Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSS
Tomo 2 ❦ Capítulo IV: 5
5. Las concepciones filosóficas y sociológicas de los “Petrashevtsi”.
Un lugar importante en el progreso de las ideas en la Rusia de mediados del siglo XIX corresponde al circulo de los “petrashevtsi”. Lenin decía en 1903 que la intelectualidad socialista revolucionaria tenía una historia instructiva de más de medio siglo que comenzaba “con el círculo de los «petrashevtsi» aproximadamente”.123 Después de Belinski, ellos son los que inician el desplazamiento de los nobles por los plebeyos en el movimiento de liberación de Rusia.
El círculo se formó en San Petersburgo en 1845-1816, a iniciativa de Mijail Vasilievich Butashévich-Petrashevski (1821-1866) y se componía no sólo de nobles, sino también de elementos plebeyos. Figuraban en él, entre otros, los escritores M. E. Saltikov-Schedrin, F. M. Dostoievski y A. N. Pleschéev, y el economista V. A. Miliutin. Paralelamente a este núcleo central existían otros círculos de “petrashevtsi”.
No puede decirse que su composición fuese homogénea: junto a hombres de espiritu revolucionario, que daban el tono a la actividad del círculo, había elementos liberales que se conformaban con pequeñas reformas. En 1848 y 1849, dentro del núcleo dirigente de los petrashevistas (M. V. Petrashevski, N. A. Speshnev, N. A. Mombelli, I. M. Debu y F. N. Lvov) se estudió la idea de crear una sociedad secreta para la lucha contra el zarismo.
Los “petrashevtsi” de orientación revolucionaria tomaban en consideración la experiencia de los decembristas y dieron un paso adelante en comparación con los revolucionarios nobles. Los decembristas habían preparado un levantamiento militar dirigido por centros revolucionarios de oficiales; pues bien, ciertos “petrashevtsi” sostenían la idea de una “insurrección militar-campesina” y proponían la “vía de Pugachev” como solución revolucionaria para Rusia. Los “petrashevtsi” no llegaron a formar su sociedad secreta, pero contribuyeron a la propagación de las ideas revolucionarias en Rusia.
Dentro de los círculos “petrashevtsi” se leyó y comentó la carta de Belinski a Gógol, que ejerció sobre ellos honda influencia. Las copias que allí se hicieron de esa carta fueron repartidas entre los intelectuales de orientación democrática.
Tuvieron también gran repercusión sobre los “petrashevtsi” las ideas de la revolución de 1818 en Occidente, así como las obras de los pensadores avanzados de Europa Occidental, singularmente de los materialistas y socialistas utópicos franceses. En la biblioteca de sus círculos se encontraba la obra de Marx Miseria de la filosofía. El estudio de dichos trabajos por algunos “petrashevtsi” nos muestra la atención con que seguían la marcha del pensamiento socialista en el Occidente europeo, aunque entre las diversas doctrinas socialistas no supieron distinguir el socialismo proletario de Marx y Engels.
A medida que los “viernes” de Petrashevski y las reuniones en los domicilios de otros miembros del círculo adquirían un carácter político más [261] acentuado, se precisaban las ideas antizaristas, democrático-revolucionarias, de sus elementos avanzados, crecía su odio contra el régimen de servidumbre y se exigía más enérgicamente su abolición, la implantación de la república y otras reformas sociales. Muchos “petrashevtsi” desplegaron una intensa propaganda de las ideas revolucionarias en los centros de enseñanza, entre los oficiales de guarnición en la capital y entre el sector más culto de los funcionarios de la Administración y otras capas de intelectuales. La propaganda de las ideas democráticas fue la obra revolucionaria de los “petrashevtsi”.
En abril de 1849 los “petrashevtsi” más conspicuos, en número de 39, fueron detenidos y recluidos en la fortaleza de Pedro y Pablo. En total se tomó declaración por este expediente a unas cien personas. Un consejo de guerra condenó a 21 procesados a ser pasados por las armas, pena que luego fue conmutada por la de trabajos forzados en las minas, en compañías de castigo, etc.
Las ideas sobre la sociedad, desarrolladas por la parte avanzada de los “petrashevtsi”, inspirados en las ideas de la democracia revolucionaria, reflejaban las aspiraciones de las grandes masas del pueblo y singularmente de los campesinos, que se levantaban contra la servidumbre.
Según un proyecto trazado por Petrashevski hacia 1848, los campesinos habían de ser emancipados con la tierra que ellos trabajaban, sin que los propietarios recibieran indemnización alguna. Speshnev, que veía en la liberación de los campesinos la tarea primordial de los revolucionarios rusos, mostrábase partidario de la nacionalización de la tierra y de la industria del país. Tanto Petrashevski como Speshnev consideraban la revolución popular como el procedimiento que había de traer la solución del problema campesino.
Las opiniones de los “petrashevtsi” demócratas de más relieve, e incluso del propio Petrashevski, revelaban vacilaciones en cuanto a las vías a seguir para la supresión de la servidumbre en Rusia. Su movimiento corresponde a un tiempo en el que apenas empezaba a ser superada la limitación histórica propia de los revolucionarios de la nobleza. Mas con todo y con ello, el espíritu democrático predominaba en su conjunto sobre el liberalismo.
Mientras que el sector liberal de los “petrashevtsi” no pasaba de pedir una monarquía constitucional y pequeñas reformas implantadas desde arriba, Petrashevski, Speshnev y los elementos democráticos radicales pugnaban por el establecimiento de la república con el máximo de libertades democráticas, de una república que pusiera fin al atraso económico del país, a la carencia de derechos, a la miseria de las masas del pueblo y a la opresión de las nacionalidades no rusas.
Petrashevski y sus adeptos veían que el régimen social burgués de Occidente era superior al régimen de la servidumbre, mas no se les escapaba que tal organización no traería el bienestar a las grandes masas del pueblo. Bajo ese régimen, indicaba Petrashevski, la situación dominante corresponde a los grandes capitalistas, los cuales “por medio de la bolsa y de la industria disponen a su antojo de la vida social”.124 [262]
Para la mayoría de los “petrashevtsi” el régimen social perfecto era el socialismo, aunque no coincidían sus puntos de vista en cuanto a cómo había de ser éste. Speshnev y Balasoglo se declaraban partidarios del comunismo. Petrashevski, Mombelli, Jánikov, los hermanos Debu, Yastrzhembski, Danilievski y otros muchos otorgaban su preferencia a la doctrina de Fourier. Mas tampoco los fourieristas estaban unidos. Los más “puros” de entre ellos eran Danilievski y Beklemishev. Estos hacían suyos los principios económicos y políticos del fourierismo y compartían las opiniones antirrevolucionarias de Fourier, aunque rechazaban su cosmogonía y sus místicas ideas sobre las almas, etc. La posibilidad de una conciliación del trabajo y el capital en la sociedad del futuro, tal como Fourier lo sostenía, eran compartidas incluso por algunos de los “petrashevtsi” demócratas dispuestos a la lucha política abierta contra el zarismo. La explicación es clara: en aquel tiempo el débil desarrollo de las contradicciones del capitalismo no podían quebrantar aún la confianza en las ilusiones pequeñoburguesas del gran utopista francés. El yugo de la servidumbre originaba entonces en Rusia “la protesta solidaria y la lucha de toda la intelectualidad, creando la ilusión de un democratismo especial de nuestra intelectualidad, acerca de la inexistencia de profundas divergencias entre las ideas de los liberales y las de los socialistas”.125
La mayoría de los “petrashevtsi” socialistas rechazaban no sólo la cosmogonía y los elementos místicos y religiosos de la doctrina de Fourier, sino también su espíritu antirrevolucionario. No compartían las censuras de éste a la revolución burguesa de 1789 en Francia y al materialismo francés, impugnaban los derechos del capital a recibir una parte en la distribución de los productos del trabajo dentro del falansterio, no aceptaban la herencia y se oponían a toda propiedad privada bajo el socialismo. Muchos “petrashevtsi” estimaban errónea la idea de Fourier de que un experimento en pequeña escala (el falansterio) podía conducir a la meta, es decir, a que el bienestar general se extendiese a la sociedad entera.
Este grupo de “petrashevtsi” socialistas, se comprende, no podía ir más allá del socialismo utópico de su época, con todas las equivocaciones y contradicciones que lo caracterizaban.
En Rusia no había entonces una fuerza social real capaz de ponerse a la cabeza de la lucha por el socialismo; de ahí que en el seno de los “petrashevtsi” fuesen inevitables las discrepancias en cuanto a las fuerzas que tendían al socialismo y a las vías para su realización. Había discusiones entre Petrashevski y los partidarios del fourierismo, por un lado, y Speshnev y los defensores del comunismo utópico, por otro; había discrepancias entre los adeptos de las distintas corrientes del socialismo utópico, parte de los cuales se manifestaba en pro de los medios pacíficos para su implantación. La lucha contra el zarismo llevaba a la parte avanzada de los “petrashevtsi” a la conclusión de que en Rusia era imposible llegar al socialismo por vía pacífica. El socialismo utópico del círculo era un reflejo del espíritu revolucionario de la democracia burguesa campesina. [263]
Concepciones filosóficas de los petrashevistas. Siguiendo al materialismo francés, a Belinski, Herzen y Feuerbach, Petrashevski, Speshnev y algunos otros defendían en sus obras y propagaban las ideas de la filosofía materialista.
El Diccionario de bolsillo de palabras extranjeras, editado por los “petrashevtsi”, fue en su tiempo, junto con las obras de Belinski y Herzen. un instrumento de propaganda del materialismo entre los hombres avanzados de Rusia.
En el artículo Oratoria se decía que para el hombre “que conoce las leyes de la naturaleza no hay en el universo nada que no se halle subordinado, no hay nada «sobrenatural», nada que no se contenga en su naturaleza misma y no se derive de ella...”126
La mayoría de los “petrashevtsi” materialistas suponían que la materia está compuesta de átomos. Petrashevski defendía la ley de la conservación de la materia y del movimiento (“de las fuerzas”) en la naturaleza, ley que venía a confirmar el principio materialista de que la materia y el movimiento son eternos, no han sido creados y no es posible destruirlos.
Los “petrashevtsi” demócratas eran fundamentalmente ateos o se halaban camino del ateísmo. Uno de ellos, Timkovski, declaró en el expediente abierto en 1849 que las discusiones sobre la religión en casa de Petrashevski le habían convencido de que “el hombre no debe creer, sino saber; todo ha de ser comprobado por la razón, y lo que la razón no puede demostrar es indigno de ocupar nuestros pensamientos”.127
En un discurso pronunciado con ocasión de un almuerzo en memoria de Fourier, Jánikov califico a la religión de satélite del despotismo. Speshnev y Petrashevski, siguiendo a Feuerbach, sostenían que la aparición de la creencia en los dioses era debida a la deificación por el hombre de su propia persona y de las leyes generales del pensamiento humano. Ahora bien, Speshnev advertía a los adeptos rusos de la doctrina de Feuerbach que el gran materialista alemán no había logrado superar la religión. puesto que también es religión su antropoteísmo. “El objeto de la deificación es en él otro, nuevo, pero no es nuevo el propio hecho de la deificación. En vez del Dios-hombre, tenemos al hombre-Dios. Lo único que cambia es el orden de las palabras. ¿Y acaso la diferencia entre el Dios-hombre y el hombre-Dios es tan grande? ¿Acaso cl Dios cristiano no fue concebido por completo a imagen y semejanza del hombre?”128
Speshnev moteja al espíritu “absoluto” de Hegel y de los hegelianos de invención de la filosofía idealista, de principio arbitrario basado en hipótesis no demostradas ni demostrables. Por vía científica. decía, es imposible deducir la idea absoluta como causa primera de las cosas y de los fenómenos de la naturaleza. y por eso es materia de fe y no de la ciencia.
La filosofía idealista vuelve de abajo arriba las relaciones reales. sigue Speshnev; “teme lo real. considera lo verdaderamente real como algo distinto del objeto mismo...”129
El Discurso sobre las tareas de las ciencias sociales, pronunciado por el “petrashevtsi” Kashkin en 1848, es en gran parte una diatriba contra [264] las tesis fundamentales que mantenía la filosofía idealista alemana. Kashkin critica en los idealistas alemanes la tendencia a colocar la razón del hombre por encima de las leyes de la naturaleza, su indiferencia hacia todo lo humano y su conformidad con las fuerzas de la reacción social. En ese discurso, prueba indudable de la vigorosa y directa influencia del materialismo de Herzen sobre la parte revolucionaria de los “petrashevtsi”, Kashkin maneja los argumentos de aquél contra los sistemas de la filosofía idealista que justificaban los regímenes sociales reaccionarios.
Petrashevski, Speshnev, Tol, Yastrzhembski y algunos otros componentes del círculo defendían la tendencia materialista en la teoría del conocimiento. “... El conocimiento es en el hombre un hecho no arbitrario de su vida, es un resultado de sus relaciones con la naturaleza”,130 escribía Petrashevski. La fase inicial del conocimiento humano la veían en la percepción sensible, cuyos datos somete el hombre a una generalización racional. Nada llega a la razón, decía Petrashevski, sin pasar antes por los sentidos. “El juicio es una explicación de los actos de los sentidos –escribía Tol–; primero de todo existe en los sentidos, y luego se presenta la razón para comprobar sus indicaciones y para dar fe de que éstas tienen una base firme.”131
Suponían los “petrashevtsi” que, como todo en el mundo, el conocimiento humano está sujeto a desarrollo. Según Speshnev, la ciencia positiva “debe su origen y existencia a la insaciable sed de saber del hombre”.132 Petrashevski subrayó repetidamente que en los conocimientos humanos hay “inexactitudes”; esto es inevitable, explicaba, pues tales conocimientos son “resultado no del pensamiento absoluto, sino del pensamiento de determinados individuos que se desarrollaron bajo determinadas circunstancias”.133
El Diccionario de bolsillo de palabras extranjeras somete a una amplia crítica el agnosticismo y el misticismo.
“Lo más inconsistente de él –dice el Diccionario acerca del misticismo– es que, renunciando como lo hacen a las vías ordinarias de la razón, los místicos quieren que consideremos en el más alto grado racional lo que su imaginación crea, que no se basa en la experiencia y que se halla en contradicción con todo cuanto la razón nos dice. No hay por menos de aceptar que el conocimiento humano es limitado, como todo lo humano; mas, por débil que sea nuestra razón, no podemos aceptar aquello que se contradice con sus argumentos: para demostrar la necesidad del conocimiento superior y la insuficiencia de la actividad ordinaria de la razón, han de recurrir al procedimiento que tanto desprecian han de demostrarnos que nos equivocamos, y para eso es preciso poner en juego la razón, pues de otra manera no habría demostración alguna. De ahí se deriva claramente que el misticismo es un sistema absurdo que se contradice a sí mismo.”134
Petrashevski y sus amigos son partidarios decididos del “conocimiento de la realidad”, a cuyo detenido estudio, en toda la plenitud de su desarrollo [265], invitan. Cuanto más completo sea ese conocimiento, decía Petrashevski, tanto mayor puede ser la seguridad en el éxito, tanto más fiel será cada uno de nuestros actos y tanto más corto será el camino que nos lleve a la meta.
En el conocimiento de la realidad circundante, la parte democrático-revolucionaria del círculo “petrashevtsi” seguía los principios de la dialéctica formulados en las obras de Herzen y Belinski.
Petrashevski enseñaba a sus adeptos a considerar cualquier fenómeno de la naturaleza y la sociedad en su proceso de cambio y desarrollo. “La vida de todo cuanto existe en la naturaleza –indicaba– se pone de relieve, y eso responde a lo que en realidad es, en la transformación incesante de las formas exteriores, en la sustitución de unos fenómenos por otros.”135
El desarrollo, según Petrashevski, “no es un estrecho círculo de fenómenos que retornan y se repiten constantemente”, sino un proceso de lucha de lo viejo y lo nuevo, un proceso de permanente aparición de fenómenos realmente nuevos. “... La vida en sí no es otra cosa que una neología que se repite a cada instante. Si se detuviese esta transformación, esta sustitución de unas formas de vida por otras, si se detuviese esa neología, la muerte sería el patrimonio de todo lo existente.”136
A diferencia de las teorías metafísicas que consideran el desarrolle como una “restauración” de lo viejo, en las ideas de Petrashevski hay una comprensión, profunda para su tiempo, de la diferencia entre revolución y reforma. “A veces se emplea el término novación (renovación) en lugar de reforma (cambio) –dice el Diccionario de bolsillo–; pero no se puede utilizar como sinónimo de revolución (transformación), pues el concepto que la palabra «novación» encierra, contiene la idea de un cambio o modificación que se realiza en el objeto al efecto de devolverle su anterior situación normal... y de este modo aumentar su solidez y el tiempo que puede servir al fin a que se le destina. En efecto, el concepto de reforma encierra también la idea de cierta transformación, que afecta a los principios básicos y sustanciales de cualquier institución pública menos que a los secundarios; es decir, que se refiere a la transformación de las formas, y no de la esencia.”137
De este artículo, redactado de manera que pudiese pasar por la censura, se desprende que los autores del Diccionario entendían por revolución una transformación que afectaba a los principios básicos y esenciales de la organización de la sociedad.
Petrashevski consideraba el movimiento revolucionario como el resultado de la lucha “de dos fuerzas opuestas”, una de las cuales –la que se enfrenta al poder de los explotadores y opresores– “es expresión de las aspiraciones de la sociedad o comunidad a producir un fenómeno nuevo...”138
En repetidas ocasiones Petrashevski manifestó la idea de la concatenación e interdependencia de los fenómenos de la naturaleza y la sociedad como ley general de su desarrollo. “En la naturaleza todo se encuentra en [266] intima relación e interdependencia”,139 escribió en sus declaraciones en la causa instruida en 1849. Y vuelve a repetirlo diez años más tarde, cuando se hallaba desterrado en Siberia. “La ley general de la interdependencia de los fenómenos –afirma en el periódico Amur, de Irkutsk, en su número del 9 de febrero de 1860– pónese de relieve en todas las manifestaciones de la naturaleza. Esta ley aparece también en la vida social. En ella no hay casualidades. Entre todo –el pasado, el presente y el futuro– existe una vinculación indisoluble.”
Petrashevski critica la afirmación de Rousseau de que la “Edad de Oro” es algo que pertenece al pretérito, de que es posible “encajar en el pasado el desarrollo futuro de la sociedad, inyectar lo vivo y vital de su vida orgánica en las formas muertas de lo caduco”.140 No hemos de conformarnos con conocer la realidad circundante, sino que hay que actuar sobre ella de acuerdo con las condiciones de lugar y tiempo.
Los “petrashevtsi” admitían la existencia de leyes que rigen tanto el desarrollo de la naturaleza como el de la sociedad, aunque esas leyes, aplicadas a la evolución histórica del género humano, eran interpretadas por ellos con un criterio idealista. Así, Petrashevski suponía que el hombre ha poseído siempre “la tendencia a adaptar la sociedad a sus necesidades”, la aspiración al perfeccionamiento de la vida social, o lo que él llama “tendencia social”, que es lo que “impulsa el desarrollo de la sociedad” y le infunde “fuerza, color y lozanía”.141
La misión de las fuerzas avanzadas de la sociedad, según Petrashevski, consiste en crear un régimen social en el que las aspiraciones y necesidades de unos no se vean satisfechas a expensas de las necesidades y aspiraciones de los otros, y en la que haya abundancia de recursos, a fin de que todos puedan satisfacer esas necesidades. El trabajo humano, fuente de la abundancia de bienes materiales, decían, no puede ser algo penoso y execrable; ha de ser atractivo, ha de ser convertido en uno de los más grandes placeres que colmen de satisfacción al hombre.
Con toda su limitación, y a pesar del carácter idealista de la doctrina sobre el hombre y sus necesidades sustentadas por muchos “petrashevtsi”, dicha doctrina era progresiva. tanto más que a menudo resallaba el gran papel de las necesidades materiales en la vida del pueblo.
Los “petrashevtsi” creían en el gran futuro de toda la humanidad. Confiaban en que en Rusia serían llevadas a cabo las grandes transformaciones con que las mentes mejores del mundo entero habían soñado en el transcurso de siglos. Hoy día nos parecen proféticas las siguientes palabras de uno de ellos, Ajsharúmov, pronunciadas hace más de cien años: “Aquí, en nuestro país, daremos comienzo a la transformación a la que dará fin toda la tierra.”142
{123} V. I. Lenin, Plan de cartas sobre las tareas de la juventud revolucionaria. En Obras completas, 4ª ed. rusa, t. VII, pág. 26, nota.
{124} Obras filosóficas y politico-sociales de los “petrashevtsi”, Moscú, 1953, página 429.
{125} V. I. Lenin. ¿Quiénes son los “amigos del pueblo” y cómo luchan contra los socialdemócratas? V. I. Lenin, Obras completas, trad. esp., t. I. Editorial Cartago, Buenos Aires. 1958, pág. 312.
{126} Obras filosóficas y político-sociales de los "petrachevtsi", pág. 320.
{127} La causa de los "petrashevtsi", t. II, Moscú-Leningrado, 1941, pág. 120.
{128} Obras filosóficas y politico-sociales de los “petrashevtsí”, pág. 496.
{129} Ibídem, pág. 479.
{130} Obras filosóficas y político-sociales de los “petrashevtsi”, pág. 333.
{131} Ibídem, pág. 700.
{132} Ibídem, pág. 480.
{133} Ibídem, pág. 388.
{134} Ibídem, págs. 146-147.
{135} Obras filosóficas y político-sociales de los "petraschevtsi", pág. 190.
{136} Ibídem, pág. 215.
{137} Ibídem, pág. 250.
{138} Ibídem, pág. 400.
{139} Obras filosóficas y politico-sociales de los “petrashevtsti”, pág. 436.
{140} Ibídem, pág. 189.
{141} Ibídem, pág. 423.
{142} Ibídem, pág. 691.