José Canalejas Casas
 
1827-1902

José Canalejas Casas Ingeniero industrial español, nacido en Barcelona el 4 de diciembre de 1827 (hijo de José Canalejas, de Madrid, y de Ana Casas, de La Pedra, Lérida), hermano mayor del catedrático de filosofía Francisco de Paula Canalejas Casas (nacido en Lucena, Córdoba, en 1834). Director del periódico madrileño El Eco Agrícola, en 1847 tradujo del francés las Lecciones de mecánica racional de Arturo Morin (Mariano Díaz, Madrid 1847). En 1850, al crearse en Madrid el Real Instituto Industrial (e iniciarse en España la carrera de Ingeniero industrial), fue uno de sus primeros profesores. En el verano de 1850 se presentó a la oposición convocada para poner en marcha la Escuela de Maquinistas de la Armada del Ferrol, como puede leerse en la siguiente noticia de prensa (que por otra parte disuena respecto de los antedichos primeros pasos del precoz José Canalejas):

«Escriben de San Fernando el 19 [de agosto de 1850]: 'Concluyéronse los ejercicios de oposición a la dirección de la escuela de maquinistas de la armada, y dentro de tres o cuatro días se dirigirán al gobierno el acta y la propuesta; de modo que la escuela del Ferrol que tan buenos resultados ha de producir abriendo la nueva carrera de ingenieros mecánicos, surtiendo de maquinistas españoles nuestros vapores e la Península y América, y promoviendo útiles adelantos, la tendremos establecida antes de concluir el próximo mes de septiembre, pues que el señor ministro de Marina ha provisto de lo necesario para que se monte desde luego, y principie la enseñanza sin dilación. Los ejercicios de oposición han sido severos, como deben serlo todos, y especialmente los de esta clase, siendo notables, así porque los ha presidido el capitán general señor de Bustillos, que hasta ha asistido a los talleres a presenciar los trabajos de los aspirantes, como por los inesperados conocimientos que han desplegado éstos, llamando la atención D. José Canalejas y Casas, digno alumno de las escuelas de Barcelona, y aventajado maquinista de la fundición de Esparó, que sin más apoyo que la conciencia de sus conocimientos y estimulado por la benévola acogida que dispensó a sus gestiones el señor ministro de Marina, abandonó su fábrica y taller para presentarse en esta.'» (El Áncora, Barcelona, miércoles 28 de agosto de 1850, nº 240, págs. 935-936)

La Gaceta del 2 de octubre de 1850 «contiene una real orden del ministro de Marina haciendo presente al director general de la Armada, que S. M. ha tenido a bien nombrar aspirante al profesorado de la escuela especial de maquinistas a D. José Canalejas y Casas, para que pase al extranjero a perfeccionar sus estudios.» (El Áncora, nº 280, lunes 7 de octubre de 1850). Así fue como, merced a una pensión del gobierno, pudo estudiar en Lieja (Bélgica).

En el prospecto de la Enciclopedia Moderna que comenzaba a publicar en 1851 el editor Francisco de Paula Mellado, figura entre la relación de colaboradores «D. José Canalejas» (por ejemplo en la página 336 del nº 21, tomo III, de Cultivo y Ganadería, revista semanal de los intereses agrícolas del país, Madrid, diciembre 1851).

Su nombre aparece en la relación de suscriptores de la Historia de España de Modesto Lafuente (1850-1867, precisamente a continuación del nombre de Francisco Franco, quien también estaba al servicio de la Marina en el Ferrol, ciudad que un siglo después, para honrar al nieto que bautizaron con su nombre, se apellidó durante varias décadas como del Caudillo). En 1854 fundó y dirigió el semanario El Eco Ferrolano (editado en la imprenta de Nicasio Taxonera). Ese mismo año, casado con la sevillana María del Amparo Méndez Romero (a la que conoció en Córdoba, hermana de Rafael Méndez Romero, padre de Mario Méndez Bejarano), nació en El Ferrol su hijo José Canalejas Méndez (quien en el otoño de 1878 había de opositar con Marcelino Menéndez Pelayo por la cátedra de Literatura de la Central, y que en 1912 sería asesinado por un anarquista majadero mientras, siendo Presidente del Consejo de Ministros de España, miraba las novedades bibliográficas que ofrecía el escaparate de una librería en el centro de Madrid).

En 1855 volvió a Madrid, sin que faltaran dimes y diretes (cabe deducir que emanados de entre alguno de esos progres resentidos que buscan en la paja del ojo ajeno la cruz de su mediocre aspiración vital, apoltronarse con sueldito oficial como parásitos del Estado que denigran):

«He aquí lo que nos asegura una persona a quien creemos bien informada, sobre el siguiente hecho que denunciamos al público. El señor Canalejas, moderado siempre, acaba de recibir del señor Alonso Martínez una muestra de la protección que el gobierno dispensa a los amigos de las administraciones derrocadas en julio. Una plaza de oficial de la secretaría de Fomento con 26.000 reales no debía darse al ascenso como se ha hecho en otras ocasiones en este ministerio, premiando así los servicios de todos los subalternos de la plaza vacante; no debía tampoco darse a un progresista, siquiera llevara una docena de años de cesantía, o cuyos talentos y servicios prestados últimamente a la revolución, mereciesen un premio digno: nada de eso. El señor ministro, sin otra regla que su voluntad, y postergando además a empleados de su ministerio que esperaban con razón y justicia los ascensos inmediatos, acaba de conferir tan pingüe suelto al señor C., que sin haber sido nunca empleado, sin profesar ideas progresistas, no tiene otros servicios prestados al Estado, que nosotros sepamos, que haber escrito media docena de artículos en armonía con los principios del partido moderado, cuyos artículos han visto la luz en El Diario Español. Entre tanto el ministro de Fomento tiene desatendidas centenares de personas dignas, que a sus servicios prestados a la situación actual y a su consecuencia política, reunen títulos de capacidad, que sólo pueden ser desatendidos y olvidados por los que en tan poco estiman a los mismos en cuyos hombros y con cuyos sacrificios han sido elevados al poder. Hacen bien los moderados en decir que el partido progresista no tiene hombres para determinados destinos: lo que no quiere es tener destinos para sus hombres. ¡Y luego diremos que la situación es progresista!»» (La Iberia, diario liberal de la tarde, viernes 28 de diciembre de 1855, año II, nº 461, pág. 2, col. 3.)

«Tenemos motivos para asegurar, dice La Nación, que no es exacto que el ministro de Fomento haya colocado al señor Canalejas y Casas en la secretaría de aquel Ministerio.» (La Iberia, diario liberal de la tarde, lunes 31 de diciembre de 1855, año II, nº 463, pág. 2, col. 3.)

«Una persona allegada al señor Canalejas, nos suplica hagamos la siguiente relación de sus méritos literarios: El señor Canalejas y Casas, como ingeniero, hizo oposición a la Dirección de la escuela de maquinistas, creada en 1850. En virtud de aquellos actos pasó al extranjero (a Bélgica), donde permaneció algún tiempo, mereciendo en esta como en su anterior estancia en París, honrosas calificaciones de los ingenieros más distinguidos, con los cuales tomó parte en obras propias de su profesión. El gobierno de S. M., concluidos sus estudios, le confió la dirección de la factoría de máquinas del Ferrol, que ha desempeñado hasta hace poco, en que creyéndose lastimado por la nueva organización del cuerpo de ingenieros de la armada, cesó en sus tareas como tal director. Esta plaza estaba dotada con 22.000 rs. anuales. Sus escritos, como especiales, así han aparecido en las columnas de La Nación, como en las del Diario Español, mereciendo plácemes así de La Soberanía Nacional, como de La Esperanza. Sus aspiraciones no se dirigen al campo de la política, sino que únicamente giran en la esfera especial, propia de su carrera y estudios; sin embargo, en estos últimos días ha merecido los sufragios del pueblo del Ferrol para diferentes cargos políticos locales, entre otros para el de capitán de la Milicia Nacional.» (La Iberia, diario liberal de la tarde, viernes 4 de enero de 1856, año III, nº 467, pág. 2, col. 3.)

En efecto, sin haber cumplido los treinta abandonó el retiro del funcionario y comenzó a colaborar en las empresas ferroviarias impulsadas por el pujante ex-político y capitalista malagueño José de Salamanca [conocido a partir de 1863 como Marqués de Salamanca].

«Periódico de literatura. Ha aparecido El Cubano, revista quincenal de ciencias, literatura, industria y comercio, bajo la dirección de don Manuel Gómez Marín. El primer número contiene: Revista quincenal por M. G. M. –De las comunicaciones ultramarinas, por don José Canalejas y Casas. –De la importancia de la ciencia económica, por M. G. M. –Sección de noticias. –Sección literaria. –Poesías de Plácido, por don Miguel Morayta de Sagrario. –Pobre Pastora, romance por don J. Miguel de Losada. –El Cid, considerado en sus relaciones con la nacionalidad española, por don Francisco de Paula Canalejas. –La salida del sol. –Revista minera. –Mercados.» (La Iberia, Diario liberal de la mañana, Edición de Madrid, jueves 15 de enero de 1857, año IV, nº 760, página 3, columna 4.)

[La Enciclopedia Universal Ilustrada (Espasa, 1911, 11:13) le atribuye una Estadística de la situación material y moral de los reclusos de la casa municipal de corrección de Barcelona (1860), pero sin duda es un error, pues ese estudio corresponde al jurisconsulto José María Canalejas Ugalde, que fue Comandante de Presidios de Barcelona y director de la casa de corrección de esa ciudad, y que en 1864 se trasladó a Madrid para dirigir la Revista teórico-práctica de prisiones, beneficencia e higiene.]

En 1861 y 1862 publicó varios artículos en la Revista Ibérica (dirigida por su hermano Francisco de Paula Canalejas): «Petitgand. Observaciones sobre la industria mineral y metalúrgica del mediodía de España en 1859. Explotación y tratamiento de los plomos» (15 octubre 1861, I:I, 68-74), «Estudios económico-estadísticos. Las máquinas, los salarios y los progresos tecnológicos» (31 octubre 1861, I:II, 134-145), «Anales científico-industriales» (30 noviembre 1861, I:IV, 307-317), «La ciencia y las bellas artes» (30 enero 1862, II:I, 123-126), «Estudios técnico-militares. Los buques blindados y la artillería» (15 mayo 1862, III:III, 214-229), «Academia de Ciencias. Discursos leídos en la recepción del Sr. D. José Subercase» (15 julio 1862, IV:I, 58-61), y «Apuntes sobre los últimos perfeccionamientos mecánicos aceptados en la fabricación del hierro maleable» (30 diciembre 1862, V:VI, 439-448).

Utilizando al principio algún artículo ya publicado en Revista Ibérica, compuso José Canalejas Casas durante cuatro años el interesante Anuario de los progresos tecnológicos de la industria y de la agricultura (año 1: 1861-año 4: 1864, Carlos Bailly-Bailliere, Madrid 1862-1865). Esta obra iba a denominarse inicialmente Año Científico, como puede leerse en la nota que en la segunda entrega de la Revista Ibérica (31 de octubre de 1861, pág. 134) figura bajo su artículo: «Estudios económico-estadísticos: Las máquinas, los salarios y los progresos tecnológicos»: «Este artículo forma parte con otros varios que publicaremos en nuestros próximos números, del Año Científico, anuario de las ciencias y de la industria, que va a publicar su autor con el conocido e inteligente editor, señor Bailly-Bailliere.» En la siguiente entrega de Revista Ibérica (15 noviembre 1861, I:III, 217-218) se adelanta ya, entre las reseñas bibliográficas, un anuncio del

«Anuario de los progresos tecnológicos de la industria y de la agricultura, resumen de los adelantos de las ciencias aplicadas, descripción de las construcciones, inventos y procedimientos industriales que han surgido en el año de 1861, por D. José Canalejas y Casas, Baylli-Baylliere editor. [...] Formará un tomo en 8º de 350 a 400 páginas, ilustrado con más de 20 grabados de madera, entre los cuales se cuentan los retratos de Jorge y Roberto Stephenson, de Brunel, padre e hijo; una vista perspectiva de las nuevas máquinas motoras de aire caliente de Ericsson; tres láminas que detallan el nuevo aparato inventado por M. Ramsbottom, para proveer de agua a los tenders de las locomotoras, sin necesidad de detener la marcha de los trenes; una lámina de máquina de tracción, sistema Boydell; tres grabados de un nuevo espectróscopo; cinco que detallan la máquina motora de gas, sistema Lenoir; un grabado que representa el corte detallado del inyectador Giffard; una lámina que pone de manifiesto los fenómenos que se contraen al estado esferoidal de los cuerpos; otra que representa las prensas o cortadores puestos en movimiento por un medio mecánico, invento de M. Cheret, y por último, la disposición imaginada recientemente por M. Bertram para reemplazar por medio de soldaduras, los remaches en las construcciones de palastro. Saldrá a luz en Enero de 1862. Precio, 24 rs. en Madrid y 28 en provincias franco de porte; se suscribe en casa de Baylli-Baylliere, y en la de todos sus corresponsales de provincias y en el extranjero.»

Publicando ya la Revista Ibérica de 30 de abril de 1862 (III:II, 148-149) una reseña de la primera entrega de esta obra:

«Anuario de los progresos tecnológicos de la industria y de la agricultura, por D. José Canalejas y Casas. Un volumen de 434 páginas, Madrid, Bailly-Bailliére. Pocos días hace se puso a la venta este libro y el gran número de ejemplares salido de la casa del editor Bailly, acredita cuál es la avidez con que el público le ha recibido. Los lazos de amistad y compañerismo que al señor D. José Canalejas nos unen, y la circunstancia de haber publicado en nuestra Revista hace ya mucho tiempo, algunos de los artículos que luego han figurado en este libro, nos impiden formular el juicio que nos merece: en su defecto nos creemos en la obligación de traducir el publicado por el entendido escritor francés M. J. G. Magnaval, conocido por su afición a la literatura española, en el acreditado Journal general de l'instruction publique: 'Es este el primer anuario de este género, que se ha publicado en España. El objeto de su autor es resumir los descubrimientos, los progresos, los hechos y las leyes que han acumulado los esfuerzos de la inteligencia y del trabajo en la esfera de la ciencia industrial durante el año de 1861; y esto con destina a España que, según D. José Canalejas, no marcha como las otras naciones, en la vía del desenvolvimiento industrial, sobre todo bajo el punto de vista de la agricultura. En esta sobre todo, importa destruir las nociones falsas, y las doctrinas perniciosas que detienen su progreso en la Península, cuyo suelo es sin embargo fertilísimo. Al poner al alcance de todos por un resumen sucinto, los desenvolvimientos que adquieren en todos los países las artes industriales, D. José Canalejas, espera contribuir a la propagación de las ciencias, y su primer ensayo prestará sabrosos frutos al que le lea.' [...].»

En 1862 se publicó también su traducción del Manual del arte de estudiar con fruto, o sea Guía del que quiere instruirse y utilizar la memoria y el tiempo (de A. de Grandsagne, Jullien y Valentín Parisot, Cárlos Bailly-Bailliere, Madrid 1862, 165 págs. 3ª edición, Madrid 1871, 194 págs.). Y ese mismo año de 1862 nació en Madrid su hijo Luis Canalejas Méndez (ingeniero de caminos, canales y puertos, diputado, senador, propietario a finales de siglo de una librería en la calle Sevilla 3-5 de Madrid, y administrador de los bienes acumulados por la familia, fallecido en 1910).

El 30 de abril de 1863 la Revista Ibérica podía ya reseñar (VII:2, 150-151) la segunda entrega del

«Anuario de los progresos tecnológicos de la industria y de la agricultura. Resumen de los adelantos de las ciencias aplicadas, descripción de las construcciones, inventos y procedimientos industriales que han surgido en el año de 1862. Estudio y descripción ilustrada de la Exposición universal de Londres, por D. José Canalejas y Casas, Año segundo, 1863, Madrid, D. Carlos Bailly Bailliere, un tomo en 8º de 492 páginas». El último número publicado de Revista Ibérica (15 junio 1863, VII:5, 439-444) reproduce el comentario que Eugenio Barrón publicó sobre esta obra en la Revista de obras públicas, donde se agradece al autor la cuidada noticia sobre la Exposición universal de Londres celebrada en el palacio de Kensington en 1862, y concluye que «El Sr. Canalejas por su profesión, en la que es ya conocido, por sus relaciones con los ingenieros y empresas, y por el largo periodo durante el cual se ha ocupado de los caminos de hierro, ha podido abrazar y dar cuenta en los estrechos límites del Anuario, de las innovaciones que se contraen a los caminos de hierro construidos en España con honra de nuestros ingenieros y no escasa utilidad pública.»

Persona tan resuelta, emprendedora y bien atenta al estado de los progresos del mundo como el ingeniero José Canalejas Casas no tuvo dificultad en encontrar acomodo entre las empresas que, desde la iniciativa privada y muchas veces con participación extranjera, fueron poniendo a España a la altura de los progresos del siglo XIX, a pesar del freno constante resultante de la cainita realidad político ideológica española. Siempre entre empresas ferroviarias fue director general de la Compañía de Badajoz (de la empresa francesa Ferrocarriles Ciudad Real-Badajoz y Almorchón-Minas de Carbón de Belmez, institución de la que también sería director Claudio Moyano, tras haber ejercido precisamente como ministro de Fomento), intervino también en la línea de Linares a Almería, en los frustrados proyectos del ferrocarril transpirenaico por Navarra (1876-1885), &c.

En la legislatura surgida de las elecciones del 20 de enero de 1876 fue elegido diputado por Arévalo (Ávila, obteniendo 2.889 votos de 2.890 votantes, sustituyendo a Telesforo Gómez Rodríguez, que hubo de renunciar al cargo por serle incompatible con el de Registrador de la Propiedad de Arévalo). En la legislatura surgida de las elecciones del 20 de abril de 1879 fue elegido diputado por Borjas (Lérida, obteniendo 1.101 votos de 1.101 votantes, sustituyendo a Manuel Vivanco Menchaca).

El progreso también afectó al ámbito familiar y así, por ejemplo, en 1883 el arquitecto Carlos Velasco Peinado podía entregar los planos para «tres edificios de viviendas para D. José Canalejas Casas», construidos al año siguiente (en las calles Mesón de Paredes 81 a 85, y Miguel Servet 17, de Madrid, según la Base de datos del Servicio Histórico del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, L1/119). Entre 1891 y 1893 fue senador por la provincia de Ávila. Falleció en Madrid el 22 de noviembre de 1902.

Textos de José Canalejas Casas en el Proyecto Filosofía en español:

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