Filosofía en español 
Filosofía en español

Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSSHistoria de la Filosofía, México 1962


Tomo 3 ❦ Capítulo II: 1

1. Desarrollo del materialismo dialéctico en “El Capital” y en otros trabajos de C. Marx.

Las obras principales del marxismo en el período histórico que nos ocupa son las investigaciones económicas de C. Marx: Contribución a la critica de la economía política (1859) y singularmente El Capital, el más grande de los trabajos del fundador del comunismo científico, cuyo primer tomo vio la luz en 1867. “Desde que en la tierra existen capitalistas y obreros –escribía Engels refiriéndose a El Capital– no ha aparecido aún un solo libro que tuviera tanta significación para los obreros como el que tenemos ante nosotros.”5

Los “críticos” burgueses del marxismo miran a menudo El Capital y demás investigaciones económicas de Marx como algo que no tiene nada que ver con la filosofía. Tal “base” sirve a algunos de esos “críticos” incluso para afirmar que Marx no expuso en lugar alguno su filosofía, y que, por tanto, carece de todo sistema filosófico. No obstante, El Capital y otros trabajos de Marx representan no sólo una gran aportación a la economía política, sino también geniales investigaciones en el terreno de la filosofía y del socialismo científico.

Refiriéndose a la importancia de El Capital, Lenin indicaba que si bien Marx no había dejado una Lógica con mayúscula. o. en otras palabras. si no hizo una exposición sistemática de la dialéctica en una obra especialmente consagrada a este tema, dio la lógica de El Capital, aplicó a la economía política la dialéctica materialista, que es la lógica y la teoría del conocimiento del marxismo.

Algunos “críticos” burgueses y revisionistas del marxismo, que niegan la posibilidad de la dialéctica materialista, procuran en vano demostrar que el método de Marx, en el fondo, no se diferencia en nada del método idealista hegeliano.6 Cuando los “críticos” burgueses califican el marxismo [89] como una construcción idealista tomada de Hegel, tratan de presentar la economía política de Marx y las conclusiones revolucionarias que de ella se desprenden como una construcción teórica puramente especulativa, ajena a la realidad del desarrollo histórico-social, y, de paso, desacreditar la dialéctica marxista. El estudio de las obras económicas de Marx, y en particular de la Contribución a la crítica de la economía política y de El Capital, no deja piedra sobre piedra de las afirmaciones de los “críticos” del marxismo, puesto que precisamente en ellas se revela el carácter objetivo de las leyes de la dialéctica como leyes del desarrollo de la realidad material y se muestra la radical contradicción que existe entre la dialéctica materialista marxista y la dialéctica idealista de Hegel.7

La dialéctica idealista hegeliana, según subrayaba Engels, era absolutamente inservible para el estudio de las relaciones económicas de la sociedad burguesa. El método hegeliano “era un método esencialmente idealista, y aquí se trataba de desarrollar una concepción del mundo más materialista que todas las anteriores. Aquel método arrancaba del pensamiento puro, y aquí había que partir de los hechos más tenaces. Un método que, según propia confesión de Hegel, “partía de la nada para llegar a la nada a través de la nada, era de todos modos impropio bajo esta forma”.8 Naturalmente, el método científico de la economía política marxista podía ser sólo la dialéctica materialista, según la cual las leyes que rigen el desarrollo económico son leyes perfectamente objetivas, es decir, que no dependen de la voluntad, la conciencia y los propósitos de nadie. En las últimas palabras a la segunda edición del tomo primero de El Capital, Marx escribe:

“Mi método dialéctico no sólo es fundamentalmente distinto del método de Hegel, sino que es, en todo y por todo, la antítesis de él. Para Hegel, el proceso del pensamiento, al que él convierte incluso, bajo el nombre de idea, en sujeto con vida propia, es el demiurgo de lo real, y esto la simple forma externa en que toma cuerpo. Para mí, lo ideal no es, por el contrario, más que lo material traducido y traspuesto a la cabeza del hombre.”9 [90]

Si, según Hegel, los procesos materiales son una manifestación del proceso del pensamiento (de la idea absoluta), para Marx el proceso del pensamiento es un reflejo de procesos materiales. que tienen lugar independientemente del pensar. Marx rechaza la mistificación hegeliana de la realidad y del proceso mismo del conocimiento, mistificación que cubría con un velo el estado de cosas imperante en la sociedad explotadora. La dialéctica reducida a su forma racional –escribe Marx– provoca la cólera y es el azote de la burguesía y de sus portavoces doctrinarios, porque en la inteligencia y explicación positiva de lo que existe abriga a la par la inteligencia de su negación, de su muerte forzosa; porque, crítica y revolucionaria por esencia, enfoca todas las formas actuales en pleno sin omitir. por tanto, lo que tiene de perecedero y sin dejarse intimidar por nada.”10

La dialéctica de Marx es opuesta también a la metafísica de los representantes de la economía política burguesa. para la cual el modo capitalista de producción es algo eterno, dado de una vez para siempre e inmutable, expresión necesaria de la “naturaleza” humana. De ahí que el método de investigación de que se valen los economista burgueses tienda de preferencia al estudio de los índices cuantitativos que caracterizan el valor, la ganancia, la renta de la tierra, etc. No se preguntaban por qué estos fenómenos económicos adoptan tal carácter precisamente, y no otro. Semejante visión les llevaba, como es lógico, a pasar por alto la peculiaridad histórica del capitalismo, la diferencia cualitativa que éste presenta respecto del feudalismo, la esclavitud, etc.; les llevaba a identificar las relaciones económicas existentes en las distintas formaciones sociales.

En oposición a los economistas burgueses de mentalidad metafísica, Marx centraba especialmente su atención en el análisis de los rasgos cualitativos específicos del capitalismo como forma perecedera e históricamente definida de la producción social. Con su balance teórico del desarrollo teórico del capitalismo y de la historia de las doctrinas económicas hizo una exposición completa de la dialéctica materialista como genuino método científico de investigación.

En los estudios económicos de Marx ocupan un lugar singularísimo las leves fundamentales de la dialéctica materialista, y, en particular, la ley de la unidad y la lucha de contrarios, que es la fuente del automovimiento y desarrollo de todas las cosas. El análisis concreto de un enorme material económico le lleva a demostrar que, en la realidad, los contrarios, además de excluirse y negarse, se condicionan recíprocamente. Precisamente la condicionalidad y la exclusión recíprocas de los contrarios hace necesaria la contradicción, la lucha entre ellos. Marx investiga muy diversas formas de desarrollo de las contradicciones internas y señala que la lucha de los contrarios es el contenido interno y la fuerza motriz del proceso de desarrollo y, en particular del paso de lo viejo a lo nuevo, de lo inferior a lo superior. “... El único camino histórico por el cual pueden destruirse y transformarse las contradicciones de una forma histórica de producción es el desarrollo de esas mismas contradicciones.”11 [91]

Marx somete a una crítica profunda y exhaustiva la metafísica de la economía política burguesa, que vela las contradicciones del capitalismo. Así, al criticar a James Mill, que presentaba el capitalismo como un régimen “armónico”, dice: “Allí donde la relación económica –y por consiguiente también las categorías que la expresan– contiene contrarios, es una contradicción, y justamente una unidad de contradicciones, él subraya el aspecto de la unidad de los contrarios y niega los contrarios. La unidad de los contrarios la convierte en identidad directa de estos contrarios.”12

Partiendo de la concepción materialista dialéctica de la naturaleza objetiva de las contradicciones internas, Marx examina en relación con ello el desarrollo de la formación capitalista. Toda la estructura de El Capital se caracteriza por el estudio del desarrollo de las contradicciones encerradas en una relación tan simple de la sociedad burguesa como es la mercancía: contradicción entre el valor de uso y el valor, entre el trabajo concreto y el trabajo abstracto, etc. Del análisis de las contradicciones de la economía mercantil simple, Marx pasa a las contradicciones de la producción mercantil-capitalista entre el valor y la plusvalía, descubriendo más profundamente cada vez la esencia del modo capitalista de producción. El movimiento de los conceptos en El Capital refleja el desarrollo de las contradicciones de la propia realidad capitalista. “No existe otro procedimiento para resolver las verdaderas contradicciones”,13 dice Marx.

Una forma necesaria de la manifestación de las contradicciones fundamentales del capitalismo es la lucha de clases, que con la fuerza de una ley conduce a la solución de las contradicciones antagónicas inherentes al capitalismo, a la revolución proletaria.

Refiriéndose a la dialéctica de El Capital, V. I. Lenin escribe que en Marx “primeramente se analiza la relación más simple, ordinaria y fundamental de la sociedad burguesa (mercantil), la más corriente, la más común, que se repite miles de millones de veces: el intercambio de mercancías. El análisis descubre en este sencillísimo fenómeno (en esta “célula” de la sociedad burguesa) todas las contradicciones (resp. el germen de todas las contradicciones) de la sociedad moderna. La ulterior exposición nos muestra el desarrollo (el crecimiento y el movimiento) de [92] estas contradicciones y de esta sociedad en la Σ (en la suma. — N. de la Red.) de sus distintas partes, desde su principio hasta su fin”.14

Al investigar las contradicciones del capitalismo y caracterizar la esencia de los cambios de clase que se producen en la sociedad burguesa, Marx pone de manifiesto la acción de la ley del paso de la cantidad a la cualidad en los fenómenos sociales. Así, cuando analiza la conversión del maestro artesano en capitalista, señala cómo la gradual acumulación de dinero y de mercancías en manos de los distintos poseedores conduce en última instancia a una relación de producción cualitativamente nueva. “Aquí –dice–, como en las ciencias naturales, se confirma la exactitud de aquella ley, descubierta por Hegel en su Lógica, según la cual, al llegar a un cierto punto, los cambios puramente cuantitativos se truecan en diferencias cualitativas.”15 Pero si en Hegel esta ley se mostraba como el movimiento del concepto del ser puro, Marx investiga el carácter lógico de la transformación revolucionaria, a saltos, de los cambios cuantitativos en cualitativos dentro de la propia realidad material. Marx demuestra la universalidad real de la ley del paso de la cantidad a calidad, mientras que para Hegel era solamente una ley del pensamiento, y además sólo en la fase inferior de su propio desarrollo.

El análisis de los procesos contradictorios del desarrollo del capitalismo conduce también a Marx a la interpretación materialista y a un ulterior impulso de la ley, formulada por Hegel, de la negación de la negación. Ya en los Manuscritos económico-filosóficos de 1844 señalaba que la concepción hegeliana de la negación, al ser concebida ésta por el idealista alemán como algo que se sucede en el pensamiento, no ostenta un carácter revolucionario, no es, de hecho, la ruptura radical del orden de cosas existente y el paso a una situación cualitativamente nueva. Contrariamente a Hegel, Marx muestra que la negación no significa la superación ideal, sino real, de la anterior fase de desarrollo, de la vieja forma y del viejo contenido. Tal es, por ejemplo, el proceso de aparición de la propiedad privada capitalista, premisa histórica del cual fue, como es sabido, la acumulación originaria del capital, la expropiación de los pequeños productores.

Anticipándose genialmente al futuro, Marx demuestra que la propiedad burguesa, necesariamente, por la fuerza de la lógica objetiva de su desarrollo, conduce a su negación, a la revolución proletaria, la cual “no restaura la propiedad privada ya destruida –dice Marx–, sino una propiedad individual que recoge los progresos de la era capitalista: una propiedad individual basada en la cooperación y en la posesión colectiva de la tierra y de los medios de producción producidos por el propio trabajo.”16 Marx, en el proceso del análisis de la sociedad capitalista, aplica magistralmente las leves fundamentales de la dialéctica materialista; apoyándose en este análisis, muestra el carácter dialéctico de categorías filosóficas tales como esencia y fenómeno, causa y efecto, posibilidad y realidad, necesidad y casualidad. [93]

Parte Marx de la afirmación de que la esencia es a la vez el nexo, internamente inherente al fenómeno, de sus diversos aspectos, el nexo necesario entre los fenómenos y la contradicción interna que es la fuerza motriz del desarrollo. La tarea del conocimiento científico, según Marx, consiste en descubrir, tras las formas exteriores de los fenómenos, su contenido interno, sus causas y sus leyes. Al indicar la diferencia que hay entre los fenómenos y su esencia, subraya que “toda ciencia estaría de más si la forma de manifestarse las cosas y la esencia de éstas coincidiesen directamente...”17 Pero del hecho de que la esencia y el fenómeno no coincidan no se desprende en absoluto que una y otro sean entre sí-independientes. In realidad, se hallan internamente vinculados entre sí. El conocimiento va de la observación de los fenómenos a una penetración cada vez más profunda en su esencia, y del conocimiento de la esencia a la investigación de las diversas formas en que se manifiesta. Es necesario reducir el movimiento aparente, que se revela en la superficie de los fenómenos, al movimiento real, interno. De ahí, por ejemplo, que la investigación de la competencia haya de poner en claro las leyes de la producción capitalista mercantil que la engendran. En este sentido, esencia y fenómeno no son sólo relaciones reales existentes en el propio mundo objetivo, sino también (al ser reflejadas en la conciencia) determinados grados o aspectos del desarrollo, que llevan a ahondar el conocimiento humano.

Los representantes de la economía política burguesa vulgar no podían conocer, ni aspiraban a ello, los nexos internos que rigen los fenómenos con sujeción a leyes: presentaban como verdadera esencia interna de éstos los vínculos y relaciones exteriores, que se perciben directamente.

Mientras que la economía política burguesa clásica, según escribe Marx, “investiga la concatenación interna del régimen burgués de producción”, los economistas vulgares “no saben más que hurgar en las concatenaciones aparentes, cuidándose tan sólo de explicar y hacer gratos los fenómenos, si se nos permite la frase, y mascando hasta convertirlos en papilla para el uso doméstico de la burguesía los materiales suministrados por la economía científica desde mucho tiempo atrás...”18

Cuando Marx desenmascara la economía política vulgar y somete a crítica la limitación metafísica de sus grandes predecesores en esta ciencia –A. Smith, Ricardo y otros–, no se limita a descubrir los vínculos internos recíprocos de la esencia y el fenómeno, sino que explica concretamente la razón de que los hechos empíricos, los procesos exteriores, se diferencien de la esencia, de la ley interna, por qué determinada esencia o ley de los fenómenos no pueda manifestarse en su forma pura. Marx subrayaba particularmente que la tarea de la ciencia, una vez que ha descubierto la esencia de los fenómenos, consiste en mostrar la necesidad de una u otra manifestación de la esencia, comprendida la necesidad de la apariencia a ella inherente. La ciencia ha de analizar los eslabones intermedios, que se interponen entre la esencia y el fenómeno y modifican su relación recíproca y su expresión exterior. Al investigar, por ejemplo, la ley del valor, escribe Marx a L. Kugelmann el 11 de julio de 1868, la [94] tarea “consiste, concretamente, en explicar cómo se manifiesta la ley del valor...”19

Tal planteamiento dialéctico ayudó a Marx a resolver los problemas más arduos de la economía política, ante los cuales se habían mostrado impotentes los representantes clásicos de esta ciencia en el pasado. Se sabe que, de conformidad con la ley del valor, capitales que ponen en movimiento igual cantidad de trabajo vivo, en igualdad de condiciones, han de aportar una plusvalía y una ganancia idénticas. Pero de hecho no resulta así. Capitales de la misma cuantía pueden poner en movimiento cantidades distintas de trabajo vivo y, sin embargo, proporcionan igual ganancia. Ricardo, según hace ver Marx, no pudo resolver esta contradicción, puesto que no comprendía la dialéctica de la conversión del valor en precio de producción y los identificaba. Ricardo estimaba que la diferencia entre el precio de venta de las mercancías y su valor es o una excepción o un exponente de la limitación de la ley del valor. Este error de Ricardo derivaba de su noción metafísica sobre la correlación de la ley y de sus manifestaciones, de la incomprensión de que entre la esencia y el fenómeno hay eslabones intermedios que transforman el valor en precio de producción. Ricardo, escribe Marx, “se salta los necesarios eslabones intermedios y trata de demostrar directamente la coincidencia de unas categorías económicas con otras”.20 Como consecuencia de ello, Ricardo confunde las categorías filosóficas de esencia y fenómeno. La esencia es considerada por él como algo petrificado y dado de una vez para siempre, fuera del desarrollo y de la lucha de contradicciones.

En relación íntima con las categorías de esencia y fenómeno se encuentran categorías tales como posibilidad y realidad, que reflejan el proceso de desarrollo de los fenómenos reales y del conocimiento que de ellos tenemos. También estas categorías son inseparables una de otra, aunque cada una de ellas representa la negación de su contrario. La posibilidad se transforma en realidad, pero este proceso no se produce siempre, sino sólo en determinadas condiciones.

Al investigar la economía mercantil simple, Marx indica la posibilidad de las crisis económicas, posibilidad que reside en el simple hecho de la división del proceso de intercambio de mercancías en dos actos independientes (M — D y D — M), en que la transformación de las mercancías en dinero (venta) no siempre ni al momento va acompañada del acto opuesto y complementario de transformación del dinero en mercancías (compra). Sólo en el curso del desarrollo histórico de la producción y circulación capitalista se convierte en realidad esta posibilidad de la crisis.

La realización de la posibilidad es su negación, puesto que lo posible se convierte en real. Pero la propia realidad contiene en sí muy diversas posibilidades, debido a lo cual la transformación de la posibilidad en realidad no elimina la interdependencia de estas categorías, aunque le da una forma nueva. La mercancía, por ejemplo, como fenómeno social perfectamente definido que es, contiene en sí la posibilidad del dinero, la [95] cual, al convertirse en realidad, niega simultáneamente su posibilidad y la conserva en el dinero como mercancía que posee la propiedad de ser el equivalente universal de todas las mercancías. Al propio tiempo, el dinero contiene la posibilidad de su transformación en capital, en plusvalía que crece por sí misma. Este proceso es necesario, pero la forma de su realización es casual.

La aparición de una nueva realidad partiendo de la posibilidad se produce, según mostraba Marx, en el proceso de desarrollo, cuando la necesidad se abre camino a través de un cúmulo de casualidades. La casualidad, en determinadas condiciones, puede convertirse y se convierte en necesidad, y esta última es inconcebible sin casualidad, como forma en la cual se manifiesta. Lo que en el pasado era necesidad, en el proceso de ulterior desarrollo de la realidad puede convertirse en casualidad, y viceversa.

En su análisis del desarrollo de las formas del valor, Marx señalaba que la ley del valor, como necesidad, se manifiesta aún débilmente a través de la forma simple o casual del valor. Esto se explica por la circunstancia de que en las fases iniciales del intercambio de mercancías el valor se manifiesta en la propia realidad como algo casual. Sin embargo, en el desarrollo histórico subsiguiente, al aumentar la producción de mercancías y la circulación, la forma casual del valor se va convirtiendo paulatinamente, primero en ampliada y luego en universal y monetaria. En el curso de esta transformación, la casualidad del cambio se va convirtiendo en necesidad, en ley, y una necesidad como el trueque, característico de la economía natural, llega con el tiempo a convertirse en casualidad.

La necesidad va unida inseparablemente a la casualidad; no existen ni pueden existir la una sin la otra. La ley del valor, por ejemplo, que es una necesidad interna de la producción y circulación de mercancías dentro del sistema capitalista, no puede existir sin que se revele su contrario: la casualidad, provocada por la competencia de los productores de mercancías, por las fluctuaciones en el mercado entre la demanda y la oferta y por otras muchas causas. De ahí que el precio sea una unidad de la necesidad y de la casualidad. Es una unidad de contrarios que no existen el uno sin el otro y, al mismo tiempo, se excluyen recíprocamente.

Así, a la vez que revela consecutivamente los diferentes aspectos de las contradicciones del capitalismo, su esencia y las leyes internas de su movimiento, Marx elabora las categorías de la lógica dialéctica materialista.

Una señalada aportación a la teoría del conocimiento del materialismo dialéctico es el problema de la abstracción científica, que Marx estudia en relación con las categorías de la lógica dialéctica. Marx investiga el origen y desarrollo de las abstracciones científicas, su relación mediata respecto de la realidad objetiva y su-valor cognoscitivo.

Al criticar a los idealistas, que tomaban las relaciones económicas reales como expresión de conceptos e ideas existentes en la cabeza humana, Marx explica que las relaciones sociales son independientes de esos conceptos y representaciones; estos últimos son un reflejo de dichas relaciones sociales. Por esto, el punto de arranque de la investigación no han de ser las abstracciones, sino los hechos reales en los cuales éstas se [96] basan. Las contradicciones que se descubren en las abstracciones científica tienen su raíz en la propia realidad objetiva.

La aparición de determinadas abstracciones científicas es. según Marx. un momento y un grado necesario en el conocimiento científico de la realidad. y se encuentra condicionado por premisas económico-sociales. Así, el descubrimiento de la ley del valor era imposible en la antigüedad, ante todo porque en aquella época el trabajo abstracto no se había convertido aún en la realidad misma en principio dominante sobre el que descansaran todas las relaciones económicas entre los hombres. Justamente por ello. Aristóteles, observa Marx, no pudo llegar hasta el concepto general de valor, aunque comprendía que las mercancías intercambiadas contienen algo de común e igual, gracias a lo cual se hace posible el cambio de unas por otras.

El concepto de trabajo en general. de trabajo como tal, surge, según lo indica Marx, sólo cuando los distintos trabajos parciales, independientes por completo entre sí, pero relacionados unos con otros, son reducidos constantemente en determinadas proporciones a su medida social, al trabajo abstracto, al trabajo en general. Esta reducción se manifiesta en forma de abstracciones, pero “se trata de una abstracción que en el proceso social de producción tiene lugar diariamente”.21

Marx subrayaba especialmente el papel de las abstracciones científicas en el proceso del conocimiento. “... En el análisis de las formas económicas –decía– de nada sirven el microscopio ni los reactivos químicos. El único medio de que disponemos, en este terreno, es la capacidad de abstracción.”22 Esta última consiste en separar de los fenómenos lo secundario, a fin de destacar los vínculos internos, las interdependencias esenciales, las leyes que la observación empírica no puede percibir directamente.

Ahora bien, en la abstracción científica lo general es inseparable de lo particular y lo individual, por cuanto esta abstracción, siendo como es un reflejo de la diversidad de los fenómenos en la vida real, refleja la vinculación recíproca interna de lo general, lo particular y lo individual que les es inherente. Esto diferencia, entre otras cosas, la concepción materialista dialéctica de las abstracciones científicas propias de la concepción metafísica, la cual ve en las abstracciones únicamente lo general, divorciándolo de lo particular y de lo individual. Este modo de operar con las abstracciones como algo sólo general, lleva a los pensadores burgueses a los razonamientos sobre la sociedad como tal y sobre el progreso en general, con lo que se vela el carácter históricamente transitorio del capitalismo y de sus leyes.

En oposición a la metafísica burguesa, Marx opera con abstracciones que son generalizaciones de fenómenos y procesos concretos, engendrados por determinadas condiciones históricas. Categorías de la economía política marxista tales como la plusvalía, el trabajo necesario y plustrabajo, el capital y otras, son grados de la investigación científica de las leyes [97] específicas del modo capitalista de producción, que lo diferencian de las restantes formas de producción social.

Las abstracciones científicas en la doctrina de Marx son, pues, el resultado y el medio del descubrimiento en los fenómenos y objetos individuales de lo que es esencial y, al mismo tiempo, históricamente específico. También ponen de manifiesto lo general en lo particular y lo individual, y permiten prescindir en el conocimiento de lo inesencial y casual, y destacar lo que es esencial y principal. Con ayuda de las abstracciones –en unidad con la experiencia, con la práctica, como base y criterio del conocimiento– la ciencia busca tras la mutable variedad externa de los fenómenos algo relativamente permanente, necesario y estable, que permanece fijo al cambiar los fenómenos. Así, por ejemplo, la economía política de Marx, al investigar el proceso de la formación de los precios en el mercado burgués, muestra que los precios de unas mismas mercancías cambian constantemente en la sociedad capitalista, mientras que su valor, dentro de un determinado lapso de tiempo, permanece en lo fundamental invariable. Y por mucho que los precios de las mercancías cambien dentro de dicho lapso, no son sino formas de expresión del valor.

Para que las abstracciones puedan cumplir su misión en el conocimiento han de distinguirse, según subrayaba Marx, por un suficiente grado de separación respecto de los datos singulares percibidos directamente, y por determinada perfección. Cualquier imperfección, consumación o indeterminación de las abstracciones conduce inevitablemente a una interpretación errónea de los profundos procesos que han de ser comprendidos con ayuda de dichas abstracciones. De ahí que Marx sometiese a una minuciosa crítica, también en este sentido, muchas de las abstracciones de que se valía la economía política burguesa clásica. Hizo ver que la imperfección era uno de sus más importantes defectos. La falta de una definición precisa de la plusvalía en A. Smith y Ricardo, por ejemplo, hace que el concepto de valor no se encuentre en ellos aislado de otros conceptos, se confunda con los conceptos de ganancia, de cuota general de ganancia y de los tipos especiales de ganancia. Refiriéndose a las abstracciones con que operaba Ricardo, Marx indica que “si bien se reprocha a Ricardo una abstracción excesiva, lo justo sería reprocharle lo contrario, a saber: la capacidad insuficiente de abstracción, la incapacidad, cuando examina los valores de las mercancías, de olvidar la ganancia, hecho que se levanta ante él desde la esfera de la competencia”.23

Contrariamente a Smith y Ricardo, Marx hace una neta delimitación entre plusvalía y ganancia, mostrando al mismo tiempo su unidad. Esto le permite descubrir el verdadero origen del enriquecimiento de los capitalistas, arrancar los velos que lo ocultaban y demostrar que, cualesquiera que sean las formas de ese enriquecimiento, su origen reside en la plusvalía creada por el obrero en el proceso de su explotación por el capitalista.

Con ayuda de los conceptos abstractos, que son impresiones mentales de lo que dentro de la propia realidad existe como esencial y necesario, el hombre, según Marx, busca las causas sustanciales de los fenómenos y, de este modo, los hace comprensibles. Precisamente por ello, las abstracciones [98] son medios para un conocimiento del mundo más profundo que las percepciones sensoriales directas.

Ahora bien, ningún concepto, por justo que sea, está en condiciones de expresar toda la plenitud y complejidad de los procesos que se investigan. Unicamente el conjunto, el sistema de conceptos vinculados entre si dialécticamente, es capaz de reflejar, resumir y generalizar los variados hechos de la realidad en su interdependencia, movimiento, cambio y desarrollo.

No solamente los propios conceptos, sino también el nexo y la interdependencia entre ellos han de reflejar los vínculos y relaciones que tienen existencia objetiva; en otro caso carecerían de valor cognoscitivo. Desde este punto de vista presenta un formidable interés el examen del vínculo y de las transiciones recíprocas de los conceptos en El Capital de Marx. El paso del concepto de valor al de plusvalía, por ejemplo, refleja un proceso histórico en el que, en determinadas condiciones, el valor engendra la plusvalía. La ganancia es la forma trasformada de la plusvalía, que enmascara la explotación de los proletarios por los capitalistas, y el paso del análisis de la ganancia al de la plusvalía refleja el mecanismo de distribución de esta última entre las distintas capas de la burguesía, mecanismo objetivo internamente propio de la producción capitalista.

Así, pues, la vinculación de los conceptos (y esto, según señala Marx, no se refiere sólo a los ejemplos examinados) refleja relaciones que tienen existencia real. De ahí que la investigación de los vínculos lógicos sea -inseparable del análisis científico de su base material. Desde este punto de vista, desde las posiciones de la dialéctica materialista, Marx somete a crítica la limitación de la economía política clásica burguesa, los representantes de la cual, con toda su probidad científica y su aspiración a penetrar en la esencia de los fenómenos, no fueron capaces de descubrir muchos vínculos y transiciones recíprocas existentes entre los distintos “aspectos de la sociedad capitalista (y entre las correspondientes categorías de la ciencia que fijan esos aspectos). Marx señalaba, por ejemplo, que, a primera vista, A. Smith y Ricardo examinan la plusvalía y la ganancia -en su relación recíproca, cuando un estudio más detenido nos dice que –al ser incapaces de establecer la diferencia entre ellas– confunden simplemente la una con la otra, con lo que les es imposible penetrar en el vínculo interno que las une y las presentan como divorciadas.

Apoyándose en la investigación concreta, que pone de manifiesto los vínculos reales de los procesos económicos y que refleja estos procesos en las categorías de la ciencia económica, Marx expone claramente la inconsistencia de la lógica idealista hegeliana, la cual aspira a representar el esquema absoluto de todos los procesos que tienen lugar en el mundo. que Hegel se imaginaba, en su base, como procesos lógicos. Hegel planteó el problema de los vínculos entre las categorías, de su desarrollo y transición de uno a otro. No obstante, estos vínculos ostentan a menudo en el sistema idealista de Hegel un carácter artificial e imaginario, puesto que las categorías son presentadas no como reflejo de los procesos históricos reales, sino como el contenido interno y la fuerza motriz de éstos.

Marx resuelve con un criterio materialista los importantes problemas de la lógica dialéctica planteados por Hegel: la relación entre lo abstracto [99] y lo concreto, lo lógico y lo histórico, etc. La ciencia, indica Marx, comienza históricamente la investigación “por las premisas reales, y, por consiguiente, cuando, por ejemplo, se trata de la Economía política, comienza por la población, que es la base y el sujeto de todo el proceso social de producción”.24 Sin embargo, para estudiar el todo, es necesario primeramente dividirlo, separar sus distintos aspectos o partes. Estas partes del todo, separadas por el análisis, encuentran su expresión en las abstracciones, las cuales son examinadas en su relación cambiante entre sí. de conformidad con la relación real de las partes del todo en la realidad objetiva. Unicamente así es como pueden ser conocidas científicamente la variedad de los fenómenos, el todo y sus leyes.

“Lo concreto es concreto –escribe Marx– porque es la síntesis de innumerables determinaciones, siendo la unidad de lo diverso. En el pensamiento se presenta, por ello, como un proceso de unificación, como resultado, aunque en realidad es el punto de partida real, y, por consiguiente, lo es también de la percepción y la representación. Por cl primer camino, la representación se evapora toda ella hasta convertirse en una determinación abstracta; por el segundo, en cambio, las determinaciones abstractas conducen a la reproducción de lo concreto por medio del pensamiento.”25 Este segundo camino del conocimiento lo caracteriza Marx como un grado teórico más alto del conocimiento científico, puesto que el conocimiento científico del proceso histórico concreto, íntegro y único en sus numerosas manifestaciones es imposible de alcanzar directamente en la primera fase de su investigación. Así, el conocimiento del capitalismo como un todo es irrealizable mediante el estudio directo del todo; al concepto del todo se puede llegar únicamente por la investigación de sus distintas partes y grados de desarrollo. Este concepto se muestra como la característica más completa del objeto del conocimiento; en ella los distintos rasgos, partes y facetas del objeto son examinados en su recíproca relación y dependencia.

Marx reelaboró con un criterio materialista la idea hegeliana del ascenso de lo abstracto a lo concreto, separando su núcleo racional, limpiándola de la paja mística y aplicándola al proceso del reflejo comprendido de un modo dialéctico. En relación con esto, Marx da una solución nueva al problema del punto de partida del análisis lógico del proceso histórico. Señala que en la economía política del capitalismo la premisa para conocer toda la variedad de relaciones de la sociedad burguesa es la separación de la relación económica más simple, de la célula de la sociedad burguesa –la mercancía–, a partir de la cual ha de comenzar la investigación teórica de las leyes fundamentales del capitalismo como formación económico-social específica. Marx pasa luego a fenómenos económicos cada vez más complejos y concretos.

En relación con el estudio de la mercancía, de la circulación mercantil como premisa histórica de la formación capitalista, Marx resuelve uno de los problemas más trascendentales de la lógica dialéctica: el del comienzo de la investigación, del punto de partida del conocimiento teórico, [100] del cual ha de arrancar el estudio de cualquier tema. Ese punto teóricamente inicial ha de ser la relación objetiva más simple de los fenómenos, que es condición necesaria para la existencia y desarrollo de todas las demás relaciones, más complejas, que se estudian en la ciencia dada. Al propio tiempo, esta misma relación objetiva es resultado del desarrollo precedente, y por ello ha de ser comprendida como relativamente compleja. La mercancía es anterior al capital, pero el desarrollo del capital no trae consigo la desaparición del intercambio de mercancías, sino, al contrario, lo reproduce sobre una base nueva y más amplia. Justamente por esto, en la mercancía, como punto inicial de la investigación, descubre Marx, en germen, las contradicciones del subsiguiente desarrollo de la formación capitalista. Tras de resolver el punto de partida de la investigación científica, Marx fundamenta la necesidad del ascenso teórico de lo abstracto a lo concreto, de lo simple a lo complejo. Para estudiar el objeto en toda su concreción, es decir, en todos sus vínculos y relaciones, es necesario hacer por el momento abstracción de la variedad de relaciones que le es propia y estudiarlo, por así decirlo, en su forma pura, y sólo después de esto pasar al examen del mismo en todas sus vinculaciones con otros fenómenos. Así, antes de analizar la producción capitalista en su unidad con la circulación (unidad que en la realidad existe), Marx investiga en un principio, en lo fundamental, la producción únicamente (primer tomo de El Capital); luego investiga la circulación capitalista en general y separadamente de la producción (segundo tomo de El Capital), y sólo después de esto presenta el panorama completo de la producción y la circulación no por separado, sino en su conjunto, en su unidad viva y concreta (tercer tomo de El Capital). De conformidad con la estructura general de toda la obra, es ordenado cada uno de los tomos del inmortal trabajo de Marx.

El sistema de las relaciones capitalistas aparece en El Capital de Marx ante el lector como un todo vivo, en desarrollo, con sus contradicciones internas, que por la fuerza de sus leyes engendra las condiciones de su propia muerte. Ascendiendo de lo abstracto a lo concreto y de la concreción de “primer orden” a la concreción de “segundo orden”, es decir, a la realidad concreta comprendida de manera más profunda y exhaustiva; de las relaciones generales más simples, descubiertas mediante el análisis, a las relaciones concretas cada vez más complejas del capitalismo, Marx fundamenta en todos los sentidos, en El Capital y en la Contribución a la crítica de la economía política, los principios del conocimiento dialéctico materialista por la ciencia de los más complejos fenómenos de la realidad objeto del estudio. Con ello, Marx desarrolla con espíritu creador la dialéctica materialista, ya que para él la dialéctica de la sociedad burguesa es, como dice Lenin, sólo un caso particular de la dialéctica en general.

Rasgo característico de la ascensión de lo abstracto a lo concreto y de la concreción de primer orden a la concreción de segundo orden, que Marx desarrolla en El Capital y en Contribuciones a la crítica de la Economía política, es que ello tiene lugar sobre la base de la unidad del análisis y la síntesis, de la inducción y la deducción.

En sus trabajos económicos, Marx brinda un ejemplo de análisis científico de la compleja y diversa realidad del capitalismo, de la separación [101] de los aspectos y fases fundamentales de este desarrollo en calidad de objetos específicos de la investigación. Gracias precisamente al análisis del proceso de desarrollo descubre Marx en la sociedad capitalista su “célula” más simple, las contradicciones de la producción mercantil simple, el carácter contradictorio de la fórmula general del capital y otros muchos fenómenos. El análisis indisolublemente unido a la síntesis es en Marx premisa natural para la reproducción en la ciencia del panorama «integral del objeto sometido a estudio. Al realizarse esta reproducción, a un primer plano pasa, en lo fundamental, la síntesis, que en Marx sirve no sólo de complemento del análisis, sino también como su continuación orgánica y desarrollo.

La síntesis, según se advierte en El Capital y en Contribución a la crítica de la economía política, es un complejo fenómeno de re-creación en el pensamiento del cuadro del todo, y no una simple yuxtaposición mecánica de las distintas partes extraídas del todo por el análisis. El movimiento del pensamiento de lo sensorialmente concreto a lo abstracto, característico del análisis, en su unidad con la síntesis, se ve completado y desarrollado más adelante por el movimiento del pensamiento de lo abstracto a lo concreto, como resultado del conocimiento, y a las diversas formas en que lo concreto se manifiesta. Gracias al paso del análisis a la síntesis, la realidad investigada aparece ante la mente del investigador como un todo único en el que sus distintas partes, puestas en el orden correspondiente por la realidad misma, se hallan cosubordinadas y aparecen como formas de expresión de la esencia, de profundas leyes. La síntesis termina y corona los logros de otras formas de conocimiento de la esencia, y ella misma, al participar también en el conocimiento, reproduce en la mente el movimiento concreto de esa esencia en el proceso real de su desarrollo. Si con ayuda del análisis y de otros procedimientos de investigación descubre Marx, por ejemplo, la plusvalía, valiéndose de la síntesis (en unidad con el análisis) muestra la manera cómo la plusvalía se concreta en las diversas formas de la ganancia capitalista: en la ganancia comercial, en el interés, en la renta del suelo, etc.

El análisis y la síntesis no sólo siguen el uno a la otra, sino que se hallan presentes en cada acto de conocimiento de la realidad. Cuando Marx investiga, por ejemplo, la esencia contradictoria de la mercancía, no sólo la divide, con ayuda del análisis, en valor de uso y valor de cambio, sino que también, valiéndose de la síntesis, muestra que estos aspectos de la mercancía, que se contradicen mutuamente, son aspectos de un todo único: de la producción mercantil simple y la producción mercantil capitalista y del cambio. De la misma manera procede Marx al estudiar la plusvalía, el capital, etc.

En el proceso de la investigación analítico-sintética Marx se vale también de la inducción y la deducción, es decir, de métodos del conocimiento en que el pensamiento, que parte en lo fundamental de la observación de los hechos concretos, llega a conclusiones generales (inducción), o bien, apoyándose en conclusiones generales, investiga hechos concretos (deducción). Lenin señalaba que Marx realiza en El Capital un análisis doble: deductivo e inductivo. Toda conclusión general va precedida en El Capital y en Contribución a la crítica de la economía política del detenido análisis [102] de un enorme número de hechos económicos empíricos. La conclusión general obtenida por el análisis inductivo (unido inseparablemente al análisis deductivo) sirve en Marx de base para el análisis deductivo (unido a la inducción) de nuevos fenómenos, al objeto de conocer su esencia, sus leyes de desarrollo.

La inducción y la deducción, lo mismo que el análisis y la síntesis, no son para Marx formas de investigación independientes, separadas del método dialéctico en su conjunto, sino modos del conocimiento subordinados a los dictados de la dialéctica materialista, a la teoría del conocimiento del materialismo dialéctico. Análisis y síntesis, inducción y deducción son en Marx categorías análogas a los procesos que tienen lugar en la realidad misma (división del todo en partes, síntesis de las partes en un todo, etc.), es decir, que reflejan estos procesos objetivos. “... La marcha del pensamiento abstracto, que asciende de lo simple a lo complejo, corresponde al proceso histórico real”,26 escribe.

Al criticar la metafísica de la economía política burguesa, Marx señala que una de las características del método empleado por A. Smith y Ricardo para el análisis de las relaciones capitalistas es el divorcio entre lo abstracto y lo concreto, la reducción de complejos fenómenos económicos a categorías económicas simples y abstractas, que luego son convertidas en absolutas, es decir, se consideran como algo inmutable y eterno. Esta unilateral vía analítica del conocimiento de lo concreto a lo abstracto, propia de Ricardo y de toda la economía política clásica burguesa, es de un carácter estrictamente metafísico. “En Ricardo –escribe Marx– la visión unilateral se deriva también de lo siguiente: en general, quiere demostrar que las distintas categorías o relaciones económicas no están en contradicción con la teoría del valor, en vez de proceder al contrario, de seguir su desarrollo, con todas sus aparentes contradicciones, partiendo de esta base, o revelar el desarrollo de esta misma base.”27 La raíz del error de Ricardo reside, pues, en su aspiración a derivar lo concreto (relaciones concretas y desarrolladas), directamente, de las relaciones no desarrolladas más abstractas, en vez de mostrar el avance consecuente de las primeras a partir de las segundas. Dicho de otro modo, Ricardo es incapaz de realizar el ascenso dialéctico de lo abstracto a lo concreto, y de lo menos concreto a lo más concreto.

Un error de este género tiene determinado fundamento social. Prueba que la economía política burguesa “no está interesada en desarrollar genéticamente las distintas formas, sino en reducirlas por vía analítica a la unidad, puesto que parte de ellas como de unas premisas dadas”.28 Esto significa que la economía política burguesa no considera la producción capitalista como una forma histórica, sino como la forma natural de la producción social, es decir, como algo absoluto y eterno. Por esta razón, las categorías económicas y el orden en que son investigadas en la economía política burguesa no reflejan una determinada sucesión en el desarrollo del capitalismo, sino que lo presentan como algo dado e inmutable [103] de una vez para siempre. Lillo expresa la aspiración burguesa a perpetuar el régimen capitalista.

Contrariamente a Hegel, quien consideraba que la marcha del pensamiento de lo abstracto a lo concreto no es un reflejo del desarrollo de la realidad, sino el movimiento propio del “concepto”, Marx demuestra que el ascenso de lo abstracto a lo concreto es el método con ayuda del cual “el pensamiento asimila lo concreto, lo reproduce como espiritualmente concreto. Sin embargo, esto no es en ningún caso un proceso de aparición de lo concreto mismo”.29

En su estudio de las leyes objetivas de desarrollo del capitalismo, Marx señala también que la investigación lógica del proceso histórico únicamente procura su conocimiento real cuando esa investigación refleja el proceso histórico y sus etapas fundamentales en el orden de sucesión en que tuvieron lugar en la realidad objetiva.

“Allí donde comienza esta historia debe comenzar también el proceso discursivo, y el desarrollo ulterior de éste no será más que la imagen refleja, en forma abstracta y teóricamente consecuente, de la trayectoria histórica; una imagen refleja corregida, pero corregida con arreglo a las leyes que brinda la propia trayectoria histórica; y así, cada factor puede estudiarse en el punto de desarrollo de su plena madurez, en su forma clásica.”30

El curso de la investigación lógica, el orden de sucesión de las categorías de El Capital refleja, pues, las fases históricas fundamentales de desarrollo del capitalismo. Tal es, por ejemplo, la investigación de las formas del valor, que comienza con la forma simple o casual del cambio y termina con la forma completa o desarrollada y, finalmente, con la forma monetaria del valor. Y en este análisis resulta que las categorías abstractas más generales de la economía política, a diferencia de otras categorías más concretas, reflejan etapas más tempranas del desarrollo del capitalismo (mercancía, cambio, dinero, etc.).

El paso de la economía mercantil simple a la producción y circulación mercantil capitalista, el paso de la producción de plusvalía absoluta a la producción de plusvalía relativa, de la cooperación a la manufactura y de la manufactura a la gran industria, es prueba también de cómo en Marx se refleja lo histórico en lo lógico. Refiriéndose a esta característica fundamental de la lógica de El Capital, Lenin escribía que en esta obra se dan la historia del capitalismo y el análisis de los conceptos que resumen dicha historia.

Pero aun subrayando los vínculos indisolubles de lo histórico y lo lógico, Marx no eleva esos vínculos al plano de lo absoluto. No trata de buscar artificialmente en la realidad cambios que corresponden a cada transición en el movimiento del análisis lógico. En el curso del ascenso del pensamiento científico de lo menos concreto a lo más concreto, de lo [104] simple a lo complejo, tiene excepcional importancia, ante todo, la división de los conceptos y un orden de sucesión en el análisis que correspondan a la división y al orden de sucesión de los fenómenos en la propia sociedad capitalista, ya estructurada y madura. Ese orden de sucesión de las categorías no refleja directamente en modo alguno las etapas fundamentales del desarrollo histórico del fenómeno que se investiga. En su Contribución a la crítica de la economía política dice Marx que, a primera vista, parece natural empezar el análisis de la producción capitalista por la renta de la tierra, por la propiedad agraria, puesto que la agricultura es la forma inicial de la producción en todas las sociedades sólidamente estructuradas. Pero no hay nada más erróneo que esta visión del análisis. “Cada forma de sociedad tiene una determinada producción, que determina el lugar y la influencia de todas las demás producciones, razón por la cual las relaciones engendradas por ella determinan también el lugar y la influencia de todas las demás producciones”, escribe. “Es como una iluminación general en la que desaparecen todos los demás colores y que modifica sus particularidades. Es como un éter especial que determina el peso especifico de todo lo existente que en él se descubre.”31

En las sociedades precapitalistas, la antigua y la feudal, la forma predominante de la producción era la agricultura; ésta imponía su sello a todos los demás tipos de producción, que adquirían por tanto un carácter agrícola y dependían por entero de la agricultura. Bajo el capitalismo, la cosa cambia. El tipo dominante de la producción es la industria, y la agricultura se va acercando paulatinamente a la producción industrial y cae por completo bajo el imperio del capital. La fuerza dominante en la sociedad burguesa es el capital industrial. Justamente por ello, éste, como dice Marx, “ha de ser el punto de partida y la meta, y hay que analizarlo antes que la propiedad de la tierra”. De ahí que “sería inadmisible y erróneo el tomar las categorías económicas en el orden de sucesión en que históricamente cumplieron un papel decisivo. Al contrario, su orden de sucesión viene determinado por la relación en que se encuentran entre sí en la sociedad burguesa moderna, con la particularidad de que esta relación es diametralmente opuesta a lo que parece natural o corresponde a la sucesión del desarrollo histórico. No se trata de la situación que históricamente ocuparon las relaciones económicas en las distintas formas sociales que se van sucediendo... Se trata de su división dentro de la sociedad burguesa moderna”.32

Esta tesis de Marx tiene una importancia formidable desde el punto de vista del método. De la verdad lógica, es decir, de la profundidad que alcance la generalización de los fenómenos en el grado más alto de su desarrollo (cuando se presentan en su forma más desarrollada), depende la profundidad y la verdad de la comprensión de lo histórico, de la historia empírica real. Todo lo que antecede a la aparición de una organización más elevada sólo puede ser comprendido acertadamente y hasta el fin en el caso de que esta organización más elevada sea acertadamente [105] comprendida. A este respecto Marx dice que “la anatomía del hombre es la clave de la anatomía del mono. Y viceversa, en las especies animales inferiores únicamente pueden ser comprendidos los signos de otras más elevadas cuando ya se conoce lo más elevado”.33

El estudio materialista dialéctico que Marx hace del problema de lo histórico y lo lógico en El Capital y en Contribución a la crítica de la economía política va dirigido, ante todo, contra la metafísica en general y contra la metafísica de la economía política burguesa en particular. En el curso de esta crítica demuestra Marx que la debilidad fundamental de dicha economía política es su enfoque no histórico de la investigación del modo burgués de producción, por lo que lo lógico, por ejemplo, aparece a menudo en Ricardo divorciado de lo histórico, desprovisto de un contenido histórico concreto. Ricardo, como toda la economía política clásica, “cae en fin de cuentas en el error, se equivoca –dice Marx– al considerar la forma fundamental del capital, la producción con objeto de apropiarse del trabajo ajeno, no como una forma histórica, sino como la forma natural de la producción social...”34

Marx demuestra que la lógica de una ciencia guarda una unidad indisoluble con la teoría de esta ciencia, con el contenido de las más importantes tesis que sintetizan y resumen la historia del objeto sometido a investigación y la historia de Ja ciencia que investiga dicho objeto. La economía política creada por Marx es la más profunda generalización teórica de la historia del capitalismo y, al mismo tiempo, la reelaboración crítica de toda la historia de la ciencia económica que estudia la formación capitalista. Así, pues, tomando los materiales de la historia del capitalismo y de la historia de la economía política como ciencia, Marx fundamenta teóricamente la tesis de la unidad de la lógica, la dialéctica y la teoría del conocimiento materialistas. “En El Capital –indica V. I. Lenin– se aplica a una misma ciencia la lógica, la dialéctica y la teoría del conocimiento del materialismo [no hacen falta tres palabras: es lo mismo]...”35 En su artículo Carlos Marx, Lenin escribía: “La dialéctica, tal como la comprendía Marx... engloba lo que hoy se llama teoría del conocimiento, la gnoseología, ciencia que debe enfocar también su objeto desde un punto de vista histórico, investigando y generalizando los orígenes y el desarrollo del conocimiento y el tránsito del no conocimiento al conocimiento.”36 La dialéctica, la lógica y la teoría del conocimiento del marxismo se hallan inseparablemente unidas a la historia del conocimiento, que ellas analizan, sintetizan y resumen.

Todo esto es prueba de que El Capital y otras obras económicas de Marx son a la vez geniales investigaciones filosóficas, en las que se estudian las más importantes leyes y categorías de la dialéctica materialista y se da base científica a los principios de la teoría del conocimiento del materialismo dialéctico. [106]




{5} F. Engels, [Recensión para “Demokratisches Wochenblatt”.] “El Capital” de Marx. C. Marx y F. Engels, Obras completas, t. XII. parte I, pág. 230.

{6} El jesuita francés Pierre Bigo, en su libro Marxismo y humanismo (1953), falsifica en todos los sentidos El Capital, del que dice que es una simple exposición de la Fenomenología del espíritu, de Hegel, en los términos de la Economía política. Bigo no quiere saber nada en absoluto del hecho básico de que El Capital es la investigación concreta, basada en la generalización crítica de un enorme cúmulo de datos, de las leyes de la aparición, desarrollo y muerte del capitalismo; de nada de esto, naturalmente, se habla en la Fenomenología del espíritu de Hegel, obra que da una interpretación idealista del proceso histórico del desarrollo espiritual de la sociedad, un proceso que para Hegel no sólo es independiente de las condiciones económicas (y materiales en general), sino que incluso lo determina. La mala fe del “crítico” católico del marxismo es sin duda superior a su impotencia teórica.

{7} De aquí se deriva también claramente la inconsistencia de la “crítica” neopositivista, que presenta la dialéctica materialista como una construcción apriorística especulativa. “No existen ni leyes del cambio ni leyes del desarrollo”, afirma el neopositivista K. Popper en contradicción con todos los datos de la ciencia (K. Popper, La misère de l'historicisme. París, 1956, pág. 117). Al rechazar el historicismo y calificar de ajeno a la ciencia el principio de la previsión científica fundamentado por el materialismo dialéctico, Popper pone claramente de relieve el carácter vicioso de la metodología del neopositivismo.

{8} F. Engels, La “Contribución a la crítica de la economía política”, de Carlos Marx. C. Marx y F. Engels, Obras escogidas, ed. cit., t. I, pág. 341.

{9} Carlos Marx. El Capital. trad. esp. de W. Roces, 2ª ed., t. I, pág. XXIII, Fondo de Cultura Económica. México-Buenos Aires, 1959.

{10} Carlos Marx, El Capital. trad. esp. de W. Roces, 2ª ed., t. I, pág. XXIV, Fondo de Cultura Económica, México-Buenos Aires, 1959.

{11} Ibídem, pág. 409.

{12} C. Marx, Teorías de la plusvalía, trad. rusa, t. III, Leningrado, 1936, pág. 66. Resulta curioso que la ley de la unidad y de la lucha de los contrarios, a la que los fundadores del marxismo dieron una base materialista, sigue hasta ahora siendo objeto de infinitos ataques de los recaderos cientificos de la burguesía. Sidney Hook, Merleau Ponty y otros modernos campeones de la reacción niegan la existencia de contradicciones en la realidad objetiva, en su empeño de velar las escandalosas contradicciones del sistema capitalista (Sidney Hook, Dialectical Materialism and Scientific Method, Manchester, 1955; Merleau Ponty, Les aventures de la dialectique, Paris, 1955). En los casos en que algunos filósofos burgueses llegan a admitir la existencia de contradicciones, niegan que sean la fuerza motriz del desarrollo; así lo hace, por ejemplo, CG. Wetter, quien afirma que la fuente del movimiento no está en el propio mundo material, sino fuera de él, en Dios (G. Wetter, Der dialektische Materialismus. Seine Geschichte und sein System in der Sorwjetunion. Vierte, bearbeitete Auflage. Wien, 1958). Mientras que los hechos hablan de la profundización de las contradicciones del régimen capitalista, los apologistas burgueses peroran acerca de la armonía.

{13} C. Marx, El Capital, ed. cit., t. I, págs. 64-65.

{14} V. I. Lenin, Cuadernos filosóficos. Obras completas, ed. rusa, t. 38, págs. 358-359.

{15} C. Marx, El Capital, ed. cit., t. I, pág. 247.

{16} Ibídem, pág. 649.

{17} C. Marx, El Capital, t. III, ed. cit., pág. 757.

{18} C. Marx, El Capital, ed. cit., t. I, pág. 45, nota 35.

{19} C. Marx y F. Engels, Obras escogidas, trad. esp., en dos tomos, Moscú, 1952, t. II, pág. 433.

{20} C. Marx, Teorías de la plusvalia, trad. rusa, parte II, Moscú, 1957, pág. 158.

{21} C. Marx, Contribución a la crítica de la Economía política. C. Marx y F. Engels, Obras completas, ed. rusa, t. 13, pág. 17.

{22} C. Marx, El Capital, ed. cit., t. I, pág. XIII. Prólogo a la primera edición.

{23} C. Marx, Teorías de la plusvalía, trad. rusa, parte II, pág. 184.

{24} Manuscritos de C. Marx. Introducción (Manuscritos económicos de 1857-1858). C. Marx y F. Engels, Obras completas, ed. rusa, t. 12, Moscú, 1958, pág. 726.

{25} Ibídem, pág. 727.

{26} Manuscritos de C. Marx. Introducción (Manuscritos económicos de 1857-1858). C. Marx y F. Engels, Obras completas, ed. rusa, t. 12, págs. 728-729.

{27} C. Marx, Teorías de la plusvalía, parte II, pág. 143.

{28} Obra citada, t. III, pág. 366.

{29} Manuscritos de C. Marx. Introducción (Manuscritos económicos de 1857-1858). C. Marx y F. Engels, Obras completas, ed. rusa, t. 12, pág. 727.

{30} F. Engels, La “Contribución a la crítica de la economía política”, de Carlos Marx. En C. Marx y F. Engels, Obras completas, ed. rusa, t. 13, pág. 497. (Trad. esp., en C. Marx y F. Engels, Obras escogidas, en dos tomos, t. I, pág. 343, Moscú, 1951.)

{31} Manuscritos de C. Marx. Introducción (Manuscritos económicos de 1857-1858). C. Marx y F. Engels, Obras completas, ed. rusa, t. 12, pág. 733.

{32} Ibídem, págs. 733-734.

{33} Manuscritos de C. Marx. Introducción (Manuscritos económicos de 1857-1858). C. Marx y F. Engels, Obras completas, ed. cit., pág. 731.

{34} C. Marx, Teorías de la plusvalia, ed. cit., t. III, pág. 366.

{35} V. I. Lenin, Cuadernos filosóficos. Obras completas, ed. rusa, t. 38 pág. 315.

{36} V. I. Lenin, Carlos Marx. En V. I. Lenin, Marx-Engels-Marxismo, trad. esp., 2ª ed., Moscú, 1948, pág. 16.