se inicia en Moscú una depuración interior del PCE, ejerciendo Vicente Uribe y Fernando Claudín el papel de jueces en esos procesos. El 7 de septiembre de 1950 el ministro del Interior francés, un socialista, ilegaliza a los comunistas españoles, que pasan a estar fuera de la ley y son perseguidos en masivas redadas. Vicente Uribe, Antonio Mije y Enrique Líster se instalan en Praga, permaneciendo en París, de forma clandestina, Santiago Carrillo y Francisco Antón (ex compañero sentimental de Dolores Ibárruri, que pronto será relegado por la dirección de Dolores-Uribe con la ayuda de Carrillo).

En octubre de 1953 propuso Vicente Uribe que el Partido elaborase un documento dirigido específicamente a los intelectuales. Esta idea se plasmó en abril de 1954 en el documento titulado: Mensaje del Partido Comunista de España a los intelectuales patriotas. El V Congreso del PCE (celebrado en Checoslovaquia en septiembre de 1954) es considerado como el canto del cisne de Dolores Ibárruri y de Vicente Uribe: Dolores redactó y defendió el informe político, Uribe el informe sobre el Programa del Partido y Carrillo las cuestiones organizativas y estatutarias. Al terminar este congreso se asistirá durante dos años a un combate político entre los jóvenes (Carrillo y Claudín) y los veteranos (Dolores y Uribe).

En febrero de 1956 asiste Uribe en Moscú al XX Congreso del PCUS. Dolores ha invitado al Congreso a Fernando Claudín, con la intención de conocer y poner coto al creciente protagonismo que va consolidando Santiago Carrillo en París. Claudín imita la condena que en el XX Congreso se hace de Stalin, y no se frena en sus ataques a Uribe y a Dolores. La crisis abierta en Moscú se intentará salvar en el Pleno del Buró Político del PCE que se celebra en Bucarest en abril y mayo de 1956 (los nueve miembros del Pleno eran: Dolores Ibárruri, Santiago Carrillo, Antonio Mije, Ignacio Gallego, Manuel Delicado, Cristóbal Errandonea, Vicente Uribe, Enrique Líster y Fernando Claudín). Pero en esos pocos días Dolores ha pactado con Carrillo, y la crisis se va a resolver con la caída de Vicente Uribe, convertido en chivo expiatorio y acusado de «culto a la personalidad», en pleno fervor depurador postestalinista. La eliminación de Vicente Uribe, relegado absolutamente por el grupo triunfante capitaneado por Santiago Carrillo Solares, se consumará en el Pleno del Comité Central celebrado en la RDA del 25 de julio al 4 de agosto de 1956. Vicente Uribe falleció en Praga el 11 de julio de 1961, estuvo casado con Teresa García y tuvo cinco hijos.

Las cuatro menciones a Vicente Uribe en la oficial
Historia del Partido Comunista de España de 1960

«Los debates y resoluciones del IV Congreso [del Partido Comunista de España, 1932] asestaron un fuerte golpe a las tendencias sectarias que frenaban el desarrollo del Partido y su proceso de consolidación. Con el Congreso, el Partido dio un gran paso en el camino de su transformación en un partido de masas, destacando de su seno al núcleo dirigente capaz de realizar el viraje que la situación exigía. Entre los miembros del nuevo Comité Central figuraban José Díaz, Dolores Ibárruri, Vicente Uribe, Antonio Mije, Manuel Delicado, Pedro Checa, Trifón Medrano, Jesús Larrañaga, Cristóbal Valenzuela, Eustasio Garrote, Hilario Arlandis, José Silva, Rafael Millá, Daniel Ortega, Luis Zapirain, y otros dirigentes comunistas que habían dado pruebas de su capacidad y de su firmeza revolucionaria.» Historia del Partido Comunista de España, 1960, pág. 77.

«En esa lucha [tras el 18 de julio de 1936], que se desarrollaba de un extremo a otro, del país, ocuparon desde el primer momento puestos de vanguardia los dirigentes comunistas que desde el primer día estuvieron ligados con los frentes. Allí estaban José Díaz, Dolores Ibárruri, Vicente Uribe, Pedro Checa y Antonio Mije. Junto a los comunistas, rivalizando en heroísmo, combatieron los dirigentes de la JSU: Santiago Carrillo, Medrano, Claudín, Cazorla, Melchor, Gallego, Andrés Martín y Lina Odena. Los dos últimos cayeron en esos primeros combates contra los enemigos del pueblo.» Historia del Partido Comunista de España, 1960, pág. 128.

«Pero en las graves circunstancias en que se había planteado la crisis y ante la insistencia de Largo Caballero acerca de la participación comunista en el Gobierno, el Partido accedió a entrar en él y compartir de un modo directo con los socialistas y los republicanos las responsabilidades del ejercicio del Poder, y nombró como representantes suyos en el Gobierno a Vicente Uribe y Jesús Hernández. {(1) Jesús Hernández fue expulsado del Partido en 1944 por su actividad contrarrevolucionaria.}» Historia del Partido Comunista de España, 1960, págs. 139-140.

«Apenas transcurrida una semana de la entrada del Partido en el Gobierno de Largo Caballero, el ministro de Agricultura, Vicente Uribe, en nombre del Partido, presentó al Consejo de Ministros un proyecto de Reforma Agraria que preveía la entrega gratuita y en propiedad a los campesinos y jornaleros de la tierra confiscada a los terratenientes comprometidos en la sublevación fascista. Después de larga discusión, el Partido hubo de aceptar la modificación introducida en el proyecto inicial por los socialistas, en virtud de la cual se decretaba la confiscación en favor del Estado, o sea, la nacionalización de la tierra» Historia del Partido Comunista de España, 1960, pág. 175.

Algunos fragmentos referidos a Vicente Uribe tomados del libro de
Gregorio Morán, Miseria y grandeza del Partido Comunista de España, 1986

[La alianza entre la URSS y las potencias angloamericanas determinan, en plena guerra mundial, la disolución de la Internacional Comunista, el 10 de junio de 1943.] «El PCE aprobará y firmará la disolución por mano de Dolores Ibárruri que formaba parte de la dirección de la Komintern. En México, Vicente Uribe va a dedicar un artículo a esta "decisión histórica". Un texto de relevancia política, que sin embargo tiene un detalle que haría las delicias de cualquier coleccionista de las genialidades del PCE en el movimiento comunista internacional. En primer lugar va incluido en un número de España Popular con fecha de mayo anterior al motivo de su elegía. La sabia decisión de disolver la Komintern tuvo lugar en junio, en mayo el Presidium del Comité Ejecutivo sólo "proponía". Además recuerda un hecho que por cierto nadie conoce entre los estudiosos de la Komintern, y es la anulación de las 21 condiciones que imponía la IC a las organizaciones que se quisieran incorporar a la III Internacional. Es difícil que se trate de una errata, posiblemente Uribe, que se jactaba de ser el número uno en el manejo de la ciencia marxista-leninista-estalinista, se refiriera a la denominada "reforma de estatutos" de la IC propuesta por Bujarín, el dirigente bolchevique, en 1926, y que apenas ni se puso en práctica, salvo en el breve lapso en el que Bujarín fue presidente de la IC (1926-comienzos de 1929). Esta pifia de Uribe, de haber sido escrita en cualquier otro lugar más cercano a "la casa", le hubiera costado cara, pues Bujarín en 1943 ya había sido ejecutado por Stalin y su memoria objeto de alta traición. Uribe sólo tenía en su descargo el que entonces no se conocían esas interioridades y que los soviéticos no estaban para precisiones históricas.» (Gregorio Morán, Miseria y grandeza del PCE, 1986, pág. 83.)

«Hay que reconocer que en la política del PCE se da en ocasiones una disociación llamativa entre su discurso público y su discurso interno, como hemos tenido ocasión de ver ya, y como comprobaremos en otras ocasiones. Así fue también respecto a la cuestión sindical, pues, a finales del 48, dos hombres del Buró Político –Vicente Uribe y Antonio Mije– reunirán a los cuadros del PCE y del PSUC para hacer una reorientación del tema sindical. En esta reunión, celebrada en octubre en un "chateau" cercano a París, y a la que Dolores no pudo asistir porque ya se encontraba enferma y fuera de Francia, Uribe, que por carácter y convicciones estaba muy lejos del estilo voluntarista a ultranza que caracterizó siempre a Carrillo, se descolgó con un ataque a la "política de masas" que había llevado el partido en los años anteriores. Nuestra táctica huelguística a ultranza es errónea –dijo Uribe y añadió sin paños calientes–: aunque la realidad era tozuda, nosotros éramos más tozudos aún, persistiendo en nuestros trece, a pesar de que los hechos nos desmentían. Este alegato indirecto contra Carrillo y Antón, que dirigían políticamente todo lo referente a la lucha en el interior, incluía una rectificación de futuro: ¿Cuál es el mejor camino?, se preguntaba Uribe ante los cuadros del PCE y el PSUC. No el que hemos seguido... Nuestra conclusión es que debemos trabajar en los sindicatos creados por Falange [abandonando la política del partido que consideraba], al grupo sindical, simplemente como la organización de los comunistas de "segunda categoría". Esta revisión crítica de Vicente Uribe, la más dura y elaborada de cuantas hizo el Buró Político por aquellos años, se mantuvo oculta en los años "revisionistas", del 56 en adelante, quizá porque Uribe fue marginado de la dirección y los nuevos aires alentados por Carrillo y Claudín no podían basarse en los textos de un hombre que ellos habían triturado. Uribe en la reunión citada mostraba una excepcional clarividencia e incluso una frescura de expresión de la que estaba carente cada vez que cogía la pluma. Adelantándose en mucho a lo que sucederá posteriormente a 1948, Uribe afirma que la UGT va a desaparecer como organización en el interior, y si el PCE se muestra hábil llegaremos a una inteligente combinación del trabajo clandestino del partido con las posibilidades legales que incluso un régimen fascista no puede cerrar totalmente...» (Gregorio Morán, Miseria y grandeza del PCE, 1986, pág. 139.)

«La liquidación política de Antón y el debilitamiento de Santiago Carrillo en su papel dirigente, obligó a Dolores Ibárruri a conceder mayor predicamento a Vicente Uribe, sin el cual toda aquella farsa hubiera sido muy difícil de que prosperara y a quien Dolores debía agradecer su actitud de fiscal interesado. Uribe ocupará el lugar número dos del partido, a escasos metros del número uno, pero ambos a miles de escalones del tercero, que gracias a la amistad con Vicente Uribe y al corrimiento en la escala, pasó a ser Antonio Mije. La evidencia del ascenso de Uribe al olimpo de los dirigentes se manifestará en 1952, ya defenestrado Antón, cuando se celebre con pompa y circunstancia el 55 cumpleaños de Vicente Uribe, que había nacido como Stalin y Dolores, en el mes de los grandes, en diciembre. Del acto dio cumplida cuenta Mundo Obrero, y con ello quedó establecido que sólo Dolores y Uribe tenían el derecho soberano para recibir felicitación pública y colectiva de sus colegas del Comité Central. Hasta bien avanzados los cincuenta, la dirección del partido tendrá una relación de fuerzas equilibrada en su pirámide por Dolores y Uribe.» (Gregorio Morán, Miseria y grandeza del PCE, 1986, pág. 207.)

«Aunque la intuición de todos los analistas ha echado sobre las anchas espaldas de Santiago Carrillo la inauguración de su política hacia los intelectuales, va a ser Vicente Uribe quien plantee por primera vez la necesidad de elaborar un documento específicamente dirigido a los intelectuales. Lo hará en París el 22 de octubre de 1953, ante Carrillo, Mije, Gallego y Errandonea. Carrillo, eso sí, con su aguzado olfato recogerá la idea y la capitalizará: La sugerencia del camarada Uribe es una idea muy original –dice Santiago– pensamos que va a jugar un papel político importante y habrá que consultar con los intelectuales de nuevo para evitar que... no tenga galicismos, &c., por la clase de gente a la que va dirigida. Esta frase inscrita en el acta de la reunión echa una vez más por tierra la teoría de un Uribe absolutamente despreocupado del movimiento en el interior, y un Carrillo audaz, dispuesto a abrirse camino frente a las reticencias de Uribe. Como veremos en su momento, germinaba un enfrentamiento entre diferentes tácticas, ritmos de lucha, y personalidades. Que Uribe estuviera en trance de devenir un alcohólico no permite suponer que fuera tonto ni que careciera de lucidez. La idea de Vicente Uribe se plasmó en un documento titulado "Mensaje del PCE a los intelectuales patriotas", que lleva la fecha de abril de 1954 y que supondrá pese a lo inocuo y poco interesante del texto, el primer gesto del PC en su historia hacia la intelectualidad progresista. El documento es un largo escrito de estructura muy tradicional. Revela que pese a las hipotéticas consultas con los citados intelectuales de que hablaba Carrillo quizá eludieron los galicismos pero no el tono amazacotado y garbancero que caracterizaba la pluma de Uribe. Un documento que pretendía servir como herramienta analítica a los intelectuales del interior se inicia con un estentóreo y chabacano: ¡Trabajadores de la Ciencia, de la Literatura y el ARTE! ¡Maestros de la Cultura! ¡Estudiantes! En este encabezamiento se plasmaba el absoluto desconocimiento de la sensibilidad del mundo al que iba dirigido, nada grandilocuente; necesitado de ideas y conocimientos no de vacuidades.» (Gregorio Morán, Miseria y grandeza del PCE, 1986, pág. 234.)

«En la reunión del Buró Político, celebrada el 29 de abril del 55 y que se alargará durante una semana, Claudín se enfrenta a Uribe, máximo responsable del Buró. La discusión no es precisamente bizantina y tiene consecuencias en el campo organizativo y en el político. La primera impresión que saca Claudín tras sus primeros contactos con las organizaciones del PCE en Francia es muy negativo por su bajo nivel político, insuficientes lecturas (da como ejemplo que de 37 responsables políticos sólo 27 habían estudiado hasta el 3º o 4º capítulo de la "Historia del PC (bolchevique) de la URSS", que como se sabe era un legado de Stalin a la posteridad), bajo nivel cultural, &c. A Uribe le irritó sobremanera que Claudín apenas caído en paracaídas sobre las organizaciones de Francia tuviera la pedantería de clasificar y examinar a la militancia: creo que el camarada Fernando da una impresión parcial de las cosas en que participó y vio y que oyó... si además de sus intervenciones críticas nos dijera: los camaradas han dicho esto y lo otro, nos hubiera dado un cuadro más completo. El primer choque fue sobre la organización del partido en Francia, cuya responsabilidad correspondía sobre todo a Uribe, que decía supervisarla personalmente. Pero el enfrentamiento sobre la línea política tuvo mayor enjundia y preludia futuras discusiones. El Programa del Partido [V Congreso, 1954] había sido obra casi personal de Uribe, como ya hemos dicho, y se sentía albacea y primer exégeta de él, con una sensación de propiedad y de usufructo que le iba a su carácter autoritario y soberbio. Sin embargo, al margen de características subjetivas, la historia daría la razón a Uribe en detrimento del voluntarismo de Claudín. Mientras Fernando consideraba que los seis puntos de la Plataforma del Frente Nacional son la base para la unidad con todas las fuerzas antifranquistas, Uribe, más realista, pensaba que el Programa del Partido y los seis puntos de la Plataforma hoy lo defendemos como soluciones que propone el partido, pero como base de unidad está fuera de la realidad política. Se basaba en algo que a Claudín le pareció entonces insultante, y es el hecho, negado por Fernando y por Carrillo, de que hoy [1955] en el interior de España no hay fuerzas políticas organizadas. Como un solo hombre, según consta en el acta de la reunión, Carrillo y Claudín responden al unísono: sí las hay, y Uribe, cachazudo, matiza: Fuerzas políticas interesadas en la Revolución Democrática no las hay, porque una cosa es luchar contra Franco y otra por la revolución democrática.» (Gregorio Morán, Miseria y grandeza del PCE, 1986, pág. 249.)

«Claudín y Carrillo ven en Uribe la imagen del derrotismo, de la falta de entusiasmo revolucionario; se está fraguando la pelea contra Uribe. Cada vez que ellos le ponen de manifiesto el desarrollo de la lucha, los éxitos constantes, el giro total de la situación que se está produciendo en España, él les responde con su escepticismo. Si Carrillo le cuenta que el 95% (sic) de los enlaces sindicales elegidos en Zaragoza son de la candidatura contraria a la oficial, y que se han producido cambios muy profundos en el personal de los Sindicatos Verticales, que responsables del partido en Madrid discuten de igual a igual con el jerarca de Falange, Uribe les responde invariablemente con su despego. Lo que según él hay que hacer es popularizar el programa del partido y los frutos ya irán viniendo en la medida en que las cosas de España vayan desarrollándose. La historia le dará la razón porque aquel ritmo suicida acabaría hasta con los mismos protagonistas del voluntarismo a ultranza; se le podrá acusar de que el Uribe de 1955 ya no creía en nada, pero los otros creían demasiado. Claudín siete años más tarde volverá al pensamiento de Uribe sin reconocerlo, enfrentándose a Carrillo por su voluntarismo.» (Gregorio Morán, Miseria y grandeza del PCE, 1986, pág. 251.)

[En el Pleno del Buró Político, celebrado en Bucarest, del 12 de abril al 12 de mayo de 1956] «Santiago se estaba acercando al objetivo. La revisión táctica ya se había aprobado, y Pasionaria no sólo la cubría con su manto sino que le daba a él, presunto culpable, el espaldarazo. Ahora en buena ley sólo le quedaba por su parte apuntalar la figura de la secretario general y luego pasar al segundo punto del orden del día, con la imagen de Dolores sin mácula, y su voz sumada al coro de postulantes a la cabeza de Vicente Uribe. Como un dueto operístico aquello se convirtió en un reto por la nota más alta. La intervención autocrítica hecha por la camarada Dolores en torno a esta cuestión refuerza su autoridad ante nosotros y ante el partido –dijo Santiago–. Es un ejemplo de la actitud que debe tomar un dirigente ante sus errores. De esta reunión yo trataré de conservar más que la satisfacción de haber acertado en lo principal en problema tan importante, el recuerdo de cómo debe reaccionarse y corregir valientemente los propios errores, según el ejemplo que Dolores nos ha dado. Cumplida la primera parte, ahora le toca la tarea de apuntar al culpable y empezar la segunda: Ante mis ojos la autoridad de Dolores, que ya era muy grande, se ha elevado, entendiendo esto en el buen sentido, su autoridad efectiva, real. Pero no puedo menos de poner en contraste la actitud de Dolores con la de otros camaradas... Ni Uribe, ni Mije se han adelantado a hacer una rectificación durante esta discusión... Siempre ha tenido que ser Dolores la que ha tomado la iniciativa...
No había sido más que poner el toro en posición de entrarle a espadas. Ahora le tocaba a Claudín iniciar la parte sangrienta del asunto: La camarada Dolores... ha expuesto una idea central: la necesidad de realizar algunas modificaciones en nuestra táctica... Todos estamos de acuerdo con las ideas centrales expuestas por la camarada Dolores. Sin embargo, en la discusión se han manifestado claramente dos posiciones o interpretaciones de esas ideas: una que considera que esos cambios son necesarios porque el régimen es fuerte aún, porque las condiciones para su liquidación están lejos de haber madurado, porque incluso hay ciertos aspectos en la situación internacional que le favorecen en este momento... La otra posición... es que los cambios que se proponen en nuestra táctica y la posibilidad de la vía pacífica son posibles y justos porque el régimen es muy débil, porque su crisis ha llegado a una fase aguda, porque las fuerzas de oposición han llegado a un grado avanzado de desarrollo, porque en definitiva, la relación de fuerzas en el país nos es favorable... Yo estoy de acuerdo con esta segunda opinión y creo que es la que corresponde plenamente al espíritu de los planteamientos de Dolores... Sin embargo en las intervenciones de Uribe y Mije hay una sobreestimación de las fuerzas del enemigo y una subestimación de la amplitud y profundidad de la lucha de masas y de las fuerzas políticas de oposición, así como del papel de nuestro partido... hay una falta de perspectivas en esas intervenciones, especialmente en la de Vicente [Uribe]... En el fondo, [eso es] no estar de acuerdo con la línea general expuesta por Dolores...
Uribe no podía escabullirse con una voltereta al modo de Mije; ni era su estilo, ni le hubiera servido de nada sino es para echar sobre su cabeza, amén de los verdugos, el ridículo. Le quedaba la opción muy suya de ganar tiempo, porque comprendía que aquella batalla la tenía perdida desde el principio, aunque debía reconocer en su fuero interno que eso estaba contra todo pronóstico al empezar la sesión. Por encima de cualquier otra cosa había algo incontestable y definitivo: estaba solo frente a todos. Las opiniones expresadas por la camarada Dolores y los camaradas Carrillo y Claudín, osó decir, me han parecido muy interesantes y sus razonamientos los encuentro justos, aunque no creo que he comprendido hasta el fin... Considero que la última intervención de la camarada Dolores es de gran importancia. Me comprometo a estudiarla atentamente para sacar las mejores enseñanzas para mí. La ambigüedad de Uribe es tan escandalosa que Pasionaria se dirige a él para preguntarle a bocajarro si estás de acuerdo o no con mi intervención. Uribe, con la boca pequeña, asintió.
Lo que esperaban de él no era precisamente que lo estudiara y que mantuviera esa actitud de quien ha perdido esta vez y espera otra oportunidad, que no pensaban darle. Santiago irá directamente a rematar la operación, aunque salvando siempre con una reiteración obsesiva, la figura de Dolores: ¿Ha existido entre nosotros el culto a la personalidad? La figura más importante y representativa entre nosotros es la camarada Dolores Ibárruri. En el partido hay ciertas formas externas del culto a la personalidad de la camarada Dolores... Hay que decir porque es de justicia, que la camarada Dolores ha mostrado siempre su desagrado... ante esas exageraciones... Yo afirmé mi convicción de que jamás Dolores ha hecho nada por estimular el culto a su personalidad y que en todo cuanto ha dependido de ella lo ha combatido. Si de algo ha pecado, en ocasiones, ha sido de exceso de modestia. Para él, Pasionaria ha sido el motor permanente de la renovación del partido. No hoy, ni ayer, sino siempre, porque de no ser por su enfermedad en 1948 ya todo se hubiera resuelto mucho antes de este Buró, pero las iniciativas chocaban con Uribe con su concepción caciquil, sectaria, principal traba a la dirección colectiva, apegado a los viejos métodos de dirección y poseedor de una egolatría desenfrenada. Se dirige ya a él como el Stalin del PC español, cuyo culto a su propia personalidad, el envanecimiento, el alejamiento del partido y de la realidad habían llegado ya a extremos increíbles... es preciso liquidar entre nosotros los elementos del culto a la personalidad, de vanidad, de enfatuamiento.» (Gregorio Morán, Miseria y grandeza del PCE, 1986, págs. 269-270.)

[En el Pleno del Comité Central, en la Casa del Lago (en la República Democrática Alemana), del 25 julio al 4 de agosto de 1956] «Santiago es el verdadero jefe de la reunión. Dolores ha quedado desautorizada y marginada ante aquella avalancha de modernidad y voluntad. Los veteranos hacían monigotes en beneficio de los irresistibles jóvenes de cuarenta años y asistían pletóricos al final del hombre que significaba todo lo que quedaba atrás, Vicente Uribe. En la XII sesión, cuando vuelve a subir convocado por los insultos y las ofensas, su figura es patética. Es un viejo de 59 años, alcoholizado, sin otra opción ya en su vida que inmolarse ante aquellos jóvenes lobos a quienes había despreciado tanto. Posiblemente ahora confirmaba aún más su rechazo hacia su voluntarismo ingenuo. Fue la última intervención de su vida, subió a la tribuna, con la mirada traslúcida y empezó con un tono balbuceante, apenas audible, interrumpido por los gritos –que constan en el acta de la reunión– que le jaleaban: ¡Más alto, que no se oye! Dolores, satisfecha, también se lo apunta: ¡Más alto, hombre, que no te van a oír!
Y se lo decían a él, al gran Uribe, al tribuno apelmazado de la voz tonante, el bajito líder vasco que hacía temblar las mesas de los despachos con sus puñetazos y su ofensiva ironía de resentido frente al destino: Puedo afirmar, en la forma más rotunda y categórica que tenéis completa razón... Las críticas de los camaradas las considero justas... ¿acaso no es evidente que en la práctica subestimaba a los miembros del Buró Político y al secretario general del partido? Sí. En este momento para mí es evidente todo ello, y el disgusto, sorpresa y el dolor que ello me produce, me ha surgido cuando he escrito estas líneas –dice leyendo, mientras a sus espaldas unas voces les grita: "¡un poco más alto, que no se oye!"– me ha surgido cuando he escrito estas líneas y ahora no puedo describirlo... la soberbia, cierta autosatisfacción, cierta vanidad, cuando se traslada a la esfera política que es lo que interesa, se transforma, constituye elementos, partes, del culto a la personalidad. Tal y como si estuviera recitando un texto que no es suyo y que alguien le puso delante. En un supremo gesto de ironía exclamó con un hilo de voz: Y lo digo con toda sinceridad, que estas consideraciones sirven sólo para mi, exclusivamente para mí, porque otros muchos camaradas han estado en condiciones idénticas y no han perdido las características esenciales. Iba repitiendo palabras, frases, recordatorios exculpatorios para los demás como en aquella famosa intervención de Bujarín ante el fiscal Vichinky en 1937 en la que la brutalidad de las autoinculpaciones era tal que el fiscal estaliniano temía y con razón que se tratara de la burla de un ser excepcionalmente inteligente, como Bujarín, haciendo su última y sarcástica intervención ante la historia. No era ése el caso de la personalidad de Uribe, aunque bien lo parece cuando exclamó después de que le hayan pisoteado a modo: Camaradas, debo hacer presente que en vuestras duras y justas críticas habéis expresado palabras de consideración personal para mí que me han conmovido... Terminó con una aceptación de la sentencia, cualquiera que esta fuera: Vuestras decisiones son la ley suprema para mí.» (Gregorio Morán, Miseria y grandeza del PCE, 1986, págs. 296-297.)

Bibliografía cronológica de Vicente Uribe Galdeano

Nadie está autorizado para saquear campos y pueblos, Ministerio de Agricultura, Valencia 1937 (Tip. Pascual Quiles), 60 págs. Dos discursos: en Algemesí el día 28 de noviembre de 1936 y en Castellón el día 6 de diciembre de 1936; introducción por Enrique Castro Delgado.

A los campesinos de España, conferencia pronunciada en Algemesí el 29 de noviembre de 1936, Ediciones del Partido Comunista de España, Valencia [1936?], 16 págs. Otra edición: Partido Comunista de Euzkadi, Bilbao [1936?], 16 págs.

Nuestros hermanos, los campesinos. Conferencia pronunciada en el Teatro Apolo, de Valencia, el día 21 de enero de 1937, por Vicente Uribe, Ministro de Agricultura, Partido Comunista de España, [S.l.] 1937?, 14 págs. También en: El Partido Comunista por la libertad y la independencia de España (llamamientos y discursos), Comisión Nacional de Agit. Prop. del Partido Comunista de España, Editado por el Partido Comunista de Santander, 1937, 35 págs. [contiene el discurso de José Díaz en Valencia el 1º de diciembre de 1936 y la conferencia de Vicente Uribe]

Los campesinos y la República, conferencia pronunciada el día 22 de enero en el Teatro Apolo de Valencia, Partido Comunista, Valencia [1937?] (Gráficas Turia), 23 págs.

Nuestra labor en el campo: discurso pronunciado en el Pleno del C. C. ampliado del Partido Comunista de España, celebrado en Valencia los días 5, 6, 7 y 8 de marzo de 1937, Ediciones del Partido Comunista de España, Comisión Nacional de Agit Prop, [s.l.] 1937, 30 págs.

La revolución en el campo: legislación agrícola, Comisión Provincial de Agit. Prop. del Partido Comunista, Valencia 1937, 31 págs.

La política agraria del Partido Comunista, conferencia pronunciada el domingo 4 de julio de 1937 en el cine Olympia de Valencia, por Vicente Uribe, Ministro de Agricultura, Partido Comunista de España, Barcelona 1937, 30 págs. Otra edición: Discurso pronunciado en la conferencia que tuvo lugar en el Olimpia de Valencia, el mes de julio de 1937, Partido Comunista, Buró del Norte [s.l., 1937?], 31 págs.

Gobernar de cara al pueblo: discursos pronunciados desde el micrófono de Unión Radio y en el Teatro Calderón de Madrid, Partido Comunista, Radio Norte [1937?], 28 págs.

Qué hacer en la nueva situación para ganar la guerra. Informe de Vicente Uribe en la Asamblea Nacional del Partido Comunista, resumen de Jesús Hernández. Partido Comunista de España, Madrid, Barcelona [1937?], 32 págs.

El problema de las nacionalidades en España a luz de la guerra popular por la independencia de la República Española, Ediciones del Partido Comunista de España, Valencia [1938?], 23 págs.

Producir más y entregar al gobierno el excedente es condición de la victoria. Conferencia pronunciada en el Teatro Circo de Albacete el día 30 de octubre de 1938, Instituto de Reforma Agraria, Valencia 1938, 16 págs.

Discurso... en el cine Monumental, Prensa Obrera, Valencia [s.a.], 28 págs.

Los intereses del pueblo español están en la paz (conferencia pronunciada en México el día 11 de mayo de 1940), Editorial Popular, México 1940, 33 págs.

España, república de trabajadores, Campaña pro-reivindicación de la república, Acción Republicana Democrática Española, México [194-?], 11 págs.

Qué es y qué representa la unión nacional de los Españoles, México, 1945?

Yankee imperialism in Spain, New Century Publishers, Nueva York 1949, 32 págs. [serie de cuatro artículos publicados en Mundo Obrero en agosto de 1948.]

Informe sobre: «Programa del Partido», V Congreso del Partido Comunista de España, Praga 1954, 42 págs.

Bibliografía sobre Vicente Uribe Galdeano

Gregorio Morán, Miseria y grandeza del Partido Comunista de España 1939-1985, Planeta (Espejo de España 122), Barcelona 1986, 648 páginas.

José Ignacio Gracia Noriega, El «federalismo igualitario» y Vicente Uribe, La Nueva España, 22 de julio de 2001.

Textos de Vicente Uribe Galdeano en el Proyecto Filosofía en español

1938 El problema de las nacionalidades en España a la luz de la guerra popular por la independencia de la República Española

1954 Informe sobre: «Programa del Partido»

R