Ideólogos, teorizantes y videntes [1922]   Santiago Valentí Camp (1875-1934)

Tomás Henry Huxley

En España la personalidad de este insigne investigador inglés es tan solo conocida de los especialistas que se dedican a las Ciencias Naturales. Los cultivadores de la Pedagogía, el Derecho y las disciplinas sociales apenas sí tienen conocimiento de la existencia de Huxley y para el gran público es desconocido en absoluto. ¡Cuan doloroso y triste es lo que ocurre en cuanto concierne al estudio del desenvolvimiento de los conocimientos generales De la evolución del pensamiento, contemporáneo se sabe aquí muy poco y siempre llegan a nosotros los acontecimientos que tienen lugar en la esfera intelectual fragmentariamente y de segunda mano, por mediación de Francia. Los ecos de la producción mental vienen a España con un retraso por lo menos de una década, que es el lapso de tiempo que ha de transcurrir, según el convenio de Suiza, para traducir las obras sin abonar los derechos de propiedad literaria. En otras ocasiones, cuando se trata de autores cuyas obras, por su índole predominante exclusivamente científica y filosófica, no promovieron discusiones ruidosas, transcurre un cuarto de siglo, y a veces más, sin que sea vertido el libro al castellano, dándose también casos en que no se llegan a traducir obras de positivo mérito.

De Huxley tradujo La España Moderna hace algunos años un solo libro: La Educación y las Ciencias Naturales, que apareció en la Biblioteca de Jurisprudencia, Filosofía e Historia.

La obra del eminente biólogo y anatómico inglés es importantísima. Al esfuerzo tenaz de Huxley y a su [108] potencia investigadora debierónse no pocos descubrimientos que ampliaron los dominios del conocimiento, contribuyendo a señalar una nueva dirección al experimentalismo. Huxley no solo fue uno de los más perspicaces indagadores del siglo XIX, sino que además poseyó cualidades excepcionales para la alta especulación, descollando como explorador y como analista y ocupando un lugar preeminente como pensador y como filósofo.

Nació el egregio naturalista en 1825 en Ealing, cerca de Londres. En un principio cursó la Medicina; después, en 1842, frecuentó el Sydenham College y luego la Escuela Médica, aneja a Charing Cros Hospital. De 1846 a 1850, llevando de su vocación científica, acompaño al capitán Owen Stanley en su expedición a Australia. En aquella época, en que la ciencia oceanográfica no había alcanzado el desarrollo adquirido en estos treinta años últimos y en que se carecía de los medios exploratorios y de los aparatos de precisión que hoy poseemos, los viajes eran mucho más arriesgados y exigían un entusiasmo a toda prueba. Huxley, sin embargo, durante su estancia en Australia demostró una devoción sin limites para contribuir al desenvolvimiento de la biología marina.

Al volver, en 1855, a Inglaterra de su largo crucero por el mar, fue nombrado profesor de Historia Natural en la Escuela Real de Minas de Londres, substituyendo a Forbes, y poco después obtuvo la cátedra de Fisiología en el instituto Real. En 1862, cuando su nombre comenzaba a irradiar y sus compatriotas veían en él más que una esperanza un prestigio que alboreaba, fue nombrado profesor de Anatomía comparada y de Fisiología en el Colegio Real de Cirugía de Londres y al mismo tiempo se le confirió el cargo de conservador de la notabilísima colección anatómica creada por Hunter.

Su viaje a Australia fue provechoso y durante cuatro años recorrió aquellos mares, practicando sondeos en las costas australianas, hasta entonces poco menos que inexploradas. Huxley y sus compañeros realizaron infinidad de observaciones y, según afirman algunos biógrafos del biólogo inglés, aquel viaje tuvo decisivo influjo en el desenvolvimiento de su personalidad, determinando su porvenir. La producción de Huxley fue muy vasta, ya que no se circunscribió a una sola especialidad, pues además de las ciencias biológicas escribió libros [109] de Filosofía Natural, de Educación de Metodología, de Moral y de Religión. En cierto respecto la labor intelectual de Huxley guarda no poca semejanza con la del insigne Haeckel, no solo por haber cultivado la biología marina y la anatomía comparada, sino por la analogía que entre las inducciones de ambos existe y por haber sido los dos principales propugnadores de la doctrina transformista y los dos reivindicadores de Carlos Darwin y de su sistema. Huxley, aunque fue partidario acérrimo de la evolución, la consideraba bajo un aspecto vital, útil para la adaptación, no admitiendo, sin embargo, como Wallace, que la selección natural es la única actividad que interviene en la determinación de los caracteres específicos. Su posición era la de un crítico que antes de aceptar una conclusión contrastaba en la esfera de los hechos los postulados teóricos. El célebre biólogo inglés no ha tenido igual por su clarividencia y puede ser parangonado con Romanes, el autor de La evolución mental en los animales.

En 1849 Huxley diose a conocer publicando su primer trabajo, un compendio de Anatomía, y poco después un estudio acerca de las relaciones de afinidad de las Medusas. En 1852, en colaboración con Busck, tradujo la obra de Cölliker Handbuch Gewebelehre des Menchen, Teoría de los tejidos del hombre. A partir de 1855 se ocupó principalmente de la anatomía de los vertebrados, sosteniendo un criterio opuesto al de Owen. En 1859 dio a la estampa su importantísimo libro On the Oceanic hydrozoa, con el que inauguró una serie de publicaciones en las que dio a conocer los resultados de sus viajes de exploración marítima. En su libro Evidence as no man's place in nature, del que en 1864 se habían publicado tres ediciones y que durante más de un lustro fue objeto de viva controversia, alcanzando, por fin, un éxito lisonjero, proclamó, Huxley valientemente sus opiniones respecto a la afinidad anatómica entre el hombre y los simios antropomorfos, afirmando que es mayor la analogía entre aquél y los citados cuadrumanos que entre estos y los demás simios.

Entre el considerable número de obras que escribió Huxley merecen ser citadas por la importancia capital que les asignó la crítica, las siguientes: On our Knowledge of the causes of the phenomena of organic nature (1863), Elementary Atlas of comparative osteoloyy (1864), [110] Lectures on comparative anatomy, del mismo año; Lessons on elementary physiology (1866), Anatomy of vertebrated animals (1871), Phisiography, en colaboración con Rudler (1877), Lay Sermons addresses and Reviews (1871), Anatomy of the invertebrated animals (1877), American adresses (1877), The crayfish, (1879), Introductory primer of Science (1880), Science and culture and other essays (1881), Critiques and adresses (1883), Essays on some controverted questions (1892) y Evolution and etics (1893). Algunos de estos libros han sido estudiados por dos generaciones de naturalistas, anatómicos y fisiólogos, no solo en Inglaterra, sino en los Estados Unidos, Alemania y Francia.

Huxley contribuyó poderosamente con sus descubrimientos, al sistematizarlos en doctrina, a ensanchar los horizontes de las ciencias naturales, porque llevó su espíritu ágil a la observación minuciosa, rectificando no pocos errores y sentando nuevos principios en la Biología. Como expositor se distinguió por su diafanidad y en sus inducciones, siempre certeras y formuladas tras una obstinada labor de comprobación, reveló una probidad ejemplar.

Sus libros son el producto de un proceso sucesivo admirable; de ahí que en sus estudios filosóficos no se sepa qué admirar más, si la penetración psicológica o la potencia discursiva. Sin proponérselo, en algunos de sus ensayos, especialmente aquellos que escribió en la última época, su estilo resultaba elocuente dentro de su misma sobriedad. En la obra total de Huxley apenas se advierten altibajos; su pensamiento fluye con tanta espontaneidad, que en algunos instantes sorprende el dominio que tenía de sí mismo. Habíase familiarizado con los problemas más complejos llegando a dominarlos. Esta cualidad excelsa que Huxley atesoraba, es patrimonio exclusivo de los espíritus superiores, que saben arrancar secretos a la Naturaleza porque aciertan a interrogarla.

Huxley falleció en 1895 en Eastbourne, a poco de haber celebrado su septuagenario. En Inglaterra su fama llegó a ser inmensa y sus discípulos y admiradores, queriendo honrar la memoria del maestro, le erigieron dos monumentos: uno en Londres, en 1900, debido a Onslow Fort, y otro en Ealing, su pueblo natal, en 1902, original de Bowcher. Asimismo poco antes de morir, algunos de sus [111] discípulos le rindieron un tributo de admiración publicando una colección escogida de sus Essays, que consta de nueve volúmenes.

Huxley representa en la historia del pensamiento contemporáneo una de esas figuras que ni el transcurso del tiempo ni avances de la ciencia, que tanto le debe, conseguirán empequeñecer, pues su obra, a medida que la crítica va analizándola, crece en importancia, por ser toda ella el producto de una honda investigación objetiva, de una dialéctica irrebatible y de una unción apostólica.

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Santiago Valentí Camp Ideólogos, teorizantes y videntes
Minerva, Barcelona 1922, páginas 107-111