Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSS
Tomo 2 ❦ Capítulo IV: 8
8. N. A. Dobroliúbov y sus concepciones filosóficas.
En N. A. Dobroliúbov tenemos al mejor compañero de lucha de Chernishevski, a un gran demócrata revolucionario, eminente crítico literario y clásico de la filosofía materialista.
Nicolás Alexándrovich Dobroliúbov (1836-1861) nació en Nizhni Nóvgorod (hoy Gorki); su padre era sacerdote. En 1857 terminó sus estudios en el Instituto Pedagógico Central de San Petersburgo. Ya antes, en sus años de estudiante, había aprendido a odiar el régimen de servidumbre y la ideología reaccionaria del “populismo oficial”; bajo la influencia de Belinski, Herzen y Chernishevski, se convirtió en demócrata revolucionario y materialista.
Durante el corto tiempo que duró su colaboración en Sovreménnik, menos de cinco años, escribió decenas de excelentes trabajos que representan una valiosa aportación a la estética, la sociología y la filosofía.
Las obras de Dobroliúbov más importantes son: ¿Qué es la oblómovschina?,219 El reino de las tinieblas, ¿Cuándo llegará el verdadero día?, Rasgos característicos del pueblo ruso, De la autoridad en la educación, El desarrollo físico del hombre en relación con su actividad intelectual y moral, La civilización rusa, inventada por el Sr. Zererebtsov; Roberto Owen y sus intentos de reformas sociales, De Moscú a Leipzig y los artículos sobre los acontecimientos de Italia, de gran interés para la historia del pensamiento filosófico y político-social. [307]
La concepción democrática revolucionaria de Dobroliúbov preside por entero su labor literaria y político-social. En oposición a los liberales, todas sus esperanzas se cifraban en el movimiento revolucionario de las masas del pueblo. En sus artículos de Sovreménnik, aun sometidos a censura previa, era mantenida hábilmente la idea de la lucha de clases, sosteníase que las medias medidas adoptadas “desde arriba”, cualesquiera que fuesen, no podrían sacar a Rusia del atraso de la servidumbre, que únicamente la “acción original del pueblo”, es decir, la revolución democrática, podía orientar el país hacia las hondas transformaciones sociales de que estaba necesitado.
“Todos los recursos de la cultura, todas las ventajas de los últimos descubrimientos e inventos –escribía en el artículo La causa del pueblo– están en poder de las clases de la sociedad que no trabajan, clases que no ven ninguna ventaja en entregar armas, que habrán de volverse contra ellas mismas, a aquellos de cuyo trabajo habían disfrutado hasta ahora gratuitamente. Por consiguiente, sin la concurrencia de circunstancias particulares y extraordinarias, no hay que esperar la benéfica propagación de la cultura y de las tendencias sanas entre la masa del pueblo.”220 Esas “circunstancias particulares y extraordinarias”, en una prensa sometida a censura, significaban la revolución popular.
En el artículo titulado ¿Cuándo llegará el verdadero día?, escribe Dobroliúbov: “Sí, mirando al exterior estamos defendidos, y si se produjera alguna lucha con enemigos de fuera, podemos estar tranquilos... ¿Pero acaso son pocos los enemigos de dentro? ¿Acaso no hace falta luchar con ellos y acaso esa lucha no exige heroísmo?”221
Dobroliúbov denuncia el sistema capitalista, la opresión implantada por la burguesía de la Europa Occidental al verse en el poder. A este respecto, acertó a ver las causas del paso de la burguesía al campo de la contrarrevolución, la naturaleza del liberalismo burgués. “La propia lucha de las ciudades con el feudalismo se mantuvo con calor y energía solamente hasta el momento en que no empezó a dibujarse ante una y otra parte la diferencia entre la burguesía y el trabajador. En cuanto esta diferencia fue comprendida, los beligerantes comenzaron a frenar su impulso y hasta a buscar la aproximación, como si a ello les moviese un enemigo nuevo y común.”222
El revolucionario ruso veía y denunciaba la esencia de clase de las doctrinas sociológicas y económicas burguesas, que presentaban al capitalismo como la “edad de oro” del género humano. “La economía política –escribe– que se proclama orgullosamente ciencia de la riqueza nacional, sólo se preocupa en el fondo del empleo más ventajoso y del más rápido incremento del capital; por consiguiente, sirve únicamente a la clase de los capitalistas y presta muy poca atención a la masa de hombres sin capital, que no poseen más que su propio trabajo.”223
Campeón de la unidad de los pueblos, Dobroliúbov combate enérgicamente las discordias entre ellos y expresa profundas ideas sobre el patriotismo [308] y la fraternidad entre las naciones. “El patriotismo vivo y activo se distingue precisamente por excluir toda enemistad internacional; el hombre alentado por él está dispuesto a trabajar por la humanidad entera en cuanto le pueda ser útil. La limitación de su labor al marco del país propio es producto de la conciencia de que en él se encuentra su verdadero puesto, el lugar donde puede ser más útil... El verdadero patriotismo, como manifestación parcial del amor a la humanidad, no se rebaja a mirar con desprecio u hostilidad a los otros pueblos... Así entendido el patriotismo, comprenderemos por qué adquiere singular vigor en aquellos países en que cada uno tiene grandes posibilidades de aportar conscientemente un beneficio a la sociedad y de tomar parte en sus empresas.”224
En Dobroliúbov no encontramos –cosa por lo demás imposible, atendidas las condiciones de la Rusia feudal de mediados del siglo XIX– una concepción acertada del carácter de la futura organización socialista y de las vías para alcanzarla. Mas, sin excluir la posibilidad del desarrollo capitalista de Rusia, no considera este sino como la “primera estación” en la que el progreso social no se detendrá, sino que seguirá adelante, hacia el socialismo, en el cual a todos les “irá bien”. Decía así:
“Si nos paramos a mirar la marcha de los pueblos de Europa Occidental y advertimos lo que ésta ha alcanzado, podemos alimentar la lisonjera esperanza de que nuestra vía será mejor. Hemos de recorrer esa misma ruta, eso es indudable y no lo lamentamos en absoluto... Tampoco hay que dudar de que en esa ruta de nuestro futuro desarrollo no evitaremos por completo los errores y equivocaciones. Mas, con todo y con eso, nuestra ruta se verá facilitada; con todo y con eso, nuestro desarrollo civil puede salvar algo ante las fases por las que con tanta lentitud ha atravesado en el Occidente europeo. Y lo principal: podemos y debemos caminar con mayor energía y firmeza, porque estamos provistos de experiencia y conocimiento...”225 En Dobroliúbov, lo mismo que en Chernishevski, el socialismo utópico va unido a la democracia revolucionaria y está al servicio de los fines de toda una generación de revolucionarios rusos y del progreso de la cultura democrática.
La filosofía materialista es la base teórica de las convicciones democrático-revolucionarias y de la labor de Dobroliúbov. En sus trabajos somete a crítica las lucubraciones místico-religiosas y metafísicas que en filosofía y estética profesaban W. Bervi, I. Davídov, Y. Sávich, A. Kusakov, G. Kikodze, Y. Polonski, etc.
Dobroliúbov condena el “conservadurismo religioso”, íntimamente vinculado al conservadurismo en política y que busca mantener sometido al pueblo y apartarlo de la lucha revolucionaria. Manifiéstase contra los literatos y artistas que, influidos por el misticismo, se evaden de la realidad y buscan refugio en el mundo de los sueños y quimeras.
Su crítica sube de tono cuando se refiere a la doctrina religiosa e idealista del “libre albedrío”. “En cuanto a la voluntad –dice–, depende en grado aún mayor que los sentimientos de las impresiones producidas por el mundo exterior en nuestro cerebro. En nuestro tiempo, cualquiera comprende ya que la libertad absoluta de la voluntad no existe para el hombre [309] y que éste, como todos los objetos de la naturaleza, depende de las leyes naturales eternas.”226
Dobroliúbov censura al idealismo, que presenta la naturaleza como una creación del espíritu y busca en la misma principios no materiales, y denuncia las teorías dualistas, que tratan de dividirlo todo en mundo de los fenómenos materiales y mundo de las esencias espirituales incognoscibles.
En su crítica del idealista W. Bervi –autor del libro Concepto fisiológico-psicológico comparado del principio y el fin de la vida– Dobroliúbov manifiesta que cualquier intento de ver en la naturaleza “fuerzas espirituales” inaccesibles a los sentidos está condenado al fracaso y no tiene nada de común con la ciencia, pues en la naturaleza no hay nada más que cambios y acciones de la materia. Decía así: “...El Sr. Bervi hace un revoltijo de ciencias naturales y morales e impone a los naturalistas una misión que a nadie se le podría ocurrir, exceptuando a los alquimistas del medievo. Quiere que las investigaciones físicas no tengan como meta el conocimiento de los cambios y acciones de la materia, sino que traten de buscar en ésta el espíritu, el arcano, el éter, la fuerza vital; en una palabra, algo, siempre que ese «algo» no sea positivo y material, sino «inaccesible a los sentidos».”227
Tal concepción era para Dobroliúbov especialmente reprobable en un tiempo en que la humanidad había elaborado y asimilado un nuevo método de conocimiento basado en la experiencia, cuando había llegado a conclusiones teóricas que se apoyaban en informes reales, y no en vagas teorías o en oscuras hipótesis.
Todo lo existente, según Dobroliúbov, es una diversidad de estados de la materia única que se mueve y desarrolla. La materia es eterna, no se crea ni se destruye, y no hace más que cambiar de forma. “... Nada desaparece en esencia –dice–, lo único que cambia son las formas y los individuos.”228
En el mundo no hay fuerzas que tengan existencia específica y al margen de la materia. Y la fuerza –en el sentido de movimiento en que él la emplea– es una propiedad esencial de la materia. “... En el mundo material –escribe– no conocemos ni un solo objeto en el que no se manifiesten algunas de las fuerzas que le son propias. De la misma manera, es imposible imaginarse una fuerza independiente de la materia. La fuerza es la propiedad radical e inseparable de la materia y no puede existir al margen de ella. Es imposible transmitirla a la materia y únicamente podemos despertarla en ella.”229
Dobroliúbov no admite la afirmación idealista de que las ideas pueden existir sin materia. “¿Qué es lo que constituye el objeto de la idea sino el conocimiento de los objetos externos? ¿Es posible la idea sin objeto? ¿No será entonces algo inaccesible, desprovisto. de toda forma y contenido? Defender la posibilidad de tal idea sin objeto y sin forma equivale a afirmar que es factible hacer algo ¡partiendo de la nada!...”230 El [310] hombre no desarrolla los conceptos arrancando de sí mismo, sino que los obtiene del mundo exterior, afirma Dobroliúbov.
Al propio tiempo Dobroliúbov combate el concepto vulgar que identifica materia y pensamiento, lo cual, asegura, se contradice con las pruebas irrefutables que la ciencia nos presenta. “Consideramos ridículas y miserables las ignorantes pretensiones del materialismo grosero, que destruye la elevada significación del aspecto espiritual del hombre cuando se esfuerza en demostrar que el alma del hombre se compone de una materia muy sutil.”231
El pensamiento y la vida espiritual del hombre son para Dobroliúbov el resultado supremo del desarrollo de la materia. La fisiología, nos dice, afirma que los animales carecen de organismos que por su sutilidad y diversidad se acerquen siquiera al cerebro humano; de manera que no deja lugar a dudas, confirma que todos los procesos de la actividad psíquica transcurren en el cerebro pensante cuando éste recibe un impulso del mundo exterior.
Dobroliúbov combate en sus trabajos el agnosticismo y el escepticismo aplicados a la teoría del conocimiento; la humanidad, afirmaba, es capaz de crear representaciones fieles y verdaderas del mundo. Todo cuanto el cerebro humano produce es adquirido, es tomado de la vida.
Al criticar a los idealistas A. Kusakov y N. Zherebsov, Dobroliúbov sostiene que el hombre de ciencia puede conocer la esencia verdadera de los fenómenos que nos rodean si, en sus juicios, parte de los hechos reales, sin atarse a imaginarias teorías o a esquemas apriorísticos; si sus ideas y conceptos acerca del mundo han sido refrendados por la práctica de la vida.
La idea dialéctica del desarrollo es enfrentada en las obras de Dobroliúbov a las teorías metafísicas que sostienen la permanencia e inmutabilidad de los “principios” que rigen la vida de la naturaleza y de la sociedad. El crítico trata de encontrar el carácter histórico y temporal de todos los fenómenos, tanto en uno como en otro plano; muestra que las necesidades materiales de los hombres y sus convicciones políticas, sus ideas, nociones estéticas, etc., no son eternas, sino mutables. Lo que en otros tiempos era hijo de su siglo, dice, comienza luego a contradecirse con la verdad de la vida y llega a convertirse en algo monstruoso y absurdo.
“Lo caduco no tiene sentido... Los dioses de los griegos pudieron ser bellos en la antigua Hélade, pero son repulsivos en las tragedias francesas y en nuestras odas del pasado siglo. Los llamamientos caballerescos de la Edad Media podían arrastrar a cientos de miles de personas a la lucha contra los infieles y para la liberación de los Santos Lugares; pero esos mismos llamamientos, repetidos en la Europa del siglo XIX, no producirían más que risa.”232
El desarrollo en la naturaleza y en la sociedad tiene, según Dobroliúbov, un carácter general progresivo. “En la naturaleza todo marcha gradualmente de lo simple a lo complejo, de lo imperfecto a lo perfecto; pero en todas partes nos encontramos con una misma materia, sin otra diferencia que la de hallarse en distintos grados de desarrollo.”233 [311]
En su lucha contra las teorías metafísicas del “populismo oficial” y de los eslavófilos, quienes afirmaban que Rusia había de permanecer eternamente dentro del círculo de relaciones sociales, de instituciones políticas y de ideas propias del período de la servidumbre, Dobroliúbov afirmaba que todos estos “soportes” de la vida rusa no eran “naturales” e “inmutables” y se veían refutados por la marcha misma de la vida, por las nuevas necesidades de la sociedad. Las reaccionarias invenciones de S. Sheviriev y compañía acerca de los “soportes inmutables” de nuestra sociedad, decía, no tienen nada que ver en absoluto con los intereses vitales de la nueva Rusia.
Siguiendo la idea dialéctica de Hegel sobre la concatenación universal de los conceptos, Dobroliúbov, lo mismo que sus maestros Belinski y Chernishevski, trata de darle una interpretación materialista. La vitalidad del objeto, de los fenómenos de la naturaleza, de los hechos reales, según él, consiste en que por la marcha objetiva de la misma vida han sido puestos en relación con su mundo ambiente. “Hacedme comprender el carácter del fenómeno, el lugar que ocupa entre otros, su sentido y significación en la marcha general de la vida –escribe– y, creedme, así me llevaréis a una interpretación más acertada del mismo que si recurrís a toda clase de silogismos reunidos para demostrar vuestra idea.”234
Dobroliúbov muestra en sus obras la existencia en la naturaleza y la sociedad de contradicciones que luchan entre sí. Cierto que, al no elevarse hasta la concepción materialista de la historia, no podía poseer una visión científica de la lucha de las clases opuestas dentro de la sociedad, y por eso atribuía esa lucha a las “falsas” y absurdas relaciones imperantes entre los hombres. Ahora bien, la aparición y el desarrollo de la lucha de clases en una sociedad en que lo que predominaba era el parasitismo y el despotismo, lo consideraba perfectamente lógico y natural.
Las concepciones sociológicas de Dobroliúbov van unidas íntimamente a su condición de demócrata revolucionario y a su modo dialéctico de enfocar el mundo, y contienen elementos de una concepción materialista de la vida social entrelazados con nociones idealistas, no superadas, sobre la sociedad.
Las ideas de la lucha de clases y de la transformación revolucionaria de la sociedad presiden las concepciones sociológicas de Dobroliúbov.
La lucha del pueblo (de la democracia) contra el parasitismo en todas sus manifestaciones, contra los brahmanes indios y contra los sátrapas persas, contra los patricios romanos y los señores feudales del medievo, contra el yugo burgués, es lo que, según él, presta todo su contenido a la historia. La lucha de las clases trabajadoras contra la esclavitud en todos sus aspectos es el “resorte” que impulsa el desarrollo de la sociedad.
Dobroliúbov combate enérgicamente las calumniosas teorías de los liberales, que pintaban al pueblo como una masa inmóvil e inerte, incapaz de una acción histórica independiente y de un desarrollo progresivo. En este aspecto se aproxima a una concepción acertada del papel del pueblo y del individuo en la vida social; los movimientos populares, considera, siempre hicieron avanzar la historia; y en todo momento manifiesta su fe profunda en las fuerzas vitales del pueblo. Los grandes hombres, según [312] él, no son elegidos del “destino”, sino que son promovidos por el pueblo y únicamente pueden influir sobre la marcha de los acontecimientos históricos si comprenden las necesidades populares. Decía así:
“... Los grandes transformadores históricos influyen acusadamente sobre la marcha de los acontecimientos de su tiempo y, sobre su pueblo; pero no hay que olvidar que antes de que su influencia comience ellos mismos se encuentran bajo el peso de las ideas y costumbres del tiempo y de la sociedad sobre la cual comienzan luego a obrar por la fuerza de su genio... La historia se ocupa de los hombres, incluso de los grandes, por la sola razón de que su labor tuvo señalada repercusión para su pueblo y para la humanidad entera. Por consiguiente, lo principal en la historia de un gran hombre es mostrar cómo supo poner en juego los recursos de que dispuso; cómo adquirieron expresión los elementos del desarrollo vivo que pudo encontrar en su pueblo... La significación de las grandes figuras de la historia es comparable a la lluvia, que refresca benéficamente la tierra, pero que, sin embargo, procede del agua que antes se evaporó en esa misma tierra.”235
La personalidad histórica, aun siendo grande, dice Dobroliúbov, no es sino una chispa capaz de inflamar la pólvora, pero no la piedra, y se apagará al instante si no encuentra un material fácilmente combustible. Ese material viene preparado por las circunstancias del desarrollo histórico del pueblo; en virtud de ellas aparecen individuos que personifican las necesidades de la sociedad y del tiempo.
Dobroliúbov expone geniales atisbos sobre la esencia de la sociedad socialista. Consideraba necesario que “el valor del hombre dentro de la sociedad sea determinado por sus cualidades personales y que los bienes materiales sean adquiridos por cada uno de conformidad estricta con la cantidad y clase de su trabajo”.236 Comprende también que en la sociedad socialista los hombres trabajarán de buen grado, por afición; todos adquirirán los conocimientos necesarios para cumplir de la mejor manera su cometido y no habrá lugar para los haraganes.
Pero Dobroliúbov, colocado, lo mismo que Chernishevski, en un ambiente como el de Rusia, con su régimen de servidumbre, no podía dotar de una base científica al socialismo, pues era un revolucionario campesino sin vínculos con el movimiento obrero internacional; en filosofía no acaba de levantar el edificio de su materialismo, por falta de consecuencia para extenderlo a la concepción de la historia. A menudo explica el desarrollo de la sociedad de manera idealista, haciéndolo depender de la situación en que en cada época se encuentra el conocimiento del mundo por el hombre. El obstáculo principal para el progreso de la sociedad es, según él, la incomprensión de qué es lo que constituye realmente el bien, el intento de buscarlo allí donde no está ni puede estar.
Las concepciones estéticas de Dobroliúbov se apoyan en los mismos principios de la democracia revolucionaria y de la filosofía materialista en que se asentaba la estética de Chernishevski. Uno y otro estaban encargados de la crítica literaria en Sovreménnik, oportunidad que aquél aprovechaba para exponer con gran originalidad e independencia las ideas [313] estéticas de la democracia revolucionaria rusa. Tales artículos de crítica literaria, con gran abundancia de datos históricos y literarios, le sirven para defender la concepción materialista del arte como reproducción de la realidad, para mostrar la función cognoscitiva del arte como pensamiento por medio de imágenes y para poner de relieve el papel activo del arte como “maestro de la vida”.
El crítico y revolucionario manifiesta ideas profundas, acertadas en líneas generales, sobre la esencia social y la naturaleza de clase de las ideas estéticas. En la sociedad moderna, afirma, no puede haber una concepción única del mundo ni una tendencia única en literatura. La poesía, como todas las artes, se halla impregnada de un espíritu de partido y de clase.
Las idas y normas estéticas dependen de las condiciones históricas de vida, y esto toma cuerpo en la sucesión de corrientes literarias y de estilos en el arte, etc. La literatura y el arte, según Dobroliúbov, están obligados no a repetir las normas estéticas viejas y caducas, sino a seguir la nueva orientación de los acontecimientos, a reflejar en sus obras lo que cae y lo que vence, lo que se encumbra y predomina en la vida de la sociedad.
Campeón apasionado del realismo en la creación artística, Dobroliúbov comprendía claramente que la visión realista de la vida, la interpretación realista del mundo, que se afirmaba en la ciencia y en la filosofía, predominaba también en el arte. “Ahora –escribe– la vida hace valer sus derechos en todos los aspectos, el realismo irrumpe por doquier, a despecho de los mistificadores de todo género. El realismo de la vida ha de irrumpir también en la poesía, y si entre nosotros aparece un gran poeta será, naturalmente, en este terreno, y no en el de las sutilidades estéticas.”237 Esa misma pasión pone Dobroliúbov al combatir las teorías idealistas del “arte por el arte”, cuando defiende la unidad del arte y la vida y cuando pide a aquél un contenido ideológico.
“... Quieren –decía refiriéndose a los paladines del «arte por el arte»–, ni más ni menos, que el escritor se aleje de todas las cuestiones de la vida, que no tenga convicciones, que huya de la filosofía como de la peste y que, a toda costa, cante como el pájaro en la rama, según la frase de Goethe que siempre fue su divisa.”238
Las obras realmente artísticas, decía, han de contener tres elementos: sentimiento, ideas y aspiración a un fin noble y sublime, es decir, una concepción progresista del mundo. La falta de uno de esos elementos rebaja su valor o incluso lo reduce a la nada.
“... El artista –explica– no es una placa fotográfica, que refleja sólo el momento presente: de ser así, las obras de arte carecerían de vida y sentido. El artista complementa el carácter fragmentario del momento que capta con su sentimiento creador, generaliza en su alma los fenómenos particulares, con los rasgos dispersos crea un todo armonioso, encuentra la relación viva y la sucesión de los fenómenos al parecer inconexos, funde y elabora en el conjunto de sus ideas aspectos variados y contradictorios de la realidad viva.”239 [314]
Dobroliúbov, demócrata revolucionario como era, creía apasionadamente en las fuerzas del pueblo y en su triunfo; al mismo tiempo, expresaba su seguridad optimista en las grandes posibilidades del arte, y advertía que la literatura estaba llamada a convertirse en un factor motriz del avance de la sociedad.
“... Estamos convencidos –escribía– de que, con cierto grado de desarrollo del pueblo, la literatura se convertirá en una de las fuerzas motrices de la sociedad; no rechazamos la esperanza de que aquí, en Rusia, llegue a adquirir esa significación. Hasta ahora no es así, como no lo es casi en ningún sitio en el continente europeo, y haríamos mal en engañarnos y en dejarnos seducir por nuestros deseos... Pero queremos creer que llegará un tiempo en que será así.”240
Dobroliúbov –gran crítico y revolucionario, pensador eminente e ideólogo de la revolución campesina– alcanzó con Chernishevski un elevado nivel en el desarrollo de la filosofía materialista. Mas, a consecuencia del atraso de la Rusia feudal, sus concepciones adolecen de cierta imperfección, lo mismo que la filosofía de Chernishevski: sus ideas se acercan al materialismo dialéctico, contienen elementos de una concepción dialéctica de la historia, pero no pudieron desenvolverse hasta alcanzar la doctrina del materialismo dialéctico y del materialismo histórico.
No obstante, Dobroliúbov, al que Marx y Engels tenían en gran estima –a él y a Chernishevski los llamaban “los Lessings socialistas”–, desempeñó un gran papel en la historia de la literatura, la filosofía y el pensamiento social de Rusia. Lenin lo consideraba como un demócrata consecuente, que luchó contra el reformismo de los liberales; era querido, nos dice, “por toda la Rusia culta” como escritor “que aborrecía apasionadamente la arbitrariedad y que aguardaba apasionadamente el levantamiento del pueblo contra los turcos de dentro, contra el gobierno de la autocracia”.241
{219} Oblómovschina: palabra empleada por primera vez por el escritor ruso Goncharov en su novela Oblomóv. Es sinónimo de apatía e indiferencia, de espiritu inactivo, dominado por la pereza. (N. del Trad.)
{220} N. A. Dobroliúbov, Obras completas, ens eis tomos, t. IV, Moscú, 1937, página 107.
{221} Ibídem, t. II, 1935, pág. 239.
{222} Ibídem, t. IV, pág. 399.
{223} Ibídem, t. I, 1934, pág. 211.
{224} N. A. Dobroliúbov, Obras completas, t. III, 1936, págs. 227-228.
{225} Ibídem, t. IV, pág. 402.
{226} N. A. Dobroliúbov, Obras completas, t. III, pág. 110.
{227} Ibídem, pág. 345.
{228} Ibídem, t. I, pág. 343.
{229} Ibídem, t. IV, pág. 309.
{230} Ibídem, t. III, pág. 241.
{231} N. A. Dobroliúbov, Obras completas, t. III, pág. 92.
{232} Ibídem, t. I, pág. 206.
{233} Ibídem, t. IV, pág. 310.
{234} N. A. Dobroliúbov, Obras completas, t. II, págs. 320 y 321.
{235} N. A. Dobroliúbov, Obras completas, t. III, págs. 120 y 121.
{236} Ibídem, t. II, pág. 187.
{237} N. A. Dobroliúbov, Obras completas, t. II, pág. 578.
{238} Ibídem, pág. 421.
{239} Ibídem, pág. 373.
{240} N. A. Dobroliúbov, Obras completas, t. IV, pág. 89.
{241} V. I. Lenin, El comienzo de las manifestaciones. En Obras completas, t. V, página 296.