Ideólogos, teorizantes y videntes [1922]   Santiago Valentí Camp (1875-1934)

Enrique Marion

A pesar de nuestra vecindad con Francia y de la marcada influencia que secularmente ha venido ejerciendo la nación hermana en el desarrollo de nuestra actividad, tanto en el aspecto psicológico como en el político, económico y social, nuestro conocimiento de la producción intelectual francesa es por demás fragmentario. Aun aquellas de nuestras personalidades que figuran en la vanguardia de la cultura, no han seguido al día las manifestaciones de la mentalidad francesa en toda su extensión. De otra suerte, no se comprendería que la mayor parte, por no decir la casi totalidad, de nuestros críticos, pedagogos, moralistas y psicólogos, al menos las que oficialmente enseñan estas disciplinas en Institutos y Universidades, no hayan hecho referencia a los trabajos del insigne publicista francés Henri Marion.

Nació el docto pedagogo en Saint-Parize-en-Viry (Niévre), en 1846, y después de seguir en el colegio de Nevers los estudios, que terminó en París, en el renombrado Liceo de Luis El Grande, ingresó en 1865 en la Escuela Normal de la Ville lumiére. Tres años más tarde obtuvo nombramiento de profesor agregado de Filosofía, desempeñando sucesivamente aquella cátedra en los Liceos de Pau (1868), Burdeos (1872), y, por último, en el de Enrique IV, de París (1875). En 1880 alcanzó el grado de doctor en Letras.

Henri Marion, desde muy joven, granjeóse primero la simpatía de sus maestros, y luego, en los [96] establecimientos docentes donde ejerció el profesorado, dejó un recuerdo gratísimo. Era uno de esos temperamentos que atraen y conquistan el afecto de cuantos les tratan. Tanto por su alteza de pensamiento como por su generosidad, Henri Marion cautivaba lo mismo a sus discípulos que a sus lectores. Al exponer las doctrinas lo hacía con profundidad de razonamiento y con palabra insinuante, que revelaban la devoción sincera con que ejercía la labor docente. Cuentan sus biógrafos que Marion cumplía escrupulosamente sus tareas académicas, demostrando por ellas un entusiasmo extraordinario. Era uno de esos ejemplares rarísimos del apostolado pedagógico contemporáneo. Sin duda, por ello llegó a ejercer tanta influencia en Francia entera. Marion fue también muy querido de sus compañeros de profesorado, evidenciándose este afecto en las primeras elecciones de vocales para el Consejo de Instrucción pública que tuvieron lugar en 1880, en que fue elegido en representación de los profesores agregados de Filosofía.

En aquella Asamblea desempeñó un importantísimo papel, orientando los debates y acertando a interpretar las aspiraciones de sus colegas. Poco después, al tratarse en Francia de la segunda enseñanza femenina le fue encomendada la redacción de la ponencia. También contribuyó con su esfuerzo, por aquel entonces, a la fundación de las Escuelas Normales Superiores de Fontenay y Saint Cloud. En aquella, durante los primeros años, explicó cursos de Psicología y de Moral aplicados a la educación.

En 1883 se le confió la explicación de un curso complementario de Ciencia de la educación en la Facultad de Letras de París, que convirtióse en una cátedra magistral al cabo de cuatro años. Su paso por aquel centro docente tuvo excepcional importancia, pues Henri Marion dio a conocer los sistemas y métodos implantados en Inglaterra y los Estados Unidos para la educación de los niños y las señoritas, conciliando de modo admirable el aspecto de utilidad práctica de la Pedagogía con la elevación del pensamiento y el sentido realista, que informa la cultura contemporánea. Es indudable que, como pedagogo, Henri Marion fue el importador en Francia de las orientaciones y educativas experimentales, y que con su ejemplo inició una dirección fecunda con óptimos resultados. [97]

Pero si en la cátedra realizó una obra estimabilísima al acertar a infundir en el ánimo de la juventud estudiosa el entusiasmo por la función docente y entre sus comprofesores el cariño hacia los escolares, como publicista llegó a tener un gran influjo, que se extendió por todos los confines de Francia, irradiando hasta las más apartadas aldeas. La producción intelectual de Marion fue copiosa. Escribió algunos libros que aún ahora, transcurridos más de treinta años, siguen mereciendo los honores de la reimpresión. Entre sus primeros ensayos figuran la monografía J. Locke, sa vie et son oeuvre, d'après des documents nouveaux (1878); Devoirs et droits de l'homme (1880) y De la solidarité morale (1880). Este libro, muy personal, es un notable estudio de honda psicología, en el que se hace un examen completo de la imitación, las costumbres y lo que representan el determinismo y el alcance de la educación. Fue un gran éxito de librería, pues llegaron a hacerse siete ediciones de muchos miles de ejemplares. También pueden considerarse como obras notables desde el punto de vista didáctico, sus otros libros: Leçons de Psychologie appliquée à l'éducation (1881) y Leçons de Moral (1882). Constituyen la primera los apuntes de los cursos dados por Marion en el Liceo de Fontenay y la segunda ha servido para formar dos generaciones de maestros. En 1892 publicó el volumen L'Education dans l'Université, libro de un mérito indudable, que contiene estudios de índole analítica, reflexiones profundas y que todo él está escrito con un estilo vibrante, siendo algunos de sus capítulos admirables y sorprendentes por la clarividencia que revelan. En el aspecto patriótico es, tal vez, uno de los mejores bosquejos del intelecto francés.

Además de los libros antes enumerados, merecen ser citados, entre otros trabajos especiales, la ponencia redactada acerca de la enseñanza femenina (1881), su monografía titulada Le mouvement des idées pedagogiques en France depuis 1870, que escribió con ocasión de la exposición Universal de París de 1889, y sus instrucciones en lo que concierne a la disciplina de los centros docentes, insertas en la Instruction, programmes et réglements, de 1890, que merecieron grandes elogios de los pedagogos y funcionarios del ministerio de Instrucción pública. [98]

M. A. Darlu, profesor de la Escuela Normal Superior de Sèvres, consiguió de la viuda de Marion permiso para revisar las lecciones dadas por este en los años 1892, 1893 y 1894 acerca de la educación de la mujer, publicando luego un volumen que lleva por título Psychologie de la femme, que ha sido considerado como uno de los ensayos más hondos del problema femenino, comparable solo a los estudios de Secrètan y Stuart Mill.

Henri Marion poseía una facilidad asombrosa para escribir y planeaba sus libros, monografías y ensayos con gran rapidez, sin levantar la pluma del papel. Para Marion, todos los aspectos de la vida quedaban subalternados a la producción intelectual y jamás acometió ninguna tarea con otro propósito que el contribuir con generosidad ejemplar a extender la esfera de acción de los conocimientos. Era un devoto apasionado del saber, que no tuvo otro ideal que el de hacer más intensa y más noble la lucha por la cultura. Por esto prestó decidido concurso a los editores que lo solicitaron. Entre otras publicaciones, colaboró en la Encyclopedie des sciences relligieuses, en el Dictionnaire de Pédagogie en la Revue Philosophique, en la Revue Scientiphique, en la Revue Politique et Litteraire. Asimismo fue asiduo colaborador de La Grande Encyclopédie, dirigiendo la parte filosófica y educativa y escribiendo los artículos «Actividad, Filosofía inglesa y alemana, Amor, Enseñanza en general, secundaria y femenina, Dicha, Belleza», &c.

Las cuestiones de enseñanza fueron los temas preferidos por el malogrado filósofo y pedagogo francés, que falleció en París, en la primavera de 1896, a los 49 años de edad, y cuando había llegado a la plenitud de su vigor mental y se hallaba en condiciones de seguir su obra educadora, que tan provechosa ha sido para Francia.

Marion, no fue sólo un educador eminente, apasionado por la verdad y defensor de todas las innovaciones que habían de mejorar los planes de enseñanza, sino [99] también un pensador insigne, a ratos original y siempre sincero, que logró (y este es su principal mérito), conciliar los principios del deber y la libertad moral con las doctrinas de los panegiristas de la Filosofía naturalista. En multitud de ocasiones evidenció su amplia visión de todos los problemas contemporáneos, logrando sustraerse a los exclusivismos sectarios, y por esto su concepción filosófica es una síntesis armónica en la que se hallan admirablemente fundidas la especulación y la observación.

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Santiago Valentí Camp Ideólogos, teorizantes y videntes
Minerva, Barcelona 1922, páginas 95-99