Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSS
Tomo 2 ❦ Capítulo IV: 9
9. D. I. Písarev y su papel en la lucha por el materialismo.
Un gran papel en la propaganda y defensa de las concepciones materialistas dentro de Rusia, en el tercer cuarto del siglo XIX, corresponde a los compañeros de lucha de Chernishevski: D. I. Písarev, que murió en 1868, M. A. Antónovich, N. V. Shelgunov y M. E. Saltikov-Schedrín.242
Dimitri Ivánovich Pisarev (1840-1868) fue un apasionado publicista revolucionario y pensador entregado a la lucha por la supresión de la servidumbre y la emancipación del trabajo del yugo de los explotadores.
Procedía de una familia de la nobleza venida a menos. A partir de 1861, año en que termina sus estudios en la Universidad de San Petersburgo, se entrega de lleno a la labor periodística y de crítica literaria, que ejerce en la revista Rússkoe Slovo (La Palabra Rusa). [315]
“La meta final de todos nuestros pensamientos y de la labor entera de cada hombre honrado –escribía– se traduce en resolver de una vez para siempre el inevitable problema de los hambrientos y desnudos; fuera de esto no hay nada en absoluto acerca de lo cual merezca la pena que meditemos y nos preocupemos...”243
En 1862 su propaganda revolucionaria le llevó a la fortaleza de Pedro y Pablo, donde el gobierno zarista lo recluyó más de cuatro años; pero aun hallándose en prisión siguió defendiendo en la prensa, recurriendo las más de las veces a la alegoría, la idea de la transformación revolucionaria de la sociedad.
A los dos años de recobrar la libertad Písarev moría ahogado.
En su corta vida alcanzó, sin embargo, a escribir gloriosas páginas en la historia de la cultura, de la filosofía y del pensamiento político-social de Rusia.
Písarev fue un campeón de la transformación revolucionaria de la sociedad en interés de las masas trabajadoras. Dirigíase a los “hombres que piensan”, es decir, a los intelectuales avanzados, llamándolos a fomentar y propagar los conocimientos científicos entre las masas del pueblo, medida que, creía él, podría aumentar la fuerza productiva del trabajo y elevar el bienestar del pueblo.
En todo momento señalaba Písarev que el desarrollo de la industria de por sí, el aumento del volumen global de la riqueza en el país no decide aún el problema del bienestar de las masas. A título de ejemplo señalaba a Francia, y particularmente a Inglaterra, donde el incremento de la riqueza de unos iba acompañado del empobrecimiento progresivo de las masas trabajadoras.
Písarev escribió en la cárcel algunos artículos sobre problemas de la historia antigua y medieval, y particularmente acerca de los siglos XVII y XVIII. Se fija sobre todo en los periodos de grandes conmociones sociales, concentrando la atención del lector en estas épocas instructivas de la historia, y siempre trata de precisar el papel decisivo que en ellas cumplen las masas populares.
Según él, lo principal era “mostrar a las masas el papel que con todo derecho les pertenece en la escena de la historia universal y que siempre le correspondió y le corresponderá en cuanto sepan darse cuenta de los acontecimientos y pronunciar a tiempo su contundente palabra...”244 Son las masas populares las que deciden el curso de los acontecimientos históricos.
Písarev continúa la crítica iniciada por Chernishevski de las concepciones políticas y sociológicas de los liberales rusos y del Occidente europeo, los cuales, con su fraseología supuestamente “progresista”, trataban de velar las contradicciones de clase y apartar a las masas de la lucha revolucionaria. Como demócrata revolucionario, pugnaba para que la lucha de clases y de partidos fuese llevada hasta la transformación radical de la sociedad.
“Las discrepancias de los partidos –escribía– son muy naturales, [316] necesarias y forzosas, porque las verdaderas causas de las contradictorias opiniones radican en la contradicción de intereses. Todo intento de conciliar los partidos sería inútil y absurdo. Hay que desear no la conciliación, sino que cada partido se defina claramente y hasta el fin. Sólo entonces podrá la sociedad saber quiénes son sus verdaderos amigos y dar el triunfo definitivo a la corriente de ideas que mejor se ajuste a las necesidades reales de la mayoría.”245
Písarev estaba profundamente convencido de que el futuro pertenecía al socialismo; fue un apasionado propagandista de las ideas del socialismo utópico. Habían caído la teocracia medieval, el feudalismo y el absolutismo; caería también, tarde o temprano, el tiránico dominio del capital. Actualmente, decía, todo el futuro histórico de la Europa Occidental depende de la solución que se dé al problema obrero. A este respecto escribía:
“... Para resolver el problema de los hombres que pasan hambre hay que observar dos condiciones. Primero, han de encargarse de ello, forzosamente, las personas en quienes una solución sensata del asunto concuerda con su beneficio propio, es decir, han de resolverlo los mismos trabajadores. Segundo, la solución no ha de reducirse a fomentar las virtudes personales, sino que se debe buscar en la transformación de las instituciones públicas.”246
D. I. Písarev era materialista y ateo militante. La materia y el movimiento, afirmaba, no se destruyen, son eternos y cambian infinitamente la forma en que se manifiestan: “... En la naturaleza no se pierde ni un gramo de materia, ni una partícula de fuerza, por la simple razón de que no tiene dónde perderse; le es imposible evadirse de este cajón sin límites.”247 Las leyes de la naturaleza, afirma también, son objetivas, se desprenden de las propiedades necesarias y eternas de la materia mundial, que no tiene límite.
Después de resolver con criterio materialista el problema fundamental de la filosofía, Písarev señala que la materia existe independientemente de la sensación; las sensaciones no hacen sino reflejar lo que ocurre en la realidad circundante. Mas si bien estima acertadamente que la sensación es el principio del conocimiento y otorga el primer puesto a la certidumbre sensible, hay en sus obras formulaciones que permiten deducir que no estimaba suficientemente el pensamiento racional. La realidad es: que no compartía en absoluto el “empirismo reptante” en la teoría del conocimiento. Su crítica abarca también a los historiadores y naturalistas que se limitaban a reunir y describir datos sin elevarse a la generalización teórica y sin deducir de los fenómenos los vínculos causales y las leyes. Para él son “titanes del pensamiento” los sabios que “advierten la concatenación de los fenómenos” y que de sus numerosas observaciones “extraen leyes generales” y “trazan nuevas vías al pensamiento humano”; tales sabios “llegan a descubrimientos que revolucionan por completo nuestra concepción del mundo”.248 Písarev atribuía gran importancia a la práctica en la historia de la ciencia, en el proceso de conocimiento del mundo, aunque [317] no proporciona un concepto enteramente científico de aquélla, que él suele entender en el sentido de experiencia o experimento.
Son muy interesantes y profundas sus manifestaciones sobre el papel de la fantasía, del sueño en la actividad cognoscitiva de los hombres. Písarev estimaba que el vigor creador de la fantasía es absolutamente necesario en poesía, en la ciencia y en la labor toda del hombre. No se puede concebir trabajo alguno si el hombre no se halla en condiciones de dibujar con toda su plenitud y belleza lo que en realidad no pasa de ser un esbozo. Los, sueños y la fantasía son los andamios que ayudan al hombre en la vida. Lenin tenía en gran estima este optimismo, este sueño activo de Písarev.
La creación y el conocimiento del hombre, dice éste, transcurren siempre en un proceso de aparición y superación de la discrepancia que existe entre el sueño y la realidad. “Cuando hay algún contacto entre el sueño y la vida, todo va bien. Entonces, o la vida cede su lugar al sueño o éste desaparece ante los argumentos reales de la vida...”249
Pero el sueño es posible bien como impulso para el trabajo y bien como fantasía sin aplicación ni objeto. El primero lo equipara a un sorbo de buen vino, que estimula el organismo y anima a la acción; el segundo es un opio que produce agradables visiones, pero que destruye el organismo.
Aun admitiendo el papel positivo de la fantasía, ve también Písarev el reverso de la medalla: a menudo puede conducir al idealismo; el idealismo más desenfrenado se debe precisamente, añade, a que la fantasía ha adquirido demasiado campo. El materialista ruso pedía una ponderación sensata y exacta de todos los aspectos favorables y desfavorables de la fantasía, a fin de no apartarse del buen camino y de no desviarse de la ciencia y de la filosofía materialista.
En algunos trabajos recoge Písarev sin un espíritu crítico las afirmaciones de ciertos naturalistas partidarios del materialismo vulgar; a menudo nos encontramos en sus obras una terminología mecanicista. De ordinario, sin embargo, trata de seguir la idea dialéctica del desarrollo. Hace suya la tesis dialéctica de la lucha de lo nuevo contra lo viejo y llama a escritores y artistas a que se hagan eco de esa lucha en sus obras. El análisis de la contradicción interna que se observa en las ideas de Heine le sirve para ahondar en las raíces de las contradicciones propias de la época social que el poeta representa.
En el desenvolvimiento de la naturaleza y de la sociedad ve Písarev la formación de lo nuevo, la aparición de formas nuevas y las transformaciones cualitativas. “La vida –dice– no es sino movimiento, transición de una forma a otra, transformación incesante e incansable, destrucción y creación, que se siguen una a otra y se desprende una de otra.”250
Destaca singularmente la defensa que Písarev hace del materialismo aplicado a las ciencias naturales y su labor en pro de una ciencia avanzada en Rusia. Fue un propagandista apasionado de la ciencia e inteligente divulgador de los grandes descubrimientos científicos.
Písarev fue uno de los primeros en dar a conocer en Rusia los principios del darvinismo. En su ensayo El progreso en el mundo de los animales [318] y las plantas se burla de la concepción idealista y metafísica de especie biológica, imperante hasta Darwin, cómo conjunto de formas semejantes entre sí por todos sus caracteres y que derivan de progenitores iguales en un todo a aquéllas.251
“Casi en todas las ramas de las ciencias naturales –señala– las ideas de Darwin producen una completa revolución; la botánica, la zoología, la antropología, la paleontología, la anatomía comparada y la fisiología, e incluso la psicología experimental, reciben así el hilo que puede guiarlas, que liga entre sí un sinnúmero de observaciones y que orientará las mentes de los investigadores hacia nuevos y fecundos descubrimientos.”252
En su labor divulgadora de la teoría de Darwin, Písarev hace resaltar el papel del medio en la formación de las especies y la herencia de los caracteres adquiridos como ley de desarrollo de la naturaleza. “Todas las formas de los organismos existentes en el globo terráqueo han sido generadas bajo la influencia de las condiciones de la vida y de la selección natural.”253
Los trabajos de Písarev nos brindan una brillante exposición de la ley principal de la biogenética. “Todas las transformaciones que se han operado en las razas de aves, mamíferos y otros animales desde el momento mismo en que se apartaron del tipo puro del pez, todas estas transformaciones se fueron acumulando y depositando poco a poco en la efímera vida del embrión. Muchos rasgos de esas transformaciones se debilitaron y deformaron, naturalmente; mas a pesar de todo, incluso ahora, la vida del embrión es para el observador naturalista una breve historia y un árbol genealógico de toda la raza.”254
Písarev consideraba que lo vivo, surgido alguna vez de lo no vivo, no se encuentra, incluso actualmente, separado de ello por un abismo infranqueable, y que la ciencia llegaría a conseguir experimentalmente la transformación de lo no vivo en vivo.
En sociología, terreno en el que a menudo partía de la noción idealista de que el progreso del saber es la base del desarrollo social, llega, no obstante, a manifestar ideas profundamente materialistas sobre el papel del trabajo y del factor económico en la marcha de la historia. “La fuente de todas nuestras riquezas, el fundamento de toda nuestra civilización y el verdadero resorte de la historia universal es, ciertamente, el trabajo físico del hombre, la acción directa e inmediata del hombre sobre la naturaleza.”255 Las causas de las calamidades que afligen a los trabajadores no residen, según Písarev, en la “superpoblación” ni en un supuesto crecimiento excesivo de la natalidad, como afirmaban los maltusianos y demás reaccionarios, sino en el régimen económico y social de la sociedad de su tiempo. “Hay que curar a esta sociedad –dice– con radicales transformaciones económicas... El mal presente es la grave situación de las masas...”256
Tenía presente Písarev que ninguna reforma produciría “benéficas [319] transformaciones” y las dificultades que se presentaban para combatir el mal, tan enraizado como estaba, yendo “por sus pasos contados” según preconizaban los liberales; por eso, en una serie de artículos (Esbozos históricos, La escuela y la vida, Enrique Heine, etc.) machaca insistentemente en la idea de la transformación radical de las relaciones sociales, de la inevitable solución por vías de violencia del “problema obrero”, es decir, del problema de las clases trabajadoras, por medio de la revolución.
“Quien tiene cierta noción del sentido de los acontecimientos que se desenvuelven en la historia universal –dice– sabe que cada día de hambre del proletariado, cada roto en los andrajos que lo cubren, cada ampolla en su extenuado cuerpo son fenómenos sociales de formidable importancia y que acarrean tales consecuencias que no hay palabras ni pluma que las describa.”257
La fuerza principal de la revolución era para Písarev el pueblo trabajador, al que invitaba a “tomar las armas”. “El pueblo que se halla dispuesto a soportar toda clase de humillaciones y a perder todos sus derechos humanos antes de empuñar las armas y de arriesgar la vida, se encuentra en la agonía.”258 Estaba profundamente convencido de que llegaría en Rusia el día en que podrían desplegarse las fuerzas de los revolucionarios tipo Rajmétov, el héroe de la novela ¿Qué hacer?, de Chernishevski.
A los intelectuales, a quienes él llamaba “proletariado del pensamiento”, les fijaba la misión de luchar por la transformación socialista; su trabajo, decía, “únicamente lo podemos considerar útil cuando, directa o indirectamente, ayuda a la creación de mundos nuevos salidos de la primitiva niebla que invade los sucios tugurios”.259
Písarev critica a los sociólogos e historiadores burgueses que convierten sus obras en una galería de “grandes hombres” y afirma que el pueblo es la fuerza principal de la vida histórica. “La historia ha de ser un relato cuerdo y veraz de la vida de las masas; las personalidades y los acontecimientos han de entrar en él en la medida en que actúan sobre la vida de las masas o sirven para explicarla. Sólo tal historia merece la atención del hombre que piensa... Hasta hoy día la masa ha sido siempre borrada y olvidada de la vida real; y de la misma manera ha sido borrada y olvidada en la historia.”260
Aun atribuyendo gran importancia a la instrucción en la vida de la sociedad, Písarev comprendía claramente que no es la escuela lo que transforma la vida; antes al contrario, la vida crea la escuela y la acomoda a sus necesidades y aspiraciones.
Písarev combate enérgicamente la teoría idealista del “arte puro” y defiende el arte de orientación social, empapado de contenido y de espíritu democrático. El poeta, afirmaba, ha de recoger la pulsación de la vida social, odiar apasionadamente la injusticia social, ser paladín y propagandista de las ideas avanzadas, escribir con la sangre del corazón y con la savia de los nervios. Cierto es, sin embargo, que en su pugna contra los idealistas y reaccionarios en el campo de la estética, llevado por el ardor de la disputa, el propio Písarev incurre a veces en crasos errores. Así, por [320] ejemplo, no admitía la posibilidad de la estética como ciencia, disminuía el valor social de la música, la escultura y la pintura y no estimaba suficientemente la- gran significación de la obra artística de Pushkin. Por ello, su estética materialista cede en comparación con las ideas que Chernishevski y Dobroliúbov habían sustentado.
Mas, a pesar de sus errores de detalle, los trabajos de Písarev tuvieron gran repercusión dentro del movimiento de liberación ruso y en el campo de la filosofía. Eran leídos no sólo por la juventud revolucionaria rusa, sino también por hombres de otros pueblos de Rusia y por los eslavos de otros países. Los primeros marxistas rusos las utilizaron para su estudio. Lenin tenía en gran estima las obras de Písarev.
{242} La labor de Antónovich, Shelgunov y Saltikoy-Schedrín se prolongó hasta los años 70-80 del siglo XIX. Por eso trataremos de ellos en el tomo III de la presente HISTORIA DE LA FILOSOFÍA.
{243} D. I. Písarev, Obras completas, en seis tomos, t. IV, San Petersburgo, 1894, página 109.
{244} Ibídem, t. VI, pág. 524.
{245} D. I. Písarev, Obras completas, t. II, pág. 258.
{246} Ibídem, t. V, págs 408 y 409.
{247} Ibídem, t. II, pág. 351.
{248} Ibídem, pág. 270.
{249} D. I. Písarev, Obras completas, t. IV, pág. 208.
{250} Ibídem, t. II, pág. 349.
{251} D. I. Písarev, Obras completas, t. III, 1894, pág. 310.
{252} Ibídem, págs. 315-316.
{253} Ibídem, pág. 383.
{254} Ibídem, pág. 483.
{255} Ibídem, t. IV, pág. 577.
{256} Ibídem, t. V, págs. 404 y 405.
{257} D. I. Písarev, Obras completas, t. III, págs. 131-132.
{258} D. I. Písarev, Obras escogidas, en dos tomos, t. I, Moscú, 1934, pág. 290.
{259} D. I. Písarev, Obras completas, t. IV, pág. 69.
{260} Ibídem, t. III, pág. 114.