Filosofía en español 
Filosofía en español

Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSSHistoria de la Filosofía, México 1965


Tomo 2 ❦ Capítulo IV: 4

4. Las ideas filosóficas de N. P. Ogariov.

Un puesto honroso en la historia del movimiento de liberación y del pensamiento teórico ruso corresponde a Nicolás Platónovich Ogariov (1813-1877), revolucionario destacado, filósofo, publicista, poeta y compañero de lucha de Herzen. Ogariov era hijo de terratenientes y hacia 1830 comenzó [254] a actuar como uno de los revolucionarios de la nobleza. En sus años de estudiante de la Universidad de Moscú tomó parte activa en el círculo revolucionario de Herzen. Fue detenido en 1834 y, después de nueve meses de reclusión, condenado a destierro.

El régimen policíaco, la vigilancia a que constantemente se hallaba sometido, los registros y la amenaza de una nueva detención, le obligaron a salir de Rusia, y en 1856 se trasladó al extranjero. Allí, junto con Herzen, desplegó su labor de propaganda revolucionaria en Kólokol y en otras publicaciones de la prensa libre rusa.

En sus artículos y cartas, aparecidos en ellas, llama a la destrucción del régimen de servidumbre, y a la abolición de la propiedad de los terratenientes y del Estado sobre los hombres y sobre la tierra. Insistía en la entrega de la tierra a las comunidades campesinas, tierra que sería poseída y trabajada por éstas colectivamente, y también en el fomento de la industria comunal (artesana) y del comercio dentro de las comunidades rurales.

Las ideas del “socialismo campesino ruso”, que Ogariov expone, eran utópicas y sin base científica. Pero Ogariov no era sólo un socialista utópico. Era también demócrata revolucionario y defensor apasionado de los métodos violentos para la transformación de la sociedad. Su ideal político era una república democrática en la que no tuviese cabida la opresión del pueblo.

En los artículos escritos para Kólokol hasta 1860 apuntan a veces algunas ilusiones liberales. Aun criticando el régimen de servidumbre y los atropellos de propietarios y funcionarios del Gobierno, Ogariov, a través del periódico, se dirige a Alejandro II con la esperanza de que el zar dé la libertad a los campesinos, evitando con ello una “salvaje revuelta” como en los tiempos de Pugachev. Pero Ogariov no tardó en salir de su error. Convencido de la expoliación que representaba la reforma de 1861, declara en las páginas de Kólokol que “el pueblo ha sido engañado por el zar” y que “la vieja servidumbre ha sido reemplazada por otra nueva”. Compartía la profunda cólera que se había apoderado de las masas populares después de la reforma y aplaudió abiertamente el formidable movimiento de los campesinos contra los terratenientes y contra las autoridades zaristas.

Según nos prueban documentos hallados en los archivos, desde poco antes de 1860 Ogariov y Herzen trataron de crear una sociedad secreta en cuyo programa figuraría no sólo la abolición de la servidumbre, sino también el derrocamiento de la autocracia. En sus apuntes acerca de esa sociedad, Ogariov proyectaba la reunión de una Asamblea Nacional (Zemski sobor) constituida “por enviados de todos los distritos, elegidos por todo el pueblo sin distinción de estamentos. ..”, y también determinaba la labor de tal sociedad secreta, que habría de preparar al pueblo y a las tropas para la insurrección armada. “Si (o puesto que) el monarca no quiere convocar el Zemski sobor –escribía–, el desorden conducirá inevitablemente al levantamiento.”100

Entre 1859 y 1862, Ogariov y otros revolucionarios demócratas tratan desde el extranjero de preparar el levantamiento dentro de Rusia. Puede [255] decirse que asistió al nacimiento de la sociedad secreta organizada en Rusia y que más tarde, en 1862, había de tomar el nombre de “Tierra y Libertad”.

A partir de 1861 Ogariov es un enemigo declarado e irreductible del liberalismo. En 1863 insertó en Kólokol un artículo que llevaba por título Oración fúnebre, el que sometía a crítica “a los profesores que tejen la podrida telaraña de sus ideas diminutas y altaneras”, es decir, a los liberales irritados porque “la juventud sana no puede simpatizar con sus escrofulosas lucubraciones”.101

En sus trabajos, Ogariov critica a los socialistas utópicos que, como Saint-Simon y Fourier, confiaban en la transformación de la sociedad por vía pacífica, El pide el empleo de la violencia para la supresión de la propiedad privada sobre los medios de producción y la entrega de los mismos al pueblo como propiedad social.

La base teórica de las ideas de Ogariov sobre la sociedad era la filosofía materialista, que él, lo mismo que Herzen denominaba erróneamente “realismo”. “Sin duda alguna –decía–, el socialismo se halla vinculado a la ciencia de la experiencia real y del cálculo... Y la ciencia de la experiencia y del cálculo, sin duda, hállase vinculada al realismo filosófico, y no puede aceptar otra base sin traicionarse...”102

Ogariov estimaba que el socialismo, ya en el siglo XVIII, “había llegado a tal altura moral en la sociedad, que escribió en sus banderas: libertad. igualdad y fraternidad. La única consecuencia histórica posible que de esto se deduce –añade– es el paso al socialismo”.103

Compréndese que se trataba de las conclusiones extraídas del materialismo por la democracia revolucionaria y por el socialismo utópico.

Ogariov tenía en gran estima la filosofía materialista de Feuerbach, cuya obra, La esencia del cristianismo, llevó Ogariov en 1842 a Herzen cuando éste se encontraba en Nóvgorod. “El libro de Feuerbach –escribía– es interesante. Abre los ojos en muchos aspectos... Apenas si se podrá encontrar un libro más demoledor para el cristianismo.”104

Ogariov llegó al materialismo hacia 1845.

En una carta a Herzen, fechada el 2 de febrero de ese año, escribía: “El mundo real es anterior a la lógica, de la misma manera que la naturaleza es anterior al hombre... La naturaleza es la vida viva y no un símbolo, no es un jeroglífico egipcio.”105 En su manuscrito La escuela politécnica popular (1847) hace una violenta crítica de la religión, en la que ve la “prohibición de pensar”, y recusa el “terrible formalismo de la fe”,106 que no admite cambio alguno en el orden existente.

Materialista militante, no daba cuartel en la defensa de sus convicciones científicas. Las convicciones, decía, no son algo personal, sino que son de patrimonio común. Cuando Granovski le reprochaba su “severo análisis de las opiniones ajenas”, Ogariov repuso: “¿Pero cómo quieres que [256] aceptemos las opiniones ajenas o que las dejemos en paz, cuando de las convicciones se deriva todo: la vida, la ciencia y la civilización?”107

Su violencia en la crítica se agudiza sobre todo cuando se refiere a la religión y al misticismo; consideraba con razón que éste conduce a la inactividad, que las esperanzas dirigidas al cielo son un estorbo para poner orden en los asuntos de la tierra. También hace una atinada crítica de las teorías idealistas del “libre albedrío”.

Cuando el publicista reaccionario Soloviov insertó en la revista Vsemirni Trud (El trabajo universal) una serie de artículos contra el materialismo, Ogariov contestó en Kólokol, haciendo ver que la filosofía idealista es retrógrada y resultaba moralmente peligrosa para el desarrollo progresivo de Rusia, ya que hacía el juego al Gobierno y a la reacción.

Ogariov se burla ingeniosamente de Soloviov y demás idealistas empeñados en descubrir en los fenómenos reales de la vida principios “eternos” y sobrenaturales que se hallan “por encima del mundo”. En su artículo La vieja filosofía de la Exaltación escribía así: “No debemos ni podemos llegar a la conclusión de que existen unos principios de la vida especiales y singularizados que se manifiestan en la vida misma, como pensaba el difunto idealismo y como se imagina el Sr. Soloviov, que ahora lo exalta.

¡Y qué sencillo le resulta a la imaginación crear esos principios! No hay necesidad de trabajar, todo sale por sí, como de una varita mágica. Principio de vida, principio de la tierra, principio del mar, principio de la vegetación, principio de lo animal, principio de la humanidad, principio de la moral: y todos los fenómenos comienzan a fluir de sus principios, y así son creados a imagen y semejanza de su principio abstracto. Lo único que hay que lamentar es que esa explicación no explica nada ni en realidad es necesaria.”108

Irritaban muy particularmente a Ogariov las teorías idealistas en boga en los “medios cultos” que justificaban y exaltaban las míticas creencias en el comienzo y el fin del mundo. Ogariov afirmaba que la ciencia ha de “prescindir de las burdas ideas de que el mundo tuvo un principio, surgió de algo y va en pos de algo”109 y que “las llamadas causas finales son imposibles, lo mismo para el pensamiento que para la realidad”.110

Criticó también Ogariov el “doctrinarismo” de los sistemas idealistas, que no quieren saber nada de la vida real. “Veo con animadversión –escribía acerca de esos sistemas– que en ellos la idea no sufre para nada y que únicamente el hombre, satisfecho de sí mismo, se pone en marcha, pica en el anzuelo y resuelve todo cuanto hay que resolver en el mundo, despreciando los obstáculos y rechazando con desprecio los hechos cuando éstos le contradicen.”111

Ogariov no admitía la concepción del idealismo objetivo, que considera la idea como una sustancia espiritual absoluta; comprendía que el pensamiento y el organismo humano, la idea y el cerebro, guardan entre sí la relación más íntima. Para resolver científicamente el problema de las relaciones [257] entre el pensamiento y el ser, la filosofía, según Ogariov, ha de apoyarse siempre en las conquistas de las ciencias naturales.

Hacia 1845 Ogariov se consagra al estudio de dichas ciencias, y tropieza en ellas con el predominio del empirismo vulgar y de Ja metafísica, que él considera, y con razón, muy peligroso para la ciencia. Los investigadores empíricos, dice, que admiten la separación entre sus trabajos especiales y la vinculación general de las concepciones científicas, pasan fácilmente al punto de vista religioso, sin advertir que ese trabajo suyo se contradice con las ideas que la religión sustenta.

Según Ogariov, la filosofía ha de ocuparse de los principios fundamentales del mundo y del conocimiento por el hombre del medio que le rodea. “Por «filosofía» –escribe– se entiende de ordinario los fundamentos generales del mundo o los fundamentos generales de un grupo de fenómenos, y de ahí que los problemas filosóficos constituyan una necesidad natural de la razón humana...”112

Ogariov veía claramente la radical contradicción que separa al materialismo del idealismo y consideraba lógica la pugna entre ellos. En 1866, en uno de sus artículos de Kólokol, señalaba que todos los filósofos se dividen en dos campos hostiles, según la solución que dan al problema “de los fundamentos generales del mundo”. Unos buscan esos fundamentos en las ideas, en los principios abstractos de conformidad con los cuales agrupan todos los fenómenos y todos los hechos. Los otros los buscan en el propio mundo, y de los hechos existentes deducen la ley general de su existencia.

Los partidarios de los principios apriorísticos eran denominados por Ogariov idealistas o metafísicos, y los defensores del conocimiento positivo, realistas o materialistas. El materialismo, decía, busca el principio del mundo en la materia, y de ahí proviene su nombre. Sin observar gran precisión en los términos, Ogariov estaba en lo cierto en lo principal: en que el materialismo y el idealismo son sistemas opuestos.

Según él, todos los objetos y fenómenos de la naturaleza son cognoscibles por el hombre. En su juventud había escrito:

También el hombre tiene su misión:
Todo cuanto existencia
ha de llevarlo de la vida externa
a la clara región de conocimiento.113

Todos los conocimientos del hombre acerca del mundo comienzan por la sensación. La idea es la conclusión lógica de las observaciones, la conciencia del hecho, es decir, la noción de que se conoce la causa suficiente del fenómeno o del acontecimiento. Ogariov considera que la conciencia refleja las relaciones reales y señala los vínculos que existen entre el lenguaje y el pensamiento. “La conciencia –escribe– es la comprensión de las relaciones, la idea que cobra expresión, es decir, la palabra.”114 [258]

A la vez que Ogariov admite las sensaciones del mundo material como fase inicial del conocimiento humano, señala que el proceso de este conocimiento de los objetos y fenómenos circundantes no se reduce a una contemplación pura y simple. El hombre es activo; él mismo busca el conocimiento del medio; la vida práctica, la evolución histórica y el desarrollo lógico de los conocimientos adquiridos plantean al hombre una infinidad de problemas. La sed de teoría, dice, “es función inseparable del cerebro humano”.115

Para que el hombre tenga como ciertos los conocimientos y las teorías científicas, es necesario que coincidan perfectamente con la realidad. Esta coincidencia es totalmente posible en principio, si bien Ogariov indica que el hombre no conoce las leyes de la naturaleza de una vez y por completo, sino sólo de manera gradual, aproximadamente.

A Ogariov no le satisfacía el método metafísico de pensamiento reinante entonces en filosofía. En sus obras se revela el criterio dialéctico de que se vale para enfocar la realidad. Pide a la ciencia que penetre en la entraña de los fenómenos, que conozca sus leyes y vínculos; en ocasiones se eleva hasta profundas síntesis dialécticas. En uno de sus artículos de Kólokol escribía: “La simple anotación de los hechos puede ser un catálogo, unos anales, pero no es ciencia; únicamente la explicación de las leyes del método de desarrollo de los fenómenos de cierto orden es teoría, o sea ciencia.”116 Todos los fenómenos del mundo están ligados entre sí, son relativos y mutables, afirmaba.

En Ogariov encontramos pensamientos profundos sobre el tránsito de los cambios cuantitativos a los cualitativos. “Sin cambio cuantitativo –escribía– no hay cambio cualitativo. Esto no es una opinión subjetiva, sino que es propio de la vida objetiva. La química es el ejemplo más evidente de esta verdad; y si nos paramos a pensar, en el resto ocurre lo mismo.”

La marcha de la historia, para Ogariov, transcurre en mucha mayor medida “por medio de lucha y de saltos que mediante un silencioso trabajo creador interno”.117

El modo dialéctico de enfocar la vida social se manifiesta en Ogariov en sus intentos de dar una base a la necesidad y regularidad de las transformaciones revolucionarias. El desarrollo progresivo de la sociedad, afirmaba, se llevará a cabo en un proceso de lucha de lo nuevo contra lo viejo, es decir, en última instancia, por la revolución. “No veo en la historia –decía– un solo ejemplo de desarrollo de la comprensión en virtud de la cual la minoría gobernante se retirara voluntariamente.”118

Sus concepciones filosóficas tenían, en general, una base materialista, si bien no carecían de defectos. En sus Cartas privadas sobre un problema general critica a Comte, al que reprocha haber caído “en el circulo de la especulación metafísica”. Pero Ogariov no supo mostrar en toda su magnitud las diferencias que separan el materialismo del positivismo ni alcanzó a comprender la esencia reaccionaria de la sociología de Comte. [259]

Otra prueba de la inconsecuencia del materialismo de Ogariov es su concepción de la historia, en la que, a pesar del buen número de elementos materialistas que sus obras nos ofrecen, no llega a rebasar el marco de la sociología idealista.

Ogariov era un poeta excelente; las ideas, el pensar y el sentir de los campesinos siervos, de los que era portavoz, encuentran expresión –para no hablar ya de sus artículos– en brillantes e inspirados versos, a muchos de los cuales se les puso música y se convirtieron en canciones revolucionarias.

En estética, Ogariov mantiene posiciones materialistas, afirma la: vitalidad de la orientación realista y critica la teoría del “arte por el arte”, considerando a éste como una fuerza social educativo-ideológica. Donde sus opiniones estéticas se exponen de manera más completa y concentrada es en el artículo En memoria de un artista, en el Prefacio a los Pensamientos de K. F. Riléev y en el Prefacio a La literatura clandestina rusa del siglo XIX. Ogariov señala en estos trabajos que las obras maestras del arte y los grandes artistas se hallan relacionados con grandes movimientos sociales, son producto de las condiciones sociales y están al servicio de su época. La causa de la decadencia del arte en Occidente a mediados del siglo XIX la veía, lo mismo que Herzen, en la desintegración de la vida social. “El arte ha decaído porque la vida social se ha disipado.”119 Consideraba también que “la propia teoría del arte por el arte podía aparecer sólo en una época de decadencia social”.120 Entra en liza contra los teóricos del “arte puro” y revela el sentido político de esta teoría y sus vínculos con las fuerzas de la reacción.

“Proclamar la reacción benéfica... que quiere desplazar de las bellas letras las calamidades sociales y el interés social que se abre manifiestamente paso en la vida moderna, proclamar esa reacción significa exaltar la reacción en general; en tiempos del zar anterior esto habría valido la Cruz de San Vladimiro.”121

La historiografía y la crítica de los liberales burgueses han calumniado sañudamente a Ogariov, tratando de rebajar sus méritos como revolucionario y escritor.

Sólo los marxistas de Rusia han colocado en el lugar que legítimamente le corresponde a este gran pensador y dirigente del movimiento de liberación. Continuando los pensamientos que Lenin había expuesto en su artículo En memoria de Herzen, el periódico Pravda escribió en 1913: “Ogariov y Herzen son dos grandes figuras que representan toda una época en el movimiento del pensamiento social de mediados del siglo XIX.” Ogariov, añadía, “creía en el triunfo del socialismo, en el que veía la salvación de la humanidad”.122




{100} N. P. Ogariov, Obras filosóficas y político-sociales escogidas, t. II, Moscú, 1956, pág. 63.

{101} N. P. Ogariov, Obras filosóficas y político-sociales escogidas, t. II, Moscú, 1956, pág. 654.

{102} Ibídem, pág. 731.

{103} Ibídem, pág. 761.

{104} Ibídem, pág. 317.

{105} Ibídem, pág. 360.

{106} Ibídem, pág. 9.

{107} N. P. Ogariov, Obras filosóficas y político-sociales escogidas, t. II, pág. 399.

{108} Ibídem, t. II, págs. 176-177.

{109} Ibídem, pág. 82.

{110} Ibídem.

{111} El legado literario, t. XXXIX-XL, 1941, pág. 357.

{112} N. P. Ogariov, Obras filosóficas y político-sociales escogidas, t. I, páginas 696-697.

{113} N. P. Ogariov, Versos y poemas, t. I, Leningrado, 1937, pág. 28.

{114} N. P. Ogariov, Obras filosóficas y politico-sociales escogidas, t. II, pág. 43.

{115} El legado literario, t. XXXIX-XL, pág. 358.

{116} N. P. Ogariov, Obras filosóficas y político-sociales escogidas, t. I, pág. 316.

{117} Ibídem, t. II, pág. 215.

{118} Ibídem, págs. 216-217.

{119} N. P. Ogariov, Obras filosóficas y político-sociales escogidas, t. I, pág. 296.

{120} Ibídem, pág. 297.

{121} Ibídem, págs. 301-302.

{122} "Pravda" de antes de Octubre y los problemas del arte y la literatura, Moscú, 1937, págs. 103-104.