Historia del Partido Comunista de España 1960

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Capítulo segundo
La República

El bloque popular antifascista

Después de Octubre, el Partido Comunista, pese a la ilegalidad a que se vio reducido, no interrumpió ni un solo día su labor. Supo organizar el repliegue sin pánico, combatiendo, salvando a millares de luchadores obreros, infundiendo ánimos a los trabajadores y reagrupando las fuerzas para nuevos combates. Proclamó, desde el primer momento, que si la clase obrera se unía, podría impedir que la reacción se consolidase en el Poder y promover un vasto movimiento popular capaz de restablecer en España una situación democrática.

La política del Partido Comunista en el período que va desde la represión de octubre de 1934 hasta febrero de 1936 se desarrollaba en tres direcciones fundamentales: lucha por la amnistía y contra la pena de muerte, por la unidad de la clase obrera, por la creación de un Bloque Popular Antifascista.

A raíz del movimiento revolucionario, cuando el Partido Socialista renegaba de Octubre y los republicanos se replegaban desordenadamente, impresionados por la violencia de la represión, el Partido Comunista elevó su voz llamando a la clase obrera y al pueblo a movilizarse y a luchar para salvar a los presos revolucionarios. Cuando las cárceles de Asturias rebosaban de trabajadores y las fuerzas de la Legión, establecidas en el corazón de la zona minera, sembraban la desolación y la muerte; cuando los consejos de guerra condenaban a la última pena a decenas de obreros, el Partido gritó a España y a las fuerzas democráticas de todos los países: «iAyudadnos a salvar a los héroes de Asturias! ¡Ni una ejecución más!». Los delegados del C.C. del Partido Comunista llegaban a Asturias y lograban ponerse en relación con las familias de los asesinados y de los encarcelados, lograban visitar a los presos de la Cárcel de Oviedo y penetrar en la Cárcel de Mieres para informar a los camaradas del estado de ánimo de las masas y de la política del Partido.

Prohibida por las autoridades la actividad de la organización de mujeres contra la guerra y el fascismo, ésta se transformó en una asociación de solidaridad para con las mujeres y los hijos de los mineros asturianos caídos en la [94] lucha o encarcelados, bajo el nombre de «Comité Pro Infancia Obrera», el cual logró sacar de Asturias a centenares de hijos de mineros, colocándoles en familias que los prohijaron hasta que cambió la situación política.

Los comunistas editaron y repartieron por toda España centenares de miles de octavillas –dedicadas sobre todo a la lucha por la amnistía. Jamás el Partido había conseguido dar a su propaganda una amplitud tan grande. Nadie podía ahogar la ardiente protesta del pueblo contra la sangrienta política del Gobierno. Los intelectuales de mayor prestigio elevaron su voz contra las atrocidades cometidas en Asturias por las fuerzas represivas. La protesta popular impuso la destitución del comandante Doval, uno de los responsables de la represión, que se había destacado por su salvajismo.

En el mes de marzo de 1935, y como resultado de los esfuerzos del Partido Comunista de España, fue constituido un Comité Nacional de Ayuda a los Presos, con la participación del Partido Comunista, PSOE, Juventudes Socialistas y Comunistas, Juventudes Republicanas, Radicales Socialistas, Socorro Rojo, Federación Tabaquera y otros grupos.

A finales de marzo, el Partido Comunista de España organizó un poderoso movimiento de masas para salvar a los condenados a muerte, entre los que figuraban el camarada Juan José Manso y el dirigente socialista González Peña. El Partido, con el apoyo de las Alianzas Obreras de diversas provincias, inició los preparativos de una huelga general con ese objetivo. El Gobierno tuvo que retroceder; la mayoría de los ministros votaron el indulto de 20 condenados a muerte, y los representantes de la CEDA salieron del Gobierno provocando una crisis; era la primera gran batalla que la clase obrera, y el pueblo en general, ganaban a la reacción después de Octubre.

Estos hechos demostraban que, en lo fundamental, la fase de repliegue había terminado. Comenzaba un nuevo auge del movimiento obrero y democrático, que desembocaría en el triunfo del Frente Popular en febrero de 1936.

Las fuerzas reaccionarias realizaron nuevos esfuerzos por consolidar sus posiciones en el Poder. El 8 de mayo de 1935, la CEDA volvió al Gobierno. Gil Robles se encargó del [95] Ministerio de la Guerra. Bajo sus auspicios llegaba a los puestos clave del Ejército un grupo de generales africanistas, comprometidos en anteriores conspiraciones antirrepublicanas de la reacción fascista. Franco fue nombrado jefe del Estado Mayor Central; Fanjul, Subsecretario; Goded, Director de Aeronáutica; Mola, Jefe del Ejército de Marruecos.

Al conocerse la formación del nuevo Gobierno, el Partido Comunista –que sin descanso venía preconizando una amplia concentración de todas las fuerzas opuestas al fascismo– se dirigió a todos los partidos y organizaciones obreras y democráticas, subrayando la agravación del peligro fascista y tomando la iniciativa de constituir un Bloque Popular Antifascista.

Este bloque debería englobar a la clase obrera, a los campesinos, a los empleados y funcionarios, a los intelectuales y a la burguesía pequeña y media, a todas las clases y capas de la población golpeadas o amenazadas por las fuerzas reaccionarias que representaban los intereses de la oligarquía financiera-terrateniente.

El Programa que el Partido Comunista de España presentaba a las organizaciones y partidos democráticos como base para la constitución del Bloque Popular constaba de los siguientes puntos:

Dimisión del Gobierno Lerroux-Gil Robles y disolución de las Cortes.

Convocatoria de elecciones con garantías de libertad de propaganda para los partidos de izquierda.

Liberación de los presos políticos, amnistía, abolición de la pena de muerte.

Restablecimiento pleno de las libertades democráticas.

Confiscación de las tierras de los grandes latifundistas y su distribución gratuita entre los obreros agrícolas y los campesinos.

Restablecimiento del Estatuto de Cataluña y derecho de autodeterminación para Cataluña, Euzkadi y Galicia. Liberación de Marruecos.

Rebaja de los impuestos a los campesinos, artesanos, pequeños comerciantes e industriales. [96]

Mejora de las condiciones de vida de los obreros. Subsidio de paro.

Depuración del Ejército y expulsión de sus filas de los elementos fascistas que conspiraban contra la República. Disolución de las organizaciones fascistas.

Ni el Partido Socialista, ni Izquierda Republicana aceptaron la propuesta del Partido Comunista de España de crear el Bloque Popular. Pero otros partidos republicanos dieron una respuesta favorable. Y con ellos, el Partido Comunista de España, a comienzos del verano de 1935, creó el primer organismo nacional de Frente Popular, integrado por el Partido Comunista, la Juventud Comunista, el Partido Republicano Federal, la Izquierda Radical Socialista, la Juventud de Izquierda Republicana, la Confederación General del Trabajo Unitaria (CGTU), que agrupaba a los sindicatos dirigidos por los comunistas, la Federación Tabaquera, la Federación de Trabajadores de la Enseñanza, el Sindicato de Empleados del Estado, pertenecientes a la UGT, y otras organizaciones.

En el plano provincial y local, el Partido Comunista de España estableció relaciones con los partidos de izquierda y creó comités provinciales y locales del Bloque Popular, cuya composición variaba según los casos.

El peligro fascista se acentuaba. La CEDA estaba en el Gobierno y su política tendía a instaurar por vías «legales» un régimen clerical fascista. La labor de los generales protegidos de Gil Robles desde el Ministerio de la Guerra delataba que existía, además, la amenaza de un golpe militar para establecer una dictadura fascista abierta.

En el semanario «La Correspondencia Internacional» del 15 de junio de 1935, el Partido Comunista denunciaba este doble peligro del fascismo, concretando nombres:

«La fascistización empieza por los puestos de mando. Se acaba de colocar a la cabeza del Estado Mayor Central al general Franco, el mismo que ha dirigido desde el Ministerio de la Guerra las crueles operaciones militares... en Asturias, el hombre que ha participado en estos últimos tiempos en todas las conspiraciones destinadas a preparar la dictadura militar fascista». [97]

En el curso del año 1935, a medida que aumentaba la fuerza del movimiento popular, se intensificaban los preparativos de un golpe militar. Pero mientras el PCE se esforzaba por hacer penetrar la idea del riesgo que corrían el pueblo y la República, los dirigentes socialistas y republicanos consideraban las denuncias del Partido como especulaciones fantásticas, y las calificaban de «invenciones de Moscú».

El Partido Comunista no sólo tuvo razón en sus denuncias. Lo esencial es que su gran labor de esclarecimiento en torno a los peligros de una sublevación militar fascista fueron preparando a las masas para hacer frente a dicha eventualidad.

El Partido no se limitaba a denunciar los planes fascistas de violencia armada y a preparar al pueblo para oponerse a ellos. Al elaborar y defender la política de Frente Popular demostraba su disposición a utilizar vías pacíficas, electorales, para restablecer el orden democrático en España con el apoyo de un vasto movimiento de masas y realizaba un intento claro, de hondura nacional y patriótica, de abrir cauces pacíficos y parlamentarios al ulterior desarrollo de la revolución democrática en España.

Mientras tanto, los mismos que acusaban a los comunistas de recurrir a la violencia, las llamadas «gentes de orden», las fuerzas conservadoras, se preparaban ya entonces a lanzarse a la lucha armada, no para defender su existencia que no estaba amenazada, sino para impedir el funcionamiento normal y pacífico de las instituciones democráticas y la aplicación de las leyes republicanas.

La presencia de la CEDA en el Gobierno no consiguió consolidarlo. Era incapaz de frenar el impetuoso auge del movimiento popular que se manifestaba en toda España de las más diversas formas. Como consecuencia de la creciente presión de las masas, presión que a su vez acentuaba las divergencias y la descomposición reinantes en las altas esferas del Estado, las medidas represivas fueron mellándose y las fuerzas de izquierda pudieron arrancar ciertas concesiones. Se autorizó, por ejemplo, la celebración de mítines, si bien la prensa obrera seguía prohibida.

El Partido Comunista celebró el primer mitin público, después de Octubre, el 2 de junio de 1935, en el Cine [98] Monumental de Madrid. En ese mitin, José Díaz hizo una exposición completa de la política de Frente Popular, algunos de cuyos postulados estratégicos han conservado su validez esencial en la trayectoria de la política del Partido hasta nuestros días.

En aquel mitin, que revistió gran importancia política por el momento en que se celebraba y por las cuestiones en él planteadas, los trabajadores madrileños expresaron su adhesión a la política y a la conducta del Partido.

Al hacer el balance de los acontecimientos de Octubre, José Díaz, como secretario general del Partido Comunista de España, asumió para éste la responsabilidad de dicho movimiento.

El Partido hizo esta declaración pública ante la actitud de los dirigentes socialistas, y, en particular, la mantenida por Largo Caballero en el transcurso del proceso incoado por los acontecimientos de Octubre de 1934. Quienes tanto habían hablado de revolución, y habían lanzado a las masas a la lucha, una vez más sin la debida preparación ni coordinación, a la hora de enfrentarse con las responsabilidades derivadas de aquellos sucesos, rechazaron éstas, a pesar de las reiteradas gestiones realizadas por el Partido Comunista para convencerles de la necesidad de aceptarlas pública y conjuntamente.

Los comunistas, que –como queda dicho– habían hecho muy serias objeciones a los propósitos «revolucionarios» de Largo Caballero en vísperas de Octubre, por las incomprensiones de éste respecto a lo que es una lucha insurreccional, en el transcurso de ésta sellaron con su sangre la voluntad de marchar hombro con hombro con sus hermanos socialistas y, después de la lucha, recabaron para sí la responsabilidad propia y la de otros.

La idea del Frente Popular propugnada por el PCE encontró una acogida calurosa. Los trabajadores de todas las tendencias, el pueblo en general, anhelaban la unidad porque sabían que sólo con ella se haría retroceder a la reacción y se abrirían las puertas de las cárceles ante los 30.000 presos políticos en ellas recluidos.

Pero esos anhelos unitarios de las masas podían dar pie a diversas fórmulas políticas: los dirigentes republicanos, y parte de los socialistas, querían volver a una conjunción del [99] tipo de la de 1931; la izquierda socialista, por su parte, preconizaba la unidad exclusiva de las fuerzas obreras: era la continuación de su persistente menosprecio hacia los campesinos, actitud particularmente peligrosa en un momento en que la CEDA hacía grandes esfuerzos por crearse una base de masas entre dicho sector de la población.

El Partido Comunista, a través de una gran lucha política que duró casi todo el año 1935, consiguió que prevaleciese la política de Frente Popular y que incluso muchos dirigentes, remisos al principio a aceptarla, se sumasen por fin a ella. Esto fue posible, fundamentalmente, por la ayuda de las masas. El Partido explicó de manera paciente y tenaz el contenido y alcance del Frente Popular en todos los sitios, a través de toda España, hasta lograr que el pueblo comprendiese que ésa era la política que de verdad respondía a sus intereses y aspiraciones.

El Partido supo combinar la labor de explicación política con la defensa diaria y permanente de las reivindicaciones y de los intereses concretos de los trabajadores. La experiencia viva demostraba así a las masas que, aplicando la política de Frente Unico y de Frente Popular, se podía hacer retroceder a los fascistas y obtener ventajas para la clase obrera y para el pueblo. Y de hecho fue la voluntad y la presión de las masas, que hicieron suya la política de Frente Popular, las que determinaron que ésta fuese aceptada por el conjunto de los partidos de izquierda.

El PCE dio pruebas en todo ese proceso de flexibilidad política. Sin renunciar a la crítica constructiva de las posiciones erróneas de los dirigentes socialistas, anarquistas y republicanos, utilizaba todos los resquicios, todas las formas viables para promover la acción conjunta contra la reacción y el fascismo.

Ejemplo de ello fue su actitud ante los mítines organizados por Azaña; aunque discrepaba de muchas de las posiciones defendidas por el dirigente republicano, el Partido invitó a las masas, y en primer lugar a los militantes comunistas, a asistir a dichos mítines a fin de transformarlos en grandes manifestaciones de unidad antifascista. Y, en verdad, los mítines de Azaña, independientemente, incluso, de la [100] voluntad del orador, contribuyeron al desarrollo de la unidad y del movimiento de Frente Popular.

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  Historia del Partido Comunista de España
París 1960, páginas 93-100