Ideólogos, teorizantes y videntes [1922]   Santiago Valentí Camp (1875-1934)

Emilio Durkheim

En un breve lapso de tiempo, la Filosofía en Francia ha experimentado pérdidas muy sensibles. Después de Delbos, Teódulo Ribot, Félix Le Dantec y Luis Liard, ha muerto recientemente Emilio Durkheim, una de las figuras más relevantes de la cultura contemporánea francesa.

De cuantos tratadistas de la nación vecina aportaron su esfuerzo al cultivo de las ciencias sociales, llevando una concepción propia y abriendo nuevos derroteros a la investigación, fue, sin duda, Durkheim el que realizó una obra más considerable y fecunda. En sentir de algunos críticos, la obra del eminente sociólogo supera a la que llevaron a cabo Fouillée, Tarde, Izoulet, La Grasserie, Le Bon y Coste. La producción de Durkheim distínguese de la de sus compatriotas, no sólo por la riqueza de los materiales aportados, sino también, por el cúmulo de observaciones recogidas y seriadas como método admirable y, sobre todo, por la originalidad del pensamiento. Durkheim gozaba en Francia, de un sólido prestigio y era acreedor a la admiración de todos los Intelectuales de su país, pues, no contaba la nación hermana con otro indagador de los merecimientos del fundador de «L'Année Sociologique», una de las publicaciones doctas más notables, no sólo de Francia, sino de Europa entera, y que significó una reacción en contra del verbalismo sociológico y de las tendencias a las generalizaciones prematuras.

Emilio Durkheim nació en Elpinal (Vosgos) en 15 de abril de 1858. Hizo sus primeros estudios en una escuela de su pueblo y después en el Liceo de Luis el Grande, de París. Ingresó en la [438] Escuela Normal Superior en 1879, siendo nombrado en 1882 profesor agregado de Filosofía, enseñanza que explicó en los Liceos de Sena, Saint Quentin, Troyes, &c. Durante su paso por la normal, influyó notablemente en la formación de su espíritu el egregio maestro Foustel de Coulanges, director a la sazón del mencionado centro pedagógico. Desde que Durkheim salió de la Escuela Normal Superior, dedicóse al estudio de la Sociología, por la que demostró una sincera vocación, y llevado de su entusiasmo y ansioso de proseguir sus primitivas indagaciones, consagrándoles toda la actividad de que era capaz, solicitó en 1885 licencia del ministro de instrucción pública para trasladarse a Alemania. Una vez conseguido el permiso, fijó su residencia en Leipzig, matriculándose en el Laboratorio de Psicofisiología, que dirigía Guillermo Wundt, de donde pasó a Berlín para asistir al Seminario de Economía social, que regentaba G. Schmoller.

Bien pronto se penetró Durkheim, de la vida docente de Alemania, pero sin connaturalizarse con ella. Atrajeron, principalmente, su atención los problemas que en aquel entonces eran objeto de examen en la esfera de la Moral y de la Sociología. Su permanencia en Alemania duró dos años, y el resultado de sus estudios quedó reflejado en una serie de artículos analíticos y última que aparecieron en la Revue de l'Enseignement y en la Revue Philosophique en 1887 acerca de los Etudes recentes de Science Sociale y La Science positive de la Morale en Alemagne: les economistes, les sociologistes, les juristes, les les moralistes, &c. En, estos ensayos reveló el insigne publicista no sólo sus grandes dotes de expositor, sino también una extraordinaria potencia asimiladora pues su examen de las doctrinas y sistemas que por aquella fecha, predominaban en los centros docentes superiores de Alemania, es un fiel trasunto del estado en que se hallaban las disciplinas sociales y un compendio de las germinaciones ideológicas que después, en los últimos treinta años, fructificaron, dando lugar a las nuevas escuelas filosóficas.

En 1887, de regreso a Francia, le fue confiado a Durkheim un curso de Pedagogía y Ciencia Social en la Facultad de Letras de la Universidad de Burdeos, donde le cupo la gloria de dar la primera enseñanza de Sociología instituida, en las Universidades francesas. [439] Monsielur Liard, que desempeñaba la dirección de los establecimientos universitarios, fue quien impulsó la nueva orientación didáctica.

En la Facultad de Letras de Burdeos, Alfredo Espinas, ha pocos meses fallecido, y Octavio Hamelin, junto con Durkheim, y en la de Derecho Fernando Faure, H. Saint Marc y León Duguit, orientaron a la juventud por los nuevos derroteros de la indagación. En 1896 la enseñanza de la Sociología fue convertida en cátedra ordinaria, conquistando Durkheim gran nombradía en toda Europa y en Norte América. En 1892 trasladóse el sabio profesor a París y fue encargado de suplir a Buisson en la cátedra de Ciencia de la Educación en la Facultad de Letras de aquella Universidad, siendo por fin nombrado en 1906 titular de dicha cátedra.

Basta un solo dato para atestiguar la importancia de los esfuerzos llevados a cabo por Durkheim en la esfera de la Sociología. A sus constantes trabajos debióse la creación de la escuela sociológica francesa que tanto contribuyó a la constitución de la Sociología como disciplina, independiente, autónoma. En torno a Durkheim se agruparon filósofos y economistas, deseosos de seguir las normas que preconizaba. El gran éxito que obtuvo como jefe de escuela debióse, sin duda, a que, no obstante el prestigio que llegó a conquistar, daba a sus discípulos una libertad de espíritu omnímoda y fue como entre nosotros don Francisco Giner de los Ríos, un amable colaborador de cuantos jóvenes estudiosos y anhelantes pasaron por su cátedra.

Emilio Durkheim no fue un publicista que se prodigara; antes al contrario, escribió pocos volúmenes. Comparada sus labor con la de Tarde, Fouillée y algunos sociólogos italianos, se observa que su obra es menos extensa y variada, pero mucho más profunda y sistemática y con un pensamiento más robusto y sincrético. Su libro más conocido, Les regles de la Méthode Sociologique (1895), de pequeñas dimensiones, obtuvo un gran éxito, habiendo alcanzado siete u ocho ediciones. Durkheim trata en este volumen de fijar el objeto de la Sociología, que son los hechos sociales, señalando los caracteres que los distinguen de los demás hechos humanos; definiendo con claridad lo que es el hecho social y sentando las reglas relativas a la observación de aquél y las concernientes a [440] la distinción entre los hechos normales y los patológicos; examina las reglas referentes a la constitución de los tipos sociales y aquellas indispensables para la explicación de estos mismos hechos, como también las reglas concernientes al método comparativo y a las precauciones que deben tomarse para evitar errores en el curso de la comparación, y determinando por último, los caracteres generales del método más apropiado, para la observación de los hechos sociales, que, a su juicio, siguen un proceso fatal.

Otro de los libros, intitulado De la división du travail social, que apareció en 1893, y de que se han publicado varias ediciones, la última en 1902, es un admirable estudio del desenvolvimiento del trabajo social, considerado este fenómeno en toda su extensión. Analiza Durkheim primero, la función de la división del trabajo y el método para determinar esta función; examina, si la solidaridad reviste un carácter mecánico o es debida a las semejanzas de las ocupaciones, si se debe a la división del trabajo o tiene un carácter orgánico; estudia después, la preponderancia progresiva de la solidaridad orgánica y de sus consecuencias, haciendo un paralelo entre la misma y la solidaridad contractual.

Al tratar de descubrir las causas y las condiciones, se ocupa de los progresos de la división del trabajo y de las ocupaciones que reportan bienestar, de los factores secundarios, la indeterminación progresiva de la conciencia colectiva, la herencia, &c. Luego analiza una a una las formas anormales, terminando con un concienzudo examen de la crisis por que atravesaba la moral.

Le Suicide, estudio de sociología, que vio la luz en 1897, siendo reimpreso en 1912, es superior al publicado por el psiquiatra italiano Enrique Morselli, y constituye una acabada indagación de los factores extrasociales –los estados psicopáticos, la raza, la herencia, los factores cósmicos y la imitación–; las causas y tipos sociales, bosquejando el método para determinar unas y otros; el suicidio egoísta, el altruista y el anémico; las formas individuales de los distintos tipos de suicidas, con otros fenómenos sociales y las consecuencias prácticas–. Termina Durkheim haciendo notar la importancia del suicidio, considerándolo como uno de los más complejos problemas sociales de nuestra época. [441]

En 1912 apareció su último libro: Les formes elementaires de la vie religieuse, el más hondo de cuantos escribió. Durkheim no acepta el concepto de la religión tal como lo expresan la mayoría de los sociólogos, ni como elemento sobrenatural, ni por lo misterioso, ni cree tampoco que la religión pueda definirse en función de la idea de Dios o de un ser espiritual y supone que hay religiones sin dioses y que en las religiones deístas, hay ritos que no implican ninguna idea de divinidad. Investiga cuál podrá ser la religión elemental, no considerando como tales el animismo ni el naturismo, y afirma que ha de buscarse en el totemismo australiano. Refuta las opiniones de los tratadistas que hacen derivar la religión del culto a los antepasados, a la Naturaleza o del totemismo individual. Todas estas doctrinas estima que se basan en el hecho de que antes de aparecer el totemismo, ya existía otra clase de nociones religiosas.

Para Durkheim, el totemismo no es uno de los caracteres de las religiones primitivas, sino esta religión misma, y no es individual, sino del grupo, clan.

A juicio del famoso sociólogo francés, cuando un determinado número de cosas sagradas sostienen entre sí, relaciones, de coordinación y de subordinación, de tal manera que forman un sistema con cierta unidad y que unas no entran en otras, del mismo género, el conjunto de las creencias y de los ritos correspondientes, constituye una religión.

Pero estos caracteres convienen también a la magia, por lo que se ha de agregar un elemento nuevo; la Iglesia, o sea la comunidad moral de adheridos a un credo y a las prácticas del mismo. Les formes elementaires de la vie religieuse fue sumamente discutido, tanto como el primer libro de Durkheim; pero tiene sobre éste la ventaja de haber sido escrito cuando el ilustre tratadista había llegado a la madurez y, aunque no por completo, se libró de la obscuridad y del estilo un tanto enrevesado que caracterizan sus trabajos. El eximio maestro, cuando exponía su pensamiento robusto, sentía el vivo anhelo de abarcar todos los aspectos de los problemas, y por esto, era siempre profundo y, a veces por excesiva concisión de la frase, las ideas principales no tenían el relieve necesario.

En 1915 escribió Durkheim dos opúsculos acerca de [442] la gran tragedia que conmovió a Europa. Se titulan ¿Qui a volu la guerre?, (en colaboración con E. Denis) y L'Allemagne au dessus de Foud; la mentalité allemande en la guerre.

Durkheim, con sus enseñanzas y con la publicación de L'Anée Sociologique, que empezó en 1898, ejerció una acción tutelar entre los cultivadores de las disciplinas filosófico e histórico sociales; abrió ancho campo a la investigación y fue, sin duda, uno de los publicistas que trabajaron con más eficacia para orientar a la juventud culta en la esfera de la Sociología religiosa, jurídica y económica. También ha sido uno de los autores que mayor influencia ejercieron en estos últimos años en la esfera de la Pedagogía. Su muerte, ocurrida en París el 13 de noviembre de 1917, fue sentidísima en el mundo docto. Con ella perdió la ciencia universal uno de sus más esforzados laborantes, uno de esos hombres que abren ancho cauce a la cultura y a la espiritualidad de su país. Pocos meses antes de su fallecimiento, Durkheim dedicaba en el Annuaire de l'Association des Anciens éléves de l'Ecole Normale una breve y emocionante noticia necrológica a su hijo, que sucumbió heroicamente en 1915 en la retirada de Serbia. Este rudo golpe agravó sus padecimientos y le llevó al sepulcro.

Francia debe a Durkheim extraordinarios e inestimables servicios y sólo podía recompensársele de una vida ejemplar, convirtiendo en un apostolado laico al ejercicio práctico de las virtudes acrisoladas del maestro, prototipo de sencillez, nobleza y austeridad.

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Santiago Valentí Camp Ideólogos, teorizantes y videntes
Minerva, Barcelona 1922, páginas 437-442