Monita Secreta
o Instrucciones Reservadas de la Compañía de Jesús

Biblioteca Filosofía en español, Oviedo 2000
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Capítulo XV

Cómo hay que conducirse con las devotas y las religiosas.

1. Confesores y predicadores se guardarán de ofender a las religiosas, y de tentarlas contra su vocación, antes bien ganarán el afecto de las superioras, y harán lo posible para recibir sus confesiones extraordinarias, y les dirán sermones, si esperan recibir muestras de su reconocimiento, porque las abadesas, principalmente las ricas y nobles, pueden servir de mucho a la Sociedad, por sí mismas y por medio de sus parientes y amigos; así es como, introduciéndose en [318] los monasterios, la Sociedad puede obtener la amistad de los habitantes de la ciudad.

2. No obstante, convendrá prohibir a nuestras devotas que frecuenten los conventos de mujeres, por si acaso aquel género de vida les agradara, y la Sociedad se viera frustrada en su esperanza de heredar sus bienes.

Debe instárseles a que hagan voto de castidad y de obediencia, en manos de sus confesores, mostrándoles que este método de vida está muy conforme con las costumbres de la Iglesia primitiva, puesto que así brilla la mujer en la casa, en lugar de estar oculta en el claustro, dejando a oscuras las almas; además, que a ejemplo de las viudas del Evangelio, harán bien a Jesús haciéndolo a sus compañeros. En fin, deberán decirles cuanto puede decirse contra la vida claustral: se darán estas instrucciones en secreto, no sea que lleguen a oídos de las monjas.


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Fernando Garrido
¡Pobres jesuitas!
Madrid 1881, páginas 317-318