Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSS
Tomo 3 ❦ Capítulo VIII
Corrientes fundamentales de la filosofía y la sociología de Italia y España en el periodo de consolidación del capitalismo. (Segunda mitad del siglo XIX)
La segunda mitad del siglo XIX es el período en que el Estado italiano se forma y afianza como Estado único e independiente. Italia pudo unificarse en un Estado nacional al superar la dispersión feudal y al liberarse de sus esclavizadores extranjeros.
Aunque el movimiento por la independencia nacional y la unificación de Italia (Il Risorgimento) era ampliamente popular y, en esencia, tenía un carácter revolucionario, esta unificación (1870) acabó por ser realizada desde arriba, sobre la base de un compromiso entre las clases dominantes. La burguesía italiana, en virtud de su debilidad y su atraso, no fue capaz de llevar hasta el fin la victoria de las relaciones nuevas, capitalistas, sobre el feudalismo. El problema agrario quedó sin resolver: en el campo italiano, y especialmente en el Sur, quedaron en pie vigorosos restos de las relaciones feudales e incluso prefeudales.
Las peculiaridades de la unificación de Italia, su relativo atraso en las esferas económica y política, las considerables supervivencias del feudalismo y el nivel de vida de la población, extremadamente bajo, imprimieron su sello al posterior avance económico-social, político y cultural del país.
Bajo la acción de los acontecimientos revolucionarios que se desarrollaban en el país, del movimiento de liberación nacional y democrático-burgués, en el pensamiento social de la burguesía cobran impulso las tendencias progresivas. Por otra parte, la debilidad de la burguesía italiana, su posición ambigua –debida a que las transformaciones democrático-burguesas se llevaban a cabo en Italia más tarde que en la mayoría de los restantes países occidentales europeos– y también el atraso general del país, determinan la timidez y falta de independencia que se observa en la filosofía burguesa italiana de este período.
A pesar del desarrollo relativamente lento de industria, en el último cuarto del siglo XIX comienza en Italia un intenso ascenso del movimiento obrero. En los años 90, la lucha del proletariado contra las clases dirigentes empieza a rebasar el marco local, pasa al plano nacional y adquiere formas organizadas. El proletariado industrial de Italia, si bien entonces [451] constituía una parte relativamente pequeña de la población, era ya muy combativo y poseía en alto grado el sentimiento de la solidaridad de clase.
En 1892 se fundaba el Partido Socialista Italiano, que no tardó en convertirse en una gran organización política de masas. Pero sus líderes reformistas frenaban la propagación en el país de las ideas del marxismo revolucionario. Durante largo tiempo en el movimiento obrero italiano predominaron las concepciones anarcosindicalistas y oportunistas.
No obstante, a fines del siglo XIX se hallaba preparado el terreno para la propagación subsiguiente de la ideología marxista. Á esto contribuyó en alto grado el auge del movimiento proletario. A la preparación del terreno para los avances de la concepción materialista científica del mundo coadyuvaron también considerablemente las tendencias democrático-revolucionarias y materialistas en las doctrinas y las obras de los pensadores progresivos anteriores a Marx.
Desde los años 60 se inicia la labor teórica de Antonio Labriola, que en la última década del siglo abandona el socialismo utópico para adoptar el socialismo científico. Los trabajos de A. Labriola marcaban el comienzo del pensamiento marxista en Italia, pensamiento que, a pesar de los esfuerzos de la reacción, había de alcanzar posteriormente un brillante florecimiento en las obras de A. Gramsci, P. Togliatti y otros teóricos marxistas italianos.