Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSS
Tomo 3 ❦ Capítulo IV: 2
2. Rasgos fundamentales del materialismo histórico en los trabajos de C. Marx y F. Engels.
Mientras que el materialismo anterior a Marx se limitaba a concebir de un modo materialista la naturaleza, la concepción materialista dialéctica del mundo creada por Marx y Engels es una doctrina filosófica íntegra, que se refiere tanto a la naturaleza como a la sociedad. Las leyes más generales del desarrollo, que el materialismo dialéctico estudia, se manifiestan de manera distinta, específica, en la naturaleza y en la sociedad. El materialismo histórico, parte inseparable de la filosofía marxista, es la aplicación del materialismo dialéctico al conocimiento de la vida social, estudia las leyes más generales del desarrollo de la sociedad. Esto no significa, ciertamente, que el materialismo histórico se ocupe de todo lo que las distintas ciencias de la sociedad investigan.
Los diversos aspectos de la vida social son estudiados por las ciencias sociales concretas. La historia, como ciencia, investiga el proceso histórico-social en las formas en que tiene lugar dentro de los distintos países a lo largo de un lapso determinado de tiempo, con lo que se obtiene un panorama general del desenvolvimiento histórico de la sociedad. La economía política investiga las leyes de la producción y distribución social de los bienes materiales en las distintas fases de desenvolvimiento de la sociedad. Las ciencias del derecho, de la literatura, del arte y algunas otras ciencias sociales investigan las partes integrantes de la supraestructura.
El materialismo histórico, creación de Marx y Engels, proporciona su base filosófica a las ciencias de la sociedad, da una explicación materialista a los fenómenos de la vida social y representa el método científico de conocimiento de todos los fenómenos sociales, tanto materiales como espirituales.
Los sociólogos premarxistas negaban de ordinario la existencia de leyes sociales específicas y acostumbraban a trasplantar mecánicamente a la sociedad las leyes de la naturaleza. Marx y Engels, en cambio, no se limitaron [215] a demostrar que la historia de la humanidad es un proceso sujeto a leyes, sino que investigaron también la peculiaridad cualitativa de las leyes del desarrollo social por ellos descubiertas. ¿Qué sirvió de punto de partida para la realización de esta gran tarea filosófica, que elevaba la sociología hasta el nivel de una verdadera ciencia de la sociedad? Ese punto de partida fue la solución materialista del problema de la relación entre la existencia social y la conciencia social de los hombres. “No es la conciencia del hombre lo que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia”,18 escribió Marx.
Explicando esta tesis fundamental de la teoría marxista del materialismo histórico, que expresa la ley objetiva más general inherente a la vida social en todas las formas históricas de su existencia, V. I. Lenin escribía: “El materialismo en general reconoce el ser objetivamente real (la materia) independiente de la conciencia, de la sensación, de la experiencia, etc., de la humanidad. El materialismo histórico reconoce la existencia social como independiente de la conciencia social de la humanidad. La conciencia, tanto allí como aquí, es sólo un reflejo del ser, y en el mejor de los casos un reflejo aproximadamente fiel (adecuado, idealmente preciso). No se puede arrancar ningún postulado fundamental, ninguna parte esencial a esta filosofía del marxismo, forjada en acero, de una sola pieza, sin apartarse de la verdad objetiva, sin caer en brazos de la mentira burguesa reaccionaria.”19
Los materialistas anteriores a Marx no podían extender el materialismo al estudio de la vida social a consecuencia de su limitación teórica y de clase. La limitación teórica, ten particular, se traducía en una visión extremadamente estrecha (limitada al marco de las ciencias naturales, y principalmente de la mecánica) de la materia como simple sustancia compuesta de átomos y moléculas, dotada de una masa determinada, impenetrable y sometida a las leyes de la mecánica. El hombre era considerado por los materialistas anteriores a Marx, principalmente, como un sujeto biológico específico desde el punto de vista de la biología, la fisiología y la antropología. Si bien tal concepción de la naturaleza humana elevaba indudablemente el materialismo premarxista sobre las distintas doctrinas místico-idealistas y, en condiciones históricas determinadas, significaba un indiscutible avance científico, no ponía de relieve lo que específicamente diferencia al hombre de los demás seres vivos. Los materialistas anteriores a Marx no veían que el fundamento específico de la vida social es la producción material, el trabajo social, y de ahí que llegasen inevitablemente a una concepción idealista de la historia, a pesar de su ateísmo y de su negación del misticismo.
A diferencia de sus predecesores, Marx y Engels no reducían la materia a una de las formas de su existencia. Así, por ejemplo, al analizar el valor como relación material real, que existe con independencia de la voluntad y la conciencia de los hombres, Marx subraya también que el [216] valor no contiene ni un ápice de materia. Sólo la profunda concepción que Marx y Engels tenían de la materialidad de las relaciones económicas de producción hizo posible que se superara el modo naturalista de estudiar la vida social y que apareciese la concepción materialista de la historia.20
Cuando los materialistas anteriores a Marx denunciaban la mistificación idealista de la conciencia, afirmaban acertadamente que esta es una propiedad de la materia. Sin embargo, fueron incapaces de elevarse hasta ¡a comprensión de la esencia de la conciencia social. Algunos de ellos se limitaron a revelar la base fisiológica de la conciencia; otros, si bien trataban de descubrir el específico carácter social de la conciencia humana, no alcanzaron a comprender que ésta se halla condicionada por el ser social, el cual se asienta sobre el desarrollo de la producción material.
Así, pues, la solución del problema filosófico fundamental en la ciencia de la sociedad significaba no la aplicación simple de los conceptos cardinales del materialismo a la vida social, sino una interpretación cualitativamente nueva, materialista dialéctica, de los fenómenos de la misma, un nuevo avance de los conceptos básicos del materialismo, a los que se dotaba de un contenido nuevo. Marx y Engels resolvieron también el problema de la naturaleza de las leyes histórico-sociales partiendo del hecho de que la aplicación de las categorías científicas generales del materialismo filosófico a la vida social no tiene nada de común con la aplicación mecánica de las características científico-naturales a las relaciones imperantes en la sociedad.21 Contra tales concepciones sociológicas anticientíficas (del tipo del darvinismo social, del maltusianismo, del “materialismo” geográfico) Marx y Engels se manifestaron a lo largo de toda su vida, subrayando sin [217] cesar las reaccionarias conclusiones políticas que de esas teorías se derivaban.
Por lo tanto, con este trabajo, que acaba de construir el materialismo “basta arriba”, Marx y Engels demuestran, ante todo, cómo a la sociedad se pueden aplicar conceptos tales como materia y sujeción a leyes, siempre y cuando dichos conceptos sean convenientemente reelaborados, profundizados y concretados con ayuda de la dialéctica. En relación con esto hablan de la historia de los hombres como de un proceso histórico-natural, rechazando la oposición idealista y absoluta de sociedad y naturaleza e indagando las particularidades específicas de los procesos materiales histórico-sociales y de las leyes que les son propias. En la naturaleza, indicaba Engels, “los factores que actúan los unos sobre los otros y en cuyo juego mutuo se impone la ley general, son todos agentes inconscientes y ciegos... En cambio, en la historia de la sociedad, los agentes son todos hombres dotados de conciencia, que actúan movidos por la reflexión o la pasión, persiguiendo determinados fines; aquí, nada acaece sin una intención consciente, sin un fin deseado. Pero esta distinción, por muy importante que ella sea para la investigación histórica, sobre todo la de épocas y acontecimientos aislados, no altera para nada el hecho de que el curso de la historia se rige por leyes generales de carácter interno”.22
Por consiguiente, las leyes histórico-sociales se diferencian de las leyes que rigen en la naturaleza por su contenido, puesto que se forman en unas condiciones que de por sí, en determinada medida, son producto de la actividad de los hombres a lo largo de una serie de generaciones; se revelan en el proceso de la actividad de los hombres tanto en el pasado (materializada en determinados objetos, instituciones y relaciones) como en el presente. La naturaleza existe al margen de la humanidad; existió cuando todavía no había hombres ni ningún ser vivo. Las relaciones sociales, en cambio, son creadas por los propios hombres, aunque esto ocurre, naturalmente, no de una manera arbitraria, sino de conformidad con las leyes objetivas del desarrollo de la sociedad, leyes independientes de la conciencia y la voluntad de los hombres, bajo unas condiciones determinadas que los hombres no pueden elegir, porque son producto del anterior desarrollo social.
Marx y Engels no se limitaron, al crear el materialismo histórico, a extender a la sociedad los conceptos básicos del materialismo filosófico y a darle un nuevo desarrollo. Los fundadores del marxismo exponen y argumentan las categorías de la ciencia marxista de la sociedad –específicas y no valederas para la naturaleza, necesarias para la concepción materialista de la historia– que expresan procesos y aspectos reales de la vida social, como son el trabajo, la producción material, las fuerzas productivas, las relaciones de producción, base económica, supraestructura, clases, Estado, revolución social, etc. A este propósito, Marx y Engels formulan las leyes más generales del desarrollo social: la ley del papel determinante de la vida material de la sociedad y, ante todo, del modo de producción material en el desarrollo de la sociedad (“la existencia social [218] determina la conciencia social”); la ley de la correspondencia de las relaciones de producción con el carácter y el nivel de las fuerzas productivas de la sociedad; la ley del condicionamiento de la supraestructura política e ideológica por la base económica de la sociedad y de la influencia inversa de la supraestructura sobre la base; la ley según la cual las masas populares desempeñan el papel decisivo en la historia de la sociedad, en proporción creciente a medida que se amplía la escala de la acción histórica; etc.
Junto a las leyes generales del desarrollo social, válidas para todas las formaciones sociales, los fundadores del marxismo descubren y formulan leyes generales cuya acción se circunscribe a las sociedades divididas en clases: la ley de la lucha de clases, la ley de las revoluciones sociales y otras.
El ser social o vida material de la sociedad es, ante todo, la producción material. A este propósito, Marx y Engels definen el trabajo como una actividad específicamente humana que cumplió el papel decisivo tanto en cuanto a la formación del hombre y a su desgajamiento del reino animal como en lo que se refiere a la evolución posterior de la humanidad. Los fundadores del marxismo no ven en la producción material la mera condición necesaria de la vida humana, sino también la base material objetiva que condiciona toda la diversidad de las relaciones sociales, todas las formas de la vida social, tanto material como espiritual.
Marx y Engels revelaron hasta sus últimas raíces la inconsistencia de las tradicionales concepciones burguesas según las cuales la necesidad de la producción material es algo exterior con respecto a la vida espiritual de los hombres y no ejerce sobre ella influencia alguna. Frente a la concepción idealista de la historia, los fundadores del marxismo demostraron que la producción material no se limita simplemente a crear objetos de consumo, sino que también engendra determinadas relaciones económicas, las cuales condicionan la conciencia de los hombres, su religión, moral, arte, etc. La demostración de esta tesis fundamental del materialismo histórico se hizo posible gracias al análisis científico del desarrollo histórico de la producción y a la obtención de la categoría de las relaciones de producción, que es un concepto básico de la ciencia social marxista.
El análisis del proceso de la producción en su desarrollo histórico, y singularmente en su forma capitalista, lleva a Marx y Engels a la conclusión de que la distribución, el cambio y el consumo vienen condicionados por la producción. Así, por ejemplo, el consumo, en el sentido más amplio de la palabra, es consecuencia de la producción, por cuanto la diversidad de las necesidades históricamente en aumento del individuo social es también producto del desarrollo de la producción. El consumo no existe si no hay lo que ha de ser consumido. El consumo real en amplia escala de determinados objetos, con propiedades conocidas de antemano, existe únicamente en la medida en que la producción crea esos objetos.
El examen de las relaciones de producción y consumo muestra ya el papel de la producción en el desarrollo de la vida social, de las necesidades sociales. La importancia de la producción material para el avance de la sociedad en su conjunto se pone todavía más de manifiesto al considerar los vínculos que unen a las fuerzas productivas y las relaciones de producción. [219]
Los dos componentes básicos de toda producción –su contenido y su forma– son las fuerzas productivas (los hombres con capacidades, conocimientos y hábitos de trabajo históricamente desarrollados, y los medios de trabajo que ellos ponen en movimiento) y las relaciones de producción.
El nivel de las fuerzas productivas de la sociedad depende de qué cantidad de hombres y de medios de producción toman parte en el proceso de creación de bienes materiales, del volumen de la producción social, del grado de perfección de los instrumentos de trabajo que se emplean y de la productividad del trabajo. Un índice singularmente importante de un nivel de desarrollo de las fuerzas productivas más elevado que el anterior es el desarrollo, el perfeccionamiento de los instrumentos de trabajo, que con la misma inversión de trabajo permite elevar el volumen de la producción. Ahora bien, en última instancia, el perfeccionamiento de los instrumentos de trabajo va unido al progreso de los propios productores, de las masas de trabajadores. Según palabras de Marx, el avance de la gran industria hace que la riqueza mayor de la sociedad sea no las cosas que se han producido, sino el perfeccionamiento de las facultades de los individuos sociales, el cual se convierte cada vez más en medida de los valores materiales producidos.
El desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad significa, por consiguiente, no sólo el aumento numérico de los bienes materiales creados, sino también el progreso de la propia personalidad humana, por el que los hombres se emancipan progresivamente del dominio de las fuerzas espontáneas de la naturaleza y de las fuerzas espontáneas del desarrollo social. No es posible considerar el desarrollo de las fuerzas productivas como algo que no guarda relación con el desenvolvimiento progresivo de la personalidad humana: el progreso en el campo de la producción crea posibilidades más favorables para la satisfacción de las múltiples necesidades del hombre (aunque estas posibilidades, muy a menudo, no pueden ser realizadas en virtud de los obstáculos que levantan las formas de las relaciones de producción existentes en la sociedad). El progreso de la producción material es asimismo la base para los nuevos avances del conocimiento. Las ilimitadas posibilidades de la actividad cognoscitiva de los hombres y, por tanto, de su desarrollo intelectual, son, en su conjunto, inseparables del progreso de la producción; estas posibilidades, empero, no pueden encontrar horizontes en las sociedades antagónicas, donde el trabajo intelectual se opone al trabajo manual, con el formidable daño que esto significa para el desenvolvimiento intelectual de la humanidad.
La producción de bienes materiales, por su naturaleza misma, es una producción social. La producción del individuo aislado (robinsonada, como decía irónicamente Marx refiriéndose a las ideas de los economistas burgueses sobre el proceso de producción) es una abstracción carente de contenido. Justamente por ello, una tarea trascendental de la ciencia social marxista (lo mismo de la economía política que del materialismo histórico) es la de investigar la forma social de la producción. Sólo así pueden ser determinadas las grandes épocas históricas del desenvolvimiento de la sociedad y se puede definir el papel de la producción material en el desarrollo de la vida social en todos sus aspectos.
El materialismo histórico pudo ser creado al ser separadas –de todo [220] el conjunto de las variadas relaciones sociales– las relaciones de producción como lo fundamental, primario y, en última instancia, determinante de todas las demás relaciones vigentes en la sociedad.
Marx examina las relaciones de los hombres en el proceso de producción, condicionadas por su relación con los medios de producción, como algo objetivo, material, que se estructura independientemente de la voluntad y la conciencia de los hombres. Son la forma de desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad.
Las relaciones de producción son, ante todo, relaciones de propiedad, que expresan la posición en que los productores se encuentran respecto de los medios de producción: estos últimos pueden pertenecer parcial o totalmente a los productores, o bien a gentes que no participan directamente en la producción de bienes materiales.
De aquí se desprende que la propiedad privada, que los ideólogos burgueses conciben como la única que corresponde a la naturaleza humana, no es en realidad sino uno de los tipos históricamente posibles de las relaciones de producción. La separación parcial o completa de los productores respecto de los medios de producción se manifiesta necesariamente en la división de la sociedad en clases opuestas, de las que una, poseedora de los medios de producción, se apropia el trabajo de la otra.
Marx y Engels explicaron científicamente la existencia y el origen de las clases, y también el carácter, históricamente transitorio, de la estructura de clase de la sociedad. Demostraron que la lucha de clases es una ley objetiva del desarrollo de toda sociedad cuya base económica es la propiedad privada sobre los medios de producción. Frente a las concepciones de los idealistas, dejaron sentado que la lucha de clases no obedece a las discrepancias que puedan surgir entre los distintos grupos sociales por motivos políticos, ideológicos o de otra índole, sino que tiene su origen en las diferentes posiciones que estos grupos ocupan en el proceso de la producción social; de aquí se desprenden las diferencias, las contradicciones y la lucha entre ellos.
La doctrina de la lucha de clases como fuerza motriz del proceso histórico-social es uno de los más trascendentales descubrimientos de los fundadores del marxismo. Pone de manifiesto que la estructura de clase de la sociedad, la lucha de clases en el terreno económico, político y espiritual, no es algo traído de fuera, sino que constituye el contenido interno del proceso histórico-social. El proceso histórico de aparición y desarrollo de la sociedad burguesa y, en particular, la experiencia de las revoluciones burguesas, muestran convincentemente que la lucha de clases no es un obstáculo que se levanta en el camino del progreso social; es. al contrario, condición necesaria del progreso dentro de las condiciones propias de las sociedades antagónicas.
“El genio de Marx –indicaba Lenin– está en haber sabido deducir de aquí antes que nadie y aplicar consecuentemente la conclusión que la historia universal enseña. Esta conclusión es la teoría de la lucha de clases.”23 [221]
Lo principal en el marxismo es la doctrina de que la lucha de clases conduce necesariamente a la dictadura del proletariado, y ésta representa el paso a la abolición de todas las clases, a la sociedad sin clases. El descubrimiento de la necesidad histórica de la dictadura del proletariado, que se impone con la objetividad de una ley, es, como señalaba el propio Marx en una carta a J. Weydemeyer, por los principios que lo inspiran, algo nuevo en la ciencia social, si lo comparamos con las doctrinas de los historiadores y economistas burgueses.
Los “críticos” burgueses del marxismo tratan por todos los medios de demostrar que la doctrina de las clases y de la dictadura del proletariado no tiene una base científica sólida en el sistema de concepciones de Marx y Engels, y no se desprende necesariamente del materialismo dialéctico y de la interpretación materialista de la historia. La inconsistencia de estas afirmaciones es ya evidente si consideramos que las relaciones de las clases opuestas, desde el punto de vista de Marx y Engels, son las relaciones de producción dentro de la sociedad basada en la propiedad privada, y que la lucha de clases es la expresión del antagonismo propio de estas relaciones de producción. Pero de aquí se desprende justamente que las contradicciones de clase son irreductibles, pues no puede haber paz entre el esclavo y el esclavista, el siervo y el terrateniente, el proletario y el capitalista. Desde este punto de vista, el carácter inevitable de la dictadura del proletariado se manifiesta como un resultado lógico de la lucha de clases internamente propia de la sociedad burguesa, como el reconocimiento del hecho de que la oposición entre esas clases es irreconciliable.
La idea de la dictadura del proletariado –tesis fundamental y de cardinal importancia dentro de toda la doctrina de Marx y Engels– queda argumentada teóricamente por toda la doctrina del materialismo histórico, y en particular por la doctrina de la lucha de clases. Justamente la ley objetiva de la lucha de clases es lo que condiciona la ley objetiva de la dictadura de la clase obrera.
Las clases, demostraban los fundadores del marxismo, no han existido siempre. No podía haberlas en la fase primitiva del desarrollo de la humanidad en que las fuerzas productivas estaban aún muy poco desarrolladas, en que la sociedad apenas si producía los artículos de consumo necesarios para su subsistencia y no creaba, en todo caso regularmente, un plusproducto. Unicamente el progreso de la producción –que condujo a la producción continua de un plusproducto, gracias a la creciente productividad del trabajo– hizo posible la aparición de la propiedad privada y, seguidamente, de las clases.
La lucha de clases conduce inevitablemente a la aparición y desarrollo del Estado, el cual, con ayuda de la fuerza armada, refrenda la dominación de una clase sobre otra que anida en las relaciones de producción existentes. De conformidad con esto, Marx y Engels clasifican los grandes tipos de Estado que se conocieron en la historia en Estados esclavistas, feudales y burgueses. Rechazando las frases pequeñoburguesas acerca de que la dominación de una clase sobre otra es contraria a la justicia, los fundadores del marxismo, en su estudio del proceso real del desarrollo histórico-social, explican que la clase dominante es una fuerza social progresiva [222] mientras unas u otras relaciones de producción corresponden al nivel de las fuerzas productivas existentes. Sin embargo, las relaciones de producción contribuyen al desarrollo de las fuerzas productivas, únicamente, mientras estas últimas no sobrepasan a las relaciones de producción existentes, lo cual, tarde o temprano, se hace inevitable. Cuando esto sucede, las relaciones de producción, expresándonos con palabras de Marx, de formas de desarrollo de las fuerzas productivas que eran se convierten en una traba. El conflicto entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, en las sociedades antagónicas, condiciona la ley objetiva de la revolución social.
Las revoluciones sociales, de conformidad con la doctrina de Marx y Engels, son una poderosa fuerza de desarrollo de las sociedades antagónicas, son la forma superior de la lucha de clases, la manifestación más importante de la iniciativa y la actividad de las masas oprimidas y explotadas. “Las revoluciones son las locomotoras de la historia”, decía Marx, subrayando así que los períodos de revolución son los más trascendentales y fecundos en la historia. “La elevada estimación de los períodos revolucionarios en el desarrollo de la humanidad –decía V. I. Lenin– se desprende de todo el conjunto de las concepciones que sobre la historia tenía Marx...”24
Así, pues, el reconocimiento de las revoluciones sociales como ley del desarrollo de las sociedades divididas en clases, como la fuerza decisiva del avance de la historia universal, marca una radical diferencia entre la ideología científica del proletariado y la ideología de las clases explotadoras. Los ideólogos de estas últimas presentan las revoluciones como revueltas ciegas e insensatas, como manifestación de la locura de las masas. Tal es, por ejemplo, el punto de vista de los sociólogos burgueses actuales, apologistas de la esclavitud asalariada capitalista.
V. I. Lenin recalca que los fundadores del marxismo estudiaron “cada situación revolucionaria por separado, analizando las enseñanzas sacadas de la experiencia de cada revolución”. Esta parte de la doctrina de Marx y Engels es para Lenin, “incuestionablemente, la más importante”.25
Los fundadores del marxismo demostraron que las revoluciones sociales son la ley histórica objetiva del tránsito de una formación social a otra. Con este criterio enfocaban también la necesidad histórica del paso de las relaciones capitalistas de producción a las socialistas. Mientras que los historiadores y sociólogos burgueses declaraban que al afirmarse la sociedad burguesa las revoluciones sociales se convertían en un anacronismo histórico, Marx y Engels demostraron que el conflicto entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción del capitalismo puede ser resuelto únicamente por la revolución social del proletariado.
El análisis de la dialéctica de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción lleva a conclusiones que no se refieren sólo a la producción de bienes materiales; también indica la dependencia de las relaciones sociales, de la estructura de clase de la sociedad, respecto de [223] las fuerzas productivas y de las relaciones de producción existentes, cuya unidad forma, según la definición de Marx y Engels, el modo de producción. En la misma medida en que a un distinto nivel de las fuerzas productivas corresponden, con la fuerza de ley, distintas relaciones de producción, en esa misma medida el paso de unas relaciones de producción a otras se opera asimismo con arreglo a leyes objetivas. Y como el desarrollo de las fuerzas productivas presenta en su conjunto un carácter progresivo, el paso de unas relaciones de producción a otras es también un proceso histórico-social progresivo. Guiándonos por este criterio hay que enfocar el paso del régimen de la comunidad primitiva a la esclavitud, de la esclavitud al feudalismo y al régimen capitalista y, finalmente, el paso del capitalismo a la sociedad socialista. La argumentación teórica del progreso social como algo sujeto a leyes es uno de los eminentes méritos de los fundadores del marxismo.
Los sociólogos anteriores a Marx se mostraron incapaces de señalar el criterio objetivo del progreso social; Marx y Engels, en cambio, partiendo de la concepción materialista de la historia, demostraron que la principal norma valorativa del carácter progresivo de unas u otras relaciones e instituciones sociales la constituyen el carácter y el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas: es progresivo lo que contribuye a incrementarlas. Esto no significa, se entiende, que no haya progreso en el campo de las relaciones sociales y políticas, de la ciencia, el arte, la moral, el derecho, etc., mas este progreso también depende de la fuerza decisiva del desarrollo social, del progreso de las fuerzas productivas.
Atendidas las condiciones propias del régimen de la comunidad primitiva en desintegración, de un régimen que no conoció la dominación de hombre por el hombre, la aparición de la esclavitud era sin duda un fenómeno de progreso, aunque ello se opusiera a la conciencia moral del hombre de la comunidad primitiva. Este modo histórico concreto, dialéctico, de abordar el estudio del desenvolvimiento social, en el que se tiene presente la relatividad histórica de cada una de sus formas, es la base de la concepción materialista de la vida social que Marx y Engels forjaron. De ahí que cada época histórica haya de ser considerada no desde el punto de vista de una concepción abstracta, suprahistórica, de la justicia, la razón y el progreso, sino partiendo de las condiciones materiales de su tiempo. De esto se desprende, en particular, que la valoración moral de unos u otros fenómenos históricos ha de tener también un carácter histórico, o sea se ha de apoyar no en principios de la moral abstractos y supuestamente eternos, inmutables, sino en el análisis científico de las condiciones históricas concretas, en la necesidad y la ley históricas. El marxismo señala además que el carácter antagónico de las relaciones sociales en las formaciones esclavista, feudal y capitalista toma también cuerpo en el hecho de que el progreso histórico lleva en sí, en estas condiciones, el sello de contradicciones irreductibles; cada avance de la producción se consigue en ellas al precio de grandes sacrificios y sufrimientos de los trabajadores.
El análisis del desarrollo de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción proporcionaba profunda base teórica a una de las tesis cardinales del materialismo histórico: la que se refiere al papel decisivo [224] de las masas populares en el proceso histórico-social. El pueblo es la principal fuerza productiva de la sociedad, quien crea todos los valores materiales y las condiciones necesarias para la labor espiritual. Si bien es cierto que en una sociedad dividida en clases opuestas los trabajadores se ven apartados de la ciencia y de los bienes espirituales de la sociedad, la experiencia de producción que poseen cumple un papel formidable en cuanto al perfeccionamiento de los instrumentos de trabajo, a la acumulación de hábitos y conocimientos que la ciencia generaliza y desarrolla; y la creación artística de las masas populares es uno de los mejores manantiales de inspiración en este terreno. Marx escribía ya en 1845: “Con la profundidad de la acción histórica aumentará, por tanto, el volumen de la masa cuya acción es.”26 Esta tesis de Marx formula genialmente la ley objetiva, por él descubierta, del creciente papel de las masas populares en la marcha del desarrollo social. Marx resume en esta tesis filosófica la historia de los movimientos de los trabajadores por su emancipación, de los hombres que desempeñan un papel esencial en el desenvolvimiento de las sociedades clasistas, en el paso de unas relaciones de producción a otras más progresivas, en la lucha de los pueblos por su independencia, su idioma y su cultura, en la formación de Estados nacionales independientes, etc. Al mismo tiempo, esta tesis es una profundísima anticipación de la futura marcha de la sociedad, que hoy día es ya un hecho gracias a las históricas victorias del socialismo en escala mundial. El socialismo es la creación social, conforme a un plan de masas de millones de trabajadores, lo cual confirma abierta y directamente la ley del papel decisivo de las masas populares en la historia descubierto por el materialismo histórico.
Los “críticos” burgueses de la filosofía del marxismo atribuyen a Marx y Engels la negación del papel de las grandes personalidades históricas. Huelga demostrar que Marx y Engels no negaron en absoluto el hecho de que los grandes estadistas, hombres de ciencia, inventores, escritores y artistas desempeñan un papel destacado en el avance social. Pero explicaron, sí, con un criterio materialista el papel de las grandes personalidades históricas y se manifestaron contra la mistificación de ese papel y su elevación a la categoría de lo absoluto, poniendo de relieve la dependencia en que sus actividades se encuentran respecto de las determinadas condiciones históricas en que se desenvuelven, de las clases y de las necesidades sociales, y siempre subrayaron el papel decisivo que a las masas populares corresponde en el progreso económico, político y cultural de la sociedad.
El problema del lugar que ocupan las relaciones de producción en el proceso histórico-social está muy lejos de reducirse al papel que las mismas desempeñan en el desarrollo de las fuerzas productivas. Más aún, limitar la significación de las relaciones de producción a la esfera de la producción de bienes materiales significa, en el fondo, no comprender nada del materialismo histórico. Marx y Engels demuestran que las relaciones de producción ocupan un lugar especial entre las numerosas y [225] variadas relaciones sociales de los hombres. Cuando separan las relaciones de producción de todo el variado conjunto de las relaciones sociales no lo hacen únicamente para poner de relieve la forma de desarrollo de las fuerzas productivas, sino también, y particularmente, para explicar científicamente toda la diversidad de dichas relaciones, todos los aspectos de la vida social. Justamente por ello veían las relaciones de producción como las fundamentales, como las primarias. Sabemos que los sociólogos anteriores a Marx no pudieron diferenciar en la compleja red de los fenómenos sociales lo fundamental de lo derivado. El materialismo histórico proporcionó, según indica V. I. Lenin, un criterio objetivo para llevar a cabo esa delimitación al separar las relaciones de producción. Por lo tanto, Marx y Engels examinan las relaciones de producción en dos aspectos de igual importancia: como forma de desarrollo de las fuerzas productivas y como base de todas las demás relaciones: políticas, jurídicas, ideológicas, etc.
En los capítulos anteriores se indicaba que, según la doctrina de Marx y Engels, el conjunto de las relaciones de producción (formas de propiedad, de organización social del trabajo, de distribución de los productos de la producción) constituye la estructura económica de la sociedad, la base económica sobre la cual se eleva, determinada por ella, la supraestructura, las instituciones políticas, jurídicas-e ideológicas y las formas de la conciencia social con ellas relacionadas: políticas, jurídicas, morales, filosóficas, artísticas, religiosas, etc.
Los conceptos de. base y supraestructura figuran entre las categorías más importantes del materialismo histórico: ponen de manifiesto la unidad de los fenómenos económicos, sociales, políticos e ideológicos. de 1í vida social y señalan que, en última instancia, esos fenómenos vienen condicionados por el desarrollo de la producción material; de este modo, los conceptos de base y supraestructura proporcionan la clave para la concepción materialista de todos los fenómenos sociales.
La tesis del materialismo histórico según la cual la supraestructura está condicionada por la base económica no excluye en lo más mínimo el reconocimiento del papel activo de la supraestructura, del carácter eficaz del poder público, el derecho, la filosofía, etc. Al contrario, la concepción materialista de la supraestructura es la única premisa científica posible para explicar su papel eficaz, el cual se desprende justamente de los vínculos reales de la supraestructura con la base económica, con los intereses de determinadas clases. Al rechazar las afirmaciones de los “críticos” del marxismo, carentes por completo de consistencia, de que el reconocimiento de la dependencia de la supraestructura respecto de la base equivale a negar el papel eficaz y activo de la ideología, hemos de tener presente que la atención de Marx y Engels –por cuanto mantenían la lucha contra la concepción idealista de la historia, con su elevación de los elementos de la supraestructura al plano de lo absoluto y el divorcio de éstos de la base económica– se centraba de ordinario en la dependencia material de las ideas, del derecho, de las instituciones políticas, etc. En una carta a J. Bloch, del 21-22 de septiembre de 1890, escribía Engels a este respecto: “El que los discípulos hagan a veces más hincapié del debido en el aspecto económico es cosa de la que,, en parte, tenemos [226] la culpa Marx y yo mismo. Frente a los adversarios, teníamos que subrayar este principio cardinal que se negaba, y no siempre disponíamos de tiempo, espacio y ocasión para dar la debida importancia a los demás factores que intervienen en el juego de las acciones y reacciones.”27
Pero ni Marx ni Engels negaron nunca la importancia y el activo papel de la supraestructura. Así, por ejemplo, en sus cartas de los años 90 Engels analiza especialmente la interacción de la base y la supraestructura, explicando a este propósito que las relaciones de producción sólo en última instancia son la fuerza decisiva y determinante. Precisamente por ello sería un craso error el ver en estas relaciones la causa inmediata de cada fenómeno de la vida social, y por consiguiente, derivar de la base económica todos los fenómenos de la supraestructura.
Previniendo contra la vulgarización del materialismo histórico, Engels escribía en esa misma carta a Bloch: “... Según la concepción materialista de la historia, el factor que en última instancia determina la historia es la producción y la reproducción de la vida real. Ni Marx ni yo hemos afirmado nunca más que esto. Si alguien lo tergiversa diciendo que el factor económico es el único determinante, convertirá aquella tesis en una frase vacua, abstracta, absurda.”28
En otro lugar, concretando la tesis de la interacción de la base y la supraestructura y combatiendo la interpretación simplista del materialismo histórico, que no quiere ver la dialéctica real de las relaciones sociales, subrayaba Engels en una carta a H. Starkenburg, del 25 de enero de 1894: “El desarrollo político, jurídico, filosófico, religioso, literario, artístico, etcétera, descansa en el desarrollo económico. Pero todos ellos repercuten también los unos sobre los otros y sobre su base económica. No es que la situación económica sea la causa, lo único activo, y todo lo demás efectos puramente pasivos. Hay un juego de acciones y reacciones, sobre la base de la necesidad económica, que se impone siempre, en última instancia.”29
Las categorías de base y supraestructura tienen también una formidable importancia porque muestran las diferencias cualitativas que separan una formación económico-social de otra. El concepto de formación económico-social abarca a todo el conjunto de las relaciones sociales, tanto materiales como espirituales, aunque lo principal, lo que diferencia a una formación de otra, reside en la base y en la supraestructura. De ahí que al definir la formación como la sociedad en un determinado grado de su desarrollo, como un organismo social específico, Marx y Engels viesen los rasgos distintivos de una u otra formación justamente en la base y la supraestructura. En este sentido hablaban de base y supraestructura de las sociedades esclavista, feudal y capitalista.
El punto de partida y la causa última y determinante de cada formación es determinado carácter y nivel de desarrollo de las fuerzas productivas, que condiciona unas u otras relaciones de producción y, por tanto, la estructura económica de la sociedad. El nivel de las fuerzas productivas [227] cambia sustancialmente dentro de una misma formación a lo largo de su desenvolvimiento, que es muy prolongado; en cierto grado puede ser también distinto en países diferentes con una misma formación económico-social.
La concepción científica, materialista dialéctica, de la estructura económica de la sociedad y su supraestructura se basa en la aplicación consecuente del principio marxista del historicismo, de conformidad con el cual las épocas históricas, cualitativamente definidas, que se hallan unidas entre sí por vínculos de continuidad basados en el desarrollo progresivo de las fuerzas productivas, se diferencian sustancialmente por el carácter de las relaciones sociales que les son inherentes y se rigen por leyes específicas en su aparición y desarrollo. Desde el punto de vista del sociólogo burgués, el modo histórico de abordar los fenómenos de la vida social se reduce, principalmente, a mostrar cómo un estado social concreto fue preparado históricamente por el estado anterior de la sociedad y es continuación del mismo. Tal deducción del presente a partir del pasado se convierte muy a menudo en un recurso teórico para hacer la apología del capitalismo. El historicismo marxista se diferencia del burgués, particularmente, en que no se limita a la prehistoria del presente, sino que revela su diferencia cualitativa con respecto al pasado, examina la propia marcha del presente como un proceso histórico, rechazando los intentos burgueses de elevar el presente a la categoría de lo absoluto, lo considera históricamente perecedero y prevé científicamente el futuro. En este sentido habla Marx del carácter crítico revolucionario de la dialéctica en su famoso prólogo a la segunda edición del tomo primero de El Capital.
El historicismo burgués se apoya en una concepción puramente cuantitativa, superficialmente evolucionista de la historia de la sociedad. Marx y Engels consideran el proceso evolutivo como una de las formas del desarrollo, la cual conduce, con fuerza de ley, a radicales modificaciones cualitativas de la vida social, a transformaciones revolucionarias de ésta. Las formaciones económico-sociales son las grandes fases por las que asciende la humanidad en su desarrollo progresivo.
Marx y Engels revelaron el carácter antagónico del progreso social condicionado por la propiedad privada sobre los medios de producción. Por primera vez en la historia del pensamiento socialista, Marx explicó por qué “todos los progresos del espíritu, han sido, hasta ahora, progresos contra la masa de la humanidad, que se ha visto empujada a una situación cada vez más deshumanizada”.30 Sólo la transformación comunista de las relaciones sociales, al suprimir los antagonismos sociales, hace posible un progreso realmente completo en el desarrollo de la sociedad y del individuo.
Los sociólogos burgueses que se declaran partidarios del historicismo, se deslizan a menudo hasta las posiciones del relativismo absoluto, según el cual todos los tipos de relaciones sociales y normas de vida social son convencionales, y en este sentido, equivalentes. Rechazan el concepto de progreso y con ello tratan de convencer a los trabajadores de que su lucha por un futuro mejor carece de objeto. Según el relativismo absoluto, resulta imposible la comparación de épocas históricas distintas, pues cada [228] una de ellas forma un todo cerrado, que nada tiene que ver con otras épocas históricas, razón por la cual la historia universal no existe, es decir, no hay unidad en todo el proceso histórico-social; consecuencia de ello es que toda la historia humana se presenta a menudo como un caminar a ciegas, como un fluir de acontecimientos que a nada conduce y que por nada se ve coronado.
Frente a esta concepción idealista (que actualmente ha adquirido gran preponderancia en la sociología burguesa) los fundadores del marxismo enseñan que el carácter históricamente relativo de unas u otras relaciones sociales no excluye lo más mínimo el movimiento de avance de la vida histórico-social y es una manifestación necesaria del contenido del desarrollo histórico, que se desenvuelve objetivamente. Unas u otras relaciones sociales son históricamente relativas, es decir, se encuentran vinculadas a determinadas condiciones (a determinado nivel de las fuerzas productivas), pero, a la vez, son fases del desarrollo de la sociedad de los que el desenvolvimiento ulterior no prescinde simplemente, sino que, en cierto modo, los asimila y hace suyos en una forma modificada, pudiéramos decir que “reelaborada” por el propio proceso del desarrollo social.
En su profunda crítica del relativismo absoluto por una parte, que conduce inevitablemente al pesimismo social, y, por otra, de las concepciones ideológicas y providencialistas del desarrollo histórico, según las cuales la historia se encuentra predeterminada y se atiene a fines planteados de antemano, Marx y Engels ponen de manifiesto la continuidad objetiva del desarrollo de las formaciones económico-sociales, la sujeción a leyes en este desarrollo, del que el comunismo es consecuencia necesaria.
Así, pues, el materialismo histórico representa la concepción materialista del desarrollo de todas las relaciones sociales en toda su diversidad, en su unidad materialmente condicionada y su devenir histórico, de los que son grados necesarios las distintas formaciones económico-sociales. La esencia de esta concepción materialista dialéctica íntegra de la vida social, encarnada en la teoría y el método del materialismo histórico, quedó brillantemente formulada por Marx en su carta a P. V. Annenkov, del 28 de diciembre (de 1846): “¿Qué es la sociedad, cualquiera que sea su forma? El producto de la acción recíproca de los hombres. ¿Pueden los hombres elegir libremente esta o aquella forma social? Nada de eso. A un determinado nivel de desarrollo de las facultades productivas de los hombres corresponde una determinada forma de comercio y de consumo. A determinadas fases de desarrollo de la producción, del comercio, del consumo, corresponden determinadas formas de constitución social, una determinada organización de la familia, de los estamentos o de las clases; en una palabra, una determinada sociedad civil. A una determinada sociedad civil corresponde un determinado Estado político, que no es más que la expresión oficial de la sociedad civil.”31
El estudio del desarrollo de las formaciones económico-sociales pone de relieve las direcciones fundamentales del desarrollo progresivo de la sociedad hacia el comunismo y es la base teórica de la previsión científica del desarrollo progresivo de la sociedad comunista. La concepción materialista [229] de la historia y la aplicación de la misma al estudio del desenvolvimiento de la formación capitalista esboza con toda evidencia la perspectiva histórica del inevitable hundimiento revolucionario del capitalismo y del paso al comunismo. De este modo, el materialismo dialéctico e histórico es la base teórica filosófica del comunismo científico.
{18} C. Marx, Prólogo de la “Contribución, a la critica de la economía política”. C. Marx y F. Engels, Obras escogidas, en dos tomos, ed. esp. cit., pág. 333.
{19} V. I. Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, trad. esp., Ed. Pueblos Unidos, Montevideo, 1959, págs. 364-365.
{20} El profesor burgués H. B. Acton (Inglaterra), que no comprende la unidad del materialismo dialéctico y el materialismo histórico, afirma que entre ellos no existe relación alguna. “De la premisa de que el espíritu procede de la materia –dice– no se puede hacer conclusión alguna acerca de las causas del desarrollo social” (H. B. Acton. The Illusión, of the Epoch. Boston, 1957, pág. 142). Si aplicamos consecuentemente y hasta el fin la solución materialista del problema fundamental de la filosofía, esto nos conducirá a la concepción materialista de la historia. Los materialistas anteriores a Marx no mostraron esa consecuencia. Fue necesario el análisis concreto, dialéctico, del concepto de materia y el examen, desde este punto de vista, de la vida social para terminar de construir el materialismo “hasta arriba”; es decir, para extenderlo a la vida social. Esto lo llevaron a cabo Marx y Engels. Es lo que no puede comprender el profesor burgués, que presenta su incomprensión como una inconsecuencia lógica... de Marx y Engels.
{21} Sin comprender nada de la transformación revolucionaria que Marx y Engels llevaron a cabo en la concepción de la historia, el profesor canadiense II. Mayo afirma que Marx identificaba las leyes de la vida social y las leyes de la naturaleza. Dice así: “La afirmación de que la sociedad humana se mueve con arreglo a las mismas leyes que el mundo físico, que las leyes de la física o de la evolución biológica en el mundo animal pueden ser directamente utilizadas para la descripción de la sociedad humana, es sólo un supuesto y, además, peligroso.” (H. Mayo, Democracy and Marxism. N. Y., 1955, pág. 32.) Mayo identifica la concepción marxista de la objetividad de las leyes de Ja vida social con el naturalismo; primero, porque tiene una idea muy confusa de la concepción materialista de la historia, y segundo, porque es profundamente incapaz de comprender cómo en una sociedad en la que los hombres actúan conscientemente y de conformidad con un fin, existen leyes independientes de su voluntad y su conciencia. Mayo admite la objetividad de las leyes sólo allí donde no se encuentra el hombre. Por consiguiente, atribuye o Marx el error en que incurre él mismo. Tal es la suerte de los “críticos” burgueses del marxismo en general.
{22} F. Engels, Ludwig Feuerbach. C. Marx y F. Engels, en Obras escogidas, ed. esp. cit., t. II, pág. 364.
{23} V. I. Lenin, Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo. Obras completas. ed. rusa, pág. 7. (Trad. esp. en Obras escogidas, en dos tomos, t. I, pág. 69, Moscú, 1948.)
{24} V. I. Lenin, Contra el boicot. Obras completas, ed. rusa, t. XIII, pág. 22.
{25} V. I. Lenin, El Estado y la revolución. Obras completas, ed. esp., t. XXV, pág. 393, Ed. Cartago, Buenos Aires, 1958.
{26} C. Marx y F. Engels. La Sagrada Familia y otros escritos filosóficos de la primera época, trad. de W. Roces, Ed. Grijalbo, México, D. F., 1958, pág. 148.
{27} C. Marx y F. Engels, Obras escogidas, ed. esp. cit., t. II, pág. 460.
{28} Ibídem, pág; 458.
{29} Ibídem, págs. 474-475.
{30} C. Marx y F. Engels, La Sagrada Familia, ed. cit., pág. 150.
{31} C. Marx y F. Engels, Obras escogidas, ed. esp. cit., t. II, pág. 415.