Filosofía en español 
Filosofía en español

Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSSHistoria de la Filosofía, México 1965


Tomo 2 ❦ Capítulo IV: 10

10. I. M. Séchenov y su obra “reflejos del cerebro”.

Una de las figuras más eminentes de la escuela de Chernishevski, paladín del materialismo ya en la segunda mitad del siglo XIX, es el gran fisiólogo ruso Iván Mijáilovich Séchenov (1829-1905).

Séchenov dio comienzo en Rusia al estudio de la fisiología y creó la escuela materialista de investigadores que tanto habían de contribuir a los avances de la fisiología, la psicología y la medicina no sólo en su propio país, sino en el mundo entero. K. A. Timiriázev e I. P. Pávlov llamaron a Séchenov “orgullo del pensamiento ruso” y “padre de la fisiología rusa”.

A diferencia de otros investigadores, que sustentaban un materialismo espontáneo, Séchenov era un defensor consciente de la filosofía materialista. En ella veía la única concepción científica compatible con el estudio de la naturaleza y la defendió contra los constantes ataques de que la hacían objeto los representantes del idealismo filosófico en todos sus matices.

Importancia singular para la fundamentación científica de la teoría materialista del conocimiento tuvo el descubrimiento de Séchenov relativo u la naturaleza refleja de la actividad nerviosa superior (psíquica) en los animales y en el hombre.

Séchenov fue el primero en realizar experimentos fisiológicos con el cerebro, venciendo así la prevención que existía contra la propia posibilidad del estudio experimental de la actividad de este órgano y de sus productos: los fenómenos de la conciencia, de los sentimientos y de la voluntad. Sus trabajos en este orden tenían también interés porque afectaban directamente a la conciencia y a la voluntad, campo en el que con anterioridad no se habían atrevido a adentrarse ni siquiera los más eminentes fisiólogos.

Estos experimentos sirvieron a Séchenov para descubrir las causas naturales, los mecanismos fisiológicos en cuya virtud la voluntad del hombre es capaz de provocar o de reprimir los involuntarios impulsos que mueven a la realización de determinados movimientos (por ejemplo, la tos, los movimientos originados por el dolor, etc.). Séchenov estableció que en el cerebro de los animales y del hombre existen mecanismos nerviosos específicos que ejercen una influencia inhibitoria sobre los movimientos involuntarios, y les dio el nombre de “centros de inhibición”. El centro fisiológico descubierto por él, que se encuentra en los segmentos medios del cerebro, es conocido como “centro de Séchenov”. Este descubrimiento [321] venía a demostrar irrefutablemente que la actividad psíquica, lo mismo que la corporal, se halla subordinada a leyes objetivas perfectamente determinadas, obedece a causas materiales naturales, y no es manifestación de un “alma” independiente del cuerpo y «de las condiciones del medio, según afirmaban los animistas, a quienes Séchenov llamaba “aisladores de lo psíquico”. Púsose así fin a la separación de carácter religioso e idealista entre lo psíquico y lo físico y se sentaron las bases para una concepción materialista científica de la vida anímica del hombre. Séchenov afirmaba que la primera causa de todo acto humano no radica en el mundo interior del individuo, sino fuera de él, en las condiciones concretas en que se desenvuelve su vida y su actividad; sin ese estímulo sensorial externo es imposible todo pensamiento. Con ello se asestaba un rudo golpe a la teoría idealista del “libre albedrío”, imperante a la sazón, y que aún hoy día es lo característico de cualquier concepción reaccionaria.

Séchenov es el primero en demostrar experimentalmente que la actividad psíquica se puede y debe estudiar con métodos científicos tan estrictamente objetivos como los que se emplean para investigar la actividad corporal de los animales y del hombre, sin necesidad de recurrir para nada a causas inmateriales o sobrenaturales. Esto, según palabras de Pávlov, “es un mérito indiscutible nuestro, ruso, dentro de la ciencia mundial y del pensamiento humano”.261 En 1863 Séchenov daba a la luz Reflejos del cerebro, obra a la que en un principio tituló Ensayo de aplicación de los principios fisiológicos a los procesos psíquicos.

La tesis materialista de que “el cerebro es el órgano del alma, es decir, un mecanismo que al ser puesto en movimiento por una causa cualquiera da, como resultado final, la serie de fenómenos externos por los que se caracteriza la actividad psíquica... toda la infinita variedad de movimientos y de sonidos de que el hombre es capaz en general”,262 le sirve a Séchenov de punto de partida para plantearse, por vez primera en la historia de la ciencia, la tarea de encontrar y explicar las leyes que rigen estas manifestaciones exteriores de la actividad psíquica. Todos los actos y fenómenos de la vida psíquica consciente e inconsciente, nos dice, son dirigidos por determinados mecanismos fisiológicos, y por su origen son reflejos que empiezan por la excitación de los órganos de los sentidos –excitación debida a los objetos del mundo exterior–, a lo que sigue determinado acto físico y, por último, un movimiento muscular.

“¿Qué es, en realidad, el pensar? –escribe Séchenov–. Es una serie de representaciones ligadas entre sí, una serie de conceptos existentes en un tiempo dado en la conciencia y que no se expresan por ninguna acción exterior derivada de estos actos psíquicos. El acto psíquico, a su vez, no puede aparecer en la conciencia sin un estímulo sensorial externo. Por consiguiente, también el pensamiento se subordina a esta ley. Quiere decirse que también en el pensamiento se da un comienzo de reflejo, así como la continuación del mismo; lo único que no hay, al parecer, es el fin, el movimiento.

El pensamiento constituye los dos primeros tercios del reflejos psíquico263 [322]

La doctrina de Séchenov sobre los actos psíquicos era profundamente materialista. Su análisis le lleva a la conclusión de que “todos los movimientos conscientes derivados de tales actos, movimientos que de ordinario se conocen con el nombre de voluntarios, son, hablando estrictamente, movimientos reflejos”.264

Las afirmaciones de los idealistas de que la causa inicial de los actos humanos es el pensamiento puro, constituyen para Séchenov una falsedad flagrante. “La causa inicial de todo acto –dice– es siempre la excitación sensorial externa...265

Séchenov subrayaba especialmente que el contenido de la actividad psíquica, el horizonte espiritual y el nivel de desarrollo cultural del hombre vienen determinados no por los caracteres individuales o de raza, sino, ante todo, por la influencia de las condiciones de su vida y actividad, por su educación. Esto le sirve para combatir las antihumanas teorías que sostienen la división natural de los hombres en razas “superiores” e “inferiores”.

Con su doctrina de los reflejos del cerebro y al extender la noción de reflejo a la actividad de la sección superior del sistema nervioso, Séchenov sentó las bases para una fundamentación científica y moderna de la teoría materialista del conocimiento. También sustenta concepciones materialistas al particular en sus trabajos posteriores, aunque a veces confunde términos como “imagen”, “símbolo”, etc.

Por su contenido, orientación y tiempo en que aparece, la obra Reflejos del cerebro era la continuación directa y ampliación de los conceptos filosóficos fundamentales expuestos por Chernishevski en El principio antropológico en filosofía.

Relacionado como estaba con Chernishevski y sus medios, Séchenov quiso publicar los Reflejos en Sovreménnik, pero la censura se opuso.

La obra de Séchenov produjo formidable impresión, tanto en Rusia como fuera de ella; mientras que los hombres de ciencia avanzados expresaban su entusiasmo, los reaccionarios de toda laya se desataron en furiosos ataques. Según escribió Pávlov, la doctrina de los reflejos del cerebro era una aportación genial del pensamiento científico ruso. La aplicación del concepto del reflejo a la actividad de la sección superior del sistema nervioso venía a proclamar y aplicar el gran principio de la causalidad en el límite extremo en que se manifiesta la naturaleza viva.

Séchenov expuso también sus ideas materialistas en trabajos posteriores, aparecidos después de la publicación de Reflejos del cerebro.266

*

El segundo cuarto del siglo XIX y los años que le siguen son en Rusia un período de expansión del pensamiento filosófico avanzado, de enconada pugna entre el materialismo y el idealismo y la religión.

Las doctrinas filosóficas místicas e idealistas y las reaccionarias ideas sociológicas del “populismo oficial”, de los eslavófilos y liberales, en vigor [323] hacia mediados de siglo, iban orientadas contra el movimiento revolucionario y las ideas materialistas de Rusia y del Occidente.

Las necesidades históricas del movimiento ruso de liberación y de la ciencia avanzada, lo mismo que el auge de la lucha revolucionaria contra el zarismo y la servidumbre, eran premisas para los nuevos avances de la filosofía materialista, al despertar la necesidad de proporcionar unas concepciones adecuadas a los portavoces del movimiento por la libertad y de la ciencia y del arte.

Las concepciones filosóficas de Belinski, Herzen, Ogariov y de sus partidarios en el movimiento social, la ciencia y el arte, desde 1835 aproximadamente, continúan y desarrollan las mejores tradiciones filosóficas del siglo XVIII y comienzos del XIX, tanto de Rusia (Lomonósov y la Ilustración, Radíschev y los decembristas) como del resto de Europa (Ilustración y materialismo franceses del siglo XVIII, dialéctica de la filosofía clásica alemana, materialismo de Feuerbach, socialismo utópico, etc.). El punto culminante del pensamiento científico ruso del período anterior a Marx es la filosofía materialista de la democracia revolucionaria, aparecida hacia 1840, que constituía un nuevo escalón en la historia del materialismo.

Continuando las mejores tradiciones del materialismo y la dialéctica de fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, los clásicos de la filosofía materialista rusa –Belinski, Herzen, Chernishevski, Dobroliúbov, etc.– dan un paso adelante, enriquecen la filosofía con nuevas conclusiones y tesis y ejercen señalada influencia sobre los mejores pensadores del este de Europa y de otros países del mundo.

Los clásicos del materialismo ruso de mediados del siglo XIX eran demócratas revolucionarios campesinos y sus doctrinas político-sociales, filosóficas y estéticas servían a los fines del movimiento de liberación contra el zarismo y la servidumbre. Esos móviles les impulsaban a combatir en el plano ideológico a los reaccionarios monárquicos y al misticismo religioso, lo mismo que al liberalismo de nobles y burgueses, y a la crítica de las tendencias idealistas en filosofía y sociología.

El materialismo militante de los demócratas revolucionarios rusos, que proporcionaba base teórica al movimiento antifeudal de liberación, a las ciencias naturales avanzadas y al arte realista, se elevó en muchos aspectos sobre la filosofía burguesa del período precedente. Refiriéndose a estos pensadores y revolucionarios, Engels indicaba: “Si ciertas escuelas se han distinguido más por el ardor revolucionario que por la investigación científica, si ha habido y hay diversas fluctuaciones, por otra parte han existido el pensamiento crítico y las abnegadas búsquedas en el terreno de la teoría pura, digno todo ello del pueblo que dio a Dobroliúbov y a Chernishevski. No me refiero solamente a los socialistas revolucionarios activos, sino también a la escuela histórica y crítica de la literatura rusa, que se encuentra infinitamente por encima de todo cuanto en Alemania y Francia ha sido hecho por la ciencia histórica oficial.”267

Los clásicos de la filosofía materialista rusa de mediados del siglo XIX elevan a un nuevo plano la lucha contra las doctrinas idealistas del pasado. Gran mérito suyo es la profunda crítica a que someten el sistema idealista [324] de Hegel y las reaccionarias conclusiones político-sociales que de él se desprendían. También censuran muchas de las diversas manifestaciones del idealismo de su época, como a los epígonos de la filosofía idealista alemana, el positivismo, el “ilusionismo”, las teorías místicas del “populismo oficial”, a los eslavófilos, etc. Muéstranse con toda energía contra el idealismo en estética y en ciencias naturales. En sus obras no se limitan a señalar el carácter anticientífico de las concepciones idealistas, sino que también comienzan a revelar su carácter de clase y el reaccionario papel que cumplen en política; cierto es que no llegaron a explicar científicamente las raíces sociales y gnoseológicas de la religión y del idealismo, pues su concepción de la historia de la sociedad no se hallaba exenta de elementos idealistas.

Los materialistas rusos de mediados del siglo XIX resuelven acertadamente el problema fundamental de la filosofía; demuestran que la conciencia y la voluntad de los hombres dependen del influjo del medio, revelan los vínculos indestructibles que existen entre los procesos psíquicos y su base fisiológica. No alcanzan, sin embargo, a dar una explicación plenamente científica a la dependencia en que la conciencia social se encuentra respecto de la vida social, de las condiciones de la vida material de la sociedad, si bien es cierto que acerca de este punto llegaron a exponer una serie de atinadas ideas materialistas.

Belinski, Herzen, Chernishevski, Dobroliúbov y sus compañeros lograron un considerable avance en comparación con el viejo materialismo metafísico en cuanto a la teoría del conocimiento; combatieron el agnosticismo y señalaron que la ciencia moderna proporcionaba numerosas pruebas de que los fenómenos de la naturaleza son cognoscibles y de que el conocimiento del mundo presenta un carácter progresivo, desarrollándose en forma de un proceso que no tendrá fin.

Al emanciparse de la limitación metafísica y contemplativa del viejo materialismo de los siglos XVII y XVIII, concentran su interés en la parte activa del pensar, subrayan el papel del sujeto en el proceso del conocimiento y el valor de la práctica en tal proceso (singularmente Chernishevski). Pero el atraso económico de la Rusia de la servidumbre les impedía alcanzar la noción científica del significado decisivo de la actividad social, de producción y revolucionaria, de los hombres para el conocimiento del mundo.

Apoyándose en los descubrimientos científicos del siglo XIX, que ostentaban un carácter dialéctico elemental, los materialistas rusos de este período investigan las leyes dialécticas de los fenómenos naturales y alcanzan notables resultados. Así logran rebasar el viejo materialismo metafísico, que se asentaba en las ciencias naturales mecanicistas, y tratan de dar una interpretación filosófica a los nuevos descubrimientos, aunque no pudieran llegar a una generalización de los mismos con un espíritu inspirado en el materialismo dialéctico.

Los científicos rusos experimentaron la benéfica influencia de la filosofía materialista, y en particular de las ideas de Herzen, Chernishevski y Pisarev.

Los descubrimientos científicos y las síntesis filosóficas de Lobachevski, Rulie, Séchenov y otros investigadores robustecieron las posiciones del materialismo, al que ayudaron en su lucha contra el idealismo y la religión, [325] y revelaron el carácter dialéctico de los fenómenos de la naturaleza. Esos descubrimientos de los investigadores rusos en la primera mitad y a mediados del siglo XIX, y también sus opiniones filosóficas, tuvieron señalada importancia para la ciencia –no sólo dentro del país, sino en el mundo entero–, pues, a la vez que los sabios europeos, sentaban las bases de las modernas ciencias naturales y preparaban el terreno para la elaboración de un concepto dialéctico totalmente científico de la naturaleza.

Partiendo de la dialéctica de Hegel, que para los demócratas revolucionarios rusos era el “álgebra de la revolución” y a la que trataban de interpretar en un sentido materialista, muestran el carácter ilimitado del movimiento, del desarrollo y de la negación de las viejas formas por las nuevas en la naturaleza y en la sociedad, la índole violenta y revolucionaria que adoptan los cambios radicales al pasar de un estado a otro en la naturaleza y en la sociedad. Los pensadores revolucionarios rusos se detenían a observar las contradicciones existentes en la una y la otra, su choque y su lucha, señalaban la concatenación de los fenómenos, sostenían el carácter concreto de la verdad, etc. Esto les acerca, más que a ningún otro materialista anterior a Marx, al materialismo dialéctico; mas tampoco ellos consiguieron elevar la dialéctica a la categoría de ciencia, fundir orgánicamente el método dialéctico y la teoría dialéctica hasta obtener una visión consecuentemente dialéctica del mundo. Las concepciones de los demócratas revolucionarios rusos de mediados del siglo XIX ostentan el sello de un idealismo no superado hasta el fin en la interpretación de la historia y contienen elementos de antropologismo.

En sus concepciones sociológicas se encuentran gérmenes de una concepción materialista de la historia. Comprendían que las masas populares son la fuerza motriz del devenir humano. Sus obras, en especial las de Chernishevski, se hallan penetradas del espíritu de la lucha de clases. A menudo destacaban el papel del factor material en la vida de la sociedad. Pero no estaban en condiciones de crear una doctrina consecuentemente científica en este terreno, pues, como todos los sociólogos del período anterior a Marx, les faltó por descubrir el papel decisivo del modo de producción material en el desarrollo de la sociedad humana.

Belinski, Merzen, Chernishevski, Dobroliúbov y Písarev, como demócratas revolucionarios campesinos que eran, someten a brillante crítica al capitalismo, al liberalismo burgués y a las doctrinas conservadoras burguesas que exaltaban y perpetuaban la explotación capitalista. A diferencia de los enciclopedistas del siglo XVII, advertían las contradicciones irreductibles propias del régimen capitalista. Hacían ver que la verdadera libertad presupone la propiedad del pueblo sobre los medios del bienestar material y del progreso espiritual. Ahora bien, aun simpatizando apasionadamente con las masas trabajadoras, no comprendían –ni podían comprender, dadas las condiciones históricas de Rusia con su régimen de servidumbre– el papel que la historia tenía reservado al proletariado como sepulturero del capitalismo y creador del socialismo.

Belinski, Chernishevski, Dobroliúbov y sus partidarios en la literatura y el arte construyeron una doctrina estética completa inspirada por el espíritu de la democracia revolucionaria y por la teoría materialista del conocimiento. y estudiaron teóricamente los principios del realismo, de la elevación ideológica y del carácter popular del arte. [326]

Todo esto nos dice que el intercambio de ideas entre las tendencias filosóficas avanzadas de Rusia y del Occidente europeo, con la benéfica influencia de éste sobre aquélla, trae como consecuencia la aparición de un nuevo tipo de filosofía materialista, que surge hacia 1840 y cobra gran expansión en años sucesivos. Tratándose, en última instancia, de algo que recogía en el plano filosófico los intereses, el pensar y el sentir de los campesinos que se levantaban a la lucha contra la servidumbre y la monarquía; apoyábase en la dialéctica y en los últimos descubrimientos de las ciencias naturales, de un carácter dialéctico elemental, y afirmaba el papel activo del pensamiento teórico en el conocimiento del mundo y en los intentos de transformación del mismo. Ésto marcaba una sustancial diferencia entre tal modo de pensar y el materialismo contemplativo y metafísico de los filósofos de los siglos XVII y XVIII, muchos de los cuales habían sido ideólogos de la burguesía, clase a la sazón progresista en el Occidente de Europa. Pero ni los mejores representantes de la filosofía materialista aparecida en Rusia hacia 1840, antes de conocerse el marxismo, y que se desarrolla en los veinte años siguientes, paralelamente a la exposición por Marx de su doctrina, alcanzaron a elevarse hasta el materialismo dialéctico e histórico; ello se debía a las condiciones de la vida en la Rusia semifeudal, donde no había un proletariado definitivamente formado ni un amplio movimiento obrero revolucionario.

Belinski, Herzen, Chernishevski, Dobroliúbov y sus compañeros, hombres que se consagraron a la lucha contra la servidumbre y el zarismo, a la crítica del liberalismo, del idealismo y del agnosticismo, que ponían toda su labor literaria al servicio de la revolución y que buscaban afanosamente una teoría revolucionaria acertada, son los precursores de la socialdemocracia rusa, los precursores del marxismo en Rusia.

La ideología democrática revolucionaria y la filosofía y la estética materialista constituyeron una fuente de inspiración para los mejores hombres de Rusia, singularmente para los intelectuales demócratas plebeyos, que simpatizaban con los campesinos oprimidos, y con la heroica lucha sostenida contra la autocracia y la servidumbre. Pero esa ideología democrática revolucionaria, y tanto más la filosofía materialista del tercer cuarto del siglo XIX, era en Rusia patrimonio de un estrecho círculo de revolucionarios y no podía aún prender en la conciencia de las masas del pueblo.

Lenin dijo acerca de los demócratas revolucionarios rusos de ese período: “El círculo de los combatientes se hizo más amplio, más estrechos sus vínculos con el pueblo. Herzen los llamaba «jóvenes timoneles de la tempestad futura». Pero la tempestad no había llegado aún.

La tempestad es el movimiento de las masas mismas. El proletariado, la única clase revolucionaria hasta el fin, se colocó al frente de ellas y, por primera vez, llevó a la lucha revolucionaria abierta a millones de campesinos.”268

Este movimiento de las masas trabajadoras de Rusia dirigidas por el proletariado revolucionario había de cobrar fuerza bajo la bandera del marxismo, del socialismo científico, cuya difusión en Rusia se inicia con el último cuarto del siglo XIX.




{261} I. P. Pavlov, Obras completas, t. I, Moscú-Leningrado, 1951, pág. 13.

{262} I. M. Séchenov, Obras escogidas, Moscú, 1953, págs. 32 y 33.

{263} Ibídem, pág. 99.

{264} I. M. Séchenov, Obras escogidas, págs. 93-94.

{265} Ibídem, pág. 101.

{266} En el tomo III de nuestra HISTORIA se hará una caracterización de estos trabajos de I. M. Séchenov y de su significación filosófica.

{267} Correspondencia de C. Marx y F. Engels con políticos rusos, Leningrado, 1951, pág. 277.

{268} V. I. Lenin, En memoria de Herzen. V. I. Lenin, Obras escogidas, en dos tomos, trad. esp., ed. cit., t. I, pág. 817.