Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSS
Tomo 3 ❦ Capítulo III: 3
3. Desarrollo ulterior del materialismo histórico por Marx y Engels.
En el período que sigue a la Comuna de París continúan los trabajos para concretar y elaborar las tesis fundamentales del materialismo histórico. En este aspecto tuvieron singular importancia los tomos segundo y tercero de El Capital de Marx, la Crítica del programa de Gotha y las obras de Engels en que se examinaban problemas relativos a la prehistoria de la humanidad, a la evolución del régimen de la comunidad primitiva, y también sus libros Anti-Dühring y Ludwig Feuerbach.
En sus obras, los fundadores del marxismo investigan los problemas del papel del trabajo en la aparición de la sociedad, del origen y evolución de la familia, las clases y el Estado, de la esencia y papel de la ideología, de las vías de transición del capitalismo al comunismo, etc.
Papel del trabajo en la aparición de la sociedad. En su obra El papel del trabajo en el proceso de transformación del mono en hombre, escrita en 1876 y publicada por primera vez en 1896, señala Engels que el trabajo no sólo diferencia al hombre de los animales, sino que también es la forma de actividad, aparecida históricamente, que dio origen a esta diferencia, estimuló su desarrollo y, de este modo, condicionó la antropogénesis y la evolución antropológica del individuo humano. El trabajo creó al hombre; y la mano humana, a la que Aristóteles llamaba ya instrumento de instrumentos, “no es solamente el órgano del trabajo, sino que es también producto de éste”.
Los hombres, formados en el proceso del trabajo, adquirieron gradualmente la capacidad del lenguaje articulado. Como resultado del trabajo y de la actividad conjunta de los hombres, en el proceso de la cual “acabaron comprendiendo que tenían algo que decirse los unos a los otros”,131 apareció el lenguaje. El trabajo y el lenguaje articulado fueron los principales factores bajo la influencia de los cuales el cerebro del mono se fue convirtiendo gradualmente en cerebro humano. De conformidad con la ulterior evolución del cerebro se desarrollaron también los órganos de los: sentidos y, por consiguiente, la conciencia. La conciencia, el pensamiento, no hubiera podido evolucionar al margen del trabajo y del lenguaje engendrado por él. Por otra parte, el progreso de los órganos de los sentidos, del cerebro y de la conciencia ejercía una enorme acción sobre. el trabajo y el lenguaje. Así, pues, todo cuanto diferencia al' hombre del animal –la mano, el lenguaje articulado, etc.– es producto del trabajo. El trabajo creó también la sociedad humana, que se diferencia de las distintas formas de agrupación de animales, como colonias y otras, que se encuentran en la naturaleza, en que estas últimas no llevan al animal más allá de la mera utilización de los frutos que la naturaleza le [179] brinda, mientras que los hombres, agrupados en sociedad, producen todos los medios que necesitan para su existencia. Este rasgo distintivo suyo lo deben también al trabajo.
El papel del trabajo en el proceso de transformación del mono en hombre quedó inconcluso; había de servir de introducción a otra obra más extensa, que llevaría por título La esclavización del obrero. Pero aun así, sin terminar, significaba una gran aportación a la teoría del materialismo histórico. Desarrollaba más y daba un contenido histórico concreto a la tesis, enunciada ya en La ideología alemana, de que a los hombres se les puede diferenciar de los animales por la conciencia, por la religión, por lo que se quiera, pero que ellos comienzan a diferenciarse a sí mismos de los animales en cuanto empiezan a producir los medios que necesitan para su existencia. Al ampliar esta tesis y fundamentarla con datos de la historia real, Engels asestó un golpe muy rudo al idealismo, a la explicación idealista del origen del hombre. Con el descubrimiento de la vía histórica de aparición del hombre y de la sociedad humana robusteció aún más la posición del materialismo histórico, demostrando que el punto de partida y comienzo de toda la historia humana es la producción de instrumentos de trabajo.
La familia, las clases y el Estado. Engels aplicó el materialismo histórico a la explicación de la prehistoria de la sociedad, de las formas primitivas de la organización social, de su desintegración y de la escisión de la sociedad en clases. Esto lo hizo, principalmente, en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (1884.), libro que V. I. Lenin caracteriza como “una de las obras fundamentales del socialismo moderno, en la que cada frase se puede mirar con confianza, con la confianza de que cada frase no ha sido escrita por escribir algo, sino a base de un enorme material histórico y político”.132
Engels utilizó magistralmente, al objeto de dar una mayor fundamentación al materialismo histórico, los datos que sobre la sociedad antigua había reunido el etnógrafo norteamericano Lewis Henry Morgan. De conformidad completa con Marx, Engels atribuía gran importancia a las investigaciones de Morgan y tomó sobre sí la tarea de dar una interpretación crítica a los datos de la etnografía a la luz del materialismo histórico. Para este trabajo se apoyó en los apuntes tomados por Marx del libro La sociedad antigua, de Morgan, y en las observaciones críticas de Marx acerca de esta obra. Del enorme trabajo de síntesis teórica y política que hubo de realizar Engels nos dan una idea las palabras siguientes, tomadas de una carta suya a Kaulsky, del 26 de abril de 1884: “Habría sido absurdo –escribía– limitarse a exponer “objetivamente” a Morgan, sin interpretarlo críticamente y, al utilizar los nuevos resultados conseguidos, no exponerlos en relación con nuestras concepciones y con las conclusiones ya. obtenidas. Esto no habría dado nada a nuestros obreros.”133
En su obra, Engels desenmascara la seudociencia burguesa, que aspiraba [180] a santificar y elevar a la categoría de instituciones “naturales” y eternas la familia, la propiedad privada y el Estado burgueses. La teoría marxista del origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, expuesta por Engels en su trabajo, desenmascaró definitivamente estos dogmas de la seudociencia burguesa.
Engels puso de relieve las condiciones históricas que se encierran en el modo de producción y que condujeron a la formación de la propiedad privada sobre los medios de producción, a la aparición de las clases y de la explotación y a la formación del Estado, que se convirtió en instrumento de la clase explotadora. Con esto quedaba demostrado de un modo científico el carácter históricamente condicionado y perecedero del régimen social basado en la propiedad privada y en la explotación.
Engels se apoyó en su trabajo en el descubrimiento por Morgan de la organización gentilicia, que no conocía ni la propiedad, ni la explotación, ni el Estado; se valió asimismo de los datos del investigador ruso Maxim Kovalevski. También realizó Engels estudios por su cuenta, especialmente en cuanto a la historia del desenvolvimiento de la gens entre los griegos, romanos, celtas y germanos.
Señala Engels que en las fases más tempranas, cuando el trabajo se hallaba aún escasamente desarrollado, sobre la organización social ejercían una influencia grande, e incluso dominante, los vínculos de parentesco. Sin embargo, las formas fundamentales del matrimonio y la familia –el matrimonio por grupos, la familia de parejas y la monogamia– se fueron sucediendo en consonancia con el desarrollo de la producción de medios necesarios para la vida. En su análisis de la evolución de la organización social primitiva, Engels partía de las condiciones de producción. Señala, por ejemplo, cómo el desarrollo de la producción acaba por quebrantar el régimen de la comunidad primitiva en la gens. Los hombres aprenden a domesticar animales, crían rebaños, y esto les permite producir más medios de subsistencia; en las tribus pastoras se crean las condiciones para el trueque de una parte de sus productos.
La aparición de la ganadería trae consigo el cultivo de pastos que en un principio tiene por origen la necesidad de alimentar los animales. La producción va ganando en variedad: a la ganadería se suma la agricultura. Posteriormente, los hombres aprenden a emplear el hierro, y esto da origen a un nuevo auge de la producción y hace que las industrias artesanas se segreguen de la agricultura. Consecuencia de esta nueva división del trabajo es un mayor incremento del intercambio.
La división social del trabajo y el trueque, que primeramente tenía lugar sólo entre las tribus, con el tiempo, al hacerse mayor Ja especialización del trabajo social, penetra en el seno de la tribu y de la gens. Esta división del trabajo y del intercambio entre los miembros de la gens da origen a la propiedad privada.
La propiedad privada y el trueque, al desarrollarse, hacen posible, gracias al carácter espontáneo de las relaciones del mercado, el enriquecimiento de unos y la ruina de otros. Aparecen grupos de hombres desprovistos de medios de producción, tiene lugar la concentración y centralización de las riquezas en las manos de unos pocos, crecen la miseria de las masas y el número de pobres. Simultáneamente a este proceso de [181] división de la sociedad en clases opuestas, se opera la formación de la esclavitud. Los prisioneros de guerra, a los que antes se daba muerte, ahora, al aumentarse la productividad del trabajo –con lo que la fuerza de trabajo del hombre es capaz de producir más de lo que necesita para su reproducción– conservan la vida y son convertidos en esclavos; su trabajo obligatorio pasa a ser la base del desarrollo ulterior de la producción.
Así surgió la división de la sociedad en clases de señores y esclavos, ricos y pobres, explotadores y explotados.
En El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado amplía Engels las tesis, que él había expuesto antes, acerca de la aparición de la propiedad privada, de las clases y de la explolación. Ya en el Anti-Dühring, al refutar la “teoría de la violencia” de Dühring, que se basaba en la afirmación idealista de que “lo primario, a pesar de todo, hay que buscarlo en la violencia política directa, y no en la potencia económica indirecta”, señalaba Engels que la esclavitud había surgido a consecuencia del desarrollo de la producción. “Dondequiera que surge la propiedad privada –escribía–, brota como consecuencia de los cambios experimentados por las relaciones de producción y de intercambio, en interés del fomento de la producción y de la intensificación del tráfico, y responde por tanto a causas económicas.”134
En el prólogo a la segunda edición del Anti-Dühring señala Engels que en esta parte habría deseado completar su obra con las tesis que él argumentó en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. Refiérese a la historia primitiva de la humanidad, a las primeras formaciones sociales, que no conocieron el antagonismo de clase, y también al proceso de desintegración de estas formaciones sociales, proceso que condujo a la aparición de la dominación de clase de unos hombres sobre otros. La explicación materialista del origen de las clases, argumentada por Engels, permitía dar también una respuesta científica al problema del origen del Estado; para esto se apoya en el ejemplo histórico de cómo aparecieron tres Estados: el ateniense, el de la antigua Roma y el germano.
El ejemplo de Atenas muestra cómo la escisión de la sociedad en clases hostiles –explotadores y explotados– condujo a la formación del Estado. Primeramente fue creada una fuerza militar especial. que ya no coincidía, como ocurría antes, bajo el régimen comunal gentilicio, con la organización armada del pueblo, que obraba por sí misma. La aparición del Estado equivalía también a sustituir la organización de la población en gens y tribus por la organización territorial.
“Así, pues –resume Engels–, el Estado no es de ningún modo un poder impuesto desde fuera a la sociedad; tampoco es “la realidad de la idea moral”, ni “la imagen y la realidad de la razón”, como afirma Hegel. Es un producto de la sociedad cuando llega a un grado de desarrollo determinado; es la confesión de que esa sociedad se ha enredado en una irremediable contradicción consigo misma y está dividida por antagonismos irreconciliables, que es impotente para conjurar. Pero a fin de que estos- antagonismos, estas clases con intereses económicos en pugna no se devoren a si mismas y no consuman a la sociedad en una lucha estéril, se hace necesario un poder situado aparentemente por encima de la sociedad y llamado a amortiguar el choque, a mantenerlo en los límites del “orden”. Y ese poder, nacido de la sociedad, pero que se pone por encima de ella y se divorcia de ella más y más, es el Estado.”135
De la historia del origen del Estado y de su esencia se desprende el carácter históricamente perecedero de tal institución, que bajo determinadas condiciones históricas habrá de extinguirse inevitablemente.
Con el estudio del origen de la propiedad privada, de las clases y del Estado, Engels dotó de un contenido nuevo, históricamente concreto, a la concepción materialista del proceso de desarrollo de la sociedad.
La ideología y su relativa autonomía. Papel activo de la supraestructura. Al exponer y dar nuevo impulso a las tesis fundamentales del materialismo histórico. Engels enriquece y concreta la concepción materialista de la dependencia de la conciencia social respecto del ser social. En relación con esto dio, particularmente, una característica general de la ideología tal y como ésta impera en la sociedad de clases antagónicas.
“La ideología –escribía Engels en carta a F. Mehring del 14 de julio de 1893– es un proceso que se opera por el llamado pensador, conscienmente en efecto, pero con una conciencia falsa. Las verdaderas fuerzas propulsoras que lo mueven permanecen ignoradas para él; de otro modo, no sería tal proceso ideológico.”136
Aquí, como en toda una serie de lugares análogos, el término “'ideología” no se emplea en el sentido del reflejo en la conciencia de los hombres de su ser social, sino para significar el reflejo deformado e ilusorio de la realidad que es característico de las clases antagónicas dominantes en la sociedad explotadora.
En este mismo sentido, Marx y Engels denominaban a menudo “ideólogos” a aquellos representantes de las clases explotadoras en cuyas teorías la realidad objetiva aparece en una forma completamente deformada y fantástica.
Tomando como base esta expresión, que se relacionaba con determinadas condiciones históricas, los “críticos” burgueses y revisionistas del marxismo afirman sin fundamento alguno que también el marxismo es una ideología en el sentido en que este concepto se ha explicado más arriba.
Del hecho de que Marx y Engels empleasen el término de “ideología” para caracterizar la falsa conciencia no se desprende en modo alguno que, desde su punto de vista, la conciencia social de cualquier clase sea de una naturaleza fantástica e ilusoria. Más aún, el concepto de “ideología” era utilizado por ellos para significar el reflejo de la vida consciente, y a veces no consciente, pero relativamente correcto. Así nos los dice, siquiera sea, la conocida tesis del prefacio a la Contribución a la crítica de la economía política, que dice que al cambiar la base económica de la sociedad se revoluciona más o menos rápidamente la supraestructura, y que en las formas ideológicas –jurídicas, políticas, religiosas, artísticas, filosóficas– los hombres adquieren conciencia del conflicto que [183] surge entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción. No hay por ello razón alguna para afirmar que Marx y Engels interpretaron siempre la ideología como la conciencia falsa y deformada.
En su lucha contra la concepción idealista de la historia, Engels analiza las circunstancias que crean la apariencia de una independencia de la ideología y que son utilizadas por los ideólogos burgueses para ocultar el hecho de que la conciencia social es engendrada por la base económica.
Una de las causas más generales, que originan la ilusión de que las ideas crean la historia, es la de que, a diferencia de la naturaleza, donde todo transcurre sin participación de la conciencia, en la sociedad actúan hombres, seres conscientes, que en su actividad se ven impulsados por unos u otros propósitos y deseos. Desde un punto de vista superficial, como cada persona se guía en su actividad por el propósito de conseguir determinado fin, que él desea, parece como si la marcha de la historia fuese producto del movimiento de estos fines y aspiraciones individuales. Pero de hecho ocurre que el resultado social de las acciones no es la realización de todos estos fines y deseos individuales, pues las aspiraciones personales de los individuos son muy variadas, diferentes y a menudo diametralmente opuestas.
Del hecho de que los resultados de la actividad de los hombres se forman al margen de su voluntad y su conciencia, se desprende que las fuerzas motrices fundamentales y determinantes de la historia no residen en la conciencia y la voluntad de los hombres. Para encontrar estas fuer: zas determinantes hay que partir, ante todo, de las causas materiales que ponen en movimiento a las grandes masas, a clases y pueblos enteros. “Y no momentáneamente, en explosiones rápidas, como fugaces hogueras de paja, sino en acciones continuadas que se traducen en grandes cambios históricos. Indagar las causas determinantes que se reflejan en las cabezas de las masas que actúan y en las de sus jefes –los llamados gran» des hombres– como móviles conscientes, de un modo claro o confuso, en forma directa o bajo un ropaje ideológico e incluso fantástico: he aquí el único camino que puede llevarnos a descubrir las leyes por las que se rige la historia en conjunto, al igual que la de los distintos periodos y países.”137
No se trata de negar el papel de los móviles ideológicos, de la voluntad y la conciencia de los hombres, sino de la necesidad de poner de manifiesto las causas de estos impulsos; y para esto hay que reducirlos a las condiciones reales, materiales, que los originan. Engels critica a los viejos materialistas, que caían en el idealismo al explicar el proceso histórico no por admitir la existencia de fuerzas o impulsos ideales, sino porque no iban más allá, hasta las causas motrices materiales de estas fuerzas inductoras ideales.
Son varias las circunstancias de que a la visión directa de los hombres escape la vinculación orgánica, por ejemplo, ante la política y la economía, el hecho de que la política venga condicionada por la economía. El Estado surgió como instrumento de la clase explotadora, que [184] se vale de él para sojuzgar a las masas explotadas, para mantener su dominio sobre las otras clases. La lucha de la clase oprimida contra la clase opresora se convierte inevitablemente en una lucha política. Y la conciencia de la relación que guarda esta lucha política con su base económica se oscurece y puede llegar a desaparecer por completo. “Si no ocurre así por entero entre los beligerantes –observa Engels–, ocurre casi siempre entre los historiadores.”138
Otra circunstancia que contribuye especialmente a velar la relación de la política con la economía es que con la aparición del Estado y de la ideología jurídica por él engendrada, para que cualquier hecho económico adquiera la sanción de la ley ha de adoptar la forma de relaciones jurídicas. Los políticos, teóricos y juristas burgueses se imaginan que las formas jurídicas lo son todo y que la base económica no es nada.
Además, la supraestructura política. jurídica e ideológica en general de la burguesía dominante se caracteriza por ofrecer un reflejo deformado y falsificado de la realidad. Las distintas formas de la ideología burguesa reflejan la realidad “al revés”, según la expresión de Engels. La burguesía necesita encubrir el hecho de que explota a los obreros y de que el Estado burgués se halla al servicio de sus intereses de clase. Y esta es la misión que cumple toda la ideología burguesa: política, jurídica, religiosa, etc.
Conforme la jurisprudencia burguesa, por ejemplo, se desarrolla y se hace más compleja, tanto más enmascara su base real, económica. Los juristas burgueses presentan la legislación como una esfera absolutamente independiente, que se desenvuelve partiendo de sus propias premisas internas. Los especialistas burgueses crean en el terreno del derecho sistemas jurídicos, comparan las concepciones jurídicas de épocas diversas y en la evolución del derecho no ven el reflejo del proceso económico, sino únicamente la evolución interna de los conceptos jurídicos.
En esferas ideológicas tales como la filosofía, la religión, etc., se confunde y oscurece aún más la relación entre las representaciones y su base material. Pero, con todo y con eso, observa Engels, dicha relación existe.
En su examen del desarrollo de las concepciones religiosas, Engels hace un profundo análisis científico de las raíces históricas de la religión, análisis de gran importancia no sólo porque pone de relieve su reaccionaria esencia de clase, sino también porque nos permite comprender las condiciones de su desaparición y las vías para combatirla.
La religión, indica Engels, surgió primeramente como consecuencia del imperio de las fuerzas espontáneas de la naturaleza sobre el hombre primitivo; en estas condiciones, las representaciones religiosas crecieron en las mentes de los hombres primitivos como un reflejo fantástico de las fuerzas exteriores que dominaban sobre ellos. El desconocimiento de las propiedades de la naturaleza y de su propio cuerpo propiciaba la aparición de representaciones acerca del alma inmaterial a la que el cuerpo sirve únicamente de morada, pero que en realidad es inmortal. Reflejo fantástico de las fuerzas naturales, no comprendidas y que amenazaban [185] la existencia del hombre, eran las primeras representaciones acerca de los dioses. Una vez que surge, la religión, como toda ideología, “se desarrolla en conexión con el material de ideas dado, desarrollándolo y transformándolo a su vez”.139 Conserva ciertas reservas de representaciones recibidas en herencia de la historia anterior y experimenta sobre sí la acción de la tradición. “Pero –agrega Engels– los cambios que se producen en esta materia brotan de las relaciones de clase, y por tanto de las relaciones económicas de los hombres que efectúan estos cambios.”140
Si en un principio la religión era el reflejo fantástico del imperio de la naturaleza sobre el hombre, posteriormente la fuente principal de las representaciones religiosas pasan a ser las fuerzas espontáneas del desarrollo social, y en la sociedad burguesa el miedo a la fuerza ciega que es el capital. Con la aparición de las clases y del Estado, la religión se convierte en instrumento de las clases dominantes en la lucha contra las masas oprimidas y explotadas.
Partiendo de la explicación marxista de la religión, Engels determina las condiciones sociales necesarias para que desaparezca. Cuando la sociedad, dice, entre en posesión de los medios de producción y los utilice adecuadamente, desaparecerán las calamidades sociales y la opresión social que nutren las representaciones religiosas.
De aquí no se desprende en absoluto que la desaparición de la religión sea un proceso automático, que al ser socializados los medios de producción todos los creyentes se emanciparán al momento de sus ideas religiosas. Las supervivencias de lo viejo en la conciencia no desaparecen espontáneamente y de súbito aunque no exista ya el terreno social que las engendra.
Engels expuso una serie de importantes tesis sobre la moral, y en particular sobre la moral proletaria, comunista. Refutó los postulados idealista y metafísico de una titulada moral eterna e inmutable, universal, válida para todos y supuestamente independiente de la vida material de la sociedad y de su estructura de clase. Engels hizo ver que tal interpretación de la moral, cultivada por los ideólogos de las clases explotadoras, no es sino una hipócrita cobertura de la egoísta moral de clase de los explotadores, que contra sus intereses se impone a las clases trabajadoras. Las representaciones y los conceptos morales, decía, son una forma específica en la que se refleja la realidad. Según indicaba, cuando la conciencia moral califica de injusto un hecho económico cualquiera (por ejemplo, la esclavitud, la prestación personal, etc.), esto es prueba de que tal hecho ya no tiene validez, de que han entrado en acción otros factores económicos en virtud de lo cual lo anterior se ha convertido en un freno para el desarrollo, en algo que ya no se puede soportar y que ha perdido su carácter inconmovible.
La moral, como las demás formas de la conciencia social, se encuentra condicionada por la existencia social, y las normas morales que imperan en las condiciones propias de la sociedad de clases son normas de la clase dominante. Las normas morales cambian al cambiar la sociedad. [186] A cada formación económico-social corresponden formas morales específicas. En la sociedad de clases antagónicas, cada una de éstas tiene su moral propia; la moral imperante en esa sociedad refleja la situación y los intereses de la clase dominante. En la sociedad burguesa, junto a la moral burguesa imperante existe la moral del proletariado revolucionario, que se halla íntimamente unida a la lucha por su emancipación.
Los diversos sistemas morales, siendo como son producto de clases sociales distintas, dejarán en última instancia de existir a la vez que las condiciones que les dieron vida. La única excepción a este respecto la constituye la moral proletaria, por cuanto el proletariado es la sola clase capaz de suprimir la dominación del hombre por el hombre y de poner fin para siempre al desarrollo antagónico de la sociedad. Considerándolo así. la moral proletaria de clase, que se gesta en la lucha contra el capitalismo. es la base de la futura moral de la sociedad sin clases, comunista. Engels escribe: “Una moral realmente humana, sustraída a los antagonismos de clase o al recuerdo de ellos, será factible solamente al llegar la sociedad a un grado de desarrollo en que no sólo se haya superado el antagonismo de las clases, sino que se haya olvidado en las prácticas de la vida.”141 Al crear la doctrina de la moral proletaria, Marx y Engels analizan el proceso histórico-social real, mostrando cómo los principios de la moral nueva, comunista, brotan de la realidad misma.
Marx y Engels desenmascararon la ilusión, creada por los idealistas, de que la historia del pensamiento se desenvuelve al margen de la producción y la lucha de clases, y de que incluso va por delante del desarrollo de la sociedad. Los fundadores del marxismo demostraron que todas las formas de la conciencia social sin excepción alguna, todas las ideologías, son determinadas en última instancia por el desarrollo de la base económica de la sociedad. Refiriéndose en particular al arte y a la filosofía, Engels señala en su carta a K. Schmidt del 27 de octubre de 1890 que la significación determinante del desarrollo económico es incuestionable en estas esferas. Indica además que la acción de la economía sobre unas u otras regiones ideológicas se produce por vías distintas. La ideología política y jurídica refleja los avances de la economía de manera más directa. En filosofía, en cambio, por ejemplo, y también en el arte, el desarrollo económico encuentra su reflejo sólo por vías indirectas, las más de las veces sólo en su ropaje político, etc., a través de las ideas políticas, jurídicas y morales, que ejercen su acción sobre la filosofía y el arte.
De ahí que la historia de cualquier esfera ideológica pueda ser correctamente interpretada sólo a condición de que la examinemos no como un proceso lógico independiente de la vida social, no como el desarrollo independiente de las ideas, sino como el reflejo del proceso material, de la historia del desarrollo de las relaciones económicas, de la lucha de clases, etcétera. Al mismo tiempo, Engels argumentó la tesis de que cada esfera ideológica, que en su movimiento refleja en última instancia el movimiento de la economía y que se encuentra bajo la influencia dominante de ésta, posee también una relativa autonomía. [187]
La relativa autonomía de la ideología caracteriza la relación que hay entre la historia de esta última y la historia de la economía. La ideología no tiene una historia independiente de la historia de la vida material de la sociedad. No obstante, esta dependencia de la ideología respecto de las relaciones económicas se da a través del desarrollo de la ideología misma, de la interrelación de las distintas formas de la conciencia social. Unicamente en última instancia el desarrollo de la ideología es determinado por el desarrollo económico. Engels, en su carta a H. Starkenburg del 25 de enero de 1891, expresa esto con las palabras siguientes: “Si traza usted el eje medio de la curva, verá que, cuanto más largo sea el período en cuestión y más extenso el campo que se estudia, más paralelamente discurre este eje al eje del desarrollo económico.”142
El contenido de la ideología no puede ser reducido directamente a la base económica que lo determina. La ideología, que refleja la estructura económica de la sociedad, ejerce a la vez una acción inversa sobre la economía. Esta autonomía relativa se deja sentir en un grado distinto en las distintas formas ideológicas. “Cuanto más alejado esté de lo económico el campo concreto que investigamos –escribe Engels en esa misma carta– y más se acerque a lo ideológico puramente abstracto, más casualidades advertiremos en su desarrollo, más zigzagueos presentará su curva.”143
La conciencia social no se reduce a la ideología, comprende también la psicología social. Por cuanto el retraso de la conciencia respecto de la existencia consiste en que determinados conceptos y representaciones dejan de corresponder a las condiciones de la vida, al cambiar éstas, dicha falta de correspondencia puede dejarse sentir en ambos dominios de la conciencia social: en la ideología y en la psicología. De ordinario, las supervivencias de la conciencia vieja tienen más arraigo precisamente en la psicología, donde, además de cierto estado de espíritu, ocupa un lugar importante el campo de las emociones, de las costumbres adquiridas, de las simpatías y antipatías, causas que a menudo condicionan un retraso en la evolución de la conciencia, cierto anquilosamiento en la esfera de la conciencia. Se comprende que el anquilosamiento y la rutina se manifiestan tanto en la ideología como en las ciencias, con la particularidad de que también la encontramos en aquellas ciencias que no forman parte de la ideología, como son, por ejemplo, las ciencias naturales.
Por cuanto la conciencia queda a la zaga de la vida, manifiesta cierta “autonomía”. Ahora bien, en los procesos que Engels designaba con el término de “autonomía relativa de la ideología” se trata de algo distinto. La autonomía relativa de la ideología se desprende de la autonomía relativa de la historia del desarrollo de una forma ideológica dada, que en cada fase concreta se encuentra bajo la influencia de las etapas que la precedieron y en relaciones de continuidad con ellas. La autonomía relativa de la ideología se expresa en las fases especiales y en las leyes específicas de desarrollo que le son propias dentro de su dependencia general de la base económica. [188]
La acción inversa que sobre el desarrollo económico ejercen el poder del Estado y también el derecho y otras formas ideológicas la explica Engels, como ya se señalaba antes, en particular, por su independencia relativa, que está condicionada por la división del trabajo.
“Donde la división del trabajo existe en escala social –escribe Engels a K. Schmidt el 27 de octubre de 1890–, las distintas ramas del trabajo se independizan unas de otras.”144 Esta independencia relativa de los distintos tipos de actividad va unida a los intereses específicos de los hombres ocupados en una actividad de determinado tipo. Por ejemplo, la separación del comercio respecto de la producción, elevándolo a una actividad específica, significaba también la aparición de intereses específicos en las personas dedicadas al comercio, y de ahí la independencia relativa en la marcha de éste. En su conjunto, esta marcha se encuentra subordinada al movimiento de la producción, a sus leyes, y es determinada por estas últimas; pero dentro de esta dependencia general respecto del movimiento de la producción, tiene una independencia relativa y hasta sus propias fases y leyes. El desarrollo mismo del comercio viene condicionado por el desarrollo de la producción, pero, por ejemplo, la conquista de la India por los portugueses, holandeses e ingleses tuvo su origen en intereses puramente comerciales. Y estas conquistas, gracias a las cuales apareció un nuevo mercado de venta, ejercieron gran influencia sobre el desarrollo de la gran industria.
Un fenómeno análogo tiene lugar en el campo de las formas supraestructurales: del poder del Estado, del movimiento político, del derecho, etcétera. Al surgir el Estado apareció un tipo especial de actividad, la de la dirección de los asuntos públicos, con los intereses específicos inherentes a este género de actividad, y el Estado intervino como fuerza independiente con respecto al movimiento de la producción.
La producción es, en última instancia, lo determinante, y el Estado, en su conjunto, ha de seguir su curso. Mas el poder del Estado, por su parte, según dice Engels, “reacciona también, a su vez, sobre las condiciones y la marcha de la producción, gracias a la independencia relativa a ella inherente, es decir, a la que se le ha transferido y que luego ha ido desarrollándose poco a poco”.145 Engels acude seguidamente al derecho y señala que con la aparición de los juristas profesionales, que formaron una nueva rama de división del trabajo, se constituye un campo nuevo e independiente, que, aun subordinado a la economía, posee la capacidad de obrar sobre ella en sentido inverso. Y lo mismo puede decirse, señala Engels, de las demás esferas ideológicas: de la religión, la filosofía, etc.; los hombres que se ocupan en ellas forman también campos específicos de la división del trabajo. “Y en cuanto forman un grupo independiente dentro de la división social del trabajo, sus producciones, sin exceptuar sus errores, influyen de rechazo sobre todo el desarrollo social, incluso el económico.”146
En la independencia relativa de la ideología ve Engels una de las [189] causas del papel activo de la supraestructura y de su influencia inversa sobre la base económica de la sociedad.
Cuando Marx y Engels crearon su concepción nueva, materialista, de la historia, en medio de la reñida lucha que mantenían con los representantes del idealismo, habían de ocuparse, y así lo hicieron, de fundamentar la tesis de que la producción y la reproducción de las condiciones materiales de vida es el punto de partida y la causa básica de toda la dinámica de la historia. El problema del papel de la supraestructura ideológica quedó aún sin estudiar en todos sus detalles.
Así, pues, la afirmación de un enemigo del marxismo como Bernstein, de que las tesis de Engels sobre el papel activo de la supraestructura significan una revisión de las anteriores concepciones de Marx y Engels, es una abierta calumnia contra el marxismo. Una de las causas que movieron a Engels a explicar el papel de la ideología en la vida de la sociedad era la falsificación que del marxismo hacían los teóricos oportunistas y burgueses, quienes trataban de castrar el contenido revolucionario de la ideología científica del proletariado y de suplantarlo por un vulgar materialismo “económico”.
En el período a que se refieren las cartas de Engels anteriormente citadas sobre el materialismo histórico, los elementos burgueses y pequeñoburgueses de Alemania, de los que el movimiento obrero se había liberado en los años de vigencia de la ley contra los socialistas, después de ser abolida esta ley comenzaron de nuevo a afluir al partido socialdemócrata.
Engels consideró necesario manifestarse contra la falsificación y vulgarización del materialismo histórico, tanto más que esta vulgarización encontraba el apoyo de ciertos socialdemócratas que se consideraban marxistas, pero que en realidad no comprendían bien la teoría del marxismo.
Las cartas de Engels de 1890 a 1894 proporcionaron a los marxistas una afilada arma para la lucha contra la teoría oportunista de la espontaneidad, que empequeñecía el papel de la conciencia y la significación de las ideas revolucionarias. En esas cartas se muestra que de la significación determinante de la economía en el desarrollo de la sociedad no se desprende que otros factores de la vida social no ejerzan influencia sobre la marcha de la historia. “La situación económica es la base –escribía Engels a J. Bloch el 21-22 de septiembre de 1890–, pero los diversos factores de la supraestructura que sobre ella se levanta –las formas políticas de la lucha de clases y sus resultados, las Constituciones que, después de ganada una batalla, redacta la clase triunfante, etc., las formas jurídicas, e incluso los reflejos de todas estas luchas reales en el cerebro de los participantes, las teorías políticas, jurídicas, filosóficas, las ideas religiosas y el desarrollo ulterior de éstas hasta convertirlas en un sistema de dogmas— ejercen también su influencia sobre el curso de las luchas históricas y determinan, predominantemente en muchos casos, su forma.”147
Un gran papel en el desarrollo social corresponde también a las tradiciones que viven en la conciencia de los hombres. Todos estos factores, engendrados en última instancia por la economía, influyen de rechazo sobre ésta. [190]
Tomando el ejemplo de las relaciones recíprocas entre la economía y el poder estatal, Engels, en su carta a K. Schmidt del 27 de octubre de 1890, amplía las tesis que expuso anteriormente en el Anti-Dühring y señala que la influencia contraria de este poder sobre el desarrollo económico puede efectuarse de tres maneras: puede proyectarse en la misma dirección, en cuyo caso el desarrollo económico discurre más de prisa; puede ir en contra de él, y entonces acaba siempre, a la larga, sucumbiendo, o puede cerrar al desarrollo económico ciertos derroteros y propiciarle otros. Este caso se reduce, en última instancia, a uno de los dos anteriores.
La interacción del poder estatal y de la economía es, como indica Engels. la interacción de dos fuerzas desiguales, en la que el papel determinante corresponde a la economía. En cuanto un régimen social, un sistema de relaciones de producción, favorece el desarrollo de las fuerzas productivas, el poder estatal que apoya a este régimen actúa en la dirección del desarrollo económico. Pero cuando el régimen social se convierte en un obstáculo para el desarrollo económico, el poder estatal que lo apoya ejerce ya su acción contra ese desarrollo. Y como la fuerza decisiva corresponde a la economía, cada vez que el poder estatal, en defensa de relaciones de producción ya caducas, entra en conflicto con el desarrollo económico, la lucha termina con la derrota de la clase dominante y de su Estado, que es sustituido por el Estado de la clase nueva, y el desarrollo económico se abre inexorablemente camino.
Las cartas escritas por Engels en los años 90 concretaban la tesis del materialismo histórico sobre las relaciones recíprocas entre el desarrollo económico y las formas ideológicas, y permitían comprender de manera más completa y concreta la ley del desarrollo de las ideologías y el papel de éstas en la marcha de la sociedad. Posteriormente, estas tesis del materialismo histórico fueron elaboradas, sistematizadas y ampliadas con un espíritu creador por V. I. Lenin y otros marxistas de la nueva época histórica, los cuales pusieron plenamente de relieve el papel del factor subjetivo en la historia contemporánea.
Desarrollo ulterior de la doctrina del paso del capitalismo al comunismo. Aplicando magistralmente la dialéctica materialista al conocimiento del desarrollo de la sociedad de su tiempo, Marx y Engels expusieron una serie de ideas sobre la transición revolucionaria del capitalismo al socialismo y sobre los rasgos más generales de la futura sociedad comunista.
En este sentido tiene singular importancia la Crítica del programa de Gotha, que Marx escribió en 1875 y que fue publicada por primera vez en enero de 1891, en Neue Zeit, órgano teórico de la socialdemocracia alemana, con un prefacio de Engels.
El hecho de que entre el tiempo en que se escribió este trabajo y su publicación transcurrieran tantos años se debe a que Marx no esperaba que su crítica de los jefes eisenachianos, que habían capitulado ante el lassalismo, ejerciera una acción inmediata y les hiciera entrar en un camino más correcto. No obstante, Marx consideró necesario deslindar su posición frente al programa de Gotha. Su trabajo terminaba con las palabras: Dixi et salvavi animam meam (He dicho y he salvado mi alma).
Pero después de que en octubre de 1890, en el congreso del partido [191] socialdemócrata alemán en Halle, se decidió, a propuesta de W. Liebknecht –principal autor del programa de Gotha–, preparar para el siguiente Congreso el proyecto de un nuevo programa, Engels llegó a la conclusión de que era necesario dar inmediatamente a conocer la Crítica del programa de Gotha. Exigió a Kautsky, director de Neue Zeit, su publicación en esta revista y advirtió que, si se negaba, lo haría publicar en Arbeiter Zeitung, de Viena, con lo que de una manera o de otra se haría patrimonio público.
La tesis más importante que Marx argumenta en la Crítica del programa de Gotha es la que se refiere a la necesidad de un período político especial de transición del capitalismo al comunismo.
“Entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista –escribe Marx– media el período de la transformación revolucionaria de la primera en la segunda. A este período corresponde también un período político de transición, cuyo Estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado.”148
Marx desenmascara el carácter oportunista y anticientífico de la consigna lassaliana del “Estado libre”, que de hecho significaba la perpetuación del Estado.
El problema del Estado, escribía Marx, hay que plantearlo así: “... ¿Qué transformación sufrirá el Estado en la sociedad comunista? O, en otros términos: ¿qué funciones sociales, análogas a las actuales funciones del Estado, subsistirán entonces? Esta pregunta sólo puede contestarse científicamente, y por más que acoplemos de mil maneras la palabra pueblo y la palabra Estado, no nos acercaremos ni un pelo a la solución del problema.”149
Marx criticaba el programa de Gotha por el hecho de que no tenía presente en absoluto la cuestión de la suerte del Estado en la sociedad comunista, no planteaba el problema de la dictadura revolucionaria del proletariado como instrumento para transformar la sociedad con Estado en sociedad sin Estado.
Al defender la necesidad de la dictadura del proletariado y del Estado proletario, Marx y Engels denunciaron la inconsistencia y la esencia antirrevolucionaria y antiproletaria de las ideas anarquistas, que negaban el Estado en general.
En sus artículos Sobre la autoridad y El indiferentismo político y en otros trabajos de los años 70, Marx y Engels someten a una crítica demoledora las charlas de los anarquistas acerca de que el proletariado “no tiene necesidad” del Estado. Marx revela la esencia traidora de la propaganda anarquista, que llamaba a los obreros a suprimir el Estado, es decir, a deponer prácticamente las armas en vez de crear su Estado revolucionario –la dictadura del proletariado– y, de este modo, vencer la resistencia de la burguesía. Si los apóstoles del anarquismo, dice Marx, -explicasen abiertamente a los obreros las conclusiones prácticas que se desprenden de su teoría anarquista, la clase obrera mandaría inmediatamente al diablo a todos esos doctrinarios pequeñoburgueses, que [192] le hurtan los medios reales de lucha al sustituirlos por el absurdo anarquista de fantasías idealistas sobre la libertad de autonomía y la anarquía.
Engels no dejó piedra sobre piedra de la reivindicación anarquista de que el primer acto de la revolución social había de ser la abolición de la autoridad. “¿No han visto nunca una revolución estos señores? Una revolución es, indudablemente, la cosa más autoritaria que existe; es el acto mediante el cual una parte de la población impone su voluntad a la otra parte por medio de fusiles, bayonetas y cañones, medios autoritarios si los hay; y el partido victorioso, si no quiere haber luchado en vano, tiene que mantener este dominio por el terror que sus armas inspiran a los reaccionarios. ¿La Comuna de París habría durado acaso un solo día, de no haber empleado esta autoridad de pueblo armado frente a los burgueses? ¿No podemos. por el contrario, reprocharle el no haberse servido lo bastante de ella?”150
En la Crítica del programa de Gotha, Marx no se limita a demostrar la necesidad de un período político de transición del capitalismo al comunismo, sino que también caracteriza los rasgos fundamentales del desarrollo de la economía en este proceso de transición. Argumentó asimismo la tesis de las dos fases del comunismo: la fase primera o inferior de la sociedad comunista y su fase superior. Refiriéndose a esta genial previsión científica de Marx, V. I. Lenin indica: “La gran importancia de la explicación de Marx reside en que también aquí aplica consecuentemente la dialéctica materialista, la teoría del desarrollo. considerando el comunismo como algo que se desarrolla del capitalismo. En vez de “imaginadas” definiciones escolásticas y artificiales y de disputas estériles sobre palabras (qué es el socialismo, qué es el comunismo), Marx hace un análisis de lo que podríamos llamar fases de madurez económica del comunismo.”151
A estas fases de la madurez económica corresponden principios diferentes de distribución: de cada cual según su capacidad, a cada cual según sus necesidades, para la fase superior; de cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo, para la primera fase.
Refiriéndose a la fase superior del comunismo, Marx escribe: “En la fase superior de la sociedad comunista, cuando haya desaparecido la subordinación esclavizadora de los individuos a la división del trabajo, y con ella, el contraste entre el trabajo intelectual y el trabajo manual; cuando el trabajo no sea solamente un medio de vida, sino la primera necesidad vital; cuando, con el desarrollo de los individuos en todos sus aspectos, crezcan también las fuerzas productivas y corran a chorro lleno los manantiales de la riqueza colectiva, sólo entonces podrá rebasarse totalmente el estrecho horizonte del derecho burgués y la sociedad podrá escribir en sus banderas: ¡De cada cual, según su capacidad; a cada cual, según sus necesidades!”152
Los lassalianos y eisenachianos que se les habían unido planteaban [193] la reivindicación del “fruto íntegro del trabajo”, que presentaban como expresión de la “igualdad” y la “justicia” para todos los tiempos. Marx rechaza este principio pequeñoburgués, irrealizable en todas las condiciones, puesto que la sociedad, bajo todas las condiciones históricas, ha de desarrollar la producción, con lo que resulta imposible entregar a cada individuo, cualquiera que sea la forma que se adopte, todo lo que él produjo. Esta consigna lassalliana descansa en una concepción metafísica pequeñoburguesa de la igualdad. Después de fundamentar el principio de retribución según el trabajo, Marx explica que este último es expresión de la igualdad, por cuanto no reconoce ninguna diferencia de clase, porque cada uno es solamente un trabajador, como todos los demás; pero al mismo tiempo, este principio reconoce la desigualdad, consistente en que las facultades de cada individuo no son las mismas, y, por consiguiente, tampoco es la misma su capacidad. Esta desigualdad de capacidades no desaparecerá nunca por entero, siempre ocurrirá que unas personas rendirán a la sociedad más, y otras menos, .en consonancia con su capacidad. Pero esto no significa que siempre será justo retribuir a cada miembro de la sociedad según el trabajo que es capaz de realizar. Ante nosotros tenemos un brillante ejemplo de la aplicación de la dialéctica al problema de la igualdad.
El problema de los principios de distribución es resuelto por Marx en consonancia con las tesis fundamentales del materialismo histórico. El paso a la distribución según las necesidades puede ser conseguido únicamente al alcanzarse un nivel superior de las fuerzas productivas y una actitud comunista hacia el trabajo. Cuando estas condiciones se den, el paso a la distribución según las necesidades se hará no sólo posible, sino necesario.
En la primera fase del comunismo, el principio de retribución según el trabajo es el único paso correcto, progresivo y de valor universal en el avance de la igualdad real. La diferencia en el nivel de las fuerzas productivas materiales, a la que corresponde la diferencia de formas de distribución, es lo que Marx toma para distinguir las dos fases del comunismo: la primera fase o socialismo y la fase superior o comunismo.
La Crítica del programa de Gotha es un ejemplo clásico de previsión científica sobre la base de la teoría histórico-filosófica del marxismo. Su aplicación encontró reflejo en el planteamiento del problema de la futura sociedad no como un estado ideal por su perfección, sino como un proceso de avance de lo inferior a lo superior a través de contradicciones que van siendo resueltas.
Marx en el tercer tomo de El Capital y Engels en Anti-Dühring y El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado exponen una serié de importantes tesis acerca de la sociedad socialista. Refiriéndose a ésta! Engels escribe: “La propia organización social de los hombres, que hasta aquí se le enfrentaba impuesta por la naturaleza y la historia, es, a partir de ahora, obra libre suya. Los poderes objetivos y extraños que “hasta ahora venían imperando en la historia se colocan bajo el dominio: del hombre mismo. Sólo desde entonces, éste comienza a trazarse su historia con plena conciencia de lo que hace. Y, sólo desde entonces, las causas sociales, puestas en movimiento por él, comienzan a producir predominantemente [194] y cada vez en mayor medida los efectos apetecidos. Es el salto de la humanidad del reino de la necesidad al reino de la libertad.”153
La libertad de que aquí se habla no significa en absoluto que dentro del socialismo los hombres puedan obrar a su arbitrio, sin tomar en consideración las leyes de la naturaleza y la vida social. Engels explica en el Anti-Dühring que la libertad no consiste en que los hombres no dependan de las leyes de la naturaleza. Tal libertad no puede existir. Pero los hombres pueden ser libres en sus acciones y confiar en el éxito de sus actividades si conocen las leyes objetivas y acomodan sus actos a ellas. La libertad, enseña el marxismo, es la necesidad conocida.
En la sociedad socialista los hombres organizan la producción social de conformidad con un plan previamente concebido, construyen toda la vida social según los fines que se propusieron. Y para esto se apoyan en la ciencia, en el conocimiento científico de las leyes del desarrollo. Porque sus planes y fines únicamente pueden conducirles a los frutos deseados a condición de que expresen posibilidades objetivamente existentes, que se desprenden de las leyes del desarrollo social. Por esto indicaba Engels que los hombres obtendrán de sus actos los frutos apetecidos únicamente “en la medida en que los hombres aprendan a reconocer anticipadamente las necesidades de un cambio en la constitución (sit venia verbo) social exigido por las cambiantes condiciones, y a querer esa transformación antes de que se les imponga al margen de su conciencia y de sus deseos”.154
Dentro del socialismo será posible la dirección consciente de la vida de la sociedad justamente porque la actividad de los hombres se apoyará en el conocimiento de las leyes de desarrollo de la sociedad.
El ejemplo de la U.R.S.S., donde el socialismo ha triunfado plena y definitivamente y se opera la transición del socialismo al comunismo. y el ejemplo de las democracias populares, que edifican con éxito el socialismo, nos muestra cómo los trabajadores, bajo la dirección del Partido Comunista y apoyando su actividad en el conocimiento de las leyes de la naturaleza y de la sociedad, han llegado a ser dueños de las relaciones sociales y se convierten, en medida siempre creciente, en los verdaderos señores de la naturaleza.
En el curso de su pugna con Dühring, Engels puso de relieve la incompatibilidad con el comunismo del régimen que aquél proyectaba para su “sistema socialista”, en el que dejaba en pie la contradicción entre la ciudad y el campo y entre el trabajo intelectual y manual. Engels desenmascara el seudosocialismo de Dühring y hace ver que la eliminación de la oposición entre la ciudad y el campo y entre el trabajo intelectual y físico no es una fantasía ni un plausible deseo. sino una consecuencia de las leyes del desarrollo económico, y que gracias a la gran industria se ha convertido en condición de la producción misma. Sólo “el régimen capitalista de aplicación de la maquinaria –escribe Engels– tiene que continuar con la vieja división del trabajo, con todas sus fosilizadas particularidades, a pesar de haberse hecho técnicamente superflua...”155 [195] Cuando la sociedad se adueñe de todos los medios de producción al objeto de darles un empleo socialmente planificado, a la vez que es suprimido el viejo modo de producción será posible y necesario crear las condiciones para eliminar también la vieja división del trabajo, para acabar con la contradicción entre la ciudad y el campo y entre el trabajo físico y el intelectual. Entreabriendo los velos del futuro, Engels enuncia una serie de importantes tesis sobre el destino del Estado bajo el socialismo, sobre la familia socialista y sobre otros aspectos de la vida de la sociedad socialista. Algunas de estas manifestaciones han sido después corregidas y precisadas de conformidad con los datos de la práctica histórica. Esto se refiere, ante lodo, al problema del Estado.
En el Anti-Dühring y en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, Engels formuló la tesis de la extinción del Estado después del triunfo de la revolución socialista. Pensaba indudablemente que el Estado se extinguiría como consecuencia del triunfo del socialismo en todo el mundo, puesto que en las condiciones propias del capitalismo premonopolista era aún imposible el triunfo de la revolución socialista en un solo país.
Ahora bien, como junto a los países del socialismo hay aún grandes Estados capitalistas, existe también el peligro de una agresión exterior contra los países socialistas. En estas condiciones, como posteriormente explicó V. I. Lenin, el Estado proletario no sólo no se extingue, sino que, al contrario, se robustece, creando así las premisas para su desaparición en el futuro.
*
En el período que sigue a la Comuna de París, la base del ulterior y fecundo desarrollo del materialismo dialéctico e histórico es la generalización teórica de la nueva experiencia de la lucha del proletariado por su emancipación, y singularmente de la experiencia de la Comuna de París y de la lucha contra los enemigos del marxismo en el seno del movimiento obrero, la generalización de los nuevos datos de las ciencias naturales, la historia, la etnografía, etc.
Los resultados más importantes de este ulterior avance de la teoría marxista en el campo del materialismo dialéctico fueron: la creación, sobre la base de la generalización de los progresos de las ciencias naturales en el siglo XIX, de un cuadro materialista dialéctico de la naturaleza; la ulterior fundamentación de las leyes y categorías de la dialéctica materialista; la aplicación de la dialéctica marxista a la teoría del conocimiento y la fundamentación de las tesis cardinales de la teoría materialista dialéctica del conocimiento (doctrina de la verdad, de la relación entre lo absoluto y lo relativo en el conocimiento, del papel de la práctica en el conocimiento y otras).
En el campo del materialismo histórico, los resultados más importantes del desarrollo del marxismo en este período fueron: la ulterior fundamentación de la trascendental tesis del materialismo histórico sobre el papel determinante del modo de producción en el desarrollo social; la explicación científica del papel del trabajo en el proceso de aparición y [196] desarrollo de la vida social; la caracterización de las formaciones económico-sociales y de la aparición de la propiedad privada, de las clases y del Estado; el ulterior desarrollo de la tesis sobre la lucha de clases como fuerza motriz en el desenvolvimiento de las sociedades antagónicas; el descubrimiento de la interacción dialéctica entre la base económica y las supraestructuras políticas e ideológicas por ella engendradas, y otros.
Al desarrollo ulterior del materialismo dialéctico e histórico contribuyeron en alto grado los tomos segundo y tercero de El Capital de Marx, preparados y publicados por Engels después de la muerte de su genial autor. A la vez que investiga el proceso de circulación del capital, la rotación del capital, Marx expone y concreta los principios fundamentales del modo materialista dialéctico de abordar los multiformes procesos de desarrollo, de su determinación cuantitativa y cualitativa, de su intervinculación, su interacción y su automovimiento. El tercer tomo de El Capital ofrece una caracterización completa del desarrollo del modo capitalista de producción y proporciona un anticipo genial de las tendencias históricas objetivas que conducen al hundimiento revolucionario del sistema capitalista. A este propósito, Marx examina la relación entre las leyes y sus modificaciones, mostrando la contradicción que hay entre unas y otras, la diversidad de formas de existencia de la ley, gracias a la cual es sólo posible su universalidad. Marx fundamenta teóricamente la tesis del inevitable conflicto entre las fuerzas productivas que se desarrollan en las entrañas del capitalismo y las relaciones burguesas de producción, e indica que el destino histórico del modo capitalista de producción es “el desarrollo desenfrenado, en progresión geométrica, de la productividad del trabajo humano”.
Pero el capitalismo traiciona inevitablemente a este destino suyo, es decir, se convierte en un freno en la vía del progreso de la producción social. “Con ello sólo demuestra una cosa: que este régimen de producción va caducando con el tiempo y tendiendo a desaparecer.”156
En nuestro tiempo, cuando la genial previsión de Marx se ha visto justificada por completo, se hace aún más evidente la gran significación científica de su método, de la dialéctica materialista, con ayuda de la cual percibió con tanta diafanidad y clarividencia los rasgos de la sociedad futura.
Marx y Engels se sirvieron magistralmente de la teoría y del método del materialismo histórico para dilucidar las condiciones del paso del capitalismo al socialismo, que es la dictadura revolucionaria del proletariado; fundamentaron la genial idea de las dos fases del comunismo, que corresponden a los diversos grados de madurez económica de la sociedad comunista, y pusieron de manifiesto los rasgos generales que caracterizan al régimen comunista como sociedad sin clases que domina las leyes del desarrollo social, establece el imperio del hombre sobre las relaciones sociales e implanta el principio: de cada cual según su capacidad; a cada cual según sus necesidades.
Nuestra doctrina, decían Marx y Engels, no es un dogma, sino una guía para la acción. En respuesta a las demandas y necesidades fundamentales [197] del movimiento obrero, Marx y Engels dotaron a los partidos proletarios de una poderosa arma ideológica, descargaron golpes decisivos sobre la ideología burguesa y pequeñoburguesa, propugnada por los adversarios del marxismo, y desarrollaron con espíritu fecundo la gran doctrina filosófica que ellos habían creado.
Las obras de Marx y Engels correspondientes al período que sigue a la Comuna de París, como todos sus trabajos, eran una genial visión del futuro, iluminaban con la luz de la ciencia los perfiles generales del socialismo y del comunismo.
Las ideas de Marx y Engels sobre la sociedad comunista adquirieron ulterior desarrollo en los trabajos de Lenin y sus discípulos y en las resoluciones del Partido Comunista de la Unión Soviética y de los Partidos Comunistas de otros países. [198]
{130} F. Engels, Dialéctica de la naturaleza, pág. 143.
{131} Ibídem, pág. 145.
{132} V. I. Lenin, Acerca del Estado. Obras completas, ed. rusa, t. XXXIX, página 436. (También en V. I. Lenin, Marx-Engels-Marxismo, ed. esp., Moscú, 1948, pág. 442.
{133} C. Marx y F. Engels, Cartas escogidas, ed. rusa, pág. 376.
{134} F. Engels, Anti-Dühring, ed. cit., pág. 198.
{135} F. Engels, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. C. Marx y F. Engels, Obras escogidas, en dos tomos, ed. esp., t. II, pág. 297, Moscú, 1952.
{136} C. Marx y F. Engels, Obras escogidas, ed. cit., t. II, págs. 467-468.
{137} F. Engels, Ludwig Feuerbach. C. Marx y F. Engels, en Obras escogidas, ed. cit., t. II, pág. 366.
{138} F. Engels, Ludwig Feuerbach. C. Marx y F. Engels, en Obras escogidas, ed. cit., t. II, pág. 370.
{139} F. Engels, Ludwig Feuerbach. C. Marx y F. Engels, en Obras escogidas, ed. cit., t. II, pág. 372.
{140} Ibídem, pág. 373.
{141} F. Engels, Anti-Dühring, ed. cit., pág. 116.
{142} C. Marx y F. Engels, Obras escogidas, ed. cit., t. II, pág. 476.
{143} Ibídem, págs. 475-476.
{144} C. Marx y F. Engels, Obras escogidas, ed. cit., t. II, pág. 461.
{145} Ibídem, pág. 463.
{146} Ibídem, pág. 465.
{147} C. Marx y F. Engels, Obras escogidas, ed. cit., t. II, págs. 458-459.
{148} C. Marx, Crítica del programa de Gotha. C. Marx y F. Engels,Obras escogidas, ed. cit., t. II, pág. 25.
{149} Ibídem.
{150} Cita tomada de V. I. Lenin, El Estado y la revolución. Obras completas, ed. esp., t. XXV, págs. 431-432, Ed. Cartago, Buenos Aires, 1958.
{151} Ibídem, pág. 464.
{152} C. Marx, Crítica del programa de Gotha. C. Marx y F. Engels, Obras escogidas, ed. esp. cit, t. II, pág. 17.
{153} F. Engels, Anti-Dühring, ed. cit., pág. 345.
{154} Ibídem, pág. 461.
{155} Ibídem, pág. 359.
{156} C. Marx, El Capital, ed. esp. cit., t. III, pág. 259.