Monita Secreta
o Instrucciones Reservadas de la Compañía de Jesús

Biblioteca Filosofía en español, Oviedo 2000
<<<  >>>

Capítulo XIV

De los casos reservados y de las causas por que se debe expulsar a los miembros de la Sociedad.

Además de los casos expuestos en las constituciones, y de los cuales el superior solo, o el confesor ordinario con su permiso, podrá absolver, hay la sodomía, la holgazanería, la fornicación, el adulterio, los tocamientos impúdicos de un varón con una hembra y, sobre todo el que alguno, bajo cualquier pretexto, por celo o de otro modo, haga algo grave contra la Sociedad, su honor o su provecho: estas son causas justas de expulsión.

2. Si alguien declara en confesión algo semejante, no se le deberá dar la absolución, antes de que prometa revelarlo al superior fuera de la confesión, por sí mismo o por su confesor. Entonces el superior hará lo que mejor le parezca en interés de la Sociedad. Si se tiene alguna esperanza de poder cubrir el crimen, habrá que imponer al culpable la penitencia conveniente, de otro modo se le despedirá. Sin embargo, que el confesor se guarde bien de decir a un penitente que está en peligro de ser expulsado.

3. Si alguno de nuestros confesores ha oído decir a persona extraña, que hizo algo vergonzoso con alguno de los nuestros, que no le absuelva antes de que le haya dicho fuera de la confesión, el nombre del otro pecador. Si lo declara, se le hará jurar que no se lo revelará sin consentimiento especial. [316]

4. Si dos de los nuestros pecaran casualmente, al que lo confiese el primero se le retendrá en la Sociedad, y el otro será expulsado; pero al que se quede, se le mortificará y maltratará, hasta que aburrido e impaciente dé pretexto a que se le eche.

5. Siendo la Compañía en la Iglesia un cuerpo noble y excelente, podrá separar de sí a los que no le parezcan propios para el servicio de su Instituto, a pesar que estuviera al principio satisfecha de ellos, y se hallará con facilidad ocasión para hacerlo, si se les maltrata constantemente, y se hace todo contra su inclinación, sometiéndoles a superiores severos, que los alejen de los estudios y funcione más honoríficas, hasta que se disgusten y murmuren.

6. De ninguna manera debe conservarse a los que abiertamente hablen contra los superiores, o que de éstos se quejen pública o secretamente, a los compañeros, y a los extraños sobre todo, ni tampoco a los que entre los nuestros o los extraños condenen la conducta de la Sociedad, en lo que se refiera a la adquisición o conservación o administración de los bienes temporales, o a su modo de obrar; como por ejemplo, el deprimir u oprimir a los que no la quieren bien, o que ella arrojó de su seno; tampoco conservará a los que sufran que en su presencia se defienda a los venecianos, a los franceses, u otros de los que han expulsado de su país a la Compañía, o le han inferido perjuicios.

7. Antes de expulsar a cualquiera debe maltratársele, apartándole de las funciones [317] a que está acostumbrado, y haciéndole ocuparse en las cosas más diversas. Aunque las haga bien, hay que censurarle, y bajo este pretexto, aplicarle a otras. Por la más pequeña falta se le impondrán rudos castigos, avergonzándole en público, hasta que se impaciente; y se le expulsará por perjudicial en la ocasión en que él lo espere menos.

8. Si alguno de los nuestros tiene seguridad de obtener un obispado u otra dignidad eclesiástica, además de los votos ordinarios, se le obligará a que haga otro, consistente en que tendrá siempre buenos sentimientos para la Sociedad, que hablará bien de ella, que será jesuita su confesor, y que no hará nada importante sino después de oír la opinión de la Sociedad.


filosofia.org Proyecto Filosofía en español
filosofia.org

© 2000 España
Fernando Garrido
¡Pobres jesuitas!
Madrid 1881, páginas 315-317