La phi simboliza la filosofía de tradición helénica, la ñ la lengua española Proyecto Filosofía en español
Benito Jerónimo Feijoo 1676-1764

Cartas eruditas y curiosas / Tomo primero

Aprobación del Doctor D. Joseph de Valcarcel Dato, Canónigo Doctoral de la Santa Iglesia Catedral de Orihuela


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He visto, y examinado un Libro, intitulado: Cartas Eruditas, y Curiosas, Tomo primero, su Autor el Rmo. P.M. Fr. Benito Jerónimo Feijoo, Benedictino, que para su aprobación me remite el señor Licenciado D. Pedro Clemente de Aróstegui, Canónigo Dignidad de la Santa Iglesia Primada de Toledo, y Vicario de esta Villa de Madrid. Dije, que este Libro se me remitía para su aprobación, y no me desdigo; porque no pueden remitirse a otro fin los Libros que produce la erudita pluma del P.M. Feijoo: y si entre los axiomas más admitidos, y de eterna verdad hubiese uno que dijese: Tanto escrito, tanto aprobado, se le haría este sabio Escritor propio, y privativo, para su particular gloria, y común de nuestra Nación.

El caso es, que ha tenido el P.M. tanto, a tantos que le aprueben, que los que hemos sido de los últimos en este apreciable empleo, no sabemos cómo desempeñarle, porque no encontramos elogio, que no esté dicho, aplauso, que no esté ofrecido, ni aclamación, que no esté aplicada. Es esta hoy una de las materias que se hallan apuradas, y tan cabalmente, que el que de nuevo quiera tocarla, o ha de pasar por el sonrojo de repetir, o por el grave empeño de inventar. Lo segundo, sobre dificultoso para todos, es imposible para mí; habréme, pues, de atener a lo primero, y sírvame de pretexto el que hay ocasiones, en que el rubor se mira como virtud.

Confesaré antes, (para dar cuantas señas de ingenuidad me sea posible) que siempre condené, como abuso intolerable, el que con tanta frecuencia cometen hoy nuestros Aprobantes, poniéndose muy de propósito a tejer un [XXVI] cuidadoso Panegírico de los Autores, y Obras, que se confían a su censura. Este culpable trueque de incumbencias mortifica vivamente a los juiciosos; porque conocen, que la de Aprobante está ceñida a pocas palabras; y que una prolija extensión en esta materia, como las mas veces injusta, no puede menos de ser fastidiosa, y en todo caso intempestiva. El prurito de aprovechar la ocasión de escribir algo, se halla también muy descubierto en este género de composiciones; y este es otro no inferior motivo de que se miren con tedio, u acaso con desprecio. Mas si a esta regla general, como tal, se le hubiese de buscar su excepción, ninguna, a mi parecer, más legítima que los Escritos del P.M. Feijoo. Las plumas vulgares, y groseras (que casi son las únicas que giran por la Atmósfera Española) estén en buen hora sujetas a los lugares comunes, pues sólo para ellas se hicieron; pero nunca deberán entenderse con la que es tan singular, y exquisita. Y sin duda es fuerte tentación el ver un Libro admirable entre tantos perversos, y poderse contener, sin aplicarle siquiera una parte de los infinitos elogios que merece.

De esta misma laya es el presente Libro. Parto de uno de los más bellos, y universales entendimientos que hoy se conocen, supo unir en sí cuantas circunstancias requiere la más escrupulosa exactitud literaria. Maña es esta antigua en este sabio Escritor; y desde el punto que se puso a profesar públicamente tan delicada vocación, se llevó entera la admiración de la mayor, y más sana parte de los eruditos, así propios, como extraños. Con la repetición de sus nobles producciones creció sucesivamente este general concepto; no porque se aumentase el fondo de una doctrina que empezó por lo sumo, sino por la mayor extensión, y nuevos filetes, con que se pulió.

Es consiguiente a tan particular felicidad, que el último [XXVII] Escrito en el orden, sea primero en la perfección. Por eso diría yo, sin mucho examen, que es este el mejor Libro que ha compuesto el P.M. Feijoo. A lo menos a mí así me lo parece, porque no hallo en todo él cosa que echar a mal. Lo que únicamente encuentro es, una admirable destreza en saber enlazar muchas partes inconexas, y distintas, para que formen un todo prodigioso mucha amenidad, solidez, y variedad; mucha utilidad, muy exquisitas noticias, y mucha urbanidad, según los Latinos, que es, según los Castellanos, un estilo puro, enérgico, y bello. Un Libro escrito con tan primosoros adminículos, merece colocarse en la Biblioteca de Apolo, y que de allí concurran a venerarle los más favorecidos alumnos de esta Deidad.

Pero lo que yo no sabré bastantemente encarecer, es, el utilísimo pensamiento del P.M. en proseguir, produciéndonos (con más abundancia en este Libro) una selecta copia de especies, tomadas de la más curiosa Física. Esta importante parte de la buena erudición la miran nuestros Nacionales con un poco de ceño, u por mejor decir, jamás la han mirado con bastante cariño. Hecho, sin duda, cargo el Rmo. de esta fatal aversión, se empeña heroicamente en exterminarla; y para conseguirlo, usa de aquella confección, que le es tan propia, mezclando la suavidad, concisión, y perspicuidad, por si la aridez, extensión, y obscuridad, en que muchas veces incurren los Profesores de esta Facultad, pudieran ser origen de aquel despego. Con esto nos domestica para tan provechoso estudio; y como otro Orfeo, nos reduce con su dulzura a una acorde unión, para establecernos en la gran República de la Naturaleza.

El método de que el P.M. se vale para vehículo de esta, y otras muchas utilidades que incluye su Libro, también merece su peculiar aplauso, porque tiene su peculiar mérito. Aunque común entre los Extranjeros, es nuevo, [XXVIII] o muy raro para nosotros; bien que basta para su calificación el verle admitido, y usado por el P.M. que tanto conocimiento tiene de lo mejor en cada línea. Por eso no se le escondió el provecho, y beneficios, que son efecto de ese arbitrio, o invento de Cartas, al que desde su antiquísima introducción (y hoy más que nunca) se le ha considerado como el más a propósito, para hacer pública una erudición extendida, y diversificada. Es en mi entender como una materia primera, absolutamente dispuesta para toda forma literaria, y que con igualdad se ajusta a toda clase de asuntos, y aun de estilos, ofreciendo una admirable docilidad para el modo de tratarse; lo que apenas se encuentra en otro género de proyectos. Aprovecha, o por decirlo mejor, apura nuestro Autor todas estas ventajas con la felicidad que suele; y consigue mostrarse admirable en el nuevo rumbo que ha tomado, para darnos a entender, que cualquiera es el suyo, y apropiarse lo que Vertumno dijo de sí, hablando de la proporción que gozaba, para transformarse en todas figuras:

In quocumque voles, verte, decorus ero.

He dicho, y más de lo que pensaba: ┬┐Pero quién podrá contenerse en una materia tan abundante, y en que están conformes la opinión universal, y la propia satisfacción? Ceso, pues, con solo añadir (para cumplir con la obligación, y comisión, que se me ha confiado) que en este Libro no hay cosa alguna, que por opuesta a nuestra Católica Religión, y santas costumbres, impida su impresión; y que se le debe conceder al Rmo. Feijoo la licencia, que para ella solicita, sin que en esto crea se le haga gracia alguna, porque lo contemplo de rigurosa justicia. Este es mi dictamen, salvo, &c. Madrid, y Marzo 8 de 1742.

Doctor D. Joseph Valcarcel Dato


inicio

{Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764), Cartas eruditas y curiosas (1742-1760), tomo primero (1742). Texto tomado de la edición de Madrid 1777 (en la Imprenta Real de la Gazeta, a costa de la Real Compañía de Impresores y Libreros), tomo primero (nueva impresión), páginas XXV-XXVIII.}


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