Filosofía en español 
Filosofía en español

Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSSHistoria de la Filosofía, México 1962


Tomo 3 ❦ Capítulo II: 2

2. Desarrollo del materialismo histórico en “El Capital” y en otras obras de Marx y Engels.

Entre 1848 y 1871, Marx y Engels siguen desarrollando el materialismo histórico, para Jo cual se basan en la generalización teórica de la experiencia de las pasadas revoluciones, en relación íntima con la investigación económica de las leyes de la aparición, el desarrollo y el hundimiento del régimen capitalista.

La experiencia histórica de las revoluciones de 1848-1849 confirmaba plenamente la doctrina de Marx y Engels. estructurada ya en el período anterior; confirmaba la ley del desarrollo social, descubierta por los fundadores del marxismo, según la cual la vida espiritual de la sociedad es un reflejo de su vida material. El desenvolvimiento de la sociedad es un proceso histórico-natural en el que los propios hombres hacen su propia historia, pero no a su arbitrio, sino en unas circunstancias que ellos no pueden elegir y que son resultado de toda la marcha anterior de la vida material de la sociedad.

El curso de los acontecimientos revolucionarios había demostrado la justeza de la doctrina de Marx y Engels sobre la lucha de clases como fuerza motriz del desarrollo de las sociedades antagónicas. Se ponía de relieve, con evidencia todavía mayor, la verdad objetiva de la doctrina del marxismo, según la cual las transformaciones radicales de la estructura económica y política de la sociedad antagónica se realizan por la vía revolucionaria. Y si el paso de la sociedad feudal a la capitalista exigió profundas conmociones revolucionarias, tanto más necesaria era la radical transformación revolucionaria de las relaciones sociales para el establecimiento de la dictadura del proletariado, para la transición del: capitalismo al socialismo. Las enseñanzas de las revoluciones de 1848-1849 confirmaban palmariamente la justeza de las ideas de Marx y Engels sobre el Estado como aparato de dominación de clase. cuyo carácter no viene determinado por la forma que adopta (monarquía, república, etc.), sino por la clase que ejerce su dictadura. Los acontecimientos revolucionarios de 1848-1849 demostraban que la lucha de la burguesía contra el feudalismo conduce al establecimiento de la dictadura de la burguesía, mientras que la lucha del proletariado por su emancipación había de conducir, con fuerza de ley. a la dictadura de la clase obrera.

La experiencia de las revoluciones de 1848-1849 fue la base para nuevos avances de la teoría del marxismo. El puesto central en la generalización teórica de esta experiencia lo ocupan, como es lógico, los problemas de la teoría de la revolución, que es una de las partes más esenciales del materialismo histórico. Marx y Engels se manifestaban enérgicamente contra las ideas reaccionarias –compartidas no sólo por los liberales, sino también, en cierto grado, por los demócratas pequeñoburgueses– según las cuales la revolución es una explosión espontánea y dolorosa de las pasiones, es el desorden, la anarquía, la ilegalidad, etc.

Frente a esas concepciones reaccionarias, los fundadores del marxismo exponen la concepción científica de la revolución como forma suprema de la creación social de las masas populares en las condiciones propias de las [107] sociedades antagónicas. Precisamente en el período de las revoluciones se incorporan las masas a la labor política activa y adquieren conciencia de que son los verdaderos creadores de la historia. Justamente en la lucha revolucionaria de las masas entran en juego las leyes de la transición de una formación económico-social a otra. Así, por ejemplo, una característica esencial de la revolución burguesa triunfante es la dominación efectiva del pueblo en armas. Unicamente gracias a esta soberanía popular, según la expresión de los fundadores del marxismo, pueden ser cumplidas hasta el fin las tareas de la revolución burguesa.

Marx y Engels analizan la esencia de las revoluciones burguesas en el curso de las cuales se pasa de una sociedad antagónica a otra, y llegan a la conclusión de que lo esencial en cualquier revolución es la creación social de las masas, la lucha que los trabajadores sostienen por su emancipación. Una importantísima conquista de la teoría marxista de la revolución, en el período histórico que nos ocupa, es la idea de la revolución permanente, en la que encontraban reflejo las tendencias esbozadas ya en germen en las revoluciones democrático-burguesas de 1848-1849.

La idea de la posibilidad de la revolución permanente fue apuntada ya por Marx y Engels en el período en que se formaban sus concepciones. La expresión “revolución permanente” significaba en sus primeros trabajos la línea ascendente de desarrollo de la revolución burguesa. Resumiendo la experiencia de 1848, argumentan la posibilidad y regularidad del paso directo de la revolución burguesa, que se desarrolla en línea ascendente, a la revolución socialista. El concepto de revolución continua equivale aquí al paso a la revolución socialista. Según Marx y Engels, este paso de la revolución burguesa a la revolución proletaria presupone un nivel relativamente elevado de desarrollo del capitalismo, y es la consecuencia, con fuerza de ley, de la lucha de clases en las condiciones propias de la revolución burguesa, consecuencia de la revolución burguesa llevada hasta el fin. En La lucha de clases en Francia de 1848 a 1850, Marx argumenta histórica y teóricamente la idea de la revolución permanente: muestra que el desarrollo del antagonismo de clase entre el proletariado y la burguesía incluye la posibilidad del paso de la revolución burguesa a la revolución socialista.

La concepción marxista de la relación entre estas revoluciones no se limita a señalar su radical oposición. Ciertamente, la revolución proletaria es sustancialmente opuesta a la burguesa, pues esta última no suprime la dominación del hombre sobre el hombre, sino que impone una forma de explotación nueva, capitalista, mientras que la revolución proletaria pone fin a toda opresión y a toda explotación. Ahora bien, en las obras en que hacen un balance de la experiencia de 1848-1851, al poner de manifiesto la radical oposición que hay entre la revolución proletaria y la burguesa, Marx y Engels no pierden la ocasión de subrayar que, en determinadas condiciones, la revolución burguesa se convierte en su contrario, en la revolución proletaria.

En el primer Mensaje del Comité Central a la Liga de los Comunistas, donde se da la fórmula clásica de la revolución permanente, Marx y Engels analizan las fuerzas fundamentales, la correlación entre la burguesía liberal, la democracia pequeñoburguesa y el proletariado. La burguesía [108] liberal, indican, no va más allá de la monarquía constitucional. A diferencia de ella, la pequeña burguesía aspira a destruir el feudalismo en el campo, a las amplias transformaciones democrático-burguesas y al establecimiento de la república democrático-burguesa. Pero la clase obrera va más allá todavía. Su meta es la revolución socialista, para la realización de la cual, según se dice en el llamamiento del Comité Central a la Liga de los Comunistas, los obreros han de unirse con el proletariado rural y convertir la lucha por la democracia en lucha por el socialismo.

En este llamamiento, Marx y Engels señalan que la pequeña burguesía, y en especial los campesinos, es un aliado del proletariado en su lucha contra la gran burguesía, y en alianza con los campesinos pobres el proletariado lleva a cabo la revolución socialista. El llamamiento dice así: “... Nuestros intereses y nuestras tareas consisten en hacer la revolución permanente hasta que sea descartada la dominación de las clases más o menos pudientes, hasta que el proletariado conquiste el Poder del Estado...”37 Esta tesis representa la fórmula clásica de la idea de la revolución permanente.

El problema principal de toda revolución es el problema del poder. En el periodo prerrevolucionario, Marx y Engels habían fundamentado genialmente la necesidad de destruir la dictadura de la burguesía y de establecer la dictadura del proletariado. Pero en aquel tiempo no planteaban aún el problema de cómo había de ser, desde el punto de vista del desarrollo histórico, esta sustitución del Estado burgués por el proletario. V. I. Lenin subraya que la corrección introducida por Marx y Engels al Manifiesto Comunista, basándose en el estudio de la experiencia de las revoluciones de 1848, se reduce a que el proletariado no puede simplemente adueñarse del poder y establecer así su dominación política. Debe destruir la maquinaria del Estado burgués, y sólo gracias a esto puede ser establecida la dictadura proletaria.

V. I. Lenin subraya en El Estado y la revolución que el papel decisivo de la idea de la destrucción de la maquinaria estatal burguesa, formulada por Marx y Engels, corresponde a la experiencia revolucionaria concreta de 1848-1851; “No fue el razonamiento lógico, sino el desarrollo real de los acontecimientos, la experiencia viva de los años de 1848 a 1851, lo que condujo a esta manera de plantear la cuestión.”38 En relación con esto, Lenin caracteriza la doctrina del marxismo sobre el Estado como un resumen de la experiencia histórica iluminado por una profunda concepción filosófica del mundo y por un gran conocimiento de la historia.

Antes de la revolución de 1848, Marx y Engels habían planteado y fundamentado ya la tarea de poner fin a la dominación política de la burguesía y de las clases explotadoras en general. Basándose en la experiencia de 1848-1851, ampliaron y concretaron esta idea general. Ahora se trataba ya también de destruir la forma estatal especifica de la dictadura de la burguesía, forma que en El dieciocho brumario de Luis Bonaparte denomina Marx maquinaria estatal burguesa. Características suyas [109] son la centralización burocrática-militar del poder, la existencia de un ejército burgués permanente, antipopular por su carácter, y de una numerosa casta de funcionarios.

Las revoluciones burguesas derriban los regímenes feudales con el esfuerzo de las masas trabajadoras, para reprimir a las cuales la burguesía aprovecha el aparato estatal burocrático-militar. Pero si las revoluciones burguesas, según señala Marx, robustecen por todos los medios el antipopular aparato estatal burocrático-militar, Ja revolución proletaria trata de destruirlo. Marx dice a este propósito: “Todas las revoluciones perfeccionaban esta máquina, en vez de destrozarla.”39

La revolución proletaria no necesita de la centralización burocráticomilitar del poder estatal. La dictadura del proletariado no necesita para reprimir a los explotadores de este viejo aparato estatal, que por su naturaleza misma es contrarrevolucionario, va contra la iniciativa política de los trabajadores y su obra de creación revolucionaria. De ahí que la clase obrera no pueda limitarse a apoderarse meramente de la máquina estatal y ponerla en marcha para sus propios fines. Después de romper, de destruir la vieja maquinaria del Estado burgués, ha de crear un Estado suyo, cualitativamente nuevo, el Estado socialista. V. I. Lenin indica en El Estado y la revolución que la idea de la destrucción de la maquinaria estatal burguesa es lo principal y fundamental en la doctrina de Marx sobre el Estado; equivale a un nuevo desarrollo y a concretar el concepto de la dictadura del proletariado.

Todas estas manifestaciones de Marx y Engels son una prueba palmaria de que su tesis sobre la necesidad de la destrucción de la máquina estatal burguesa no es algo casual y fragmentario, aunque los oportunistas sostengan otra cosa. Ocurre lo contrario, que la tesis del marxismo sobre la necesidad de destruir la maquinaria estatal burguesa es una conclusión lógica de toda la multifacética experiencia de las revoluciones de 1848-1851 y del anterior desarrollo histórico-social.

Un nuevo avance de la idea de la dictadura del proletariado, que significaba un resumen de la experiencia histórica de la revolución de 1848, lo encontramos en la famosa carta de Marx a J. Weydemeyer, del 5 de marzo de 1852. Los sociólogos burgueses modernos, indica Marx, niegan la división de la sociedad en clases, siendo así que los economistas e historiadores progresivos de fines del siglo XVIII y comienzos del XIX no tenían miedo a admitir el hecho de esa división. Señala Marx a Ricardo, quien decía que la sociedad se compone de tres clases: agricultores, capitalistas y obreros. Los historiadores franceses de los año 20 y 30 del siglo XIX –Thierry, Mignet, Guizot– admitían también la existencia de clases, aunque esta división en clases y la lucha entre ellas la deducían de la conquista de los galos por los francos. A este propósito indica Marx que no le cabe el mérito de haber descubierto la existencia de las clases, la cual ya había sido señalada antes de él; con anterioridad a él se habían realizado ya ensayos para exponer la lucha entre las clases en diversas condiciones históricas. [110]

Ninguno de los predecesores de Marx vio, sin embargo, que la aparición de las clases es la consecuencia lógica del desarrollo económico de la sociedad, de la aparición de la propiedad privada sobre los medios de producción. Marx reveló los vínculos que ligan la existencia de las clases a formas de las relaciones de producción históricamente determinadas; en otras palabras, demostró que las clases no son eternas, que tienen su comienzo en el pasado y su fin en el futuro. Marx demostró que la existencia de las clases está condicionada por las relaciones de producción y, en última instancia, por un determinado nivel de desarrollo de las fuerzas productivas.

Marx descubre la tendencia del desarrollo de la lucha entre las clases, muestra las vías para la supresión de las clases y de las diferencias de clase y llega a la conclusión de que la lucha de clases conduce inevitablemente a la dictadura del proletariado. Esta es la conclusión principal, la tesis cardinal del marxismo, que separa a éste, desde el punto de vista de los principios, de las teorías burguesas y pequeñoburguesas de todo género que, admitiendo la existencia de las clases y la lucha entre ellas, sueñan con reconciliarlas.

La conclusión de Marx de que la lucha de clases conduce necesariamente a la dictadura del proletariado indica el carácter irreductible de las contradicciones de clase. La lucha entre el proletariado y la burguesía no lleva a la conciliación, a la suavización de sus contradicciones, a la supresión del abismo que existe entre ellas. sino a un incremento de esta polaridad, a la revolución proletaria y a la dictadura del proletariado.

En el desarrollo de la teoría marxista, dentro del periodo que tratamos, ocupan un importante lugar las cuestiones del papel de las ideas y de los personajes históricos en la vida de la sociedad. Marx y Engels desarrollan la concepción histórico-materialista de estos problemas y dan una valoración concreta del papel de las ideas burguesas y pequeñoburguesas y de sus portavoces en los períodos revolucionarios.

Más tarde, los oportunistas de la II Internacional –siguiendo a los “críticos” burgueses del marxismo– habían de acusar a Marx y Engels de una interpretación unilateral de la vida social, de negar el papel de las ideas y de las grandes personalidades en la historia. Todas esas acusaciones carecen por completo de base y se contradicen abiertamente con los hechos. Bastará, por ejemplo, señalar obras de los fundadores del marxismo como El dieciocho brumario de Luis Bonaparte y La lucha de clases en Francia, en las que se examina especialmente lo relacionado con el papel de las ideas y de las grandes personalidades en la historia.

En El dieciocho brumario de Luis Bonaparte, Marx compara las revoluciones burguesas con la revolución proletaria y señala que aquéllas se envolvían en el ropaje de ilusiones de todo género, inevitables en ellas en virtud de la limitación de su contenido social. No se debe al azar, por eso, que la revolución inglesa del siglo XVII transcurriese bajo consignas religiosas, mientras que la revolución burguesa del siglo XVIII en Francia tomaba sus frases de la vieja República de Roma. Contrariamente a la revolución burguesa, la revolución proletaria exige una comprensión clara de la necesidad histórica y de las vías y métodos para realizarla.

“La revolución social del siglo XIX –dice Marx refiriéndose a la revolución proletaria– no puede sacar su poesía del pasado, sino solamente del porvenir. No puede comenzar su propia tarea antes de despojarse de toda veneración supersticiosa por el pasado. Las anteriores revoluciones necesitaban remontarse a los recuerdos de la historia universal para aturdirse acerca de su propio contenido. La revolución del siglo XIX debe dejar que los muertos entierren a sus muertos, para cobrar conciencia de su propio contenido.”40

Marx señala cómo la derrota del proletariado en la revolución de 1848 se hallaba indisolublemente unida a las ilusiones pequeñoburguesas, y en particular a las ilusiones del simplismo republicano de que el establecimiento de la república burguesa suprimía la dominación del capital sobre el trabajo. Marx dice que la superación por el proletariado de sus propias ilusiones es condición necesaria para el desarrollo en él de la conciencia de clase, condición necesaria de su organización de clase y de su concepción de las tareas que el futuro le impone.

Al abordar el problema del papel del individuo en la historia, los fundadores del marxismo revelan la relación que existe entre las cualidades especificas de la personalidad histórica y el papel que ésta cumple. Refiriéndose a los políticos reaccionarios del tipo de Luis Bonaparte, señalan que la falta de cualidades personales destacadas o la concentración de los vicios propios de la sociedad burguesa en un individuo, si se dan las correspondientes condiciones objetivas, convierten a dicho individuo, desde el punto de vista de la burguesía, en una figura “eminente”, en una personalidad histórica. Jl talento de los políticos burgueses degenera a “la vez que la burguesía se convierte en una clase reaccionaria. Estas tesis de Marx y Engels tienen una importancia formidable a la hora de valorar a los representantes de la burguesía imperialista.

Marx y Engels explican cómo el comportamiento de las personalidades . históricas se halla objetivamente condicionado, y muestran que la concepción acertada o desacertada por estos personajes de la vida social y de las tareas históricas es un factor esencial al caracterizar la línea política que aplican.

En este sentido ofrece gran interés el análisis que Marx hace de la línea política de la democracia pequeñoburguesa y de su líder Ledru-Rollin.

No hay que pensar, escribe Marx, que “los representantes democráticos son todos tenderos o gentes que se entusiasman con ellos. Pueden estar a un mundo de distancia de ellos, por su cultura y su situación individual. Lo que los hace representantes de la pequeña burguesía es que no van más allá, en cuanto a mentalidad, de donde van los pequeños burgueses en sistema de vida; que, por tanto, se ven teóricamente impulsados. a los mismos problemas y a las mismas soluciones a que impulsan a aquéllos prácticamente, el interés material y la situación social. Tal es, en general, la relación que existe entre los representantes políticos y literarios de una clase y la clase por ellos representada”.41 [112]

Esta tesis de Marx tiene una importancia enorme para la lucha contra las ideas vulgares de la correlación que existe entre los ideólogos y las clases. Nos indica que el ideólogo es justamente ideólogo de una clase concreta porque en sus concepciones y en su conducta encuentra expresión teórica la actuación práctica de dicha clase.

Un papel formidable en el desarrollo de la concepción materialista de la historia y en la ulterior fundamentación de la teoría del materialismo histórico desempeñaron las investigaciones económicas de Marx.

En el prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política expone Marx una fórmula genial de la esencia del materialismo histórico.

“En la producción social de su vida –escribe–, los hombres contraen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción, que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la cual corresponden determinadas formas de la conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, político y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia.”42

Las tesis del materialismo histórico aquí formuladas son el resultado filosófico de las investigaciones llevadas a cabo por Marx y Engels en el periodo precedente. Desarrollo ulterior de estas tesis es El Capital de Marx, en el que se expone en todos sus aspectos el significado de la producción material como condición fundamental de la vida social. En El Capital se muestra el papel del trabajo y de los instrumentos de trabajo en el proceso de aparición y desarrollo del hombre y de la sociedad humana. “El uso y la fabricación de medios de trabajo –dice Marx–, aunque en germen se presenten ya en ciertas especies animales, caracterizan el proceso de trabajo específicamente humano...”43 El trabajo, según Marx, es un proceso, que se realiza entre el hombre y la naturaleza, en el curso del cual el hombre, con ayuda de sus brazos y sus piernas, y también de la conciencia, “regula y controla mediante su propia acción su intercambio de materias con la naturaleza”.44

La actividad laboral de los hombres adecuada a un fin y, ante todo, la producción de instrumentos de trabajo, abren una profunda diferencia entre el trabajo humano y las acciones semejantes de los animales, los insectos, etc. “Una araña ejecuta operaciones que semejan a las manipulaciones del tejedor –escribe Marx–, y la construcción de los panales de las abejas podría avergonzar, por su perfección, a más de un maestro de obras. Pero hay algo en que el peor maestro de obras aventaja, desde luego, a la mejor abeja, y es el hecho de que antes de ejecutar la construcción, la proyecta en su cerebro. Al final del proceso de trabajo, brota [113] un resultado que antes de comenzar el proceso existía ya en la mente del obrero; es decir, un resultado que tenía ya existencia ideal. El obrero no se limita a hacer cambiar de forma la materia que le brinda la naturaleza, sino que, al mismo tiempo, realiza en ella su fin, fin que él sabe que rige como una de las modalidades de su actuación...”45

El proceso del trabajo, examinado en sus aspectos simples y más generales, es “la condición natural eterna de la vida humana, y por tanto, independiente de las formas y modalidades de esta vida y común a todas las formas sociales por igual”.46

En cuanto a los instrumentos de trabajo, caracterizan una u otra fase histórica del desarrollo de la producción. “Lo que distingue a las épocas económicas –indica Marx– unas de otras no es lo que se hace, sino el cómo se hace, con qué instrumentos de trabajo se hace. Los instrumentos de trabajo no son solamente el barómetro indicador del desarrollo de la fuerza de trabajo del hombre, sino también el exponente de las condiciones sociales en que se trabaja.”47

Pero los instrumentos de trabajo, de por sí, no pueden hacer nada si no están unidos, de un modo o de otro, a la fuerza de trabajo viva. Los obreros y los medios de producción son factores indispensables de la producción. Las distintas épocas en el desarrollo económico de la sociedad se diferencian unas de otras por el carácter específico y el modo como se unen la fuerza de trabajo viva y los instrumentos de producción. Bajo la esclavitud, esa unión adquiere una forma histórica, bajo el feudalismo, otra, etc. El carácter de la unión de los instrumentos de trabajo con los productores directos, subraya Marx, determina las peculiaridades de la distribución de las riquezas entre los miembros de la sociedad. “... Las llamadas relaciones de distribución –dice– responden, pues, a formas históricamente determinadas y específicamente sociales del proceso de producción, de las que brotan, y a las relaciones que los hombres contraen entre sí en el proceso de reproducción de su vida humana. El carácter histórico de estas relaciones de distribución es el carácter histórico de las relaciones de producción, de las que aquéllas sólo expresan un aspecto.”48

En la sociedad dividida en clases, una de las cuales es propietaria de los medios de producción y la otra es únicamente el productor directo, las relaciones entre las clases representan la base más íntima de todo el régimen social y, por consiguiente, de su forma política.

Marx investiga en El Capital las condiciones históricas bajo las cuales surgen las clases en general y las clases de la sociedad burguesa en particular. El principio fundamental de la aparición de las clases lo ve en el incremento de las fuerzas productivas, en la división social del trabajo y en la aparición de la propiedad privada.

En El Capital y otras obras de Marx son desarrolladas las tesis del materialismo histórico relativas a la relación entre el ser social y la conciencia social. Marx investiga las diversas formas de conciencia de [114] clase y revela la dependencia en que se encuentran respecto de la existencia de clase. Muestra que “sobre las diversas formas de propiedad, sobre las condiciones sociales de existencia, se levanta toda una superestructura de diversos y peculiares sentimientos, ilusiones, modos de pensar y concepciones del mundo. La clase entera los crea y los plasma derivándolos de sus bases materiales y de las correspondientes relaciones sociales. El individuo, que adquiere sus sentimientos y opiniones mediante la tradición y la educación, podrá creer que ellos son los verdaderos móviles y el punto de partida de su conducta”.49

Marx y Engels ponen de manifiesto las profundas raíces de las peculiaridades del desarrollo y del carácter de la conciencia de la clase bajo el capitalismo, y revelan la dependencia en que esta conciencia se encuentra respecto de las condiciones objetivas de la vida de las clases. A primera vista parece como si la conciencia de los poseedores de mercancías fuese completamente libre e independiente de las causas exteriores y que sus acciones viniesen íntegramente determinadas por su “libre voluntad”. Pero la realidad es muy distinta. La relación jurídica entre los simples poseedores de mercancías, la forma de la cual es el contrato, es una relación de voluntad en que se refleja la relación económica. El contenido de esta relación jurídica o de voluntad lo da la relación económica misma. Aquí las personas sólo existen la una para la otra sólo como representantes de sus mercaderías, es decir, como poseedores de mercancías. Por consiguiente, la conciencia queda determinada en este caso por las condiciones de la vida y la actividad material de los hombres. “. ..Los papeles económicos representados por los hombres no son más que otras tantas personificaciones de las relaciones económicas en representación de las cuales se enfrentan los unos con los otros”,50 dice Marx.

Puesto que en las condiciones de la producción mercantil y mercantil. capitalista las relaciones de producción de los hombres adoptan un carácter exterior, fuera de su control y de su actividad consciente, estas relaciones son percibidas, por ello, como relaciones entre cosas, no entre hombres. De ahí que, en estas condiciones, las “cosas” –mercancías, dinero– parezcan algo muy misterioso, incomprensible, místico, ajeno y hostil a los hombres, aunque sean producto de la actividad de los propios hombres: A este fenómeno de la producción mercantil-capitalista y a su reflejo en la conciencia de los hombres lo llama Marx fetichismo de la mercancía.

Paso a paso sigue Marx la transformación en fetiche de las relaciones sociales en la conciencia burguesa, descubre la esencia del fetichismo del dinero. del fetichismo del capital, del interés, de la renta de la tierra, etc. El fetichismo de la mercancía alcanza su punto culminante en la denominada fórmula trinitaria del capital: capital-ganancia, o capital-interés, tierra-renta de la tierra y trabajo-salario. Desde el punto de vista de esta “trinidad” parece como si el capital crease la ganancia; la tierra, la renta de la tierra, y el trabajo, el salario. Pero en realidad, el trabajo, elemento de esta “trinidad”, crea no sólo el salario, sino también la ganancia y la [115] renta de la tierra. De ahí que la forma de la “trinidad” altere las relaciones reales y auténticas de las cosas. Produce la impresión falsa de que son el capital y la tierra de por si, y no el trabajo de los obreros en las empresas capitalistas y de los campesinos en la tierra, los que crean la ganancia del capitalista y la renta del propietario del suelo.

La conciencia fetichista es, por su esencia, religiosa. La forma de religión más apropiada para una sociedad de productores de mercancías es, según Marx, el cristianismo, como una de las religiones más abstractas con su doctrina de la predestinación, según la cual las acciones y el destino de cada individuo han sido prefijados por una fuerza divina. La vida del productor de mercancías en la sociedad mercantil y mercantil-capitalista depende por completo de si será vendido el producto de su trabajo y del precio que obtendrá por él, de si ganará o perderá en el cambio. Concretamente, el productor de mercancías se halla por completo bajo la dependencia de leyes que él desconoce, de una espontánea producción y circulación mercantil. Tal situación encuentra su expresión más completa en formas burguesas del cristianismo como son el protestantismo y el calvinismo, con su doctrina de la predestinación. Esta doctrina, señala Engels, es la expresión religiosa del hecho de que en el mundo del comercio y de la competencia el éxito o la quiebra no dependen de la habilidad del individuo, sino de circunstancias sobre las que él no tiene poder. Marx dice que la desaparición completa de las representaciones fetichistas de la vida social, la supresión de la deformación religiosa de la realidad, es posible únicamente dentro del socialismo, “cuando las condiciones de la vida diaria, laboriosa y activa, representen para los hombres relaciones claras y racionales entre sí y respecto a la naturaleza. La forma del proceso social de vida, o lo que es lo mismo, del proceso material de producción, sólo se despojará de su halo místico cuando ese proceso sea obra de hombres libremente socializados y puesta bajo su mando consciente y racional”.51

En sus obras económicas, Marx fundamenta la ley de la revolución social y pone de relieve su papel en cuanto a la transformación de una forma de desarrollo social en otra. Al alcanzar cierto grado de desarrollo social, dice, “las fuerzas productivas materiales de la sociedad chocan con las relaciones de producción existentes, o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas. Y se abre así una época de revolución social. Al cambiar la base económica, se revoluciona, más o menos rápidamente, toda la inmensa superestructura erigida sobre ella”.52

Esta tesis de Marx, que nos muestra la dialéctica de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción, es el más vigoroso argumento científico contra la ideología de los reformistas. Estos últimos, en sus adulteraciones del marxismo, quieren demostrar que el capitalismo contiene en sí elementos de socialismo, los cuales se van desarrollando paulatinamente [116] hasta el socialismo completo; éste llega, según sus afirmaciones, no como resultado de la resolución revolucionaria de las contradicciones del capitalismo, sino a través de la transformación pacífica del capitalismo en socialismo.

En los trabajos de Marx y Engels se muestra que, como resultado de la transición revolucionaria de un modo de producción a otro, cambian la estructura de clase de la sociedad y las formas de la lucha de clases, así como la superestructura política, jurídica e ideológica, llamada a servir los intereses de clases determinadas. La formación esclavista es sustituida por el feudalismo, el que, a su vez, cede el paso al régimen capitalista. Los fundadores del marxismo pusieron de relieve el papel decisivo de los virajes revolucionarios en el desarrollo de las formaciones sociales, en la solución de los conflictos entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción dentro de las sociedades antagónicas.

“Cuando se estudian esas revoluciones, hay que distinguir siempre entre los cambios materiales ocurridos en las condiciones económicas de producción y que pueden apreciarse con la exactitud propia de las ciencias naturales, y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas, en una palabra, las formas ideológicas en que los hombres adquieren conciencia de este conflicto y luchan por resolverlo. Y del mismo modo que no podemos juzgar a un individuo por lo que él piensa de sí, no podemos juzgar tampoco a estas épocas de revolución por su conciencia, sino que, por el contrario, hay que explicarse esta conciencia por las contradicciones de la vida material, por el conflicto existente entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción.”53

Marx señala que las leyes en virtud de las cuales una formación económico-social es reemplazada por otra tienen un carácter perfectamente objetivo. “Ninguna formación social –escribe– desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas relaciones de producción, y más elevadas, antes de que hayan madurado las condiciones materiales de su existencia en el seno de la propia sociedad antigua. Por eso, la humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede alcanzar, pues, bien miradas las cosas, vemos siempre que estos objetivos sólo brotan cuando ya se dan las condiciones materiales para su realización, o, por lo menos, se están gestando.”54

El desarrollo histórico, según Marx, es un proceso progresivo que asciende del modo inferior de producción al superior. Los modos de producción de la comunidad primitiva, esclavista, feudal y burgués los considera como fases históricamente progresivas del desarrollo social. En la sociedad antagónica este proceso es, al mismo tiempo, un proceso de agudización de la lucha de clases entre los explotadores y los explotados, entre los opresores y los oprimidos. En el curso de desarrollo de la sociedad capitalista aparecen las premisas materiales de la revolución proletaria y del triunfo del comunismo.

“Las relaciones burguesas de producción son la última forma antagónica [117] del proceso social de producción; antagónica, no en el sentido de un antagonismo individual, sino de un antagonismo que proviene de las condiciones sociales de vida de los individuos. Pero las fuerzas productivas que se desarrollan en el seno de la sociedad burguesa brindan, al mismo tiempo, las condiciones materiales para la solución de este antagonismo. Con esta formación social, por tanto, se cierra la prehistoria de la sociedad humana.”55 La verdadera historia de la humanidad comienza con la formación social nueva: con el comunismo.

En relación con la fundamentación de las leyes del paso revolucionario de la sociedad al socialismo, Marx y Engels estudian el problema de la libertad y la necesidad. La concepción materialista dialéctica de la libertad es para ellos la necesidad conocida. Marx enseña que la verdadera libertad del hombre sólo empieza allí donde cesa el trabajo impuesto por la necesidad y la conveniencia exterior, allí donde el trabajo físico se halla inseparablemente unido al trabajo intelectual, que proporciona al hombre no sólo los medios de subsistencia, sino también una satisfacción y un placer intelectuales.

En todas las formas sociales y con todos los medios posibles de producción, el hombre se ve obligado, como Marx señala, a luchar con la naturaleza para conservar y reproducir su vida. En el proceso de esta lucha se amplía el reino de la necesidad natural, puesto que las necesidades del hombre crecen sin cesar. Pero al mismo tiempo se amplían las fuerzas productivas, que le sirven de medio para satisfacer esas necesidades. “La libertad, en este terreno –dice Marx–, sólo puede consistir en que el hombre socializado, los productores asociados, regulen racionalmente este su intercambio de materias con la naturaleza, lo pongan bajo su control común en vez de dejarse dominar por él como por un poder ciego, y lo lleven a cabo con el menor gasto posible de fuerzas y en las condiciones más adecuadas y más dignas de su naturaleza humana. Pero, con todo ello, siempre seguirá siendo éste un reino de la necesidad.”56 El reino de la libertad, al decir de Marx, empieza allí donde el despliegue de las fuerzas humanas se convierte en un fin en sí. Sin embargo, este reino de la libertad sólo puede florecer tomando como base el reino de la necesidad, que es su base. La condición imprescindible para ese florecimiento, indicaba Marx, es la reducción de la jornada de trabajo.

Un significado teórico y político enorme tiene la previsión científica de las vías de desarrollo de la sociedad comunista que encontramos en las obras de Marx y Engels. Esbozando los rasgos de la futura sociedad comunista, señalaban que ésta se desarrollaría según leyes económicas objetivas propias y específicas, y que su base sería la propiedad social sobre los medios de producción, el trabajo colectivo y la producción con arreglo a un plan.

En los manuscritos preparatorios de El Capital y en esta misma obra dice Marx que dentro de la sociedad socialista “el carácter colectivo de la producción, desde el comienzo mismo, convertiría el producto en colectivo [118], en universal... El trabajo del individuo, desde el comienzo mismo, es tomado como trabajo colectivo”.57 Todo el producto de la unión de productores libres es producto social. Una parte del mismo sirve de medio de producción, mientras que la otra va a parar a los miembros de la unión social como medio de subsistencia; por consiguiente, esta última parte ha de ser distribuida entre ellos.

Sobre la base del trabajo colectivo, sigue Marx, “la economía del tiempo, al igual que la distribución regular del tiempo de trabajo entre los distintos sectores de la producción, es la primera ley económica...”58

Marx previó que únicamente sobre la base de la economía social socialista sería posible la aplicación completa y sin obstáculos de la técnica y la ciencia al proceso de la producción.

Son verdaderamente proféticas las palabras de Marx cuando se refiere al hombre como capital básico de la sociedad socialista: “El ahorro de tiempo de trabajo equivale a aumentar el tiempo libre, es decir, el tiempo para el desarrollo completo del individuo, el cual, a su vez, como una formidable fuerza productiva, influye inversamente sobre la fuerza productiva del trabajo. Desde el punto de vista del proceso directo de producción, este ahorro puede ser considerado como la producción del capital básico; este capital básico es el propio hombre.”59

Las transformaciones socialistas, preveía Marx, han de cambiar de raíz la situación del hombre en la sociedad. “El tiempo libre, que es tanto el tiempo de asueto como el que se dedica a la realización de una actividad más elevada, convierte, naturalmente, a quien dispone de él en un sujeto distinto, y como tal se incorpora al proceso directo de la producción.”60

La supresión del modo capitalista de producción, enseñaba Marx, permitirá reducir la jornada al trabajo necesario solamente. Las condiciones de vida del obrero serán incomparablemente mejores, y sus necesidades crecerán y se harán más diversas.

Las previsiones científicas de Marx sobre las vías de desarrollo de la sociedad socialista, que abre anchos horizontes a la actividad de los hombres y a la manifestación de sus facultades, para la satisfacción de sus crecientes necesidades materiales y espirituales, se convierten en realidad en la Unión Soviética y demás países socialistas. Las ideas del socialismo científico, expuestas por Marx y Engels, han tenido una brillante confirmación en la vida, y esto es la mejor prueba de la veracidad y vitalidad de la doctrina del marxismo.

*

El período histórico que va desde las revoluciones de 1848-1849 hasta la Comuna de París, según queda señalado anteriormente, es un tiempo de fecundos avances de la doctrina del marxismo, aparecida en vísperas [119] de esas revoluciones, y de su filosofía, del materialismo dialéctico e histórico. Ante los fundadores del marxismo se alzaban en este periodo nuevas tareas ideológicas de trascendental importancia, de entre las cuales pasaba a primer plano la necesidad de generalizar teóricamente la experiencia de las revoluciones de 1848-1849 y de estudiar las leyes con arreglo a las que aparece, se desarrolla y es destruido el modo capitalista de producción. En 1848-1851 figuraban en primer plano las ideas políticas del marxismo, los problemas de la teoría de la revolución social; en el tiempo que sigue, en cambio, la atención de Marx y Engels se concentra sobre los problemas de la ciencia económica. En relación íntima con el desarrollo de las ideas políticas y económicas del marxismo, de la teoría del comunismo científico y de la economía política, Marx y Engels investigan los problemas más importantes del materialismo dialéctico e histórico. Al propio tiempo mantuvieron una lucha infatigable contra las teorías pequeñoburguesas en el seno del movimiento obrero, en particular contra el proudhonismo y el bakuninismo, contra la ideología tradeunionista y el blanquismo.

El Capital, obra genial de Marx, no es sólo la más grande producción de la economía política científica, sino que también significa una valiosa aportación a la filosofía del materialismo dialéctico e histórico que hace época en el desarrollo de la filosofía. En El Capital, que fue la obra de toda la vida de Marx, y en otros trabajos suyos, se da una base científica al principio de la unidad de la dialéctica, la lógica y la teoría del conocimiento materialistas, se elaboran las leyes y categorías fundamentales de la lógica dialéctica materialista, se exponen las tesis más importantes de la lógica dialéctica, se muestra el papel del pensamiento teórico abstracto y se revela la inconsistencia del modo metafísico de pensar en sus distintas manifestaciones. De esta manera, Marx, además de aplicar el método dialéctico, la teoría dialéctica materialista del conocimiento, a la investigación de los más complejos procesos económicos, expone en todos sus aspectos la dialéctica materialista como ciencia.

El Capital de Marx es también un excelente modelo de estudio materialista del desarrollo social. Marx no se limita a descubrir las leyes de desarrollo de la formación capitalista, sino que da una profunda característica científica de los modos de producción que la antecedieron y esboza genialmente los rasgos fundamentales de la sociedad comunista.

En El Capital se revelan las causas económicas de la aparición de las clases, y también las bases que diferencian a unas formaciones económico-sociales de otras y que se asientan en los modos de producción de los bienes materiales. Con su análisis, tan profundo, de la estructura económica de la sociedad capitalista, Marx puso de manifiesto la dependencia en que la conciencia de las distintas clases se encuentra respecto de las condiciones de su existencia social.

En los trabajos de Marx y Engels, dentro del período que nos ocupa, se da base científica a las leyes de la transformación revolucionaria de una formación económico-social en otra y a los cambios radicales, con ellas relacionados, que se producen en las formas de la conciencia social, en la supraestructura. Al descubrir las leyes del movimiento de la sociedad capitalista y poner de relieve todas sus contradicciones, Marx demostró [120] el carácter inevitable de la transformación revolucionaria del capitalismo en socialismo, y fundamentó la ley de la revolución socialista y la necesidad de la instauración de la dictadura del proletariado.

Con su generalización teórica de la experiencia histórica de las revoluciones de 1848-1849, Marx y Engels pusieron al descubierto los vínculos que existen entre la lucha por la democracia y la lucha por el socialismo, enunciaron la idea de la revolución permanente y esbozaron, en sus líneas generales, la idea de la hegemonía del proletariado en la revolución. La teoría marxista del Estado se vio enriquecida con la importantísima tesis de la destrucción de la maquinaria estatal burguesa, lo cual venía a profundizar y concretar lo que es principal en el marxismo, la doctrina de la dictadura del proletariado. Las geniales ideas de Marx y Engels sobre la futura sociedad socialista y comunista sirvieron de base teórica para el ulterior desarrollo de la doctrina marxista sobre la construcción del socialismo y del comunismo. [121]




{37} C. Marx y F. Engels, Mensaje del Comité Central a la Liga de los Comunistas. En Obras escogidas, trad. esp., ed. cit., t. I, pág. 96.

{38} V. I. Lenin, El Estado y la revolución. Obras completas, ed. esp., t. XXV, pág. 402. Editorial Cartago, Buenos Aires, 1958.

{39} C. Marx, El dieciocho brumario de Luis Bonaparte. C. Marx y F. Engels, Obras escogidas, trad. esp., ed. cit., t. I, pág. 303.

{40} C. Marx, El dieciocho brumario de Luis Bonaparte. C. Marx y F. Engels, Obras escogidas, ed. cit., t. I, pág. 226.

{41} Ibídem, pág. 250.

{42} C. Marx, Prólogo de la “Contribución a la crítica de la economía política”. C. Marx y F. Engels, Obras escogidos, ed. cit., t. I, págs. 332-333.

{43} C. Marx, El Capital, trad. de W. Roces, Ed. Fondo de Cultura Económica, México, 1959, t. I, pág. 132.

{44} Ibídem, pág. 130.

{45} C. Marx, El Capital, trad. de W. Roces, México, 1959, t. I, págs. 130-131.

{46} Ibídem, pág. 136.

{47} Ibídem, pág. 132.

{48} Obra citada, t. III, pág. 815.

{49} C. Marx, El dieciocho brumario de Luis Bonaparte. C. Marx y F. Engels, Obras escogidas, ed. cit, t . I, pag. 247.

{50} C. Marx, El Capital, ed, cit., t. I, pág. 48.

{51} C. Marx, El Capital, ed. cit., t. I, pag. 44.

{52} C. Marx, Prólogo de la “Contribución a la crítica de la economía política”. C. Marx y F. Engels, Obras escogidas, ed. cit., t. I, pág. 333.

{53} C. Marx, Prólogo de la “Contribución a la crítica de la economía política”. C. Marx y F. Engels, Obras escogidas, ed. cit., t. I, pág. 333.

{54} Ibídem.

{55} C. Marx, Prólogo de la “Contribución a la crítica de la economía politica”. C. Marx y F. Engels, Obras escogidas, ed. cit., t. I, págs. 333-334.

{56} C. Marx, El Capital, ed. cit., t. III, pág. 759.

{57} Archivo de Marx y Engels, ed. rusa, t. IV, Moscú, 1935, pág. 117.

{58} Ibídem, pág. 119.

{59} Karl Marx, Grundrisse der Kritik der politischen Ökonomie. Moscú, 1939, S. 599.

{60} Ibídem.