Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSS
Tomo 3 ❦ Capítulo III
Desarrollo por Marx y Engels del materialismo dialéctico e histórico en el periodo que sigue a la Comuna de París (1871-1895)
El mayor acontecimiento revolucionario histórico-universal en la segunda mitad del siglo XIX es la Comuna de París de 1871, cuando los obreros de la ciudad se levantaron contra la burguesía contrarrevolucionaria, cuya traición nacional había sido la causa primera de la derrota de Francia en la guerra con Prusia.
Los comuneros de París derribaron la dominación política de la burguesía y, por primera vez en la historia universal, establecieron la dictadura de la clase obrera, la necesidad de la cual habían demostrado científicamente Marx y Engels.
La Comuna de París surgió en unas condiciones históricas desfavorables. Parte considerable de Francia se hallaba ocupada por las tropas prusianas. En París no existía un partido proletario, comunista, el único capaz de ponerse a la cabeza de la clase obrera, de apoyar su iniciativa histórica y de impedir los serios errores políticos cometidos por los proudhonistas de izquierda y los blanquistas que se encontraban al frente de la Comuna.
Y con todo y con ello, a pesar de estos errores y del oportunismo de sus dirigentes políticos, los comuneros de París, durante los 72 días que se mantuvieron en el poder, aplicaron una serie de importantes medidas políticas de transición, cuya necesidad había sido señalada en el Manifiesto del Partido Comunista.
En vísperas del levantamiento, Marx y Engels indicaron que era prematuro. Pero cuando la insurrección comenzó, los fundadores del marxismo, en nombre de la Primera Internacional, saludaron calurosamente la histórica iniciativa de los heroicos comuneros. Bajo la dirección de Marx y Engels, el Consejo General de la I Internacional organizó todo género de ayudas a la Comuna.
En sus cartas a los dirigentes de la Comuna, Marx y Engels señalaban la necesidad de decididas operaciones militares ofensivas contra la camarilla contrarrevolucionaria refugiada en Versalles, la cual, con ayuda de las tropas prusianas, preparaba una expedición de castigo contra la revolución proletaria.
Los fundadores del marxismo recomendaban a la Comuna la nacionalización del Banco de Francia. Lamentablemente, estas importantísimas recomendaciones [122] no fueron aceptadas por los líderes de la Comuna, y ello aceleró su derrota.
En su obra La guerra civil en Francia, C. Marx hace un genial balance de la experiencia histórica de la Comuna y llega a nuevas y trascendentales conclusiones para las que la experiencia de 18148 no le daba base todavía. La principal de ellas es la necesidad de crear la forma estatal especifica de la dictadura del proletariado, prototipo de la cual era la Comuna de París. Es insuficiente, indicaba Marx, romper y destruir el aparato burocrático-militar del Estado burgués: es necesario crear un aparato estatal nuevo, que se diferencie cualitativamente de él, que corresponda a la naturaleza de clase y a las tareas de la revolución proletaria.
Con la Comuna de París termina la época histórica que Lenin denominaba “período de tempestades y revoluciones” en Europa Occidental. Se trataba, naturalmente, de la culminación del período de las revoluciones burguesas, pues la Comuna, que asestó un serio golpe al capitalismo, significaba ya el comienzo de una época nueva en la historia de Europa.
El nuevo periodo histórico que se inicia después de la Comuna de París se distingue del anterior por su carácter relativamente “pacífico”: Occidente había dado fin a las revoluciones burguesas y Oriente no había llegado aún a ellas.
En este período comienza a revelarse, cada vez más netamente, la acción del desarrollo desigual, a saltos, de los países capitalistas. En los años 70 a 90, Inglaterra pierde su especial posición de “taller del mundo”; la alcanzan y la dejan muy atrás los Estados Unidos y Alemania. Francia, que en 1860 se hallaba por el volumen de su producción social en el segundo lugar, a fines de siglo es desplazada al cuarto. Alemania se _industrializa rápidamente, en particular a expensas de Ja formidable contribución impuesta a la Francia vencida en la guerra de 1870-1871.
Rusia entra también después de la reforma en la vía de un intenso desarrollo capitalista. “A partir de 1861 –escribía Engels a N. F. Danielsón el 15 de marzo de 1892–, en Rusia comienza el desarrollo de la industria moderna en escala digna de un gran pueblo.”1
A pesar de los intentos de los ideólogos y políticos de la burguesía por ocultar las contradicciones de la sociedad capitalista, éstas ponen cada vez más de manifiesto su naturaleza antagónica.
El rápido incremento de la producción es sustituido por prolongadas crisis, más y más agudas. “El período de prosperidad –escribía Engels a A. Bebel el 10 de mayo de 1883– no alcanza ya su completo desarrollo...”2 La grave crisis económica iniciada en 1873 se prolongó, con el periodo de depresión, hasta 1880. Poco después, Europa se veía hundida de nuevo en el cenagal de la crisis económica. que estalló en 1882. Tras un breve ascenso de la producción en 1889, sigue la depresión de 18921895. El desarrollo de las contradicciones antagónicas del capitalismo quebranta las bases del modo burgués de producción; la época del ascenso “industrial es, al mismo tiempo, el comienzo de la descomposición del sistema capitalista en los países capitalistas más desarrollados. [123]
A fines del siglo XIX termina el reparto del mundo entre las rapaces potencias imperialistas más importantes; de la competencia libre surge el monopolio y aparece la oligarquía financiera. Se hacen cada vez más netos los indicios de la putrefacción del sistema capitalista, se ahondan las contradicciones entre los países “civilizados” y las colonias esclavizadas y los países dependientes, a la vez que se agudizan las contradicciones entre los propios países capitalistas. Estas contradicciones exacerban todavía más el creciente antagonismo entre el trabajo y el capital.
Los rápidos avances de la gran industria traen consigo un considerable aumento de los efectivos del proletariado en todos los países europeos y en los Estados Unidos.
El período iniciado después de la Comuna de París, de transformación gradual del capitalismo “libre”, es decir, premonopolista, en imperialismo, era también un período de crecimiento del movimiento obrero y de creación de partidos obreros de masas.
“En todas partes van formándose partidos socialistas, de base proletaria, que aprenden a utilizar el parlamentarismo burgués, a crear su prensa diaria, sus instituciones culturales, sus sindicatos, sus cooperativas. La doctrina de Marx obtiene un triunfo completo y se va extendiendo. Lenta pero inflexiblemente avanza el proceso de reclutamiento y concentración de las fuerzas del proletariado, de su preparación para las futuras batallas.”3
En Francia, el periódico L'Egalité (La Igualdad), fundado por Guesde en 1877, propugnaba la lucha irreconciliable del proletariado contra el capital y explicaba el carácter inevitable" de la revolución proletaria. A iniciativa de Guesde y sus partidarios se reunió en 1879, en Marsella, un congreso obrero que dio principio a la existencia del Partido Obrero en Francia, el cual se constituyó orgánicamente en 1880. Ese mismo año, sus jefes, Guesde y Lafargue, publicaban el programa del Partido Obrero, en la redacción del cual habían tomado parte directa Marx y Engels.
En Alemania, el Partido Socialdemócrata (los eisenachistas), dirigido por W. Liebknecht y A. Bebel, adquiere gran prestigio entre los obreros. Durante la guerra franco-prusiana, Liebknecht y Bebel, en su calidad de diputados del Reichstag alemán, ocuparon una correcta posición internacionalista, al negarse a votar los créditos militares para el ejército prusiano. Este acto revolucionario, así como el abierto apoyo de Liebknecht y Bebel a la heroica Comuna de París (lo que les valió una condena de prisión), granjearon a los líderes eisenachianos una merecida popularidad entre la clase obrera. En las elecciones de 1874 al Reichstag, el Partido Socialdemócrata de Alemania consiguió nueve puestos. Su prestigio creció sin cesar.
Al mismo tiempo, W. Licbknecht, A. Bebel y otros dirigentes eisenachianos adoptaban a veces una actitud conciliadora hacia las influencias oportunistas. En el congreso de unificación de eisenachianos y lassalianos, celebrado en Gotha en 1875, los primeros aceptaron un programa inspirado por las ideas oportunistas de Lassalle. Marx y Engels pusieron en [124] guardia a los eisenachianos contra la prematura unificación con los lassalianos y exigieron el reconocimiento previo por estos últimos del socialismo científico. En su fundamental trabajo Crítica del programa de Gotha, Marx, sin limitarse a exponer los fallos de este programa oportunista, desarrolla con un espíritu creador su doctrina sobre la dictadura del proletariado, el socialismo y el comunismo. Pero los dirigentes de la socialdemocracia alemana no sacaron las necesarias conclusiones de esta notable obra de C. Marx.
En 1878, el Reichstag alemán adopta la “ley de excepción” contra los socialistas, colocando al partido proletario fuera de la ley. Guiándose por las indicaciones de Marx y Engels, el partido pasó a la clandestinidad. Durante doce años robusteció sus prohibidas organizaciones y utilizó la tribuna parlamentaria y las organizaciones obreras independientes del partido para mantener sus vínculos con las masas proletarias. La influencia del partido entre las masas obreras fue en aumento. En 1890 votaban por los socialdemócratas un millón y medio de electores, lo que trajo consigo la abolición de la “ley de excepción” y la dimisión de Bismarck. Engels, en una carta a S. Dell' Avalles, de septiembre de 1894, escribía a este propósito: “En Alemania, Bismarck ha mantenido fuera de la ley durante doce años a los socialistas. pero los socialistas han pisoteado la ley de excepción. han expulsado a Bismarck y ahora son el partido más fuerte del imperio.”4
El cambio radical de las condiciones de trabajo del partido al ser legalizado éste, hizo que se extendiera aún más la influencia socialdemócrata. Al propio tiempo, eso encerraba el peligro de una inclinación desmedida hacia las formas legales de lucha, peligro que los líderes de los socialdemócratas alemanes no tenían suficientemente en cuenta a pesar de la demoledora crítica que Marx y Engels habían hecho a su. debido tiempo del “cretinismo parlamentario”.
El programa de Erfurt de la socialdemocracia alemana era un paso adelante en relación con el programa de Gotha, sin que se viera, sin embargo, libre de errores oportunistas: silenciaba la necesidad del derrocamiento revolucionario del Estado explotador, la necesidad de la dictadura del proletariado. Las indicaciones de Engels acerca de estos errores no “fueron aceptadas de hecho por los líderes de la socialdemocracia alemana.
En Inglaterra, como consecuencia de las décadas de monopolio del capitalismo británico en el mercado mundial, el movimiento obrero estuvo largo tiempo bajo la influencia directa de la política burguesa. La forma principal del movimiento obrero eran allí los sindicatos, las trade-unions, que se limitaban a la lucha económica y eran ajenos a la concepción marxista revolucionaria de las tareas de clase del proletariado. Sólo la pérdida gradual de la hegemonía mundial por el capitalismo inglés contribuyó al renacimiento de las tradiciones revolucionarias en el seno del movimiento obrero de Inglaterra.
A partir de 1880, entre los obreros ingleses se incrementa la influencia de las ideas socialistas. En 1884 se constituye la Federación Social-demócrata [125], a la cabeza de la cual se coloca Hyndman, que se había declarado seguidor de Marx. Mas la línea oportunista de Hyndman, la sectaria negativa de sus adeptos a un trabajo consecuente en las trade-unions y el bloque electoral sin principios con los conservadores hizo que ese mismo años de 1884. la Federación se escindiera. La Liga Socialista, que surge a continuación, es también incapaz de defender los principios marxistas en el movimiento obrero y se desliza hasta el anarquismo. A fines de los años 80 se hacen en Inglaterra más frecuentes y adquieren un carácter más masivo las huelgas, se organizan los sindicatos de peones, marineros, fogoneros y obreros de las fábricas de gas. Entre 1887 y 1892 se duplica el número de los miembros de las trade-unions, hasta llegar a un millón y medio. En 1893 se constituye el Partido Obrero Independiente, que también fue incapaz de mantener una linea revolucionaria, marxista, en el movimiento obrero y rechazaba la lucha de clases. “Este partido –subrayaba Lenin– es sólo “independiente” del socialismo, pero del liberalismo depende en muy alto grado.”5
Así, pues, el creciente movimiento de masas del proletariado inglés no rebasa en este período, en esencia, los límites de la lucha económica, no supera la influencia del liberalismo burgués y se mantiene lejos del marxismo revolucionario.
Rasgos análogos caracterizan el movimiento obrero en los Estados Unidos de América, que a fines del siglo XIX se habían convertido en una importantísima ciudadela del capitalismo. En 1877 la sección de la Internacional en Estados Unidos (disuelta por acuerdo del congreso de 1876 en Filadelfia) constituye el Partido Obrero Socialista, a la cabeza del cual se coloca F. Sorge. Pero este partido, que se componía principalmente de emigrados alemanes, ocupó una posición sectaria hacia el movimiento obrero espontáneo, imbuido de una ideología atrasada, y ello le privó de base para su ulterior desarrollo.
Entre tanto, las organizaciones obreras de los Estados Unidos adquirían cada vez más un carácter de masas. En 1887, la organización obrera Noble Orden de los Caballeros del Trabajo contaba con cerca de 700.000 afiliados. Considerables masas obreras se encontraban agrupadas en la Federación Americana del Trabajo (F.A.T.), que desde el principio mismo siguió la línea oportunista de las trade-unions inglesas. Simultáneamente, el movimiento obrero espontáneo conducía muy a menudo a acciones de masas de la clase obrera que tenían un sentido revolucionario. Ahora bien, el movimiento de los obreros norteamericanos se limitaba de preferencia a la lucha económica por el mejoramiento de las condiciones del trabajo asalariado y no se elevaba hasta la lucha por las tareas políticas de carácter revolucionario.
Refiriéndose a los rasgos fundamentales del movimiento obrero inglés y norteamericano de este período, Lenin escribe: “Estos rasgos son la ausencia de tareas democráticas nacionales más o menos grandes ante el proletariado; la subordinación completa del proletariado a la política burguesa; el divorcio sectario de un reducido número, de un puñado de [126] socialistas, del proletariado; ni el más mínimo éxito electoral de los socialistas ante las masas obreras, etc.”6
En 1882 surgen el Partido Obrero Italiano y el partido obrero polaco “Proletariado” (Primer “Proletariado”); en 1885 se constituye el Partido Obrero Belga, y en 1888-1889 el Partido Obrero Socialdemócrata de Austria.
En este período, el centro del movimiento revolucionario comienza a desplazarse de Oeste a Este. En Rusia surgen las condiciones históricas que más tarde habían de convertirla en la patria del Partido marxista de nuevo tipo, en la patria del leninismo. Con una previsión genial del futuro, Marx escribía a F. A. Sorge el 27 de septiembre de 1877: “La revolución empezará. Esta vez en Oriente, el que ha sido hasta ahora la fortaleza invicta y el ejército de reserva de la contrarrevolución”.7
En 1882, en el prefacio a la edición rusa del Manifiesto del Partido Comunista, Marx y Engels, que seguían atentamente el desarrollo de los acontecimientos revolucionarios en Rusia, dicen de este país que “está en la vanguardia del movimiento revolucionario en Europa”.8
En 1883 muere Carlos Marx. “Después de la muerte de Marx –decía Lenin–, Engels siguió siendo el consejero y dirigente de los socialistas europeos... Todos ellos aprovechaban el rico tesoro de conocimientos y experiencias del viejo Engels.”9
El desarrollo de los partidos obreros de masas, la necesidad de llevar la conciencia socialista al movimiento obrero espontáneo y el incremento de los vínculos internacionales entre los proletarios de los distintos países imponía la creación de una nueva Internacional socialista que sustituyese a la 1 Internacional, la cual dejó de existir en 1872. Gracias al papel dirigente de Engels, no tuvo éxito el intento de los oportunistas franceses (“posibilistas”), que trataban de tomar en sus manos la iniciativa para la organización de la Internacional. El primer Congreso de la 11 Internacional se reunió en París, en 1889. En él se proclamó el Primero de Mayo como fiesta internacional anual del proletariado. Las resoluciones del Congreso se hallaban inspiradas por la doctrina de Marx y Engels, lo que probaba el triunfo del marxismo en el movimiento obrero.
En el período que sigue a la Comuna de París, Marx y Engels hacen avanzar y elaboran su doctrina en relación con las nuevas tareas que la experiencia histórica planteaba al movimiento obrero y con los adelantos de la ciencia, en lucha contra las tendencias oportunistas en el seno del movimiento obrero y también con la filosofía y la sociología burguesas.
El incremento del movimiento obrero y la creación de partidos socialistas de masas planteaban ante los fundadores del marxismo la tarea de armar a sus cuadros con una teoría avanzada. [127]
Todas las obras de Marx y Engels nacieron en lucha contra el oportunismo, contra la ideología burguesa. En sus trabajos, escritos a menudo en forma polémica, los fundadores del marxismo combinan la profunda crítica de la ideología burguesa y del oportunismo con la exposición sistemática de sus concepciones. El papel principal, el “primer violín”, según palabras de Engels, en esta espléndida colaboración intelectual que se establece entre Marx y Engels, correspondía a Marx. A él le pertenece, ante todo, el mérito de haber fundamentado los principios más importantes del socialismo científico, de la Economía política proletaria y del materialismo dialéctico e histórico.
En la labor teórica de los fundadores del marxismo, dentro del período que nos ocupa se observa cierta distribución del trabajo. Marx escribió la famosa Crítica del programa de Gotha y continuó trabajando en los tomos segundo, tercero y cuarto de El Capital. Partiendo de los principios filosóficos. elaborados con la participación esencial de Marx, Engels creó una serie de trascendentales obras filosóficas: Anti-Dühring, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado y Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, y continuó la preparación de Dialéctica de la naturaleza. Estas y otras producciones de los fundadores del marxismo cumplieron un papel formidable en cuanto al ulterior desarrollo del materialismo dialéctico e histórico.
{1} C. Marx y F. Engels, Cartas escogidas, ed. rusa, Leningrado, 1953, pág. 447.
{2} C. Marx y F. Engels, Obras completas, ed. rusa, t. XXVII, Leningrado, 1935, pág. 313.
{3} V. I. Lenin, Vicisitudes históricas de la doctrina de Carlos Marx. En Obras escogidas en dos tomos, ed. esp., Moscú, 1948, t. I, pág. 72.
{4} C. Marx y F. Engels, Obras completas, ed. rusa, t. XXIX, Leningrado, 1946, pág. 329.
{5} V. I. Lenin, Discusiones sobre la politica obrera liberal en Inglaterra. En Obras completas, ed. rusa, t. 18, pág. 331.
{6} V. I. Lenin, Prefacio a la traducción rusa de “Cartas de J. Ph. Becker, J. Dietzgen, F. Engels, C. Marx y otros a F. A. Sorge y otros”. En Obras completas, ed. rusa, t. 12, pág. 324.
{7} C. Marx y F. Engels, Correspondencia, ed. esp., pág. 234. Ed. Cartago, Buenos Aires, 1957.
{8} C. Marx y F. Engels, Manifiesto del Partido Comunista. En Obras escogidas, en dos tomos, ed. esp., t. I, Moscú, 1951, pág. 17.
{9} V. I. Lenin, Federico Engels. En Obras completas, ed. esp., t. II, pág. 20, Ed. Cartago, Buenos Aires, 1958.