Filosofía en español 
Filosofía en español

Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSSHistoria de la Filosofía, México 1962


Tomo 3 ❦ Capítulo III: 2

2. Desarrollo ulterior del materialismo dialéctico en los trabajos filosóficos de F. Engels. Importancia de sus obras “Anti-Dühring” y “Ludwig Feuerbach”.

Después de la Comuna de París, el materialismo dialéctico adquiere una profunda fundamentación y ulterior desarrollo en obras de C. Marx y F. Engels tales como El Capital (tomos II y III), Critica del programa de Gotha, Anti-Dühring y Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana. Estos trabajos representan un gran tesoro de la concepción marxista del mundo y proporcionaron a la clase obrera revolucionaria una poderosa arma espiritual. V. I. Lenin escribía del Anti-Dühring y de Ludwig Feuerbach que “al igual que el Manifiesto Comunista, son los libros favoritos de todo obrero consciente”.95

Marx leyó el Anti-Dühring antes de ser enviada la obra a la imprenta; el capitulo “De la «Historia Crítica»” pertenece a su pluma. El Anti-Dühring comenzó a publicarse a principios de 1877 en Vorwärts, en forma de artículos sueltos; en el verano de 1878, en vísperas de la promulgación de la “ley de excepción” contra los socialistas, apareció como libro. Según la imagen de que se vale Mehring, “la luz de este faro se encendió justamente en el momento en que en el horizonte político aparecía la negra nube que anunciaba la tempestad”.96

Esta obra de Engels iba dirigida contra los escritos de Eugen Dühring, privat-dozent alemán, que en sus escritos propagaba la ideología pequeñoburguesa en el movimiento obrero y trataba de oponer al socialismo científico marxista cierta variedad del seudosocialismo prusiano. Dühring combatía la concepción materialista del socialismo como necesario resultado histórico del desarrollo de la producción material. Consideraba el socialismo al margen del desarrollo económico de la sociedad y de la lucha de clases y predicaba unas rudimentarias concepciones idealistas propias del liberalismo burgués, resumidas en la afirmación de que el socialismo tiene supuestamente sus raíces en el “principio universal de la justicia”. Con este bagaje trataba de refutar la doctrina de Marx acerca de la necesidad histórica objetiva del socialismo y de la gran misión histórica del proletariado.

El denominado “socialismo” de Dühring dejaba en realidad intactas las contradicciones antagónicas de la sociedad capitalista, por ejemplo, el contraste entre la ciudad y el campo, que él consideraba “insuperable [161] por la naturaleza de las cosas”. En la “comuna del futuro”, según su opinión, había de mantenerse hasta el sistema policíaco prusiano.

A estas reaccionarias concepciones sociales de Dühring iba íntima: mente unida su “filosofía”, que era un revoltijo ecléctico de diversos sistemas metafísicos que él presentaba como un “nuevo modo de pensar” descubierto por él.

Dühring encontró adeptos, principalmente entre los estudiantes alemanes y también, en parte, entre gente de procedencia obrera, especialmente entre aquellos que, según la expresión de Marx, habían dejado de ser obreros y, convertidos en profesionales de la pluma, “siempre producen no pocas calamidades en la «teoría» y están constantemente dispuestos a adherirse a las confusas cabezas de la llamada casta «científica»”.97

La influencia de Dühring sobre cierta parte de la socialdemocracia alemana la explicaba Marx y Engels por la decadencia política e intelectual de ésta, decadencia que se había iniciado a partir de la unificación con los lassalianos. La poca firmeza teórica, víctimas de la cual cayeron a veces hasta figuras tan eminentes de la socialdemocracia alemana como A. Bebel y W. Licbknecht, ponía en peligro los éxitos del movimiento obrero y daba a Dühring la posibilidad de indigestar las mentes de los obreros. Con sus artículos contra Dühring, publicados en Vorwärts, Engels no dejó piedra sobre piedra del sistema metafísico dühringuiano. Poco después de la aparición de estos artículos, escribía a W. Liebknecht: “Espero que el dühringuismo haya sufrido un descalabro completo y que ahora hayamos acabado con este asunto.”98

Para acabar con Dühring, a Engels le hubieran bastado perfectamente unas cuantas páginas escritas con la maestría polémica que le era propia. Pero, según indica en su prólogo a la primera edición del Anti-Dühring, se propuso aprovechar la crítica a Dühring para hacer una exposición del marxismo en cuestiones que ofrecían un interés científico y práctico más amplio.

Esta tarea la cumplió brillantemente, haciendo una síntesis, desde el punto de vista del materialismo dialéctico, de los avances de las ciencias naturales y sociales de su tiempo. Marx escribía a Bracke el 11 de abril de 1877 que “los hombres de una formación realmente científica pueden aprender mucho en la exposición positiva de Engels...”99

Según señala Lenin, Engels, también después del Anti-Dühring, “continuaba estando al corriente de la nueva filosofía y de los nuevos progresos de las ciencias naturales, continuó insistiendo con igual resolución en sus claras y firmes posiciones, desechando la basura de los nuevos sistemas y sistemillas”.100

En el último tercio del siglo XIX adquirió difusión, principalmente en Alemania, el neokantismo. Otto Liebmann, profesor de filosofía en Jena, lanzó la consigna: “Vuelta a Kant”. Entre los iniciadores de este movimiento [162] reaccionario de vuelta al kantismo estaban F. Lange y H. Cohen. Los neokantianos trataban de restaurar el apriorismo de Kant, y criticando a éste desde la derecha, hacían de su “cosa en sí” –cuya existencia él admitía independientemente de la conciencia– un “concepto límite” y “producto indefinido de nuestro pensamiento”.

Al propio tiempo, en Inglaterra y los países escandinavos se observaba un considerable aumento del interés hacia la filosofía de Hegel; creció también el interés hacia la filosofía de Feuerbach, prueba de lo cual era la aparición de la obra Ludwig Feuerbach, del profesor danés Starcke. Así las cosas, Engels consideró necesario realizar un examen sistemático de la significación de la filosofía alemana clásica, y en particular de las doctrinas filosóficas de Hegel y Feuerbach. Esto era tanto más importante por cuanto los hombres de ciencia burgueses, que expresaban interés hacia la filosofía clásica alemana, adulteraban en muchos aspectos el contenido real de esas doctrinas.

Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, de Engels, apareció primeramente en la revista Neue Zeit, en 1886. En esta obra, junto a una crítica sistemática de Hegel y Feuerbach, Engels expone cardinales problemas del materialismo dialéctico e histórico partiendo de los principales principios teóricos fundamentados por Marx y por él en el período precedente.

Objeto del materialismo dialéctico. Uno de los problemas filosóficos más importantes estudiados por Engels en el período que examinamos es el del objeto del materialismo dialéctico. Refiriéndose a la actitud del materialismo dialéctico frente a la filosofía anterior, Engels indica: “Todo lo que queda en pie de la anterior filosofía, con existencia propia, es la teoría del pensar y de sus leyes: la lógica formal y la dialéctica. Lo demás se disuelve en la ciencia positiva de la naturaleza y de la historia.”101 Ciertos falsificadores de la filosofía del marxismo aducen esto y otras tesis análogas de Engels para afirmar que éste reducía el objeto de la filosofía marxista a la doctrina del pensar.102 Pero todo el mundo sabe que Engels no examinó jamás la dialéctica materialista como la ciencia del pensar y nada más: así era, en esencia, la dialéctica de Hegel, aunque también en este caso hemos de tener presente que en dicho filósofo el pensamiento era considerado como el contenido interno de todo lo existente, y no sólo como el pensamiento humano.

En este caso, Engels enfoca el problema del objeto de la filosofía [163] históricamente y se limita a señalar lo que queda de la “filosofía anterior”, sin poner lo más mínimo en duda la necesidad de la existencia de la filosofía como ciencia de las leyes más generales del mundo objetivo.

En el Anti-Dühring y en otros trabajos, de conformidad completa con las ideas expuestas por Marx, Engels señala que el materialismo dialéctico es la concepción del mundo del proletariado revolucionario, la forma nueva y superior del materialismo, que es la base filosófica del comunismo científico, la ciencia de las leyes universales de desarrollo de la naturaleza, la sociedad y el conocimiento. El materialismo dialéctico es considerado por Marx y Engels como la unidad de la teoría y el método, que es un poderoso instrumento para el conocimiento y la transformación comunista revolucionaria del mundo. Al poner de manifiesto el objeto del materialismo dialéctico, Engels muestra el importante papel que en su definición desempeña la solución materialista del problema fundamental de la filosofía, como es la doctrina del primado de la materia y de la unidad material del mundo, de la cognoscibilidad de éste, etc. Desde este punto de vista, Engels define la dialéctica materialista como la ciencia “de las leyes generales que rigen la dinámica y el desarrollo de la naturaleza, de la sociedad humana y del pensamiento”.103 Las leyes más generales del desarrollo aparecen con caracteres específicos en la naturaleza, en la sociedad y en el conocimiento. La investigación de estas peculiares manifestaciones marca tareas especiales a las partes correspondientes de la filosofía marxista.

Las leyes generales de la naturaleza, la sociedad y el conocimiento, ostentan un carácter objetivo. El conocimiento de las mismas tiene sus peculiaridades cualitativas, que lo diferencian del conocimiento de las leyes específicas de la física, la química y otros procesos objetivos. Pero el conocimiento de las leyes más generales del desarrollo sólo es posible sobre la base de la generalización teórica del resumen de los datos de todas las ciencias restantes, que investigan formas concretas del movimiento y el desarrollo. Esto es lo que diferencia radicalmente al materialismo dialéctico de las anteriores doctrinas filosóficas, que eran enfrentadas a las ciencias concretas en vez de ser una concepción científica del mundo que generalice las conquistas de la ciencia, razón por la cual no podían servirles como método científico general de conocimiento, del pensar. En esto reside una de las expresiones más importantes de la negación crítico-revolucionaria de la anterior filosofía: “He aquí, pues, cómo la filosofía queda, de este modo, “eliminada”, es decir, “se supera en la ”misma medida que se conserva”; se supera, en cuanto a su forma, se conserva, en cuanto a su contenido real.”104

Cuando Marx y Engels creaban la nueva filosofía, estimaban como una tarea primordial la de elaborar la dialéctica materialista, lo cual diferenciaba sustancialmente la concepción materialista marxista del mundo de toda la anterior filosofía materialista. La elaboración de la dialéctica materialista significaba una solución nueva de todos los problemas filosóficos que el materialismo precedente había planteado y resuelto. El cumplimiento [164] de esta tarea guardaba relación directa tanto con la generalización teórica de los datos de las ciencias naturales como con la elaboración de la concepción materialista de la historia.

Dühring reconocía la existencia del mundo material independiente de la conciencia. Sin embargo, al resolver el problema fundamental de la filosofía desde las posiciones del materialismo mecanicista, a consecuencia de su enfoque extremadamente metafísico y conscientemente hostil a la dialéctica respecto de los problemas filosóficos. abandonaba el materialismo en la solución de los problemas de la unidad del mundo. de la materia y el movimiento, del espacio y el tiempo y de la infinitud del universo. Engels no se limita a someter a crítica el modo de plantear Dühring estos problemas filosóficos, sino que proporciona también una solución materialista dialéctica de los mismos, cualitativamente nueva. Esto significaba a la vez un desarrollo ulterior de la dialéctica materialista como ciencia.

El problema de la unidad del mundo. Engels fundamenta la tesis de que la unidad del mundo reside en su materialidad y de que esta última viene demostrada por todo el desarrollo histórico de las ciencias naturales y la filosofía. Tal conclusión la enfrenta a la manifestación de Dühring de que la unidad del mundo reside en su ser. La concepción que Dühring tiene de la unidad del mundo no expresa las posiciones del materialismo. ya que el idealista –que ve la unidad del mundo en el ser de la idea. en el ser de Dios– no se opondrá a ella. La definición propuesta por Dühring es también inaceptable por la manera como enfoca el problema de la unidad del mundo: según él. se trataba de lo que hay de común entre todo género de cosas por diferentes que sean entre sí. Tal planteamiento del problema no podía engendrar nada más que la vacía afirmación de que todo en general –lo mismo la materia que el espíritu– tiene ser, existe.

Otro sentido completamente distinto adquiere el problema de la unidad del mundo si lo examinamos dialécticamente. desde el punto de vista del desarrollo. Bajo tal enfoque, el problema de la unidad del mundo se convierte en el problema de qué son la naturaleza inorgánica, la naturaleza orgánica y la vida social: ¿son mundos específicos, no relacionados entre sí, o forman una unidad? La respuesta materialista dialéctica equivale a admitir que el mundo es un proceso material único y que todos los diversos objetos y fenómenos de él son formas distintas del movimiento de la materia. Los descubrimientos de las ciencias naturales aportan sin cesar nuevas pruebas de la unidad material del mundo. La materialidad del mundo. dice Engels, es demostrada por el avance de las ciencias naturales y la filosofía. Esta indicación del papel de la filosofía en la fundamentación de la materialidad del mundo tiene también el sentido de que las ciencias naturales de por sí, pese a toda su enorme importancia, son insuficientes para la defensa y argumentación del materialismo; se requiere la generalización filosófica de los datos de las ciencias naturales y de la vida social para formular estas conclusiones, que tienen un significado universal y necesario.

El problema de la materia y el movimiento. La concepción materialista dialéctica de la unidad del mundo se basa en el reconocimiento de que la materia y el movimiento son inseparables. [165]

El materialismo anterior a Marx, incluso en los casos en que consideraba el movimiento como forma de existencia de la materia, como un atributo de ésta, era incapaz de explicar la vinculación interna de la materia y el movimiento, puesto que el movimiento era reducido a una sola de sus formas: al movimiento mecánico, Esta visión reducía el movimiento a un mero desplazamiento de los cuerpos en el espacio y, lógicamente, no podía dar una explicación científica de él como estado internamente inherente a la materia. La dialéctica del movimiento y el reposo seguía siendo un enigma insoluble. En ello residía uno de los puntos más vulnerables del materialismo premarxista.

Pero la posición del materialismo se hizo inexpugnable cuando Marx y Engels lo fecundaron con la dialéctica y fundamentaron la visión del mundo como la unidad de formas diversas e infinitas de existencia y movimiento de la materia. El reposo se da únicamente en relación con una u otra forma determinada del movimiento. “Así por ejemplo –explica Engels–, un cuerpo puede descansar mecánicamente sobre la tierra, en equilibrio mecánico; pero eso no le impide, ni mucho menos, participar en los movimientos de la tierra y en los de todo el sistema solar, como tampoco impide a sus partículas físicas más insignificantes efectuar las vibraciones condicionadas por su temperatura ni impide a sus átomos de materia atravesar por un proceso químico. Materia sin movimiento es tan inconcebible como movimiento sin materia.”105 “Esto significa que quien admite la existencia de la materia ha de tomarla como existente en movimiento. Negar –contra todos los datos de la ciencia– el hecho incontrovertible de que la materia se encuentra siempre en movimiento, significa inevitablemente admitir la existencia de una fuerza exterior, trascendente, supuestamente encargada de poner en movimiento la materia; significa pasar a las posiciones del idealismo y de la religión.

Concebir la materia sin movimiento equivale a admitir cierto estado de la materia inmutable y desprovisto absolutamente de cualidad. Así precisamente pensaba Dühring. Pero con tal idea de la materia resulta inexplicable la manera como ésta pudo pasar del estado de reposo e inmutabilidad inicial al estado de movimiento y cambio, por lo cual no quedaba más que una salida: recurrir al denominado “primer impulso”, que había de poner el mundo en movimiento. Ahora bien, la admisión del “primer impulso” no se diferencia en nada de la admisión de una fuerza divina.

Dühring trataba de evadirse de este atolladero idealista recurriendo a la “unidad de la materia y de la fuerza mecánica”, diciendo que durante el estado inicial de inmovilidad, igual a si mismo, la materia estaba cargada de fuerza. “Pero esta idea –indica Engels– es inadmisible, pues trasplanta al universo como absoluto un estado que por su naturaleza es relativo y al que, por tanto, siempre puede hallarse sometida sólo una parte de la materia. Pero, aunque prescindiésemos de esto, siempre quedará en pie la dificultad de saber, primero, cómo hubo de cargarse el mundo... y, segundo, ¿de quién fue el dedo que apretó el gatillo? No vale darle vueltas, bajo la dirección del señor Dühring llegamos siempre [166] al... dedo de la providencia.”106 De todo esto se desprende que no se puede ser un materialista consecuente si no se reconoce el movimiento como algo eternamente inherente a la materia, como la necesaria forma de ser de la materia, según indica Engels, como el modo de su existencia.

El reconocimiento de que el movimiento es inseparable de la materia implica forzosamente el reconocimiento de la existencia objetiva del espacio y el tiempo. El movimiento, el cambio, no puede transcurrir de otro modo que en el espacio y en el tiempo; fuera del espacio y del tiempo, es inconcebible. Por las condiciones de la lucha contra los adversarios de entonces, y ante todo con Dühring, que predicaba el mecanicismo y era un vulgarizador del materialismo, Engels no se dedicó tanto a fundamentar la existencia objetiva del espacio y el tiempo como a poner de relieve su dialéctica y sus nexos con el movimiento, con la materia en movimiento.

El problema del espacio y el tiempo. En el Anti-Dühring se fundamenta la tesis de la unidad del espacio y el tiempo. Engels pone de manifiesto la inconsistencia de las concepciones de Dühring, según las cuales existió cierto estado del universo fuera del tiempo, y por consiguiente, inmutable; el tiempo, afirma Dühring, tiene un comienzo y apareció sólo cuando el mundo se puso en movimiento. El ser fuera del tiempo, dice Engels, es tan inconcebible como el ser fuera del espacio. No es cierta la afirmación de Dühring de que el tiempo existe a consecuencia del cambio; en realidad, los cambios se producen en el tiempo, y éste no depende de los cambios. “Precisamente por ser el tiempo distinto e independiente del cambio, es por lo que se puede medir mediante éste, ya que para medir hace falta siempre un objeto distinto de aquel que se mida.107

El tiempo se halla vinculado al movimiento, puesto que el movimiento, el cambio, tiene lugar en el tiempo. Pero eso no significa la identidad del tiempo y el cambio.

El tiempo en el transcurso del cual no se produce ningún cambio sensible, dice Engels, está muy lejos de no ser tiempo en absoluto, y si hacemos mentalmente abstracción de todas las realidades ligadas a las relaciones de simultaneidad o de falta de simultaneidad, llegaremos al concepto puro del tiempo.

Se entiende que el tiempo y la materia, como tales, no podemos descubrirlos por la vista o por el olfato. Sus conceptos, sin embargo, no son una ficción: se trata de abstracciones científicas que reflejan la realidad. La materia como tal no tiene existencia independiente, separada de las cosas que percibimos mediante los sentidos, de la misma manera que lo general no existe fuera de lo particular. El concepto de materia en general (o de materia en cuanto tal) refleja las propiedades generales, que existen efectivamente, de las cosas. Lo mismo hay que decir del movimiento en cuanto tal y del espacio y el tiempo en cuanto tales.

Al negar el tiempo como condición necesaria del movimiento de la materia, Dühring se deslizaba de hecho hasta la negación idealista de la [167] objetividad del tiempo. Trataba de diluir el concepto del tiempo en la idea general del ser, lo cual, lógicamente, equivalía a abandonar el materialismo, que considera el tiempo como una de las formas objetivas fundamentales de existencia de la materia. Engels demuestra que Dühring había suplantado el problema de la existencia efectiva del tiempo por el problema de los cambios que se operan en su concepto; que trataba, con ayuda de sus razonamientos sobre la mutabilidad del concepto de tiempo, de eludir la respuesta a la pregunta de si el tiempo y el espacio son formas objetivas del ser o formas de la conciencia. Engels escribe: “... A nosotros no nos interesa qué conceptos se transforman en la cabeza del señor Dühring. No se trata del concepto de tiempo, sino del tiempo real, del que al señor Dühring le va a ser un poco difícil desprenderse.”108

La dialéctica del espacio y el tiempo no consiste sólo en su carácter inseparable, sino también en su vinculación indestructible con la materia, en que ellos, según los definía Engels, “son las formas fundamentales de todo ser”. Esto significa que el espacio y el tiempo no son realidades al margen de la materia; no existe el espacio absoluto como un receptáculo en el que se encontrasen dispuestas las cosas; no existe tampoco el tiempo absoluto, independiente de la materia.

Esta concepción materialista dialéctica de la unidad del espacio y el tiempo, inseparables de la materia en movimiento, enunciada por Engels hace tres cuartos de siglo, se ha visto plenamente confirmada por la ciencia contemporánea, y en particular por la teoría de la relatividad de Einstein.

De la circunstancia de que el tiempo y el espacio son formas de existencia de la materia se desprende la tesis de la infinitud del mundo en el tiempo y en el espacio. El mundo no tiene comienzo ni fin, lo mismo en el espacio que en el tiempo. Pero la infinitud se compone de magnitudes finitas. Cada fenómeno tiene principio y fin, es decir, se halla limitado en el tiempo y en el espacio. Ahora bien, el comienzo de uno es a la vez el fin de otro, y este vínculo irrompible de todo comienzo y fin, de los límites y de su superación, había sido revelado ya profundamente por la filosofía anterior a Marx. Pero de aquí se desprende justamente que la tesis de la unidad del mundo (el reconocimiento de la cual va unido íntimamente a la concepción de su infinitud) no es fruto de una conclusión especulativa, sino el resumen de un prolongado desarrollo histórico de las ciencias naturales y de la filosofía. Naturalmente, las ciencias naturales no indican nunca directamente la infinitud del mundo. Así, las cifras con que opera el astrónomo son enormes, pero no dejan de ser magnitudes finitas. A cada nuevo descubrimiento de la astronomía, esas cifras se vuelven más inmensas, pero siempre son finitas. Pero eso, para fundamentar la infinitud del mundo, no basta con los datos de las ciencias naturales solamente: en ayuda nuestra viene el pensamiento filosófico, el análisis lógico de las categorías del ser.

Engels y el problema fundamental de la filosofía. La solución, desde el punto de vista del materialismo dialéctico, de los problemas más importantes de la concepción materialista del mundo (el problema de la unidad del mundo, que reside en su materialidad, el del movimiento, espacio y [168] tiempo, etc) permitió a Engels llegar a la fórmula clásica en que se expresa el problema fundamental de la filosofía y dar a este problema una solución materialista dialéctica consecuente. “El gran problema cardinal de toda la filosofía, especialmente de la moderna –dice Engels– es el problema de la relación entre el pensar y el ser.”109

Los materialistas admiten como lo primario y determinante la materia; los idealistas, la idea, el espíritu. Del hecho de que la unidad del mundo resida en su materialidad no se desprende en modo alguno que no exista nada espiritual. El materialismo admite la realidad de lo espiritual, pero lo deduce de lo material, ve en el pensamiento una propiedad especifica de la materia altamente organizada.

El idealismo considera lo material como algo derivado de lo espiritual; por lo tanto admite, al igual que la religión, la existencia de una fuerza sobrenatural, supramaterial, es decir, Dios. Por eso, no tiene nada de extraño que el idealismo conduzca inevitablemente a la negación de la infinitud de la naturaleza en el tiempo y en el espacio. Inclusive desde el punto de vista de Hegel, la naturaleza es una manifestación limitada, “finita”, de la divina “idea absoluta”.

El problema fundamental de la filosofía, sigue Engels, no se reduce al problema de la primacía del espíritu o de la materia: tiene un segundo aspecto, que es el problema de la cognoscibilidad del mundo. El materialismo defiende consecuentemente la doctrina de que el mundo es cognoscible. El conocimiento lo considera como el reflejo de la realidad material en la conciencia de los hombres. El idealismo rechaza el principio gnoseológico del reflejo hasta en los casos en que admite la cognoscibilidad del mundo. La negación de esta última –agnosticismo y escepticismo– lleva inevitablemente a conclusiones idealistas. Unicamente la solución materia: lista del segundo aspecto del problema fundamental de la filosofía –es decir, el reconocimiento de que las sensaciones, representaciones y conceptos humanos reflejan el mundo exterior, el cual existe independientemente de la conciencia de los hombres– es el punto de partida de la teoría científica del conocimiento, al desarrollar la cual Marx y Engels ponen de relieve la dialéctica del proceso de reflejo.

En cuanto a la marcha del conocimiento, que se realiza en la conciencia del hombre, Engels lo caracteriza como un ascenso de lo individual a lo particular, y de lo particular a lo universal. Este movimiento se opera según las leyes del pensamiento, según las leyes de la lógica formal y de la dialéctica.

Esencia de la lógica dialéctica y de sus categorías. Al caracterizar la dialéctica materialista como un grado cualitativamente nuevo y superior en el desenvolvimiento de la lógica, Engels dice que la lógica dialéctica es respecto de la lógica formal lo que las matemáticas superiores respecto de las elementales. La dialéctica, por tanto, no suprime la lógica formal, de la misma manera que el cálculo diferencial e integral no elimina la aritmética. Lejos de rechazar la lógica formal, Engels le atribuye seria importancia, valorándola como método para la búsqueda de nuevos resultados [169], para el paso de lo conocido a lo desconocido. Al propio tiempo, señala el “estrecho horizonte” de la lógica formal e indica que la lógica dialéctica es un método de conocimiento en un sentido mucho más elevado, que la dialéctica, “rompiendo los estrechos horizontes de la lógica formal, encierra ya el germen de una más amplia concepción del mundo”.110

Engels considera la dialéctica como el tipo superior del pensamiento, inherente al hombre. La marcha del conocimiento de lo individual a lo particular y a lo universal incluye en sí todas las formas lógicas que estudia la lógica formal, pero no se reduce a ellas. La dialéctica no se limita a la clasificación y descripción de las formas de pensamiento; investiga estas formas en su movimiento, transiciones recíprocas, en su desarrollo, desde el punto de vista: del contenido que en ellas se refleja, y descubre la necesaria subordinación entre las mismas. Gracias a esto, la lógica dialéctica permite revelar las leyes fundamentales del proceso del conocimiento teórico, de la investigación científica.

La lógica marxista, dialéctico-materialista, parte del hecho de que el pensamiento teórico se realiza con ayuda de conceptos generales, de categorías, que son resúmenes lógicos y conclusiones del desarrollo histórico del conocimiento de la realidad objetiva. La investigación de las categorías, y en particular de los conceptos filosóficos más generales, es la tarea directa de la lógica dialéctica, la cual considera las categorías como el reflejo de la dialéctica objetiva de la realidad. “Así como la electricidad, el magnetismo, etc., se polarizan, se mueven en antítesis; así ocurre también con los pensamientos. Y tampoco aquí, como allí, es posible retener nada unilateral, cosa en la que no piensa ningún naturalista.”

Las categorías lógicas se hallan subordinadas a la acción de la ley dialéctica de la mutua exclusión y penetración de los contrarios. Estando como están en relación de exclusión recíproca (identidad y diferencia, necesidad y casualidad, causa y efecto, etc.), son tan inseparables que sólo tomadas en su relación mutua tienen determinado sentido; pero cuando se trata de concebirlas aisladamente, estas categorías se convierten en abstracciones metafísicas carentes de contenido. El mundo puede ser concebido únicamente como la unidad de esencia y fenómeno, de finitud e infinitud, de necesidad y casualidad, etc. Todos los fenómenos contienen contrarios que al mismo tiempo se excluyen y se condicionan mutuamente. Justamente en este punto es, ante todo, donde Engels mantiene la lucha contra la inercia del pensamiento metafísico, que vincula a todo fenómeno una cualquiera de las dos determinaciones que se excluyen recíprocamente.

Engels se detiene con más detalle en la dialéctica de la necesidad y la casualidad, puesto que el examen de estas categorías pone de manifiesto con singular relieve la rutina del pensamiento metafísico. La tesis de que el fenómeno es a la vez “necesario y casual” se le figura al metafísico una paradoja, algo “inaudito”. Pero, se comprende, un fenómeno cual. quiera, necesario y casual al mismo tiempo, lo es así en diferentes relaciones. De la misma manera, cualquier fenómeno es a la vez general y particular, causa y efecto, contenido y forma, etc., pero en diferentes [170] relaciones; uno actúa en una relación como general (por ejemplo, la especie respecto del individuo) y en otra como particular (con respecto al género); uno actúa en una relación como causa (por ejemplo, el cambio de las relaciones de producción respecto de la superestructura) y en otro como efecto (lo mismo, el cambio de las relaciones de producción con respecto a las fuerzas productivas), etc. Un mismo fenómeno puede ser, en una y la misma relación, el mismo y otro, pero en momentos distintos. Igual puede decirse de las otras categorías: por ejemplo. la posibilidad de transformar, en condiciones determinadas, una contradicción no antagónica en antagonismo, etc.

Engels pone de manifiesto esta dialéctica de las categorías y escribe: “Dos tendencias filosóficas: la metafísica, con categorías fijas. y la dialéctica (Aristóteles y especialmente Hegel), con categorías fluidas...”112

Explica Engels a continuación que esta movilidad de las categorías reside no sólo en las transformaciones recíprocas de los contrarios polares, sino también en que “toda la lógica se desarrolla siempre a base de estas contradicciones progresivas”113 Esto significa que en la lógica dialéctica las categorías se encuentran en relación de subordinación, de manera que de las formas inferiores del pensamiento se desarrollan las formas superiores, las cuales llevan a un conocimiento cada vez más profundo, del fenómeno a la esencia. “En Hegel –observa Engels–, esto aparece de un modo místico, al considerarse las categorías como preexistentes, mostrándose la dialéctica del mundo real como el simple reflejo de éste. En realidad ocurre al revés: la dialéctica de la mente es simplemente la imagen refleja de las formas de movimiento del mundo real, así en la naturaleza como en la historia.”114

El orden de sucesión de las categorías en la lógica, interpretada con un criterio materialista, refleja el orden de sucesión, objetivamente dado, de los elementos de la concatenación en el mundo objetivo. Todos los vínculos y relaciones se desenvuelven en la lógica de manera determinada y necesaria, porque en la realidad misma todo existe como unidad de la esencia y el fenómeno, de lo interior y lo exterior; los conceptos del primer género se hallan en un plano más profundo, son determinantes y fundamentales. El orden de sucesión de las categorías en la lógica, sus vínculos y transiciones, corresponden al orden de nexos objetivamente dado, se comprende, no en el sentido de sucesión en el tiempo (es decir, no en el sentido de que la esencia existe antes que el fenómeno, etc.), sino en el sentido de lo determinante y lo determinado, de la causa y el efecto, etc.

La ascensión en el pensamiento de una categoría a otra, que refleja la sucesión de los puntos de enlace en la realidad misma, tiene lugar tanto en la mente del sujeto individual cognoscente como en la historia del conocimiento. “El desarrollo de un concepto o relación conceptual (positivo y negativo, causa y efecto, sustancia y accidente) en la historia del pensamiento guarda con respecto a su desarrollo en la mente del dialéctico individual la misma relación que la que existe entre el desarrollo [171] de un organismo en paleontología y su desarrollo en la embriología (o mejor dicho, en la historia y en el embrión concreto). Fue Hegel el primero que descubrió, con respecto a los conceptos, que la cosa es así.”115 Engels reprocha al materialismo precedente, y en particular al materialismo del siglo XVIII, que este último, a consecuencia de su carácter metafísico, investigaba el pensamiento sólo por el lado de su contenido y se limitaba a demostrar que el contenido de todo pensamiento y conocimiento ha de derivar de la experiencia sensible. La teoría del conocimiento del materialismo dialéctico va más allá. Partiendo del carácter universal de las leyes de la dialéctica, como leyes de todo movimiento, valederas igualmente para el movimiento de la naturaleza y la historia humana y para el movimiento del pensamiento, el materialismo dialéctico considera también la forma de este último, viendo en él un proceso sujeto a la acción de las leyes dialécticas objetivas.

Las categorías de la lógica dialéctica son objetivamente necesarias para el pensamiento teórico, por cuanto éste va dirigido a la investigación de los complejos y contradictorios procesos de desarrollo que se operan en la realidad material y se reflejan en la conciencia. Lo mismo que todas las formas del pensamiento, las categorías de la lógica dialéctica se hallan íntimamente unidas a la práctica humana.

“Hasta ahora, tanto las ciencias naturales como la filosofía han desdeñado completamente la influencia que la actividad del hombre ejerce sobre su pensamiento y conocen solamente, de una parle, la naturaleza y de la otra el pensamiento. Pero el fundamento más esencial y más próximo del pensamiento humano es, precisamente, la transformación de la naturaleza por el hombre, y no la naturaleza por sí sola, la naturaleza en cuanto tal, y la inteligencia humana ha ido creciendo en la misma proporción en que el hombre iba aprendiendo a transformar la naturaleza.”116 Precisamente sobre la base de la práctica humana, de la actividad transformadora y creadora de los hombres, surgieron, por ejemplo, categorías del pensamiento tales como las de “casualidad”, necesidad”, etc.

La idea de la concatenación casual de los fenómenos no habría podido nacer por la contemplación pura y la simple observación empírica; la observación empírica, de por sí, lo único que puede engendrar es la idea de la sucesión de unos fenómenos tras otros, pero no la idea de su relación de causa y efecto. Sólo la actividad práctica, que da vida a determinados fenómenos partiendo de los objetos y condiciones existentes, engendró la idea de la casualidad. Lo mismo puede decirse de la necesidad. Engels escribe acerca de esto: “ El empirismo de la observación, por sí solo, no puede nunca ser una prueba suficiente de la necesidad. Post hoc, pero no propter hoc. (Enciclopedia. I, pág. 84).117 Hasta tal punto es esto cierto, que del constante espectáculo de la salida del sol, en la aurora, no se deriva el que necesariamente vuelva a alumbrar al día siguiente, y ya hoy sabemos, en realidad, que llegará el momento en que el sol, un día, no saldrá. La prueba de la necesidad radica en el experimento [172], en el trabajo: si puedo hacer yo el post hoc, entonces sí será idéntico al propter hoc.”118

Esta tesis de Engels señala la importancia decisiva de la práctica en la aparición y desarrollo de las formas lógicas con ayuda de las cuales el pensamiento refleja lo que es esencial y general en la realidad objetiva. Ciertamente, la relación de causa-efecto, la necesidad, etc., existen en la propia realidad objetiva, pero el reflejo de las mismas en forma de categorías lógicas es posible únicamente gracias a la práctica, que reproduce estas relaciones existentes en la realidad objetiva. poniendo de manifiesto su carácter objetivo. Esto no lo comprendían de ordinario ni siquiera los naturalistas de mentalidad materialista, que reconocían la objetividad de la causalidad, de la necesidad, de las leyes, etc. En cuanto a los idealistas empíricos, silenciaban el problema del papel de la práctica en el conocimiento y afirmaban que todas estas categorías lógicas son subjetivas. ya que no pueden ser demostradas por la simple observación empírica. Este ejemplo revela claramente la importancia del pensamiento dialéctico para los naturalistas; éstos, sin una dialéctica materialista, no pueden en esencia oponerse al empirismo y al agnosticismo idealista. “A esa conciencia –indica Engels puede llegarse obligado por los hechos que las ciencias naturales acumulan; pero es más fácil remontarse a ella aplicando al carácter dialéctico de estos hechos la conciencia de las leyes del pensamiento dialéctico.”119

De aquí se desprende, en particular, la conclusión de que una de las condiciones esenciales para el progreso en el conocimiento es la unidad del conocimiento experimental y el teórico, la unidad de las ciencias naturales y la filosofía.

En sus conclusiones más generales, las ciencias de la naturaleza no pueden prescindir de la filosofía, siquiera sea porque estas conclusiones más generales son. en esencia, tesis filosóficas. Y como “el naturalista de hoy se ve empujado –quiéralo o no– a establecer deducciones teóricas generales”,120 han de valerse, por consiguiente, de las categorías lógicas, de los conceptos filosóficos básicos, hasta en los casos en que se manifiestan contrarios a la filosofía. “Pónganse como quieran, los naturalistas se hallan siempre bajo el influjo de la filosofía. Lo que se trata de saber es si quieren dejarse influir por una filosofía mala y en boga o por una forma del pensamiento teórico basada en el conocimiento de la historia del pensamiento y de sus conquistas.”121

El pensamiento teórico, dice Engels, es una propiedad innata únicamente en forma de capacidad, y esta capacidad ha de ser desarrollada y perfeccionada. El arte de operar con los conceptos exige un pensamiento real, que tiene tras de sí una historia tan larga como las ciencias naturales empíricas. Sólo “porque van aprendiendo a asimilarse los resultados de dos y medio milenios de evolución filosófica, es por lo que están desprendiéndose, por una parte, de toda esa presunta filosofía específica de la [173] naturaleza, extraña y superior a ellas, y por otra, también del mezquino método especulativo heredado del empirismo inglés”.122

El problema de la verdad. Afirmaba Dühring que “las auténticas verdades son absolutamente inmutables”, de tal suerte que algo es o bien “verdad en última instancia” o bien es “error”. En estas palabras aparecía la negación, propia de los sistemas metafísicos, del hecho incontrovertible de que la verdad es un proceso, y no algo dado de una vez para siempre e inmutable.

Apoyándose en el análisis del proceso de desarrollo del conocimiento humano, Engels hace ver cómo la ciencia y la práctica, que proporcionan datos cada vez más completos y profundos acerca de la realidad, destruyen las ilusiones metafísicas e idealistas acerca de la “verdad definitiva en última instancia” y prueban la infinitud del conocimiento, que no tiene límite alguno.

En el Anti-Dühring queda revelada profundamente la naturaleza dialéctica del conocimiento. Este es ilimitado y, al mismo tiempo, limitado: no es soberano y es limitado en cada etapa histórica de su desarrollo, pero es ilimitado por su naturaleza, su misión y sus posibilidades.

Engels muestra la naturaleza de clase de los razonamientos de Dühring acerca de la “verdad en última instancia” y aclara que eran necesarios a su autor y a otros ideólogos burgueses al objeto de perpetuar la moral burguesa y el régimen capitalista en forma de “verdades eternas” y de principios “eternos” de la vida humana.

¿Significa, esto que el materialismo dialéctico niega la existencia de lo absoluto y permanente en los conocimientos humanos, en la ciencia? De ninguna manera. Los metafísicos abren un abismo entre lo finito y lo infinito, entre lo individual y lo general. En oposición a la metafísica, el materialismo dialéctico enseña que a la vez que conocemos lo finito y perecedero, conocemos también lo infinito y eterno.

El conocimiento es ejercido siempre por individuos finitos, que reflejan el mundo circundante con ayuda de los órganos de los sentidos y del cerebro. A la esfera del conocimiento acuden siempre unos u otros objetos, fenómenos y procesos finitos. De este modo, el conocimiento se ejerce como conocimiento de objetos finitos. Al mismo tiempo, el conocimiento humano capta la infinitud y representa él mismo un proceso infinito. “Así como –escribe Engels– la infinitud de la materia cognoscible se halla integrada por una serie de finitudes, la infinitud del pensamiento que conoce de un modo absoluto se halla formada también por un número infinito de mentes humanas finitas...”123 El individuo concreto encuentra siempre un determinado estado de la sociedad, determinadas nociones e ideas que son resultado de la actividad cognoscitiva de otros hombres. Esto se refiere también a cada una de las generaciones subsiguientes: no sólo heredan las fuerzas productivas creadas por las generaciones anteriores, sino que también, en su labor cognoscitiva, descansan sobre los “hombros” de esas generaciones anteriores, se apoyan en el bagaje intelectual reunido por ellas. [174]

El conocimiento es ejercido por un número infinito de cabezas humanas finitas “que –como dice Engels– laboran conjunta o sucesivamente por alcanzar este conocimiento infinito...”124 El materialismo dialéctico, que rechaza la oposición metafísica de lo absoluto y lo relativo, muestra la vía del conocimiento que da la verdad absoluta en el sentido dialéctico concreto de la palabra.

Leyes fundamentales de la dialéctica. La dialéctica es, según la define Engels, la ciencia de las leyes más generales del movimiento y el desarrollo de la naturaleza, la historia y el pensamiento humano, la ciencia de la concatenación universal y de las leyes universales del movimiento; “concibe las cosas y sus imágenes conceptuales, esencialmente, en sus conexiones, en su concatenación, en su dinámica, en su proceso de génesis y caducidad...”125

Engels formuló las tres leyes fundamentales de la dialéctica: la ley del tránsito de la cantidad a cualidad, y viceversa, la ley de la penetración recíproca de los contrarios (unidad y lucha de los contrarios) y la ley de la negación de la negación.

La esencia de la ley del tránsito de la cantidad a cualidad, y viceversa. consiste en que los cambios cualitativos se pueden producir únicamente como resultado de cambios cuantitativos, con la particularidad de que los primeros, a diferencia de los segundos, se distinguen no por la continuidad y gradualidad, sino por operarse en forma de saltos.

Pero ¿qué es la cualidad? Existen, dice Engels, no cualidades por sí mismas, sino únicamente cosas que poseen cualidades, cualidades en un número infinito. Cosas distintas poseen cualidades comunes: de género, de especie, etc. Las cualidades genéricas, que son comunes para todas sus especies, son especificas con relación a otros géneros. Las cualidades de la especie, que son comunes para todas las cosas pertenecientes a una especie dada, son específicas respecto de otras especies. Y cosas distintas de una misma especie poseen sus cualidades propias. Todo esto significa que la determinación del género, la especie y el individuo viene dada por sus cualidades, que la cualidad es una determinación objetiva vinculada a la existencia misma de la cosa. Cada cosa, en posesión de un número infinito de cualidades que la ligan a la especie, al género y a todo el mundo de las cosas, tiene su característica cualitativa específica, su cualidad; al perder esta cualidad, deja de existir como una cosa dada y se convierte en otra. Y la desaparición de la cualidad dada es consecuencia de cambios cuantitativos que rebasaron los límites para ellos definidos.

Engels muestra la acción de esta ley en el campo de los fenómenos de la naturaleza y la sociedad. Señala, por ejemplo, el hecho de que la cooperación de muchas personas, la fusión en un todo único de muchas fuerzas sueltas, crea una fuerza nueva que se diferencia sustancialmente del conjunto de las fuerzas que la componen. Este mismo ejemplo muestra palmariamente que no sólo la cantidad se trueca en cualidad, sino que la aparición de una cualidad nueva trae consigo el cambio de la cantidad, pues la fuerza cualitativamente nueva que surge aquí es, al mismo tiempo, [175] una fuerza cuantitativamente acrecida. Así, cualquier ejemplo demostrativo del tránsito de los cambios cuantitativos a cualitativos muestra siempre el tránsito inverso de cualidad a cantidad.

El examen de la ley del tránsito de la cantidad a cualidad plantea ya el problema de la relación y, en particular, de la transformación recíproca de los contrarios, que en este caso son la cantidad y la cualidad. Sin embargo, la unidad y lucha de los contrarios no caracteriza sólo y únicamente las relaciones cuantitativo-cualitativas, la “medida”, como decía Hegel (concepto que Engels acepta), sino también todos los procesos de la naturaleza, la sociedad y el pensamiento. En todos los procesos hay aspectos contrarios que se condicionan y, a la vez, se niegan mutuamente.

Dühring calificaba de “absurdo” las contradicciones internas inherentes a los objetos y fenómenos, negando así su existencia objetiva. Al refutarlo, Engels muestra que las contradicciones tienen un carácter universal. Ya el simple desplazamiento mecánico puede tener lugar únicamente en virtud de que el cuerpo que se mueve puede estar, en un mismo instante de tiempo, en un lugar y, a la vez, en otro; en virtud de que se encuentra y no se encuentra en un mismo sitio. En la actividad vital de los seres vivos, la contradicción interna del desarrollo halla su expresión en el hecho de que “un ser es al mismo tiempo, en el mismo instante, el que es y otro”,126 a consecuencia del incesante proceso de metabolismo, de asimilación y desasimilación.

“Mientras consideramos las cosas como estáticas e inertes, cada una de por sí, una al lado y después de la otra y sucesivamente, no descubrimos en ellas ninguna contradicción. Nos encontraremos con determinadas propiedades, en parte comunes, en parte diferentes y hasta contradictorias entre sí, pero que, en este caso, no albergan ninguna contradicción, por estar distribuidas entre objetos diversos.”127

Pero la cuestión cambia por completo cuando investigamos las cosas en su aparición y desaparición, en sus transformaciones y transiciones, en su movimiento y cambio. Aquí, ya en los primeros fenómenos aparecen las contradicciones. Aquí tenemos que ver con relaciones más complejas.

La dialéctica materialista presupone el descubrimiento de las contradicciones en la esencia misma de los objetos. sta tesis la defendió Engels al combatir la afirmación de Dühring de que el antagonismo de las fuerzas externas es la forma fundamental del ser, al combatir la apriorística “esquemática del mundo” de Dühring. Frente a esto, Engels señala que no toda contradicción es antagonismo; si bien los contrarios se excluyen uno a otro, al mismo tiempo se reproducen uno por medio del otro. Por ejemplo, en el metabolismo, la asimilación y la desasimilación, que son procesos de signo opuesto, se condicionan mutuamente, de tal manera que cada uno de ellos reproduce su contrario. El antagonismo, en cambio, es la exclusión recíproca de intereses, en la que uno de los contrarios se reproduce unilateralmente a expensas del otro. Tal es justamente la relación entre la burguesía y el proletariado, en que una de las partes (la burguesía) se enriquece constantemente, mientras que el proletariado, en las [176] condiciones propias del capitalismo, experimenta una depauperación absoluta y relativa.

Engels, lo mismo que Marx, presta también gran atención a la exposición de la ley de la negación de la negación. La universalidad de esta ley dialéctica la ilustra con numerosos ejemplos tomados de las matemáticas. la física. la botánica, la zoología y la historia de la humanidad, incluida la historia de la filosofía. Así, en la historia de la humanidad, la propiedad social, existente en un principio en todos los pueblos, posteriormente, por el desarrollo de las fuerzas productivas, se vio reemplazada por la propiedad privada sobre los medios de producción. Sin embargo, el desarrollo ulterior de las fuerzas productivas conduce inevitablemente a la negación de la propiedad privada, y por tanto lleva a la propiedad social, socialista, que se desarrolla sobre una base cualitativamente nueva, como forma superior de las relaciones de producción que corresponde a las fuerzas productivas, más desarrolladas, de la sociedad. Es una negación de la negación que revela claramente el complejo y contradictorio camino de desarrollo de la sociedad, el cual comprende, como aspecto necesario, la repetición de algunos rasgos del pasado, pero en una forma cualitativamente modificada. Engels muestra la vinculación dialéctica que hay entre la negación de lo viejo y la afirmación de lo nuevo en el proceso de desarrollo.

La ley de la negación de la negación. que rechaza la concepción metafísica del desarrollo como simple repetición del camino recorrido, toma plenamente en consideración el hecho de la reiterabilidad como aspecto necesario del desarrollo. A este respecto hay que tener en cuenta que las formas en que se produce la negación de la negación son diversas y dependen del carácter concreto del proceso dado. En el ejemplo del grano de cebada. señala Engels, nos encontramos con una forma sencilla, en la que la raíz es negada por la planta y la planta por el fruto. En cambio. en el ejemplo, supongamos, de desarrollo del régimen de la comunidad primitiva al comunismo, la negación de la tesis inicial y la negación de la negación son procesos que atraviesan por fases y transformaciones intermedias. Y como la negación es un proceso y todo proceso tiene sus fases, no es correcto examinar cada una de esas fases o grados intermedios como negación de la negación. La propiedad privada sobre los medios de producción –negación de la inicial propiedad en común– ha experimentado en su desarrollo una serie de transformaciones, desde la esclavista hasta la capitalista inclusive, de manera que sería erróneo considerar la transformación del esclavismo en feudalismo, o del feudalismo en capitalismo, como negación de la negación.

Engels subraya que el carácter de la negación, lo mismo que las peculiaridades de la “cancelación” de la negación; son infinitamente variadas en virtud de la diversidad natural de los procesos de la naturaleza y de la sociedad. Sería por eso absurdo imaginarnos esta y las otras leyes de la dialéctica como un esquema abstracto e inapelable al que se “subordinan” los fenómenos. Lo esencial no es la forma externa de esta ley de la dialéctica (la “tríada”), sino su esencia, es decir, el carácter progresivo del proceso de desarrollo, que incluye en sí tanto la negación como la “cancelación” de la negación. [177]

La ley de la negación de la negación tiene, como las demás leyes de la dialéctica, una formidable importancia metodológica para el conocimiento y la previsión. Esto no significa, sin embargo, que con ayuda de esta ley se pueda deducir el futuro. Dühring calumniaba al marxismo al decir que éste demuestra el carácter inevitable del comunismo con ayuda de la tesis de la negación de la negación. Lo cierto es que la negación de la negación no cumple ningún papel de prueba. La tesis de la negación de la negación es confirmada ella misma por las conclusiones a que el comunismo científico llegó como consecuencia de las leyes del desarrollo social descubiertas por Marx y Engels. El centro de gravedad de la argumentación de Engels es que el marxismo describe el proceso histórico sobre la base del estudio de los hechos y del conocimiento de las leyes de la realidad, y en modo alguno partiendo del principio del “desarrollo en forma de tríada”.

Las leyes de la dialéctica tienen carácter universal, y en calidad de tales se diferencian de las leyes particulares, que existen y rigen sólo dentro de determinados límites. Pero como lo general no existe fuera de lo particular, así las leyes universales de la dialéctica no existen fuera de las formas concretas y determinadas en que se manifiestan. Si en la ciencia se realizan nuevos descubrimientos de formas de movimiento antes no conocidas, estos descubrimientos confirman la dialéctica y, a la vez, contribuyen a su ulterior desarrollo, a la revelación de nuevas formas de la misma. Refiriéndose a la tesis según la cual cualquier forma de movimiento se transforma, en condiciones determinadas para cada caso concreto, en cualquier otra forma de movimiento, Engels escribe: “Bajo esta forma de juicio (juicio universal. N. del Trad.), cobra la ley su expresión más alta. Nuevos descubrimientos pueden aportar nuevas ilustraciones de ella, enriquecer su contenido. Pero ya no podremos añadir nada nuevo a la ley misma, tal y como ha sido formulada. La ley, en su universalidad, universal por su forma lo mismo que por su contenido, ya no es susceptible de ampliación: es ya una ley natural absoluta.”128

Esto se refiere también a las leyes fundamentales de la dialéctica, que son una síntesis teórica de los procesos que en su desarrollo atraviesan la naturaleza, la sociedad y el conocimiento humano. Engels llevó a cabo genialmente la tarea que se había marcado: encontrar las leyes dialécticas en la naturaleza misma, en la realidad misma, y deducirlas de ella.

“La naturaleza –escribía Engels– es la piedra de toque de la dialéctica, y debemos señalar que las modernas ciencias naturales nos brindan como prueba de esto un acervo de datos extraordinariamente copiosos y enriquecido cada día que pasa. demostrando con ello que en la naturaleza, en última instancia, todo sucede de modo dialéctico y no metafísicamente...”129

La importancia de los trabajos de Engels en cuanto a la fundamentación y desarrollo de la concepción marxista del mundo es excepcional. Se trata de obras que fueron y siguen siendo hoy día un valiosísimo manantial para la formación de las concepciones comunistas de todos los [178] combatientes revolucionarios por la causa de la clase obrera, de todos los trabajadores.




{95} V. I. Lenin, Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo. Obras completas, t. XIX, ed. rusa, pág. 4. (Trad. esp. en Obras escogidas, en dos tomos, t. I, página 66, Moscú, 1948.)

{96} F. Mehring, Historia de la socialdemocracia alemana, t. 4, Moscú, 1921, página 131.

{97} C. Marx y F. Engels, Cartas escogidas, ed. rusa, pág. 313.

{98} C. Marx y F. Engels, Obras completas, ed. rusa, t. XXVI, Leningrado, 1935, pág. 472.

{99} Ibídem, pág. 459.

{100} V. I. Lenin, Materialismo y empiriocriticismo. Ed. Pueblos Unidos, Montevideo, 1959, pág. 378.

{101} F. Engels, Anti-Dühring, ed. cit., pág. 35.

{102} Otros “críticos” del marxismo interpretan las manifestaciones de Engels contra la transformación de la filosofía en una “ciencia de las ciencias” en sentido positivista y sostienen que en el Anti-Dühring negaba la filosofía en general. Identificando así el marxismo con el positivismo, el filósofo católico H. Chambre escribe: “Esta transformación del marxismo en positivismo se hizo fatal en el momento en que Engels llevó las concepciones de Marx hasta las conocidas tesis enunciadas por él en el Anti-Dühring...” (Henri Chambre, Le marxisme en Union Soviétique, París, 1955, pág. 352). A esta misma conclusión, que tiende a falsificar el marxismo, llega el antimarxista de Alemania Occidental M. Lange, quien atribuye a Engels la defensa de una posición filosófica “afín al positivismo” (Max G. Lange, Marxismus-Leninismus-Stalinismus. Stuttgart, 1955, S. 80). Todas estas afirmaciones de los enemigos del materialismo dialéctico no tienen nada de común con la realidad y se ven desmentidas por el contenido entero de las obras de Engels.

{103} F. Engels, Anti-Dühring, ed. cit., pág. 171.

{104} Ibídem, pág. 168.

{105} F. Engels, Anti-Duhring, ed. cit., pág. 77.

{106} F. Engels, Anti-Dühring, ed. cit., pág. 78.

{107} Ibídem, pág. 68.

{108} F. Engels, Anti-Dühring, ed. cit., pág. 67.

{109} F. Engels, Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana. C. Marx y F. Engels, Obras escogidas, en dos tomos, ed. esp, t. II, Moscú, 1952, pág. 343.

{110} F. Engels, Anti-Dühring, ed. cit., pág. 163.

{111} F. Engels, Dialéctica de la naturaleza, pág. 180.

{112} F. Engels, Dialéctica de la naturaleza, pág. 171.

{113} Ibídem.

{114} Ibídem, págs. 171-172.

{115} F. Engels, Dialéctica de la naturaleza, pág. 188.

{116} Ibídem, pág. 196.

{117} Se refiere a la Enciclopedia de las ciencias filosóficas de Hegel. N. de la Red.

{118} F. Engels, Dialéctica de la naturaleza, págs. 194-195.

{119} F. Engels, Anti-Dühring, ed. cit., pág. 19-20.

{120} F. Engels, Dialéctica de la naturaleza, pág. 23.

{121} Ibídem, pág. 177.

{122} F. Engels, Anti-Dühring, ed. cit., pág. 20.

{123} F. Engels, Dialéctica de la naturaleza, pág. 199.

{124} F. Engels, Dialéctica de la naturaleza, pág. 199.

{125} F. Engels, Anti-Dühring, ed. cit., pág. 32.

{126} F. Engels, Anti-Dühring, ed. cit., pág. 147.

{127} Ibídem, pág. 146.

{128} F. Engels, Dialéctica de la naturaleza, pág. 191.

{129} F. Engels, Anti-Dühring, ed. cit., págs. 32-33.