Filosofía en español 
Filosofía en español

Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSSHistoria de la Filosofía, México 1965


Tomo 2 ❦ Capítulo IV: 7

7. La filosofía materialista de la democracia revolucionaria rusa entre 1850 y 1870. N. G. Chernishevski y su papel en el desarrollo del materialismo.

Entre 1850 y 1861 se opera en Rusia la transición de la primera etapa –la etapa noble– de la historia del movimiento de liberación, a la segunda etapa o democrático-burguesa.

Esta etapa democrático-burguesa del movimiento de liberación adviene en Rusia definitivamente en 1861, después de la caída del régimen de servidumbre, que condujo a que los elementos plebeyos pasaran a ser las primeras figuras del movimiento de liberación dentro de todo el país.

Esos veinte años, tan abundantes en grandes acontecimientos, representan un período crucial en la historia de Rusia. Durante los diez primeros se acentúa y se agudiza al máximo la crisis del régimen de servidumbre, [273] que se había iniciado en el segundo cuarto del siglo XIX, levántase una poderosa oleada de movimientos campesinos espontáneos, y todo esto conduce a la situación revolucionaria de 1859-1861, que trae consigo la caída de la servidumbre.

La desaparición de la servidumbre coloca a Rusia en la vía del capitalismo, si bien incluso después de 1870 el desarrollo de éste se ve frenado por los numerosos y fuertes vestigios del régimen anterior.

El período de 1850 a 1860 constituye un hito memorable en la historia de la cultura y del pensamiento social avanzado dentro de Rusia. Esto se refiere también a la filosofía. La ideología democrático-revolucionaria y la filosofía materialista que le es propia, que aparecen en Rusia diez años antes, se ven enriquecidas con nuevas aportaciones y se elevan a un nivel superior.

La causa final de este proceso de desarrollo de la ideología democrático-revolucionaria y de la filosofía materialista era la acentuación de las contradicciones en el seno del régimen de servidumbre, y singularmente el auge de la lucha de clases de los campesinos contra los terratenientes.

Hacia 1860 los principales “pilares” de la servidumbre, ya podridos. acaban por hundirse. Va tocando a su fin el predominio de la economía natural, de año en año aumenta la superficie de cultivo en los campos señoriales con vistas a la venta del grano en el mercado y se reducen las parcelas de la tierra explotada directamente por los campesinos; éstos se ven desprovistos de ellas y muchos abandonan la aldea y buscan ocupación en la industria o en talleres artesanales. A consecuencia de todo esto se debilitan sus vínculos con la tierra y su dependencia personal respecto del terrateniente.

La crisis del régimen de servidumbre en el período anterior a la Reforma de 1861 no se debía sólo a la ampliación de las relaciones monetario-comerciales en la agricultura, sino también al incremento de las relaciones capitalistas en la industria de Rusia. Durante los treinta y cinco años que preceden a la Reforma (1825-1861) el número de obreros fabriles aumenta más de 2,5 veces, y la proporción de trabajadores asalariados sube del 51 al 87% del total de la mano de obra empleada. Ahora bien, hacia 1860 el trabajo servil seguía aún utilizándose en muchas ramas de la industria. El régimen feudal, imperante hasta 1861, entorpecía los progresos de la economía, principalmente porque no ofrecía a los trabajadores estimulo alguno para el desarrollo de la producción material y traía consigo una baja productividad del trabajo. Dicho régimen impedía la ampliación de la industria capitalista. al adscribir a las haciendas de los señores una enorme cantidad de mano de obra. y hacía imposible la ampliación del mercado interior para la industria capitalista, puesto que el consumidor principal de su producto –el campesino siervo– continuaba viviendo en muchos aspectos dentro de una economía natural y se encontraba arruinado por la explotación de los terratenientes, por las cargas e impuestos, etc.

Los elementos capitalistas existentes en el seno de la formación feudal basada en la servidumbre no tenían amplios horizontes de desarrollo, ya que, con el predominio de aquel régimen caduco. era imposible el libre desenvolvimiento de la gran industria basada en el empleo de máquinas, con su necesidad de mucha mano de obra libre. de un amplio mercado interior y un progreso constante de los medios de producción y de los [274] transportes. Los escasos avances de la industria capitalista y de los medios de comunicación predeterminaban en buena parte el atraso técnico y económico de Rusia frente al resto de Europa y condujeron a su derrota en la guerra de Crimea (1853-1856).

La profunda crisis del régimen de servidumbre, ahondada singularmente en los años que preceden a la Reforma, va acompañada de un aumento de la explotación en el agro (se alarga el número de jornadas que los campesinos habían de trabajar para sus señores y el volumen de las entregas en especie, etc.); la situación de los campesinos se hace aún más calamitosa. Esto eleva sin cesar la oposición a la servidumbre entre las capas bajas del pueblo, y principalmente entre los hombres del campo.

El movimiento revolucionario espontáneo de los campesinos contra los terratenientes feudales y las autoridades zaristas adquiere en los años anteriores a la Reforma un carácter de masas y llega a alcanzar amenazadoras proporciones. Entre 1855 y 1861 se produjeron 476 revueltas campesinas, es decir, un promedio de 80 al año, mientras que entre 1826 y 1854 ese promedio había sido de 25. A menudo los campesinos recurrían a las armas; en repetidas ocasiones el gobierno zarista hubo de enviar fuertes contingentes de tropas contra los insurrectos y de adoptar grandes medidas represivas. Marx escribía a Engels en enero de 1860: “A mi modo de ver, los mayores acontecimientos del mundo en la actualidad son el movimiento de los esclavos norteamericanos, iniciado con la muerte de Brown, y el movimiento de los siervos en Rusia.”147 Los movimientos campesinos antifeudales de Polonia, Finlandia, países bálticos, Transcaucasia, Asia Central y otras regiones nacionales periféricas oprimidas se conjuga a menudo con el movimiento de liberación nacional contra el zarismo, en el que, además de los trabajadores, tomaban parte algunas capas de las clases pudientes de esas nacionalidades oprimidas.

Los trabajadores de las manufacturas y los obreros fabriles comienzan a agitarse contra la opresión a que los patronos capitalistas los someten con el apoyo de las autoridades zaristas; en el ejército y la marina se produce un ambiente de sorda protesta y menudean los casos de desobediencia. Entre los estudiantes y otras capas intelectuales plebeyas crece el descontento contra el régimen policíaco de la autocracia zarista y por el atraso económico y político del país.

Por lo tanto, hacia 1860 había en Rusia un elemento tan capital de la situación revolucionaria como la gran elevación de la actividad de las masas y la entrada de éstas en la palestra de la historia. Pero esa situación, prueba de que en el país estaba madura la revolución democrático-burguesa, no condujo a un estallido revolucionario. El gobierno zarista, intimidado por el creciente movimiento de los campesinos, anunció en febrero de 1861 la abolición de la servidumbre y supo sacar adelante esa restringida reforma desde arriba, pues entonces no había en Rusia una fuerza capaz de capitanear y de llevar a cabo por abajo la transformación revolucionaria que hubiese podido destruir hasta sus últimas raíces la servidumbre y establecer un régimen democrático-burgués.

Los campesinos, que se habían lanzado espontáneamente al combate en los años anteriores a la Reforma y eran una fuerza dispersa y desorganizada [275] cuando ésta fue proclamada, no tenían una visión clara de sus objetivos de lucha y eran incapaces de resolver de por sí las tareas revolucionarias. El proletariado no había entrado aún como fuerza política independiente en la palestra de la lucha revolucionaria, no tenía conciencia de sus intereses de clase. La burguesía, que en Rusia no era una clase revolucionaria, hallábase dominada por el miedo al movimiento de las masas populares en el país y en el extranjero y estaba dispuesta a darse por satisfecha con concesiones del zarismo y de los terratenientes, pero de ninguna manera a lanzarse a la lucha decisiva.

Un papel decisivo desempeñó entonces la parte revolucionaria de los intelectuales plebeyos, que expresaban el sentir de los campesinos y defendían sus intereses. Estos revolucionarios trataban por todos los medios a su alcance de poner en pie a las masas oprimidas del pueblo para la lucha consciente contra el zarismo, pero sus prédicas revolucionarias no llegaban hasta las grandes masas, y sus organizaciones y círculos revolucionarios no incluían más que a un reducido número de personas débilmente relacionadas con el pueblo. De ahí que los revolucionarios plebeyos no pudiesen unificar las espontáneas acciones campesinas; sus ideas no prendieron, ni podían prender aún, en las grandes masas del agro. “... El pueblo, que durante cientos de años había sido esclavo de los terratenientes, no se hallaba en condiciones de lanzarse a una lucha amplia, abierta y consciente por la libertad.”148

El paso al capitalismo después de 1860 no se opera por eso en Rusia por la revolución democrático-burguesa, sino a través de una reforma burguesa realizada por los propios señores.

A la abolición de la servidumbre siguieron las reformas de la administración local, de los tribunales, de la legislación, del sistema de enseñanza primaria, etc. Estas reformas, realizadas bajo el empuje de las fuerzas revolucionarias de la sociedad, adaptaron la supraestructura política a los intereses del desarrollo burgués de Rusia, pero “dejaron al campesino sumido en la miseria, en la ignorancia y el atraso, sometido a los terratenientes feudales en el tribunal, en la administración, en la escuela y en el zemstvo”.149 Dichas reformas, burguesas por su carácter, implantadas por los propios señores, estuvieron muy lejos de debilitar la lucha de clases de los campesinos contra los grandes propietarios.

En 1861 se produjeron 1.176 revueltas y levantamientos de campesinos. En muchas comarcas del país se produjeron choques armados de éstos con las tropas zaristas. Las grandes acciones de los campesinos contra la Reforma no cesan en 1862 ni en los años posteriores. En 1863 se produjeron poderosos levantamientos en Lituania y Bielorrusia. casi simultáneos. y con muchos puntos de común con el movimiento nacional polaco contra el zarismo.

La lucha de clases de los campesinos y capas afines contra los terratenientes y el zarismo es el factor más importante de la vida social de Rusia. tanto con anterioridad a la Reforma de 1861 como en el período que le sigue. La línea divisoria. conforme a la cual se produce entre 1850 [276] y 1861 en la vida social de Rusia y en su pensamiento social la reagrupación de fuerzas, es la lucha de la democracia revolucionaria, que defendía los intereses de los campesinos oprimidos contra la reacción feudal-terrateniente, y, a la vez, contra el liberalismo, que era expresión de los intereses de los terratenientes liberales, reclutados entre la burguesía rural y urbana.

Según demostró Lenin, la aireada lucha entre los terratenientes feudales y liberales, tan exagerada por los historiadores de orientación liberal, era, simplemente, una lucha en el seno de las clases dominantes, sobre todo en el seno de los propietarios, en torno al volumen y a la forma de las concesiones. Los liberales, lo mismo que los terratenientes feudales, rechazaban .oda idea revolucionaria sobre la abolición de la gran propiedad territorial, sobre la destrucción completa del poder de los terratenientes. “Los liberales de 1860 a 1870 y Chernishevski –escribía Lenin en 1911– son los representantes de dos tendencias históricas, de dos fuerzas históricas que desde entonces hasta nuestros días determinan la suerte de la lucha por una Rusia nueva.”150

Las ideas democrático-revolucionarias, que se desarrollan en la lucha contra la servidumbre y la autocracia y en el proceso de crítica del liberalismo, prenden entre los intelectuales plebeyos avanzados de los pueblos que integraban el Imperio ruso. En distintos lugares del país, entre 1850 y 1861 aparecen organizaciones y círculos revolucionarios clandestinos. Chernishevski en San Petersburgo y Ogariov y Herzen desde el extranjero alientan los trabajos para la creación en Rusia de una organización revolucionaria, que en 1862 toma el nombre de “Tierra y Libertad”.

La democracia revolucionaria, portavoz de los intereses de los campesinos dentro de Rusia, defendía también los intereses de los trabajadores de todos los países y simpatizaba con sus movimientos revolucionarios. Chernishevski, Herzen y sus compañeros acogieron con entusiasmo y apoyaron moralmente el movimiento de liberación de los pueblos de Italia, Hungría, Polonia y otros países contra el yugo extranjero; lo mismo puede decirse en cuanto a la lucha revolucionaria de las clases trabajadoras de Francia y otros países europeos contra la monarquía y la opresión capitalista. Hallábanse bajo la favorable influencia de los movimientos revolucionarios del Occidente europeo, seguían de cerca los acontecimientos que se desarrollaban fuera del país y trataban de recoger su experiencia, pero no alcanzaron a comprender la misión histórica del proletariado.

El desarrollo del pensamiento social revolucionario y de las ideas filosóficas de vanguardia entre 1850 y 1861 se halla en Rusia intimamente vinculado tanto a las ideas filosóficas y políticas de Europa Occidental como a los avances de la ciencia, la literatura y el arte rusos en la primera mitad y a mediados del siglo XIX, tiempo en que el país alcanza grandes progresos en el desarrollo de una cultura avanzada.

En la literatura, junto a Belinski, Herzen y Chernishevski, aparecen M. E. Saltikov-Schedrín, N. A. Nekrásov, T. G. Shevchenko y otros escritores demócratas. Y no eran sólo estos escritores, demócratas revolucionarios, sino también aquellos de inspiración realista, que no pertenecían al [277] campo revolucionario –I. S. Turguénev, L. N. Tolstoi, que hacía ya sus primeras armas de la literatura, A. N. Ostrovski e I. A. Goncharov–, los que elevan las letras rusas con sus obras inmortales a las cumbres de la fama y ejercen una honda y beneficiosa influencia sobre los escritores de otros pueblos del mundo.

En este tiempo comienza el florecimiento de la pintura rusa, cuyos mejores representantes –I. E. Repin y los pintores “ambulantes”– nos dejaron producciones de gran sentido realista que han entrado para siempre en el acervo del arte ruso y mundial. En música constituyen el orgullo nacional del pueblo ruso las obras inmortales del “grupo de los cinco”, inspiradas en el realismo y de un hondo sentido popular. Ejerció gran ascendiente sobre los más eximios compositores y pintores rusos el crítico de arte V. V. Stásov, cuyas ideas estéticas se forjaron bajo el signo de la democracia revolucionaria.

En la ciencia, el decenio que sigue a 1850 ve aparecer a I. M. Séchenov, D. I. Mendeleev, A. M. Bútlerov y otros grandes investigadores, que continúan aplicando las ideas materialistas derivadas ya de Lomonósov y que se apoyaban en las conquistas de la ciencia rusa y europea de la primera mitad del siglo XIX. Su labor científica, que había de alcanzar su pleno desarrollo más tarde, en el último tercio del siglo, dentro ya del período capitalista, tuvo gran valor en el terreno de la filosofía, y en bastantes casos son visibles los vínculos que mantiene con las ideas de los materialistas rusos de la primera mitad de la pasada centuria.

Las sustanciales modificaciones operadas en la vida social en el decenio que sigue a 1850 como consecuencia de la crisis del régimen de servidumbre y luego de su abolición, el incremento de la lucha de clases de los campesinos contra los terratenientes y el paso a la nueva etapa, democrático-burguesa, del movimiento ruso de liberación, exigían nuevos avances de la ideología democrático-revolucionaria y de la filosofía materialista. También lo necesitaba así la cultura rusa de vanguardia –la ciencia, la literatura y el arte–, cuyas exigencias ideológicas habían aumentado inconmensurablemente.

Los demócratas revolucionarios y materialistas de este período habían de continuar la crítica del idealismo objetivo y del misticismo religioso, iniciada por Belinski, Herzen y Ogariov un decenio antes, concentrando a la vez el fuego sobre las concepciones idealistas subjetivas, el agnosticismo, la metafísica y demás tendencias que se encubrían con la bandera de la ciencia.

La filosofía materialista de Rusia había de realizar a la vez una crítica razonada de las doctrinas del misticismo religioso (intensamente propagadas por los “filósofos cristianos” ortodoxos P. D. Yurkievich, S. S. Gogotski, el archimandrita Gabriel –Kikodze–, los eslavófilos N. Y. Danilevski y N. N. Strájov, etc.) y de los epigonos rusos del idealismo alemán, que negaban la dialéctica y defendían teorías metafísicas en filosofía, psicología y sociología (K. D. Kavelin, B. N. Chicherin, etc.) y en estética (A. V. Drushinin y otros).

La pugna entre el materialismo y el idealismo se hace especialmente áspera en Rusia hasta 1860, tiempo en que los teóricos de la reacción y los liberales forman el frente único contra la filosofía y la estética materialista de los demócratas revolucionarios, contra las ideas revolucionarias [278] que buscaban la transformación del mundo según los principios del socialismo.

En los establecimientos de enseñanza de Rusia, tanto religiosos como laicos, la religión era estudiada sobre todo desde el punto de vista del dogmatismo de la doctrina ortodoxa. Figura visible de está corriente filosófica religiosa, y acérrimo enemigo del materialismo y del ateísmo, era el profesor P. D. Yurkiévich, quien en sus obras sostenía la idea de que el conocimiento de la verdad es materia de fe, la cual está por encima del pensamiento científico; el grado superior del conocimiento, afirmaba, es la contemplación mística de Dios.

Yurkiévich afirmaba que los materialistas no estaban en lo cierto al colocar la vida psíquica del hombre en dependencia de los fenómenos físicos. No es justo, según él, admitir la posibilidad del paso de la acción exterior a sensación. La acción de los objetos sobre el cuerpo lo ponen en movimiento, pero “este movimiento no tiene en si ni la posibilidad ni la necesidad de ser otra cosa más que movimiento”.151

El neoeslavófilo N. Danilievski opone la civilización oriental a la europea y afirma que esta civilización oriental, eslava, ha de apoyarse primeramente en el principio religioso, al contrario de como lo hace la cultura occidental, cultura industrial y científica.

En oposición a los materialistas, que afirmaban los vínculos directos de la conciencia con el mundo exterior y veían la transformación de la energía del estímulo exterior en el hecho de la conciencia, Yurkiévich tomaba la sensación como una muralla o pared que separa a la conciencia del mundo circundante.

Los filósofos y sociólogos de tendencia liberal (Kavelin, Chicherin, etc.) oponían a la “peligrosa dialéctica” de la democracia revolucionaria –que sostenía el carácter regular de la transformación revolucionaria de la sociedad– el “antídoto” de las concepciones metafísicas del “progreso gradual” sin conmociones ni lucha. Al materialismo filosófico oponían la seudocientífica teoría dualista de la existencia de dos “sustancias”: la materia y el espíritu, independientes entre sí, y el escepticismo, que también corta las alas al conocimiento científico, encubierto con frases acerca de la “limitación” de nuestra capacidad de saber. En su pugna con la estética realista hacían hincapié en la reaccionaria teoría del “arte por el arte” y en el divorcio formalista de la “esfera de lo bello” respecto de la vida de la sociedad, o sea, separaban la forma de la obra de arte de su contenido ideológico.

En ese ambiente de lucha ideológica contra la reacción y el liberalismo, los demócratas revolucionarios ahondan en el estudio de la filosofía materialista y de sus teorías del desarrollo social y de la estética realista de conformidad con las nuevas necesidades históricas de Rusia, poniéndolo todo al servicio del movimiento de liberación.

La democracia revolucionaria había de argumentar teóricamente la necesidad de una destrucción revolucionaria y definitiva de la monarquía y del régimen de servidumbre; había de demostrar también la inconsistencia y el daño que significaban las teorías reformistas liberales del “progreso gradual”. Los demócratas revolucionarios estaban llamados a quitar su [279] aureola a la opinión, reinante en la sociología y la historiografía de la burguesía y la nobleza, de que los resortes principales de la historia son los reyes, los legisladores, los ideólogos, etc.; habían de refutar las invenciones lanzadas acerca de la pasividad y la inercia de las masas del pueblo.

Al propio tiempo, el incremento de las relaciones capitalistas en Rusia, en la entraña misma del régimen de servidumbre, y también el paso de la burguesía europea al campo de la contrarrevolución, planteaban el problema de su actitud frente al capitalismo al pensamiento social revolucionario ruso, cuya meta era la supresión del régimen de la servidumbre. Los demócratas revolucionarios –defensores de los intereses de las gentes del pueblo, de las clases trabajadoras– criticaban al capitalismo, en el que veían un nuevo sistema de explotación hostil a los intereses de los trabajadores, y las teorías políticas y sociológicas liberales que lo exaltaban.

Una tarea de primer orden, de cuyo cumplimiento dependía la orientación del pensamiento social, de la literatura y la ciencia en Rusia, era la lucha contra las corrientes filosóficas veladamente idealistas (positivismo, agnosticismo, etc.), encubriéndose con las cuales trataba el liberalismo de poner vallas a la ciencia, de conciliarla con la ideología religiosa imperante y de apartar a los mejores hombres del país de la lucha revolucionaria. Era necesario comprender el papel de las ciencias naturales, presentar combate al idealismo y al agnosticismo en este terreno, unir los últimos avances de la ciencia a la filosofía materialista y, apoyándose en las ciencias naturales, defender y ampliar las bases del materialismo.

Una importante tarea del pensamiento filosófico avanzado en este período era la de defender y ampliar los principios materialistas de la estética realista creada por V. G. Belinski. En un ambiente en el que tanto en Rusia como fuera de ella habían ganado tanta preponderancia las teorías reaccionarias del “arte por el arte” y cuando se hundían las viejas y caducas tendencias (“falso clasicismo”, la “imitación”, el romanticismo, el sentimentalismo, etc.), con la necesidad urgente de poner la literatura y el arte al servicio del pueblo, era de importancia capital, partiendo de los principios de la democracia revolucionaria, llegar a la ordenación en un sistema y ampliar las ideas de la estética materialista, dar base a los principios del realismo, al arte de ideas e inspirado en el espíritu del pueblo.

Esto es lo que hizo N. G. Chernishevski, gran demócrata revolucionario, ideólogo de la revolución campesina y clásico de la filosofía materialista rusa. Nicolás Gavrilovich Chernishevski (1828-1889) nació en Sarátov; su padre era sacerdote. Desde sus años mozos se encontró bajo el ascendiente de Belinski y Herzen y de la literatura rusa de vanguardia.

En 1846 ingresó Chernishevski en la Facultad de Historia y Filosofía de la Universidad de San Petersburgo. En sus tiempos de estudiante, bajo el influjo del incremento del movimiento. campesino en Rusia y de los acontecimientos de Occidente, adoptó las posiciones de la democracia revolucionaria. En 1848 escribía en su diario: “Creo que por mis convicciones sobre la meta final de la humanidad me he convertido en partidario decidido de los socialistas y comunistas y de los republicanos radicales...”152 [280]

Después de 1848, Chernishevski cifra todas sus esperanzas en la lucha abierta de clases, en el derrocamiento de la autocracia y de la servidumbre por la vía revolucionaria. “Tal es mi manera de pensar sobre Rusia –escribía–: espero con impaciencia la próxima revolución que ansío... Sin convulsiones jamás se ha dado un paso adelante en la historia.”153

En su deseo de encontrar una teoría revolucionaria acertada, Chernishevski estudia profundamente la experiencia del movimiento en Rusia y el Occidente europeo, su literatura, las obras de los economistas ingleses y de los materialistas y socialistas utópicos franceses, así como los trabajos de Hegel y de Feuerbach. Tenía en gran estima la dialéctica del primero y el materialismo antropológico del segundo.

Entre 1818 y 1819 Chernishevski se reafirma en sus concepciones materialistas. A. V. Jánikov, del círculo de los “petrashevtsi”, le dio a leer La esencia del cristianismo de Feuerbach. Las ideas materialistas y ateas de este libro reafirman en Chernishevski su creencia de que la verdad estaba en la filosofía materialista. Más tarde, en repetidas ocasiones, Chernishevski había de llamarse a sí mismo discípulo de Feuerbach.

Entre 1856 y 1862 Chernishevski dirigió la revista Sovreménnik (El Contemporáneo), a la que convierte en órgano legal de la democracia revolucionaria. En sus artículos, a pesar de las trabas de la censura, sabía expresar el pensar y el sentir de los campesinos siervos, sometía a una velada e inteligente crítica al régimen de servidumbre y a todo lo que éste daba lugar, y exponía y propagaba la ideología de la democracia revolucionaria.

En junio de 1862 el gobierno zarista prohibió el Sovreménnik y Rússkoe slovo (La Palabra Rusa), y al mes siguiente detenía a Chernishevski y lo encerraba en la fortaleza de Pedro y Pablo, donde escribió su famosa novela ¿Qué hacer? En 1861 Chernishevski era sometido a la llamada “ejecución civil” y condenado a trabajos forzados en Siberia. Entre la cárcel, el presidio y el destierro pasó más de veinte años. En 1883 era enviado de Siberia a Astrajan. Últimamente se le autorizó para trasladarse a Sarátov, donde permaneció en libertad vigilada hasta su muerte, ocurrida en 1889.

La concepción democrática revolucionaria de Chernishevski se pone singularmente de relieve después de 1848, y muy en especial entre 1850 y 1860.

En el período de preparación de la reforma campesina, los artículos de Chernishevski en Sovreménnik defendían la entrega de la tierra sin pago de rescate alguno y denunciaban los planes de los terratenientes, que querían dar la libertad a los campesinos, pero sin tierra, y las sugerencias liberales de conceder la libertad y la tierra, pero al precio de un elevado rescate. Lenin nos habla de cómo Chernishevski “protestaba, maldecía la reforma, deseando su fracaso, deseando que el Gobierno se embrollase en sus equilibrios entre los liberales y los terratenientes y sobreviniese una bancarrota que condujese a Rusia a la vía de la lucha abierta de clases”.154 [281]

Según señala Lenin, Chernishevski comprendía ya entonces, en la época de realización de la reforma campesina, el sentido burgués de la misma, veía el carácter antagónico de las relaciones a que llegaría después de la Reforma, la hostilidad de las clases dominantes –terratenientes y burguesía– hacia los campesinos que ellas arruinaban.

Chernishevski, que no cejó jamás en su lucha contra el liberalismo, no podía pasar por alto las vacilaciones en que en este sentido incurrió Herzen antes de 1860. En el verano de 1859 se trasladó a Londres, después que Kólokol publicara el artículo Very dangerous!! (¡¡Muy peligroso!! contra la crítica que en las páginas de Sovreménnik se hacía del liberalismo. Allí pudo convencer a Herzen del error que representaban sus ilusiones liberales y llegó seguramente con él a un acuerdo sobre las acciones revolucionarias conjuntas contra el zarismo.

En 1860 insertaba Kólokol un documento salido del círculo de Chernishevski. Titulábase Carta de provincias e iba firmado por “Un ruso”; en él se sometía a crítica el tono de Kólokol, que en algunos de sus artículos manifestaba esperanzas liberales en la solución pacifica del problema, condenaba la fe en “los buenos propósitos del zar” y exigía: “¡Llamad a Rusia a que empuñe el hacha!”

En el período de la reforma de 1861 y después de ella Chernishevski y sus amigos lanzan varios llamamientos: A los campesinos señoriales, A los soldados. A la joven generación, a los disidentes religiosos y a los miembros de las sectas, requiriendo a las capas bajas del pueblo a que se incorporen a la lucha contra el zarismo. En el manifiesto con que comienza “A los campesinos señoriales, un saludo de quienes bien les quieren”, Chernishevski les llama a prepararse para el levantamiento popular que, según él lo concebía, había de empezar simultáneamente en todos los puntos del país. “...Los mujiks han de ponerse de acuerdo entre sí para obrar en común cuando llegue el momento –decía– ...Y cuando todo esté dispuesto, o sea cuando en todos los sitios se hayan preparado, entonces a empezar.” El llamamiento invitaba a los campesinos siervos y a los “soldados rusos” a proveerse de armas, a unirse y a abandonar el “miedo injustificado”.

El gran demócrata revolucionario pugnaba por el derrocamiento de todo régimen de explotación y por la instauración del poder de los trabajadores: agricultores, artesanos, braceros y obreros. El poder democrático de las clases trabajadoras que, según él, había de conducir la sociedad al socialismo, no podía ser establecido sin una revolución, sin enérgicos actos de violencia del propio pueblo.

Chernishevski fue siempre un socialista utópico; creía que la revolución popular, campesina, tendría en Rusia un carácter socialista y, a través de la comunidad rural, conduciría directamente al socialismo.

Lenin escribe que los revolucionarios rusos –seguidores de Chernishevski– se sentían alentados en su heroica lucha contra la autocracia por “la fe en un régimen especial, en el régimen comunal de la vida rusa; de aquí la fe en la posibilidad de la revolución socialista campesina”.155 Al mismo tiempo, nos dice Lenin, Chernishevski no era sólo un [282] socialista utópico; era, ante todo, un demócrata revolucionario que sabía influir sobre los acontecimientos de su época con un espíritu revolucionario y defender, a través de todas las barreras de la censura, la idea de la revolución campesina.

El socialismo utópico y la democracia revolucionaria eran para Chernishevski y sus adeptos un todo único e inseparable.

La destrucción de la servidumbre por vía revolucionaria y el establecimiento de un régimen democrático podía, según ellos, despejar la vía para la evolución directa de Rusia hacia el socialismo. Pero la marcha objetiva de la historia conducía a la sustitución del régimen feudal basado en la servidumbre por el capitalismo. La Rusia anterior a la Reforma podía salvar la fase del desarrollo capitalista sólo a condición de unir la revolución campesina del país con la revolución proletaria de los países industrialmente avanzados de Occidente. Y Chernishevski no lo veía.

Aun siendo socialista utópico, en su crítica del capitalismo Chernishevski se acercó al socialismo científico. No se limitaba a argumentar con la desigualdad jurídica y con la opresión política propias del capitalismo, con la falsedad de la ideología y la moral de los burgueses, sino que en sus trabajos se esforzaba por hacer la crítica de las bases económicas de este régimen.

Parte inseparable de la doctrina democrático-revolucionaria de Chernishevski es su patriótica visión de los destinos históricos de Rusia y del pueblo ruso. El amor sin límites al pueblo y a la tierra que le vio nacer se conjuga orgánicamente en él con el odio a los opresores del pueblo y con el deseo revolucionario de establecer en su patria un nuevo régimen social. “Contribuir a la gloria no pasajera, sino eterna, de la patria y al bien de la humanidad –decía–, ¿puede haber algo más elevado y sublime que esto?”156

Chernishevski rechazaba por igual el cosmopolitismo apátrida y el chovinismo reaccionario de las clases explotadoras. Defendió apasionadamente las grandes tradiciones del pueblo ruso, en cuyas fuerzas tenía fe ciega, y advertía que en el futuro aún crecería más el papel histórico de Rusia, que ya antes había dejado sentir su favorable influencia sobre los destinos de la humanidad.

Contrariamente a lo que hacían los liberales terratenientes burgueses (Botkin, Kavelin, Chicherin, etc.), cosmopolitas que se humillaban ante el Occidente capitalista, exaltaban en todos los tonos el capitalismo y su cultura, como anglómanos y galómanos, y la servil imitación de la civilización burguesa de Inglaterra y Francia, Chernishevski no cesó de denunciar y criticar el régimen burgués europeo. “¿Para qué –decía– hemos de conservar la ilusoria creencia de que la Europa Occidental es un paraíso cuando lo cierto es que la situación de sus pueblos está muy lejos de eso?”157

El patriotismo de Chernishevski y el amor a su pueblo iban unidos a un sentimiento de profunda estimación hacia los otros pueblos y hacia sus aspiraciones a verse libres del yugo social y nacional. Condenaba enérgicamente la política de opresión nacional de la Rusia zarista, Inglaterra, [283] Alemania y Austria, y prestó su apoyo moral y político a los movimientos de liberación nacional de los polacos y demás eslavos, de los italianos, los húngaros y de otros pueblos oprimidos.

Chernishevski defendió la independencia nacional y la igualdad de derechos de los pueblos, sus tradiciones y su cultura. Censurando a los colonizadores ingleses, decía así: “Es odioso retener bajo su férula a un pueblo extraño que protesta contra la dominación extranjera, no conceder la independencia sólo porque así parezca conveniente para el poderío militar y la influencia política sobre otros países...”158

El gran revolucionario condenaba todo intento de sembrar o atizar la discordia nacional entre los pueblos. Así, en su artículo “Falta de tacto nacional” criticó duramente a los nacionalistas ucranianos del periódico Slovo (La Palabra) de Lvov, que pretendían desgajar a los ucranianos de Galitzia del resto de su pueblo, sembrar la enemistad hacia los rusos, y que, contrariamente a la verdad, afirmaban el “progreso de la nacionalidad ucraniana” en Galitzia bajo el poder de los colonizadores austriacos.

Lenin tenía en gran estima las concepciones democrático-revolucionarias de Chernishevski, quien, afirmaba, “dio un enorme paso adelante en comparación con Herzen. Chernishevski era un demócrata mucho más consecuente y combativo. De sus obras emana el espíritu de la lucha de clases. Siempre mantuvo la línea de desenmascarar las traiciones del liberalismo, línea que aun hoy día aborrecen los kadetes y los liquidadores”.159

Chernishevski era un hombre de cultura universal. Interesábase por las ramas más variadas del saber: filosofía y sociología, economía política e historia, estética e historia de la literatura, ética y pedagogía, arte militar, ciencias naturales, historia de la ciencia, etc. Relaciones estéticas entre el arte y la realidad, Ensayos sobre la literatura rusa del período de Gógol, Crítica de los prejuicios filosóficos contra la propiedad comunal, El principio antropológico en filosofía, sus observaciones a los Principios de economía política de J. S. Mill, Capital y trabajo, Cartas sin dirección, Actividad económica y legislación, las novelas ¿Qué hacer? y Prólogo y otras obras suyas constituyen una aportación valiosísima en el terreno de la filosofía y de las ideas político-sociales.

La filosofía materialista de Chernishevski era una continuación, más concreta y precisa, del materialismo filosófico de Feuerbach y de los demócratas revolucionarios rusos: Herzen y Belinski.

Chernishevski consagró su vida entera a la lucha contra la filosofía idealista, lo mismo dentro de Rusia que en el terreno internacional. En sus Obras demuestra que la filosofía de Platón y de los neoplatónicos –vinculada a las fuerzas políticas reaccionarias de la antigua Grecia– era ajena a la ciencia, pues en el idealismo griego no hay nada positivo y real; hay únicamente sueños sin objeto alguno que los avale. En sus años de estudiante condenó ya a Hegel, que justificaba y ensalzaba la “odiosa realidad”. En Relaciones estéticas entre el arte y la realidad (1855) critica las doctrinas idealistas de Kant y Hegel en estética y las reaccionarias teorías del “arte por el arte”. Sus Ensayos sobre la literatura rusa del período [284] de Gógol (1856) le sirven para revelar la contradicción entre los principios dialécticos de Hegel, que él consideraba fuertes y grandes, y las conclusiones políticas reaccionarias que el pensador alemán derivaba de su filosofía.

Chernishevski dio siempre preferencia al materialismo filosófico. En sus obras resalta el papel de Leucipo, Demócrito, Bacon, Gassendi, Locke, del materialismo francés. Era un admirador del materialismo de Spinoza, de quien decía: “... Ni Locke, ni Hume, ni Kant, ni Holbach, ni Fichte, ni Hegel tuvieron la fuerza de pensamiento de Spinoza. Y hasta la aparición de Feuerbach era necesario aprender en Spinoza a comprender las cosas: independientemente de que se le considerase caduco, por ejemplo, a principios de siglo, era el único maestro seguro.”160

Estimábase Chernishevski seguidor de Feuerbach, de quien compartía la crítica del idealismo, de la teología y del agnosticismo, y continuó en Rusia la obra que su maestro había iniciado en Alemania. Según hace notar Lenin, “ya en los años del 50 del siglo pasado N. G. Chernishevski intervenía en la literatura rusa como partidario de Feuerbach, pero nuestra censura no le permitió siquiera mencionar el nombre de éste”.161 Dejándose llevar por la filosofía de Feuerbach, Chernishevski afirmaba erróneamente que a él pertenecía “la mejor exposición científica de los llamados problemas fundamentales del deseo humano de saber qué se ha hecho hasta el día”;162 al mismo tiempo señalaba que Feuerbach no había alcanzado a estudiar la lógica, la fonética, la filosofía moral, la filosofía de la historia, etc., de conformidad con los principios de su doctrina.

Aun admitiendo los grandes méritos de Feuerbach en la exposición de la filosofía materialista, Chernishevski señala la independencia del pensamiento teórico ruso, que había hecho la crítica de la filosofía idealista de Hegel y de las conclusiones reaccionarias que de ella se derivan. En Ensayos sobre la literatura rusa del período de Gógol indica que “la refutación consecuente de las afirmaciones de Hegel, ambiguas y carentes por completo de aplicación, ha sido realizada en nuestro país en parte bajo la influencia de los pensadores alemanes que le siguieron, y en parte, podemos decirlo con orgullo, con nuestras propias fuerzas”.163

Chernishevski amplió la crítica del idealismo hecha por Feuerbach en Alemania y por Belinski y Herzen en Rusia; sus obras, principalmente El principio antropológico en filosofía (1860) y Bellezas polémicas (1861) asestan un rudo golpe a las teorías idealistas reaccionarias, tan extendidas entre los ideólogos de la nobleza rusa (Yurkiévich, Katkov, Gogotski), y a las opiniones del positivismo idealista que habían penetrado en el seno de los intelectuales rusos avanzados (P. Lavrov).

Su crítica del idealismo filosófico, aparecida en publicaciones sometidas a censura, afectaba también a la ideología religiosa imperante en Rusia, la cual, lo mismo que el idealismo filosófico, negaba la materialidad del mundo, proclamaba que éste es obra de Dios y que su destino se halla predeterminado por la voluntad divina, afirmaba la inmortalidad del [285] alma, etc. Al combatir a los defensores de la filosofía idealista en Rusia (Yurkiévich, Katkov, Novitski, Gogotski, Askochenski, Chicherin y otros), Chernishevski alcanzaba también con sus tiros a la filosofía idealista extranjera, ante la que se postraban los idealistas rusos.

Lenin hizo grandes elogios de la lucha de Chernishevski contra los idealistas rusos y europeas y de su materialismo militante; a la crítica que hace del kantismo dedica un Complemento en Materialismo y empiriocriticismo. En su artículo Sobre la significación del materialismo militante cita Lenin a Chernishevski cuando se refiere a la existencia en el pensamiento social avanzado de Rusia de una sólida tradición materialista.

A diferencia de algunos filósofos materialistas burgueses de los siglos XVII y XVIII, que adolecen de inconsecuencia teológica y que hacen concesiones al idealismo, Chernishevski mantiene con toda firmeza la idea de la lucha entre las dos tendencias irreconciliables en filosofía: el materialismo y el idealismo.

Chernishevski revela la dependencia en que el idealismo filosófico se halla respecto de los intereses de las clases explotadoras de la sociedad. En El principio antropológico en filosofía muestra cómo los sistemas filosóficos se encuentran penetrados por el espíritu de los partidos políticos a que sus autores pertenecen. “Las teorías políticas y todas las doctrinas políticas –escribe– fueron creadas siempre bajo el más vigoroso influjo de la posición social que ocupaban, y cada filósofo ha sido un representante de algunas de las facciones políticas que aspiraban en su tiempo al predominio sobre la sociedad a que aquéllos pertenecían.”164

La filosofía de Schelling era para Chernishevski expresión de los intereses del partido feudal, atemorizado por la revolución. El idealismo de Hegel era un trasunto del pensar de las clases conservadoras de la sociedad que en la revolución sólo vieron perjuicios; Hegel era, según Chernishevski, un liberal moderado, extraordinariamente conservador en sus conclusiones.

Chernishevski veía que las clases trabajadoras de la sociedad, el “pueblo bajo”, por sus condiciones de vida tendían hacia una visión materialista del mundo, libre de prejuicios y supersticiones, aunque no conociesen los avances de la ciencia y la filosofía materialistas.

“Gracias a su naturaleza sana y a la rigurosa experiencia de su vida –escribía–, el pueblo bajo del Occidente europeo comprende las cosas incomparablemente mejor, de manera más fiel y profunda que los hombres de clases más afortunadas. Pero hasta él no han llegado aún las nociones científicas que mejor corresponden a su situación, aficiones y necesidades y que, según nos parece a nosotros, mejor corresponden a la verdad o, en todo caso, corresponden a la actual situación de nuestros conocimientos.”165

A diferencia de muchos representantes del materialismo metafísico. Chernisheveki no veía en la filosofía una “ciencia de las ciencias”. Según él, la filosofía comprende “la teoría que da solución a los problemas más generales de la ciencia, calificados de ordinario como metafísicos; por ejemplo, los que se refieren a las relaciones entre el espíritu y la materia. al libre albedrío, a la inmortalidad del alma, etc.”.166 [286]

Chernishevski partía del criterio de que la filosofía se ocupa de las leyes generales de desarrollo del mundo exterior, es decir, de las leyes de desarrollo de la materia, existente fuera del conocimiento humano y que es cognoscible por el hombre. Decía así: “Lo que existe es materia. La materia posee propiedades. Las manifestaciones de las propiedades son fuerzas. Lo que nosotros denominamos leyes de la naturaleza son los modos de actuar las fuerzas.”167

Chernishevski niega que la naturaleza se halle poblada por ideas y que esté estructurada de conformidad a un fin; vive con arreglo a sus leyes y es el campo, a veces favorable, a veces desfavorable, de la actividad humana. Misión de la ciencia, sin excluir la filosofía, es revelar estas leyes de la naturaleza para “transformar” ésta al objeto de dar satisfacción a las necesidades humanas.

El primero de los problemas que la filosofía considera, según él, es el de la relación entre el espíritu y la materia, entre el pensamiento y el ser.

Contrariamente a la afirmación idealista de los positivistas y neokantianos, de que la razón humana dicta sus leyes a la naturaleza, y que estas leyes son construcciones especulativas, Chernishevski afirmaba: “Las leyes de la naturaleza son la naturaleza misma considerada desde el punto de vista de su acción. ¿De qué modo podría la naturaleza actuar en disconformidad con sus leyes, es decir, en disconformidad con ella misma?”168

Posteriormente, en una carta de 1878 enviada a sus hijos desde Siberia, Chernishevski expresa la idea de que las tesis fundamentales del materialismo filosófico, que constituyen la “teoría de resolución de los problemas más generales de la ciencia”, permanecen inconmovibles, mientras que las teorías de las ciencias naturales pueden, conforme los conocimientos avanzan, ser reemplazadas por otras. A eso se refería cuando escribió:

“Para mí personalmente no tiene importancia que esté en lo cierto Copérnico, o Newton, o Laplace. Para mí lo importante es que tiene razón Leucipo, o, para hablar de la ciencia contemporánea de Laplace, que tiene razón Holbach. La verdad que Leucipo aclaró es más amplia y profunda que los descubrimientos de Arquímedes, por grandes y fundamentales que éstos sean. Y Holbach tenía razón, independientemente de que estuvieran o no en lo cierto Copérnico, Galileo, Kepler, Newton y Laplace.”169

En los trabajos de Chernishevski se mantiene consecuentemente la idea de que lo primario es la materia, la naturaleza, y que el conocimiento es secundario, de que el contenido del conocimiento humano y las formas de) mismo se encuentran causalmente condicionados por el desarrollo de los fenómenos materiales exteriores, que existen fuera de la conciencia de los hombres y son independientes de ellos.

“Se sabe positivamente, por ejemplo –escribía–, que todos los fenómenos del mundo moral derivan unos de otros y de las circunstancias exteriores según la ley de la causalidad. y de ahí que se considere falsa toda hipótesis que admita la aparición de un fenómeno cualquiera sin que éste se derive de fenómenos y de circunstancias externas anteriores.”170 [287]

Lenin aprueba la crítica que Chernishevski hacía del agnosticismo y el subjetivismo de Kant, de su incapacidad para extraer nuestros conocimientos de una fuente objetiva como son las “cosas en sí”.

La crítica que Chernishevski hace del dualismo en filosofía tuvo gran importancia para el desarrollo de la teoría materialista del conocimiento.

El principio antropológico en filosofía es una refutación de las teorías dualistas –idealistas en el fondo–, según las cuales existe una “sustancia espiritual” que se manifiesta en la conciencia y la voluntad de los hombres y que no depende de la materia, de la naturaleza. Apoyándose en los datos de las ciencias naturales, y especialmente de la fisiología, Chernishevski afirma la unidad del organismo humano, la dependencia causal en que se encuentran las sensaciones, los conceptos, la voluntad y la conciencia del hombre respecto del medio material. “... Hay que mirar al hombre –escribía– como a un ser que posee una naturaleza única, y nada más, a fin de no dividir su vida en mitades distintas pertenecientes a naturalezas distintas...”171

Chernishevski mantiene en sus obras la idea de que el sustrato material de los procesos psíquicos, la base de la conciencia, de la memoria y la imaginación son los órganos de los sentidos y el sistema nervioso del hombre y de los animales superiores. También critica el materialismo vulgar, que identifica materia y conciencia. En oposición a él, Chernishevski subraya la diferencia cualitativa que existe entre los fenómenos fisiológicos y psicológicos, entre la materia y el pensamiento, y afirma que éste no tiene forma material. “... Dentro de la unidad del hombre –dice– observamos en él dos series distintas de fenómenos: los de orden material (el hombre come y anda) y los de orden moral (el hombre piensa, siente y desea).”172

El gran pensador ruso procuraba aplicar el materialismo a la lógica. Era adversario de los kantianos, según los cuales las formas del pensamiento se diferencian en absoluto de las formas de la existencia real de los objetos, mientras que las leyes del pensamiento tienen un valor meramente subjetivo. V. I. Lenin escribió acerca de ello: “...Para Chernishevski, como para todo materialista, las leyes del pensamiento no tienen un valor únicamente subjetivo, es decir, las leyes del pensamiento reflejan las formas de la existencia real de los objetos; lejos de diferir, concuerdan perfectamente con dichas formas...”173

En el artículo Sobre la clasificación de los hombres según su idioma Chernishevski pone de manifiesto la carencia de espíritu científico en las concepciones idealistas, entonces en boga, del lingüista alemán W. Humboldt, particularmente de sus falsas afirmaciones acerca de la identidad de la vida espiritual y el lenguaje, y de que hay lenguas de “pueblos torpes”, “no del todo torpes, pero no inteligentes” y “muy inteligentes”. Chernishevski señala que la evolución del idioma “sigue a la evolución de la vida del pueblo”, que la palabra hay que tomarla como “medio de comunicación de los pensamientos”, como “instrumento del pensar” que revela “los rasgos esenciales del objeto”. [288]

No pudo, sin embargo, Chernishevski encontrar una explicación plenamente científica a las causas histórico-sociales que dan origen a la conciencia social, exponer las diferencias cualitativas que hay entre los gérmenes de actividad consciente de los animales superiores y el pensamiento humano, condicionado por la actividad histórico-social del trabajo del hombre.

Chernishevski estaba profundamente convencido de que los hombres son capaces de conocer el mundo; contrariamente a los kantianos y demás agnosticistas, afirmaba que todos los objetos (las “cosas en si”) son perfectamente cognoscibles por lo que se refiere a su naturaleza, a sus propiedades y a sus relaciones reales. Veía claramente que, conforme avanza la ciencia, el hombre se pone en condiciones de descubrir en los objetos y fenómenos aspectos y propiedades que antes no conocía. “Las opiniones del hombre pensante –escribía– no permanecen jamás estancadas; al correr el tiempo puede advertir en muchos objetos aspectos que antes se le escaparon porque el movimiento histórico no los había revelado aún en medida suficiente.”174

Ampliando la tesis de Hegel, Herzen y Belinski de la verdad como proceso, Chernishevski muestra que nuestros conocimientos se amplían y que esta ampliación va acompañada de la modificación de algunas nociones, aunque “el carácter esencial de los conocimientos reales permanece inmutable”. Partidario entusiasta del materialismo en la teoría del conocimiento, rechaza la afirmación de los agnósticos, cuando éstos sostienen que el hombre es incapaz de conocer el mundo, y condena el escepticismo en la ciencia. “Nuestro tiempo –decía– es una época de grandes descubrimientos, de convicciones firmes en la ciencia, y quien en adelante se entregue al escepticismo no demostrará sino la debilidad de su carácter, o el atraso de la ciencia, o la insuficiencia de su conocimiento de lo que ya es patrimonio del hombre.”175

La crítica que Chernishevski hace del kantismo y del positivismo significa un paso adelante en la defensa y fundamentación de la teoría materialista del conocimiento. A la mirada del gran materialista ruso, confinado en la remota Siberia, no se ocultaba que, además de los kantianos, el agnosticismo era propugnado por los positivistas, seguidores de Comte. Chernishevski condena su criterio de reducir el conocimiento humano a una simple descripción y sistematización de las propiedades y aspectos externos de los fenómenos, y de estimar que la esencia de los fenómenos es incognoscible, sus absurdas afirmaciones de que el hombre tiene que ver únicamente con sus representaciones de los objetos, pero que nada sabe ni puede saber de los objetos mismos, etc.

Chernishevski comprendía el grave daño que para las ciencias naturales representaba la filosofía kantiana y el positivismo, con el agnosticismo que les es propio y que él calificaba de “ilusionismo”. “... Ni el matemático ni el naturalista en general –escribía– pueden «mirar» nada «siguiendo a Kant». El agnosticismo y el idealismo kantianos, afirmaba, tienden «a defender el libre albedrío, la inmortalidad del alma, la existencia de Dios, la providencia divina preocupada del bien de los hombres en la [289] tierra y de su felicidad eterna en la vida futura; tienden a defender estas convicciones, caras a su corazón, ¿contra quién? En realidad, contra Diderot y sus amigos»; en esto pensaba Kant.”176

Chernishevski aporta un nuevo factor a la gnoseología materialista cuando llega a la conclusión de que el criterio por el que hemos de regirnos para dilucidar la verdad del conocimiento humano es la práctica. “La práctica –dice– es la gran descubridora de los engaños y seducciones, no solo en los asuntos materiales, sino también en aquellos que se refieren a los sentimientos y al pensamiento. Por ello se admite ahora en la ciencia como criterio esencial para resolver todos los problemas dudosos.”177

A diferencia de los materialistas anteriores, que a menudo reducían la práctica a la experiencia sensorial de los hombres, Chernishevski la considera como la actividad humana para “transformar la naturaleza”, comprendiendo en ella toda la esfera de las relaciones sociales. No llega, empero, a dar una interpretación plenamente científica de la práctica, pues no vio que el papel decisivo en la actividad productiva de-los hombres corresponde al desarrollo y sucesión de los modos de producción material, y que la actividad revolucionaria y transformadora, en las condiciones modernas, únicamente puede conducir a la creación de la sociedad socialista cuando al frente de ella se encuentra el proletariado.

Lenin señalaba que Chernishevski admite y defiende el principio de la causalidad objetiva, de la necesidad de los fenómenos naturales. En todos sus trabajos subraya el carácter objetivo de las leyes de la naturaleza. “La interacción de las partes de la materia es la manifestación de las propiedades de esas distintas partes de la materia. Y el mismo hecho de la existencia de esas propiedades lo expresamos al decir que «la materia tiene fuerza para obrar», o más exactamente, para «ejercer influencias». Cuando determinamos los modos de acción de las propiedades decimos que encontramos las «leyes de la naturaleza».”178

El mundo, según Chernishevski, es uno; todos los objetos y fenómenos de la naturaleza son formas de existencia de la materia única, y “la igualdad entre ellos se traduce en su materialidad”. Es materia “lo que es igual en los objetos materiales”. Las ciencias naturales, sigue Chernishevski, revelan la unidad, la “igualdad” de todos los fenómenos de la naturaleza, unidad proporcionada por la materialidad de los mismos; los descubrimientos científicos vienen a confirmar la verdad de que todos los objetos de la naturaleza son “combinaciones diversas de la materia”. Los descubrimientos nuevos no echan por tierra en modo alguno las verdades incontrovertibles alcanzadas antes por la ciencia y confirmadas por la práctica. “Estas verdades, amplias y de tiempo atrás conocidas por todos, sin modificarse en sí, admiten, enriqueciendo su contenido, todo nuevo descubrimiento debidamente demostrado.”179

Las convicciones filosóficas materialistas de Chernishevski se basaban en las conquistas científicas de su tiempo. Apoyándose en la ley de la conservación y transformación de la energía y en la teoría atomística veía la naturaleza, el mundo, como un conjunto de átomos materiales, y [290] el movimiento o desarrollo como algo eterno e infinito. El espacio y el tiempo eran considerados como formas objetivas de la existencia de la materia. Uno y otro mantienen vínculos irrompibles con la materia, contrariamente a lo que afirmaba la interpretación idealista kantiana. “Los conceptos de movimiento y materia desaparecen por sí mismos de nuestro pensamiento cuando de él desaparecen los conceptos de espacio y de tiempo...”180

Chernishevski tenía en alta estima el gran descubrimiento de Copérnico y compartía la teoría de Laplace sobre el desarrollo del sistema solar, así como la doctrina de Lyell sobre la formación gradual de la corteza terrestre como resultado de prolongadas modificaciones. De estos y de otros muchos descubrimientos científicos sacó la conclusión de que toda la materia se halla sujeta a una misma ley de desarrollo eterno e infinito, que consiste en la constante negación de los fenómenos viejos de la naturaleza y en la aparición de otros nuevos.

En las obras de Chernishevski encontramos la hipótesis, profunda en aquel tiempo, del paso del “quimismo” a la vida.

Partiendo de la ley de la conservación de la energía, Chernishevski combate las conclusiones idealistas del segundo principio de la termodinámica, las místicas invenciones de que el universo se halla bajo la amenaza de la “muerte térmica”.

“La doctrina de la conservación de la energía –escribe– ha servido para elaborar la fórmula de que, con el tiempo, todo movimiento desaparecerá en el universo, convertido en calor, y el universo se transformará para siempre en masa inerte.
Si pudiera producirse alguna vez ese estado, habríase llegado a él en un pasado infinitamente remoto.”181

El universo, tal como él lo entiende, es un sistema de oscilaciones o movimientos que no tienen fin; una forma del movimiento (mecánica) puede convertirse en otra (en calor), y viceversa.

Tras de señalar que los avances de la ciencia vienen a confirmar las verdades irrefutables del materialismo filosófico, Chernishevski denuncia y Critica la ingeniosa táctica del idealismo, que se aferra a cada nuevo descubrimiento.

El materialismo de Chernishevski no conoce los elementos ético-religiosos que son propios de la filosofía de Feuerbach. Su concepción del mundo ostenta un carácter acusadamente ateo. Al revelar el parentesco espiritual existente entre el idealismo y la religión, él, como todos los materialistas anteriores a Marx, consideraba que la filosofía idealista y la religión tenían su origen en las representaciones de los hombres primitivos y eran producto de la ignorancia. El único camino para acabar con las supersticiones, las creencias religiosas y las invenciones idealistas era para Chernishevski el de la instrucción; comprendía, sí, claramente que sólo la modificación revolucionaria del medio social permitiría eliminar el suelo en que crecen los prejuicios y supersticiones y difundir una visión científica del mundo.

El materialismo filosófico de Chernishevski no se halla exento de elementos [291] de antropologismo. La filosofía de Feuerbach era para él la mejor exposición de los conceptos científicos sobre los problemas cardinales de la teoría del conocimiento, y por eso no sometió a crítica los defectos del materialismo antropológico de aquél.

El “principio antropológico” del propio Chernishevski, basado en los datos de la anatomía, la fisiología y otras ciencias, era un medio de lucha del materialismo contra el idealismo y el dualismo en la concepción de los fenómenos de la naturaleza viva. Así, escribía acerca del hombre: “La filosofía ve en él lo que ven la medicina, la fisiología y la química; estas ciencias afirman que en el hombre no se advierte dualismo alguno, y la filosofía agrega que si el hombre tuviese, además de su naturaleza real, otra distinta, esta última llegaría a manifestarse de algún modo; y puesto que no es así, puesto que todo cuanto sucede y se revela en el hombre proviene de su naturaleza real únicamente, no existe en él otra naturaleza.”182 Partiendo de los principios del monismo materialista, Chernishevski ofrece aquí una resolución acertada en líneas generales del problema psicofísico, si bien se limita a determinar las bases fisiológicas de la conciencia humana.

Aun mostrando la dependencia en que se encuentra la conciencia del hombre respecto de su naturaleza fisiológica y de la acción que sobre él ejerce el medio, Chernishevski no pudo descubrir hasta el fin la dependencia de la conciencia social de los hombres respecto de las condiciones de la vida material de la sociedad; no supo dar una explicación totalmente científica al desarrollo de la vida social de los hombres y de su conciencia. A menudo afirmaba que la lucha en la sociedad, concebida por él como un choque del progreso y del conservadurismo, radica en la “naturaleza humana”. Y esto ya pone de manifiesto la limitación del “principio antropológico. “... Es estrecho el término de «principio antropológico» que Feuerbach y Chernishevski emplean en filosofía –decía Lenin–. Lo mismo el principio antropológico que el naturalismo no son sino descripciones inexactas y débiles del materialismo.”183

A pesar de los elementos de antropologismo de que la filosofía de Chernishevski adolece, su materialismo no puede ser identificado con la filosofía metafísica y antropológica de Feuerbach. El demócrata revolucionario ruso estimaba que el carácter del hombre, sus costumbres y opiniones se modifican al cambiar su “vida material”. Decía así: “El estado de las cualidades intelectuales y morales se modifica intensamente bajo el influjo de las circunstancias. Cuando las circunstancias cambian, se produce el correspondiente cambio en el estado de dichas cualidades.

De todos los pueblos actualmente civilizados sabemos que las formas iniciales de su vida no eran las de ahora. Las formas de la vida influyen sobre las cualidades morales de los hombres, que cambian al variar las formas. Solamente por esto, toda característica de un pueblo civilizado que le atribuya cualquiera cualidad moral inmutable, ha de ser considerada como falsa.”184

Las “necesidades del hombre” eran interpretadas por Chernishevski [292] como las necesidades del trabajador, del “bajo pueblo”. En esto también diverge de manera esencial del materialismo antropológico de Feuerbach, quien no veía diferencias sociales entre los hombres y hablaba del “hombre en general”.

El materialismo de Chernishevski, al contrario de las doctrinas materialistas de los siglos XVII y XVIII, y también de la filosofía,de Feuerbach, no es contemplativo ni metafísico, pues el revolucionario ruso atribuía gran importancia a la práctica para el conocimiento del mundo y se apoyaba en el método dialéctico de pensamiento.

La dialéctica en las obras de Chernishevski. En la filosofía de Chernishevski encuentran ulterior desarrollo las ideas dialécticas de Belinski y Herzen. Lo mismo que en éstos, el punto de partida para su visión de la realidad es la dialéctica de Hegel concebida como el “álgebra de la revolución”. Refiriéndose a la dialéctica de Hegel y Schelling, Chernishevski encontraba que la filosofía de uno y otro había prestado grandes servicios a la ciencia al revelar las formas generales por que transcurre el proceso de desarrollo.

La formación democrática revolucionaria y materialista de Chernishevski le permitió comprender la limitación de la dialéctica hegeliana, la contradicción que hay entre el sistema y el método en la filosofía de Hegel. En sus Ensayos sobre la literatura rusa del período de Gógol indica que “Hegel era inconsecuente, se contradecía a sí mismo a cada paso”, y que “aceptando sus principios, el pensador consecuente ha de llegar a conclusiones completamente distintas a las que él arriba”.185

Los principios de la dialéctica hegeliana, afirmaba, “han quedado sin aplicación, e incluso han sido ahogados por los conceptos”trascendentales, que se contradicen con su sentido esencial, legados por el idealismo unilateral”.186

De la idea dialéctica del desarrollo Chernishevski saca conclusiones revolucionarias. Señala la regularidad en la aparición de regímenes sociales nuevos y en la desaparición de los caducos, por cuanto en la naturaleza y en la sociedad impera la ley de la eterna sucesión de formas, de la extinción de las formas viejas y de su sustitución por otras nuevas como consecuencia del desarrollo de su contenido. “... La eterna sucesión de formas –escribia–, la eterna repudiación de la forma engendrada por un cierto contenido o tendencia, por el incremento de esa misma tendencia, a un desarrollo superior del mismo contenido: quien comprendió esta grande y eterna ley universal, quien aprendió a aplicarla a todos los fenómenos, ¡Oh, con qué tranquilidad admite lo que turba a los otros!... No siente compasión por nada que alcanzó su caducidad y dice: puede ocurrir cualquier cosa, pero, en fin de cuentas, también en nuestra calle estaremos de fiesta.”187

En las obras de Chernishevski se repite una y otra vez la idea de que la sustitución de las formas viejas, la “repudiación”, es decir, la negación de las viejas formas en la naturaleza, se produce mediante saltos, por cambios rápidos y radicales, etc., que se rigen por la ley del paso de las diferencias cuantitativas a las cualitativas. En El principio antropológico [293] en filosofía señala que “la unidad de cualidades completamente heterogéneas en un mismo objeto es ley general de las cosas”.188 El ejemplo de los tres estados del agua (hielo, líquido y vapor), debidos a las variaciones cuantitativas de su temperatura, le sirve a Chernishevski para mostrar que “una misma cualidad toma la forma de tres cualidades distintas, se ramifica en tres cualidades por una simple diferencia de cantidad, y esto nos dice: la diferencia cuantitativa se convierte en diferencia cualitativa”.189

Los artículos en Sovreménnik le sirven a Chernishevski para llevar a los lectores a la conciencia de la regularidad y necesidad de la revolución democrática. Contrariamente al liberalismo, señala que la historia no ha avanzado a través de reformas lentas y graduales, sino a saltos, mediante transformaciones revolucionarias. “Las nueve décimas partes de aquello que constituye el progreso se logra durante breves períodos de intenso trabajo. El avance de la historia es lento, mas, con todo y con eso, casi todo su movimiento se produce a saltos, uno tras otro...”190

Chernishevski se atiene de ordinario a la ley dialéctica del paso de las diferencias cuantitativas a cualitativas. Encuéntranse en él, sin embargo, algunos conceptos de orden mecanicista acreditativos de que no siempre aplicó consecuentemente los principios de la dialéctica. Así, en El principio antropológico en filosofía ve la diferencia entre la naturaleza orgánica e inorgánica en divergencias cuantitativas, identifica los procesos que tuvieron lugar en el cerebro de Newton al ser descubierta la ley de la gravedad y los que se producen en el cerebro de la gallina cuando busca comida en el montón de basura, etc. Estos conceptos, poco afortunados, no alteran, sin embargo, el carácter dialéctico de las concepciones de Chernishevski.

El dialéctico ruso comprendía que lo mismo en la naturaleza que en la sociedad el desarrollo puede significar, por su forma, un retorno a fases anteriores y ya sobrepasadas. “... Por doquier –escribe en Crítica de los prejuicios filosóficos contra la propiedad comunal–, un desarrollo muy intenso del contenido conduce al restablecimiento de aquella forma que fue repudiada por un desarrollo del contenido no muy intenso.”191

Así, por ejemplo, la posesión comunal de la tierra fue sustituida en otros tiempos por la propiedad privada, la cual, a su vez, según la evolución regular, ha de ser sustituida por la posesión comunal, porque ella “se convertirá en el procedimiento único para conceder a la inmensa mayoría de los agricultores participación en los beneficios que la tierra proporciona a cambio de los trabajos que la mejoran”.192

Simultáncamenle, el retorno en el proceso de desarrollo a las formas viejas no es una simple repetición del pasado, sino que comprende el avance enriquecido por el contenido del proceso en cuestión. “Se sobreentiende que, aun siendo las formas semejantes, el contenido es al final infinitamente más rico y elevado que al principio...”193 Así es como Chernishevski comprende e interpreta la ley de la negación. [294]

En sus trabajos muestra la seguridad de que lo nuevo y progresivo acaba por vencer siempre a lo viejo: “... Cualesquiera que sean los reveses de muchas batallas –escribía a raíz de la derrota de la revolución de 1848–, el triunfo será de quien tiene más fuerzas y cuyas energías crecen de año en año.”194

El gran pensador ruso acudía constantemente a las ciencias naturales, que descubren el carácter dialéctico de los procesos que tienen lugar en la naturaleza, y sobre todo en la naturaleza viva.

Todo en la naturaleza, dice, desde las masas gaseosas incandescentes hasta los mamíferos y el hombre, se desarrolla de lo inferior a lo superior, aunque se observen ciertas regresiones. Tenía un elevado concepto de la idea de Lamarck sobre el desarrollo de las formas orgánicas bajo la influencia del medio, y consideraba a Darwin como un transformador de la ciencia de los seres vivos. Estimaba justa la idea principal del darvinismo sobre la evolución de todas las especies vegetales y animales, con lo que quedaba refutada la afirmación metafísica de que las especie: son inmutables, aunque hacía ver, y con razón, que el sabio inglés no había tomado suficientemente en consideración la influencia del medio sobre el desarrollo de los organismos vivos.

En su artículo titulado El origen de la teoría del carácter benéfico de la lucha por la vida y su origen, y en algún otro trabajo inédito, Chernishevski se muestra partidario decidido del “transformismo”, es decir, de la idea del desarrollo de la naturaleza viva, y critica la doctrina metafísica de la inmutabilidad de las especies y la mística teoría de los “cataclismos” de Cuvier; también censura a Darwin el haber trasplantado sin un criterio crítico del pensamiento social a las ciencias naturales la reaccionaria idea de la “lucha de todos contra todos”. La seudoteoría maltusiana de la “superpoblación” era para él una burda falsificación de la verdad.

Chernishevski partía en sus trabajos de la tesis dialéctica de que en la naturaleza y la sociedad el desarrollo va íntimamente unido a la lucha de fuerzas opuestas, aunque no llegó a ver que la lucha de las contradicciones internas es la esencia y base de la dialéctica. “Toda vida es polarización –escribía–. En el magnetismo, en la electricidad, en la ley de Newton, en todas partes veréis el desdoblamiento de fuerzas que tienden hacia direcciones opuestas...”195 Sin polarización, afirmaba, no habría vida.

El movimiento y el desarrollo tienen lugar en el mundo en el proceso de concatenación universal de los fenómenos y partes que lo componen. Escribía, por ejemplo: “El mundo entero forma un todo único y, al actuar sobre una parte de la naturaleza, en cierta medida tenemos que ver con la naturaleza en su conjunto, porque todas las partes del universo están relacionadas entre sí de tal modo que la modificación de una de ellas trae consigo la modificación del resto... El mundo entero como un todo único que es, se halla bajo la ley que liga necesariamente cada una de sus partes.”196 [295]

Chernishevski sostiene la tesis profundamente dialéctica de que no hay verdad abstracta, pues la verdad es siempre concreta; todo depende de las circunstancias, de las condiciones de lugar y tiempo. En sus trabajos encontramos ejemplos de un enfoque histórico concreto del problema de la verdad.

Así, por ejemplo, al considerar si la guerra es funesta o beneficiosa, indica Chernishevski que para decidirlo “hay que saber de qué guerra se trata, pues todo depende de las circunstancias de lugar y tiempo”.197 La guerra de 1812 trajo la salvación al pueblo ruso y la batalla de Maratón significó uno de los acontecimientos más benéficos de cuantos se conocen en la historia. Simultáneamente, condenaba las expediciones de los germanos sobre Italia y contra los eslavos y otros pueblos.

Con ayuda de la dialéctica, Chernishevski somete a dura crítica a las guerras de conquista, acusa a la burguesía dominante en Europa, que de fuerza progresiva que era se había convertido en conservadora, y señala que el capitalismo, que reemplazó al feudalismo, ha de ser sustituido por el socialismo.

Chernishevski representa el punto culminante en el desarrollo de la dialéctica por los demócratas revolucionarios rusos. Lleva más allá las ideas de Belinski y Herzen, y expone y fundamenta nuevas tesis sobre el carácter concreto de la verdad, sobre la negación de la negación, y el triunfo inevitable de lo nuevo sobre lo viejo, y plantea la necesidad de destacar en todos los fenómenos sometidos a estudio “el aspecto esencial”, etc.

Mas la dialéctica de Chernishveski, lo mismo que su materialismo, no es una obra completa. Acercóse de lleno a la dialéctica materialista, pero, en virtud de las condiciones históricas de la vida rusa, no alcanzó a ser un materialista dialéctico.

En algunos casos, por ejemplo, en Ensayos sobre la economía política de Mill, aplica a determinados grupos de fenómenos, como ocurre con los económicos, el llamado “método hipotético”, es decir, el método de “búsqueda de la verdad pura” sin la debida consideración de las condiciones históricas concretas en que la verdad se manifiesta. En sus afirmaciones de que todas las guerras son funestas, cualquiera que sea la índole de las mismas, de que toda clase de comercio es nocivo, etc., apuntan ciertas desviaciones de la dialéctica motivadas por su enfoque antropológico de la naturaleza del hombre y de la sociedad humana. Una equivocada aplicación de la ley de la negación de la negación le lleva a afirmar la posibilidad del paso directo de la comunidad rural al socialismo, sin detenerse en la propiedad privada sobre la tierra, que, según Chernishevski, sólo puede ser en Rusia un “factor lógico medio”, concebible, pero que no toma cuerpo en la realidad. En este caso se apartaba del método científico objetivo de estudio de los fenómenos sociales, no tomaba en cuenta el nivel de desarrollo de la producción material tanto en Rusia como en los otros países del mundo.

Todo esto nos demuestra que el criterio dialéctico de Chernishevski para el conocimiento de la naturaleza y de la vida social no era consecuente hasta el fin, aunque, en su conjunto, el revolucionario ruso fue un excelente maestro de dialéctica. [296]

La teoría estética de Chernishevski continúa y desarrolla el sistema de Belinski y guarda vínculos íntimos con la ideología de la democracia revolucionaria y con su materialismo filosófico.

La estética de Chernishevski y sus compañeros iba contra las teorías imperantes en la primera mitad del siglo XIX, que consideraban el arte como una esfera independiente de la vida de la sociedad, y también contra las concepciones metafísicas de las “normas inmutables” y de las “leyes eternas del arte”. Los artículos de Chernishevski y sus adeptos, aparecidos en las páginas de Sovreménnik, trataban de dar nueva vida a las tradiciones estéticas de Belinski y de defenderlas de los idealistas liberales, como Druzhinin, Dúdishkin y otros, que aislaban el arte de la vida, lo convertían en la esfera cerrada e independiente del “arte puro”, que “tiene y ha de tener su fin en sí mismo”. La crítica que Chernishevski y Dobroliúbov hacen de las teorías estéticas idealistas es la refutación más consecuente que de las mismas se realiza antes de Marx.

En Ensayos sobre la literatura rusa del período de Gógol afirma Chernishevski que las ideas de Belinski, que él defiende, “son diametralmente opuestas a las ideas de la filosofía trascendental, y en particular al sistema de Hegel, el cual basaba toda su doctrina estética en el principio de que el arte tiene como objeto exclusivo la realización de la idea de lo bello; el arte, según estos conceptos idealistas, ha de conservar una independencia absoluta respecto de todas las demás aspiraciones del hombre que no sean la aspiración a lo bello. Es lo que se llama arte puro”.198

En su crítica de la estética idealista, sobre todo en su disertación Relaciones estéticas entre el arte y la realidad, Chernishevski aplica de manera consecuente el materialismo filosófico a la teoría del arte.

Chernishevski plantea y resuelve con un criterio materialista el problema capital de la estética: el que se refiere a la esencia del arte y a sus relaciones con la realidad. Afirma que el arte es una reproducción de la realidad, una encarnación de cuanto hay de interesante en la vida para el hombre. Ve Chernishevski que la esfera de intereses humanos es extraordinariamente amplia, y por eso el arte es capaz, mediante imágenes artísticas, de conocer la realidad, y ante todo la vida social, al propio hombre, su vida, su mundo interior, sus sueños y sus aspiraciones.

En Relaciones estéticas entre el arte y la realidad y en otras obras mantiene la idea de que no es acertado reducir la esfera del arte a lo “bello” concebido de manera idealista; que lo sublime, lo cómico, lo trágico y lo feo que se encuentran en la vida, también pueden y deben tener cabida en las obras de la literatura y el arte realistas.

La realidad proporciona contenido objetivo y forma concreto-sensible al arte. Este, a su vez, reproduce la vida “en las formas de la propia vida”, gracias a lo cual expresa toda su espontaneidad, su aliento y su encanto. Al rehabilitar la realidad, es decir, la vida misma, Chernishevski revela la naturaleza objetiva de lo bello.

Combate Chernishevski las concepciones idealistas de Hegel, para quien lo bello en el arte, encarnación de la idea absoluta en una de las fases de su desarrollo, es superior a lo bello en la realidad, y muestra que lo bello real es precisamente el origen de lo bello artístico. “Lo bello es la vida”, [297] escribe. Jamás la fantasía puede elevarse por encima de lo que brinda la realidad artística.

Contrariamente a la estética hegeliana, que afirmaba la fugacidad, inconsistencia y rareza de lo bello en la vida, Chernishevski afirma que el arte no llega a alcanzar la plenitud y belleza que la realidad presenta. La realidad es colocada, pues, por encima del arte, sin que ello quiera decir que Chernishevski reduzca el valor de éste en la vida de la sociedad, como querían hacer ver sus contradictores.

Esta solución materialista del problema fundamental de la estética –las relaciones entre el arte y la realidad– va ligada directamente en Chernishevski a la doctrina de los demócratas revolucionarios acerca de la función social del arte.

El sentido y la misión del arte, según los demócratas revolucionarios, consiste en reproducir en imágenes artísticas los aspectos más esenciales y típicos de la realidad, y en valorarlos desde el punto de vista de los intereses de las “capas bajas” del pueblo. Las obras de arte han de reflejar de manera realista y al mismo tiempo crítica los fenómenos de la vida, despertar la aspiración a lo nuevo y la repulsa a lo viejo y caduco, elevar a la lucha revolucionaria y ensalzar a los héroes que consagran su vida a la causa del pueblo.

El arte, según Chernishevski, ha de mostrar al pueblo “qué fenómenos de la realidad son buenos y favorables para él, por lo que ha de apoyarlos y fomentarlos, y qué fenómenos, al contrario, son penosos y nocivos también para él, por lo que han de ser eliminados, o al menos debilitados, para que los hombres alcancen una vida feliz...”199

Es, pues, materia del arte la vida, la realidad en todos sus vínculos y manifestaciones; ahora bien, no toda vida es bella, sino únicamente la que debe y puede ser determinada de conformidad con los intereses de las masas del pueblo, es decir, la vida en su avance y desarrollo. “... Lo bello es la vida –escribía Chernishevski–, es bello el ser en el que vemos la vida tal cual ésta ha de ser según nuestras ideas; es bello el objeto que llama a la vida o que nos la recuerda...”200

Chernishevski y los demás demócratas revolucionarios estimaban asimismo que también puede ser bello el futuro preparado por el presente. Es bello lo que corresponde a los intereses de las clases trabajadoras, lo que se desprende de sus aspiraciones y es consecuencia de su lucha.

A diferencia de Hegel, quien en su Estética partía del criterio de que el arte es una forma de autoconocimiento de la idea absoluta, forma relativamente inferior que pertenece al pasado, Chernishevski estimaba que la belleza de la vida no es comparable con nada pretérito, y que dentro del arte esa belleza puede ser alcanzada dentro de la nueva sociedad.

Esto ya, de por sí, marca diferencias sustanciales entre la estética de Chernishevski y demás demócratas revolucionarios materialistas del siglo XIX y las concepciones de los mejores representantes del viejo materialismo metafísico, quienes no limitaban, como Diderot, los fines del arte a la representación de la vida tal cual es, a la exaltación de la virtud y a la [298] condenación del vicio, o, como Feuerbach, lo orientaban hacia la contemplación de la “naturaleza” y muy especialmente de la belleza humana.

Chernishevski aplica la teoría materialista del conocimiento a la estética y con ello fundamenta el papel cognoscitivo del arte. Este posee caracteres específicos que lo diferencian de la ciencia: refleja la realidad por medio de imágenes artísticas, y no de conceptos lógicos. No obstante, puede y debe descansar sobre bases tan sólidas y seguras como la ciencia, tanto más que, según afirmaba Chernishevski, el desarrollo del pensamiento no destruye en modo alguno en el hombre el sentimiento estético.

El arte, lo mismo que la ciencia, está llamado a conocer la vida, a poner de manifiesto, mediante imágenes artísticas, los diversos aspectos de la realidad, y singularmente de la vida social y del mundo moral del hombre, siendo así un factor de educación.

Chernishevski revela el carácter de clase de las ideas estéticas y de los criterios de lo bello cuando hace ver las grandes diferencias existentes entre las concepciones que al particular sustentan la aristocracia y el pueblo.

“Examinemos –dice en Relaciones estéticas entre el arte y la realidad– las principales manifestaciones de lo bello en las distintas esferas de la vida, a fin de comprobarlo.

La «vida buena», la «vida como debe ser», es para las gentes sencillas del pueblo comer en abundancia, vivir en una buena isba y dormir a sus anchas; pero al propio tiempo, la «vida» va siempre unida en el hombre del pueblo a la idea del trabajo: vivir sin trabajar es imposible; además resultaría aburrido... En las descripciones que las canciones populares hacen de una mujer bella no se encontrará nada que no haga referencia a su excelente salud y al equilibrio de fuerzas en el organismo, siempre como fruto de un trabajo constante, pero no excesivo. Otra cosa muy distinta es cuando se trata de una mujer de mundo... La enfermiza debilidad, el abandono y la languidez son para ella (es decir, para la aristocracia, Red.) signos de belleza, por cuanto parecen consecuencia de una vida de inactividad y lujo.”201

Chernishevski trata siempre de aplicar el método dialéctico a la estética y de poner de relieve el proceso histórico de evolución del arte. Somete a crítica las teorías metafísicas y kantianas según las cuales la literatura y el arte “deben” seguir supuestas “leyes generales”, inmutables y eternas, existentes en esta esfera. El filósofo ruso niega la existencia de normas eternas y de cánones inmutables en la literatura y el arte; los conceptos y criterios estéticos ostentan un carácter histórico y transitorio.

El principio fundamental de la estética de Chernishevski, como de la de Belinski, es el realismo. Los demócratas revolucionarios pedían a la literatura y el arte un reflejo veraz, multifacético y profundo de la vida. Eran decididamente contrarios a las teorías estéticas idealistas y formalistas, que ven la misión del arte y de la literatura en el embellecimiento y “ennoblecimiento” de la realidad.

La belleza verdadera y sublime es aquella que el hombre encuentra en la vida, afirmaba Chernishevski. Pero el realismo no debe convertirse en naturalismo, en una simple copia de lo que los ojos descubren. El realismo en el arte, que muestra lo esencial y típico de la vida, conoce las fuentes de [299] sus cambios y encuentra las vías de desarrollo de la realidad en consonancia con los intereses de las masas del pueblo.

Lo mismo que Belinski, Chernishevski pedía al arte y a la literatura un elevado nivel ideológico. La literatura, decía él, no puede por menos de hallarse al servicio de una idea determinada. Eso de que “el arte ha de ser independiente de la vida”, según afirman algunos, ha sido siempre la tapadera para encubrir la lucha contra las tendencias libertarias que no agradan a quien tal posición sustenta, para poner la literatura al servicio de la orientación que más se amolda a sus gustos.

El arte no puede limitarse a ser una copia impasible de la vida. No ha de limitarse a reproducir: ha de valorar, ante todo, los fenómenos de la vida que tienen importancia desde el punto de vista de los intereses del pueblo. De ahí se desprende el formidable papel que la literatura y el arte desempeñan en la educación de los hombres. Sólo el contenido, afirma Chernishevski, “está en condiciones de librar al arte del reproche de que es un vacío pasatiempo, cosa que sucede con extraordinaria frecuencia; las excelencias de la forma no salvarán del desprecio o de la sonrisa compasiva a la obra de-arte que, por la elevación de sus ideas, no se halle en condiciones de responder a la pregunta: pero ¿merecía la pena esforzarse en semejantes futilidades?”202

Gracias al contenido ideológico de la obra, la creación de los escritores y artistas se eleva sobre el naturalismo, sobre la contemplación pasiva de la realidad, e incluye una actitud crítica hacia los fenómenos del mundo ambiente. El contenido ideológico que les anima permite a los artistas y escritores descubrir el sentido verdadero y las tendencias de desarrollo de los fenómenos de la vida social, y eleva a un nivel más alto el realismo de la obra.

Uno de los principios básicos de la estética de Chernishevski, lo mismo que lo había sido para Belinski, es el del espíritu popular en la literatura y el arte. El arte verdadero no puede permanecer divorciado de la vida y de los intereses del pueblo. Y para que esté al servicio del pueblo hace falta que el artista sea hijo de su sociedad y de su época, que no se cierre a la banda en la defensa de ideas viejas y caducas.

Chernishevski y demás demócratas revolucionarios rusos pugnaron toda su vida por que el arte fuese no sólo un espejo de la realidad, sino también maestro de la vida y educador de los mejores hombres del pueblo, a quienes había de ayudar a enjuiciar adecuadamente los fenómenos de la vida y a luchar por modificarla; había de forjar a los héroes de la causa y llevarlos al combate en defensa de los intereses del pueblo. Tenían la convicción de que la literatura se convertiría en una de las más importantes fuerzas motoras del progreso de la sociedad.

Los principios clásicos del realismo, la elevación de ideas y el espíritu popular en la literatura y el arte, enfocados a la luz del materialismo filosófico de Belinski, Chernishevski y sus compañeros, viéronse plasmados en la literatura y el arte democráticos del pueblo ruso y de otros pueblos de Rusia, y ejercieron benéfica influencia sobre los mejores escritores y artistas del extranjero, singularmente entre los eslavos.

Las concepciones sociológicas y éticas de Chernishevski se hallan penetradas [300] del espíritu que animaba a la democracia revolucionaria. Chernishevski aspiraba a encontrar una teoría acertada del desarrollo basada en la regularidad de las transformaciones de la vida social y quería crear una sociología nueva que respondiese a los intereses de las clases trabajadoras. Pero ni él ni los demás demócratas revolucionarios alcanzaron a formular una sociología plenamente científica; si bien en la doctrina de Chernishevski hay vigorosos elementos de una concepción materialista de la historia, en algunas cuestiones capitales no llegan a superar la interpretación idealista propia de todos los materialistas del periodo anterior a Marx.

Chernishevski no deja escapar las posibilidades que le ofrece la censura para llevar a sus lectores a la conclusión de que el factor clave del desarrollo de la sociedad es la ley de las transformaciones revolucionarias de la vida social. “... Los defectos fundamentales de una sociedad –escribía– sólo pueden ser eliminados por la transformación de sus bases, y no por leves correcciones de detalle.”203 Después de la Reforma de 1861, en las Cartas sin dirección, prohibidas por la censura zarista, denuncia el carácter feudal-terrateniente de dicha reforma y afirma que ha llegado la hora de que Rusia deje de “remendar” su ropa vieja y se vista de nuevo de pies a cabeza.

La historia, enseñaba Chernishevski, se desenvuelve por vía revolucionaria, y esta vía es dura y se halla sembrada de espinas, exige víctimas y sacrificios. “El camino de la historia –escribía– no es la acera de la Avenida Nevski; pasa todo él por campos polvorientos o fangosos, por tierras pantanosas, por la espesura del bosque. Quien tema cubrirse de polvo o mancharse las botas, es mejor que no se incorpore a la actividad pública.”204

Chernishevski expuso su doctrina democrático-revolucionaria de transformación de la sociedad en lucha contra las teorías metafísicas y conservadoras de los sociólogos liberales rusos y europeos. Criticando el libro del liberal B. Chicherin Ensayos sobre Inglaterra y Francia, en que se afirmaba que la lucha de las masas, basada en la “conmoción de las pasiones”, siempre causó daño al progreso de la sociedad, afirma: “El publicista, además de conocer las necesidades de la sociedad, ha de comprender las formas por las que el progreso social avanza. Hasta hoy día, la historia no nos ha ofrecido ni un solo ejemplo de que el éxito se consiguiera sin lucha. Pero el señor Chicherin opina que la lucha es funesta. Hasta hoy día sabíamos que un extremo sólo puede ser vencido con otro, que sin poner las fuerzas en tensión es imposible vencer a un enemigo fuerte... El señor Chicherin no está en contra del desarrollo, lo único que quiere es que el desarrollo transcurra impasiblemente, como un proceso tranquilo y apacible. Por desgracia, esto no ha ocurrido nunca.”205

En sus trabajos critica Chernishevski las doctrinas que tratan de “fundamentar” el carácter natural e inmutable del capitalismo, de la sociedad burguesa, de la opresión nacional, etc. Considerábalas “conceptos bárbaros” [301] que nos retrotraen a los tiempos en que todo se arreglaba a fuerza de puños.

Chernishevski denuncia las reaccionarias teorías racistas de los investigadores burgueses, destinadas a justificar la política de colonización de sus gobiernos; así señala que la capacidad intelectual de los hombres no depende de la raza, sino de las condiciones de la vida material de los pueblos. Todas las razas, nos dice, proceden de unos mismos antepasados. Las diferencias de color y otros rasgos externos son secundarios y no tienen relación alguna con la inteligencia ni con el carácter de los hombres; no pueden ser un obstáculo para que la vida de los pueblos alcance un elevado nivel de desarrollo intelectual y económico.

La crítica de Chernishevski se hace particularmente áspera cuando se refiere a las teorías “homicidas” de los maltusianos, cuya aparición y predicamento relacionaba él con el paso de la burguesía al campo de la reacción. Denuncia la “infamia del maltusianismo” y señala la inconsistencia de sus manifestaciones acerca de que el producto de la tierra no crece con la misma o mayor rapidez con que los hombres se multiplican. Los maltusianistas son merecedores de que los odien, pues “se muestran satisfechos con unas teorías que admiten la necesidad del vicio 24 de la miseria para asegurar la felicidad de los elegidos de la fortuna...”206

Los economistas burgueses, sigue, no pueden escribir una letra sin manifestar su temor al comunismo, pues cada blusa de obrero que encuentran en la calle se les figura símbolo de ese comunismo que amenaza con destruir la sociedad de la que son portavoces.

A la vez que critica a los sociólogos y economistas burgueses (Mill, Say, Malthus, Vernardski y otros), que justifican y exaltan el capitalismo, Chernishevski se esfuerza por elaborar una teoría que responda a los intereses del pueblo.

Chernishevski combate el régimen burgués como defensor de los campesinos y demás clases trabajadoras a las que el capitalismo conduce a la ruina. Le solivianta en particular que el capitalismo prive a los trabajadores de la posibilidad de disponer del producto de su esfuerzo. Condena apasionadamente la propiedad capitalista sobre los medios de producción, que da origen a la competencia y a la rivalidad, convierte a los trabajadores en proletarios y lleva a la concentración de todas las riquezas en manos de unos pocos.

En interés de los trabajadores exigía Chernishevski el establecimiento de un régimen social nuevo en el que trabajador y propietario se fundiesen en una sola persona. “Estos cambios –dice– han de conducir a que el propio trabajador sea el dueño. Sólo entonces la energía de la producción se elevará en la misma medida en que la supresión de la esclavitud hace elevarse el sentimiento de dignidad humana.”207 A diferencia de los reformistas pequeñoburgueses del tipo de Luis Blanc y Proudhon, Chernishevski era partidario de la gran producción fabril y defendía la aplicación en vasta escala de los mejores elementos técnicos en la industria y en la agricultura.

Unicamente puede considerarse normal y progresivo el régimen social [302] en que los productos del trabajo pertenecen a quien los crea y dentro del cual el productor está interesado en el fruto de su actividad. A dicho régimen social es al que Chernishevski daba el nombre de socialista.

Marx consideraba excelentes los trabajos de Chernishevski sobre economía. En sus entrevistas con G. Lopatin señaló que, de todos los economistas de aquel tiempo, Chernishevski era el único pensador verdaderamente original; las obras de éste, rebosantes de vigor, abundaban en ideas profundas. En sus últimas palabras a la segunda edición alemana de El Capital indicaba Marx que Chernishevski había revelado magistralmente la bancarrota de la economía política burguesa.

Cuando Chernishevski condena el régimen de servidumbre de Rusia y el sistema burgués establecido en los países del Occidente europeo, o cuando critica las teorías sociológicas y económicas de los liberales, que exaltaban el capitalismo y veían en él un régimen social natural y eterno, aprovecha la ocasión para expresar una serie de profundas ideas sobre la esencia del socialismo, cuyo advenimiento consideraba como un fenómeno regular y necesario, y sobre las formas de transición a la organización social socialista.

El gran socialista utópico ruso acertó a exponer algunos de los rasgos de la sociedad comunista. “... Nosotros –escribía– aceptamos como una verdad aritmética que, al: correr del tiempo, el hombre dominará a la naturaleza en la medida en que le sea necesario, transformará toda la tierra de conformidad con sus necesidades, eludirá o pondrá freno a todas las acciones desfavorables de las fuerzas de la naturaleza y aprovechará en grado extraordinario todas las fuerzas que puedan redundar en beneficio suyo. Esto ya, de por sí, podría poner fin a la discordancia entre las necesidades humanas y los medios existentes para satisfacerlas... El trabajo, ahora una gravosa necesidad, convertiriase en el cumplimiento fácil y agradable de una necesidad fisiológica, como lo es ahora el trabajo intelectual entre los hombres cultos...”208

A diferencia de otros muchos socialistas utópicos, Chernishevski vinculaba los avances del socialismo a la revolución popular, al paso del poder a las manos de los trabajadores. Si bien propugnaba, lo mismo que Fourier, la creación de “asociaciones de producción” para llegar al socialismo, no compartía las utópicas esperanzas de aquél en el sentido de que el “amor” entre los hombres de las distintas clases de la sociedad y la filantropía burguesa podían servir de base a la sociedad nueva. Sustentaba el criterio de que cada clase ha de conquistar su felicidad en el combate.

Elementos de la concepción materialista de la historia de Chernishevski encuentran reflejo también en algunas de sus obras económicas. Así, estimaba que el socialismo no es sólo un ideal anhelado, sino una necesidad económica. El desarrollo completo de la producción de bienes materiales y de la cultura del pueblo únicamente quedará asegurado, nos dice, cuando los frutos del trabajo pertenezcan a sus productores. La esencia del socialismo la ve precisamente en la vida económica; de la distribución de los bienes sociales entre los hombres depende todo lo demás. Chernishevski atribuía gran importancia a la organización de la producción socialista; el triunfo del socialismo es inevitable, puesto que viene a la vida [303] llamado por el carácter de la producción social. En sus acotaciones y comentarios a los Principios de economía política de Mill, Chernishevski señala que con el cambio de carácter de los procesos de producción, es decir, con la aparición de nuevos instrumentos de trabajo, cambia el carácter del trabajo mismo. “... Si cambia el carácter de los procesos de producción, cambiará forzosamente el carácter del trabajo y..., por consiguiente, son injustificados los temores por la suerte del trabajo en el futuro: ha de mejorar forzosamente, porque así lo dicta el progreso mismo de los procesos de producción.”209

Comprendía también Chernishevski que el cambio de carácter del trabajo no se operará de súbito, en forma automática, inmediatamente, después del cambio de carácter de los procesos de producción; serán necesarios, afirma, tiempo y esfuerzos para modificar la “desfavorable” situación y crear las condiciones sociales que correspondan a aquellos procesos. Chernishevski estimaba que la situación predominante en la vida histórica ha de pasar al pueblo trabajador, ya que a él solo le es favorable y necesaria la organización que se conoce con el nombre de socialismo.

En las concepciones sociológicas de Chernishevski aparece sin cesar la idea del gran papel que los intereses materiales de los trabajadores cumplen en el desarrollo de la sociedad; junto a los intereses políticos y espirituales de los hombres, afirmaba, un puesto muy importante corresponde al interés material, y de ahí que ningún cambio en la sociedad puede ser consecuente y duradero si no modifica las condiciones materiales de vida del pueblo. “... Lo que la masa quiere es mucho más amplio que las reformas que podrían satisfacer a las capas cultas de la población... La masa quiere cambios radicales en su vida material.”210

Chernishevski comprendía que el motor del desarrollo histórico de la sociedad son las masas del pueblo, es decir, las clases trabajadoras, en la vida de las cuales lo primero de todo es la lucha contra cualquier forma de opresión. Las aspiraciones son firmes y las instituciones son duraderas únicamente cuando cuentan con el apoyo de la masa del pueblo. El veía los vicios de las concepciones idealistas dominantes en sociología e historiografía, que guardaban silencio acerca de “las condiciones materiales de la existencia, que desempeñan acaso el primer papel en la vida y son la causa profunda de casi todos los fenómenos...”211

El gran revolucionario subrayaba siempre que el papel decisivo en la vida de la sociedad corresponde a las conmociones revolucionarias, a los violentos movimientos de las masas del pueblo que desean cambiar radicalmente las condiciones de su vida material. Chernishevski combatía la afirmación de Macaulay, el historiador liberal inglés, de que la masa sigue ciegamente a quien la conduce y no tiene influencia decisiva en los asuntos públicos.

En sus artículos Causas de la caída de Roma, sobre la Francia de tiempos de Luis XVIII y Carlos X, sobre la monarquía de Julio y Cavaignac y sobre Francia bajo Luis Napoleón, lo mismo que en sus comentarios a los acontecimientos de Italia, en sus Ensayos sobre una concepción [304] científica de ciertos problemas de la historia universal y en otros trabajos, Chernishevski examina el proceso histórico como una lucha de los trabajadores contra los opresores. De sus obras, según apuntó Lenin, emana el espíritu de la lucha de clases.

Los acontecimientos capitales de la historia de Rusia eran relacionados por Chernishevski con la historia de las masas campesinas y con su lucha contra los opresores nacionales y extranjeros. “... Desde el comienzo del siglo XVII –escribe– casi todos los episodios dramáticos de la historia del pueblo ruso han sido producto de la energía de la población rural.”212

Chernishevski critica en sus obras el modo subjetivista de enfocar la historia, con lo que ésta se convierte en una colección de biografías. cuando habría de ser una ciencia que se ocupase de los destinos del pueblo.

Un lugar importante en la filosofía y el pensamiento social tuvo la doctrina ética de Chernishevski, quien se trazaba el propósito de educar revolucionarios firmes, capaces de llegar al heroísmo y al sacrificio en la lucha por la emancipación del pueblo. En las novelas ¿Qué hacer? y Prólogo presenta una brillante galería de esos hombres nuevos, como son Rajmétov, Lopújov, Kirsánov, Vera Pávlovna, Golguin y Levitski.

Las concepciones éticas de Chernishevski tienen como base teórica la doctrina materialista de que la conducta de los hombres se halla en dependencia del medio social. “Las costumbres cambian –decía– al cambiar las circunstancias de la vida nacional. Estos cambios se producen bajo la influencia de los acontecimientos históricos, que transforman las relaciones de las clases, las condiciones de trabajo y las instituciones civiles de la nación.”213

El término “egoísmo sensato”, empleado por Chernishevski para definir las concepciones éticas de la democracia revolucionaria, no es del todo exacto. Lo que Chernishevski entiende como interés personal sensatamente comprendido no presupone en realidad egoísmo, sino una participación activa en la lucha de las masas populares por la modificación del régimen social, por la liberación y la felicidad de todo el pueblo.

Chernishevski, demócrata revolucionario, se acerca en sus ideas sociológicas y éticas al materialismo histórico. No sería exacto identificar esas ideas con las teorías idealistas de los filósofos y sociólogos burgueses de los siglos XVIII y XIX. A diferencia de Plejánov, que en las concepciones de Belinski y Chernishevski no veía el espíritu de la democracia revolucionaria campesina, Lenin indica que, tanto el uno como el otro, reflejaban en sus ideas los intereses y aspiraciones de los campesinos que luchaban contra la servidumbre. En el libro de Plejánov sobre Chernishevski, publicado en 1910, nos dice Lenin, “a causa de la diferencia teórica entre la concepción idealista y materialista de la historia, Plejánov no ha advertido la diferencia política práctica y de clase entre el liberal y el demócrata”.214

Pero en las condiciones de la Rusia del régimen de servidumbre, Chernishevski, demócrata revolucionario campesino, no podía elevarse hasta el materialismo histórico. En algunos trabajos expone el criterio idealista [305] de que el origen del desarrollo de la sociedad radica en el progreso del saber humano, en el enriquecimiento de la ciencia, de la cultura y de la educación. En su concepción de la sociedad se entrecruzan las ideas materialistas y las idealistas.

A menudo Chernishevski atribuía capital importancia a las condiciones de la vida material de los hombres. Pero las condiciones materiales las identificaba a menudo con el conjunto de aspectos de la vida como la vivienda, los alimentos, los medios necesarios para la obtención de cuanto contribuye a mantener la existencia de los hombres, y también con la posición económica, de la que depende el grado de riqueza o de miseria; no colocaba en primer plano el papel decisivo del modo de producción material en la vida de la sociedad. De ahí que no pudiese dar una explicación verdaderamente científica de las leyes sociales, que en ocasiones interpretaba de manera idealista. Así, en su trabajo sobre Lessing decía: “Dejemos que la política y la industria se muevan ruidosamente en el primer plano de la historia; ésta, a pesar de todo, acredita que el saber es la fuerza fundamental, a la que se hallan subordinadas la política y la industria, lo mismo que todo lo demás en la vida humana.”215

Considerando el atraso técnico y económico de Rusia en el tercer cuarto del siglo XIX, sin un movimiento revolucionario del proletariado, Chernishevski y los restantes demócratas revolucionarios campesinos no estaban en condiciones de solucionar los problemas que en otras condiciones históricas, en el ambiente del movimiento obrero revolucionario de los países capitalistas, fueron resueltos por los grandes jefes del proletariado, por Marx y Engels. Chernishevski, lo mismo que Herzen, se acercó de lleno al materialismo dialéctico, pero no alcanzó a ocupar las posiciones de éste ni del materialismo histórico.

El gran demócrata revolucionario campesino conoció, al parecer, algunos trabajos de Marx y Engels, puesto que cuando dirigía Sovreménnik aparecieron en la revista varios artículos sobre La situación de la clase obrera en Inglaterra, de Engels. Probablemente tuvo noticias del Manifiesto del Partido Comunista, cuyas ideas se reflejan indirectamente en ciertos trabajos de Sovreménnik. Pero el conocimiento de ciertas obras marxistas no era bastante para que el demócrata revolucionario campesino –influido por el atraso económico de Rusia, donde no existía aún un movimiento obrero revolucionario– pudiera pasar al socialismo científico, tanto más que los veinte años largos vividos en la cárcel y el destierro le impidieron llegar a un conocimiento íntimo de ese movimiento revolucionario en Occidente y en Rusia.

Chernishevski fue hasta el fin de sus días un demócrata revolucionario campesino, un campeón del materialismo en su forma premarxista. A pesar de todos los golpes de la reacción no se quebró su entereza de filósofo materialista, y así lo podemos apreciar por las cartas a su hijo, escritas desde Siberia, y por algunos de sus trabajos publicados pocos años antes de su muerte.

En su pugna contra los positivistas, partidarios de Mach, kantianos y demás agnósticos e idealistas, que trataban de resucitar reaccionarias doctrinas del pasado y las justificaban especulando con las dificultades con [306] que tropezaba la ciencia, Chernishevski actúa objetivamente como aliado del materialismo dialéctico. “Chernishevski –escribía Lenin– es el único escritor ruso verdaderamente grande que desde mediados de siglo hasta 1888 supo mantenerse a la altura de un materialismo filosófico íntegro y desechar los míseros absurdos de los neokantianos, de los positivistas, de los partidarios de Mach y demás gentes aficionadas a embrollar las cosas.”216

Marx y Engels estudiaron profundamente los trabajos del demócrata revolucionario ruso y trataron de despertar simpatías hacia él en Occidente. De Chernishevski escribía Engels como de “un gran pensador al que Rusia debe tanto y en tantos aspectos y cuyo lento asesinato por el prolongado destierro entre los yakutos siberianos será para siempre una mancha vergonzosa en la memoria de Alejandro II el «Liberador»”.217

Según Lenin, Chernishevski fue “un crítico admirablemente profundo del capitalismo, a pesar de su socialismo utópico”;?218 lo consideraba un demócrata consecuente y combativo, revolucionario intrépido, defensor del pueblo, jefe ideológico de la revolución campesina y precursor de la socialdemocracia rusa.




{147} C. Marx y F. Engels, Cartas escogidas, trad. rusa, Leningrado, 1953, pág. 115.

{148} V. I. Lenin. El cincuentenario de la caida del régimen de servidumbre. En Obras completas. 4ª ed. rusa. t. XVII, pág. 65.

{149} V. I. Lenin. La “reforma campesina” y la revolución proletario-campesina. En Obras completas, t. XVII, pág. 95.

{150} V. I. Lenin, La "reforma campesina" y la revolución proletario-campesina. En Obras completas, t. XVII, pág. 96.

{151} Trabajos de la Academia Eclesiástica de Kiev, lib. IV, 1860, pág. 337.

{152} N. G. Chernishevski, Obras completas, en quince tomos. t. I, Moscú, 1939, página 122.

{153} N. G. Chernishevski, Obras completas, en quince tomos, t. I, Moscú, 1939, páginas 356-357.

{154} V. I. Lenin, ¿Quiénes son los "amigos del pueblo" y cómo luchan contra los socialdemócratas? En Obras completas, trad. esp., ed. cit., t. I, pág. 299.

{155} V. I. Lenin, ¿Quiénes son los “amigos del pueblo” y cómo luchan contra los socialdemócratas? En Obras completas, trad. esp., ed. cit., t. I, pág. 280.

{156} N. G. Chernishevski, Obras completas, t. XIV, 1949, pág. 48.

{157} Ibídem, t. IV, 1948, pág. 727.

{158} N. G. Chernishevski, Obras completas, t. VI, 1949, pág. 105.

{159} V. I. Lenin, Del pasado de lu prensa obrera en Rusia. En Obras completas, tomo XX, pág. 224.

{160} N. G. Chernishevski, Obras completas, t. XV, 1950, pág. 23.

{161} V. I. Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, trad. esp. Ediciones en Lenguas Extranjeras, Moscú, 1948, pág. 416.

{162} N. G. Chernishevski, Obras completas, t. II, 1949, pág. 125.

{163} Ibídem, t. III, 1947, pág. 206.

{164} N. G. Chernishevski, Obras completas, t. VIII, 1950, pág. 223.

{165} Ibídem, pág. 239, nota.

{166} Ibídem, pág. 239, nota.

{167} N. G. Chernishevski, Obras completas, t. XIV, pág. 675.

{168} Ibídem, t. X, 1951, pág. 988.

{169} Ibídem, t. XV, págs. 267-268.

{170} Ibídem, t. VII, pág. 260.

{171} N. G. Chernishevski, Obras completas, t. VII, pág. 293.

{172} Ibídem, págs. 241-242.

{173} V. I. Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, trad. esp., ed. cit., pág. 418.

{174} N. G. Chernishevski, Obras completas, t. III, pág. 41.

{175} Ibídem, t. II, pág. 681.

{176} N. G. Chernishevski, Obras completas, t. XV, pág. 198.

{177} Ibídem, t. II, págs. 102-103.

{178} Ibídem, t. XIV, pág. 667.

{179} Ibídem, t. XIV, pág. 671.

{180} N. G. Chernishevski, Obras completas, t. X, pág. 729.

{181} Ibídem, t. X, pág. 991.

{182} N. G. Chernishevski, Obras completas, t. VIT, pág. 240.

{183} V. I. Lenin, Cuadernos filosóficos, Leningrado, 1947, pág. 58.

{184} N. G. Chernishevski, Obras completas, t. X, págs. 893-894.

{185} N. G. Chernishevski, Obras completas, t. III. Pág. 202.

{186} Ibídem, pág. 180.

{187} Ibídem, t. V, 1950, pág. 391.

{188} N. G. Chernishevski, Obras completas. t. VII, pág. 242.

{189} Ibídem.

{190} Ibídem, t. VI, pág. 13.

{191} Ibídem, t. V, Pág. 376.

{192} Ibídem, t. V, pág. 378.

{193} Ibídem, t. V, pág. 368.

{194} N. G. Chernishevski, Obras completas, t. V, pág. 394.

{195} Ibídem, t. XII, 1949, pág. 52.

{196} Ibídem, t. II, pág. 165.

{197} N. G. Chernishevski, Obras completas, t. III, pág. 208, nota.

{198} N. G. Chernishevski, Obras completas, t. III, págs. 236-237.

{199} N. G. Chernishevski, Obras completas, t. II, pág. 117.

{200} Ibídem, pág. 10.

{201} N. G. Chernishevski, Obras completas, t. II, págs. 10 y 11.

{202} N. G. Chernishevski, Obras completas, t. II, pág. 79.

{203} N. G. Chernishevski, Obras completas, t. V, pág. 216.

{204} Ibídem, t. VII, pág. 923.

{205} Ibídem, t. V, págs. 649 y 650.

{206} N. G. Chernishevski, Obras completas, t. IV, pág. 394.

{207} Ibídem, t. VII, pág. 23.

{208} N. G. Chernishevski, Obras completas, t. V, pág. 609.

{209} N. G. Chernishevski, Obras completas, t. IX, 1949, pág. 222.

{210} Ibídem, t. VI, pág. 374.

{211} Ibídem, t. III, pág. 357.

{212} N. G. Chernishevski, Obras completas, t. IV, pág. 313.

{213} Ibídem, pág. 875.

{214} "Recopilación leninista", XXV, 1933, pág. 231.

{215} N. G. Chernishevski, Obras completas, t. IV, pág. 6.

{216} V. I. Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, trad. esp., ed. cit., pág. 346.

{217} F. Engels, Epílogo al artículo “Las relaciones sociales en Rusia”. C. Marx y F. Engels, Obras completas, trad. rusa, t. XVI, parte 2, pág. 389.

{217} V. I. Lenin, Del pasado de la prensa obrera en Rusia. En Obras completas, tomo XX, pág. 224.