Filosofía en español 
Filosofía en español

Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSSHistoria de la Filosofía, México 1965


Tomo 2 ❦ Capítulo IV: 3

3. A. I. Herzen y su papel en el desarrollo de la filosofía materialista.

Alejandro Ivánovich Herzen (1812-1870), figura señera del movimiento de liberación, es un clásico de la filosofía materialista rusa del siglo XIX.

La concepción del mundo de Herzen se formó bajo el signo del movimiento contra la servidumbre en Rusia y de los movimientos revolucionarios en el Oeste, bajo la influencia de la ciencia y la filosofía de vanguardia, tanto de Rusia como del resto de Europa.

Nacido y educado en el seno de una familia noble, Herzen adoptó desde sus años mozos las ideas de libertad y antifeudales de Radíschev, de los decembristas y de Pushkin. A su formación contribuyeron muy singularmente los grandes hombres de la Francia revolucionaria del siglo XVIII, el materialismo de los siglos XVII y XVIII, los socialistas utópicos, la dialéctica de Hegel y la filosofía de Feuerbach.

En la Universidad de Moscú, donde cursó sus estudios entre 1829 y 1833, fundó Herzen un círculo del que formaban parte N. P. Ogariov y otros jóvenes de ideas afines; en él estudiaban las doctrinas políticas y teorías [239] de los pensadores revolucionarios del siglo XVIII y de los socialistas utópicos.

Al año de haber terminado la carrera, Herzen, Ogariov y otros componentes del círculo fueron detenidos bajo lo acusación de haberse relacionado con “criminales de Estado” y de profesar “atrevidas ideas muy peligrosas para la sociedad”. Por orden del Gobierno zarista fueron desterrados de Moscú. En este período se desarrollan las tendencias revolucionarias de Herzen. Si antes era un revolucionario de la nobleza, admirador de los decembristas, hacia 1845 conviértese en demócrata revolucionario.

En 1847 abandona Rusia y pasa a ser emigrado político. V. I. Lenin señala en su artículo En memoria de Herzen que por aquel entonces era demócrata, revolucionario, socialista (utópico, se comprende). No podía desentrañar el carácter burgués de las revoluciones europeas de 1848 ni las causas del fracaso del “socialismo” burgués y pequeñoburgués en el curso de esas revoluciones. Las derrotas de 1848 le afectaron gravemente y durante algún tiempo cayó en un escepticismo que, según la profunda observación de Lenin, era producto del fracaso de “las ilusiones burguesas en el socialismo”, un reflejo de la época en que el espíritu revolucionario de la democracia burguesa se extinguía en Europa sin que hubiese cobrado madurez el espíritu revolucionario del proletariado socialista. Herzen, testigo directo de la revolución de 1818 en Francia, defendió apasionadamente al pueblo insurreccionado y fustigó implacablemente a la gran burguesía, denunciando su carácter reaccionario y antipopular y condenando severamente la sangrienta represión a que las fuerzas contrarrevolucionarias se entregaron después del levantamiento de julio en París. “Esos minutos –escribía acerca de la represión– merecen un odio de diez años y se vengan toda la vida. ¡Ay de aquellos que perdonan tales minutos!57

En la emigración, Herzen fundó la Imprenta Rusa Libre (1853), en la que se editaron la revista Poliárnaia zvezdá (La Estrella Polar) (1855), y a partir de 1857, con Ogariov, el periódico Kólokol (La Campana) ; ambas publicaciones eran introducidas clandestinamente en Rusia. Kólokol trabajó incansablemente para denunciar al zarismo y al régimen de servidumbre y para educar a la juventud revolucionaria rusa.

Hasta 1860, Herzen no alcanzó a ver al pueblo revolucionario en Rusia, y por eso se advierten en él ciertas ilusiones liberales y vacilaciones entre la democracia revolucionaria y el liberalismo. En esa época son frecuentes en Kólokol sus cartas a los terratenientes y al zar en las que les invita a que den voluntariamente la libertad y la tierra a los campesinos. Estas desviaciones del democratismo revolucionario hacia el liberalismo fueron sometidas a justa crítica en repetidas ocasiones por demócratas revolucionarios más consecuentes y combativos, como Chernishevski, Dobroliúhov y Serno-Solovióvich. “Pero –señala Lenin–, en honor a la justicia, hay que decir que, con todas las vacilaciones de Herzen entre el democratismo y el liberalismo, en él predominaba, sin embargo, el demócrata”.58

A partir de 1860, bajo la influencia del auge revolucionario de las masas populares de Rusia, Herzen se va emancipando de las ilusiones liberales [240] y se coloca decididamente al lado de ia democracia revolucionaria campesina. Simultáneamente llega a la conclusión, teóricamente equivocada, de que la: transformación socialista únicamente podía ser llevada a cabo en Rusia por medio de la revolución campesina. Entre 1859 y 1863, Herzen y Ogariov tratan desde el extranjero de orientar el trabajo revolucionario dentro de Rusia. En colaboración con Chernishevski sienta las bases de una organización revolucionaria secreta a la que en 1862 se le dio el nombre de “Zemliá y Voliá” (Tierra y Libertad). En 1863, Herzen se manifiesta en favor de la insurrección armada contra el zarismo en Polonia. Con su actitud, según había de señalar Lenin, salvó el honor de la democracia rusa. Herzen murió en 1870, siendo enterrado en Niza.

La democracia revolucionaria y el socialismo utópico de Herzen, fundidos íntimamente en su concepción político-social, eran la forma en que cobraba expresión la ideología de los campesinos revolucionarios, que luchaban por la abolición de la servidumbre y por el derrocamiento del poder de los terratenientes.

El socialismo es consecuencia necesaria de la vida contemporánea y está llamado a resolver todos los problemas económicos, políticos, jurídicos y morales; considerándolo así, Herzen, demócrata revolucionario, a diferencia de muchos socialistas utópicos, comprendía que para llegar al socialismo hay que pasar por la revolución: ésta ha de destruir por la violencia el viejo régimen reaccionario y allanar el terreno para el triunfo y el desarrollo del sistema socialista. Pero el socialismo de Herzen era también utópico. No comprendía, ni estaba en condiciones de comprender, el papel histórico de la clase obrera en la lucha por el socialismo. En sus trabajos aparecen ilusiones utópicas, como la de que en Occidente los defensores del socialismo podían dirigir su propaganda tanto a los trabajadores como a los patronos.

Junto con Ogariov, Herzen expone la utópica teoría del “socialismo campesino ruso”. En Rusia, según él, había de llegarse al socialismo a través de la emancipación de los campesinos, a los que habría de proporcionarse tierra. En la comunidad rural veía el “pararrayos” que salvaría a Rusia de las calamidades del régimen capitalista; apoyándose en ella podría pasarse directamente del reino de la servidumbre al reino del socialismo.

Herzen estimaba equivocadamente que en Rusia, en vez de la revolución burguesa –o “política”, según el término que él emplea–, se produciría la “revolución social” de los campesinos. Esta revolución social campesina, afirmaba, a diferencia de la “política” o burguesa, podría establecer en Rusia un gobierno popular, resolver el problema económico, acabar con la opresión del pueblo y conducirlo al socialismo. El establecimiento del socialismo como resultado de la revolución campesina era una idea utópica, desprovista de base científica.

Lenin escribía: “En realidad, en esta doctrina de Herzen, como en todo el populismo ruso –incluso en el desteñido populismo de los actuales «socialrevolucionarios»–, no hay ni un grano de socialismo. Son frases magnánimas, buenos sueños que recubren el espíritu revolucionario de la democracia burguesa campesina en Rusia, lo mismo que las diversas formas del «socialismo del 48» en Occidente. Cuanto más tierra hubieran recibido los campesinos en 1861 y cuanto más barata la hubieran adquirido [241], tanto más fuertemente hubiera sido socavado el poder de los terratenientes feudales, tanto más rápido, libre y amplio hubiera sido el desarrollo del capitalismo en Rusia. La idea del «derecho a la tierra» y del «reparto igualitario de la tierra» no es otra cosa que la formulación de las aspiraciones revolucionarias a la igualdad por parte de los campesinos, que luchan por el pleno derrocamiento del poder de los terratenientes, por la plena liquidación de la propiedad territorial de los terratenientes.”59

Herzen no comprendía el papel histórico del proletariado en la destrucción del capitalismo y en la creación de la sociedad socialista, y sólo cuando su vida se acababa apreció altamente el movimiento proletario. Sus Cartas a un viejo camarada (1869) nos muestran que, junto a su repulsa de la táctica anarquista de Bakunin, con el que durante largo tiempo mantuvo relaciones de amistad, empezaba a virar hacia el proletariado y a comprender el papel histórico de la organización internacional de la clase obrera –la Primera Internacional– que dirigían Marx y Engels. En una carta a Ogariov se felicita por la traducción de las obras de Marx al ruso.

El materialismo filosófico de Herzen se fragua en los años que siguen a 1840. Al materialismo y al ateísmo no llega de pronto.

En su época de estudiante de la sección de ciencias físico-matemáticas de la Universidad de Moscú (1829-1833), Herzen se ocupó mucho de cuestiones relacionadas con las ciencias naturales. En esos años escribió El puesto del hombre en la naturaleza (1832), Exposición analítica del sistema de Copérnico (1833) y otros trabajos. Ya en ellos trata de comprender con un criterio materialista importantes problemas de las ciencias de la naturaleza y comienza a manifestarse contra el idealismo. “Al idealismo –escribía en una de sus primeras obras– sólo pertenece la parte de los fenómenos; y la naturaleza, ¿no es el mundo de los fenómenos? Recordemos a Fichte, que más allá de su yo no veía a la naturaleza. En el idealismo veréis a menudo que se hace encajar a toda la naturaleza en una brillante hipótesis y que se la deforma más que el pensamiento propio.”60

En este mismo trabajo, Herzen invitaba a seguir las reglas de Bacon y a “unir el método racional con el empírico”,61 es decir, a combinar el conocimiento experimental con la especulación.

En los años 30, sobre todo durante su reclusión en la cárcel y su primer destierro, en Herzen reviven a veces las tendencias idealistas y religiosas de la infancia, pero no alcanzan casi a reflejarse en su obra y son superadas en los años siguientes.

Herzen llega a la concepción materialista de la naturaleza y del pensamiento como resultado de un profundo estudio de los avances científicos de los siglos XVIII y XIX y de la historia de la lucha del materialismo contra el idealismo.

Profunda impresión causó en él La esencia del cristianismo, de Ludwig Feuerbach, obra que leyó en 1842, durante su destierro en Nóvgorod; la exposición que se hace en ella de las ideas materialistas contribuyó a robustecer en él definitivamente sus concepciones materialistas y ateas. [242]

“Después de leer las primeras páginas –cuenta Herzen– di un salto de alegría. ¡Abajo el disfraz de carnaval, fuera los tartamudeos y alegorías! ¡Somos hombres libres, y no esclavos de Xanto! ¡No necesitamos envolver la verdad en mitos!
Dominado por la pasión filosófica, empecé entonces la serie de mis artículos sobre el diletantismo en la ciencia.”62

Los artículos El diletantismo en la ciencia (1842-1843) prueban que Herzen había llegado ya, en términos generales, a un concepto materialista del mundo, si bien se advierte aún la influencia de la filosofía idealista, en particular de la hegeliana.

Herzen había estudiado a fondo la filosofía de Hegel, y muchos de sus puntos los había discutido con Ogariov, Belinski, Bakunin y otros pensadores rusos. Aun estimando en mucho el método dialéctico del genial filósofo alemán, sometió a crítica su sistema idealista y conservador, que él consideraba estrecho y especulativo.

Herzen no redujo nunca la filosofía al estrecho marco del academicismo, sino que cifraba su aspiración en sacarla a la ancha vía de la vida social, a unirla a la lucha política por un futuro mejor de los hombres. “No es difícil comprender –escribía– la alianza de la filosofía contemporánea con el socialismo... Este nos parecía el razonamiento filosófico más natural, la aplicación de la lógica al Estado.”63

La filosofía materialista de Herzen –base teórica de su concepción democrática revolucionaria– se forma en una pugna encarnizada con las distintas variedades del idealismo. A partir de 1840, aproximadamente, desenmascara las ideas místicas y religiosas del “populismo oficial” y de los eslavófilos, critica el idealismo alemán y a sus adeptos rusos y condena el agnosticismo y otras tendencias antimaterialistas en filosofía y en las ciencias naturales. Sus trabajos filosóficos, y en especial Cartas sobre el estudio de la naturaleza (1844-1845), Experiencia de entrevistas con jóvenes (1858), Cartas a un adversario (1864) y algunos capítulos de El pasado y pensamientos, de gran contenido filosófico, así como otras obras, hállanse inspirados por ideas materialistas y ateas y van dirigidos contra el idealismo y la religión.

Contrariamente a la opinión de los idealistas, Herzen estimaba que la filosofía había de mantener vínculos estrechos con la vida, y no tratar de un mundo imaginario y extraterreno, sino de la vida real que rodea al hombre, de la naturaleza.

En la filosofía no veía a la ciencia de las ciencias; según él, la filosofía y las ciencias de la naturaleza estudian una misma cosa –el mundo que nos circunda–, aunque enfocan ese estudio desde lados distintos. La filosofía está llamada a investigar las leyes generales del ser, a dilucidar las relaciones entre el pensamiento y el ser, a ayudar a los hombres a comprender las vías de desarrollo de la sociedad y a eliminar los males sociales.

Herzen daba una explicación materialista a la naturaleza y sus fenómenos; para ello partía del hecho de que el mundo es material y de que el hombre puede conocerlo. Sus firmes convicciones materialistas le llevan [243] a afirmar que “el mundo sirve de hecho, sin duda alguna, de base a la ciencia...”64

Herzen se esforzó por desplazar del dominio de la ciencia a la teología, a la escolástica y al formalismo; pedía que la ciencia no se aislara de la vida con polvorientos folios, sino que terciara abiertamente en ella y luchase contra la rutina y la tradición. La ciencia moderna, afirmaba, “aspira a otra cosa que no son las abstracciones teóricas: como olvidando su dignidad, quiere descender de su trono a la vida. Los sabios no la retendrán; de eso no cabe duda”.65

Al desarrollar su teoría materialista, Herzen recurre a los avances de las ciencias naturales de los siglos XVIII y XIX. Así hace una defensa apasionada de la ley de la conservación de la materia y del movimiento, que considera “la ley más grande de la naturaleza”.

“... Nada de lo existente se puede destruir, únicamente puede cambiar –escribe–. Pero si hoy no se puede destruir nada, ayer tampoco se pudo, ni tampoco hace mil años, etc.; es decir, que la materia es eterna y lo único que hace es pasar de un estado a otro según las circunstancias. Las gentes que hablan del carácter perecedero de todo lo material no saben lo que se dicen... todo cuanto ocurre en la naturaleza no es sino un cambio de la materia eterna y presente...”66

Los idealistas renuncian de hecho al conocimiento científico de la naturaleza cuando afirman que la esfera del pensamiento, la lógica, tiene un poder intangible sobre todas las otras esferas, incluida la naturaleza, a la que califican de “perecedera” e “imperfecta”. Herzen escribía a este respecto:

“...Tanto Hegel como Leibniz sacrifican todo lo temporal, todo lo existente, a la idea y al espíritu; el idealismo, en que había sido educado, y que había absorbido con la leche materna, lo empuja a un criterio unilateral, y él mismo da muerte a la naturaleza, a la que trata de ahogar con el espíritu, con la lógica; está dispuesto a considerar un fantasma cada una de sus obras y a mirar por encima del hombro a todos los fenómenos.
Hegel parte de las esferas abstractas para llegar a las concretas; pero las esferas abstractas presuponen lo concreto, de que han sido abstraídas.”67

En las Cartas sobre el estudio de la naturaleza, al criticar las teorías idealistas, Herzen expone un punto de vista materialista en cuanto a las relaciones entre el hombre y el medio; demuestra que éste y sus leyes son objetivos e independientes del hombre y del conocimiento humano.

“Fuera del hombre –escribe– existe una multitud infinitamente diversa de particularidades que se entrelazan confusamente; su interdependencia externa, que insinúa su unidad interna; su acción recíproca determinada se pierde casi por completo entre los elementos fortuitos que dispersan, reagrupan, conservan y destruyen ese «cúmulo de partes que se dirigen al infinito», según la magnífica expresión de Leibniz. Tienen un carácter autónomo, independiente del hombre; existían cuando él no existía [244]; y no les importa cuándo el hombre vino al mundo; no tienen fin ni límites; continuamente y por doquier surgen, aparecen y desaparecen.”68

Herzen afirmaba que los idealistas no podían dar a las ciencias naturales nada positivo. Al hacer depender el mundo material de la conciencia, de la idea, suscribían su propia incapacidad para explicar el mundo con sus fenómenos y sus leyes. Los esquemas apriorísticos en los cuales los idealistas tratan de encajar la naturaleza son anticientíficos, e impiden una acertada explicación de ella partiendo de ella misma. En realidad, la historia de la naturaleza (de la “materia”) es producto de la acción de sus leyes objetivas.

“Dondequiera que empecéis a estudiar la materia –escribía Herzen–, siempre llegaréis a unas propiedades generales, a unas leyes que pertenecen a toda la materia, y de estas leyes, cambiando las condiciones, se podrá deducir cuanto se desee: la aparición de los mundos y su movimiento o el movimiento de las partículas que oscilan y se mueven en el rayo de sol.”69

A las construcciones apriorísticas de los idealistas oponía Herzen las ideas materialistas de los sabios que descubren las leyes objetivas de la naturaleza. Tenía en gran estima los trabajos del eminente biólogo ruso K. F. Rulie, a quien sus estudios experimentales habían llevado a la conclusión de que en el mundo vegetal y animal, a consecuencia de la acción del medio, se produce un desarrollo y una modificación graduales de las especies. El descubrimiento de Darwin le entusiasmó todavía más. Solidarizóse con los puntos de vista de I. I. Méchnikov e hizo la crítica de las teorías vitalistas en biología, que consideraban nocivas y peligrosas para la ciencia al impedir la comprensión de las leyes de la naturaleza viva.

Oponiéndose a Hegel y a sus adeptos, señalaba Herzen que el idealismo considera la naturaleza y la historia como una lógica aplicada, sin comprender que la propia lógica es sólo la abstracción racional de la naturaleza y de la historia. La naturaleza, afirmaba Herzen, no evoluciona según las prescripciones de una razón divina, ni tampoco según las leyes apriorísticas de la lógica; ocurre lo contrario, la lógica y sus categorías son un reflejo de las leyes objetivas de la naturaleza.

“... Las leyes del pensamiento son las leyes conocidas del ser...”70 Conocimiento es para Herzen el conocimiento del mundo objetivo y real de la naturaleza. Esta, decía, nos presenta el hecho; la misión nuestra es estudiarlo, conocerlo, descubrir sus leyes.

Herzen, a diferencia de muchos representantes del viejo materialismo metafísico, partía del criterio de que los hombres, al considerar la naturaleza, el mundo, tal cual es, no están condenados en modo alguno a una percepción contemplativa de la realidad, a inhibirse ante la naturaleza y sus leyes como ante algo ineluctable.

Precisamente critica a los defensores del viejo materialismo metafísico porque “quieren hacer de la mente su receptor pasivo, algo así como un espejo que refleje lo dado sin modificarlo, es decir, con todo lo que tiene [245] de fortuito, sin asimilarlo, de manera torpe y absurda...”71 Se comprende que los hombres no pueden evadirse de un salto de la naturaleza y la sociedad; están obligados a separarse de ellas sin cesar de tenerlas en cuenta. Pero el proceso del conocimiento humano no es una percepción pasiva del objeto por el sujeto; el hombre no sólo se ve sometido a la acción del mundo exterior, sino que lo modifica en uno o en otro sentido.

El conocimiento concreto de la realidad es, a la vez, un conocimiento histórico en el que el proceso lógico guarda analogías con el proceso físico; las conclusiones lógicas no se deducen a priori, sino a posteriori; el conocimiento no es algo innato, sino que ha sido elaborado históricamente por los hombre como resultado de su interacción con la naturaleza y con sus semejantes.

Refiriéndose a la esencia de la conciencia y a sus relaciones con la naturaleza, Herzen afirma que aquélla “no es en absoluto algo extraño a la naturaleza, sino el grado supremo de su desarrollo...”72

Cuando criticaba el racionalismo idealista, señalaba Herzen que el conocimiento comienza por la percepción sensible, cuyos datos somete el hombre a una síntesis racional. Al mismo tiempo, era enemigo acérrimo del empirismo vacilante, que se ahoga en la abundancia de datos y teme llegar a las generalizaciones y conclusiones teóricas. El empirismo sin las síntesis racionales es, nos dice acertadamente, un método unilateral que no puede ser admitido en la ciencia.

“... Es necesario ser sensualista –escribía–, pues, por mucho que los idealistas hablen, no se puede conocer lo cognoscible sino a través de los sentidos; las sensaciones son el principio del conocimiento, dan como un primer impulso a la actividad de la capacidad cognoscitiva. Pero no hay que detenerse ahí cuando empleamos el método experimental, hay que dejar un lugar, y un lugar grande, a la especulación; los hechos son de una importancia capital, pero ellos solos, de por sí, dicen aún poco a la razón.”73

El conocimiento empírico y racional eran comparados por el materialista ruso a dos hemisferios de Magdeburgo que se buscan constantemente y que después de encontrarse no hay caballo que pueda separarlos.

Oponiéndose a los agnósticos, Herzen estaba profundamente convencido de que los hombres pueden tener una idea fiel del mundo; no hay, pues, razón alguna para poner en duda la veracidad del conocimiento humano. El agnosticismo significaba para él un peligro extremo para el progreso de la ciencia y se enfrentaba enérgicamente a los escépticos, que tienen como divisa: “según parece”. “El escepticismo revelaba una infinita subjetividad sin la menor objetividad”,74 lo que empujaba a los hombres a un vacío, a algo que carece por completo de contenido.

El agnosticismo pone límites a la capacidad de conocimiento de la razón humana. Herzen demuestra que “estos límites son inconsistentes; trazados [246] por la voluntad individual, son tan ajenos al objeto como lo es al campo la valla alzada en torno por el derecho de propiedad”.75

Herzen no poseía aún, empero, una noción fiel y consecuente acerca de lo que ha de ser criterio de la verdad. En sus Cartas sobre el estudio de la naturaleza admite en calidad de tal la razón, y al mismo tiempo afirma que la verdad es comprobada no sólo por el pensamiento, sino también por la existencia. Esta la entendía de un modo naturalista, y no veía que el criterio para dilucidar la verdad reside en la práctica histórico-social, y sobre todo en la actividad productiva de los hombres.

Durante toda su vida, Herzen defendió apasionada e incansablemente la alianza de la filosofía y las ciencias naturales. Afirmaba que “la filosofía que no se apoya en las ciencias especiales, en el empirismo, es un fantasma, es metafísica, idealismo. El empirismo que se basta a sí mismo fuera de la filosofía es un catálogo, un diccionario, un inventario: de lo contrario no sería fiel a sí mismo”.76 El aislamiento existente entre la filosofía y las ciencias de la naturaleza lo veía como una penosa herencia del idealismo, del que tanto una como otras habían de apartarse para siempre. Asistía toda la razón a Herzen cuando afirmaba que “sin ciencias naturales el hombre moderno no tiene salvación; sin este sano alimento, sin esta severa educación del pensamiento por los hechos, sin esta proximidad a la vida que nos rodea, sin la aceptación de su independencia, allá en el alma quedará una celda monástica, y en ésta un elemento místico que, como un agua oscura, puede extenderse por todo el entendimiento”.77

En esa separación de la filosofía y las ciencias naturales veía Herzen restos de la influencia de la escolástica medieval, que miraba a las ciencias positivas con desprecio, como algo bajo e indigno de la filosofía pura, y buscaba la verdad “más allá de ella misma”, no en las ciencias naturales ni en el conocimiento de la realidad, sino en las afirmaciones de alguna autoridad reconocida del pasado.

“La escolástica despreciaba de tal modo la naturaleza que le era imposible ocuparse de ella; la naturaleza contradecía terriblemente el dualismo de los escolásticos; no tomaba parte en sus discusiones interminables; ¿podía contar acaso con el interés de aquellos hombres, convencidos como estaban de que la sabiduría suprema existía sólo en sus definiciones, clasificaciones, etc.? En general, consideraban la naturaleza como una vil esclava, dispuesta a cumplir los arbitrarios caprichos del hombre, a favorecer todos sus impulsos impuros, a apartarle de la vida elevada; pero a la vez temían su secreta y diabólica influencia, pues estaban convencidos de que todo el universo mantenía relaciones directas –malévolas o benévolas– con cada hombre. Es lógico que en vez de las ciencias naturales surgieran la astrología, la alquimia y la magia.”78

Herzen hace la crítica del idealismo en lógica y demuestra que la tesis de que existen formas sin contenido es el rasgo característico de la lógica escolástica. [247]

“... Una logomaquia trivial y huera –escribe–, apoyada en las autoridades, era aceptada como verdad; cuando más amanerada, farragosa e incomprensible era la forma, tanto más insigne se estimaba al autor. Se escribían tomos enteros comentando absurdamente a Aristóteles; talentos, energías, vidas enteras se invertían en la más inútil logomaquia. Pero, entre tanto, el horizonte se ensanchaba; el estudio de los escritores antiguos introducía obligatoriamente ideas frescas y vivas, cuya influencia fue incalculable. La mente medieval –no habituada a pensar por cuenta propia, débil, perezosa y formal– no podía renunciar por sí misma a su yerto formalismo; carecía de un lenguaje humano que le permitiera decir algo positivo; finalmente, se avergonzaba de hablar de algo positivo porque lo consideraba un absurdo.”79

También sometió a crítica el materialismo y el empirismo vulgares, que negaban el valor de los conceptos generales y veían en el pensamiento una secreción del cerebro.

Herzen, ateo militante, combate abiertamente la doctrina religiosa de la creación del mundo. La religión, según él, es un freno que actúa sobre las masas, un medio probado para mantenerlas en el temor, una pantalla que impide al pueblo ver claramente lo que ocurre en la tierra y le hace levantar sus miradas al cielo. También critica la reaccionaria doctrina de la Iglesia de que los destinos de la humanidad han sido predeterminados por Dios y de que es imposible conocer las vías de desarrollo de la historia.

Herzen aceptaba las ideas de la Ilustración sobre el origen de la religión y consideraba erróneamente que ésta se basa en el engaño de las gentes ignorantes por sus opresores.

Aún es más vigorosa su crítica cuando se refiere a Schelling, a los eslavófilos y a los adeptos del “populismo oficial”, que querían poner la ciencia al servicio de la teología y pedían que la filosofía y la ciencia se guiaran por los dogmas de las “Sagradas Escrituras” y por la doctrina de los padres de la Iglesia.

El materialismo de Herzen, como el de los demás demócratas revolucionarios rusos del siglo XIX, era históricamente limitado. No se extendía al conocimiento de la historia de la sociedad. Herzen no comprendía aún el papel del trabajo en la evolución del hombre, ni la función decisiva de la actividad práctica, productiva, en la aparición y desarrollo de la conciencia humana. Pero sí veía claro que la filosofía, ella sola, no ayuda a comprender el puesto del hombre en el mundo, y tanto menos a explicar su conducta en la sociedad.

“La misión de la fisiología –dice– consiste en estudiar la vida desde la célula hasta la actividad del cerebro. Esa misión termina donde empieza la conciencia, y se detiene en el umbral de la historia. El hombre social escapa a la fisiología; la sociología, en cambio, se apodera de él en cuanto sale del simple estado animal.”80

Una de las manifestaciones de la limitación histórica que puede advertirse en las concepciones de Herzen es el hecho de que llamara “realismo” a su concepción materialista del mundo; a ello le movía el deseo de evitar [248] que la confundiesen con el materialismo vulgar, bastante extendido en Europa en la segunda mitad del siglo XIX.

A menudo encontramos en Herzen una falta de precisión en cuanto a los términos filosóficos que emplea; por ejemplo, al idealismo lo llama a veces racionalismo, o al materialismo, empirismo; y siguiendo a Hegel, habla de la “racionalidad” del ser, etc. Pero esas inexactitudes terminológicas –que aparecen en las Cartas sobre el estudio de la naturaleza– son restos de un “hegelianismo no digerido”, es decir, del idealismo, y no autorizan a considerarlo a él como idealista y a las Cartas como una expresión del punto de vista del idealismo, como hizo Plejánov en sus artículos sobre Herzen.

En su examen del desarrollo histórico de la filosofía, a diferencia de Hegel, que en su Historia de la filosofía mira con desprecio al materialismo, Herzen destaca siempre los sistemas y las escuelas materialistas y señala su papel en el desarrollo de la filosofía y de las ciencias naturales. Aprecia favorablemente las doctrinas de Heráclito, Demócrito, Epicuro, Lucrecio Caro, Giordano Bruno y los enciclopedistas del siglo XVIII, aunque a veces exagera el “carácter unilateral” de estos últimos y no estima suficientemente su papel en la filosofía. Herzen trataba de presentar un cuadro objetivo del desarrollo del pensamiento filosófico. Critica a los “formalistas” y “budistas” (es decir, a los hegelianos) por su idealismo y dogmatismo, por su renuencia a vincular la filosofía con las tareas prácticas de la vida y por el menosprecio que sienten hacia la naturaleza y las ciencias naturales.

Al no elevarse hasta el materialismo histórico, no “podía ofrecer una interpretación materialista de la historia de la filosofía. No muestra la lucha que se libra dentro de ella ni pone de relieve su base clasista. Con todo y con eso, las Cartas sobre el estudio de la naturaleza constituyen una valiosa tentativa de seguir la evolución de la filosofía progresiva en relación con la historia de la ciencia.

Los mejores filósofos europeos tenían en gran estima las ideas materialistas y ateas de Herzen. L. Feuerbach, que tanto había contribuido a la formación de Herzen, conocía sus obras y expresó a su autor su “estimación profunda”.81

A diferencia del materialismo metafísico de los siglos XVII y XVIII, la concepción materialista del mundo de Herzen se apoyaba en la dialéctica, estaba impregnada del modo dialéctico de estudiar la realidad.

Herzen se opone valientemente a las ideas metafísicas sobre la naturaleza y sus fenómenos, y las rechaza por considerar que se contradicen con la realidad y con los datos de las ciencias naturales. “Al abordar la naturaleza, se acostumbra a confinarla en el dominio de la materia y a exigirle como Josué al sol: «¡Detente! ¡Sé una masa inerte mientras yo te examino!» Pero a la naturaleza no se la puede detener, pues es un proceso, una corriente, marea, movimiento...”82

A la dialéctica, en que se apoyaba, la llamaba Herzen el “álgebra de la revolución”, y en ella veía la base teórica de las transformaciones democrático-revolucionarias [249]. “... La fidelidad al pasado (a lo caduco) es un estorbo para el presente... –decía–. Todo cuanto se detiene y se vuelve hacia atrás, se petrifica como la mujer de Lot y queda abandonado en el camino. La historia pertenece siempre a un partido: al partido del movimiento.”83

La dialéctica del demócrata revolucionario ruso tenía su fuente en la dialéctica idealista de Hegel, si bien se diferenciaba sustancialmente de esta última.

Herzen veía en la filosofía de Hegel una contradicción entre los principios dialécticos, revolucionarios, y el sistema idealista y conservador, que guardaba relación con las reaccionarias opiniones políticas del filósofo alemán. Hegel, decía Herzen, “no se atrevió a admitir todas las consecuencias que se derivaban de sus principios, y de ahí la inevitable falta de claridad de muchas de sus conclusiones prácticas. No quiere el resultado verdadero, natural, que se desprende por sí mismo, sino que exige además que se halle acorde con lo existente”.84

Para Herzen, el método dialéctico es sinónimo de vida y deriva de la naturaleza misma. Defendía el principio dialéctico de que los objetos, los fenómenos de la naturaleza, se encuentran en un proceso de constante cambio y desarrollo; la naturaleza es un fluir eterno en el que nada se estanca, en el que se produce un eterno cambio de formas y lo viejo es eternamente repudiado y sustituido por lo nuevo. La dialéctica, según Herzen, no le viene a la naturaleza de fuera, pues ella misma es un proceso infinito de desarrollo dialéctico que va de las formas más simples y primitivas a las más complejas y organizadas, culminando en el hombre y el pensamiento. “Los mundos surgen incesantemente, lo mismo que los hongos y los infusorios; no son hechos, no aparecen ya terminados, sino que se hacen: unos existen ahora, otros apenas si empiezan a esbozarse, los terceros acaban su vida en esta forma.”85

En los trabajos de Herzen se observa un criterio dialéctico en cuanto al pensamiento humano y a su historia. La naturaleza no conoce el reposo, no tolera la osificación de castas; de ahí, afirma, que la historia del pensamiento sea una prolongación de la historia de la naturaleza, pues el mundo humano no se halla separado de ésta por un muro infranqueable. El hombre es un producto de la naturaleza, su desarrollo supremo, lo que corona éste.

“... El hombre tiene su misión universal en la propia naturaleza, que consiste en coronar ésta elevándola a pensamiento...”86 Sin el hombre, añade, la naturaleza es algo imperfecto, inacabado, mudo. Sólo a través del hombre llega la naturaleza a conocerse a sí misma.

Herzen admitía la existencia de contrarios, su lucha y su unidad. En la naturaleza, consideraba, los contrarios a cada paso se combinan, lo infinito no está separado de lo finito, así como tampoco lo eterno de lo temporal ni la unidad de la variedad. La lucha de los contrarios conduce a la negación dialéctica de lo viejo por lo nuevo. “La negación toma toda su fuerza de aquello que niega, del pasado; no puede ni perdonarlo por [250] agradecimiento ni destruirlo por odio; es como el fuego, que quema lo existente y que debe su existencia precisamente a la materia que consume...”87

En esta lucha de las fuerzas contrarias de lo viejo y lo nuevo, lo viejo no cede su sitio de grado a lo nuevo, sino a consecuencia del agotamiento de todas sus fuerzas y posibilidades; lo nuevo conquistas su puesto en la vida después de luchar con lo viejo y de vencerlo.

Herzen extrae de la dialéctica conclusiones revolucionarias; afirma que “no es posible comprender ni a la humanidad ni a la naturaleza si damos de lado al desarrollo histórico”; vale más morir con la revolución que “salvarse en el asilo de la reacción”.

Apoyándose en la dialéctica, Herzen tenía fe absoluta en que las fuerzas progresivas de la humanidad, a pesar de todos los obstáculos, acabarían por abrirse camino y vencerían cuanto se oponía a su avance. En su trabajo Desde la otra orilla rechaza el principio liberal reformista del “amor universal y reconciliación” y dice a los hombres de vanguardia de la sociedad: “... Exigid, en vez de amor a la humanidad, odio a todo cuanto hay tirado en el camino y dificulta el avance. Ya es hora de atar a todos los enemigos del desarrollo y de la libertad (es decir, a la burguesía y a los terratenientes) con una misma cuerda, lo mismo que ellos atan a los presos...”88

La crítica de la filosofía idealista y la elaboración de una serie de principios del método dialéctico figuran entre los méritos históricos de Herzen. No pudo, sin embargo, unir de manera consecuente y orgánica la dialéctica y el materialismo, para lo cual hacía falta aplicar este último al conocimiento de la sociedad; no pudo desarrollar sus ideas dialécticas en una ciencia de las leyes generales de desarrollo de la naturaleza, de la sociedad y del pensamiento humano. Aunque él mismo se incluía justamente en el “partido del movimiento”, en virtud de las condiciones históricas de la Rusia de su tiempo, no pudo comprender hasta el fin el papel histórico universal del proletariado; no fue más allá del socialismo utópico y, en lo fundamental, no abandonó el idealismo en cuanto a sus opiniones sobre la sociedad. Con todo y con ello, la teoría materialista y las ideas dialécticas de Herzen son una gran conquista del pensamiento filosófico anterior a Marx en la primera mitad del siglo XIX, una valiosa aportación al acervo de la cultura universal.

“En la Rusia feudal de los años 40 del siglo XIX –escribe Lenin sobre Herzen– supo elevarse a la misma altura que los más grandes pensadores de su tiempo. Hizo suya la dialéctica de Hegel. Comprendió que ésta es el «álgebra de la revolución». Fue más allá que Hegel, hasta el materialismo, siguiendo a Feuerbach. La primera de las Cartas sobre el estudio de la naturaleza –«Empirismo e idealismo»–, escrita en 1844, nos muestra a un pensador que, incluso ahora, está a cien codos por encima de un sinfín de naturalistas empíricos contemporáneos y de una infinidad de actuales filósofos idealistas y semiidealistas. Herzen se acercó de lleno al materialismo dialéctico y se detuvo ante el materialismo histórico.”89 [251]

Las concepciones sociológicas y estéticas de Herzen son consecuencia de sus ideas democrático-revolucionarias y de su socialismo utópico.

En sociología defiende los principios de la evolución progresiva de la sociedad hacia el socialismo y condena las doctrinas que quieren perpetuar el capitalismo. Critica a éste y a la falsa democracia burguesa, en la que ve a un mundo “decrépito y agónico”. Herzen estaba convencido de que el reino del capitalismo tendría su fin, del mismo modo que lo había tenido el mundo feudal, aristocrático. “De ahí –dice– que el socialismo nos atraiga mucho más que todas esas bellas teorías de la igualdad de poderes y del equilibrio de los gobiernos.”90

Aunque no siempre es consecuente, Herzen aplica la idea de la lucha de clases (a las que a menudo identifica con los estamentos), haciendo ver el carácter ineluctable de la revolución y de su triunfo sobre la tiranía de las clases explotadoras: “El trabajo por una parte y el capital por otra, el obrero por un lado y la máquina por otro, el hambre por una parte y las bayonetas por otra. Por mucho que el socialismo gire en torno a su problema, no tiene otra salida que la piqueta y el fusil.”91

Herzen, que consideraba la historia de la sociedad como un infinito proceso progresivo, denuncia a los filósofos reaccionarios y a los sociólogos providencialistas, para quienes los destinos de los pueblos han sido determinados por Dios y los regímenes sociales existentes son eternos y no pueden ser modificados por los hombres. Estaba también lejos de las teorías metafísicas que explican toda la historia pasada (régimen de la esclavitud, feudalismo) como fruto de errores y equivocaciones. La aparición de todas las formas históricas de la vida social, dice, ha estado sujeta a leyes.

La historia de la humanidad no conoce, según Herzen, límites en su desarrollo, ni tiene vías ni itinerarios marcados por nadie, ni estaciones ni apeaderos. Estaba convencido de que la fuerza principal que obra en la historia es el pueblo. Y al pueblo, como creador de los destinos históricos de la humanidad, se vuelven las miradas de Herzen. No negaba por ello el valor de los grandes hombres en la historia; la personalidad es un producto del medio social y “naturalezas geniales se encuentran casi siempre cuando son necesarias”.

Veía Herzen que el desarrollo social se cumple siempre mediante la lucha de fuerzas opuestas. Atribuía gran importancia al estudio de la evolución de la vida material de la sociedad, y afirmaba que el socialismo ha de apoyarse en la economía política, convirtiéndola de “una recopilación empírica de razonamientos y observaciones, que no se atreve a tocar las sagradas fortalezas de lo existente, en una ciencia económica que arremeta contra todo”.92 No comprendió, sin embargo, el papel decisivo de la producción material en el desarrollo de la vida social, razón por la cual no estaba en condiciones de dar una base científica a sus teorías socialistas con ayuda de la ciencia económica. Partiendo, en lo fundamental, de una concepción idealista de la historia, veía en ésta ante todo el progreso de la conciencia, del pensamiento humano, que tendía hacia una [252] organización racional de la vida y al logro de la armonía entre el individuo y la sociedad. Pero veía también que, de hecho, el desarrollo de la vida social no sigue al desarrollo del pensamiento, por lo que llegaba a la conclusión de que “la vida tiene su embriogenia, que no coincide con la dialéctica de la razón pura”.93

Herzen combate en sus obras que haya un pueblo “elegido de Dios”, como afirmaban los idealistas alemanes y los eslavófilos rusos. “No hay un pueblo entre todos los que entraron en la historia –dice– al que se pueda considerar un rebaño animal, como tampoco hay un pueblo que merezca llamarse conjunto de elegidos.”94

Dentro de las concepciones filosóficas de Herzen, un lugar importante corresponde a los problemas de la ética. En ella muéstrase adversario decidido de la moral religiosa y ascética. Los principios morales, afirmaba, son de origen terreno, y no divino; deben determinarse no por la fe en una imaginaria “felicidad de ultratumba”, sino por la aspiración a una organización racional y justa de la vida real y terrena de los hombres. No existen principios morales eternos e inmutables.

El destino y la misión del hombre está en su actividad histórico-social. La moral del “amor universal” le era extraña. El humanismo de Herzen es de un carácter democrático revolucionario, y en él entra, además del apasionado amor al pueblo oprimido, el odio irreconciliable a los enemigos y opresores del pueblo.

Herzen aportó también su valiosa contribución a la estética. Escritor realista como era, afiliado al campo de la democracia revolucionaria, combate la reaccionaria teoría del “arte puro” y condena el apoliticismo y la vacuidad ideológica en la literatura. En el espíritu popular y en el realismo de ella y en su disposición a seguir a la sociedad, veía Herzen la garantía firme de su desarrollo.

“El rasgo principal de la literatura contemporánea –escribía– es la autopsia patológica. Esto constituye una nueva negación del orden existente; contrariamente a la voluntad imperial, se ha abierto paso desde el fondo de la conciencia ya despierta...”95

Herzen desarrolla las ideas materialistas sobre el arte y resalta los vínculos de éste con la vida, el carácter objetivo de las categorías estéticas, que no pueden cambiar “a voluntad del primero que se presente”.

Lo bello es creado por la vida; la literatura y el arte reflejan conflictos reales. “El arte –añade– no hace ascos a nada, todo lo puede representar cuando pone sobre ello el sello imborrable de lo bello...”96 Herzen comprendía claramente que el arte es un fenómeno social y que es imposible explicarlo si recurrimos únicamente a las leyes de la naturaleza descubiertas por los hombres de ciencia.

En una carta a su hijo, Herzen escribía: “Todos los fenómenos del mundo histórico... se basan en la fisiología, pero van más allá.

Tomemos, por ejemplo, la estética. Lo bello, por supuesto, no es una excepción de las leyes de la naturaleza: es imposible reproducirlo sin recurrir [253] a la materia, es imposible sentirlo sin órganos. Pero ni la fisiología ni la acústica pueden proporcionar una teoría de la creación artística.
La memoria hereditaria, la civilización tradicional, todo cuanto se deriva de la convivencia de los hombres y del desarrollo histórico, todo ha producido un medio moral que tiene sus elementos, sus cualidades y sus leyes, que son muy reales aunque se presten poco al experimento fisiológico.”97

En las obras de Herzen se abordan históricamente el arte y los ideales de belleza. En el artículo El diletantismo en la ciencia considera los distintos estilos y orientaciones del arte como etapas históricamente necesarias del desarrollo de la humanidad en este campo. El clasicismo y el romanticismo son para él dos etapas históricas; “eran vivos, verdaderos bellos, necesarios y profundamente humanos”98 en su tiempo, pero en el siglo XIX llegaron a convertirse en “sombras de difuntos”. Muestra que la Edad Moderna ha dado origen a un arte nuevo, realista, al arte de Shakespeare, Goethe, Pushkin y Gógol. En sus producciones literarias, como ¿Quién es el culpable?, La urraca ladrona y El doctor Krúpov, Herzen critica el régimen de servidumbre, que llevaba al fracaso a los mejores hombres, y hace un brillante canto a las ideas de democracia y de humanismo.

Los trabajos de Herzen y la imprenta libre que él creó en el extranjero inspiraron y alentaron durante varios decenios a la lucha revolucionaria a los hombres que dentro de Rusia mantenían el fuego del movimiento de liberación. De ahí que V. I. Lenin, en su obra ¿Qué hacer?, hablase de Herzen como uno de los precursores de la socialdemocracia rusa.

En su artículo En memoria de Herzen, precisa Lenin con las siguientes palabras el lugar que corresponde al gran pensador en la historia: “Al honrar a Herzen, el proletariado, en su ejemplo, aprende el gran valor de la teoría revolucionaria; aprende a comprender que la fidelidad sin límites a la revolución y la propaganda revolucionaria dirigida al pueblo no se pierden ni aun cuando decenios enteros separan la siembra de la siega; aprende a determinar el papel que las diferentes clases desempeñan en la revolución rusa y en la internacional. Enriquecido con estas enseñanzas, el proletariado se abrirá camino hacia la unión libre con los obreros socialistas de todos los países, después de aplastar a la monarquía zarista, la hidra contra la que Herzen fue el primero en levantar la gran bandera de lucha, dirigiendo a las masas la palabra rusa libre.”99




{57} A. I. Herzen, Obras completas, en treinta tomos, t. VI, Moscú, 1955, pág. 43.

{58} V. I. Lenin, En memoria de Herzen. V. I. Lenin, Obras escogidas, en dos tomos, trad. esp., t. I, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Moscú, 1948, pág. 815.

{59} V. I. Lenin, En memoria de Herzen. En Obras escogidas, ed. cit., t. I, páginas 813-814.

{60} A. I. Herzen, Obras completas, t. I, Moscú, 1954, pág. 24.

{61} Ibídem.

{62} A. I. Herzen, Obras completas y cartas, t. XIII, Petrogrado, 1919, pág. 20.

{63} Ibídem, t. VI, pág. 398.

{64} A. I. Herzen, Obras completas,t. III, Moscú, 1954, pág. 61.

{65} Ibídem, pág. 48.

{66} A. I. Herzen, Obras completas y cartas, t. IX, pág. 162.

{67} A. I. Herzen, Cartas sobre el estudio de la naturaleza. En Obras filosóficas escogidas, trad. esp. de J. Vento, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Moscú, 1956, púginas 129-130.

{68} A. I. Herzen, Cartas sobre el estudio de la naturaleza. En Obras filosóficas escogidas, ed. cit., págs. 140-141.

{69} A. I. Herzen, Obras completas y cartas, t. IX, pág. 160.

{70} A. I. Herzen, Cartas sobre el estudio de la naturaleza. En Obras filosóficas escogidas, ed. cit., pág. 120.

{71} A. I. Herzen, Cartas sobre el estudio de la naturaleza. En Obras filosóficas escogidas, ed. cit., pág. 114.

{72} Ibídem, pág. 136.

{73} A. I. Herzen, Obras completas, t. I, pág. 23.

{74} A. I. Herzen, Cartas sobre el estudio de la naturaleza. En Obras filosóficas escogidas, ed. cit., pág. 212.

{75} A. I. Herzen, Cartos sobre el estudio de la naturaleza. En Obras filosóficas escogidas, ed. cit, págs. 103-104.

{76} Ibídem, pág. 110.

{77} A. I. Herzen, Obras completas y cartas, t. XII, pág. 106.

{78} A. I. Herzen, Cartas sobre el estudio de la naturaleza. En Obras filosóficas escogidas, ed. cit., pág. 236.

{79} A. I. Herzen, Cartas sobre el estudio de la naturaleza. En Obras filosóficas escogidas, ed. cit., pág. 239.

{80} A. I. Herzen, Obras completas y cartas, t. XXI, 1923, pág. 6.

{81} El legado literario, t. LXII, 1955, pág. 706.

{82} A. I. Herzen, Cartas sobre el estudio de la naturaleza. En Obras filosóficas escogidas, ed. cit., pág. 138.

{83} A. I. Herzen, Obras completas, t. V, 1955, pág. 202.

{84} Ibídem, t. II, 1954, pág. 230.

{85} A. I. Herzen, Obras completas y cartas, t. IX, pág. 160.

{86} A. I. Herzen, Obras completas, t. III, pág. 127.

{87} A. I. Herzen, Obras completas, t. II, pág. 174.

{88} Ibídem, t. VII, pág. 85.

{89} V. I. Lenin, En memoria de Herzen. V. I. Lenin, Obras escogidas, trad. esp., ed. cit.. t. I, pág. 812.

{90} A. I. Herzen, Obras completas y cartas, t. VII, Petrogrado, 1919, pág. 229.

{91} Ibídem, t. X, pág. 117.

{92} Ibídem, t. XVIII, 1920, pág. 119.

{93} A. I. Herzen, Obras completas, t. VI, pág. 29.

{94} A. I. Herzen, Obras completas y cartas, t. VI, pág. 442.

{95} Ibídem, pág. 342.

{96} Ibídem, t. XV, 1920, pág. 246.

{97} A. I. Herzen, Obras completas y cartas, t. XXI, púgs. 6-7.

{98} A. I. Herzen, Cartas sobre el estudio de la naturaleza. En Obras filosóficas escogidas, ed. cit., pág. 36.

{99} V. I. Lenin, En memoria de Herzen. En Obras escogidas, trad. esp., ed. cit., t. I, pág. 817.