Francisco Bacon

Francisco Bacon (1561-1626)

Destacado filósofo, auténtico progenitor del “materialismo inglés y en general de las ciencias experimentales de los tiempos modernos” (Marx). Hizo una severa crítica a la ideología medioeval, estimando que la escolástica y la teología no debían tener injerencia en los trabajos de la ciencia. Bacon comprobó que en la ideología del medioevo existía una serie de prejuicios y de representaciones falsas y desfiguradas (“ídolos') sobre la Naturaleza, que obstaculizaban el avance de la ciencia. Luchando por un conocimiento efectivamente científico, enseñó que la “filosofía auténtica” debe tener un carácter “práctico”, debe construirse sobre la base del análisis de los fenómenos de la Naturaleza y seguir en sus deducciones los datos de la experiencia. Bacon elaboró el método empírico en filosofía. Sostuvo que la fuente de toda conocimiento son los sentidos, y que el objeto de la investigación es la Naturaleza, la materia, que ésta no es homogénea ni abstracta, que posee diversas cualidades, diversos formas. Marx señaló que, según Bacon, “los sentidos son infalibles y constituyen la fuente de todo conocimiento. La ciencia es experimental y consiste en aplicar el método racional a los datos que nos suministran los sentidos. La inducción, el análisis, la comparación, la observación y la experimentación, son las condiciones esenciales de un método racional”. El hombre no puede conocer ni dominar la Naturaleza, sino “obedeciéndola”, es decir, siguiendo sus leyes. La Naturaleza se halla en estado de movimiento que, a juicio de Bacon, es la propiedad interna inalienable de la materia. Reconocía la variedad cualitativa múltiple del movimiento de la materia, sin reducirlo al desplazamiento mecánico de los cuerpos en el espacio. Enumeró diecinueve clases de movimiento. “Las formas primarias de la materia son fuerzas esenciales vivas, individualizadoras, internamente inherentes a ella y que crean las diferencias específicas”, escribía Marx, caracterizando las concepciones baconianas del movimiento. Sin embargo, Bacon no pudo resolver correctamente el problema de las formas del movimiento de la materia, y su filosofía en general tiene un carácter mecanicista. Bacon fue el primero que con mayor rigor elaboró el método inductivo de conocimiento en la ciencia. Afirmaba que en el proceso del conocimiento hay que partir del análisis de las cosas y de los fenómenos individuales, que toda verdad auténtica debe apoyarse en el mayor número posible de hechos, de cuya confrontación obtiene el hombre la posibilidad de elevarse de lo singular, de lo individual, a lo general, a las deducciones. Bacon no fue un materialista consecuente. Su materialismo está cargado. de “inconsecuencia teológica” (Marx). En sus concepciones sobre la historia de la sociedad, Bacon adoptó posiciones idealistas. Su clasificación de las ciencias, a la que da por base las diversas “facultades del alma” (la memoria, la imaginación, el entendimiento), también es idealista. Bacon reconocía la existencia de Dios y la inmortalidad del alma. Pero, no obstante la limitación histórica de sus concepciones, su filosofía significó un gran paso en la historia del materialismo. Los clásicos del marxismo tuvieron en gran aprecio el papel progresista de Bacon, cuyas ideas ejercieron mucha influencia sobre los filósofos que le siguieron: Hobbes, Locke y los materialistas franceses del siglo XVIII. Las obras fundamentales de Bacon son: Novum Organum (ver), 1620; Dignitate et Augmentis scientiarum (De la dignificación y progreso de la ciencia), 1623.

Diccionario filosófico marxista · 1946:23-24

Francis Bacon (1561-1626)

Francis Bacon 1561-1626 Eminente filósofo inglés, “…verdadero padre del materialismo inglés. Para él, la ciencia de la naturaleza es la verdadera ciencia, y la física experimental, la parte más importante de la ciencia de la naturaleza” (Engels, “Del socialismo utópico al socialismo científico”, en Marx/Engels, Obras escogidas, t. II, p. 87, Ed. esp., Moscú, 1952). Convencido de que la teología trababa el progreso de la ciencia, Bacon sometió la filosofía medieval a una crítica severa. En su lucha por el conocimiento científico, decía que la “verdadera filosofía” debía tener un carácter “práctico”, vale decir, fundarse en el análisis de los fenómenos de la naturaleza y los datos de la experiencia.

Veía la fuente de todo conocimiento en la sensación y designaba a la naturaleza, a la materia, como el objetivo de la investigación. Marx hizo hincapié en que, para Bacon “los sentidos son infalibles y constituyen la fuente de todo conocimiento. La ciencia es una ciencia experimental que consiste en la aplicación del método racional a los datos de los sentidos. Inducción, análisis, comparación, observación, experimentación, tales son las condiciones esenciales de un método racional” (Marx/Engels, Obras, Ed. alem.).

El hombre no puede conocer y someter a la naturaleza “más que obedeciéndola”, vale decir, conformándose a sus leyes. La naturaleza se halla en estado de movimiento, que es su propiedad inmanente. Bacon reconocía la diversidad cualitativa del movimiento de la materia, que no reducía al simple desplazamiento mecánico en el espacio. No obstante, en razón de las condiciones históricas y del nivel de la ciencia en su época, no pudo resolver el problema de las formas del movimiento de la materia. En el conjunto, su filosofía es mecanicista. Su clasificación de las formas del movimiento (contaba diecinueve) es artificial y anticientífica. Bacon fue el primero en elaborar de manera detallada el método inductivo. El punto de partida del conocimiento es, según él, el vínculo causal, el análisis de los diversos objetos y fenómenos; toda verdad auténtica debe apoyarse en el mayor número posible de hechos; al confrontarlos, el hombre tiene posibilidad de elevarse de lo particular, de lo individual, a lo general, a las conclusiones. Sin negar la necesidad del pensamiento abstracto, no comprendía el verdadero papel de este aspecto del conocimiento y menospreciaba la deducción. Su método gnoseológico es metafísico.

La obra capital de Bacon Novum Organum (1620) que tituló así para distinguirla de la obra de Aristóteles, Organon, critica a fondo las concepciones escolásticas y analiza las ideas falsas que traban el progreso de la ciencia. Bacon divide esas ideas ilusorias y supersticiosas en cuatro “fantasmas” (ídolos): “ídolos de la tribu”, “ídolos de la caverna”, “ídolos del foro” e “ídolos del teatro”. Los “ídolos de la tribu” tienen su origen en la naturaleza del espíritu humano: “El entendimiento humano es semejante a un falso espejo que, al mezclar su propia naturaleza con la de las cosas, deforma y desfigura las imágenes que refleja”. Los “ídolos de la caverna” son los del individuo y dependen de su educación, de sus gustos, de sus hábitos, del círculo que lo rodea. Los “ídolos del foro” aparecen debido a que los hombres, unidos por el lenguaje, se sirven de las palabras al nivel de la multitud. Los “ídolos del teatro” son engendrados por los diferentes sistemas filosóficos erróneos, especialmente idealistas.

Bacon no era un materialista consecuente. Su doctrina, según la expresión de Marx, no se había librado todavía de la “inconsecuencia teológica”. Admitía a la vez la eternidad de la materia y la existencia de Dios. Proclamaba la dualidad de la verdad: la revelación que pertenece al dominio de la teología, y la causalidad que pertenece al de la ciencia. De este modo, adjudicaba dos almas al hombre: un alma pensante, racional, y otra, de naturaleza sensible e irracional. La primera, es creada por Dios, en tanto que la segunda es material, corporal. El materialismo de Bacon linda por consiguiente con la teología, la religión, aunque esta última no desempeña en su filosofía el papel principal. Su clasificación de las ciencias, fundada en las diferentes “facultades del alma” (memoria, imaginación, entendimiento), es idealista.

Bacon aborda igualmente la sociedad como idealista. Sus puntos de vista sociales y políticos reflejan los intereses de la gran burguesía y de la nobleza aburguesada de Inglaterra. Sostuvo activamente la expansión de Gran Bretaña, la idea de su dominación mundial, la conquista de la India. Consideraba la monarquía absoluta como la mejor forma de Estado. Según él, el pueblo es fuente de malestar. A pesar de las contradicciones e inconsecuencias que abundan en su filosofía, a pesar de su tendencia a conciliar la ciencia con la religión, las ideas de Bacon han desempeñado un gran papel en el desarrollo de la filosofía premarxista, y ejercieron una influencia considerable sobre los filósofos materialistas Hobbes (ver) y Locke (ver) así como sobre los materialistas franceses del siglo XVIII.

Principales obras: Novum Organum y De principiis atque originibus.

Diccionario filosófico abreviado · 1959:36-37

Francis Bacon (1561-1626)

Filósofo inglés, fundador del materialismo y de la ciencia experimental moderna. Al subir al trono Jacobo I, alcanzó altos cargos en el estado y fue nombrado lord canciller del reino. Autor del famoso tratado «Novum Organum» (1620) (a diferencia del «Organon» de Aristóteles) en el que expuso una nueva concepción de los objetivos de la ciencia y las bases de la inducción científica. Después de proclamar que el fin del saber estriba en la capacidad que posee la ciencia para aumentar el poder del hombre sobre la naturaleza, Bacon señaló que sólo podría alcanzar dicho fin la ciencia que llegara a conocer las verdaderas causas de los fenómenos. Por esta razón se manifestaba contra la escolástica. La ciencia precedente adolecía de «dogmatismo» –pues el sabio deducía el sistema de proposiciones de sus propios conceptos, como la araña teje su cendal–, o de «empirismo», en cuanto el sabio se preocupaba sólo de recoger hechos sin penetrar en su significado. En consecuencia, Bacon exigía que se adoptara una actitud escéptica respecto a todo el saber anterior. Sin embargo, reconocía la posibilidad del conocimiento fidedigno, mas para alcanzar la verdad consideraba necesario reformar el método. El primer paso de tal reforma debía consistir en limpiar la mente de los errores («ídolos») que constantemente la amenazaban. Parte de esos errores se deben a inclinaciones del intelecto propias de todo el género humano; parte, a inclinaciones propias de ciertos grupos de sabios e incluso de ciertos individuos; parte de los errores aludidos arrancan de la imperfección e inexactitud del lenguaje, y, finalmente, parte de ellos son fruto de asimilar sin espíritu crítico, opiniones ajenas. Una vez eliminadas las concepciones falsas, es posible abordar el verdadero método de la nueva ciencia. Según Bacon, esta ciencia ha de consistir en la reelaboración racional de los hechos de la experiencia. Las premisas de sus conclusiones («axiomas medios») serán proposiciones basadas en conceptos que se hayan obtenido por medio de la generalización metódica o de la inducción. La concepción analítica del experimento nos proporciona la condición previa de la inducción. Esta concepción, desarrollada unilateralmente, condujo, según palabras de Engels, a que Bacon (y tras él, Locke) trasladara de la ciencia natural a la filosofía el método metafísico del pensar tal como se había constituido en la ciencia de los siglos XV-XVI. En su teoría de la inducción. Bacon señaló por primera vez el valor de las denominadas instancias negativas», es decir, de la selección de casos que contradicen la generalización y que exigen, por tanto, que ésta se revise por no estar suficientemente fundamentada. En cuanto al desarrollo del materialismo filosófico. Bacon, en primer lugar, restableció la tradición y llevó a cabo –desde este punto de vista– una revalorización de las teorías filosóficas pasadas: exaltó el materialismo griego de los primeros tiempos y puso al descubierto los errores del idealismo. En segundo lugar, elaboró una interpretación materialista propia de la naturaleza basándose en la concepción de la materia como un conjunto de partículas y viendo la naturaleza como un conjunto de cuerpos dotados de múltiples cualidades. Consideraba que una de las propiedades inherentes a la materia era el movimiento que, en Bacon, no se reducía al desplazamiento mecánico (enumeró diecinueve clases de movimiento). Todas estas concepciones de Bacon son un reflejo de las nuevas necesidades y exigencias que en Inglaterra se presentaban a la ciencia en la época de la primera acumulación capitalista. Sin embargo, Bacon no fue un materialista consecuente. Su doctrina, según expresión de Marx, se halla aún plagada de «inconsecuencia teológica». Bacon expuso sus ideas políticas en «La nueva Atlántida», utopía en la que se representa el florecimiento económico de una sociedad ideal; en ésta la vida está organizada sobre las bases racionales de la ciencia y de una técnica avanzada, aunque se conserva la contraposición entre clases dominantes y clases subordinadas.

Diccionario filosófico · 1965:36-37

Francis Bacon (1561-1626)

Filósofo inglés, fundador del materialismo y la ciencia experimental de la Edad Moderna. Durante el reinado de Jacobo I alcanzó una alta posición en el Estado, pasando a ser lor-canciller. Autor del famoso tratado Nuevo Organon (1620) (a diferencia del Organon de Aristóteles), en el que desarrolló una nueva concepción de las tareas de la ciencia y las bases de la inducción científica. Al proclamar que la finalidad del conocimiento consistía en la capacidad de la ciencia de aumentar el poder del hombre sobre la naturaleza, Bacon consideraba que esta finalidad podía ser alcanzada únicamente por la ciencia, capaz de descubrir las verdaderas causas de los fenómenos. Por eso se pronunciaba contra la escolástica. La ciencia pasada adolecía o bien de “dogmatismo”, por cuanto el científico deducía el sistema de postulados de sus propios conceptos, a semejanza de como la araña teje su telaraña, o bien de “empirismo”, porque el científico sólo aspiraba a recolectar hechos impensados. Así pues, Bacon exige ocupar una posición escéptica respecto a todo el saber anterior. Sin embargo, reconoce la posibilidad del saber auténtico, pero considera que para conocer la verdad es necesario reformar el método. El primer paso de esta reforma debe ser la depuración del intelecto de los extravíos (“ídolos”) que le amenazan en todo momento. Una vez eliminadas las concepciones falsas, es posible pasar al método auténtico de la nueva ciencia. Según Bacon, dicha ciencia debe constituir una transformación racional de los hechos de la experiencia. Las premisas de sus deducciones (“axiomas medios”) serán los postulados basados en los conceptos obtenidos mediante la generalización metódica o la inducción. La premisa de la inducción es la intelección analítica del experimento. Desarrollada unilateralmente, esta intelección condujo a que Bacon (y luego Locke) trasladara el método metafísico de pensamiento, formado en la ciencia de los siglos 15-16, de las ciencias naturales a la filosofía. En su teoría de la inducción, Bacon señaló por primera vez el significado de las denominadas instancias “negativas”, es decir, de una selección de casos que contradicen a la generalización y que requieren de este modo revisarla como insuficientemente fundamentada. El mérito de Bacon en el desarrollo de la filosofía consiste, ante todo, en que, en primer lugar, restableció la tradición materialista y realizó –bajo este ángulo de vista– la transvaluación de las doctrinas filosóficas del pasado; enalteció el materialismo griego inicial y puso al desnudo los extravíos del idealismo. En segundo lugar, Bacon formuló su propia comprensión materialista de la naturaleza, poniendo en su base el criterio acerca de la materia como conjunto de partículas, y sobre la naturaleza como conjunto de cuerpos dotados de múltiples cualidades. Una propiedad inalienable de la materia es el movimiento que Bacon no circunscribe al desplazamiento mecánico (contaba 19 variedades del movimiento). Todas esas concepciones de Bacon reflejaban las nuevas necesidades y demandas que se presentaban a la ciencia en Inglaterra en la época de la acumulación originaria del capital. Ahora bien, Bacon no era un materialista consecuente. Las convicciones políticas de Bacon se reflejaron en la Nueva Atlántida (1617), utopía que presenta una floreciente sociedad ideal, en la que la vida está organizada sobre las bases racionales de la ciencia y de la técnica desarrollada, pero conservándose las clases dominantes y sometidas.

Diccionario de filosofía · 1984:35-36