Filosofía en español 
Filosofía en español

Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSSHistoria de la Filosofía, México 1962


Tomo 3 ❦ Capítulo II

Desarrollo del materialismo dialéctico e histórico en el periodo que va desde las revoluciones burguesas de 1848-1849 hasta la Comuna de París.

Las revoluciones de 1848-1849 en Francia, Alemania, Austria y otros países europeos significaron la primera gran prueba y confirmación de la doctrina de Marx. Venían a demostrar que únicamente el proletariado es una clase socialista por su naturaleza misma, revelaban la transformación de la burguesía liberal en una fuerza contrarrevolucionaria y ponían de manifiesto la inconsistencia de las formas no científicas del socialismo anteriores a Marx. En el curso de estas revoluciones se elevó a gran altura el movimiento de emancipación de la clase obrera.

Desde los primeros días de la tormenta revolucionaria en Alemania, Marx y Engels se convirtieron en los inspiradores y organizadores de la lucha democrático-revolucionaria de las masas. De manera consecuente, aplicaron su programa proletario de acción en la revolución democrático-burguesa. La tarea principal del proletariado alemán veíanla los fundadores del marxismo en la implantación de la república democrática una e indivisible. La Nueva Gaceta Renana, que Marx, Engels y sus compañeros publicaron en Colonia en 1848 y 1819, llamaba al proletariado a ponerse a la cabeza de la lucha democrática de todo el pueblo, denunciaba la traidora línea política de la burguesía liberal y sometía a crítica las vacilaciones de la democracia pequeñoburguesa. En el curso de la lucha por la implantación del programa del marxismo revolucionario, Marx y Engels criticaron también las tendencias oportunistas dentro del movimiento obrero alemán. Mientras que los “izquierdistas” (dirigidos por A. Gottschalk, presidente de la Unión Obrera de Colonia) no querían ver el contenido real de la revolución que entonces se operaba en el país y exigían la instauración inmediata de la “república obrera”, los elementos de derecha, acaudillados por S. Born, reducían el movimiento proletario a meras reivindicaciones económicas.

Lo mismo los unos que los otros, según señalaban los fundadores del marxismo, mantenían de hecho una línea sectaria, que condenaba al proletariado al aislamiento político.

En su apreciación de la labor de la Nueva Caceta Renana y de la actitud de Marx hacia la revolución de 1848, V. I. Lenin habla de la pasión revolucionaria de este gran luchador proletario, con su plena conciencia del formidable papel de la revolución burguesa para el avance socialista. [83] Lenin califica a la Nueva Gaceta Renana del mejor y no superado órgano del proletariado revolucionario.

La derrota de la revolución en Alemania, Francia y otros países obligó a Marx y Engels a emigrar a Inglaterra. Allí, en Revolución y contrarrevolución en Alemania (1851), de Engels, y en las obras de Marx La lucha de clases en Francia (1850) y Él dieciocho Brumario de Luis Bonaparte (1852), hacen un balance de la experiencia de las revoluciones burguesas y exponen una serie de importantes problemas del materialismo histórico: la doctrina de las leyes del desarrollo social, la teoría de la lucha de clases y de la revolución social, y, en particular, la doctrina del Estado y de la dictadura del proletariado.

En el período que sigue a las revoluciones de 1848 y 1849, el capitalismo se desarrolla todavía más e incluye en su órbita a nuevos y nuevos países y ramas de la economía. Inglaterra, el país de industria más avanzada de aquel tiempo, lleva a cabo la industrialización capitalista a expensas de los recursos que con su política de rapiña extrae de la India, China, Australia y otros países. Los capitalistas ingleses condenaban a la población de la India a la muerte por hambre con tal de sacar de allí enormes beneficios. La gran burguesía inglesa, que imperaba como un déspota en el mercado mundial, luchaba para la implantación por doquier del libre cambio (free trade), con ayuda del cual Inglaterra, al tener franco acceso a los mercados extranjeros, aplastaría la industria de los países más débiles.

La despiadada explotación de las colonias y de la población indígena es el camino seguido también para su desarrollo capitalista por Francia, la cual, durante el imperio de Luis Napoleón, mantuvo guerras de rapiña en Europa y Asia. La resistencia de los pueblos de las colonias a la política imperialista de rapiña de la burguesía de Inglaterra, Francia y otros países capitalistas dio origen ya a mediados del siglo XIX a guerras revolucionarias de esos pueblos por su libertad e independencia nacional. El ejemplo más brillante de ello lo tenemos en la guerra campesina de 1851-1864 en China, que se conoce con el nombre de insurrección de Taiping; por su volumen dejó muy atrás a cuantas guerras campesinas se conocen en Europa.

El capitalismo va venciendo también paulatinamente en Alemania, que llega a convertirse en un país industrial. En Prusia, la agricultura feudal se va transformando en capitalista gradualmente, sin conmociones violentas y sin que desaparezcan las raíces de la servidumbre. Era ésta, según la definición de V. I. Lenin, la vía prusiana de desarrollo del capitalismo en la agricultura. La tarea de la unificación nacional de Alemania, que la revolución de 1848-1849 no llegó a cumplir por la traición de la gran burguesía liberal y por la falta de decisión de la pequeña burguesía, se hacía cada vez más imperiosa.

Marx y Engels lucharon tenaz y consecuentemente por la vía revolucionaria de unificación de Alemania en un solo Estado democrático, que propiciase más que el régimen feudal la lucha revolucionaria de los trabajadores. Sin embargo, la debilidad del movimiento obrero en aquel entonces y la ausencia en Alemania de un partido proletario revolucionario de masas, capaz de llevar tras de sí a la clase obrera y a las grandes [84] masas del pueblo, hicieron imposible esa unificación de Alemania por la vía revolucionaria. Esta tarea fue llevada a cabo no por el pueblo, sino por las “alturas”, o sea por los terratenientes, los junkers prusianos acaudillados por Bismarck. Y con todo y con ello, dicho paso representaba un progreso, puesto que eliminaba los obstáculos que se oponían al desarrollo económico del país y al crecimiento del movimiento obrero en escala nacional. Al mismo tiempo, la unificación de Alemania bajo la égida de los junkers prusianos acentuó aún más el militarismo y el chovinismo alemanes. A esto contribuyó la victoria de Prusia en las guerras contra Austria y Francia, que trajeron consigo la incorporación a Alemania de Alsacia y Lorena.

El desarrollo del capitalismo en Italia estimulaba cada vez más cl movimiento de liberación nacional de su pueblo contra los austriacos, los franceses y otros invasores. Y la causa de la unificación del país dio grandes pasos, aunque la lucha de liberación nacional y por la unificación de Italia –desarrollada bajo la dirección de Garibaldi y Mazzini– no alcanzó un éxito completo por la debilidad y el fraccionamiento de las fuerzas revolucionarias, por la táctica traidora de los monárquicos constitucionales y por la indecisa conducta de los demócratas burgueses. La revolución de 1848 dejó seriamente minadas las relaciones feudales en la economía de Italia y se desbrozó en ella considerablemente la vía de desarrollo del capitalismo.

La desintegración de las relaciones feudales y el desarrollo del capitalismo afectaron también a España, Suecia y otros países del Occidente europeo, así como de la Europa Oriental. Los éxitos del movimiento de liberación de los húngaros, rumanos, servios y otros pueblos debilitaron el Imperio Austriaco y contribuyeron a la emancipación de Servia del yugo turco y a la unificación, en 1859, de los principados rumanos, hasta conducir, en 1877, a la independencia de Rumanía. En los años 60 del siglo XIX, Rusia entró también definitivamente en la vía del capitalismo. Su derrota en la guerra de Crimea (1853-1856) significó un rudo golpe al régimen de servidumbre y agudizó la crisis de este régimen.

De año en año, singularmente entre 1859 y 1861, en un período de situación revolucionaria, crece en Rusia el movimiento campesino contra los terratenientes. La reforma de 1861, que la autocracia llevó a cabo en interés de estos últimos, demostraba que las fuerzas feudales reaccionarias no podían detener ya el progreso social. Engels escribió sobre la enorme revolución social por la que Rusia atravesaba desde los tiempos de la guerra de Crimea. Sin embargo, la dominación política de los terratenientes y el mantenimiento de vigorosos vestigios del régimen de la servidumbre frenaban el desarrollo capitalista del país, que seguía siendo, como antes, económicamente atrasado. La reforma de 1861 no llegó a superar, sino que, al contrario, reveló todavía más la necesidad de la revolución democrático-burguesa en Rusia.

El desarrollo de las relaciones capitalistas contribuyó en Polonia a un fortalecimiento ulterior del movimiento de liberación nacional del pueblo polaco. Este movimiento, históricamente progresivo, encontró la viva simpatía y el activo apoyo de Marx y Engels y de los hombres avanzados de Rusia. [85]

Desde mediados del siglo XIX se hace cada vez más intenso el desarrollo capitalista de los Estados Unidos. En 1860, los estados del Noroeste y del Nordeste contaban ya con más de 1.300.000 proletarios. Una gran significación histórica tuvo la guerra civil de 1861-1865. La lucha de los norteños contra el Sur esclavista reactivó cl movimiento de emancipación de la clase obrera. La victoria del Norte consolidó definitivamente la llamada vía norteamericana de desarrollo capitalista de la agricultura, una agricultura de granjeros, sin terratenientes ni relaciones de servidumbre. La esclavitud de los negros fue abolida. No obstante, a pesar de que así había sido establecido en la Constitución, millones de negros de los Estados Unidos siguieron como antes, como la parte más explotada y oprimida de la población, constantemente sometidos a la discriminación racial. Después de la abolición de la esclavitud, la burguesía norteamericana trató de “restablecer todo lo posible, de hacer todo lo posible y lo imposible para mantener a los negros en la opresión más desvergonzada e infame”.1

Así, pues, en toda Europa y América, y también en algunos países de Asia (particularmente en el Japón), el capitalismo se desarrolla. La misma vida apuntaba la necesidad de una investigación económica completa de las leyes objetivas de desarrollo del modo capitalista de producción. En este periodo histórico del marxismo pasan a primer plano los problemas de la ciencia económica, sobre la base de la cual son elaboradas también tesis trascendentales del materialismo dialéctico e histórico.

En este tiempo adquieren gran importancia las cuestiones de la teoría del socialismo científico, la elaboración de la estrategia y la táctica de la lucha revolucionaria del proletariado sobre la base de la experiencia de los movimientos revolucionarios.

A la derrota de las revoluciones de 1848 sigue la ofensiva de la reacción contra las organizaciones obreras. El movimiento cartista de Inglaterra se reduce casi a la nada. Aprovechando los enormes superbeneficios que le proporcionaba la explotación de las colonias, la burguesía inglesa emprende el camino del soborno de las capas altas de la clase obrera mediante el pago de elevados salarios; así es como creó la aristocracia obrera, uno de los soportes principales del reformismo. El movimiento revolucionario de Francia, en particular después del golpe contrarrevolucionario de Luis Bonaparte, también estaba en crisis. En 1852 dejó de existir la Liga de los Comunistas.

En Austria y Prusia hacía estragos el terror político dirigido por los elementos monárquicos feudales. La camarilla reaccionaria en el poder mantenía una brutal política de opresión de los pueblos eslavos.

Pero el triunfo provisional de la reacción se veía minado constantemente por los nuevos avances del capitalismo. Cada vez se hacía más profundo el abismo entre los poseedores y los desposeídos, a pesar de las afirmaciones de liberales y reformistas en el sentido de que gradualmente se irían borrando las contradicciones entre las clases fundamentales de la sociedad capitalista. La crisis económica mundial de 1857, con su secuela [86] de quiebras en masa de bancos y compañías industriales y del aumento de la desocupación, contribuyó a reactivar el movimiento obrero en Europa y los Estados Unidos. En 1859 estallaba en Londres una huelga de obreros de la construcción, que reclamaban la jornada de nueve horas. Por su duración y la firmeza con que fue sostenida, causó una impresión enorme en el mundo entero.

A partir de 1860 se reactiva la acción de las organizaciones obreras en Alemania. La Asociación General de Obreros Alemanes, fundada por Lassalle en 1863, cumplió en cierta medida un papel positivo en cuanto a la labor de separar a los obreros alemanes de la burguesía liberal. Sin embargo, el oportunismo de Lasalle y sus coqueteos con Bismarck causaron un daño enorme al movimiento obrero. De ahí la decidida lucha que Marx y Engels mantuvieron contra el lassalleanismo. En 1869, en el Congreso de Eisenach, se constituyó el Partido Socialista de Alemania, que tomó el nombre de Partido Obrero Socialdemócrata (los “eisenachianos”) ; sus organizadores y líderes fueron W. Liebknecht y A. Bebel, discipulos de Marx y Engels.

En el proceso de la lucha de clases se robustecieron considerablemente las ideas de la solidaridad internacional de los obreros europeos. En 1863-1864. los obreros de Francia, Inglaterra y otros países celebraron numerosos mítines de solidaridad con los polacos, que a la sazón luchaban por su independencia nacional.

El análisis de los hechos demostrativos de la creciente organización de los proletarios en su lucha contra el orden de cosas del capitalismo llevó a los fundadores del marxismo a la conclusión de que frente a la reacción internacional había que oponer una amplia y sólida agrupación internacional de las fuerzas del proletariado.

En el mitin obrero internacional celebrado en Londres el 28 de septiembre de 1864 quedó constituida la Asociación Internacional de los Trabajadores (Primera Internacional), de la que Marx y Engels fueron organizadores y dirigentes. “Cuando la clase obrera europea hubo recuperado las fuerzas suficientes para emprender un nuevo ataque contra el poderío de las clases dominantes –escribe Engels–, surgió la Asociación Internacional de los Trabajadores. Esta tenía por objeto reunir en un inmenso ejército único a todas las fuerzas combativas de la clase obrera de Europa y América.”2

Era tarea de la Primera Internacional la de educar en un espíritu socialista a la clase obrera, reunir y preparar las fuerzas del proletariado para el asalto del capitalismo. En distintos países se constituyeron secciones de la Internacional, que se encontraban subordinadas a un Consejo General; el programa (“Manifiesto Constituyente”) de la Asociación Internacional de los Trabajadores y su estatuto provisional fueron escritos por Marx.

“La Primera Internacional (1864-1872) –decía V. I. Lenin— colocó los cimientos de la organización internacional de los obreros para la preparación de su ofensiva revolucionaria contra el capital... colocó los cimientos de la lucha proletaria internacional por el socialismo.”3

A la vez que luchaban por la pureza de los principios revolucionarios del socialismo científico, contra el reformismo y el anarquismo, Marx y Engels se manifestaban contra todo sectarismo, por la cohesión de todas las capas de la clase obrera, sin exceptuar las que se encontraban bajo la influencia de las distintas tendencias burguesas y pequeñoburguesas en el seno del movimiento proletario. Con una explicación paciente a esos obreros de la esencia reaccionaria de las teorías de Proudhon, Lassalle, Bakunin y otros ideólogos pequeñobugueses, los fundadores del marxismo preparaban las condiciones para el triunfo completo del socialismo científico en el movimiento obrero.

Con la participación directa de Marx, el Congreso de la Primera Internacional en Lausana (1867) adoptó una resolución en la que se condenaba decididamente a los proudhonistas por su negación de la lucha política del proletariado. En la resolución se subrayaba que la emancipación social de los trabajadores es inseparable de su liberación política; el establecimiento de la libertad política es una necesidad primordial y absoluta para cada nación.

En la lucha contra los proudhonistas, que negaban el valor del movimiento de liberación nacional, Marx y Engels argumentaron las tesis fundamentales de su teoría en cuanto a la cuestión nacional y revelaron la base objetiva de los movimientos nacionales de liberación. Científicamente, demostraron la necesidad histórica y el carácter progresivo de la aulodeterminación de las naciones y se manifestaron decididamente en pro de la unificación nacional de los Estados sobre la base de la supresión de las monarquías feudales.

Marx desenmascara el carácter anarquista pequeñoburgués del programa de la “alianza” bakuninista, señalando que todo se reducía en él a una fraseología pequeñoburguesa sobre la “nivelación de las clases”, es decir, a la “armonía del capital y el trabajo”, en lo que tanto insistían las prédicas de los socialistas burgueses. “No la nivelación de las clases –un absurdo irrealizable en la práctica–, sino, al contrario, la supresión de las clases: tal es el verdadero secreto del movimiento proletario, que es e) gran fin de la Asociación Internacional de los Trabajadores.”4

Marx y Engels se manifiestan enérgicamente contra Lassalle y todos cuantos consideraban a los campesinos como a una masa reaccionaria y hostil a la lucha de emancipación del proletariado. El partido de los comunistas, decían, ha de ir de la ciudad al campo, convertirse allí en una fuerza y conquistar a los campesinos trabajadores, poniéndolos de parte del proletariado.

Junto a sus investigaciones de los problemas económicos, político-sociales y filosóficos, Marx y Engels siguen atentamente en los años 50 [88] y 60 los progresos científicos y analizan la significación de los grandes descubrimientos de las ciencias naturales, que contribuían a reafirmar y a desarrollar la concepción materialista dialéctica del mundo. Los fundadores del marxismo veían que los nuevos descubrimientos de la física, la química, la biología y otras ciencias de la naturaleza confirmaban por entero las tesis del materialismo dialéctico. Apoyándose en esos descubrimientos, concretan y profundizan su concepción de las leyes dialécticas del desarrollo de la naturaleza, e investigan el problema del lugar que corresponde a las ciencias naturales en el desenvolvimiento de la vida social y, ante todo, en el desarrollo de las fuerzas productivas. Marx se remite reiteradamente en El Capital a los datos de la agroquímica, la fisiología de las plantas y otras ciencias para confirmar sus concepciones económicas, para reclutar el maltusianismo, etc.




{1} V. I. Lenin, Nuevos datos sobre las leyes del desarrollo del capitalismo en la agricultura. Obras completas, ed. rusa, t. 22, pág. 13.

{2} C. Marx y F. Engels, Manifiesto del Partido Comunista. Del prefacio de Engels a la edición alemana de 1890. En C. Marx y F. Engels, Obras escogidas, en dos tomos, trad. esp., Moscú, 1951, t. I, pág. 19.

{3} V. I. Lenin. La Tercera Internacional y su lugar en la historia. En V. I. Lenin, Obras escogidas, en dos tomos, trad. esp., t. II, págs. 589 y 590.

{4} C. Marx, El Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores al Buró Central de la Alianza Internacional de la Democracia Socialista. C. Marx y F. Engels, Obras completas, ed. rusa, t. XIII, parte I, Moscú, 1936, página 296.