La phi simboliza la filosofía de tradición helénica, la ñ la lengua española Proyecto Filosofía en español
Benito Jerónimo Feijoo 1676-1764

Cartas eruditas y curiosas / Tomo primero

Aprobación del Doctor, y Maestro D. Francisco Antonio Fernández Vallejo, Colegial Real de Oposición en el de San Ildefonso de México


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M.P.S.

De orden de V.A. he leído el Tomo primero de Cartas Eruditas, y Curiosas del Rmo. P.M. Fr. Benito Jerónimo Feijoo, Maestro General de la Religión de San Benito, Catedrático de Prima de Teología Jubilado de la Universidad de Oviedo, &c. Y a la verdad, aunque esta nueva Obra no trajese a la frente estampado el nombre de tan acreditado Autor, presto lo manifestaría el singularísimo carácter de su estilo: Loquela sua manifestum faceret; pues aquélla facilidad, y maravillosa concisión en explicarse en las más intrincadas materias: aquella tan dulce fuerza en persuadir los asuntos más arduos: aquella harmoniosa trabazón de períodos, con aquella no sé qué gracia, que embelesa en estas Cartas, no podían ser de otro, que del R.P.M. Feijoo: Non enim in alium cadit tam absolutum opus, como dijo Protógenes de la línea tirada por Apeles.

Con esto he insinuado desde luego la excelencia de esta Obra, parto tan legítimo de tal Autor; y que, por consiguiente, muy lejos de poder dar materia a mi Censura, aun me cierra el paso por su grandeza para su elogio. Cualquiera cosa que quiera decir en su alabanza, queda tan inferior a vista de su mérito, que en vez de parecer elogio, pudiera, por su cortedad, según Plinio, sonar a injuria: Si diminute laudaveris, detraxisti. Así es preciso tenga mi admiración la mayor parte en sus aplausos. [XXX]

Entre lo mucho que hay que admirar en esta Obra, se ofrece luego aquella vastísima erudición en todo género de materias. Sobre todas escribe el Sapientísimo Autor con tanto magisterio, como si cada una hubiera sido la única tarea de su perspicacísimo ingenio; sin que se escapen a sus linces ojos aun las más leves cosas económicas, sobre que nos propone muy curiosas observaciones. Mas pasará la admiración a ser asombro, si se advierte, que el P. Mro. escribe estas eruditísimas Cartas, después de haber vertido en los nueve Tomos de su Teatro Crítico la inmensa copia de exquisitas, y curiosas noticias, que con tanta razón le han granjeado el nombre de Universal Biblioteca, en el sentir de muchos Sabios.

Creyeron algunos, al ver en el primero, y segundo Tomo del Teatro, en tan alto punto la abundante, y selecta erudición del Autor, que decayendo poco a poco, vendría por último a agotarse en la formación del tercero, o cuando más, del cuarto; pero los ha desengañado ya la experiencia: pues sin que se haya advertido decadencia, tuvo el P. Mro. sobrado material para el nono; y aun le quedó para estos nuevos Tomos de Cartas; y es, que el ingenio del P. Mro. no es de aquellos comunes, por donde, como por canal, pasa la erudición, sino capacísima concha, que quedando siempre llena, la derrama. Eruditos de este género son muy raros; y tanto, que entre muchos millares, apenas se halla uno de aquel carácter.

At vix invenias multis e millibus unum
Qui conchae similem se prius esse ferat.

Ni es menos admirable aquella clara, y natural concisión, con que se explica en estas Cartas, y que tan necesaria juzgó Horacio, principalmente cuando se escribe para enseñanza pública: Quidquid praecipies, esto brevis. [XXXI] No ha menester el P. Mro. muchas voces para explicar con energía sus conceptos: a muy pocas sabe dar tal viveza, que el alma, (dígolo así) que en otra pluma necesitaría de un cuerpo gigante, en la de su Rma. se acomoda muy bien a un pigmeo.

Llamó Manilio en su Astronomía felices de nacimiento aquellos Escribientes, que en muy pocas letras compendiaban las palabras:

At quibus Erigone duxit nascentibus, &c.
Hic, & scriptor erit velox, cui littera verbum.

Pero ya creo, que con mayor razón se entendería en este lugar el sabio Autor de estas Cartas, que abreviándolas, en tan pocas, y tan bien cortadas cláusulas, puede decirse, que en una palabra nos da una letra, pues que así también se llama la Carta; mayormente cuando se ve, que enemigo siempre de la prolijidad en explicarse, ha tenido por más acertado el uso de algunas voces simples, y cortas, aunque nuevas en el idioma, en vez de otras que explicaban, como por rodeos, las cosas, que es la otra circunstancia que añade Manilio.

Excipiens longas nova per compendia voces.

Este excelentísimo modo de escribir es el que ha hecho famosa en todo el mundo la pluma del Rmo. P.M. obligando a hombres muy eruditos de todas partes a solicitarle en Cartas por amigo, o por decir mejor, a buscarle en sus dudas, como Oraculo. Por todas partes se oye, en repetidos aplausos, su nombre; de suerte, que puede con verdad afirmar de sí lo que decía Ovidio en una de sus Epístolas, gloriándose de que se oía su nombre en todo el mundo:

Iam canitur toto nomen in Orbe meum [XXXII]

Pero con esta diferencia, que el Poeta lo decía en tiempo, que sólo era conocido un mundo; y así, uno sólo venía a ser el Teatro de sus glorias. Mas el Rmo. P. Feijoo, para cuyos aplausos (hablando sin lisonja) unus non sufficit Orbis, logró aun mucho mayor extensión; pues como es sabido, ocupa dos mundos con su fama.

Por todo esto juzgo, que la presente Obra, en que no he hallado cosa alguna contra la Fe, ni contra las buenas costumbres, es dignísima de la luz pública. Así lo siente, salvo meliori, &c. Madrid, y Abril 28 de 1742,

Doct. D. Francisco Antonio Fernández Vallejo.


inicio

{Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764), Cartas eruditas y curiosas (1742-1760), tomo primero (1742). Texto tomado de la edición de Madrid 1777 (en la Imprenta Real de la Gazeta, a costa de la Real Compañía de Impresores y Libreros), tomo primero (nueva impresión), páginas XXIX-XXXII.}


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