Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSS
Tomo 2 ❦ Capítulo IV
Desarrollo de la filosofía en Rusia durante el período de crisis del régimen de servidumbre y de paso al capitalismo (1825 a 1860). La filosofía materialista de la democracia revolucionaria rusa.
Las premisas económico-sociales del desarrollo de la filosofía en Rusia en el segundo cuarto del siglo XIX y en el decenio que le sigue aparecen en el proceso de desintegración del régimen feudal de servidumbre y de formación del capitalismo. En ese período la desintegración de las relaciones feudales se acelera sensiblemente y en la economía del país se incrementan y se perfilan más netamente los rasgos nuevos, capitalistas.
Durante el segundo cuarto del siglo XIX se opera en la agricultura un proceso en virtud del cual los campesinos son desposeídos de sus tierras; la causa de ello está en que los propietarios trataban de aumentar la producción mercantil de sus haciendas mediante la ampliación de las tierras señoriales a expensas de las parcelas campesinas. Parte de los campesinos son colocados en la situación de censatarios; el importe de esos censos en metálico es aumentado y todo eso obliga a los campesinos a buscar un jornal fuera de la hacienda. Eso acelera la desintegración de las relaciones feudales en la agricultura.
También se observan entonces fenómenos nuevos en la industria: crece el empleo de las máquinas, que vienen a sustituir al trabajo manual, y adquiere un mayor volumen el empleo de mano de obra asalariada.
Pero el régimen de servidumbre, con su economía natural y la adscripción de los campesinos a la tierra, entorpecía los avances de la industria. En el sentido técnico y económico se acentuaba el atraso de la Rusia feudal respecto de los países capitalistas de Europa Occidental, industrialmente desarrollados.
La creciente discordancia entre las relaciones de producción y el carácter de las fuerzas productivas hace que en el segundo cuarto del siglo XIX el sistema económico feudal, basado en la servidumbre, entre en un período de honda crisis.
De conformidad con las modificaciones producidas en la economía del país se originan cambios en la estructura de clase de la sociedad, que se va amoldando a la organización capitalista. Es muy intenso el proceso de “empobrecimiento” de parte de las haciendas señoriales, que tenía su origen en la baja productividad del trabajo del siervo. La explotación servil, al intensificarse, empeora la situación de los campesinos. Iníciase la diferenciación interna de éstos y comienzan a aparecer los kulaks o campesinos [210] ricos. En las ciudades se observa un incremento sensible de la burguesía, y en particular de los comerciantes, capa que se nutre principalmente de campesinos acomodados que se emanciparon a cambio de un rescate. De año en año aumenta el número de obreros asalariados, sólidamente vinculados a la producción fabril. Comienza a aparecer una intelectualidad plebeya.
La decadencia de la hacienda señorial, el escaso rendimiento del siervo y el incremento de la lucha de los campesinos contra sus explotadores hace que parte de los terratenientes se inclinen hacia la abolición de la servidumbre y el empleo de trabajo asalariado en la agricultura. La incipiente crisis del sistema económico de la servidumbre abona así el terreno para la aparición del liberalismo entre los terratenientes. Mientras que la generalidad de ellos trataba por todos los medios de mantener el régimen de servidumbre, los terratenientes liberalizantes consideraban posible la abolición de tal régimen; no admitían, sin embargo, ni la idea de que era necesario poner fin a la gran propiedad agraria y a la monarquía autocrática-terrateniente.
La burguesía, cierto, estaba interesada en la abolición de la servidumbre; mas las particularidades del desarrollo del capitalismo en Rusia hacen que no llegara a convertirse en una fuerza revolucionaria. Débil económicamente y políticamente medrosa, la burguesía rusa –compuesta en buena parte de comerciantes al servicio del sistema feudal– estaba ligada a la autocracia, que mantenía una política proteccionista favorable a sus intereses y le concedía diversos privilegios. Testigo como era de los progresos del movimiento obrero en Occidente, la burguesía apoyaba al zarismo, en el que veía la fuerza capaz de cortar toda manifestación revolucionaria entre los trabajadores de Rusia.
La clase revolucionaria de Rusia la formaban en el segundo cuarto del siglo XIX los campesinos, vitalmente interesados en la destrucción de las relaciones de producción de la servidumbre y en la supresión de la gran propiedad territorial. Al propio tiempo, singularmente desde 1830, crece el movimiento espontáneo de los campesinos contra la servidumbre. Entre 1826 y 1851 se producen 712 agitaciones campesinas.
Simultáneamente menudean las revueltas de los obreros siervos empleados en las manufacturas particulares y del Estado, y también de los soldados y marineros.
Cobra nuevos bríos asimismo el movimiento de liberación entre los pueblos oprimidos de Rusia. Revueltas y levantamientos se producen de 1830 a 1850 en Ucrania, Bielorrusia, Polonia y países del Báltico.
Bajo la influencia del movimiento espontáneo de los campesinos, entre los intelectuales plebeyos y en el seno de la parte avanzada de los nobles maduran opiniones progresivas contrarias a la servidumbre, y en algunos cares tendencias revolucionarias. Ejercen gran repercusión sobre los mejores hombres de Rusia la revolución de 1830 en Francia, el movimiento cartista de Inglaterra y, particularmente, las revoluciones de 1818 y 1819 en Francia. Alemania, Italia, Austria y Hungría. El movimiento contra la servidumbre, que no deja de crecer en Rusia, significaba una amenaza directa para la existencia del régimen feudal. Pero en el segundo cuarto del siglo XIX no existía aún una situación revolucionaria. El movimiento campesino no había quebrantado todavía hasta sus cimientos los pilares del régimen de servidumbre. Tampoco había estallado aún la "crisis en las [211] alturas"; la inmensa mayoría de los terratenientes tenía confianza en la estabilidad del sistema.
En los cuarenta años que aproximadamente transcurren desde el levantamiento de los decembristas, en 1825, hasta la caída de la servidumbre y del paso de Rusia al capitalismo, experimentan cambios muy sustanciales las premisas histórico-sociales e ideológicas del desarrollo del pensamiento social, comprendida la filosofía. Mas en su conjunto, la base de la evolución de la filosofía y de todo el pensamiento social es, en última instancia, la acentuada crisis del régimen de servidumbre y la creciente lucha que contra éste mantienen los campesinos.
Las tendencias principales del pensamiento político-social y filosófico de Rusia entre 1830 y 1850 reflejan las contradicciones crecientes y la lucha de clases que se libra en el seno de la sociedad rusa. Los ideólogos de los terratenientes feudales tratan de fundamentar “teóricamente” el carácter inconmovible del régimen autocrático de la servidumbre, afirman que la revolución es imposible en Rusia y tratan de colocar un valladar a los avances de las ideas revolucionarias. Esos fines había de cumplir la ideología del populismo oficial, doctrina reaccionaria aparecida hacia la década del 30 y que se basaba en los “principios protectores de la religión ortodoxa, la autocracia y el pueblo”. En esta fórmula el concepto de “pueblo” es totalmente falso y encubre la equivocada idea de que el pueblo ruso era pacifico y religioso. fiel al zar y a los terratenientes. La proclamó Uvárov, ministro de Educación, y fue recogida por los “eruditos” al servicio de la servidumbre. y en primer término por los profesores C. P. Sheviriov y M. P. Pogodin.
Los ideólogos del “populismo oficial” se esforzaban por demostrar que los “principios” de la vida rusa eran radicalmente distintos de los que regían la vida de los pueblos del Occidente europeo; por esto. afirmaban, en Rusia no hay terreno para la revolución, las ideas revolucionarias le llegan de fuera. A este objeto. Pogodin y otros historiadores “súbditos fieles” lanzan la reaccionaria concepción sociológica cuya tesis medular era la de que el proceso histórico de Rusia es completamente distinto del de los demás países europeos, pues en ella no existe lucha “interna”, es decir, la lucha de clases.
Los portavoces del “populismo oficial” presentaban a la autocracia como la mejor forma de poder. Tergiversaban sin escrúpulo el papel que realmente han cumplido las masas populares en la historia de Rusia y presentaban a su pueblo como un elemento pasivo. inerte, religioso y obediente a sus “señores”.
Dentro de la filosofía, los representantes del “populismo oficial” mantienen una lucha furiosa contra el materialismo y el ateísmo. a los que oponen la filosofía “cristiana”? basada en los dogmas de la Iglesia Ortodoxa.
La prensa, los establecimientos de enseñanza y otras instituciones sirven al gobierno zarista y a los terratenientes reaccionarios, ideólogos del “populismo oficial”, para difundir y propagar las falsas ideas de “unidad y paz” de todas las capas sociales del país, de que la revolución es imposible en Rusia. etc.
Los ideólogos del “populismo oficial” eran enemigos de la dialéctica: no se les escapaba su valor revolucionario a la vista de las conclusiones [212] que de ella extraían hombres como Belinski y Herzen. Sheviriov escribía que la doctrina de la lucha de los contrarios no hallaba confirmación en la vida. “Este principio de lucha, admitido en la filosofía contemporánea y falsamente aplicado a la naturaleza, al hombre y al Estado, es diametralmente opuesto a los principios de la filosofía cristiana”, y por eso, agregaba, quien defiende tal principio “pugna por algo muy peligroso”.1
La ideología del “populismo oficial” reflejaba la reacción de los terratenientes y aristócratas al movimiento de liberación en Rusia y a los acontecimientos revolucionarios de Europa, al materialismo y al ateísmo.
Una variedad peculiar de la ideología conservadora de los terratenientes, que en algunos puntos se adhería a la concepción del “populismo oficial”, era el llamado eslavismo. Aparece hacia 1840 y sus figuras principales son K. S. e I. S. Axákov, I. V. y P. V. Kireevski, A. S. Jomakov, Y. F. Samarin y A. I. Kosheliov.
A diferencia de los reaccionarios terratenientes feudales, los eslavófilos exponían a veces ideas liberales y criticaban el régimen de servidumbre y al gobierno zarista. Pero era una crítica medrosa que no iba más allá de sus “salones”. Inclinados a admitir la posibilidad de la emancipación de los campesinos, los eslavófilos no querían que se tocase la gran propiedad territorial. Criticaban algunos aspectos del régimen burocrático de Nicolás I, y en particular la preponderancia de los extranjeros en los organismos oficiales, pero defendían el régimen monárquico.
En materia de historia y sociología los eslavófilos veían la peculiaridad de la historia de Rusia en la supuesta ausencia de contradicciones y de lucha entre los distintos estamentos. De esa “peculiaridad” de la historia rusa, inventada por ellos, llegaban a la conclusión de que en Rusia las revoluciones eran imposibles. Los eslavófilos idealizaban las relaciones feudales y la comuna rural, afirmaban que en Rusia no había un derecho personal de propiedad sobre la tierra y atribuían un carácter patriarcal a las relaciones entre propietarios y campesinos.
Filosóficamense los eslavófilos eran idealistas. La doctrina mística de la “revelación divina” era para ellos la fuente de todo saber, consideraban que la verdadera filosofía había de ser “cristiana” y arremetían furiosamente contra el materialismo y el ateísmo. Al mismo tiempo afirmaban que la filosofía había de ser el “vehículo del pensamiento” entre la ciencia y e religión y que la razón había de subordinarse “voluntariamente” a la fe.
I. Kireevski afirmaba que únicamente es verdadera la filosofía que deriva de la doctrina de los “padres de la Iglesia”? y que, a la vez, corresponde “al estado actual de la ciencia y... a las exigencias y a los problemas de la razón moderna”. Tal filosofía, según él, ha de destruir “la dolorosa contradicción entre la razón y la fe, entre las convicciones internas y la vida exterior”.2
Esta filosofía “cristiana” pretendía, diciéndolo con palabras de Kireevski, “poner de acuerdo la fe y la razón, llenar el vacío que divide en dos a un mundo que exige la unidad, afirmar en el intelecto del hombre la verdad espiritual, que su Señor ve, sobre la verdad natural, elevar la [213] verdad natural a una relación acertada con la espiritual y unir, en fin, ambas verdades en un mismo pensamiento vivo”.3 De lo que en el fondo se trata, y a eso tendían I. Kireevski y los demás eslavófilos, es de subordinar la “verdad natural”, es decir, la de la ciencia, a la “verdad espiritual” o de la religión, y de limitar la razón para exaltar la fe.
Al subordinar la razón a la fe, los eslavófilos mostrábanse contrarios al racionalismo, sin exceptuar el racionalismo idealista de la filosofía alemana de fines del siglo XVIII y comienzos del XIX. Muchos teóricos del eslavismo aceptaban a la vez los principios idealistas de Schelling y Hegel. I. Kireevski, afirmaba, por ejemplo, que los sistemas idealistas de Hegel y Schelling no se oponían, en esencia, a la “doctrina” de los padres de la Iglesia; el único “error” de los filósofos idealistas alemanes era, según él, su racionalismo. Los eslavófilos se solidarizaban con la mística y reaccionaria “filosofía de la revelación” de Schelling, lamentando únicamente que éste hubiera recurrido a la mitología, y no a la religión ortodoxa.
En su crítica de Hegel, al que combatían por su racionalismo, los eslavófilos sostenían que el hombre no es capaz de conocer la verdad con ayuda de la ciencia, pues ese conocimiento es patrimonio de la Iglesia. “La ignorancia –escribía A. S. Jomiakov– es patrimonio inevitable de cada individuo en particular, lo mismo que el pecado... El conocimiento completo, al igual que la santidad inmaculada, pertenece sólo a la unidad de todos los miembros de la Iglesia.”4
Para los eslavófilos, su principal adversario en filosofía era el materialismo. El pensamiento, según lo veía A. Jomaikov, no puede ser “consecuencia de un proceso material”,5 es un principio independiente y autónomo. Jomaikov es a la vez enemigo declarado de la dialéctica. Más de una vez, decía, hemos tenido ocasión de oír que el desdoblamiento interno es un aspecto necesario en el desarrollo de los fenómenos de la naturaleza y de la sociedad. Pero, añade, “la unidad sana no necesita de un desdoblamiento cuya solución real es la muerte”.6
Con la filosofía “cristiana” guardan relación íntima las reaccionarias concepciones de los eslavófilos sobre la filosofía de la historia. Estos problemas encuentran su expresión más completa en Apuntes de la historia universal, de Jomiakov, en la obra de I. Kireevski que lleva por título El carácter de la instrucción en Europa y sus relaciones con la instrucción en Rusia, en los artículos de Axákov sobre los principios fundamentales de la historia rusa y en otros trabajos. En contraste con el “racionalismo católico” de Occidente, afirmaban los eslavófilos, Rusia adoptó el cristianismo en su aspecto puro e íntegro, y de ahí los principios específicos que inspiran su vida: la comuna rural, la resignación del pueblo y su “unión” con el monarca, la comunidad de ideas y de intereses de todos los hombres alcanzada gracias a la doctrina religiosa (la “idea ecuménica”), etc. Los teóricos del eslavismo eran paladines del régimen político monárquico y de la intangibilidad de la gran propiedad agraria, negaban la lucha de clases y las libertades políticas e idealizaban las relaciones patriarcales y de servidumbre anteriores a las reformas de Pedro I. Carecen de todo [214] fundamento las afirmaciones de filósofos idealistas reaccionarios posteriores y modernos (K. Leóntiev, N. Berdiáev, N. Losski y otros) de que los eslavófilos eran “demócratas convencidos”.
Los eslavófilos rechazaban la idea del desarrollo; incluso el pasado lo consideraban sometido a la acción de principios eternos e inmutables, y esto infundía un carácter totalmente metafísico a su doctrina.
Despreciando el materialismo y el pensamiento racional, es decir, el pensamiento por medio de categorías, conceptos, demostraciones y formas lógicas correctas, y proponiendo como instrumento del conocimiento la llamada “concepción integral”, en la que entraban los usos y costumbres y las aspiraciones “vitales” y “eternas” del hombre, el eslavismo conducía al mundo de la mística y se consideraba enemigo de la ciencia.
Contra los eslavófilos, y en primer término contra los reaccionarios empedernidos, o sea los ideólogos del populismo oficial, se pronunciaban los representantes de la tendencia revolucionaria en el pensamiento social de Rusia –Belinski, Herzen, Ovariov– y, en cierto grado, algunos intelectuales progresistas nobles –Stankévich, Chaadáev, Granovski– que, si bien combatían la servidumbre, no llegaban a reivindicar la lucha revolucionaria contra el zarismo.
Una posición afín a la de estos últimos ocupaba la tendencia liberal “occidentalista”, que tiene sus inicios entre 1840 y 1850 (V. P. Botkin, P. V. Annenkov, K. D. Kavelin, N. J. Kétcher y otros); aun discrepando de los eslavófilos en cuestiones parciales, mantenían en filosofía un criterio idealista y eran adversarios de la revolución. A esas posiciones, si bien no íntegramente, se adhiere hacia 1845 T. N. Granovski.
En el segundo cuarto del siglo XIX, la ideología antifeudal se eleva en Rusia a una nueva fase: se articulan en un sistema íntegro y se desarrollan las ideas político-sociales y filosóficas de los demócratas revolucionarios.
La ideología democrático-revolucionaria era la expresión teórica de los intereses y las aspiraciones de los campesinos oprimidos, que se levantaban a la lucha contra la servidumbre. Su formación guarda relaciones íntimas con los avances de la literatura, el arte y la ciencia de vanguardia en Rusia.
El segundo cuarto del siglo XIX es un período de gran esplendor para la literatura rusa. Influencia singular sobre los hombres de su tiempo ejerce la obra del gran poeta y clásico no superado de la literatura realista rusa A. S. Pushkin.
En las obras de Pushkin encontraban reflejo las ideas políticas y estéticas avanzadas de su tiempo. Pushkin, que con sus obras afirmaba el realismo en la literatura rusa, trabajó para dilucidar y definir los principios generales de la tendencia realista en el arte. La esencia del realismo (del “verdadero romanticismo”, según la expresión del poeta) la ve en la representación fiel de la realidad, y más que nada en la representación fiel de los caracteres y tipos humanos. El clasicismo. y el romanticismo, tal como ordinariamente era éste comprendido, los rechazaba Pushkin porque los cánones del primero y los principios del segundo no respondían a las exigencias de la verdad artística. En un artículo sobre el drama Marfa Posádnitsa, de M. P. Pogodin, decía Pushkin: “La verdad de las pasiones, [215] la verosimilitud de los sentimientos en las circunstancias supuestas: eso es lo que nuestra mente pide al escritor dramático.”7
Pushkin combate las ideas místicas relativas a la creación artística. La inspiración, según él, presupone, además de la fuerza y la tensión de la imaginación, una actividad racional. Una literatura es popular cuando refleja el carácter nacional y la vida del pueblo, su modo de pensar y de sentir, sus usos y sus costumbres.
Una brillante expresión del odio hacia la “chusma” mundana y de protesta contra el régimen de servidumbre la encontramos en la poesía de Lérmontov, el “cantor de la libertad”. También contribuyeron en gran medida a desenmascarar ese régimen las obras realistas de Gógol.
La obra de Pushkin y de Gógol abría una nueva etapa en la literatura rusa. Con ella se comenzaba a afirmar sólidamente el realismo crítico como tendencia fundamental de la literatura avanzada rusa del siglo XIX. Las producciones de Pushkin, Gógol y Lérmontov son un factor importante en la evolución del pensamiento social del país, en la interpretación filosófica de la realidad rusa.
En el segundo cuarto del siglo XIX se producen cambios sustanciales en el movimiento de liberación dentro de Rusia. Hasta 1861, aproximadamente, los nobles son los que predominan en ese movimiento. Pero entre los años 30 y 40 los avances de la ideología democrático-revolucionaria –portavoz del pensar y el sentir de los campesinos siervos– se hallan vinculados a la aparición en la palestra del movimiento de liberación de una capa social nueva, de los denominados raznochintsis o intelectuales que no procedían de la nobleza. En el período de 1825 a 1861 los nobles únicamente podían ser una fuerza seria en el movimiento revolucionario en la medida en que rebasaban las concepciones de los decembristas –primeros revolucionarios nobles– y se incorporaban a las filas de la democracia revolucionaria. Y fueron muy pocos, descontando a Herzen, Ogariov y algunos “petrashevtsis”, los que hacia 1810 emprendieron ese camino.
Los demás sectores de la nobleza contraria a la servidumbre no ocupaban entre 1830 y 1850 posiciones más avanzadas que los decembristas; antes al contrario, abandonaron los métodos revolucionarios de lucha de éstos, considerando que la abolición de la servidumbre podía ser alcanzada no por medio de la violencia, sino difundiendo la instrucción en el país.
La ideología opuesta al régimen de servidumbre, que inspiraba el movimiento de liberación y la cultura avanzada de Rusia, necesitaba de una seria base filosófica. Los intereses de la lucha contra el régimen de servidumbre, en vías de desaparición, exigían que se denunciara al principal baluarte espiritual del feudalismo –la religión y la Iglesia–; exigían la crítica de las concepciones filosóficas idealistas y místicas y reclamaban, por último, la alianza de la filosofía con las ciencias de la naturaleza.
El pensamiento filosófico progresista de Rusia había de refutar las doctrinas metafísicas de los filósofos y sociólogos reaccionarios, que justificaban y “fundamentaban” el carácter inmutable del régimen feudal de la servidumbre, de la monarquía y del predominio de la Iglesia, y para quienes la vida social descansaba en Rusia sobre soportes inconmovibles. [216]
Respondiendo a los imperativos históricos de la vida social, los mejores pensadores de Rusia tratan de demostrar que los cambios en los sistemas sociales y políticos están sujetos regularmente a cambios; hacen ver la necesidad de las transformaciones sociales y de la lucha de las fuerzas progresivas de la sociedad para la consecución de tales transformaciones.
En aquellos momentos, en que la orientación realista en la literatura y el arte –que tanto contribuyó al despertar de los hombres avanzados a la actividad social– entraba en franca contradicción con las teorías idealistas imperantes en la estética, el pensamiento filosófico progresivo había de proporcionar una explicación teórica a los nuevos principios estéticos que habían plasmado en el arte realista.
Los problemas teóricos a cuyo esclarecimiento habían de dedicarse los filósofos avanzados de Rusia entre 1830 y 1860 derivaban directamente de las exigencias históricas de una transformación democrático-burguesa del país, de la necesidad de proporcionar una base ideológica al movimiento de liberación de los campesinos dirigido contra la servidumbre. Al mismo tiempo, trataban de asimilar la experiencia histórica de otros países. En su lucha contra las formas contemporáneas del idealismo exponían y desarrollaban nuevos argumentos científicos en pro del materialismo y del ateísmo. En ellos encontramos intentos de abandonar el método metafísico de pensamiento, incapaz de dar una explicación científica de los nuevos procesos de la vida social y de los descubrimientos en el campo de la ciencia, y de sustituirlo por otro nuevo, por un método más apropiado, como es el método dialéctico. Acuden a los nuevos descubrimientos de las ciencias naturales y tratan de llegar a una generalización de ellos y de darles un fundamento filosófico científico.
Los pensadores más avanzados del segundo cuarto y de la mitad del siglo XIX eran los demócratas revolucionarios. Veían la explotación a que los trabajadores se hallaban sometidos en el Occidente europeo, su carencia de derechos políticos y la opresión de que eran objeto por la burguesía, y, en sus deseos de asomarse al futuro, dibujaban el cuadro de una sociedad socialista, bien que utópica, que habría de reemplazar al feudalismo y al capitalismo.
En el siglo XVIII y en el primer cuarto del siglo XIX, Rusia es ya un centro importante del pensamiento avanzado –incluyendo a la filosofía materialista–, de las ideas sociales revolucionarias y del estudio científico de la naturaleza, y se halla en estrecha relación con Francia, Alemania y otros grandes focos de progreso de la ciencia, de la filosofía y del pensamiento social progresista.
En el segundo cuarto del siglo XIX estas relaciones ideológicas se amplían y profundizan. Hombres de ciencia rusos como Lobachevski, Ber, Govianinov. Rulie y otros, unen sus esfuerzos a los de los sabios de Occidente y enriquecen el acervo mundial del saber con grandes descubrimientos y teorías que dejan sentir su benéfica influencia en las ciencias de la naturaleza y en la filosofía materialista.
Rasgo característico de la evolución social de Rusia en este tiempo, lo mismo que de otros países del este de Europa, es que la lucha de liberación contra el feudalismo y la monarquía tiene lugar, en términos generales, en un momento en que en el resto del continente el capitalismo ya se ha consolidado y puesto de relieve su esencia antagónica, basada en la explotación [217], y su hostilidad a los intereses de los trabajadores. Por eso, a diferencia de los ideólogos de la burguesía, para quienes el capitalismo era un régimen social natural y eterno, los demócratas-revolucionarios, ideólogos de los campesinos y de otras capas de trabajadores no proletarios, aun defendiendo la vía capitalista de desarrollo de la sociedad, veían las calamidades que la dominación de la burguesía llevaba a las masas del pueblo, condenaban el capitalismo y ponían sus esperanzas en el advenimiento de un nuevo régimen social, del socialismo.
El pensamiento social ruso de vanguardia buscaba afanosamente una teoría revolucionaria correcta, y a este fin seguía de cerca toda nueva manifestación procedente de Europa y América. Los mejores filósofos, sociólogos y teóricos del arte, en el segundo cuarto del siglo XIX sintetizan en Rusia la experiencia histórica del movimiento revolucionario europeo y hacen suyas y amplían las valiosas conquistas del pensamiento social de Occidente, en particular del materialismo francés y de la filosofía clásica alemana, así como de la democracia revolucionaria y del socialismo utópico, que tan brillantes muestras presentan a la sazón en Francia.
{1} Moskvitianin, 1841, núm. 3, parte II, pág. 193.
{2} I. Kireevski, Obras completas, en dos tomos, t. I, Moscú, 1911, pág. 270.
{3} I. Kireevski, Obras completas, ed. cit., t. I, pág. 272.
{4} A. J. Jomiakov, Obras completas, t. II, Moscú, 1900, pág. 58.
{5} Ibídem, t. I, pág. 311.
{6} Ibídem, pág. 94.
{7} A. S. Pushkin, Obras completas, en diez tomos, t. VII, Moscú-Leningrado, 1949, página 213.