Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSS
Tomo 3 ❦ Capítulo IV: 1
El materialismo dialéctico e histórico, sistema filosófico de Marx y Engels y concepción del mundo del proletariado revolucionario.
En los capítulos anteriores del presente tomo de nuestra HISTORIA DE LA FILOSOFÍA hemos examinado el proceso histórico de la aparición y desarrollo del materialismo dialéctico e histórico en las obras de sus fundadores. La revolución que éstos llevaron a cabo en el campo de la filosofía se basaba en la generalización científica del desarrollo histórico- social de la lucha de clases y de los grandes progresos de las ciencias naturales, y tuvo lugar en medio de una enconada lucha ideológica contra la filosofía idealista burguesa (positivismo, neokantismo, neohegelianismo y otras tendencias), así como contra los proudhonistas, lassalianos, bakuninistas y otros representantes de la ideología pequeñoburguesa.
Las tesis fundamentales de la doctrina filosófica de Marx y Engels, expuestas por ellos dentro de las condiciones de una determinada época histórica, fueron aplicadas para dar solución a las tareas políticas prácticas del movimiento de emancipación del proletariado e infundir un nuevo impulso a la Economía política científica y al socialismo científico. Ahora bien, la íntima vinculación de las tesis filosóficas de Marx y Engels a una determinada época no significa en modo alguno que estas tesis sean únicamente valederas dentro del marco de esa época concreta. Las tesis del materialismo dialéctico e histórico, cuando son aplicadas con espíritu creador en el campo de la investigación teórica y de la actividad práctica, tienen una validez universal, su significación alcanza a la historia de todos los tiempos y países, y así nos lo prueba irrefutablemente la experiencia de más de un siglo de desarrollo del marxismo.
De ahí que el estudio histórico del desarrollo de la filosofía del marxismo no pueda limitarse al examen de la génesis de las tesis filosóficas fundamentales de Marx y Engels. Estas tesis, elaboradas por los fundadores del marxismo en las distintas etapas de su actividad práctica y política, forman una doctrina filosófica única e integra. Esta última, que es la negación más rotunda de los sistemas filosóficos en el viejo sentido de la palabra, representa una teoría filosófica científica completa y sistemática. El estudio de la historia de la filosofía marxista ha de incluir por ello la exposición sistemática de esta filosofía como ciencia, de sus leyes y de los principios de su desarrollo en los distintos períodos históricos. [199]
V. I. Lenin dice, refiriéndose al marxismo, que es el sistema de ideas de Marx. Eso puede aplicarse también al materialismo dialéctico e histórico. El presente capítulo significa un intento de resumir los frutos del desarrollo del pensamiento filosófico de los fundadores del marxismo, examinados en los tres capítulos anteriores, y de exponer brevemente los rasgos más importantes del materialismo dialéctico y el materialismo histórico, de la historia marxista de la filosofía, la ética, la estética y la teoría del ateísmo científico, que en su conjunto constituyen la doctrina filosófica de Marx y Engels.
1. Rasgos fundamentales del materialismo dialéctico en los trabajos de C. Marx y F. Engels.
El materialismo dialéctico e histórico es una concepción científica integra del mundo.
Un principio esencial del materialismo dialéctico e histórico es su fidelidad al espíritu comunista de partido, es decir, su consecuente defensa de los intereses y puntos de vista de la clase obrera como clase que lucha por destruir el capitalismo y edificar la sociedad comunista. La creación del materialismo dialéctico e histórico fue únicamente posible con la entrada en la palestra histórica del proletariado revolucionario, clase hostil por principio al capitalismo y a la ideología burguesa. Sólo manteniéndose en las posiciones del proletariado revolucionario, ajeno a todo sistema y concepciones caducos, se podía llevar a cabo la: síntesis teórica de toda la historia precedente y proporcionar un profundo análisis de las realizaciones de la ciencia y de los datos del desarrollo social en el siglo XIX, producto de lo cual era la forma superior de la filosofía materialista: el materialismo dialéctico e histórico. Lo que principalmente caracteriza al materialismo dialéctico e histórico, lo mismo que a la doctrina marxista en su conjunto, es la combinación consecuente de la teoría revolucionaria, que resume la experiencia histórica entera de la humanidad y las conquistas de la ciencia, y la práctica revolucionaria de la clase obrera. El materialismo dialéctico e histórico da una base teórica filosófica a la misión histórico-universal del proletariado en la supresión revolucionaria del capitalismo y en la creación de la sociedad comunista.
Un rasgo característico de la filosofía marxista, que la diferencia de las doctrinas filosóficas anteriores, es la unidad consecuente del materialismo y la dialéctica.
Los enemigos del marxismo, en sus intentos de echar por tierra su base filosófica, suelen afirmar que la dialéctica y el materialismo no se hallan unidos por principio. Se sobreentiende que es imposible unir la dialéctica idealista y el materialismo metafísico. Pero Marx y Engels no se planteaban la tarea de unir la dialéctica y el materialismo en las formas en que existían en la filosofía anterior a ellos.
Los fundadores del marxismo reelaboraron profundamente la dialéctica existente en la filosofía anterior, de la misma manera que reelaboraron y enriquecieron con un nuevo contenido el anterior materialismo. En el proceso de esta creadora labor filosófica y crítica revolucionaria [200] de Marx y Engels, la dialéctica y el materialismo dejan de ser doctrinas filosóficas distintas, más o menos independientes entre sí, y se convierten en la doctrina única del materialismo dialéctico.
En la filosofía premarxista, la dialéctica, aun en los casos en que era expuesta por algunas doctrinas materialistas, no se consideraba como la doctrina de las leyes universales del desarrollo de la naturaleza, la sociedad y el conocimiento. Y allí donde la dialéctica era expuesta por los idealistas, era comprendida, lógicamente, como doctrina del proceso espiritual.
La universalidad del proceso dialéctico, la unidad dialéctica de la materia y la conciencia, de la naturaleza y la sociedad, no fueron establecidas y teóricamente fundamentadas sobre un material histórico-social y científico-natural hasta Marx y Engels.
De este modo, la dialéctica, según el punto de vista de Marx y Engels, no es simplemente una teoría, sino el proceso, internamente inherente a la propia materia, de automovimiento, de autodesarrollo, de unidad y lucha de contradicciones internas, proceso del que es un producto necesario lo no material, es decir, la conciencia, el reflejo del mundo material.
Frente al idealista Hegel –el más grande exponente de la dialéctica premarxista– los fundadores del marxismo demostraron que no sólo el pensamiento, sino también la naturaleza y la sociedad, son dialécticas, siendo los procesos dialécticos que transcurren en la conciencia un reflejo de la dialéctica objetiva de la realidad exterior, material.1 “La llamada dialéctica objetiva –escribía Engels– domina en toda la naturaleza, y la que se llama dialéctica subjetiva, el pensamiento dialéctico, no es sino el reflejo del movimiento a través de contradicciones que se manifiesta en toda la naturaleza...”2
C. Marx y F. Engels, cuyas obras nos dan una exposición sistemática del materialismo dialéctico, explican que la unidad de la dialéctica subjetiva y objetiva significa su identidad en cuanto al contenido y su diferencia en cuanto a la forma. La unidad de la dialéctica y el materialismo encuentra expresión en el hecho de que la dialéctica es materialista y el materialismo es dialéctico. Esto significa que la dialéctica marxista y el materialismo marxista son una doctrina filosófica única e íntegra [201] abarca un mismo campo de investigación: las leyes más generales de desarrollo del mundo y del proceso del conocimiento. Por esta razón define Engels la dialéctica como la ciencia de la concatenación de los fenómenos y de las leyes más generales del movimiento y desarrollo de la naturaleza, la sociedad y el pensamiento.3
Cuando Engels dice que de toda la filosofía anterior, premarxista, conservan su valor independiente la dialéctica y la lógica, se refiere a la dialéctica como concepción materialista dialéctica íntegra y única del mundo, que abarca a la naturaleza, la sociedad y el conocimiento, y a la vez, la doctrina de las leyes específicas del conocimiento. Precisamente por ello subraya que de toda la filosofía anterior al marxismo quedó sólo el modo dialéctico de pensar en el que “se concibe todo el mundo de la naturaleza, de la historia y del espíritu como un proceso, es decir, en constante movimiento, cambio, transformación y desarrollo”.4 Engels no limita los problemas lógicos a las cuestiones de la lógica formal únicamente, por cuanto la dialéctica marxista es la teoría del desarrollo del mundo objetivo y también el modo determinado de pensar que refleja este proceso objetivo, la lógica dialéctica. La dialéctica materialista revela la unidad del mundo en su materialidad e investiga las formas concretas de esta unidad, es decir, las formas de existencia de la materia, que son el movimiento, el tiempo y el espacio. El movimiento de la materia es su cambio, su desarrollo, derivación necesaria del cual es la aparición y el desarrollo de la conciencia. La unidad del mundo viene expresada también en la existencia de las leyes más generales de desarrollo de la naturaleza y la sociedad. El estudio de las leyes fundamentales de la dialéctica, como el de las categorías que reflejan la multiplicidad de concatenaciones y relaciones de la realidad objetiva, constituye la base científica de la teoría marxista del conocimiento y de la lógica dialéctica.
El punto de partida del materialismo dialéctico es la solución, consecuentemente materialista, del problema fundamental de la filosofía, solución enriquecida por el análisis dialéctico del desarrollo de la materia y de la interacción de la conciencia y el ser. El gran mérito histórico de los materialistas anteriores a Marx es su doctrina del primado de la materia y del carácter derivado de la conciencia. Sin embargo, por la insuficiencia de los datos científicos de aquel tiempo, no podían argumentar [202] teóricamente la variedad cualitativa del mundo material. Siendo, de ordinario, como eran metafísicos, estos materialistas no advertían el desarrollo de lo simple a lo complejo, de lo inferior a lo superior. Unos veían la conciencia como una propiedad eterna de la materia, sin relacionarla con determinadas estructuras materiales; otros suponían que la conciencia surge como fruto de determinada combinación de partículas elementales materiales, como algo que se debe al azar, y no es resultado del cambio, del desarrollo de la materia, de la aparición en ella de nuevas particularidades cualitativas que no podían darse antes. Sólo el materialismo dialéctico de Marx y Engels reveló la ley objetiva de la aparición de la conciencia, premisa de la cual es la excitabilidad inherente a todo lo vivo, y, en la forma histórica superior, el pensamiento teórico, que es únicamente propio del hombre, y, además, cuando alcanza un nivel relativamente elevado en su desarrollo histórico.
Resumiendo un enorme material de las ciencias naturales, los fundadores del marxismo demostraron que la conciencia es un producto del desarrollo de la materia, por lo que la contraposición idealista y dualista de conciencia y materia carece por completo de base científica. “... Nuestra conciencia y nuestro pensamiento –escribía Engels–, por muy trascendentales que parezcan, son el producto de un órgano material, físico: el cerebro.”5
Sin embargo, el concepto materialista dialéctico de la conciencia no se reduce a afirmar su derivación, su carácter secundario respecto de lo material. Desde el punto de vista de Marx y Engels, la conciencia, aun siendo un producto de la materia, no es por sí misma materia. Esta delimitación de principio entre la materia y el reflejo de la misma en la conciencia tiene una enorme importancia teórica. La definición de la conciencia, del pensamiento, como reflejo de la realidad material y el reconocimiento de la capacidad del pensamiento humano para reflejar certeramente la realidad, para conocerla adecuadamente, es la respuesta materialista al problema fundamental de la filosofía. Los materialistas anteriores a Marx daban ya una solución acertada en principio al problema de la cognoscibilidad del mundo. Enseñaban que el mundo es cognoscible, por cuanto la conciencia es un reflejo de la materia. Pero, sin limitarse a esto, Marx y Engels aplicaron la dialéctica a la concepción del proceso de reflejo, creando así la teoría materialista dialéctica del reflejo.
Así, pues, el materialismo dialéctico de Marx y Engels no niega en absoluto la existencia de lo ideal, de lo espiritual, como de ordinario le atribuyen los “críticos” burgueses. Al contrario, según la doctrina del materialismo dialéctico, lo ideal es el producto superior del desarrollo de la materia, el fruto necesario de su desarrollo, que radica en su misma esencia. Pero el materialismo dialéctico reconoce no sólo la transición de lo material a lo ideal, sino también, en cierto sentido, la transformación de lo ideal en material. La posibilidad de la transformación de las ideas, los fines y los propósitos en realidad, viene condicionada por el desarrollo de la realidad con arreglo a leyes. Este proceso tiene lugar constantemente [203] en la vida social mediante la actividad, consciente y encaminada a un fin, de los hombres, los cuales realizan sus fines, ideas y propósitos concebidos con antelación. Esta interacción dialéctica de lo material y lo espiritual (que tiene una base material perfectamente definida) encuentra en las relaciones recíprocas de la vida material de la sociedad y la ciencia su expresión más elevada y, a la vez, más evidente.
Marx y Engels concretaron el concepto de que la materia es lo primero, demostrando la inconsistencia de las viejas concepciones de la filosofía natural acerca de la protomateria, de la sustancia primera que se consideraba como fundamento último de todas las cosas percibidas sensiblemente y cualitativamente determinadas. Del hecho de que la materia sea lo primario respecto de la conciencia (no material) no se desprende en absoluto que sea cierta sustancia anterior a los objetos materiales concretos. La materia cualitativamente homogénea no existe (ni ha existido nunca), y por consiguiente no hay partículas elementales inmutables: la infinitud de la materia no es sólo una propiedad cuantitativa de la misma; también lo es cualitativa. El materialismo dialéctico ha superado por completo la vieja concepción metafísica de una cierta materia primigenia como base del mundo anterior a todo. En lugar de esta concepción, históricamente caducada, el materialismo dialéctico enunció y fundamentó la tesis del automovimiento de la materia, de la transformación recíproca de las diferentes formas del movimiento de la materia unas en otras.
La diversidad cualitativa de la realidad que nos rodea es, desde el punto de vista del materialismo dialéctico, no sólo un hecho sensorialmente perceptible, sino también expresión de la esencia de los procesos dialécticos que en ella transcurren, fruto del desarrollo e interacción multilaterales que en ella se producen. Engels decía que no existe la materia en cuanto tal, es decir, una materia igual, homogénea y sin cualidad, con representación supuestamente cualitativa por las cosas más diversas: “La materia como tal, a diferencia de las materias determinadas, existentes, no es, pues, algo dotado de existencia sensible. Cuando las ciencias naturales tratan de poner de manifiesto la materia unitaria en cuanto tal, reduciendo las diferencias cualitativas a una diversidad puramente cuantitativa en cuanto al modo de agruparse partículas pequeñísimas idénticas, hacen lo mismo que cuando, en vez de cerezas, peras o manzanas, nos hablan de la fruta en cuanto tal o del mamífero en cuanto tal, en vez del gato, el perro o la oveja, del gas en cuanto tal, del metal en cuanto tal, de la piedra en cuanto tal,, de la composición química en cuanto tal o del movimiento en cuanto tal.”6 Marx y Engels rechazan estas nociones metafísicas de los naturalistas y filósofos –materialistas mecanicistas– y caracterizan la materia como infinitamente diversa en todos los grados de su desarrollo. El carácter primario de la materia no significa, por tanto, la existencia de una materia inicial de la que todo surge; lo único que este concepto dice es que la materia antecede a la conciencia, y que esta última es una propiedad especial (no material) de ella, su reflejo.
La solución materialista dialéctica del problema fundamental de la [204] filosofía y la concepción materialista de la unidad del mundo que de ella se desprende, revela, pues, la naturaleza de todo cuanto existe: la unidad del mundo está en su materialidad, y no en su ser ni en la existencia de cierta base inmaterial. El idealismo, al oponer a la materia un primer principio sobrenatural, por encima de la materia, aboca en última instancia, como le ocurre a la religión, al desdoblamiento místico del mundo en el más acá y el más allá. El materialismo dialéctico rechaza de plano este desdoblamiento espiritualista del mundo y fundamenta sistemáticamente su unidad material, que excluye todo dualismo.
"La unidad del mundo y la necedad del más allá son los resultados de la investigación de todo el mundo..."7 Y agrega: “La certeza de que fuera del mundo material no existe separadamente otro espiritual, es el resultado de una larga y fastidiosa investigación del mundo real, y compris8 los productos y procesos del cerebro humano.”9 Así, pues, la concepción materialista de la unidad del mundo, lo mismo que la solución materialista del problema fundamental de la filosofía (tanto de su primer aspecto como del segundo), es un resumen teórico de toda la historia del conocimiento, y no un postulado, como a menudo afirman los “críticos” del marxismo.
Desde el punto de vista del materialismo dialéctico, el tiempo y el espacio son las formas fundamentales de existencia de la materia. Contrariamente al idealismo objetivo, Marx y Engels afirmaban que no existen esencias fuera del tiempo o fuera del espacio. No menos inconsistentes, según mostraron los fundadores del marxismo, son las concepciones idealistas subjetivas del tiempo y el espacio como formas subjetivas (según Kant apriorísticas) de la representación. El tiempo y el espacio existen objetivamente, fuera del sujeto y con independencia de él. El movimiento, lo mismo que el tiempo y el espacio, es la forma de existencia de la materia; es absoluto, por cuanto, al igual que la materia, no surge ni se destruye. Además, a diferencia del materialismo premarxista, Marx y Engels subrayan no sólo la indestructibilidad cuantitativa del movimiento, sino también la cualitativa, es decir, el carácter eterno de la diversidad cualitativa a él inherente.
La concepción materialista dialéctica de la unidad del mundo es inseparable de la doctrina del movimiento, del desarrollo de la materia: gracias precisamente al movimiento, al cambio, al desarrollo, las distintas formas de ser de la materia se transforman unas en otras, constituyendo el proceso material único.
La idea del automovimiento de la materia, que para los materialistas franceses del siglo XVIII (cuando el nivel de desarrollo de la ciencia era aún insuficiente) no era más que un postulado necesario de la concepción materialista del mundo, fue argumentada en todos sus aspectos por Marx y Engels mediante el análisis teórico y la síntesis de los datos de las ciencias naturales acerca de las formas cualitativamente diversas del movimiento de la materia y de su transición recíproca. La reducción de los procesos químicos, físicos, electromagnéticos y biológicos a formas diversas [205] del movimiento de la materia, la ley de la conservación y transformación de la energía y otros descubrimientos de las ciencias naturales del siglo XIX, sirvieron de base real a la doctrina filosófica de Marx y Engels sobre la unidad del mundo, sobre el movimiento como cambio en general y sobre las leyes más generales de desarrollo de todo lo existente. Esta refutación de la concepción idealista del mundo y esta fundamentación del materialismo dialéctico son una particularidad cualitativa sustancialmente nueva de la doctrina filosófica de Marx y Engels como concepción materialista dialéctica del mundo indisolublemente vinculada a la ciencia y a la práctica.
La doctrina materialista dialéctica sobre la unidad del mundo, sobre la concatenación universal, la interdependencia, el movimiento, el desarrollo de lodos los fenómenos de la naturaleza y de la sociedad, es al mismo tiempo la doctrina sobre los rasgos fundamentales del método dialéctico marxista. Cada fenómeno, de conformidad con esta doctrina, ha de ser examinado y estudiado no aisladamente, sino en sus vínculos reales con otros fenómenos, considerando su múltiple interacción, movimiento, cambio, desarrollo. Esto significa que la teoría del conocimiento del materialismo dialéctico y la concepción materialista dialéctica de la realidad objetiva son inseparables la una de la otra.
La unidad del modo dialéctico de abordar los fenómenos de la realidad y de su interpretación materialista toma cuerpo, por ejemplo, en el principio marxista del determinismo. Este principio, que revela la concatenación universal y la dependencia causal de los fenómenos de 1í naturaleza y la sociedad, es uno de los requisitos fundamentales del cono cimiento científico y de la actividad práctica.
Al resolver, de conformidad con el materialismo dialéctico, el problema de las relaciones entre lo espiritual y lo material, Marx y Engels formulan la tesis de que parte su teoría del conocimiento: cualquier contenido de nuestras sensaciones, nuestras representaciones y nuestros conceptos es un reflejo de la realidad objetiva.
Pero no se trata sólo del contenido de las representaciones; las formas y categorías lógicas en las que tiene lugar el proceso del conocimiento son también un reflejo peculiar del mundo exterior. De aquí se desprende claramente que los principios de la interpretación materialista dialéctica de la realidad objetiva son a la vez los principios de la investigación científica de la misma.
En este sentido, el materialismo dialéctico pone fin a la contradicción de la ontología y la gnoseología, característica de muchos sistemas filosóficos anteriores a Marx.
Desarrollo y concreción ulteriores de la concepción materialista dialéctica de la unidad del mundo es la doctrina de las leyes y categorías fundamentales de la dialéctica, la formación de la cual fue examinada en los capítulos anteriores de nuestra obra. La unidad material del mundo es la unidad de todos los procesos, y, por consiguiente, también de los procesos opuestos, que se excluyen recíprocamente, los cuales se condicionan a la vez unos a otros. El movimiento, el cambio, el desarrollo son también internamente contradictorios. Desde este punto de vista enfocan Marx y Engels no sólo la ley de la unidad y lucha de los contrarios, sino [206] también la ley del tránsito de la cantidad a cualidad y la ley de la negación de la negación. Todas ellas son leyes de la unidad y del desarrollo contradictorio de todos los fenómenos, tanto materiales como espirituales. La idea de la contradicción interna, de la unidad de los contrarios que se excluyen mutuamente, caracteriza el contenido de cada una de estas leyes. Así, lo mismo la transformación de los cambios cuantitativos en cualitativos que la negación de lo viejo por lo nuevo son el paso a un estado opuesto, la relación de contrarios cuya existencia se halla condicionada recíprocamente. La contradicción, enseñaban Marx y Engels, es la fuente interna de todo proceso de desarrollo, en el que los cambios graduales, evolutivos, en cambios en forma de saltos se transforman en revolucionarios y la negación es la destrucción de la vieja forma de desarrollo, conservándose su contenido en desarrollo. Las tres leyes fundamentales de la dialéctica, recíprocamente vinculadas, nos dicen, por consiguiente, por qué se produce el desarrollo de determinados fenómenos, cómo se produce y en qué dirección se orienta.
A la vez que formulan las leyes fundamentales de la dialéctica materialista, Marx y Engels dan la concepción materialista dialéctica de la propia categoría de ley, rechazando la noción metafísica de ésta como un esquema uniforme, inmutable e incontrovertible, que se opone desde fuera a los procesos que transcurren en la naturaleza y en la sociedad. Los fundadores del marxismo investigaron concretamente numerosas formas de contradicciones y diversos modos de solución de las mismas, numerosas vías de transformación de una cualidad en otra y diversos tipos de negación y de negación de la negación. Esta investigación concreta de la manifestación infinitamente variada de las leyes dialécticas tiene una enorme importancia cognoscitiva teórica. Excluye por principio el encuadramiento mecánico de los procesos que se investigan en un esquema, sea el que sea, y enseña a estudiar en todos sus aspectos la realidad como un proceso complejo, multilateral y contradictorio, en el que actúan tendencias diversas, incluidas las contrarias. Desde este punto de vista, las leyes de la dialéctica materialista, lo mismo que todas las tesis del materialismo dialéctico, han de ser consideradas no como dogmas, sino como principios científicos, aplicados con un espíritu creador a la investigación teórica y a la actividad práctica. Por eso, el investigador no ha de conformarse al advertir una u otra peculiaridad en el proceso que estudia; ha de comprender que en cada proceso, en virtud del cambio que le es inherente, cualquier concreción cambia ella misma y se transforma en su contrarío. De conformidad con esto hay que enfocar también dialécticamente los resultados de la investigación, recordando que la verdad se desarrolla y cada concreción lógica es internamente contradictoria, contiene en sí la negación, pues en otro caso no refleja la multiplicidad real y el carácter contradictorio de los procesos que se estudian.
Contrariamente a la metafísica, el materialismo dialéctico rechaza la oposición absoluta de la verdad y el error, subrayando que en el proceso histórico real de desarrollo los contrarios no son absolutos, sino relativos. Esta tesis tiene gran significación no sólo para la teoría del conocimiento, sino también para la actividad práctica revolucionaria. La tesis de la relatividad dialéctica de los contrarios revela la ley del paso de lo viejo [207] a lo nuevo, la necesidad de la transformación del proceso evolutivo en proceso revolucionario.
La doctrina de Marx y Engels sobre las leyes más generales de desarrollo de todo lo existente no se agota con las tres leyes fundamentales de la dialéctica materialista. Estas últimas forman la base de numerosas leyes generales que expresan las relaciones de forma y contenido, de esencia y fenómeno, de necesidad y casualidad, posibilidad y realidad, etc. Así, por ejemplo, en El Capital, al investigar el desarrollo histórico de las formas de valor de la mercancía, Marx pone genialmente de relieve la dialéctica de la forma y el contenido, en la que éste, determinando la forma que le es inherente, se modifica él mismo gracias a ella. Así, pues, la forma se convierte en contenido, y el contenido en forma. Análoga interacción tiene lugar también entre esencia y fenómeno. Los fenómenos son distintos aspectos o relaciones que existen en la esencia. Una de las formas de expresión unilateral de la esencia es la apariencia, que existe objetivamente, y no es en modo alguno algo que únicamente el observador se figura. El dinero colocado en el banco proporciona al propietario dinero nuevo, la tierra proporciona al dueño una renta: esto es una realidad, una objetividad que nadie pone en duda. Y al mismo tiempo es una apariencia, pues el dinero no produce dinero; el interés, lo mismo que la renta de la tierra, es una determinada parte de la plusvalía producida por el obrero.
El análisis científico de la necesidad y la casualidad dialécticas conduce a Marx y Engels a la concreción dialéctica de la categoría de necesidad como relativa y contradictoria, a la fundamentación de la casualidad objetiva como aspecto real de la necesidad. La realidad objetiva como proceso sujeto a ley, necesario, del movimiento, el cambio, el desarrollo, es caracterizada por Marx y Engels como categoría de la realidad que contiene en sí diversas posibilidades; estas últimas, al darse determinadas condiciones, se transforman ellas mismas en realidad. Así, pues, la aparición de diversas posibilidades, su “lucha” recíproca y la transformación de algunas de ellas en necesidad constituyen el desarrollo de la realidad misma. No cuesta trabajo comprender, incluso por esta breve caracterización de algunas de las categorías fundamentales del materialismo dialéctico, que todas ellas son expresión dialéctica concreta del concepto de desarrollo, revelando sus diferentes aspectos y la interacción entre ellas.
En su estudio de las leyes de desarrollo del capitalismo, Marx pone de manifiesto de un modo genial el carácter dialécticamente contradictorio de esas leyes, las cuales, como se ve por el ejemplo de la ley del valor, determinan la marcha de todo un conjunto de procesos relativamente homogéneos. El análisis de las distintas formas de manifestación de las leyes, formas que surgen sobre la base de la interacción y el desarrollo, conduce a Marx a la conclusión de la posibilidad de contradicciones entre la ley y los. resultados de la misma que aparecen directamente en la superficie. Así, por ejemplo, los precios de las mercancías vienen determinados, en última instancia, por la ley del valor, y directamente por el precio de producción, que puede ser mayor o menor que el valor de la mercancía. Esta contradicción es necesaria: en ella se expresa la acción modificada de la ley del valor –inevitable a consecuencia del [208] cambio de las condiciones de desarrollo–, la transformación real de la misma en una forma nueva, con su peculiaridad cualitativa.
El materialismo dialéctico, que acepta la premisa fundamental de todo el materialismo filosófico –la realidad objetiva se refleja en la conciencia de los hombres–, la enriquece con la concepción dialéctica del mundo exterior y de su reflejo en la conciencia del sujeto cognoscente.
V. I. Lenin indicaba que el defecto principal del materialismo anterior a Marx era su incapacidad para aplicar la dialéctica a la teoría del reflejo. La teoría materialista dialéctica del reflejo, creada por Marx y Engels, proporciona la concepción dialéctica de la correlación entre el sujeto y el objeto, examina el proceso del conocimiento como algo que se desarrolla dialéctica e históricamente. La realidad objetiva como objeto del conocimiento no sólo actúa sobre los órganos sensoriales del hombre; también éste actúa sobre ella y la somete a cambio. La práctica social, y ante todo la producción material, forma la base del conocimiento y es el criterio de su verdad. Sólo gracias a la práctica, el conocimiento se dirige, de conformidad a un fin, hacia determinados objetos, y únicamente gracias a la transformación práctica de la realidad se ponen de relieve las leyes que le son inherentes.
Al caracterizar el proceso del conocimiento, los materialistas anteriores a Marx se limitaban a examinar el sujeto individual, que siente, percibe y piensa y, de este modo, conoce la realidad que le rodea. Los fundadores del marxismo, que tomaban plenamente en consideración este hecho evidente y directo, ven la gnoseología como la doctrina del proceso del conocimiento realizado por la humanidad entera en el transcurso de su historia. Desde este punto de vista, la teoría del conocimiento está llamada a hacer un resumen teórico del proceso histórico de transición de la ignorancia al saber y de los frutos del mismo, es decir, de los conocimientos que la humanidad alcanza. Por lo tanto, el conocimiento es definido como un proceso histórico-social que no se reduce a la actividad de individuos aislados, por importantes que sean sus logros científicos. Al investigar el proceso histórico-social del conocimiento, la teoría del conocimiento del materialismo dialéctico estudia las leyes más generales del desarrollo de la ciencia y los principios en virtud de los cuales la ciencia alcanza sus resultados, es decir, la comprensión correcta y verdadera de la realidad. En este sentido, la teoría del conocimiento del materialismo dialéctico es la doctrina del saber (o lo que es lo mismo, de la verdad) en toda la amplitud de su desarrollo histórico real.
Marx y Engels revelaron las raíces de clase y gnoseológicas del escepticismo y el agnosticismo, de una parte, y el dogmatismo, de otra, y refutaron convincentemente lo mismo la afirmación de que el mundo es incognoscible por principio que las tesis dogmáticas acerca de la verdad y del carácter definitivo de cualquiera de los grados alcanzados por. el conocimiento. Al rebatir las ideas agnósticas sobre la. imposibilidad de conocer lo absoluto, lo infinito, lo eterno, Marx y Engels enseñaban que el conocimiento de lo relativo, lo individual, finito y perecedero es, a la vez, el conocimiento de lo absoluto, infinito y eterno.
Los fundadores del marxismo hacían ver que la limitación fisiológica de los órganos de los sentidos no es una barrera infranqueable para el [209] conocimiento, y que la limitación de las posibilidades cognoscitivas de los individuos y generaciones se ve superada en el proceso del desarrollo histórico-social. “En este sentido –indicaba Engels–, el pensamiento humano es a la par soberano y no soberano, y su capacidad cognoscitiva a la par no limitada y limitada. Soberano e ilimitado en cuanto al don, la vocación, la posibilidad, la meta histórica final; no soberano, y limitado, en cuanto a la ejecución concreta y a la realidad de cada caso.”10
El marxismo, que acepta las premisas sensualistas de la filosofía materialista precedente y destaca los aspectos valiosos en la gnoseología del racionalismo, da un planteamiento nuevo al problema de la relación entre lo sensible y lo racional. Lo racional es considerado por Marx y Engels como el grado superior –cualitativamente distinto de la percepción sensible– del conocimiento, que no se puede reducir al reflejo sensorial del mundo exterior. Las tesis teóricas se asientan en los datos sensibles, pero son un reflejo más profundo, más completo y multilateral de la realidad. De ahí que el conocimiento teórico de la realidad objetiva se diferencie sustancialmente de sus premisas sensorialmcnte dadas. Esta diferencia es consecuencia de la profundización del conocimiento, resultado de la investigación, el análisis y la comprobación de los datos sensibles de los que el pensamiento arrancó y a los que, como es lógico, no puede limitarse. Pero el pensamiento, en cuanto refleja el mundo en una forma mediata, abstracta, conceptual, no puede limitarse a los solos datos sensibles, a las sensaciones; de aquí se desprende que las sensaciones no pueden servir de criterio de la verdad del pensamiento. El criterio de la verdad, en general, no puede ser encontrado en la conciencia del sujeto cognoscente, y por tanto no puede serlo tampoco el pensamiento teórico. Mientras que los filósofos anteriores a Marx buscaban a menudo el criterio de la verdad en el sujeto (en sus sensaciones o en su pensamiento), los fundadores del marxismo, en su concepción del criterio de la verdad, recurren a la práctica. La práctica histórico-social de los hombres, y ante todo su actividad de producción, es lo que realmente determina el contenido objetivo de nuestras sensaciones, representaciones, conceptos y construcciones teóricas, es lo que revela el grado en que corresponden a la realidad y muestra si son verdaderas o no lo son.
En El Capital revela Marx con genial clarividencia la diferencia cualitativa entre la captación teórico-científica de los fenómenos de la sociedad burguesa y su percepción sensible directa, por encima de la cual no puede elevarse la economía política vulgar. Esta última, como ya sabemos, afirma que la ganancia es producto del capital, y no resultado de la explotación de los obreros, por cuanto la magnitud de la ganancia es proporcional a la magnitud del capital desembolsado, y no al número de obreros ocupados en una empresa dada. Frente a la economía política vulgar, Marx analiza científicamente los hechos sensibles, que los apologistas del capitalismo se limitan a señalar, y muestra que la proporción entre las ganancias y él capital impuesto es consecuencia de la redistribución espontánea de la plusvalía en el proceso de la competencia. La tarea de la ciencia, demuestra Marx, consiste en “reducir los movimientos [210] visibles y puramente aparentes a los movimientos reales e interiores...”11 Así, pues, la solución que el materialismo dialéctico da al problema de la relación entre lo sensible y lo racional supera la limitación metafísica del sensualismo premarxista, de un lado, y del racionalismo, de otro.
No es difícil apreciar que este planteamiento nuevo, genuinamente científico, del problema de la relación entre la ciencia y el material sensible que le sirve de base empírica, va unido inseparablemente a la investigación de la dialéctica de la esencia y el fenómeno. También aquí, por consiguiente, se pone de manifiesto la unidad de la llamada caracterización ontológica y gnoseológica de la realidad objetiva y de su reflejo, a lo cual nos referíamos ya antes, al exponer la concepción materialista dialéctica de la unidad del mundo. Gracias a esto, las categorías del materialismo dialéctico –reflejo de los nexos y vínculos reales objetivos– no son conceptos dogmáticos, fosilizados, sino una de las formas de desarrollo del conocimiento filosófico.
Una de las peculiaridades inherentes a la mayoría de las doctrinas filosóficas anteriores a Marx era la concepción dogmática de la causalidad, que era ya aceptada, ya rechazada por unos u otros filósofos sin un análisis de la relación dialéctica entre la categoría de causalidad y el nexo objetivo de causa y efecto por ella reflejada. Desde el punto de vista de Marx y Engels, las categorías de causa y efecto, reflejo como son de un nexo efectivo entre las cosas en la realidad objetiva, ostentan un carácter relativo, por cuanto algo es causa o es efecto de acuerdo con las condiciones determinadas en que se encuentra el objeto sometido a estudio. Según indica Engels, “la causa y el efecto son representaciones que sólo rigen como tales en su aplicación al caso aislado, pero que, examinado el caso aislado en su concatenación general con la imagen total del universo, convergen y se diluyen cuando contemplamos una trama universal de acciones y reacciones, en que las causas y los efectos cambian constantemente de sitio y en que lo que ahora y aquí es efecto, adquiere luego y allí carácter de causa, y viceversa”.12
Causa y efecto son aspectos necesarios de la interdependencia objetiva, de la interacción objetiva de los fenómenos; el reflejo teórico del vínculo de causa y efecto tiene un valor formidable en cuanto a la captación científica de la realidad objetiva. Ahora bien, este reflejo teórico ha de presentar un carácter dialéctico.
El materialismo dialéctico parte de la unidad por principio de la dialéctica objetiva, es decir, de la dialéctica del mundo exterior, y de la denominada dialéctica subjetiva, o sea de la dialéctica del pensamiento. Este trascendental principio, según el cual “las leyes del pensamiento y las leyes naturales coinciden necesariamente entre sí cuando se las conoce de un modo certero”,13 forma los cimientos de la lógica dialéctica materialista, las bases de la cual fueron sentadas por los fundadores del marxismo.
La lógica dialéctica materialista, a diferencia de la lógica formal [211] corriente, no es la ciencia de las formas y reglas del pensamiento humano consideradas al margen de su contenido; su objeto no puede ser divorciado de aquello que se capta en las formas lógicas, las cuales, a su vez, hay que estudiarlas no como indiferentes hacia el contenido, sino como relacionadas con él, como expresión de determinados grados del conocimiento.
“La lógica dialéctica, por oposición a la vieja lógica puramente formal, no se contenta, como ésta, con enumerar y colocar incoherentemente unas junto a otras las formas en que se mueve el pensamiento. Por el contrario, derivan estas formas la una de la otra, las subordina entre sí en vez de coordinarlas y desarrolla las formas superiores partiendo de las inferiores.”14 Según este punto de vista, valora Engels la clasificación hegeliana de los juicios, mostrando el modo como el paso de una forma de juicio a otra refleja el progreso real del conocimiento.
Por cuanto el pensamiento que conoce es el reflejo de la realidad objetiva, la doctrina acerca de él es también, a la vez, la doctrina de los fenómenos, la esencia y las leyes de esta realidad, que son conocidos y descubiertos en el curso del avance histórico del conocimiento. Precisamente porque “nuestro pensamiento subjetivo y el mundo objetivo se rigen por las mismas leyes, razón por la cual no pueden llegar, en última instancia, a resultados contradictorios entre sí, sino que estos resultados tienen que ser coincidentes”,15 la lógica dialéctica no se limita a la investigación de las formas más generales del pensamiento aceptadas en la lógica tradicional (concepto, juicio y razonamiento); estudia también todas las formas lógicas concretas en las que la realidad objetiva es reflejada y conocida, comprendidas las formas y categorías en las que se refleja la causalidad, la necesidad, la casualidad y otras relaciones de los fenómenos que tienen existencia objetiva. Lo específico de la lógica dialéctica consiste, por consiguiente, en que estudia las formas lógicas del reflejo de la realidad objetiva no en su aspecto elemental (como la lógica formal lo hace), sino en su desarrollo, en sus relaciones recíprocas concretas, merced a las cuales y únicamente a través de las cuales puede darse el conocimiento, y en particular el conocimiento del proceso de desarrollo. La lógica materialista dialéctica tiene como tarea el estudio del proceso de investigación científica real que tiene lugar en la sociedad cada día y cada hora, el esclarecimiento de sus premisas, condiciones, modos y formas lógicas.
Marx y Engels dieron en sus obras una brillante muestra de cómo se debe estudiar el proceso mismo de la investigación científica, teniendo presente, ante todo, una investigación cuyo objeto es el proceso de desarrollo. Desde estas posiciones, los fundadores del marxismo sometieron a profunda crítica los principios metafísicos de investigación en economía política, ciencias naturales, historia y otras esferas del saber. Todo esto tiene cardinal importancia para la comprensión de las bases de la lógica materialista dialéctica y para su ulterior desarrollo.
El Capital de Marx, según quedó demostrado en los capítulos anteriores [212] del presente tomo, es un gran ejemplo, a la vez, de estudio científico de los procesos objetivos y de crítica científica de la ciencia económica burguesa. En relación con estas tareas, expone Marx en El Capital los conceptos fundamentales de la lógica dialéctica materialista y, desde unas posiciones nuevas, resuelve los problemas que planteaba la vieja lógica formal. Marx reelabora con un criterio materialista las ideas racionales de la lógica hegeliana y expone el método científico de ascenso de lo abstracto a lo concreto, base teórica del cual es la importante tesis dialéctica de la concreción de las abstracciones científicas, por cuanto en ellas se refleja la unidad de la variedad internamente propia del objeto sometido a estudio. Subraya Marx que la premisa inicial de este método de investigación es la existencia de lo concreto en la misma realidad objetiva. Pero lo concreto no puede ser conocido directamente como tal ni por la percepción sensible ni por el pensamiento teórico. Marx rechaza la concepción intuicionista acerca de la posibilidad de conocer de un modo directo e inmediato lo concreto y señala que lo concreto es reflejado primeramente por el pensamiento de una manera abstracta, unilateral e incompleta, y sólo la investigación posterior puede conducir al conocimiento concreto.
La investigación de las leyes objetivas del proceso histórico, lo mismo que el estudio del desarrollo de la propia teoría que refleja este proceso, lleva a Marx a la conclusión de la unidad de lo lógico y lo histórico. El punto en que empieza el proceso histórico investigado ha de servir también de comienzo a su investigación lógica, cuyas grandes etapas, en su conjunto, reflejan los principales períodos del proceso de desarrollo que se opera objetivamente.
Marx formula los principios fundamentales del análisis científico del proceso de desarrollo, examinando la síntesis como la reproducción lógica del proceso de formación y desenvolvimiento del objeto estudiado, con la totalidad y unidad que internamente le es propia. Según este mismo punto de vista, es decir, con relación al proceso de desarrollo, son investigadas también la deducción y la inducción. Y en este plano se pone de relieve que el análisis y la síntesis, lo mismo que la inducción y la deducción, son inseparables y no representan sino aspectos, que se transforman recíprocamente, del proceso único de la investigación dialéctica.
Por consiguiente, la lógica dialéctica materialista constituye el desarrollo sistemático de los principios fundamentales del método dialéctico marxista. No excluye la lógica formal, pero rechaza su elevación al plano de lo absoluto, como ocurría en la filosofía anterior a Marx, a consecuencia de lo cual la lógica formal se convertía en lógica metafísica. La lógica dialéctica de Marx y Engels es una gran conquista de la ciencia del pensamiento, que es, “como todas las ciencias, una ciencia histórica, la ciencia del desarrollo histórico del pensamiento humano”.16
El análisis de los rasgos fundamentales del materialismo dialéctico en los trabajos de Marx y Engels nos permite ver que la dialéctica materialista es, empleando los conceptos de los viejos sistemas filosóficos, no sólo [213] ontología (teoría del ser), sino también, y a la vez, gnoseología (teoría del conocimiento) y la lógica del marxismo. En el materialismo dialéctico se alcanza la unidad, la coincidencia de la dialéctica, la lógica y la teoría del conocimiento. La importancia de esto fue subrayada especialmente por V. I. Lenin en sus Cuadernos filosóficos.
En la filosofía premarxista, la doctrina de la naturaleza, la teoría del conocimiento y la lógica eran consideradas como disciplinas filosóficas independientes entre sí, y que a menudo se veían enfrentadas unas a otras. A Hegel pertenece el genial atisbo de que todas ellas coinciden en su base. Pero Hegel, partiendo de la identidad del ser y el pensamiento, reducía el proceso real de desarrollo al proceso de conocimiento en virtud del cual la idea absoluta aprehende el contenido interno a ella inherente. A consecuencia de ello, en vez de la unidad concreta de la dialéctica, la lógica y la teoría del conocimiento, unidad que no excluye determinada diferencia, Hegel afirma la identidad completa, en la que desaparece la diferencia entre sujeto y objeto, entre reflejo y realidad objetiva. Sólo Marx y Engels, al aplicar consecuentemente el punto de vista del materialismo, demostraron la unidad de la dialéctica, la teoría del conocimiento y la lógica. En la medida en que conocer es investigar la realidad objetiva, la teoría del conocimiento es también, a la vez, la doctrina de lo fenómenos, la esencia y las leyes del mundo, que se revelan en el curso del proceso histórico de desarrollo del conocimiento.
La dialéctica marxista, en cuanto teoría del desarrollo, es por su naturaleza misma profundamente histórica. La concepción materialista dialéctica de la naturaleza y la sociedad es la generalización teórica de su desarrollo real; lo lógico es el reflejo de lo histórico. Pero también la teoría del conocimiento es la generalización teórica de la historia del conocimiento, la investigación del paso, que tiene lugar históricamente, de la ignorancia al saber, y de un saber a otro más profundo. Lo mismo puede decirse de la lógica dialéctica, la cual, a su vez, generaliza y resume la historia del conocimiento al investigar las formas y categorías lógicas en que éste se realiza. Por lo tanto, la unidad de la concepción dialéctica del mundo exterior, de la concepción dialéctica del proceso del conocimiento y de la concepción dialéctica de las formas lógicas reside en el hecho de que todas ellas, diciéndolo con palabras de Lenin, son el balance, la suma, la conclusión de la historia del conocimiento, aunque cada uno de estos aspectos de la filosofía marxista investiga la dialéctica objetiva del desarrollo y el proceso histórico del conocimiento en un plano específico.
Incluso los descubrimientos empíricos de unos u otros hechos en la geografía, la astronomía y otras ciencias son fruto de un prolongado desarrollo de las mismas. Tanto más es así en cuanto se refiere a los conceptos básicos, a las categorías de la ciencia, y en particular de la filosofía. Quiere decirse que también las categorías del materialismo dialéctico, que se refieren tanto a la realidad objetiva como a su reflejo –el pensamiento humano–, son un resumen de la historia del conocimiento; se enriquecen en el curso del desarrollo ulterior del proceso del conocimiento. Esta tesis es también valedera para las leyes del pensamiento lógico. “... La marcha del pensamiento abstracto, que asciende [214] de lo más simple a lo complejo –indica Marx–, corresponde al proceso histórico real.”17
El principio de unidad de la dialéctica, la teoría del conocimiento y la lógica es una demostración palmaria de la visión creadora que del mundo exterior y de su conocimiento tiene el materialismo dialéctico, que es ajeno a todo dogmatismo. Este principio, a su vez, va unido indisolublemente a otro principio cardinal de la doctrina de Marx y Engels: el de la unidad de la teoría y la práctica. Gracias precisamente a la unidad de la teoría y la práctica revolucionaria, el materialismo dialéctico –alma revolucionaria del marxismo– se convirtió en la gran arma del conocimiento creador y de la transformación del mundo, en la formidable fuerza ideológica del movimiento de la clase obrera por su emancipación, y ha salido airoso de todas las pruebas históricas.
{1} Una característica peculiar de los “críticos” burgueses y revisionistas del materialismo dialéctico es la negación del hecho incontrovertible de que Marx y Engels reelaboraron de la manera más profunda la dialéctica idealista de Hegel, colocándola de pie, como decía Marx, y crearon la dialéctica materialista, opuesta por los principios que la animan al especulativo método hegeliano. Así, el socialista de derecha francés P. Bonnel, en el artículo Hegel y Marx, quiere demostrar algo indemostrable, a saber, que “el hegelianismo es inmanente a todo el marxismo”, que el método de Marx no se diferencia por esencia del método de Hegel. Bonnel, ante la carencia de argumentos eficaces para defender tan pasmosa afirmación, recurre a un sofisma de muy poco peso: la dialéctica hegeliana no es posible ponerla de pie “porque la dialéctica, en puridad... no tiene pies (ni cabeza)...” (La Revue Socialiste, 1957, núm. 110, octubre, pág. 317; núm. 111, noviembre, pág. 433). No es preciso demostrar que tales “argumentos” no tocan para nada la esencia del problema de la creación por Marx y Engels de una teoría del desarrollo nueva, materialista, de la concepción materialista de las contradicciones internas, de los cambios cuantitativos y cualitativos, de la negación de la negación, etc.
{2} F. Engels, Dialéctica de la naturaleza, trad. esp. de W. Roces, Ed. Grijalbo, México, D. F., 1961, pág. 166.
{3} Carecen por completo de base las afirmaciones de los actuales revisionistas, que reducen toda la filosofía marxista al método dialéctico, el cual, además, adulteran en todos los sentidos. Así, el revisionista francés H. Lefebvre niega en redondo que los fundadores del marxismo creasen una dialéctica cualitativamente nueva, materialista, diametralmente opuesta al método idealista hegeliano. En su libro Problemas actuales del marxismo afirma que “Marx y Engels, en primer lugar, no dejaron un tratado de lógica, de metodología, de dialéctica, y, en segundo, no desarrollaron ni profundizaron la exposición del materialismo’’ (H. Lefebvre, Problèmes actuéis du marxisme. París, 1958, pág. 125). Esta manifestación revela claramente la mala fe del “crítico”, que silencia el hecho de que Marx y Engels, además de exponer su filosofía en obras especiales, trataron de los problemas filosóficos en todos sus trabajos; que, con la creación del materialismo dialéctico y de la concepción materialista de la historia, elevaron la filosofía materialista hasta el más alto grado de desarrollo.
{4} F. Engels, Anti-Dühring, Ed. Pueblos Unidos, Montevideo, 1960, págs. 33-34.
{5} F. Engels, Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana. C. Marx y F. Engels, Obras escogidas, en dos tomos, ed. esp., t. II, Moscú, 1952, pág. 347.
{6} F. Engels, Dialéctica de la naturaleza, pág. 217.
{7} F. Engels, Anti-Dühring, ed. cit., pág. 450.
{8} Inclusive.–N. De la Red.
{9} F. Engels, Anti-Dühring, ed. cit., pág. 452.
{10} F. Engels, Anti-Dühring, ed. cit., pág. 107.
{11} C. Marx, El Capital, trad. esp. de W. Roces, ed. cit., t. III, pág. 304.
{12} F. Engels, Anti-Dühring, ed. cit., pág. 32.
{13} F. Engels, Dialéctica de la naturaleza, ed. esp. cit., pág. 191.
{14} F. Engels, Dialéctica de la naturaleza, ed. esp. cit., pág. 189.
{15} Ibídem, págs. 227-228.
{16} F. Engels, Dialéctica de la naturaleza, pág. 23.
{17} Manuscritos de C. Marx. Introducción (Manuscritos económicos de 1857-1858). C. Marx y F. Engels, Obras completas, ed. rusa, t. 12, Moscú, 1958, págs. 728- 729.