Ideólogos, teorizantes y videntes [1922]   Santiago Valentí Camp (1875-1934)

Augusto Pi y Suñer

En el desenvolvimiento colectivo de Cataluña, no todos los factores sociales se han desarrollado armónicamente. Por esto, en vez de sentirnos satisfechos de los éxitos obtenidos por los catalanes, cuantos creemos sinceramente que el espíritu autonomista ha de permitirnos descubrir nuestra personalidad en sus múltiples aspectos, hemos de seguir laborando con denuedo a fin de hacer más intenso el resurgimiento comenzado hace cuarenta y ocho años y que en los cuatro últimos lustros cobró más alientos a medida que el proceso de diferenciación trascendió de la esfera política a todos los órdenes de la sociedad. Por circunstancias bien conocidas de quienes han sondeado en la psicología del pueblo catalán, es incontestable que, el factor científico y, en general, el cultivo de la mente con fines especulativos, no corre parejas con la vitalidad que han alcanzado la industria, da actividad agrícola y el intercambio comercial. Y es que, entre nosotros, ha hecho demasiados prosélitos la tendencia a buscar siempre la utilidad inmediata. Por esto un sinnúmero de espíritus, cultivados han desdeñado la investigación y se consagraron a un profesionalismo pseudo científico.

En el fondo de nuestro hacer entero, se advierte todavía un predominio del sentido materialista, sofocando los impulsos de la idealidad. Débese esta errónea orientación de las clases directoras de Cataluña, de una parte, a la falta de imaginación, y de otra, a que la burguesía aplebeya, improvisada, venció en tiempos ya un tanto lejanos, a la estirpe aristocrática. En pocos países se ha desconsiderado de un modo tan sistemático a los intelectuales como en España. Y por lo que respecta a Cataluña, uno de los calificativos más despectivos ha sido el de ideólogo.

En la revisión de valores que y en la hora actual se está realizando en el mundo entero, se manifiesta una reacción cada instante más ostensible en el sentido [434] opuesto. El productor de ideas, el sabio, el indagador y el pedagogo, son las cuatro primeras categorías de las sociedades que se esfuerzan bravamente por transformarse, superándose. La guerra mundial ha exaltado las cualidades psicológicas que significan alteza moral, clarividencia de pensamiento, santa continuidad en el trabajo, desinterés y anegamiento del yo individual en el todo colectivo.

Aunque con retraso y con menguado entusiasmo, también aquí ha repercutido el éxito alcanzado en otros países por los hombres de estudio, por los que dedican su existencia a ampliar los horizontes del conocimiento, convirtiendo en patrimonio colectivo la verdad, al arrancar a la Naturaleza y a las sociedades sus ocultos designios.

El doctor Pi y Suñer es un prototipo de varones entusiastas, de los que fían en la labor callada, difícil y obstinada de descubrir en los fenómenos de la vida, los medios para preservar a la humanidad del dolor físico. Desde hace cerca de veinticinco años dedica su actividad entera a la investigación, y en el laboratorio y en la clínica, ha revelado un robusto temperamento de hombre de ciencia, a quien nada le arredra ni le aparta de su labor, a un tiempo creadora y pedagógica. Por sus desvelos como descubridor y por su ansia de saber ha adquirido legítima reputación. Su nombre es conocidísimo. Sus libros y opúsculos han transcendido más allá de las fronteras de la patria. En 1918, después de haber alcanzado las cumbres de la investigación, consagróse a la actuación política y en esta campaña le ha acompañado la simpatía de todos los espíritus anhelantes, ya que uno de los problemas fundamentales en España, es el que ocupen los cargos más importantes los hombres que hayan dado pruebas palmarias de capacidad y de rectitud. No basta ser inteligente. Es preciso que la norma convierta en realidad los principios ideológicos y los anhelos cordiales.

Pi y Suñer es aún joven. Se halla en el mejor período de la vida; en el del comienzo de la madurez, cuando la experiencia constituye un freno para los impulsos arrebatados y meramente subconscios. Pi y Suñer posee una gran cultura. Ha trabajado en los dominios de la Biología y es uno de nuestros más afamados fisiólogos. Sabe mucho y, lo que vale más tiene un arte [435] exquisito para exponer con método y elegancia su pensamiento, que ha elaborado concepciones en cierto respecto originales.

Como político, ha acertado a enfocar los problemas básicos españoles con valentía, sinceridad y, perseverancia. No ha de sorprendernos la sagacidad que revelara Pi y Suñer, pues por herencia y por sus esfuerzos personales se encuentra en inmejorables condiciones para ser, a la vez, intérprete de los deseos de la muchedumbre y conductor de las ansias renovadoras que de antiguo tanto arraigo tienen en el Ampurdán.

El perfil biográfico de Pi y Suñer queda hecho en breves trazos. Nació en Barcelona en 1879. Es hijo del ilustre y malogrado pantiatra don Jaime Pi y Suñer, profesor que fue de Patología general en la Facultad de Medicina de la Universidad barcelonesa, y sobrino del notable oculista, también fallecido, don Francisco Pi y Suñer. Por línea materna, es nieto de dan Francisco Suñer y Capdevila, el gran fisiólogo y ex ministro de la República, y sobrino del ex diputado y profesar del Uruguay, del mismo nombre. Augusto alcanzó el título de licenciado en Medicina y Cirugía en 1889, apenas cumplidos los veinte años. Doctoróse con la misma brillantez con que cursara la carrera y cinco años después, en 1904, hizo oposiciones a la cátedra de Fisiología de la Universidad de Sevilla, obteniendo el primer puesto en la terna. Durante su permanencia en la ciudad andaluza, creó un núcleo de investigaciones y escribió en colaboración con Rodrigo Lavin un notable tratado de Fisiología, en el cual hemos aprendido no poco los profanos de esta disciplina científica. Poco tiempo después hubo de renunciar a la cátedra por no haberse allanado a las exigencias de un ministro funesto, el señor Rodríguez Sampedro, enemigo de toda innovación y uno de los correligionarios incondicionales de don Antonio Maura, el político de las frases alegóricas y de los conceptos obscuros.

De Sevilla trasladóse a Barcelona, donde fue nombrado profesor auxiliar de la Facultad de Medicina, y en 1915, por fallecimiento del señor Coll y Pujol, fue reintegrado en su cátedra de Fisiología, que sigue desempeñando actualmente para honor de la ciencia experimental. Pi y Suñer es fundador y presidente de la Sociedad Catalana de Biología, [436] que anualmente publica un volumen, interesantísimo, en el que han aparecido muy notables investigaciones del joven maestro y de sus discípulos. Pertenece al Institut d'Estudis Catalans, habiendo contribuido con centenares de papeletas a la formación de la Biblioteca de Catalunya. A sus gestiones débese también la implantación de los cursos monográficos. En 1909 ingresó en la Real Academia de Medicina de Barcelona, leyendo un discurso, repleto de puntos de vista personales, acerca del problema clínico.

Pi y Suñer ha sido uno de los colaboradores más decididos de Luis Simarro y Rodríguez Carracido en la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias. Ha tomado parte en los Congresos bienales celebrados en Zaragoza, Valencia, Madrid y Valladolid, y, compartió con Carreras y Artau y el doctor Terrades resonantes triunfos. La Real Sociedad Española de Historia Natural le abrió hace algunos años sus puertas y en 1917 la Real Academia de Medicina de Madrid le brindó su cátedra, desde la dual dio a conocer brillantemente su doctrina acerca del Metabolismo.

Recientemente publicó la Editorial Minerva, S. A. su libro La Unidad Funcional (Ensayos y discursos de Fisiología), que está obteniendo un extraordinario éxito.

En 1920 apareció otro volumen del docto maestro, se titula Los mecanismos de correlación fisiológica, adaptación interna y unificación de funciones, sumario, de las lecciones profesadas en el curso que diera en la Facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires, en Agosto de 1919, que fue muy elogiado por la Prensa y por la opinión docta de la gran Metrópoli argentina.

Pertenece Pi y Suñer a un sinnúmero de corporaciones nacionales y extranjeras y colabora en las más renombradas revistas de Medicina y de Higiene.

Los federales y nacionalistas de Figueras han acertado plenamente al llevar al Parlamento a Augusto Pi y Suñer, de abolengo ampurdanés y de tradición republicana. No Importa que como militante no tenga una ejecutoria: posee, en cambio, la ventaja de ser un prestigio indiscutible en el campo de la ciencia experimental; un catalán de pura cepa, que sabe amar y enaltecer a su tierra, y un hombre de firmes convicciones democráticas y autonomistas.

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Santiago Valentí Camp Ideólogos, teorizantes y videntes
Minerva, Barcelona 1922, páginas 433-436